Los personajes de Rama no me pertenecen


Capitulo 21

"…Akane, no vuelvas a herirme así nunca más. Prefiero mil veces la muerte antes que tu desprecio…"

Como muda y única respuesta, la joven se alzó de puntillas, rodeando el fuerte cuello dispuesta a unir su boca con la del artista marcial, en ese beso que inconscientemente ambos estaban buscando desde hacia rato y que necesitaban tan profundamente. Las fuertes manos se cerraron en torno a su pequeña cintura posesivamente y sus alientos se entremezclaron, dejando que sus corazones hablasen por ellos y sellasen definitivamente la brecha que los malentendidos y la distancia abrió entre ambos.

Los ojos de Akane se cerraron para disfrutar del íntimo momento y de la proximidad y fuerza de su masculino acompañante, mientras escuchaba los amorosos susurros que Ranma deslizaba sobre sus labios. Perdidos en su propio y exclusivo mundo, no escucharon el ruido de pasos ni la puerta del dojo abrirse para que Kasumi pudiese entrar.

- ¡Chicos...Tía Nodoka dice que la comida esta lis…! ¡Oh, lo siento! ¡No quería interrumpir!

La pareja se separó lentamente y se volvieron para enfrentar a la mayor de los Tendo que esperaba con una dulce sonrisa dibujada en su cara.

- No te preocupes, Kasumi… - El fuerte y protector brazo de Ranma rodeó los suaves hombros de Akane con cariño atrayéndola junto a él. - dile a mi madre que ya vamos…

- Kasumi… ¿Tía Nodoka aun está…? – empezó a preguntar la pequeña morena de forma vacilante, pero fue interrumpida por su sonriente y comprensiva hermana mayor.

- Las flores ya están elegidas y los manteles también han sido encargados. - le informó con una sonrisa de las suyas. - ¡Tranquilízate Akane!... todo saldrá perfectamente. ¡Ya lo verás!

La pequeña de los Tendo asintió con un leve gesto no muy convencida, pero el entusiasmo de Kasumi era contagioso y tras unos momentos de duda, suspiró y tomando la mano que Ranma le ofrecía, siguieron los pasos de la castaña cuando esta desapareció por la puerta.

…//…

Los días habían pasado como en un ensueño y las hojas del calendario literalmente habían volado sin que apenas se dieran cuenta, transformando las horas en minutos y los minutos en segundos.

Ahora contemplaba su propio reflejo en el espejo de su cuarto, con los ojos como platos y casi sin poder creerse lo que veía. Después de tanto tiempo, tantas vicisitudes, tantos malos y buenos momentos, tanto pasado y vivido, la imagen de si misma vestida de novia le devolvía la mirada.

Las últimas semanas habían pasado como un suspiro y ahí estaba ella, vestida de blanco purísimo, con un bellísimo Kimono tradicional de boda, regalo de su futura suegra y controlando sus nervios lo mejor que podía; aunque no lo estaba haciendo demasiado bien, a tenor del sudor de sus manos. Pero sacando fuerzas de flaqueza, mantenía el tipo, mientras esperaba para bajar al dojo donde en menos de media hora ella y Ranma se convertirían en marido y mujer.

Hacia unos diez minutos mas o menos, que sus hermanas habían salido por petición suya de la habitación para dejarla un rato a solas. Necesitaba un pequeño momento de reflexión y de meditación y las otras dos Tendo supieron darle ese pequeño espacio de privacidad.

Con las piernas temblorosas, se acercó a su cama y se sentó con un suspiro. Estaba aterrada. Era un paso muy importante en su vida y aunque gran parte de su adolescencia estuvo marcada por su obligado e impuesto compromiso con su desesperante prometido, ahora no era capaz de hacerse a la idea de lo que estaba punto de ocurrir. Y no es que no lo deseara, la verdad. De hecho este era el sueño de su vida. Unirse al hombre que la enamoró cuando ambos eran poco más que unos niños y al que amó con toda su alma desde entonces hasta ahora y por supuesto, amaría hasta el fin de sus días.

Pero, algo la asustaba. Durante los últimos años habían estado separados. Ausentes de la vida del otro. Viviendo vidas separadas y al margen completamente el uno del otro. Pensando incluso que él único sentimiento que les unía era poco menos que el odio, para luego descubrir en menos de un mes que se querían tanto o incluso mucho más que antes. Que su amor era tan intenso y devastador como para hacer que ella rompiese la relación que mantenía con Koji y encontrarse metidos de lleno en una boda cuanto menos precipitada.

