Holiiii!

Su abogada poco seria favorita volvió (eeeeehhhh) LAMENTO LA TARDANZA, les cuento que estoy en la recta final de mi práctica y con más trabajo que #"#""#...por eso me he demorado tanto en actualizar todas las historias...pero ¡tengan paciencia! Ya volveré a la normalidad (por ahora siento que mis neuronas se desparraman por las orejas) A todo esto! No se olviden pasar por peter-pan-complex.. (este capítulo dedicado a las hiperventiladoras de Karen, Maca 1°,2°, 3° y Dani, que en menos de un segundo – ni tontas las bestias – se encerraron con Draco ...si Hermione no lo quiere...!venga!. Las quiero un montón!)

También un abrazote a Jos Black, que fue mi guía espiritual en la parte final. (Lean su fic polaris! esta excelente)

A todo esto... ¡muchas gracias por los 47 reviews recibidos! ¡Me puse a brincar de la emoción!. Lamentablemente ahora no me alcanza el tiempo para responderlos uno por uno, pero muchas, MUCHAS gracias a Ly draco, Eli Granger de Malfoy, Embercita, Emma.Zunz, Hannia, Ginna Isabella Ryddle, Angels46, Kunii, Beautifly, Marianika Potter, Almanara, Iskal , Karix, Hermione-Malfoy35, Tham, Cleouru Misumi, Karyta 34, Ariada, Akasuna no Hikari, Elizabeth Isis Malfoy, Marie Malfoy, Friidaliizziooz, Kerly Krum, Petalo vj, Popblack, Ygorla, G K Evans, Arrayan, Aienyx, Gabe Tonks, Flor pirata, Marian HP, Iamalonefordanny, Esme Black, Edna Black, Makarva, Joyce Malfoy Black, Luthien, Ethel Potter, Luna Black, LeeLoo, Paula, Lucy C. Evans, Tildita, Fiona, María, Anizzz32 y Lupisprincess.

Saludos al resto de los lectores!

PLAY

ps: sorry si hay errores. A esta hora ya no proceso.

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- ¿Con quien irás a Irlanda? – preguntó con voz de ultratumba

- ¿Me entendiste? – inquirió sorprendido.

- Perfectamente – masculló endureciendo cada músculo de su cuerpo - ¿Con quien irás?

- Bueno...eso es lo de menos...un detalle...

- No lo es – interrumpió impaciente – Pero no es necesario que me lo digas, lo puedo adivinar – espetó rabiosa, levantándose de la cama y llevándose las sábanas con ella.

- ¡Hey! ¡¿a dónde vas?! – reclamó Draco.

- Al baño, y cuando salga, no quiero que estés acá.

- ¡¿Qué?!

- Lo que oíste Malfoy. Hoy prefiero dormir sola. Buenas noches.

Y dicho esto, cerró de un portazo...dejando a un rubio completamente desconcertado – y desnudo – es su habitación...

21.-

Se bebió aquel vaso de Whisky de un solo sorbo, sintiendo como el licor quemaba su garganta y la sensación de mareo se hacía presente de inmediato. Nunca había sido una persona nerviosa, y menos aún había recurrido al alcohol para tranquilizarse, ya que de suyo, Theodore era un muchacho calmado... sin embargo, ahora la situación lo estaba superando.

Cada vez que tenía la oportunidad de estar a solas con Luna, ésta se volvía extremadamente cariñosa e insinuadora, lanzándole miradas significativas y acariciando su pierna "inocentemente" por debajo de la mesa cuando nadie los veía, logrando que tus hormonas se dispararan al infinito, y teniendo que hacer grandes esfuerzos para tratar de tranquilizarse.

No es que no quisiera dar "el gran paso" con la rubia, más su razón le advertía que aún era muy pronto para lanzarse a la piscina en ese sentido...maldita conciencia... estás actuando como una niña...pensaba ceñudo cada vez que tenía que rechazar las indirectas de Luna y hacerse el de la chacra, después de todo, la deseaba a pesar de mostrarse impasible.

El timbre de su casa sonó anunciando su llegada, y no pudo evitar lanzar un suspiro de resignación. Se levantó a paso lento y con pereza abrió la puerta, mortificándose con la presencia de alguien extraño – y por lo tanto, no deseado – al lado de su querida Luna.

- ¡Theo! Lamento la tardanza... es que en el camino me encontré con un viejo amigo y me acompañó hasta acá – comentó mirando al sujeto que se encontraba a su derecha.

