Capítulo XX, Entrenada

Parte II

Hacer rondas después de varios años de no tener paz era de alguna forma reconfortante y le permitía pensar sobre todo lo que se aglomeraba en su mente de forma desordenada. Claro que también estaba el hecho de que dormir ya le aterraba, las pesadillas eran demasiado reales. Aunque, si lo pensaba bien, no podía llamarles pesadillas. Eran sueños hermosos donde podía verla, tocarla, tenerla, pero todo se deshilachaba y se teñía de un matiz horrendo que solo la ruptura del vínculo podría provocar. Era como arrancar tu alma a trocitos y jirones, porque todo lo bueno que soñaba se convertía en nada, cada sentimiento, cada sensación, era como si lo que le hiciera humano muriera poco a poco. No se le permitía amar ni a la Lily de sus sueños, y en consecuencia su pecho se hacía más pesado cada día que pasaba, como si hubiera una piedra llenando el espacio destinado a su corazón. Cuando terminó el piso de Hufflepuff se dirigió a la torre de Gryffindor, no quiso tomar el ascensor y subió por las escaleras lo más tranquilamente posible. Recordaba la primera vez que había subido cuando era un niño, lo eterno que se le había hecho. Ahora que era fuerte todo parecía nada, incluso podía subir los escalones de tres en tres si quería. Los pasillos estaban desiertos, puesto que solo unos pocos eran asignados a la vigilancia rotativa nocturna. Curioso. En Hogwarts parecía no haber nada que rompiera la quietud durante las noches, todo era tan pacífico y solitario. Una sensación de anhelo le llenó por completo y comenzó a pensar que algo hacía falta allí, algo demasiado importante como para haberlo olvidado. Una risa rebotó en su mente y volteó hacia atrás, porque había sentido que alguien tomaba su mano. James comenzó a plantearse el estarse volviendo loco, porque aquella tristeza era infundada y el peso muerto en su pecho se hizo insoportable.

El ruido le sorprendió a la mitad de ese episodio extraño, llenando sus oídos sensibles y asustándolo un poco. Era amortiguado y se encontraba dos pasillos más allá. Caminó en la oscuridad y pronto pudo notar que era en un armario de servicio que se encontraba entre los corredores de los vestidores. Los armarios en Hogwarts eran tan escasos que casi nadie los tomaba en cuenta, también eran muy pequeños. Al ponerse en frente el sensor le detectó y, cuando la puerta se deslizó, una luz tenue iluminó el interior con sutileza. Utensilios de limpieza cayeron en picada hacia el suelo pero él no se movió, porque en cuanto el primero se hubo retirado, vio el rojo cabello de la persona que se escondía dentro. Era ella.

La niña alzó la mirada y sus huesos chasquearon un poco al moverse, sus grandes ojos parecían agua clara y verdosa, sus mejillas estaban tan húmedas por lágrimas pasadas que no se habían secado aún. Ella parecía tan perdida y asustada que su corazón se oprimió aún más en su pecho adolorido. El sufrimiento en ella fue suyo por un instante.

En una fracción de segundo, Ginny pareció despertar de un largo letargo y sus ojos se abrieron más si era posible al reconocerle. O eso pensó, porque solo había miedo en su rostro.

—Yo —Murmuró con voz trémula—. Yo…

—¿Ginny?

—¿Eh?

La exclamación salió involuntaria de su boca y el miedo en sus ojos pareció distenderse, mientras él se acuclillaba lentamente para quedar a su altura. Ginny le siguió con la mirada, mientras una lágrima caía por su mejilla izquierda e iba parar sobre su brazo desnudo en el que había muchos moretones nuevos y algunos que ya empezaban a desaparecer. Simultáneamente, llevó su mano a la parte posterior de su cabeza para replegar el visor. La niña contuvo el aire al mirar su cabello revolotear y caer en desorden.

—¿James? —Pronunció con una voz pequeña, casi parecida a la que tenía la primera y única vez que se había topado con ella. Sin embargo, carecía de toda la confianza que derrochaba aquella vez. Algo había cambiado.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Inquirió, regulando su tono para que fuera suave.

Ginny miró sus piernas y pasó saliva dificultosamente. Por un momento, creyó que no respondería.

—Estoy ocultándome —Le reveló sin mucha fuerza.

—¿De quién? —Quiso saber.

—De todos —Respondió ella y frunció las cejas rojas y delgadas levemente. James pensó en lo incómoda que era su posición.

—Vamos —Le animó, ofreciéndole su mano—. Sal de allí.

La niña se lo pensó un momento, parecía que iba a negarse, pero tomó su mano y sus dedos —que también tenían moretones— se dejaron envolver por los suyos. El traje de James no dejaba nada de piel al aire, sin embargo, podía sentir un cosquilleo al tocarla. La jaló hacia él, ayudándola a levantarse. Sus articulaciones crujieron un poco y ella se bamboleó con las piernas temblorosas como un cervatillo. Le sostuvo contra él un momento hasta que la mueca de dolor pasó y, al parecer, su circulación volvió a la normalidad.

—¿Estás bien? —Le preguntó. Ginny asintió silenciosamente y no se movió. James sintió que al sostenerla, sostenía también su tristeza y eso le hizo saber que debía reconfortarla a como diera lugar—. ¿Quieres que te lleve a tu habitación?

Ginny alzó la mirada rápidamente, parecía asustada con la idea.

—No, por favor —Rogó, aferrándose a él como a un ancla, sus dedos arrugando la tela sintética de su traje—. No quiero volver allí, no ahora.

—¿Entonces qué deberíamos hacer? —Inquirió aunque, más que para ella, se lo preguntaba a él mismo—. ¿Quieres quedarte aquí en el pasillo?

Sin saber que responder, Ginny se quedó callada y miró a su alrededor, luego negó lentamente con la cabeza. James suspiró y acomodó los utensilios desparramados por el suelo para que el armario volviera a cerrarse. Ambos se quedaron de pie allí, mientras pensaba a donde podrían ir. No podría llevarla a su habitación, porque los demás se enterarían. No quería que los demás se enteraran.