Su cabeza no paraba de hacerse preguntas. ¿Estarían haciendo lo correcto o estarían metiendo la pata hasta el fondo? ¿No deberían quizás esperar algún tiempo mas? ¿Esperar hasta estar completamente seguros de que esto era lo que realmente deseaban?

Los ojos de la chica se desviaron hacia la ventana observando un pequeño pajarillo que se acercaba hasta el nido que junto a su compañera habían hecho en la rama de un árbol. La chica esbozó una tierna sonrisa.

Esa era la respuesta: Una familia. Y para Ranma el deseo era claro y firme. Él lo había dejado bien sentado. No estaba dispuesto a estar un minuto más sin ella. Todo lo que tuvieran que descubrir o aclarar, lo harían juntos y nunca mas permitiría que nada ni nadie los separase.

Ranma sabía lo que quería y su firmeza y decisión la convencieron totalmente. No había razón para luchar contra corriente. Ellos estaban destinados a estar juntos y a pesar de todos los contratiempos y problemas que habían enfrentado a lo largo de su existencia, al final el destino había vuelto a unirlos y a darles una nueva oportunidad.

Unos golpes en la puerta, la sacaron de sus pensamientos. Dio permiso antes de que esta se abriera y la mayor de sus hermanas entrase para acercarle un bello ramo de rosas blancas. Resueltamente se puso en pie y tomó las flores que Kasumi le trajo.

- ¿Estas lista Akane?... - Preguntó la mayor con una sonrisa tranquilizadora mientras le arreglaba parte del hermoso y complicado tocado. - Todos esperan abajo…

- Entonces, no les hagamos esperar…- respondió la chica sonriendo de vuelta y acercando el florido bouquet a su pecho, mientras dejaba que sus pasos la llevaran hasta el comienzo de lo que sería a partir de ese momento, su nueva vida.

…//….

La pequeña y blanca figura caminaba despacio pero con su delicada espalda lo más erguida posible. Lentamente iba adelantando uno de sus pequeños pies para colocarlo detrás del otro y avanzar sin pausa sobre el rojo y alfombrado suelo. El tenue sonido del roce de la seda de su largo vestido, junto con el rítmico taconeo de los zapatos de su acompañante, era lo único que se escuchaba en el largo pasillo que conducía hasta el dojo, aunque ella juraría que el retumbar del latido de su corazón podría escucharse a kilómetros de distancia denotando su ansioso estado. Pero realmente se equivocaba. Su respiración levemente agitada y el casi imperceptible temblor de sus manos, eran las únicas muestras de su nerviosismo, ya que la palidez de su rostro estaba perfectamente cubierta y disimulada por el suave y ligero maquillaje que cubría su bonita cara.

Tras largos interminables minutos, finalmente se encontraban frente a las cerradas puertas del gimnasio detrás de la cuales el lejano murmullo que se escuchaba tras la gruesa madera, les ayudaba hacerse una ligera idea de la cantidad de gente que esperaba en el interior de la enorme sala. Aspiró trémulamente todo el aire que la capacidad de sus pulmones le permitía, intentando tranquilizarse antes de traspasar las puertas y enfrentar a la expectante multitud. Apretaba con tanta fuerza el ramo de flores que llevaba entre sus manos, que los pequeños tallos comenzaron a quebrarse sin que ella se diese cuenta, mientras un sudor frió la empezó a recorrer desde la base del cuello hasta los talones…

Pánico… Un paralizante pánico. Eso era lo que sentía en ese momento. Las imágenes de la anterior ceremonia ocurrida años atrás, le volvió a la mente con la nitidez de una película, haciendo que su sangre se convirtiese en agua y que casi se quedase clavada en el suelo, mientras su aturrullada mente la abrumaba con aterrorizadas preguntas.

¿Y si de nuevo todo volvía a repetirse?... ¿Y si aparecían nuevas prometidas o nuevos locos?... o por el contrario… ¿era Ranma quien se echaba para atrás y decidía que ya no quería casarse o simplemente solo la estaba engañando?.. ¿Y si…?

