Capítulo 21: Libidos.
Gabe estaba bastante seguro de que su rostro se veía aterradoramente similar al infame cuadro muggle "Scream"; sus ojos tenían que tener el tamaño de Quaffles y estaba seguro de estar sintiendo el piso de piedra bajo su mandíbula.
Era oficial. Estaba asustado de por vida. Podían mandarlo a San Mungo ahora, antes de que se derrumbara y empezara a mostrar públicamente los signos de inminente condena en etapa (ninguna cura, mágica o no, salvaría tu mente de ciertos desagrados) letal, conocida como absoluta locura, que era causada por ver a tus padres yendo a montárselo.
¡Su padre estaba lamiendo la varita de su papá, por el amor de Merlín! ¡¿Qué maldita mierda le pasaba al hombre?! ¡Él no sabía dónde había estado esa varita! ¡Tenía que SACARLE la boca en ese instante! ¡Podría agarrarse un virus mágico o algo!
- ¿Virus mágico? ¿Cuántos tienes? ¿Seis? –preguntó Mack incrédulamente, volteando su cabeza para enfrentar a Gabe, que no se había percatado de estar balbuceando a lo alto.
- ¿Tu padre suele ir por ahí lamiendo varitas al azar? –cuestionó Rama, sin haberse movido de su lugar en la esquina, fisgoneando la dicha acción paternal.
Gabe gimió, alejándose de la esquina y recostándose contra la pared-. No quiero responder eso.
- Bueno, al menos no está chupándola –dijo Mack útilmente-. Porque estoy bastante seguro de que la varita reaccionaría…
- Cállense. Cállense. Cállense. NO quiero discutir eso –siseó Gabe agudamente, sacudiendo fieramente la cabeza de un lado a otro.
- ¡Ey, miren, Harry lo detuvo! –declaró Rama alegremente-. Gabe, puedes mirar ahora, es seguro… Ah, espera…
- ¿Qué? ¿Qué está pasando?
- Draco lo tiene arrinconado... Wow, realmente parece saber lo que está haciendo con las manos.
- ¿De veras? –preguntó Mack, ahora curioso-. ¡Déjame ver!
La quijada de Gabe cayó abierta-. ¡¿Qué demonios les pasa a ustedes dos?! ¡Esos de allí son mis padres!
- Sí, y juzgando por la forma en la que el Tío Draco parece estar abultando las piernas del Tío Harry…
Gabe llevó sus manos a sus orejas y cerró los ojos fuertemente-. ¡No, no, no, no, no, no, no!
- Estaba bromeando, Gabe. Nadie está abultando a nadie... aún.
- ¿De veras? ¿Entonces qué está pasando? –preguntó Gabe a pesar de sí mismo.
- Creo que se han detenido...
Esperanza y felicidad se elevaron hacia el techo-. ¿En serio?
- Sí... Oh... Espera... no. Ahora se están besuqueando.
- ¡¿QUÉ?!
Tanto Mack como Rama se giraron, silenciando fieramente a su enojado amigo-. ¿Quieres que te atrapen y te manden a una tumba temprana?
- ¿Qué quieres decir con que se están besuqueando? –siseó Gabe furiosamente-. ¡Se suponía que se estaban deteniendo!
- Bueno... Aparentemente Harry dio su consentimiento.
- ¡¿QUÉ?! ¡¿Por qué daría mi papá su consentimiento?! ¡Está loco!
- ¿Preferirías que fuera sin consentimiento? –preguntó Mack lógicamente.
- ¡Sí! ¡Porque entonces tendría una buena excusa para interrumpirlos y ponerle un alto a eso!
- ¿Eso significa que no tienes intención de detenerlo ahora?
Gabe gimió, dejándose caer por la pared mientras murmuraba una gran serie de maldiciones.
No se suponía que las cosas terminaran así. Se suponía que ellos encontraran a su papá antes de que su padre hubiera incluso regresado a Hogwarts, que se disculparan por su anterior comportamiento, y luego irse a esconder a la sala común de Gryffindor hasta la siguiente mañana. Tal vez incluso tener uno o dos juegos de Snap Explosivo. Una noche segura entre estudiantes, con nada sexual en la imagen.