- Ah – esbozó secamente el dueño de casa - ¿Quieres pasar? – preguntó por cortesía, sintiendo un enorme fastidio cuando el desconocido asintió.

- Ralf Scamander - se presentó con una sonrisa, estirándole la mano – Tienes mucha suerte – agregó mirando a Luna, quien enrojeció automáticamente.

- Lo sé – masculló Theodore estrechándosela con fuerza - ¿Y ustedes cómo se conocen? – inquirió mientras les ofrecía asiento.

- Nuestros padres son grandes amigos – explicó Luna – El abuelo de Ralf es el autor de "Animales mágicos y donde encontrarlos", mi libro favorito, ¡incluso me consiguió el autógrafo! Ese día no paré de brincar de felicidad.

- Lo recuerdo – asintió el muchacho – Estabas tan entusiasmada que casi te me echas encima.

- Encantador – soltó Theo en un acento demasiado flemático para ser real.

- Después me tuve que ir de expedición por tres años para ayudarlo con la segunda edición del libro – continuó Ralf ignorando la incomodidad del castaño - Y al regresar, ¡Nos encontramos de inmediato!. Si pareciera que el destino se empeñara en unirnos... – agregó mirándola con ojos ensoñadores.

Theodore se aclaró la garganta para cortar el contacto visual con éxito, pero esto no duró por mucho tiempo... Ambas visitas continuaron hablando sobre su pasado en común y relatando anécdotas que para el muchacho eran de lo más sonsas. Intercambiaban opiniones acerca de las nuevas criaturitas descubiertas mientras él se aburría como ostra. Cuando ya iba a dar la media noche en la misma tontera, Theo bostezó exageradamente con la boca tan abierta que podía engullir todo el comedor. Con dicha indirecta, el invitado-no-invitado atinó que la hora era inapropiada y con una disculpa, se retiró del lugar.

- ¿Qué pasa? – le susurró desconcertada una vez que se encontraron solos - ¿Te sucede algo?

- Nope – contestó él con las manos en los bolsillos.

- ¿Entonces? Te quedaste callado todo el rato... ¿Por qué estás tan raro? – insistió sin desviar su mirada.

- Soy raro – respondió encogiéndose de hombros.

Luna bajó la mirada contrariada. No sabía lo que le pasaba al muchacho y él no pretendía contárselo. Un montón de ideas estúpidas se cruzaron por su cabeza y sus inseguridades afloraron como en primavera...pero aquellas se disiparon cuando sintió como Theo la tomaba de la barbilla para observarla, y con la otra mano, acariciaba su cuello con el pulgar.

- Digamos que me incomodó un poco tanta complicidad entre ustedes. – confesó.

- ¿Con Ralf? Sólo somos amigos.

- Tu eres su amiga – puntualizó el muchacho – Se nota que para él eres algo más – Luna alzó la ceja incrédula – Pero no dejaré que me quite tu atención...ni él, ni esas Portololadis de las que hablaban.

- Se llaman Protoplapsis - corrigió la rubia - Y son unas haditas invisibles provenientes de Islandia que...

No pudo continuar ilustrándolo con sus conocimientos acerca de éstos seres de dudosa existencia, ya que Theodore la había aprisionado entre sus brazos y le había robado el beso más apasionado y posesivo que jamás imaginó. Sus piernas comenzaban a flaquear con cada caricia recibida y su cabeza daba vueltas sin parar, mientras sentía como el castaño la iba conduciendo entre besos hacia su habitación.

Para sus adentros, Luna sonrió.

Su plan había surtido efecto...

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- ¡Mierdaaaaaaaaaaaaaaa! – gritaba Hermione, azotando con violencia una almohada contra la cama - ¡Estúpida, estúpida, estúpida! – agregó ahogando un grito en aquel pedazo de algodón, no pudiendo evitar pensar en las almohadas de plumas de ganso del rubio - ¡Agh!

¿Por qué siempre lo tengo que arruinar todo? Cero inteligencia emocional Granger... ¡CERO! Se regañaba escondiéndose entre las sábanas que, para rematar su desgracia, estaban pasadas al aroma de café de grano que solía tener Draco. ¿Ahora cómo dormiría? ¿Cómo? Si ya estaba acostumbrada a amoldarse al frío cuerpo del rubio...

- Maldición – murmuró ofuscada incorporándose, prendiendo la luz de su velador y tomando un gigantesco libro de "lectura liviana" que yacía en él.

