Y seguimos con Luckie bonico y precioso.

Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis es mío.

Capítulo 21: Entrenamientos y confesiones

Me tuve que levantar a unas horas inhumanas para ir a desayunar, un desayuno tan escaso que no me daba ni para un diente. Creo que no hubiese estado sufriendo esos mismos tratos en el Distrito 8, habría deseado morir.

Después de desayunar, si es que se le pude llamar así, tuve que ir a mi primera sesión de entrenamiento… a las siete y media. Había alguien que odiaba con toda su alma a los soldados.

Tan solo llegar se me acercó una mujer de mediana edad que me recordaba a una de mis profesoras del instituto.

— Tú eres Lucian Swan, ¿verdad? —preguntó.

Suspiré— Solo Luke —¿por qué mis padres habían de ponerme ese horrible nombre?

— Bueno, Soldado Swan, creo que necesitaré que me demuestres qué habilidades tienes para saber en qué grupo ponerte.

Parpadeé— ¿En qué grupo?

— Yo entreno a los principiantes —señaló a un grupo de adolescentes, debían tener entre catorce y quince años, que estaban en un círculo cantando "¡Pelea, pelea!"—, el Soldado Bardsley entrena en C.C.S, Diana Spears introduce a los más pequeños… Por el momento tú estarás conmigo. A no ser que no tengas ni idea y tenga que enviarte con Diana para que aprendas las nociones más básicas.

Fruncí el ceño— Ty-La Comandante Paylor me ha estado entrenando —dije.

Eso pareció sorprenderla— No puedes ser tan malo, entonces.

— Con lo que me ha machacado… —sonreí—, podría decirse que seré uno de los mejores de tu clase.

Ella me miró, impávida— Eso ya lo veremos. ¡Estiramientos! —llamó— Todo el mundo. ¡Ahora!

Los aprendices de soldados soltaron gemidos de protesta y se sentaron en el suelo de manera desordenada. Les imité, sin tener del todo claro qué hacer.

Aunque no tendría por qué estar tan preocupado, pues todos esos entrenamientos a los que Tyra me había estado sometiendo tantas tardes, se parecían bastante a eso. Por lo tanto pude moverme por los estiramientos, los ejercicios de fortalecimiento y la carrera de ocho kilómetros (que he de admitir que me dejó jadeando y sintiendo que ya no podía dar ni un paso más) con relativa facilidad.

Aunque, claro, tenía que ir esquivando a las chicas de quince años que se agrupaban a mi alrededor como polillas atraídas a la luz y me miraban con unos ojos muy abiertos mientras yo hacía mis flexiones.

— ¡Ramírez, Douglas! ¡Veinte abdominales más! —las iba llamando York (la entrenadora con mal humor)— ¡Volved al trabajo! —les gritaba al resto.

Se me ocurrió preguntarle cómo era que no se quedaba afónica, pero en ese momento se puso a gritarle a un tal Rossi por no hacer bien los ejercicios (más bien hacía un espasmo de brazos y lo contaba como flexión) con tantas ganas que el pobre chaval parecía estar a punto de llorar.

Después de eso nos enviaron a comer, donde por fin pude encontrarme con Maya y Tobías (aunque no Oliver, que en esos momentos estaba en las cocinas y había comido antes). Mi sobrino intentó explicarme algo sobre una chica que le robaba los juguetes y no pude evitar sonreír, dándome cuenta lo mucho que le había echado de menos

Hasta que con la cuchara hizo saltar su sopa por todas partes, aunque la gran mayoría acabó en mi cara o en mi camiseta.

— ¡Hey, Luke! —me llamó un chico que no conocía pero que me sonaba que iba a mi clase de entrenamiento— ¿Vamos?

Maya, que vio mi cara de confusión, soltó una risita— ¿Ya te has hecho famoso, Luckie?

La miré mal, odiaba que me llamaran Luckie. Maya simplemente rio y me sacó la lengua. La ignoré, lo que solo causó que se riera con aún más ganas, y seguí al chico desconocido, al que se le habían reunido otros cinco más.