Merlín, ¿por qué no había preguntado sobre la poción antes de que fuera demasiado tarde? ¿No era la regla de su padre no confiar en ninguna poción hasta que supieras todos sus efectos? ¿Por qué no escuchaba a su padre? ¿Por qué? Especialmente cuando sus hermanas tenían el hábito de experimentar con varias pociones y apuntaban a quienquiera que estuviera cerca (también conocidos como conejillos de indias). ¡Él sabía, maldición!
Uniendo mentalmente sus manos en un rezo, Gabe intentó hacer un trato con cualquier ser superior que estuviera ahí afuera. Si salía de esa con su cordura intacta, escucharía a sus dos padres por el resto de su vida. Y sería agradable con sus hermanas, Jasmine y Rose. Y sería incluso más agradable de lo que ya era con su hermano menor Lief. Y no robaría más galletas del frasco de galletas de su casa. Bueno…Tal vez lo haría, pero dejaría de culpar a Dobby. Pero eso a un lado; dejaría de mandarle sonrisas coquetas a Desire cuando Parker estuviera cerca, sólo para molestar al otro chico. Y se esforzaría más en Pociones. ¡De verdad! ¡Lo haría!
- Hombre, realmente se lo están poniendo –comentó Rama, con su atención todavía adherida alrededor de la esquina-. ¡Ah, miren! ¡Ahora se están abultando! Por las bolas de Merlín, parece que no pueden tener suficiente del otro...
- No pierden siquiera un instante –dijo Mack, uniéndose al comentario.
- ¡Wow, Draco realmente tiene talento, Gabe! ¡Acaba de desabrochar el cinturón de Harry y meter las manos en sus pantalones sin romper el ritmo!
Fue en ese punto que Gabe dejó de escuchar. Curvándose en una bola y poniéndose las manos encima de las orejas, empezó a recitar las reglas del Quidditch y cómo romperlas.
- Ey, Rama, ¿siempre es así de... intenso? –preguntó Mack pensativamente mientras veían a Draco bajar a sus rodillas-. No sólo ellos, quiero decir, sino el sexo… las cosas en general.
Rama negó con la cabeza-. Generalmente depende de con quién estés. ¿Crees que sean así en nuestro tiempo?
- ¿Cómo podría saberlo? Pregúntale a Gabe.
- Gabe. ¡Oi, Gabe! –Rama se volteó inquisitivamente-. ¿Gabe?
- ¡Lo está chupando! ¡No puedo creerlo, realmente lo puso en su boca! –exclamó Mack de pronto, abriendo muchos los ojos en absoluto asombro.
Rama se tomó el tiempo de mirar hacia atrás para ver lo que se había perdido antes de regresar su atención a su traumatizado amigo-. ¡Gabe! ¡Ey, vamos, amigo! Deja de murmurar.
- ...¿Se acabó? –preguntó Gabe, bajando lentamente las manos.
- Er... no realmente.
Esa, aparentemente, no era la respuesta correcta.
- ¿Qué quieres decir con "no realmente"? ¿Están yendo a por eso de nuevo? Ay Merlín, por favor no respondas eso. Por favor sólo dime que han decidido moverse a otra ubicación. O que han desaparecido en el aire. ¡Ah! ¡Mejor aún, sólo dime que todo esto ha sido un sueño horrible!
- Gabe –interrumpió Mack, con su atención ahora en su amigo-. Estás diciendo incoherencias.
- No, ves, las incoherencias son buenas –explicó Gabe-. Porque significa que estoy haciendo ruido constante, lo que significa que no tengo que escucharlos a ustedes dos hablar o escuchar los sonidos que mis padres pueden estar haciendo en el pasillo. Así que no le ponga atención a nada más que mi propia voz, estaré bien. ¿Ves? Este es mi método de mantenerme alejado de mi barrera psíquica. Brillante, ¿no es así?
Rama y Mack intercambiaron una mirada.
- Parece más algo que te pondría en la barrera psíquica si me lo preguntas… -murmuró Mack.
- Gabe, si realmente no quieres que tus padres terminen así, todo lo que tenemos que hacer en realidad es interrumpirlos… -dijo Rama.
- ¿Y eso realmente será suficiente para detener a mi padre en su estado actual?
- Er... estoy seguro de que si hacemos suficiente ruido, más personas aparecerán… y tal vez eso sea suficiente para detener a tu padre… y causar suficiente alboroto para que nosotros escapemos con Harry.