Sus ojos se deslizaban a través de las páginas sin retener nada de lo que estaba leyendo. Cada cierto tiempo la sonrisa ladeada de Draco se aparecía en su cabeza y lograba desconcentrarla por completo. Frustrada, regresó el libro a su posición y se acurrucó en la cama comenzando a contar ovejas para dormir.

Cuando ya iba a la oveja doscientos cuarenta y tres, se dio por vencida... rogando que pronto llegara la mañana... no podía seguir así.

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Draco abrió la puerta de su casa con violencia y la cerró de una patada...que se convirtieron en dos, tres, cuatro, y cinco repeticiones como si no estuviera seguro de haberlo logrado. Se sacó su chaqueta a tirones como un niño mañoso y la lanzó contra el suelo, dejándose caer en su sillón favorito con los codos en las rodillas y la cabeza hundida entre ambas manos.

¿Por qué tiene ese carácter tan difícil? Bufó mentalmente sin entender los celos absurdos de la castaña, que si bien un principio le parecieron seductores, ahora le estaban provocando una jaqueca fulminante que amenazaba con destruir todas sus neuronas, las que gritaban clemencia por su vida.

Se desvistió desganadamente y se metió dentro de su cama, desconcertado por la falta de compañía. Cerró los ojos a sabiendas de que el sueño no vendría a él, y esperó unos cuantos minutos a ver si sucedía un milagro...

Nada... esa noche, Morfeo no se apiadaría de él.

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Su cama estaba tan calientita que no pudo evitar maldecir al infame que llamaba a la puerta a tan altas horas de la noche. Como pudo, se desenredó del abrazo de Pansy – que dormía plácidamente como tronco – y caminó arrastrando sus pantuflas a la puerta, rascándose los ojos con los puños para tratar de despertar.

Giró la manilla y se quedó paralizado con lo que vio. Parpadeó varias veces antes de fruncir el ceño, incrédulo ante lo que sus ojos le estaban mostrando.

- Lindo pijama – soltó la muchacha, mirando de arriba abajo el conjunto del pelinegro que constaba solo de una camiseta y calzoncillos.

- ¡Astoria! – chilló horrorizado, cerrando de un portazo.

- ¡Abre! – insistió aporreando la puerta - ¡No me moveré de aquí hasta que abras!

- ¡¿Qué quieres?! – gritó desde adentro nerviosamente - ¿No ves la hora? ¡No seas imprudente!

- ¡Me importa un pepino la hora! ¡Ábreme ahora mismo! – ordenó furiosa – ¡Sino la echaré abajo! – amenazó

- ¿Qué pasa? – preguntó Pansy bostezando, enfundándose en su bata - ¿Quién está ahí?

- Shhhh...no hables – susurró Alex – Si nos quedamos callados se irá.

- ¿Quién se irá? – preguntó en voz alta la Sly.

- ¡Nadie se irá hasta que me abran! – interrumpió la rubia del otro lado - ¡Estoy sacando la varita! ¡Voy a invocar un bombarda!

- ¡¿Qué hace esa zorra acá?! – gritó Pansy colérica.

- ¡¿Qué sé yo?! – se defendió el muchacho.

- ¡Zorra tu madre! – atacó Astoria sin dejar de golpear la puerta – Me abren o...

Pansy, quien no toleraría un insulto a su madre ni aunque se tratara del mismísimo Merlín, quitó de un empujón al colapsado Alex, y abrió echando chispas por los ojos... tratando de asesinarla con la mirada.

- ¡¿Qué mierda quieres?! – gruñó mostrándole su puño en forma amenazadora.

- ¡Dormir! – exclamó la rubia con una sonrisa indescriptible en el rostro.

- ¿Qué? – esbozó descolocada, notando que al lado de la muchacha descansaba un enorme baúl de cuero de dragón - ¿Qué significa eso? – inquirió con terror apuntando al objeto.

- Que me vengo a quedar con ustedes.

Tanto Pansy como Alex sintieron sus mandíbulas desencajarse violentamente, mientras que sus ojos se abrían tanto que parecían salir de sus órbitas. Luego, ambos comenzaron a reír, teniendo que sostener sus estómagos por el dolor que la contracción de músculos le estaba provocando.

- Quién...te...dijo...que...podías...quedarte...con...no...sotros – logró articular la pelinegra entre carcajadas.

- Ustedes – contestó sin pizca de enfado – Desde que por su culpa mis padres me quitaron el departamento y no tengo a dónde ir.

- ¿Nuestra culpa?

- Sí. Ustedes y su estúpido plan de embaucarme.