Por la tarde nos hicieron montar y desmontar una arma, aunque gracias a todas las veces que Tyra me había hecho repetir ese ejercicio, podría hacerlo con los ojos cerrados y aun y así me saldría mejor que a algunos miembros de mi grupo.

Luego fuimos a la parte de tiro.

— ¡Ala! ¿Pero menuda mierda es esa? ¡Ni siquiera le has dado a la diana!

— ¡En el centro!

— ¡Cien puntos para Sasha!

— ¡Toma ya! A eso se le llama saber disparar.

— ¡Oh Dios mío! ¡OH DIOS MÍO! ¡LE HE DADO!

— ¡SOY EL MEJOR DEL MUNDO! ¡ARRODILLAROS ANTE MÍ!

Y entre todos esos gritos, más los de York para que dejaran de armar tanto jaleo, conseguí acertar todas las veces en la diana (incluso más de un par en el centro), bajo la asombrada mirada de la Soldado.

— Veo que Paylor te enseñó bien —alabó.

Fingí mirarme las uñas con modestia— Es un talento natural, más bien.

A York no le hizo demasiada gracia— Bueno, en un par de días podrás empezar con Bardsley.

Eso me animó, sobre todo al darme cuenta que ya no tendría que soportar las miradas coquetas de la mitad de chicas mi grupo. ¿Que no veían que les sacaba más de diez años?

La Soldado me pasó entonces una pila de libros que contenían la teoría que iba a necesitar para un examen final. Empezaba a sentirme como si estuviese de vuelta en la escuela.

Después de llevar los libros a mi habitación me pasé por las cocinas para hablar con Oliver, al que no había visto demasiado desde mi llegada aquí.

— ¡Hey, Chef! —saludé, esquivando a una mujer con un montón de cuchillos, algunos bastante grandes, en una bandeja— ¡Wow!

— Lo siento —me sonrió y se puso a desmenuzar un pescado con espeluznante habilidad y precisión, y dos enormes cuchillos de su bandeja.

— ¿Cómo aguantas aquí abajo? —le pregunté aun mirando con los ojos muy abiertos a la mujer pelirroja del pescado.

Oliver alzó la cabeza para saber dónde estaba mirando y rio— En realidad todos aquí son bastante simpáticos —me dijo—. Ella y Sae en particular —añadió señalando con la cabeza a las dos mencionadas—, son las que siempre cubren mis escapadas cuando voy a ver a Maya.

Reí— ¿Quién sabía que en el fondo eras un rebelde? —le agité el pelo.

Oliver frunció el ceño— Tengo veinte años.

Le abracé por los hombros— Mi Olly se está haciendo mayor —fingí secarme una lágrima de orgullo.

Oliver se sacudió de mi abrazó y rodó los ojos— No sé por qué no te quedaste en el 8 —murmuró intentando arreglarse el pelo.

— Porque entonces no habría nadie que te molestara —contesté como si fuera obvio.

Oliver resopló y se puso a revolver una gran olla en el fuego. Empezó a echarle condimentos, verduras y hasta un par de huesos de una carne que no sabía identificar y que un chico moreno con el mismo uniforme blanco que llevaban todos allí, estaba cortando.

— ¿Quiero saber qué es lo que lleva?

Oliver sacudió la cabeza alegremente— Sal de aquí, anda. ¿Nos vemos después de cenar?

Asentí con la cabeza y me marche, esta vez esquivando a otro chico que llevaba muchos vasos en otra de esas bandejas. Estaba saliendo con la puerta cuando me choqué con un chico rubio que cargaba un ciervo muerto poniendo cara de disgusto (aunque no podía quejarme, seguramente yo también estaría poniendo la misma cara).

— Bueno, me dije a mi mismo —al menos así puedo tranquilizarme al saber que no me están dando de comer… hienas.

El chico me miró, extrañado, y entró en la cocina murmurando algo sobre que no había hienas en el Distrito 13.

Bueno, entonces mejor.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Por muy bueno que fuera en la parte física del entrenamiento la teórica no la llevaba tan bien. Ese era un hecho que tuve que admitir después de quedarme dormido encima de "Historia de un rifle: como el JK-29 pasó a ser el JK-29" por tercera vez consecutiva en mi hora de reflexión.