—Demos un paseo —Sugirió y ella asintió, soltándose de él. Ambos comenzaron a caminar por el oscuro pasillo, alejándose de los vestidores y de la entrada a los servicios. Pasaron por el comedor y luego se dirigieron hacia el corredor de la sala de batalla sin mediar palabra. James creyó prudente caminar por lugares en los que no había habitaciones y pasó de largo a la sala contigua de la de batalla, una de la que Ginny ni siquiera se había percatado. La puerta se encontraba oculta discretamente a un costado y era igual a todas las demás. Cuando se abrió y la habitación se iluminó, se encontraron en un cuarto amplio con algunos sofás y controles. En la pared que colindaba con la sala de batalla, había un cristal, ocupando casi toda la superficie.

—¿Dónde estamos? —Se atrevió a preguntarle mientras sus ojos se adaptaban a la claridad, James le miró.

—En la sala de observación.

—¿De observación? —Repitió ella, sopesando las palabras en su boca—. ¿Es decir que nos observan siempre?

El pánico en su voz le tomó por sorpresa, pero sabía realmente a lo que se refería. La vergüenza ocupó un lugar en su rostro pecoso y redondeado aún por los rasgos de la inocencia.

—No siempre —Intentó tranquilizarla—. Se utiliza normalmente durante las evaluaciones. Dumbledore y los altos mandos suelen venir aquí para evaluar el desempeño de los aprendices en las simulaciones. Claro, ustedes no deben saberlo aún, y no pueden verlo desde la sala de batalla. No obstante, ellos estuvieron aquí en el primer entrenamiento y las pruebas.

—¿Y tú? —Quiso saber ella, pareciendo más tranquila y reconfortada por la idea de que nadie más había podido ver sus fracasos.

—Sí, también. Estuviste increíble —Ginny sonrió tristemente ante el halago y luego su sonrisa vaciló—. ¿Qué pasa?

Ginny se sentó en uno de los sofás y sus hombros cayeron, como si su alma pesara demasiado para ella. James fue a sentarse a su lado y le miró de forma insistente.

—No es nada —Desestimó.

—Si no fuera nada —Dijo él y tomó su mentón con suavidad para alzar su rostro y mirar sus ojos. Ginny se mordió el interior del labio mientras sus ojos se abnegaban en lágrimas—. ¿Por qué estás tan triste? ¿Por qué estabas ocultándote en ese armario?

Soltó su rostro y la dejó tomar valor, podía verla luchando contra el llanto.

—Es solo que… —Murmuró Ginny con voz quebrada, contuvo las lágrimas tercamente y, mirando hacia un punto en el suelo, apretó los puños contra el sofá—. No soy buena ¿sabes? —Dijo tristemente—. Por más que entrene horas extra, por más que me esfuerce. Simplemente no lo consigo.

James dejó que apoyara la frente en su hombro, sus palabras provocaban en él un sentimiento de impotencia. Maldijo a Tonks en su mente por quebrarla de esa forma, por ser igual a sus anteriores instructores, a quienes no les importaban los sentimientos.

—Y nadie lo entiende —Continuó Ginny, ahogándose en sus sentimientos—. No entienden que es doloroso siempre terminar en el suelo, no cumplir las expectativas que tenían de ti…

Su mano se movió automáticamente, sin que él pudiera siquiera notarlo y se posó sobre su cabello, Ginny suspiró para recobrar el aliento. Se tomó su tiempo para responder, concentrándose más en ese calorcillo que le aclamaba a voces que Ginny era parte de él y que hacía su corazón latir desbocado. Antes de abrir la boca, pensó que quizá así se había sentido Remus al identificar a Harry como su cría, inequívocamente convencido.

—Yo lo entiendo —Le dijo—. No todos somos buenos al principio, a veces tenemos un ritmo distinto. Yo también entrené horas extra a escondidas.

—¿Lo dices… en serio?

—Absolutamente.

—Pero —Dijo Ginny en un hilo de voz—. Eres el Capitán de Hogwarts… el Hechicero más fuerte.

James sonrió un tanto abochornado, traicionado por el vuelco que dio su corazón. Fue extraño, sentir después de bastante tiempo sin sentir nada. Ella levantó la mirada para posar sus ojos en él. Eran cristalinos y hermosos, llenos de admiración. Deseó con el alma que ella le mirara siempre de la misma forma.

—Ginny, esto no se trata de si cumples o no las expectativas de los demás, se trata de ti, de cómo eliges vivir. Si cumples tus propias expectativas —Y, recorriendo su roja melena, añadió—: Confía en ti misma. Si crees en ti, lo lograrás. No dejes que nadie te diga lo que puedes o no hacer.

Las lágrimas se deslizaron como gotas de cristal por sus mejillas mientras le miraba, parecían ser las últimas que derramaría aquella noche. Ginny solo hizo eso, mirarle por un rato, y poco a poco sus ojos fueron esclareciendo con pensamientos que él jamás lograría saber. Leer mentes solo parecía ser una habilidad propia de Dumbledore.

—¿James? —Dijo después, casi en un susurro. El azabache le miró interrogante—. ¿Por qué siempre apareces en el momento indicado?

Él pareció pensárselo y luego sonrió.

—Solo es coincidencia, creo.

Ginny se mostró un poco tímida al respecto.

—Pensaba que, tal vez, tendrías un súper poder que te informaba cuando alguien necesitaba ayuda —Una risa sincera brotó de él, como solo con ella podía hacerlo y refrescó su alma. Ginny le hacía sentir distinto.

—Puede que lo tenga, pero solo funciona contigo —Opinó—. ¿Eso sería genial, no?

—Sí, lo sería… —Murmuró Ginny en respuesta y su mirada viajó al cristal, donde solo podía verse la oscuridad en la sala de batalla.

James miró el cristal también, al reflejo de ambos. Cuan curioso era, puesto que tenían los mismos ojos. Quizá, en otra vida, ella podría haber sido su hija, suya y de Lily. El solo pensarlo le hizo sentir mal y decidió que debía cambiar el rumbo de sus pensamientos.

—Entonces —Dijo, interrumpiendo sea lo que fuese que Ginny estuviera pensando en aquel momento, porque parecía muy absorta. Quizá, como él, tenía pensamientos dolorosos—. ¿Quieres entrenar?

Con una mirada de sorpresa, ella inquirió:

—¿Realmente me ayudarías a entrenar?

—La pregunta me ofende —Respondió, fingiendo una cara indignada—. Eres mi amiga después de todo ¿no?

Y, acercándose, chocó su frente con la suya, como ella lo había hecho cuando le conoció. Ginny sonrió como el sol y le rodeó con sus brazos, abrazándole mientras le daba las gracias. James le devolvió el gesto, sintiéndose la persona más dichosa por primera vez en su vida.