Los dos dejaron las risas y palidecieron instantáneamente, pensando al mismo tiempo...cagamos.

- Ahora deben hacerse responsables de las consecuencias y dejar que me quede hasta que consiga un trabajo y un lugar donde vivir.

- ¿Por qué habríamos de hacerlo? – refutó Pansy cruzándose de brazos en un arrebato de valentía.

- Porque si no lo hacen...hablo.

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Otro día había arribado en el Ministerio, y mientras algunos lucían descansados, otros portaban unas gigantescas ojeras producto del insomnio.

Hermione Granger era uno de ellos...casi levitaba por los pasillos sin decidir dirección determinada para encaminar sus pasos... hasta que vio ingresar a Greengrass al lugar, y sin pensarlo, la detuvo del antebrazo.

- ¡Daphne! – exclamó con una sonrisa hipócrita.

- Ah... hola – respondió ella desconcertada - ¿Qué se te ofrece?

- ¿Estás ocupada? – preguntó la castaña - ¿Quieres ir a tomar un cafecito conmigo? Digo, ahora que recién vienes llegando no sería malo confraternizar con tus compañeros ¿no? Así aprovechamos de conocernos mejor

- Esta bien... – aceptó no muy convencida, dejándose arrastrar por la leona a la cafetería más cercana.

Tomaron asiento en la primera mesa desocupada, y el mesero llegó a la brevedad para tomar su pedido, trayéndoles de inmediato un par de tazas humeantes de rico capuchino vainilla.

- Este...- esbozó la muchacha aparentando indiferencia - ¿Y que hacías antes de entrar al Ministerio?

- Estaba trabajando en una empresa privada. Básicamente me dedicaba a viajar por el mundo cerrando tratos con otras empresas importantes – contestó encogiéndose de hombros.

- ¡Vaya! Entonces...¿Porqué cambiaste ese empleo? Es decir, al parecer no estaba nada de mal... ¡Ya quisiera yo viajar por el mundo! – exclamó sorprendida.

- No. No estaba nada de mal. Pero me absorbía la vida – confesó dando un sorbo de su café – Me cansé de que los años se me pasaran trabajando y no disfrutar mi vida como corresponde.

- Es un lío ser trabajólica, ¿no? – suspiró Hermione.

- Ni que lo digas.

Se sumieron en un silencio incómodo... Ambas estaban ensimismadas en sus propios pensamientos mientras revolvían sus tazas con la respectiva cucharita. Y aunque el ruido del local se iba incrementando con la muchedumbre, para ellas no había nadie más que las dos.

- ¿Tienes novio? – interrumpió la castaña haciéndose la desinteresada.

- No, no tenía tiempo para eso, pero...

- ¿Pero? – repitió abriendo los ojos.

- Ahora no descarto buscar uno... – soltó significativamente, sabiendo a que puerto quería llegar la muchacha

- ¿Tienes alguien en mente?

- Sí.

- ¿Quién? – inquirió preocupada.

- Lamento sonar pesada Hermione, pero siento que no hay demasiada confianza para hablar este tipo de temas – cortó educadamente Daphne.

- Lo siento. A veces peco de copuchenta.

- No te preocupes. Quizás más adelante...no sé...podríamos ser amigas, ¿no te parece? – sugirió alzando una ceja.

- ¡Claro! – exclamó Hermione, colocando una sonrisita más falsa que los nuevos labios de Lavander – ¡Seguro!

- Bueno. Ahora te dejo que tengo que adelantar trabajo, ya que la próxima semana me toca viajar.

- ¿Si? ¿A dónde? ¿Con quién? ¿Porqué tan rápido? – preguntó con la rapidez de un bólido.

- Eres muy curiosa, ¿lo sabías? - soltó divertida – Me voy a Irlanda con Draco, y no te puedo revelar porqué...tú sabes...las cosas del departamento de misterios no pueden ser reveladas a la gente externa de él.

- Cierto.

La rubia se levantó como toda una señorita y de un asentimiento de cabeza se retiró del lugar, dejando a Hermione en la más profunda depresión...¿Porqué tiene que ser inteligente? ¿Porqué tiene que ser bella? ¿Porqué tiene que ser amable? ¡¿Por qué?!...suspiró frustrada, con bastante envidia de su cabello lacio y brillante que se movía de un lado para otro con gracia... Hasta yo caería con ella... ¡Maldición! ¡Por qué no podía ser simplemente una perra más!