Un gemido bastante alto causó que los tres chicos saltaran.
- ¿Podemos por favor sólo irnos? No quiero escuchar a mis padres montándoselo –suplicó Gabe, enterrando su cabeza en sus brazos.
- Sí, está bien. Vamos –dijo Mack, parándose antes de ofrecerle una mano al Malfoy-Potter.
- ¡En el maldito nombre de San Mungo!
Gabe, Mack y Rama se congelaron cuando una voz más atemorizante que la muerte hizo eco en el pasillo.
- ¿Qué DEMONIOS está...?
Nunca antes había visto el mundo a tres chicos correr más rápido.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-... habría hecho mi vida mucho más fácil si te hubiese expulsado cuando yo lo sugerí…
Harry se retorció, esforzándose por lucir como si le estuviera prestando atención a lo que fuera que Snape le estaba gritando. Sin embargo, eso era difícil por el hecho de que seguía duro y cachondo. Si no se hacía cargo de su problema pronto, no serían punzadas de placer las que experimentaría con cada movimiento en su silla.
Para hacer las cosas peor, Malfoy lo sabía. Y hacía obvio que lo sabía con las miradas que se la pasaba mandando en dirección a Harry, así como la sutil relamida de sus labios mientras jugaba con su varita, que había sido bastante convenientemente removida de su bolsillo y ubicada en su regazo. Y a la mierda todo, el Gryffindor no podía despegar sus ojos del espectáculo.
Una caricia particularmente provocativa provocó que los ojos de Harry regresaran de golpe a su propio regazo, donde su rostro se puso rojo como una remolacha. Su polla había saltado visiblemente por la presentación que acababa de atestiguar.
Merlín, necesitaba salir de ahí.
- ¿Profesor? –expresó Malfoy con un comportamiento extremadamente petulante, pausando efectivamente la diatriba de Snape-. Potter parece un poco enfermizo, ¿no está de acuerdo?
Como respuesta, Snape simplemente arqueó una ceja y miró a su extremadamente incómodo alumno.
- Tal vez sería mejor que lo escoltara a la enfermería.
Bien, Severus no era estúpido, especialmente después de haber sido cercano a la familia Malfoy por más años de a lo que uno le gustaría. Por no mencionar el hecho de que conocía a Draco desde que el chico estaba en pañales, y nunca había sido ajeno a sus travesuras, sino que elegía hacer ojos ciegos. Pero esto…
Severus desvió la vista de Potter a tiempo para ver a Draco sonreír con arrogancia mientras se lamía los labios de manera hambrienta. ¿Dejar que Potter fuera escoltado por eso? Creo que no-. Potter está bien.
- Pero luce afiebrado.
- No estoy afiebrado –soltó Harry.
- Potter, es mi tarea como Premio Anual cuidar el bienestar de mis compañeros estudiantes, y si yo digo que estás afiebrado, entonces estás afiebrado.
- Y yo digo que alucinas si crees que dejaré que me escoltes a cualquier parte. Soy perfectamente capaz de cuidarme a mí mismo, gracias.
- Bien. Quédate aquí. Eso está bien por mí. Ve si me importa si luego estás retorciéndote de dolor o no. Si aprendieras a aceptar mi ayuda, te tendría retorciéndote de pla…
- Estoy bien.
- ¿Realmente lo estás? –preguntó Malfoy, sintiéndose bastante seguro de la respuesta-. ¿Después de experimentar algo así, realmente crees que puedes regresar y terminar el trabajo tú solo?
En momentos como ésos el profesor Snape realmente deseaba estar fuera del círculo proverbial. Especialmente cuando vio a Potter vacilar al responder.
- Yo... Encontraré a alguien más para que me ayude –respondió Harry de manera poco convincente.
Los ojos de Malfoy se estrecharon peligrosamente-. No harás tal cosa.
- ¿Ah, sí? ¿Y cómo vas a detenerme? –desafió Harry.
- Le arrancaré las partes al otro chico con un maleficio.
Nunca antes el rubio pareció tan serio. Snape tenía un presentimiento de que cumpliría la amenaza también, si no se fijaban.
- ¿Qu...? Espera, ¿qué demonios te hace pensar que iré a un chico? –demandó Harry, completamente horrorizado.