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Las palabras de James le cubrieron como una manta calentita en cuanto se hubo marchado, dejándola frente a la puerta de los dormitorios. Lo miró desaparecer en el pasillo, dejando tras él una estela protectora que Ginny atesoraría en su corazón para siempre. No pudo evitar sonreír tenuemente ante la suerte de haber sido encontrada por él y no por otro Hechicero. Entró de puntitas, sin hacer ruido, y se acostó en su cama, sintiéndose un poco más liviana. Había logrado hablar con alguien sobre lo que le sucedía y eso quitaba un gran peso de sus hombros. Durmió erráticamente durante el tiempo que quedaba para levantarse y, en cuanto las luces volvieron, ella se arropó como quien viste una bufanda con los ánimos de James para afrontar ese nuevo día. Al otro lado de la habitación, Hermione le echó una mirada extraña al notar su presencia.

—¿Estás… mejor? —La escuchó decir en voz baja mientras caminaban a los vestidores, donde se reunirían con las demás chicas para ducharse y cambiarse. Ambas llevaban el uniforme doblado en los brazos. Ginny enrojeció, recordando sus palabras de la tarde anterior: «Yo no creo que seas débil».

Antes jamás habría pensado que sería la castaña quien le dijera tal frase, quién intentaría reconfortarla de aquella forma. Quizá Hannah hubiera sido capaz, pero no lo había hecho, cosa que le entristeció. Había creído que eran buenas amigas.

—Sí —Murmuró en respuesta y, cuando estuvieron a punto de llegar, añadió—. Y gracias, por lo que dijiste…

Hermione sonrió, sus sonrisas eran tan bonitas como escasas, y ambas fueron a sus respectivos casilleros. Las demás chicas se mantuvieron en silencio sin saber que hacer o decir, Hannah junto a las gemelas Patil parecían incómodas. Ginny pensó que así de solitaria debía de sentirse Hermione siempre, ya que no solía hablar con nadie además de Draco. Pero el rubio no siempre estaba. Ginny pensó que ignorar a las demás sería justo y se duchó con solemnidad, luego se alistó para lo que venía.

Al llegar a la sala de batalla, la imponencia de lo que haría, de lo que significaba, se cernió sobre ella, el temor se coló por su cuerpo.

—Si crees en ti, podrás lograrlo —Le recordó Minerva cariñosamente en su oído, el auricular de nuevo en su sitio. Para ella fue como una caricia y se sintió mal por haberse escondido de su amiga. Estaba decidida a no alejarla nunca más, llevaría ese auricular a donde fuera.

Suspiró y dio un paso al interior, en aquel momento su valentía era puesta a prueba. Tonks la miró un momento, o al menos eso creyó porque no podía ver su rostro bajo el visor, y la clase transcurrió en tranquilidad, solo acondicionamiento, sin simulaciones aquella vez. Pudo sentir las miradas de sus compañeros durante todo el tiempo y al final, cuando todos se fueron, ambas se quedaron a solas. Tonks volvió a quitarse el visor y Ginny hizo lo mismo.

—¿Lo has pensado? —Le preguntó la mujer con una expresión condescendiente.

Ginny apretó los puños y le miró como ella era, fiera, inspirándose en Severus y James, en cómo se erguían en sí mismos pareciendo más altos de lo que realmente eran.

—Lo siento, no lo haré —Le dijo decidida—. No desertaré.

Sorprendida, Tonks frunció el ceño.

—¿Estás completamente segura?

Y Ginny se dio cuenta de cuanto lo estaba, de cuanto lo deseaba, de cuanto su cuerpo vibraba por ello. No para probarle nada a sus compañeros, no para probarle nada a nadie, solo a ella. Ginny sintió que ella era una espada, nacida para luchar, para ser fuerte.

—Lo estoy —Terció—. Fui hecha para esto. No desertaré y cumpliré con mi entrenamiento. Esta es mi decisión. Agradezco su preocupación, pero no la necesito.

Dio media vuelta y salió de la habitación con paso altivo, aunque en su interior la maraña de sentimientos le abrumaba. Mantuvo la barbilla en alto, sabiendo que aquellas palabras eran ciertas. Había nacido para ser un Hechicero.

Sin embargo, su fuerza se fue apagando conforme caminaba, su coraza bien podría haberla engañado por un instante pero flaqueó, se quedó parada en la esquina del corredor de la clase de Estrategia, completamente quieta.

Después de la clase de Estrategia almorzarían y después tendrían Genética, donde vería a su padre. Enfrentar a Tonks era una cosa, pero enfrentar a Severus, con la posible decepción en su rostro, eso era distinto.

—Él no está decepcionado de ti —Dijo Minerva, adivinando sus pensamientos.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque él te ama, Ginny —Le recordó—. ¿Acaso se decepcionó de ti cuando mal interpretaste el ajedrez y jugabas con sus piezas en lugar de las tuyas? —Ginny negó con la cabeza como respuesta—. ¿O cuando no podías dar una vuelta de carro porque te atemorizaba caerte? ¿Se decepcionó cuando quedaste en Gryffindor en lugar de Slytherin?

—No, él… él me ayudaba, me decía lo orgulloso que estaba cuando lo lograba.

—¿Y qué crees que dirá ahora? No has desertado, solo has caído, pero te has vuelto a levantar. Ginny, yo creo que él estará orgulloso de ti sin importar lo que hagas. Porque jamás te rindes, jamás abandonas algo hasta que eres muy buena haciéndolo.

Ginny sonrió para ella cariñosamente, aunque no sabía desde donde podría verla. Su corazón poco a poco iba sintiéndose menos pesado, ahora veía que no estaba sola en absoluto y se sintió tonta por haberlo pensado.

—Gracias, Minnie. Eres la mejor amiga que alguien podría desear.

Se preguntó si Minerva sonreiría también, su tono le dijo que sí.

—Ahora anda, ve a ser la mejor estratega de la historia.

Ginny asintió, recobrando la confianza y entrando a la clase.

