Hace siete años.

El viento soplaba fuertemente mientras Kirigi y Bruce se miraban con gran concentración y determinación. Tras unos segundos respirando, Bruce se lanzaba al ataque contra Kirigi, mientras este esquivaba todos los ataques que le venían con suma facilidad. Tras mas de una hora en un ritmo constante de ataque y defensa por ambas bandas respectivamente, Bruce decidía cesar en aquella lucha, la cual sabía que requería poca energía de su maestro. Tras aquello, con el sol irguiéndose y golpeando sus cabezas con una ola de calor mas que agradecida tras las frías noches que tenía que sufrir, Bruce se sentó junto a su maestro a meditar en mitad del patio. Bruce sentía que en aquellos días había conseguido por fin ganarse el respeto e incluso el aprecio de aquel anciano. Sin embargo, aquel día Kirigi decidió realmente mostrar las cartas en la mesa.

Acércate Bruce, quiero enseñarte algo. - dijo Kirigi mientras los dos terminaban de hacer un ejercicio de respiraciones, tras haber reunido suficiente energía durante la meditación.

Cuando estaban los dos cerca el uno del otro, Kirigi le pegó un golpe con la mano abierta con mucha fuerza, sonando el choque y desequilibrando a Bruce por completo, que retrocedió.

¿A que viene eso? - dijo Bruce lleno de incertidumbre.

¿Te ha dolido? - preguntó inocentemente el anciano.

Pues sí...

Bien, bien...

Tras aquellas palabras, Kirigi apuntó con su dedo índice el lugar donde había atacado a su alumno, y seguidamente, tocó levemente al joven justo en el mismo sitio del golpe con la yema de dicho dedo. De repente, Bruce sintió un dolor insoportable que le hizo caer, y que fue desapareciendo poco a poco. Mientras el joven estaba en el suelo, Kirigi comenzó a buscar por el suelo, y agachándose cogió una piedra bastante pesada y grande con las dos manos. Acercándose a Bruce, se la tiró en la rodilla, provocándole un fuerte dolor en el hueso y una furia que le hizo reaccionar dirigiendo su puño contra la cara de Kirigi. Sin embargo el anciano se percató enseguida y utilizó una de sus manos para detener el ataque, mientras posaba la otra en el lugar donde había impactado la piedra contra el chico. Tras un par de segundos, el dolor que Bruce sentía en el hueso desapareció por completo.

- Bruce, toda esta energía que cargas día a día no solo sirve para que la canalices en acciones materiales. La energía no solo nos rodea, sino que también fluye en nuestros cuerpos. A partir de hoy te enseñaré por que tú, Bruce, has venido realmente hasta aquí.

En la actualidad.

El viento soplaba fuerte. La noche emergía en su máximo esplendor, gracias a una luna abismal que embellecía el cielo. Nadie era incapaz de verla, ni tan siguiera Bruce, que corría desesperado lleno de agonía mientras veía como Zeta, que se había percatado de su perseguidor, había salido disparado a través de las calles de Gotham. Aquella frenética carrera tenía a los dos como un gato y un ratón, dando lo máximo de sí, mientras la noche ofrecía viento y sospechas de que la ciudad iba a ser víctima de la una previsible lluvia. Tras unos pocos minutos dando su máximo esfuerzo desde que salieron de la casa de los Falcone, Bruce y Zeta no paraban de bajar el ritmo, no se lo podían permitir. Sin embargo, Bruce, dándose cuenta de que era bastante difícil atrapar a aquel criminal, vio que la alternativa de dirigirse hacía su moto, parada a solo una calle de su posición, era en aquel momento la mas propicia, ya que, además de darle a su maquina la misión de alcanzar a Zeta, haría que este se relajase al perderlo de vista. Y así fue como, en el primer desvió, Bruce cambió su trayectoria con respecto a la de Zeta, haciendo que este, que no dejaba de girar la cabeza, mostrase una sonrisa en su rostro, no sin bajar el ritmo. Mientras Bruce alcanzaba su vehículo, sacó de su cinturón un móvil. Actualmente, el objetivo de su enemigo podía ser el comisario o su socio. Sin duda, necesitaba ayuda de inmediato. Subiendo a la moto, comenzó a llamar a un número, el cual ofreció una rápida respuesta.

¿Hola?

Gordon, no te preguntes como he conseguido tu número, simplemente escúchame.

¿Batman...? - el agente se encontraba totalmente desubicado.

Estoy persiguiendo a Zeta, pero no se a donde se dirige. Intenta que tu jefe esté bien seguro.

Batman...

¡Gordon, no tenemos tiempo! ¡Necesito que te pongas alerta ya!

¡Batman! - el tono de Gordon, que se había mostrado apagado, se encendió, algo que hizo que Bruce se extrañase.