— Hincando codos, ¿eh? —se burló Gale desde su cama, él también hojeando uno de los tostonazos de teoría aunque no parecía tener problemas para quedarse despierto.

— Cállate —repliqué frotándome la cara con las manos en un intento de despertarme—. ¿Por qué no vas a buscar a tu novia y os enrolláis o algo, enano?

Os estaréis preguntando cómo se me ocurre llamarle enano a un chico que me saca unos veinte centímetros de largo y otros veinte de ancho. Bueno, el caso es que, como yo le sacaba nueve años, él era bastante joven en comparación, y, por tanto un enano. Además de que el mote no le gustaba nada, y eso solo hacía que a mí me gustara aún más.

Gale puso los ojos en blanco— Katniss no es mi novia —dijo cansinamente.

Eso ya lo sabía, me lo había dicho varias veces, pero me encantaba torturarle recordándole que no estaba con Katniss y, al parecer, tampoco iba a conseguir estarlo con Peeta-boy aún en el Capitolio.

Intenté volver a mi libro. «En un principio estaba el fusil de asalto conocido como M16, que era el que utilizaban los ejércitos antes de la Gran Guerra. Muchos de esos fusiles se fueron modernizando con el paso de los tiempos, pero aún quedan varios ejemplares de M16 en nuestros sótanos. Una de las variantes del M16 es el K16, también encontrado en el Dist-».

— ¡Swan! —me volvió a despertar Gale.

— ¡Puta mierda! —grité lanzando el libro contra el suelo.

Gale me miró con desdén— No sé cómo vas a conseguir ser un soldado, eres patético.

Le miré con furia— ¡Pues perdóname, oh-sabio-todopoderoso! Yo creía que ser un soldado consistía en acatar órdenes y defender a la población, no saber cuándo se inventó un estúpido rifle —siseé.

Gale me devolvió la mirada encendida. Resistí la tentación de lanzarle el libro a la cabeza. Por la tensión en su mandíbula pude adivinar que él estaba teniendo los mismos problemas.

La convivencia no era muy buena entre nosotros dos, aunque afortunadamente tan solo nos veíamos en la hora de Reflexión, al levantarnos por las mañanas y antes de dormir. Nos peleábamos cada mañana para quién iba antes al baño, nos peleábamos por la noche porque alguno siempre quería quedarse un rato más con la luz encendida y el otro quería dormir. Y también nos peleábamos por las tardes porque no teníamos otra cosa que hacer.

Desvié la mirada hasta una foto de Bella, Oliver, Maya, Tobías y yo que había puesto en la mesita de noche. La habíamos tomado antes de que Bella se fuera a la Arena y estábamos bastante alegres. Bella estaba haciendo una mueca, poniéndose bizca y sacando la lengua, Maya le estaba dando un beso en la mejilla a Oliver (que estaba muy sonrojado) y yo tenía una cara de dolor ya que Tobías me estaba tirando de los pelos y riéndose con ganas mientras se revolvía en mis brazos.

La mesilla también estaba abarrotada de otras cosas (como un vaso de agua, un reloj, un par de libros de teoría, un dibujo de Tobías, un álbum familiar), pero la que siempre acababa capturando mi mirada era una carta de Tyra, que me había leído tantas veces que hasta sabría de memoria.

.

Luke,

He tenido que insistir mucho para que un mensajero te llevara todo lo que te habías dejado, pero pensé que te gustaría volver a tener tus posesiones.

Como adivinaste antes de irte, nos han trasladado al 6. Lamentablemente aquí no hay tantos rebeldes y nuestro trabajo es bastante más difícil, pero nos las apañaremos (sobre todo si tenemos en cuenta que el Capitolio se ha de preocupar por el 4, el 7, el 8, el 3 y ahora el 6, no tiene tantos Agentes para mandarnos ahora mismo). Te diría que es muy importante que conquistemos el 6, por ser la sede de todo el transporte del país y todo eso, pero como te conozco sé que te saltarías esa parte.