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Severus estaba acomodando archivos en la pantalla de su escritorio cuando entró en el aula de clases. Había comido solo un poco y había salido corriendo, aún más rápido que Harry, quien solo pudo observarla con muda sorpresa y recelo cuando salió del comedor. Ella entró tan sigilosamente que lo sorprendió concentrado, con una mano en su mentón, mientras con el índice de la otra subía y bajaba una larga lista de archivos. Llevaba la bata blanca habitual y su cabello caía a un lado de su cara, como diseñado para no molestarle en sus tareas. Ginny se quedó observándole, preguntándose cómo era posible que ese hombre tan maravilloso fuera su padre. Quería ser la hija perfecta, solo para verlo feliz.

Entonces él notó su presencia, porque levantó la vista y sus ojos se negros se posaron en ella, brillando como solo lo hacían cuando la miraba. Su corazón saltó y se oprimió con nerviosismo.

—Ginny —Dijo sorprendido—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Ella bajó la mirada al suelo y se encogió de hombros.

—Solo un momento.

—Lo siento —Respondió él, parecía cansado a pesar de todo—. No te escuché tocar.

Ginny no dijo nada, porque simplemente no había tocado. Severus se levantó y se acercó a ella, posando las manos en sus hombros caídos y la atrajo a un abrazo. Ginny se dejó hacer, sintiéndose reconfortada.

—Lo siento —Le dijo—. Perdóname por no haber venido antes.

—Sabes que puedes venir a mí cuando lo desees, cariño.

—Lo sé, lo sé —Gimió Ginny acongojada—. Es solo que tenía tanto miedo.

—¿Miedo? ¿Miedo a qué?

—A decepcionarte.

—¿Decepcionarme? —Inquirió Severus incrédulo y la alejó sin soltarla, poniéndose a su altura para mirarla a los ojos—. Ginny, eres lo mejor que pudo haberme pasado, yo no podría decepcionarme de ti, nunca.

—Pero… pensé que querías que me convirtiera en una gran Hechicero. Pensé que creías que era perfecta.

Severus sonrió un tanto confundido y acarició su mejilla. Ginny ya no podía llorar más y sus ojos estaban levemente hinchados, sin embargo, sintió que se humedecían de nuevo.

—Eres perfecta tal y como estás —Le confortó, aquello le llegó más dentro incluso que las palabras de Minerva. Sintió alivio, como si todo lo que la hubiera ahogado se disolviera cual neblina—. Y lo serás para mí siempre, sin importar si eres la reina de los Hechiceros o no, cariño… ya eres fuerte, valiente y hermosa, lograrás todo lo que te propongas. No lo dudes.

Ginny se abrazó a él, estando al borde de las lágrimas de felicidad.

—Me esforzaré —Le prometió—.Y vendré a ti cuando lo necesite.

—Esa es mi chica —Murmuró Severus contra su cabello y luego la soltó, dando un suspiro de alivio—. Me preocupé tanto cuando Harry dijo que tenías un permiso de la unidad médica. Pensé que estabas enferma; sino asistías hoy, suspendería la clase para ir a buscarte.

Ginny le miró desconcertada y miles de interrogantes se arremolinaron al mismo tiempo en su cabeza. ¿Harry no le había contado que la echarían? ¿Acaso no había dicho que…?

—Entonces —Preguntó en un hilo de voz—. ¿Él no te dijo nada más que eso?

—No —Respondió Severus con simpleza—. Imaginé que no querrías que me enterara que tienes… situaciones de mujeres —Dijo él un tanto indeciso sobre hablar de ello, aunque Ginny ya estaba bien informada—. Ya sabes.

—¿Qué? —Dijo ella entendiendo a medias y enrojeció—. No, no es nada de eso. Es solo… solo falta de proteínas. No había estado comiendo la carne del todo.

—Entiendo —Respondió aliviado y su tono alejó un poco el cansancio que había percibido al inicio—. Cariño, debes comer mejor, el entrenamiento es bastante exigente.

—Tienes razón, lo siento.

Él le miró igual que siempre, amable y comprensivo. Ginny pensó que Minnie tenía razón, él le miraría de esa forma aunque le dijera que se casaría con un Inferi. Además tenía otra oportunidad, no la desaprovecharía.

—Haré que te sientas orgulloso.

Y eso era una promesa. Severus lo notó, pero no dijo nada más. Él ya estaba tremendamente orgulloso de la niña fuerte que sabía que era, la había criado después de todo.

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Después del toque de queda, Ginny se deslizó fuera de la cama y tomó la cómoda ropa deportiva que usaba fuera del entrenamiento, luego caminó sigilosamente por los pasillos a La Sala de Batalla. Cuando llegó, James estaba parado en el medio, enfundado en un traje parecido, que constaba de un pantalón gris estilo deportivo suelto y una camiseta rojo escarlata. Vestidos así, parecían como un hermano mayor y su hermanita, pensó Ginny, ya que James se veía absolutamente joven, como si jamás envejeciera. Se preguntó si ella no envejecería también.

—Bienvenida, aprendiz, llegas a tiempo —Sonrió él cuando estuvieron frente a frente—. ¿Lista para el verdadero entrenamiento?

—Lista, Capitán —Respondió segura, poniéndose derecha.

James sonrió divertido y enternecido a la vez.

—Bien, porque seré inflexible. Empecemos con veinte vueltas a la sala.

—¡Sí, Capitán!

Ginny ni siquiera le esperó y salió disparada, James le siguió sin dejar de sonreír y, cuando terminaron, empezaron con las cosas fáciles. Le guio en los ejercicios y luchó con ella cuerpo a cuerpo para saber sus fortalezas y fallos. Ginny notó que James parecía ser mejor profesor que Tonks, que tenía más paciencia y era más meticuloso. O quizá solo era con ella, le gustaba más esa idea.

—¿Por qué tú no entrenas a los aprendices?

James, que la miraba mientras hacía ejercicios de flexibilidad, arqueó las cejas.

—Soy el Capitán —Dijo—. Normalmente estoy de misión o atendiendo asuntos de Hogwarts con Dumbledore. Suelo presenciar el entrenamiento de los próximos a salir y darles algunos consejos, pero supongo que eso no es entrenar. Creo que es por falta de tiempo.

—Pero estás entrenando conmigo —Apuntó Ginny.

—Sí —Sonrió él—. Es distinto. Aquí no hay nadie más que tú y yo. Si alguien se llega a enterar, nos irá mal a ambos.

Ginny frunció el ceño y siguió con lo suyo, aunque un poco más seria.

—Entiendo.