- Porque no quieres ver lo que haré para hacer llorar a una chica –declaró Malfoy sombríamente, con rasgos de su rumoreada crianza malvada entrelazados en sus palabras, causando que un escalofrío bajara por la espalda del Gryffindor.
- ¿Han terminado ustedes dos? –preguntó Snape, recordándole a los dos estudiantes su presencia.
El efecto fue bastante instantáneo. Ambos chicos se silenciaron completamente; Harry por pura vergüenza porque su profesor más odiado acabase de escuchar todo su intercambio, y Malfoy por pura aversión ante la idea de que Harry siquiera pensaría en ir a alguien más para terminar lo que ellos empezaron.
- Bien –dijo Snape cuando fue claro que ninguno tenía nada que decirle al otro-. Bien, por mucho que lo aborrezca absolutamente, necesito conocer los hechos de esto antes de poder imponer cualquier forma de castigo.
Harry parpadeó. ¿Snape le estaba dando oportunidad de defenderse? Echando un vistazo algo nervioso hacia un lado para ver si el rubio iba a saltar a su oportunidad, Harry se sobresaltó al ver que Malfoy seguía enfurruñándose por su anterior advertencia de encontrarse un compañero diferente.
- Er... bueno... estaba caminando por el pasillo cuando Malfoy de pronto apareció y… bueno… empezó a besuquearme. –Incluso para sus propios oídos eso sonaba nada convincente. ¿Por qué no podía la verdad sonar más emocionante cuando importaba de verdad?
Los ojos de Snape se estrecharon en incredulidad-. ¿Sr. Malfoy?
Malfoy lo miró con obvio desinterés, que parecía bordear la molestia fingida-. Es como Potter dijo; él estaba paseándose por los corredores cuando yo aparecí de la nada y procedí a saltarle encima.
Snape puso una mueca de disgusto. Realmente no quería preguntar esto, pero… - ¿Fue consensual?
Harry palideció cuando se percató de que la pregunta iba dirigida hacia él.
- ¡Por supuesto que fue consensual! –interpuso Malfoy acaloradamente, casi saltando de su silla en furia-. ¿Cómo más me las hubiese arreglado para meterme su polla en la garganta? ¿De qué me está acusando exactamente, profesor?
"¿Quieres decir más allá de prácticamente rebajarte al nivel de 'puta' por la posición en la que te descubrí con Potter?"
Severus decidió que probablemente era mejor para todas las partes que lo involucraban no expresar tales pensamientos. En cambio dijo-, Como profesor, estoy atado a ciertas… obligaciones de preguntar tales cosas después de ver ciertas situaciones. Tal como la que tuve la desgracia de atestiguar entre ustedes dos.
- Fue consensual –gruñó Draco, mandándole a su rival una mirada mordaz, como desafiándolo a negarlo.
Harry, sin embargo, ya no prestaba atención a la conversación actual. Con las manos puestas firmemente entre sus piernas, estaba ocupado esforzándose por no hacer ningún movimiento notable.
Maldito fuera Malfoy y su lengua ansiosa. Las lenguas eran para hablar y saborear comida. No para hacer caminos por el estómago de uno o trazar la gran vena que estaba por debajo del pene, sólo para pausarse justo encima de la cabeza, donde el prepucio era corrido para meter la mentada lengua y aplicar la más gloriosa presión a ese punto tan sensible, que se sentía absolutamente delicio… Maldita puta mierda.
- Señor, ¿puedo por favor ir al baño? –prácticamente rogó Harry, interrumpiendo cualquier conversación o discusión en la que Malfoy y Snape hubiesen estado metidos.
Malfoy lo miró y sonrió con arrogancia-. ¿Necesitas una mano ahí, Potter? –preguntó, su furia desapareciendo a favor de la provocación sexual.
- No.
- ¿No? ¿Qué tal una boca, entonces? O tal vez... ¿una varita?
Harry le mandó al rubio la mirada más maliciosa que podía manejar en su estado actual, negándose a siquiera dignar esa pregunta con una respuesta.
El Premio Anual sonrió (¡realmente sonrió! ¿Qué demonios? ¿Era esto algún tipo de maldito juego para él?) antes de regresar su atención al maestro en Pociones-. Profesor, yo también necesito usar el baño.
La boca de Harry cayó abierta furiosamente-. ¡No, no es cierto!
- ¿Y cómo lo sabes? ¿Honestamente crees que eres el único sufriendo?