Te voy a tener que informar de las malas noticias, entonces. ¿Te acuerdas del bombardeo del hospital? Menudas preguntas hago, claro que te acuerdas. Bueno, pues, lamentablemente perdimos a al Sargento Jacobs, a los soldados Kinney, Hayden, Delaney y Burke, más un gran número de ciudadanos que estaban en ese hospital.

El lado bueno es que Hesperis está bien y se ha venido con nosotros al Distrito 6, aunque quizás sería mejor si cuidaras más a tus mascotas. La verdad es que se ha vuelto bastante popular entre los niños del Distrito.

Te he de confesar que echo de menos tener a alguien con quien hablar, pues Riggs siempre habla de los mismos temas (todos muy femeninos) y no hay nadie con quien pueda charlar como contigo (pero que eso no se te suba a la cabeza). El Distrito 6 te habría gustado, además, pues hay muchos tejados por los que ir saltando.

No voy a poder enviarte más cartas (en realidad esto representa que es una nota donde hay un inventario de todo lo que hay para que tú digas si faltan cosas), pero tengo entendido que cuando acabemos con el 6 pasaremos un par de semanas en el 13 para reponernos antes de volver al ataque. A lo mejor hasta ya eres soldado y puedes venir conmigo de nuevo.

Con amor. Besos.

Esperando que nos volvamos a ver

Tyra

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Si un par de meses atrás le hubieseis contado a Tyra Paylor que estaría soportando un bombardeo de preguntas sobre un chico, en medio de la acera de un Distrito bombardeado, os habría enviado con el médico psiquiatra del Distrito 13, alegando locura y alucinaciones.

Pero, aunque no le hiciera demasiada gracia, allí se encontraba en esos momentos. Estaba apoyada en la pared de una casa en ruinas, con Riggs a un lado y Norah Snider al otro. En un círculo delante suyo estaban sentadas Saraid Case y Maura Rowland con las piernas cruzadas, mientras Evan Lynch jugueteaba con una piedra tumbado boca abajo al lado de Maura.

— A ver —le dijo Riggs—, desembucha.

Tyra frunció el ceño, en un intento de librarse de la conversación— No sé a qué te refieres.

— ¡A Luke, por supuesto! —exclamó Saraid.

Tyra se hizo la inocente— ¿Qué pasa con Luke?

Riggs la miró con ojos entrecerrados— No me vengas con esas.

— Exacto, he perdido la apuesta por tu culpa, lo menos que puedes hacer es contarnos cómo ha pasado —añadió Norah.

Tyra saltó ante la oportunidad— Eso es algo que voy a necesitar que me expliquéis. ¿Qué apuesta habéis hecho? ¿Quiénes la habéis hecho? ¿Y por qué?

Todos intercambiaron miradas preocupadas, como intentando preguntarse los unos a los otros si era buena idea explicarle a Paylor todos los detalles de la apuesta.

Tyra entrecerró los ojos— Si no me lo contáis os aseguro de que os voy a tener limpiando váteres por un mes.

Eso les acabó de decidir.

— En realidad éramos todos los soldados —empezó Saraid tentativamente.

— ¿Todos? —y miró a Maura Rowland, una mujer con sus buenos cuarenta tacos, con sorpresa y escepticismo.

— Nos aburrimos mucho, ¿vale? —se defendió Maura— Y vosotros dos sois tan monos, aunque no os enteréis de nada.

— Y… ¿en qué consistía exactamente la apuesta? —preguntó, algo asustada.

— Bueno… —Saraid miró a su alrededor, como esperando una confirmación— Todos habíamos apostado una fecha (bueno, algunos era "tal semana" y otros "cuando nos marchemos del 8"…

— Yo había dicho cuando alguno de los dos se rompiese algo —aportó Evan.

— Cuando lo rescataste del cuartel y estaban todas esas niñatas rodeándole —admitió Saraid.

— El uno de septiembre —dijo Maura.

— Cuando le empezaste a enseñar a saltar por los tejados y se pasaba el día sin camiseta —dijo Norah, y soltó un suspiro al recordar la imagen.

— Y yo dije hoy y me llevé todo el bote —Riggs sonrió.

— ¿Y qué había de pasar en ese día? —preguntó Tyra, aunque tenía una gran sospecha sobre que podía ser.