Al pasar los días, poco a poco fue adquiriendo agilidad, se notó más elástica, más fuerte y más intuitiva en cuanto a los movimientos de James. Y mientras que durante el entrenamiento con Tonks no demostraba gran esfuerzo, solo ella y James sabían la verdad de cuanto empeño ponía en ello. Al final del día, siempre acababa muerta de cansancio, dormía un poco y se levantaba para volver a La Sala de Batalla. En promedio, dormía solo cuatro horas. James era tan inflexible como Tonks, pero más comprensivo y, si había algo que no lograba, le daba tiempo para aprenderlo, explicándoselo una y otra vez.

Ginny se alejó de sus compañeros, mostrándose más huraña y poniendo toda la atención en las clases y los entrenamientos. Participaba activamente e, ignorando su alrededor, no se dio cuenta de las miradas sorprendidas que le seguían cada vez que, corriendo por la sala, rebasaba a toda la clase. Sus largas piernas ayudándole a ser veloz, sus músculos reaccionando tal y como James lo había esperado.

Después de la primera semana, James decidió que era hora de ponerse al día con el entrenamiento real. Harían algo distinto. Le indicó que siempre se centrara, que mirara a su contrincante como si fuera un animal salvaje, sus movimientos y las debilidades en él. Que en la realidad todo sería más corpóreo, que cuando luchara con un Inferi podría incluso sentirlos.

—Ellos son fríos —Dijo en voz baja una vez, le había vendado los ojos en el medio de la sala—. Sentirás la brisa que hacen al moverse, escucharas el breve borboteo de su inconsistencia, olerás el tufillo agrio que desprenden.

Se colocó detrás de ella y susurró en su oído. Ginny se sobresaltó de no haber escuchado cuando se acercaba.

—Confía en tus instintos, estas hecha para ello Ginny. Con el tiempo será tan natural como respirar, tus músculos se han hecho más fuertes rápidamente porque estaban esperando a que quisieras que así fuera. Te he estado observando, eres más rápida ahora.

Ginny se quedó quieta, escuchando. Bloqueó todo lo que pasaba por su cabeza y escuchó superficialmente su respiración. Lanzó un ataque que él esquivo con facilidad y luego se puso delante de ella. Su piel se erizó al darse cuenta de que si se quedaba como estaba, si se rendía, sería completamente débil. Se asustó, se negó a ello, quería ser fuerte.

—¿Eres la niña débil y frágil que todos piensan que eres? —Le retó y ella apretó los puños, recordando el bufido burlón de Draco, casi escuchándolo en su interior—. ¿Eres la tonta por la que te toman?

Viendo la cara aburrida de Harry bajo los párpados, la forma en la que le había hecho sentir tan mal; Ginny sintió su sangre hervir, su corazón palpitar y fue como una avalancha de enojo que luchaba por salir de ella.

—¿Irás a llorarle a tu papi que te lleve devuelta? ¿Tendrán que cuidar de ti en la guardería toda tu vida?

—¡Claro que no! —Exclamó ella y la patada salió tan natural, adivinando el lugar en el que él se encontraba. Sintió cuando lo golpeó y levantó la venda para ver que la había bloqueado con su antebrazo pero sonreía.

—Bien —Le felicitó con el entusiasmo brillando en sus ojos verdes—. Todo eso que sientes, toda esa fuerza, debes canalizarla en tus ataques. Eres muy fuerte, Ginny, tu ataque ha sido certero y firme. Pon la venda de nuevo, haremos esto hasta que no puedas más.

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—Severus.

El pelinegro levantó la vista de la mesa, donde había una diminuta mota negra. Tenía puestas unas gafas transparentes que tenían datos flotando en su superficie y que desaparecieron cuando las retiró. Lily intentó ocultar su ansiedad con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Estrujó sus manos fuertemente detrás de ella.

—Lily —Dijo él; no se habían visto desde hacía un par de meses, desde la ceremonia de Ginny. Se acercó a ella—. ¿Cómo has estado?

—Bien, gracias —Murmuró Lily en respuesta, mordiéndose el interior de las mejillas con nerviosismo. Severus le miró evaluativamente.

—¿Ocurre algo?

—Yo vine a… —Comenzó—. Bueno, ya sabes, yo…

Severus esperó a que se decidiera a hablar.

—¿Cómo está ella?

—Muy bien —Dijo un tanto orgulloso—. Magnífica, debo decir. Ha crecido un centímetro o algo así, le va muy bien en estrategia.

Pero para Lily no pareció ser una explicación suficiente y terminó por estrujarse un poco más las manos.

—¿Estás seguro? —Soltó en un tono más alto del que Severus esperaba—. Es que, he escuchado a Narcissa Malfoy quejarse un poco, sin querer, claro. Ella dijo que su hijo tenía moretones, que quizá ese entrenamiento era muy salvaje. Yo solo… estoy un tanto preocupada ¿Ginny tiene moretones? ¿Seguro que no la han golpeado?

Severus le miró asombrado por un momento, entiendo por qué cuando era un niño decidían separarles de sus familias por completo. Madres preocupadas, padres testarudos que harían lo que fuera para verlos. Recordaba ver a Black intentando hablar con Harry y a Jean Granger asistir con Lupin, tal y como Lily lo estaba haciendo en ese instante con él. No pudo evitar reír, incluso de sí mismo. Su risa era baja y ronca, Lily no la había escuchado desde hacía mucho tiempo.

—Estoy preocupada por ella, Sev —Alegó un tanto abochornada.

—Lo sé, lo siento —Se disculpó él—. Es solo que… claro que la han golpeado, de eso se trata el entrenamiento. Ella lo sabía desde el inicio, los viste crecer aprendiendo artes marciales, combate.

—Sí, pero…

—No te mortifiques mucho por ello. Ginny está creciendo, es fuerte. Más fuerte que tú y yo, de hecho. Puedo mostrártela.

Se acercó a su escritorio de nuevo y, sin tocar lo que hacía antes, tecleó algo sobre la superficie, la imagen apareció sobre él y Lily abrió bien los ojos, inclinándose para observar a Ginny corriendo por la sala como una gacela, enfundada en un traje de entrenamiento parecido al de los Hechiceros, practicando combate cuerpo a cuerpo y venciendo a Neville. Por un momento fue como si su pequeña ya no fuera una niña, Severus sabía que era difícil de asimilar y que Lily se sentiría, tal vez, bastante triste por lo rápido que el tiempo pasaba, porque su hija estuviera creciendo sin saber quién era realmente su madre. Miró a la pelirroja, sus ojos marrones fijos en Ginny, brillando de orgullo y de sentimientos que siempre parecía querer mantener ocultos de él. Se preguntó qué era lo que pensaba y, un tanto sorprendido, notó que su estómago ya no hormigueaba con su cercanía; Lily le miró y también notó que ya no retenía el aliento. Algo en él había cambiado.