De pronto, el alocado curso de sus pensamientos fue detenido al sentir una mano suave y cálida posarse sobre su rígido brazo. Volvió su cara hacia su derecha lo suficiente como para ver el sonriente y tranquilo rostro de Kasumi que con su habitual dulzura, consiguió en un momento que la paz retornara su agitado corazón con tan solo unas palabras.

- Entra ahí, Akane… Todos esperan… Nada ocurrirá, te lo prometo. - dijo mirándola a los ojos con esa extraña pero maravillosa luz que desprendían sus bellos ojos, luego posando suavemente su mano sobre la tersa mejilla de la novia añadió. - Él… te espera, Akane… como lo ha estado haciendo por estos cinco largos años…

Una cristalina lágrima brotó de sus ojos de caramelo que la castaña secó con su dedo, mientras la besaba dulcemente en la frente, tal y como su desaparecida madre hubiera hecho de haber estado ahí. A continuación, inclinándose hacia adelante, abrió las amplias puertas y la empujó suavemente por la espalda para hacerla caminar hacia el interior, mientras le susurraba al oído.

- Todo saldrá bien… hermanita…

….///….

Nodoka esperaba nerviosa, sentada cerca del improvisado altar donde se celebraría la ceremonia. Sus agudos ojos recorrían con satisfacción la bella estancia en la que se había convertido el dojo después de haber sido engalanado tan cuidadosamente por las féminas de la familia, buscando algún pequeño detalle o algún fallo inoportuno que hubiese que subsanar. Pero después de un exhaustivo recorrido con su mirada, suspiró satisfecha y algo más relajada. Todo estaba perfectamente. Las flores que finalmente había elegido con la ayuda de Kasumi, lucían en esplendorosos arreglos y centros distribuidos por todo el salón, llenado el espacio con su fragante e inconfundible aroma. Por otro lado, el suelo había sido cubierto con hermosas alfombras que amortiguaban el sonido y evitaban el posible daño que los zapatos y sobre todo los afilados tacones de las damas, pudieran hacer en la pulimentada madera del adorado lugar de entrenamiento de los hombres de la familia. Y por último y como toque final, las hileras de bancos que habían sido colocados para la ocasión, estaban exquisitamente adornados con flores y cintas en los laterales, delineando el camino por el que la novia tendría que avanzar. En fin…que todo había quedado como ella había deseado.

Despreocupándose ya del arreglo del dojo, su mirada voló hacia su vástago que de pie frente al altar esperaba impaciente la llegada de su prometida. Una amplia sonrisa de satisfacción y orgullo materno se dibujó en su cara al ver la imagen de Ranma. Siempre había sido un joven apuesto, por lo menos para los ojos de su madre, pero ahora estaba realmente muy guapo. Su alto continente se veía impresionante con su ropa de novio. Él, al igual que Akane, había optado en esta ocasión por vestirse con los atuendos tradicionales japoneses. La chica llevaría un Shiromaku o Kimono nupcial de color blanco y él usaría un haori y un hakama ambos en azul marino. El resto de la familia habían aceptado de muy buen grado la decisión de la joven pareja y los había apoyado en su decisión, especialmente Nodoka, la cual estaba tan encantada con la idea, que se había ofrecido nada más saberlo, en ser ella quien regalase las dos vestimentas a los novios.

Suspirando satisfecha, volvió su rostro hacia la cerrada puerta esperando como el resto de los invitados que a que la pequeña Akane entrase en el dojo para comenzar la ceremonia que uniría a los dos jóvenes en matrimonio y de paso, consolidaría la unión de las dos familias como tanto habían deseado Sound Tendo y Genma durante la mayor parte de su vida.

Ranma por su parte, estaba más nervioso de lo que nunca había recordado estar en toda su vida. Ningún combate o torneo en el que hubiera participado, le había producido esa sensación de angustia en el pecho como la que ahora estaba padeciendo al ver como iba corriendo el reloj sin que la chica apareciera y es que pasaban mas de cinco minutos de la hora prevista en la que Akane tenía que haber entrado por la puerta. Apretaba y soltaba alternadamente sus puños tratando de controlar el nerviosismo. Alzó su mano para mirar la hora y tragó saliva con dificultad. Ya eran diez los minutos que traía la chica de retraso… ¿y si se había arrepentido?... ¿Y si había decidido volver con ese imbécil de novio que tenía antes?... ¿Y si se había asustado y no quería casarse con él?...