- ¡Sí! –respondió Harry seriamente-. Tú siempre te quejas y lloriqueas como si fuera el final del maldito mundo por el más ligero atisbo de malestar.
- Te haré saber que yo he tenido este desenfrenado disparate desde la cena, mientras que tú sólo has estado duro desde que yo…
- ¿Ninguno de los dos sabe cómo mantener la boca cerrada? –interrumpió Snape, casi seguro de que le daría una hernia o algún otro doloroso malestar sólo por escuchar la infinitamente indeseada cantidad de información que su mejor y peor estudiantes sentían que necesitaban compartir-. Un punto de Slytherin, Sr. Malfoy, por no controlar tu libido, y veinte puntos de Gryffindor, Sr. Potter, por ser fácil. Ahora ambos salgan de mi vista.
Harry dirigió una mirada nerviosa hacia su rubia contrapartida-. Er… ¿"ambos"… señor? –preguntó inseguro, completamente abstraído del insulto descubierto y el hecho de que debería estar molesto por ello; su subconsciente eligió, en cambio, preocuparse por las apariencias y continuó aferrándose a la necesidad de proteger su masculinidad.
- ¿Preferirías quedarte? –preguntó Snape, su tono indicando claramente que no permitiría tal cosa de todos modos.
El Gryffindor maldijo mentalmente. Si fuera cualquier otro profesor, le estaría rogando que los despidiera separadamente. La idea de que Malfoy lo esperara en la puerta…
... no sucedería.
Harry miró en derredor, completamente confundido. ¿Malfoy ya se había ido? Otras seis miradas lo confirmaron. Malfoy se había ido. Huh. Tal vez él estaba más desesperado por correrse de lo que realmente hacía saber.
Saliendo a las prisas por la taladrante mirada de Snape, Harry se dirigió al baño más cercano, con toda la intención de liberarse de la palpitante presión entre sus piernas, que estaba causando que caminara como un hombre anciano y constipado.
Abriendo la puerta, Harry le echó un vistazo rápido al lúgubre y sombrío baño de las mazmorras para asegurarse de que estaba solo, antes de trabar la puerta atrás de él y dirigirse al urinal más cercano. Que los cubículos fueran malditos en ese punto.
Desabrochándose los pantalones con dedos menos que precisos, se dijo a sí mismo que no estaba haciendo eso porque lo quisiera, sino porque era una necesidad. Porque Malfoy lo había empujado hacia ese punto con sus palabras acaloradas y su bochornoso toque…
Nota para sí: pensar en Malfoy mientras te das placer está prohibido. Castigo: angustia mental después si no te detienes ahora.
Con eso en mente, Harry se pausó, con una mano sujetando su polla mientras trataba de enfocar sus pensamientos en algo placentero para pajearse (que no incluyera al Príncipe de Hielo). El problema era que, con su experiencia un poco limitada, la cosa más placentera en la que podía pensar era el incidente de hoy con Malfoy.
Ay Merlín, iba a perder sueño por eso, ¿no era así?
Suspirando con determinación, Harry cerró los ojos fuertemente mientras intentaba recrear las imágenes que normalmente usaba. Su favorita en particular era la de una curvilínea castaña de una de las revistas de Seamus, que había visto durante una noche de intercambio. Harry rió entre dientes por el recuerdo. Ese día, los chicos de Gryffindor habían aprendido que Neville había estado usando una revista de lencería que su abuela había recibido por error.
De pronto, el Niño Dorado fue arrebatado de su ensueño por un par de manos deslizándose alrededor de su cadera y subiendo por debajo de su camisa, antes de descansar extendidas por su estómago. Un pecho duro fue presionado contra su espalda y un cálido aliento chocó contra su oído.
- ¿Qué estás esperando, Potter? ¿A mí, tal vez?
- ¡Santo Dios, Malfoy! –exclamó Harry, casi saltando en el aire mientras trataba apresuradamente de volver a guardarse; una tarea que se hacía difícil por la lucha que estaba teniendo con una mano pálida deslizada hacia dentro-. ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo demonios entraste?
- Ya estaba aquí. La próxima vez, quizá quieras probar fijarte en los cubículos antes de asumir que estás solo.
- ¡Joder! –maldijo el Gryffindor, parcialmente por su propia estupidez y parcialmente por el hecho de que la mano de Malfoy había ganado la batalla y ahora estaba jugando libremente con su pene.