—Quisiera poder estar con ella, aunque sea solo un poco —Dijo ella con la voz un tanto afectada pero suave—. Apoyarla de alguna forma.

—Entiendo, lo sé, también tengo ese problema —Explicó Severus, dejando de lado el hilo de sus pensamientos—. Pero es difícil, los aprendices están más vigilados, los mandos siguen su progreso cada día. Yo puedo verla en clases, no hablarle como tal. Pero tal vez podría ayudar —Lo pensó un momento y luego tocó el hombro de Lily con sus dedos, se sintió extraño y optó por retirar su mano, haciendo del gesto solo algo reconfortante—. Pensaré en algo, solo dame un poco más de tiempo. Sé que le haría bien verte.

Ella asintió y le dedicó una mirada con intención, sabía que su acción no le había pasado realmente desapercibida, Lily tendía a ser muy intuitiva. Cuando ella se fue, volvió a su puesto en la mesa, dispuesto a seguir con su trabajo. No obstante, se quedó mirando fijamente la superficie. Amaba a Lily, la amaría siempre…

Pero ahora solo podía verla como a su familia.

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Ginny podía escuchar a la perfección. Sus sentidos se habían desarrollado a una velocidad abrumante y los cambios fueron notorios incluso para ella misma. Pronto podía pelear sin esfuerzo alguno con sus compañeros que ya no le parecían tan fuertes ni tan altos como antes y podía vencerlos.

Abrió los ojos justo a tiempo para esquivar el primer golpe de la simulación, estas como tal no eran ruidosas, pero podía sentir el cambio en las vibraciones de los mecanismos de la sala y golpeó el abdomen con una patada, podía ver el punto débil que había mencionado Draco alguna vez, que ahora le parecía bastante lejana.

Había tardado en comprender pero James le dotaba de tanta confianza que no había parado de fallar hasta que, después de muchos intentos, ya no lo hizo. Tonks y los demás se habían quedado completamente quietos cuando la simulación se desintegró, anunciando su primera victoria. Había sido la última y no se molestó en mirarles una vez hecho. Sonrió bajo su visor, enorgulleciéndose de sí misma y salió de la sala de batalla para ir a cambiarse.

En el comedor, Hermione había entrado momentos después, sentándose en la misma mesa que ella y tenía una sonrisa de blancos dientes adornando su pecosa cara.

—¡Lo hiciste! —Le dijo en voz baja cuando puso su bandeja frente a la suya. Ginny se sintió extraña pero de un modo positivo, ya no se sentaba con nadie y que Hermione lo hiciera hizo que la comida incluso supiera mejor—. La Hechicero Tonks tartamudeó después de que saliste.

—¿Lo hizo? —Respondió Ginny sorprendida, justo en ese instante Harry, Neville y Draco entraron, pero repentinamente se quedaron en el umbral, observando la singular escena. Ginny les ignoró, porque se había vuelto buena en eso. Hermione, que siempre lo había hecho, asintió y ambas comieron en una compañía agradable y silenciosa, solo ellas dos en la mesa.

Cuando Hannah y las gemelas Patil entraron minutos después, la rubia les miró un momento y su mirada se volvió un tanto apagada. A Ginny le costó más ignorar la mirada de ella, por años habían sido bastante unidas.

Asombrosamente, Hermione le acompañó camino a clases, charlando sobre cosas superficiales que habían visto o preguntándole sobre lo que pensaba sobre el tema de ese día. Ginny podía sentir la mirada asesina de Draco quemando en la parte trasera de su cabeza. De eso hacía una semana y el tener a Hermione a su lado ya no le parecía tan extraño, incluso ella misma había comenzado a buscarle.

—Bien hecho, Snape —Dijo Tonks para atraerla a la realidad—. Un minuto y veinte segundos, es tu mayor record hasta ahora.

La nueva actitud de Tonks era también extraña, normalmente no respondía nada pero decidió asentir en agradecimiento al comentario. Neville fue el siguiente en luchar contra la simulación y la clase terminó cuando el pobre chico fue derrotado. Ginny salió primera de la sala, retirándose el visor y soltando la cola de caballo, su cabello cayó en cascada por su espalda, logrando un fuerte contraste con el gris oscuro de su traje.

—Ginny.

Se detuvo al instante, girando un poco su cuerpo para mirar a Hannah. Estaba sudando y algunos cabellos rubios se pegaban a su frente, también tenía una cola de caballo que brillaba con la luz del pasillo. Un metro detrás venía Hermione, que se detuvo prudentemente para darles privacidad.

—¿Podemos hablar? —Pidió la chica rubia. Ginny le miró, con sus ojos verdes fijos en su expresión un tanto aturdida.

—Claro —Respondió y caminó al pasillo contiguo para dejar pasar a los demás. La castaña echó una mirada preocupada cuando continuó su camino, Ginny le sonrió para informarle que estaba bien, luego borró su sonrisa y dejó que los demás se fueran. Al quedarse solas, miró a Hannah sin expresión alguna—. ¿Y bien?

—¿Ya no somos amigas? —Preguntó Hannah con los hombros caídos. Ginny arqueó una ceja en un gesto adquirido de su padre pero no respondió—. ¿Por qué no quieres hablarme?

La pelirroja se tomó su tiempo, cruzando los brazos en su pecho en un gesto que era más para mantenerse. Hannah le miró de manera insistente, esperando una respuesta.

—Estoy... bastante segura de que tú dejaste de hablarme primero —Murmuró entre dientes—. Me dejaste sola.

—Pensé que querrías estarlo —Dijo Hannah para defenderse—. Tú parecías tan…

—¿Tan, qué?

—Tan a la defensiva.

—¡Estaba triste! —Atacó, porque debía admitirlo, estaba molesta—. Necesitaba que alguien estuviera allí, que me dijeran que era una tonta o algo por el estilo ¡Se suponía que eras mi amiga!

—¡Soy tu amiga!