— Duh, que alguno de los dos se diera cuenta de sus sentimientos por el otro —contestó Riggs.

— Yo no tengo sentimientos por Luke —mintió Tyra instintivamente.

Sus cinco interrogadores intercambiaron miradas de diversión.

— Ajá, y yo soy el Presidente Snow —se burló Saraid.

— Um… quizás si te pusiéramos una barba blanca y te tiñésemos el pelo —meditó Norah.

Saraid le lanzó una piedra, que le dio a la pared encima de Norah. La lanzadora se sonrojó y murmuró algo sobre practicar más su puntería.

— No nos desviemos del tema —dijo Riggs—, es evidente que tienes sentimientos por Luke, y lo sabes. La manera que le miras…

— La manera que te mira.

— ¡Oh, la manera que la mira!

— Cuando le sonríes.

— Cuando te sonríe.

— Cuando os ponéis a hablar…

—… parece que solo estéis los dos en vuestro mundo.

— Cada vez que piensas en él sonríes.

— Una sonrisa bastante tonta, por cierto.

— Como te pones histérica cada vez que se pone en peligro.

— Como no pudiste dormir después de que lo sacáramos de la Sala de Control.

— Como miras a todas las que intentan ligar con él.

— Como le miras cuando está sin camiseta, aunque te comprendo, tiene unos músculos… y además cuando justo acaba de hacer… Ejem, sí, eso.

— Como no puedes evitar sonreír cuando hace tonterías.

— Siempre estáis juntos.

— Se lo cuentas todo.

— Le confiarías tu vida.

— Él te confiaría la su-

— ¡Vale, vale! —Tyra levantó las manos para detener la avalancha.

Los cinco sonrieron. Evan y Norah chocaron manos.

— Sigue habiendo más —refunfuñó Saraid, que quería acabar su larga lista.

Tyra miró a los cinco soldados que estaban bajo su comando y tuvo que admitir que decían la verdad. Se frotó la cara con la mano, todo era tan sencillo pero a la vez tan complicado. No había sentido nada por nadie desde Kevin, y eso era muchos años atrás, luego se había centrado en su rango y el amor había perdido mucha importancia en su lista de prioridades.

Pero con Luke…

— Está bien —dijo—, me gusta.

Riggs resopló— Te puede gustar el café con leche, pero con Luke es algo más que eso —y levantó una ceja.

Tyra se mordió el labio. Con una sola mirada a los soldados supo que no iban a ceder. Suspiró, era hora de rendirse.

— Puede… —vaciló— Puede que… me guste como me abraza.

— ¿Y….? —la animó Norah con las manos.

— Es posible que… —suspiró— esté enamorada de él.

Las sonrisas de triunfo de los cinco la hicieron sentirse mejor, juntamente con el haberlo admitido en voz alta (aunque bueno, lo había descubierto esa misma mañana, así que debían darle un respiro).

— ¿Ves? —le sonrió Riggs— No era tan difícil.

.

.

.

.

Tyra se merece un medalla por haberlo admitido por fin, y los Cinco Inquisidores un trofeo cada una por haberla hecho admitirlo jajaj. Y espero que te haya gustado, Pitita, que tú me pediste la conversación… pues aquí la tienes XD (bueno, también porque quería escribirla y echaba de menos a Tyra).

PititaMasenSwan: Lo primero de todo y porque sino me ahorcan: CECI9123 NO ESTÁ LOCA! Ala, dicho. Ahora sigamos; Luke es Luke y siempre tendrá esa vena inconsciente que a Tyra le pone de los nervios. Jajaja, tienes razón, aunque no dejes que él te oiga decir eso. ¿Por qué todas en cuanto leéis "doctor rubio" reaccionáis como ¡OH DIOS MIO! ¡ES UN DOCTOR! ¡Y ES RUBIO! ¡ES CARLISE!? Nah, seguramente yo también habría pensado lo mismo. Pues si pudo contigo imagínate la cara de la que se lo tuvo que leer jajaj. Bueno, o acabarán siendo BFFos o acabarán asesinándose el uno al otro (me gusta más la primera opción, la verdad).

Besos, CF98