- Mmm, sí, eso sería lindo… -murmuró Malfoy como respuesta, con los labios rozando la carne bronceada al lado de su oreja-. Merlín, eres tan intoxicante.
- Mal... Espera. –Harry forcejeó consigo mismo, tratando de recordar al menos cómo respirar, mientras una segunda mano pálida desaparecía en sus pantalones y empezaba a jugar con el escroto. Tomando un profundo respiro, lo intentó otra vez-. Tú… tú me prometiste que sólo sería una vez.
Por un segundo, todas las acciones placenteras fueron pausadas y Harry pensó que había ganado en ese punto. Aunque era extraño. Ganar usualmente no se sentía tan decepcionante. Pero luego las manos empezaron a moverse otra vez y Harry fue obligado a apoyarse contra la pared ante él cuando sus piernas se pusieron débiles una vez más, gracias a la boca que no hacía más que pasar gentilmente contra su piel.
- ¿Realmente cuentas ese jugueteo inconcluso como una vez, Potter?
- Sí –se las arregló para responder Harry después de un segundo de jadear, decepcionado por no ser capaz de sonar tan decidido en el asunto como quería.
- ¿De veras? Entonces dime; digamos que estás en la cama, haciéndote una paja, y ya casi has llegado, cuando tus compañeros entran, y sus llamados te obligan a detenerte para poder unirte a ellos. ¿Lo considerarías "terminado" por el día?
Maldición. Malfoy tenía un punto ahí. Pero aún así…
- Esto... esto está mal –intentó Harry.
- Lo sé –fue la ronca respuesta.
- Ni siquiera tendríamos que estar haciendo esto.
Una sonrisa torcida-. Por eso es emocionante.
- No debería... no debería sentirse tan bien.
- Pero así es –susurró Malfoy mientras Harry se rendía, echando la cabeza hacia atrás para darle al rubio más que suficiente espacio para atacar su cuello.
Ambos chicos sabían que su segundo encuentro acalorado no duraría mucho, pero a pesar de eso Draco mantuvo sus toques lánguidos aunque no era capaz de mantener los frenéticos movimientos detrás de ellos al mismo paso. Sus sentidos parecían completamente enfocados en la tarea en manos y prácticamente podía sentir a Harry ascendiendo al punto del que no había regreso.
Era demasiado para soportarlo; los sonidos de jadeos desesperados se esforzaron por mantenerse en bajo volumen, el sabor salado del sudor contra sus labios, la escurridiza sensación del presemen que casi corría por sus dedos. La respiración de Draco se entrecortó al darse cuenta; sería capaz de predecir el exacto momento en el que Harry alcanzaría su cúspide.
Arrastrando una mano hacia el pecho del Gryffindor para ayudar a regularse al ya gimoteador chico, Draco empezó a susurrar su nombre.
- Harry –dijo mientras pasaba sus dedos por el estómago de Potter-. Harry –gimió sin aliento mientras esos dedos hacían contacto con un pezón-. Harry –gimió mientras su agarre se fortalecía alrededor de la polla dura como una piedra-. ¡Harry! –siseó mientras su cadera de pronto daba una sacudida hacia delante, trayendo los primeros vestigios de un orgasmo.
El mundo se había vuelto blanco a su alrededor. Todo de lo que Harry estaba consciente era del placer que se extendía por todo su ser, mientras sus rodillas se rendían y su cuerpo se curvaba hacia delante, tensando sus músculos en un intento de empujar aún más y más el éxtasis.
Cuando su mente regresó lentamente volando a la tierra, se percató de dos cosas. Una era el hecho de que ahora estaba arrodillado en el piso, con las manos sujetas en un agarre de muerte alrededor del frente del urinal. La segunda era que el agarre seguía en su polla, pero ya no era apresurado como antes, sino que en cambio estaba masajeándolo gentilmente mientras se daban las últimas secuelas.
Había una cálida mano sujetándolo contra un pecho incluso más cálido, y todo se sentía tan bien. Tan pacífico. Si eso no fuese un baño, Harry no habría pensado dos veces en recostarse y caer dormido, para ayudar a que esa sensación de absoluta maravilla perdurara.
Pero el hecho se mantenía; era un baño, y, como todo lo demás en la vida, todas las cosas buenas tienen que terminar.