Loeb está muerto, se ha suicidado... Yo estoy en casa ahora mismo, ahora intentaré enviarte refuerzos a casa de Earle.

Batman, al escuchar aquellas palabras de Jim, se dio cuenta de que camino debía de tomar. Apretando el acelerador de su moto, comenzó a deslizarse por la carretera mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer en aquella triste y oscura ciudad. Durante los minutos en su búsqueda, Bruce no podía parar de pensar en otra cosa que no fuera Zeta. Su rostro, su cruel sonrisa, su mera existencia... Debía parar los pies de aquel monstruo que Dios sabe como había conseguido convertirse en tal criatura con tan fácil habilidad para quitar la vida a los demás. Y sumergido en sus pensamientos, Bruce siguió acelerando, sabiendo a donde tenía que ir, sabiendo que la casa de su socio, William Earle, era sin duda el lugar donde encontraría al sicario. Y así fue como, en dirección a casa del millonario, Bruce pudo encontrar a lo lejos a Zeta, el cual seguía corriendo a la misma velocidad y con la misma intensidad, pese haber pasado tantos minutos. Al criminal le costó muy poco percatarse de la presencia de su perseguidor, lo que hizo que, en vez de seguir recto, tomase la calle que había a su derecha, mientras Bruce no paraba de acelerar. Y derrapando en aquella calle, Bruce quedó perplejo ante la escena que se mostraba ante sus ojos: Zeta, que se suponía que estaba corriendo, se encontraba parado a unos metros, enfrente de él, con una total determinación. Al verlo, Bruce comenzó a desacelerar intentando no chocar contra el cuerpo de su enemigo, sin embargo, este empezó a correr hacía él con total ímpetu. Batman estaba sorprendido, no entendía que pretendía su rival. Y fue unos segundos después cuando, sin poder frenar la moto, Zeta y Bruce se encontraron a un metro el uno del otro, y antes de que pudiesen chocar, el asesino, sin mostrar ningún síntoma de flaqueza, cerró su puño y con toda su fuerza impactó con un puñetazo su mano contra el faro del vehículo. Aquella mano llena de poder recorrió todo el motor y resquebrajó aquella maquina, convirtiéndola en pedazos a cada paso que contactaba con su piel. En menos de cinco segundos aquella moto se había convertido en pura chatarra mientras Bruce, anonadado, salía volando por los aires. Era como si un misil hubiese impactado contra él, haciendo explotar aquella maquina. Nada mas acabar con aquel ataque, mientras Bruce caía desplomado contra el suelo, dando un par de vueltas en el asfalto, Zeta veía como su brazo se vestía en jirones de sangre, y en ningún momento perdía la compostura.

Eres bastante divertido... - dijo Zeta, que le daba completamente la espalda a un Bruce abatido lleno de cortes y moratones.

No creo que puedas levantarte en menos de dos minutos, y estamos a una manzana de William Earle... - prosiguió el asesino - Y lo digo por que está claro que conoces todos mis movimientos. En fin, cuando puedas ven y haces lo que quieras con el cadáver...

Y diciendo esto el asesino comenzó a caminar lentamente mientras Bruce, intentaba con todas sus fuerzas no caer inconsciente, mientras un dolor de cabeza muy fuerte le amartillaba la cabeza, arrastrándose poco a poco por el suelo.

Al mismo tiempo, mientras Zeta se aproximaba a su objetivo, un relajado William Earle se acostaba fatigado por un día de trabajo en su cama, mientras decenas de pensamientos serpenteaban su mente cual coches en una carretera. Sin duda, pese a quería negarse, su conciencia le obligaba a tener que depender de las pastillas que habían en la mesita de al lado, debía calmar su culpabilidad para así conciliar el sueño. Y no acababa de tomar aquellos tranquilizantes, cuando una llamada ocupó toda la casa. Cada sonido retumbaba de tal manera que le hacía ver cada día que era un hombre totalmente solo.

¿Diga? ¿Quien es a estas horas? - dijo Earle intentando mostrar su enfado ante la inoportuna llamada.

Lo siento, señor Earle, le llama el agente Gordon. Estoy ahora mismo aproximándome a su casa. Necesito que salga ahora mismo de allí... - el tono del policía se notaba forzado a mostrar calma, sin embargo no podía evitar sacar un leve temblor en sus palabras.

¿Y para que tengo que salir de mi casa?

Señor, corre un grave peligro si se queda ahí, por favor, salga de su casa y vaya a otro sitio...

¿Pero que dices...? - William se mostraba molesto mientras sospechaba que se trataba de alguna broma pesada.

¡Señor, le repito que está en grave peligro, por favor, salga de su casa ahora mismo! - Earle podía notar, además del tono agresivo de Jim, el rugir de un motor y las sirenas de policía del otro lado de la llamada.