Quizás no debería haberla presionado tanto… Ranma se deshacía en eculubraciones que en ese momento pasaban por su agitada mente, mientras los minutos corrían y no había ni rastro de la joven novia.

Los cuchicheos de los invitados estaban ya empezando a ponerle de los nervios. Evitó mirarlos y centró su intensa y azulada mirada en la enorme puerta del dojo como queriendo hacerla aparecer solo por la fuerza de su deseo. Sentía la garganta seca y el corazón parecía haberle bajado en caída libre hasta su estomago. La verdad es que su pequeña le estaba haciendo pasar el peor rato de su vida. Una mano en el hombro llamó momentáneamente su atención. Se giró y los oscuros ojos y risueños de Ryoga chocaron con los suyos. La amplia sonrisa del eterno chico perdido, que estaba de pie a su lado, pareció brindarle un poco de tranquilidad.

- No te pongas nervioso, Ranma… Las novias siempre se hacen esperar. Ya sabes, es la tradición. – le susurró al oído.

- Quizás… pero esta espera me está matando. P-chan... - contestó intentando que no se notara demasiado la tensa rigidez de sus hombros.

El joven se rió por el comentario y añadió instantes después.- Lo comprendo nenita, pero no tienes por que preocuparte. Akane no te dejará plantado aquí, ella vendrá seguro… Ya sabes cuanto te quiere…

El joven Saotome lo miró con una sonrisa agradecida pero extrañamente insegura en su habitualmente confiado rostro, cosa que provocó que Ryoga alzase una ceja divertido ante su evidente ansiedad y comentara con burla.

- Aunque la verdad es que no me explico por qué te aguanta…

Ranma asintió con un gesto y con una leve risita. Agradecía especialmente la presencia del que a pesar de todo, había sido lo más parecido al mejor amigo que había tenido en toda su vida. Fue a girarse un poco para lanzarle a Ryoga alguna respuesta jocosa, cuando el sonido de las puertas abriéndose así como, la música nupcial que empezaba a sonar, atrajo su inmediata atención haciéndole olvidar cualquier otra cosa que tuviese en mente que no fuera la imagen que apareció frente a sus ojos.

Y… ahí estaba ella. Por fin pudo dejar que su corazón recuperase su habitual y rítmico latir y que sus pulmones recuperasen el aire que casi había olvidado inhalar. Una relajante y dulce sensación de paz le recorrió desde la cabeza hasta la punta de los pies. Akane por fin había llegado y el mundo volvía nuevamente a caminar.

La pequeña y blanca figura se recortaba sobre el fondo del adornado salón como una bellísima visión. Su delicada silueta cubierta por el hermoso y blanco kimono, atraía la mirada de todos los presentes incluido por supuesto la del novio, que la contemplaba totalmente embelesado. A sus ojos, no había nadie más bello sobre la faz de la tierra que Akane, ni otro hombre mas afortunado que él.

Mientras la observaba, todo dejó de tener importancia para Ranma. Sus ojos solo la veían a ella, sus oídos solo escuchaban el sonido de sus leves pasos y su olfato solo captaba el dulce y embriagador aroma de su perfume. Su mundo se reducía a la joven de negros cabellos que avanzaba hacia él como un dulce ángel, mientras le sonreía con esa sonrisa que era capaz de robarle el aire.

Cuando llegó a su lado y la azulada mirada se enredó en los castaños ojos de la joven y unían sus manos para dar comienzo a sus votos, comprendió que su vida y su futuro siempre habían estado predestinados. Que desde que ambos nacieron, el destino se había empeñado en unirles a pesar de todo lo que habían tenido que luchar y todos los inconvenientes que habían tenido que superar. Porque en el momento en que sus vidas se encontraron, comprendieron que jamás podrían tener o desear otro futuro diferente al que iban a comenzar a vivir juntos desde ese mismo instante.

Fin del capítulo 21

…///…

Bien ya solo queda otro capítulo mas y el epílogo. Sé que este es algo cortito, pero el próximo es más largo y el epílogo mucho más. Me gustaría poder terminar de colgarlo entre esta semana y la próxima, para así dedicarle más tiempo a mis otros fics.

Ahora me despido para ver si me da tiempo colgarlo hoy mismo. No olvidéis pasaros por mi blog y sobre todo dejarme algún comentario. Intentaré esta vez contestarlos individualmente.

Un besote para todos, Marina.