—¿Y dónde estuviste? —Dijo Ginny, las ganas de llorar atando un nudo apretado en su garganta, pero no lo haría—. ¿Dónde estuviste cuando Tonks me dijo que desertara? ¿Dónde estuviste cuando todos me miraban como si fuera insignificante? Incluso las gemelas lo hicieron y tú, tú estabas con ellas, no conmigo. Me abandonaste —Dio media vuelta para mirar el pasillo y no a Hannah, que lloraba como si realmente le importara. Ginny supo que quizá se arrepentiría de lo que iba a decir pero igualmente lo hizo—. Quizá… quizá realmente nunca fuimos amigas después de todo.

—Ginny —Murmuró Hannah herida.

—Tú eres una Slytherin y yo soy una Gryffindor… será mejor que vuelvas con tus serpientes.

No esperó respuesta alguna y se alejó por el pasillo sin mirar atrás.

xXx

Al llegar a los vestidores, Hermione estaba esperándole en la entrada. Su moño estaba deshaciéndose y bucles se desperdigaban en distintas direcciones.

—¿Estás bien?

—Sí —Respondió Ginny como si nada, aunque en su interior podía sentir el amargo sabor de la culpa.

—¿Todo bien con Hannah?

—Todo en orden.

La rubia apareció momentos después, cuando salían ya vestidas y listas para las clases. Ginny desvió la mirada al pasillo, pero Hermione la miró atentamente mientras caminaban. Hannah le miró un momento y sus ojos se llenaron de lágrimas, entonces entró a toda prisa al vestidor y vio que las gemelas se arremolinaban a su alrededor.

Sin embargo, no le dijo nada y la pelirroja tomó su auricular, poniéndoselo en la oreja.

—¿Para qué lo utilizas? —Preguntó Hermione, mirándole curiosa.

—Para escuchar —Respondió ella sin mucho ánimo, la verdad incompleta no era una mentira, se dijo a sí misma.

—¿Escuchar qué?

—A veces haces muchas preguntas —Murmuró Ginny en respuesta, pero Hermione pareció tomárselo con mucha calma.

—Está en mi código genético. Sino hago las preguntas, jamás tendré respuestas. Y las respuestas son importantes.

Ginny escuchó una pequeña risa por parte de Minnie en el auricular y resopló.

—Eso es lo que decían los vídeos que nos proyectaban en la guardería.

—Bueno —Dijo Hermione, encogiéndose de hombros—. Lo dicen por algo ¿no? Es decir, por algo nos hicieron inteligentes. La inteligencia sería un desperdicio en mentes que no sienten curiosidad. Y yo siento mucha. Entonces, volviendo al auricular, a juzgar por cómo inclinas tu cabeza y los cambios en tus expresiones, yo diría que escuchas a alguien que te habla en tiempo real.

Bueno, ella tiene un punto. Te dije que dejaras de hacer eso —Dijo Minerva en su oído. Ginny la ignoró.

—¿Y qué si así es?

—¿Es el profesor Snape?

—No.

—¿Es tu madre? ¿Haces enlace ilegal con ella?

—¿Por qué? ¿Tú sí? —Hermione miró a los ojos verdes y sonrió—. Vaya, realmente lo haces. Quién lo diría. Pensaba que tú y Malfoy eran adeptos a obedecer las reglas. Las gemelas dijeron que incluso rechaza ver a sus padres.

—Creo que Draco es demasiado infantil, es decir, yo no tengo padres biológicos pero el vínculo con mis padres adoptivos es fuerte. Es casi imposible para mí desconectarme de ellos, es como una necesidad de saber que siguen allí, es lo que me ancla a sentirme humana. Pero no creo que sea una diferencia entre los que fuimos creados y los nacidos biológicamente.

—¿Por qué lo dices?

—¿No lo sabes? —Ginny negó con la cabeza, la castaña se sorprendió de ello—. Harry también lo hace —Aclaró—. Rechaza ver a su padre.

—¿Cuál de los dos?

—A ambos, pero más a uno de ellos, no sé distinguirlos porque jamás los he visto sin su visor. Pero los vi una vez, en el pasillo que da a los vestidores de chicos, Harry estaba diciéndole que ahora era un Hechicero, que el código dictaba que todo lazo familiar debía pasar a segundo plano —Hermione dio un suspiro cuando entraron al aula, eran las primeras en llegar, ni siquiera el profesor Black estaba allí—. Yo no podría hacer eso, romper el corazón de mi madre o mi padre de esa forma.

—Ni yo —Concordó Ginny—. Sé que ser Hechicero es una gran responsabilidad, pero ¿por qué el código dicta una vida tan solitaria? ¿Para qué incluso nos seleccionan una pareja si la misión para la que nos entrenan aparentemente es más importante que la familia?

Hermione se lo pensó un poco y luego le miró sinceramente.

—Supongo que para que la población no merme, no es para que conectes con tu pareja, es por supervivencia. Piénsalo, las mujeres que no son fértiles no tienen compatibilidad y, por lo tanto, no son seleccionadas en la ceremonia.

—Pero aun así se les da la esperanza de que algún día podrían tener una pareja —Añadió Ginny.

—Sí —Aceptó Hermione, Ginny podía ver su cerebro trabajando a través de sus ojos marrones—. Es una forma para evitar la depresión. Una forma de evitar que la soledad les vuelva locos. Vivimos en una capsula, Ginny, si te dijeran que estarás sola el resto de tu vida dentro de este lugar, ¿cómo te sentirías?

Ginny sabía perfectamente la respuesta, lo había estado sintiendo los meses anteriores. El profesor Black entró en ese momento, junto con los demás. Ginny fue a sentarse a su lugar y la clase transcurrió en tranquilidad. Pero Ginny solo podía escuchar la voz de Minerva rebotando en su cabeza, tan segura de lo que decía. «Dumbledore creó esa ilusión para evitar el suicidio».

xXx

—Sabes, he recordado algo.

James le miró, apoyando la barbilla en su mano. Estaban sentados frente a frente, la lección de ese día había terminado provechosamente y era muy de madrugada, aunque no tanto como para que Ginny no alcanzara a dormir lo suficiente.

—¿Ah, sí? —Repuso él—. ¿Qué es?

—La primera vez que nos conocimos, cuando me llevaste a la bodega—Empezó ella y secó el sudor de su frente—. Aquella vez me dijiste que te gustaba alguien.