- ¿Por qué esa carita? – preguntó Theo, que estaba justo entrando al local

- Estoy topando fondo – resopló hinchando los cachetes como una pequeña.

- Que te pasó ahora ratona.

- Nada en lo que me puedas ayudar.

Le dio un débil beso en la mejilla y se levantó por gracia divina para regresar al Ministerio, arrastrando los pies hasta su despacho sin ganas de nada...

- ¡Hola!

Hermione casi pega un brinco del susto, e instintivamente se llevó una mano al pecho para asegurarse de que su corazón no se había escapado por ello.

- Ron...- esbozó en un hilo de voz – Casi me matas.

- Hubiera sido una lamentable ironía – contestó divertido – Ya que mi misión es protegerte.

- ¿Disculpa? – inquirió desconcertada, recibiendo del pelirrojo un pergamino con el sello del Ministro.

"Estimada Hermione Granger.

Jefa del Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas.

Es mi deber informarle que la próxima semana deberá viajar a Japón como representante de este honorable organismo público en el concilio de leyes mágicas de Tokio, donde se discutirán diversos temas de importancia, atingentes a su labor.

Asistirá a tal evento acompañada del auror Ronald Weasley para velar por su seguridad.

Sin otro particular, se despide atentamente.

Kingsley Shacklebolt

Ministro de Magia."

- ¿Tokio? – murmuró anonadada.

- Emocionante, ¿no? – opinó sonriente Ron.

- Si...supongo – contestó contrariada.

- No te preocupes, probablemente no suceda nada de cuidado, pero por cualquier eventualidad, yo estaré ahí para protegerte. Aunque no lo necesitas, eres una excelente bruja.

- ¿Por qué tú?

- ¿Te molesta?

- ¡No! ¡Para nada! – se apresuró a aclarar – Es decir... eres un hombre muy ocupado para este tipo de nimiedades.

- Nunca lo suficientemente preocupado para ti.

La castaña se sonrojó violentamente y bajó la mirada incómoda. Ron se acercó a ella satisfecho con su reacción, y de un beso en la frente le susurró un "nos vemos" antes de partir.

La muchacha suspiró angustiada...¿con qué cara ahora iba a mirar a Draco? Jamás pensó que la tortilla se daría vuelta tan drásticamente. Menos con la situación tan embarazosa que estaba viviendo con el pelirrojo, ya que el diario aún reposaba en el cajón de su escritorio y antes de que llegara esa semana debía leerlo y enfrentar la verdad aunque le doliera.

Se dejó caer en su silla como un saco de papas, notando al lado de sus expedientes una carta blanca con sello postal muggle y la letra de su madre...¿Podría ser peor? Se preguntó exasperada.

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Estaba hace media hora dibujando círculos en aquel informe. Ya era el colmo que ni siquiera en el trabajo pudiera quitársela de la mente... Hermione.

Como si la hubiera invocado, la castaña de sus sueños – y de sus pesadillas – entró a su oficina sin siquiera tocar la puerta, caminando hasta el frente de su escritorio con las mejillas coloradas.

- Hola – dijo ella bajando la mirada.

- Hola – respondió él expectante.

- Venía a disculparme. Estuvo fuera de lugar lo de ayer. Lo siento – soltó más roja que un tomate.

Draco abrió los ojos sorprendido. Nunca se esperó una disculpa de su parte... pero sonaba tan bien que no pudo evitar sonreír y olvidar el mal rato. Se levantó de su asiento y rodeó el escritorio para llegar a ella.

- Y pensar que me encantaba tu expresión enojada...la de arrepentida se te ve mucho mejor – soltó con sorna mientras la abrazaba por la espalda.

- No te acostumbres. No suelo equivocarme – resopló levemente humillada.

- Entonces disfrutaré el momento – le susurró en la oreja, provocándole un escalofrío.

- Ahora no. No podemos seguir perdiendo horas de trabajo – regañó soltándose de su agarre para girarse y mirarlo a los ojos - Además, también venía a pedirte un favor.

- ¿Favor? – repitió confundido.

- Necesito que hoy por la noche me acompañes a una cena familiar.

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Se aparecieron al frente de una casa de tamaño normal en los suburbios de Londres, con pequeños farolitos en su entrada y un cuidado jardín lleno de flores alrededor de una pileta. Todos los músculos de Draco se tensaron al instante. La casa de la castaña era demasiado adorable para su gusto y no quería ni imaginarse como serían los habitantes de la misma... algo olía mal.

- No te preocupes. No te comerán – le susurró dándole un apretón en la mano.