Inhalando un tembloroso respiro, Harry se las arregló para liberar un puño del agarre de muerte y bajarlo al piso, tratando de enfocarse para poder volver a apoyarse en sus pies.
- ¿Estás bien? –dijo una voz suavemente contra su oreja.
- Sí. –Harry casi se ahogó en su respuesta. Demasiado bien, en realidad.
La calidez que lo había abarcado se retiró cuando Malfoy se hizo hacia atrás para darle espacio al Gryffindor, a favor de volver a inclinarse contra la pared de piedra.
Mientras Harry luchaba por recuperarse del orgasmo, Malfoy cerró fuertemente los ojos, tratando de volver a controlar sus desenfrenadas hormonas. Ya se había corrido dos veces (una justo antes de que Potter entrara, y antes justo antes de que Snape los interrumpiera tan rudamente) y ya se sentía como para venirse una tercera vez.
Y todo era por Potter. Escucharlo gemir, saborearlo, tocarlo, Merlín, todo lo volvía loco. No había subidón más grande que saber que nadie más que él reducía al niño-que-vivió a una temblorosa masa de deseo.
Qué no daría por hacer que su Niño Dorado gritara sin retenerse. Por entrar al estrecho calor de su más-que-dispuesto cuerpo. Por verlo retorcerse y gemir mientras se hacía demasiado intenso para soportarlo.
Tragando saliva sonoramente, Draco supo que estaba al borde de perder el control de su libido una vez más. Lo único que lo retenía en ese punto era el conocimiento de que si seguía con eso, sería obligado a etiquetarse a sí mismo como violador. Se estaba esforzando con una mierda para no espantar a Harry, pero si ese patán cabeza dura seguía tomándose todo su dulce tiempo…
- Todavía eres virgen, ¿verdad? –preguntó Draco, con una mano bajando discretamente a cubrir la tienda de sus pantalones.
Harry, que había estado a punto de pararse, se pausó; sus ojos verdes miraron en derredor-… Sí.
- ¿Lo valoras?
- ¿Valorar qué?
Draco resistió el impulso de rodar los ojos. Honestamente, ¿qué tan difícil era para Potter mantener una conversación?-. Tu virginidad.
- Ah. Er... supongo. ¿Por qué?
- ¿Entonces por qué mierda sigues aquí?
Le llevó un momento a Harry percatarse de todas las implicaciones de esas palabras. Su significado ni siquiera le llegó hasta que su mirada cayó en la mano de Draco, que se movía lenta y precisamente hacia arriba y hacia abajo de un bulto impresionantemente grande entre sus piernas.
Tragando saliva, Harry empezó a retroceder lentamente-. Sabes… hay otras formas de hacerse cargo de eso.
Una mirada tan aguda que Harry estuvo seguro de que podría perforar la piedra cayó sobre él-. No quiero ninguna otra forma.
El Gryffindor de pronto no pudo alcanzar la puerta lo suficientemente rápido.
- Claro. Entonces yo tengo que… supongo que yo sólo… ir… irme… -ofreció como explicación mientras hacia gestos con las manos en direcciones aleatorias, antes de sujetar el pestillo de la puerta, sólo para percatarse de que seguía trabada.
Draco observó desde su posición contra la pared con diversión, mientras a Potter le llevaba más patosos intentos e inconclusas palabras y frases poder salir corriendo apropiadamente de la habitación.
- Idiota –murmuró en lo que definitivamente no era una forma cariñosa, mientras desabrochaba su cinturón y abría sus pantalones, liberando su ya palpitante erección.
Lo sé. Nunca me había tardado tanto en actualizar una historia, y lo siento mucho, pero, como tendré la delicadeza de recordarles para que ya no me exijan, estoy en época de parciales hasta el jodido fin del mes.
Esa fecha parece tan lejana.
Así que por eso disculpen que en esta ocasión no responda sus reviews, pero sepan que los valoro muchísimo (sí, como algunos dicen tan amablemente, soy adicta) y los agradezco infinitamente.
Así que, si me amas por traducir tan linda historia (ey, qué la historia es genial, sino no estaría traduciéndola), ten piedad de mí y haz clic en "Go" para liberarme del estrés de los exámenes :DDD!!
x3 Pero si soy un amor.
¡Review!