James se puso repentinamente serio y ella temió tocar un tema delicado, pero era inevitable. Desde su conversación con Hermione, su cabeza no había parado de generar pensamientos sobre la soledad, sobre el pequeño mundo que era Hogwarts y sobre el suicidio. Ginny había leído sobre el suicidio, cosa que no se había cometido desde hacía décadas en Hogwarts. También había pensado en Lily y James, en lo solos que siempre habían parecido, en lo distintos que eran a los demás. ¿No tenían una pareja? ¿No era Lily fértil? ¿Estaban Lily o James esperanzados de encontrar una pareja por medio de la ceremonia en el futuro? ¿Qué pasaba si se enamoraban pero no eran compatibles? ¿Qué pasaba si ella misma no era compatible con nadie?

—Sí, lo recuerdo —Aceptó él—. ¿Qué pasa con eso?

—¿Qué pasa? —Ginny ladeó la cabeza y le miró con intención—. Eso quiero saber ¿qué paso con eso? ¿Jamás se lo dijiste?

—No realmente.

—¿Por qué?

Componiendo una mueca de frustración, James se revolvió el cabello y suspiró cansinamente.

—Ustedes, los niños de ahora, piensan demasiado ¿Sabías que en mis tiempos a tu edad eso no importaba en absoluto?

—Bueno, eso no es mi culpa —Dijo ella frunciendo la nariz—. Ustedes los adultos insisten en que debemos crecer más a prisa, con todas las modificaciones y esas cosas… para mi es normal pensar como lo haría un adulto a estas alturas ¿Acaso en tus tiempos era normal que unos niños de once años supieran de genética avanzada?

—La verdad es que no.

—Entonces cuéntame —Sugirió ella—. ¿Cómo era la vida antes?

James miró al techo, evocando recuerdos y trayéndolos a la sala.

—Te diré que no lo sé —Admitió y Ginny se sintió un poco decepcionada—. Para mí, la vida siempre fue así. No tengo recuerdo alguno fuera de Hogwarts.

—¿Has vivido toda tu vida aquí? —No pudo evitar pensar que eso era un tanto triste. Lily solía contarle sobre su valle, sobre cómo era ser un niño normal cuando estaba en la guardería. Minnie le había contado historias de niños jugando en parques de juegos a la luz de un sol que quizá jamás llegaría a ver.

—Sí, exactamente.

—¿Y nunca fuiste al exterior? ¿Nunca visitaste ningún lugar?

—Solo una vez —Dijo él, rememorando—. Mi padre me llevó al Valle de Godric porque le insistí por semanas. Tendría tu edad, de hecho y mucha curiosidad. Pero estaba molesto y no me quedé a observar la ceremonia de despedida a los niños que acababan de reclutar, así que fui al bosque y me quedé allí. Recuerdo vagamente que alguien me lanzó una piedra.

Ginny enarcó una ceja ante lo hilarante de la idea.

—¿Por qué alguien haría eso?

—Yo que voy a saber —Gruñó él abochornado y movió la mano como alejando algo en su mente—. Solo pasó.

—Vaya…

Ambos suspiraron al mismo tiempo y se miraron, luego sonrieron. Por un momento, Ginny sintió como si estuviera frente a un miembro de su familia, hubiera sido divertido tener una vida distinta, como la del pasado, tener un padre o un hermano como James.

—No respondiste mi pregunta inicial —Le recordó. James hizo un gesto que declaró que lo sabía y lució un tanto derrotado.

—Solo debes saber, que lo que yo sentía por Lily ha quedado en el pasado.

—¿A qué te refieres?

James no respondió porque no sabía cómo explicarle que había roto el vínculo del efecto hipocampo solo para darle a Lily la libertad. Era lo más doloroso que había hecho hasta entonces, pero después de haberla golpeado y de lo sucedido en el hospital, jamás había vuelto a sentirse digno. Había empezado a sentirse incompleto pero ahora podía estar en su presencia sin mirarla.

—El amor es una debilidad —Le dijo y Ginny asintió, guardando esas palabras en su memoria junto a todo lo demás—. Tú no deberías preocuparte por estas cosas, de verdad.

Un silencio se instaló entre ambos, mientras se sumían en sus pensamientos. Ginny se preguntó si de verdad no debía preocuparse.

—¿Fue difícil? —Dijo distante.

—¿El qué?

—Crecer aquí.

—No tienes una idea —Murmuró James, un tinte amargo en su voz—. Fue doloroso. Cuando yo era pequeño, todas las modificaciones se hacían mediante cirugías o dosis dolorosas de muchas enzimas y no había simulaciones tan avanzadas; era todo tan anticuado, salvaje. Ustedes han sido afortunados de llegar ahora.

—¿Por qué? —Quiso saber.

—Porque cuando yo era niño, tu padre también lo era.

—¿Qué quieres decir?

—Medítalo —Sugirió él y se puso en pie—. Hablaremos luego, es hora de dormir.

Ginny salió de la sala de batalla y fue directo a la cama, pensando en todo lo que James le había dicho, y, si no estaba equivocada, James hablaba sobre las mejoras que había hecho su padre a Hogwarts. La pelirroja tembló bajo sus sábanas al pensar en que su padre había pasado por exactamente lo mismo que James, y sin embargo había mejorado todo para ellos, Severus había cambiado todo lo que les había causado dolor para que los niños de su generación no sufrieran.

—Minnie —Susurró en el silencio de la habitación, las respiraciones de todos eran superficiales. En el auricular, Minerva respondió:

—¿Sí?

—Quiero saber —Dijo y las siguientes palabras lo cambiarían todo en su vida—. Quiero saber cómo era el pasado.

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Primero que nada, supongo que debo una disculpa por la tardanza, así que, lo siento. Segundo, agradezco sus comentarios como no tienen una idea, son parte del motor que me inspira a seguir esta historia. Mil gracias.

Por último, y para los que han preguntado, quitaré está historia como un "James/Lily", porque aunque la historia les incluye y comenzó con ellos, va más allá de solo un pairing. Esta historia cuenta con tres partes principales, de las que solo he mencionado dos, la historia de Lily y la historia de Ginny. Sin embargo, la tercer parte cuenta como la historia de Minerva, que es la historia del mundo hasta que Lily llegó. Lamento los inconvenientes que esto pueda causarles, pero no me sentiré contenta solo poniendo momentos James / Lily, ellos son parte de la historia pero no son toda la historia. Con todo, aceptaré sus comentarios, positivos, negativos, imparciales y estaré contenta con su opinión. ¡Les envío muchos saludos!