- Eso es lo que tú crees – respondió desganado, como si asistiera a su propio funeral.

Hermione golpeó tres veces la puerta y esperó paciente a que sus padres le abrieran. Un hombre los recibió con una sonrisa en la cara. Tenía el pelo castaño como su hija, y adornado con mechones blancos producto de la edad.

- Ho...la – dijo el Señor Granger, frunciendo el ceño y desvaneciendo la sonrisa de su rostro - ¿Éste quién es? – soltó apuntando al rubio.

- ¡Papá! – regañó Hermione – Es Draco Malfoy...mi novio – confesó avergonzada.

- ¿Por qué me suena ese nombre? – comentó para sí, llevándose la mano a la barbilla pensativamente - ¡Ya sé! ¿Éste no era el desgraciado que les hacía la vida imposible en el colegio?

- Ese soy yo – contestó Draco rodando los ojos – Mucho gusto – agregó estirándole la mano.

- ¿Y qué haces con éste? ¿Dónde está Ronald? – preguntó ignorándolo.

- ¡Papá!

- ¡Cariño! – intervino la Señora Granger desde adentro – Déjales pasar antes de que se congelen.

La cena transcurrió peor de lo que la pareja esperaba... Mientras la Señora Granger – la réplica adulta de Hermione – estaba encantada con el nuevo yerno – y no dejaba de opinar que los hijos de ambos serían bellísimos - su marido no dejaba de lanzar indirectas de qué tan buen partido era Ron y lo bien que le caía.

Cuando Draco ya estaba a punto de ahorcarse con su propia corbata de la más sincera desesperación, la muchacha anunció la partida, ahorrándole el suicidio. Se despidieron de los dueños de casa y se aparecieron en el departamento de ella, emitiendo un suspiro al unísono.

- No fue tan terrible. ¿O sí? – preguntó nerviosa mientras se quitaba la chaqueta.

- No. Para nada – contestó él irónicamente mientras se quitaba la suya también – Pero no importa, ahora cobraré mi premio...con intereses – agregó acercándose a la muchacha y envolviéndola en sus brazos.

- Draco... antes tengo que decirte algo – musitó con dificultad, tratando de mantener la tranquilidad mientras él deslizaba los labios por su cuello.

- Más tarde – gruñó, tomando el primer botón de la blusa y sacándolo delicadamente del ojal.

- Es importante - dijo ella sin prestar mayor atención a que Draco seguía su recorrido con los botones.

- Ajá- contestó él sin prestarle mucha atención, concentrado en la curva de sus senos que se empezaba a ver tímidamente a medida que se abría su atuendo.

- Compórtate – insistió en tono suplicante, comenzando a sentir mucho calor a pesar de su semidesnudez... pero no podía perder su norte...tenía que decirle lo del viaje.

- Bueno – respondió sin intenciones de acatar la orden.

Draco de pronto dejo de atacar su cuello y la besó de una manera muy intensa, donde ella no tuvo más remedio que corresponderle o sino moriría ahogada. Las manos del muchacho le recorrían la espalda lentamente, buscando el seguro de su sujetador y desabrochándolo sin que se diera cuenta, mientras ella le quitaba la camisa por la cabeza perdiendo todo rastro de racionalidad.

En un instante, la tomó por sus caderas y la colocó sobre el...caminando entre besos con un poco de dificultad hasta acostarse sobre el sofá... que fue lo único que pudo ver de lo ansioso que estaba. De manera sutil le quitó el resto de su ropa, sintiendo el calor de la piel de Hermione sobre la suya, que no hizo más que excitarlo.

Volvió a besarla frenéticamente, recorriéndola por completo con los labios mientras ella no contenía ningún gemido... especialmente cuando Draco se hundió en ella en movimientos rítmicos...

Lo sentía, muy pronto perdería el control... su vientre cosquilleaba cada vez más hasta que por fin ambos pudieron alcanzar la gloria juntos. Draco se dejó caer con una sonrisa en el pecho de Hermione, atento a los latidos de su corazón agitado mientras ella lo rodeaba con los brazos y acariciaba su cabeza.

Él estaba feliz.

Se sentía demasiado feliz...

Y ella se sentía culpable.

Demasiado culpable...

- Draco...- esbozó temerosa.

- ¿Si? – inquirió casi en un ronroneo.

- Olvídalo...mañana hablamos.

El rubio asintió en silencio y se durmió en ese mismo momento...sin sospechar la noticia que la muchacha le tenía preparada.