¿Pero... y que hago?

¡Sal de casa, Earle, sal de casa ya! - gritó desesperado el policía.

William, viendo aquella reacción, ante el miedo de que fuese verdad, salió torpemente de la casa, cogiendo las llaves de su casa y vestido con un batín que tapaba su elegante y caro pijama. Al salir comenzó a mirar a los lados, en aquel amplio pasillo. Se había olvidado del pequeño detalle de avisar a Gordon de que no se encontraba en su casa, sino en un gran hotel, en pleno centro de Gotham. Nada mas darse cuenta se miró las manos, y vio que no tenía ningún móvil con el cual comunicarse, así que se dio medio vuelta y comenzó a abrir la puerta de su habitación, cuando, desde el final del pasillo, comenzó a escuchar unas ligeras pisadas dirigiéndose lentamente hacía él. Zeta, sucio por la lluvia y la sangre de sus víctimas en su búsqueda ahora finalizada, miraba atentamente a Earle como un niño mira un pastel. El empresario, al entrar a través de sus ojos aquella imagen, dio por verídica la llamada que había recibido, y mientras se le caían las llaves al suelo, comenzó a caminar, alejándose del asesino, mientras se acercaba cada vez mas veloz a las escaleras de emergencia. Mientras no podía evitar mirar hacía atrás, corría y corría, subiendo los pisos de aquel majestuoso hotel, mientras Zeta, sin ninguna prisa por acabar su trabajo, le seguía de manera relajada pero al mismo ritmo, mientras estaba atento por si William decidía dejar de subir y se desviaba por alguna planta del hotel. Sin embargo, después de muchos minutos, William entró en la azotea del hotel, mientras, al abrir la puerta, notaba como la fuerte lluvia le bañaba por completo en cuestión de segundos. Ya no había salida, ya no había manera de poder salir de aquello. Tras unos pasos sin rumbo por el lugar, el empresario pudo percibir como el sicario aparecía en escena detrás de él, con la tranquilidad con la que le había caracterizado a la hora de seguirle. Poco a poco, Earle, que se puso enfrente de su verdugo, fue caminando hacía atrás, nervioso, torpe, tropezando consigo mismo, mientras se acercaba al límite. Justo cuando estaba al filo del edificio, se quedó quieto, mientras veía como Zeta se acercaba a él y le cogía del cuello de la camisa. La lluvia no desistía y el cielo, totalmente negro, rugía con truenos que retumbaban por toda Gotham.

Contigo voy a hacer una excepción, y voy a disfrutar un poco. Sufrirás, pero al menos vivirás un poco mas... - dijo Zeta con una amplia sonrisa.

En aquel momento, varios fuertes golpes azotearon el cuerpo de William Earle, que caía al suelo soltando por la boca un torrente de sangre mientras se dejaba absorber por el sentido del dolor. Era tal que sentía que antes o después iba a perder el conocimiento. Zeta, con sus manos desnudas, comenzaba a golpear a su víctima arrancándole trozos de piel de partes del cuerpo como la espalda, las extremidades o los costados. Así hasta que vio como el viejo empresario se desmayaba perdiendo mucha sangre.

Si no gritas, es mejor acabarlo ya... - dijo Zeta mientras crujía los huesos de los dedos de sus manos, estirándolas entre sí.

Y justo cuando se disponía a dar el golpe final, una voz le atravesó.

¡No lo hagas, por favor! - Batman, débil y magullado, aparecía en la azotea sin poder mantenerse erguido.

Zeta, al descubrirlo, no podía evitar sonreír mientras ignoraba por completo a Earle, totalmente inconsciente.

Por favor... Te lo suplico... - insistió Bruce mientras se acercaba a Zeta, dando síntomas su mal estado físico.

Tú... Pensaba que el ser humano era débil por naturaleza. Cualquiera habría huido...

Por favor, páralo...

Bruce ignoraba a Zeta, mientras los dos se acercaban. Justo cuando estaban enfrente, a menos de un metro de distancia, Batman cogío de la camiseta a Zeta, insistiéndole en que debía parar, hasta que Zeta, cansado, abofeteó en la cara a Bruce, mandándole un par de metros fuera. Fue entonces cuando Bruce tuvo claro que debía hacer. Mirándole fijamente a los ojos, comenzó a respirar fuertemente mientras cerraba totalmente los ojos. Entonces, extendiendo los brazos, comenzó a formar una pose la cual paralizó por un segundo al asesino. En posición de ataque, Batman apuntó con su brazo izquierdo a la cabeza de Zeta, dispuesto a saltar de un momento a otro. Entonces, Zeta, mostrando pecho en una pose arrogante, comenzó a ejecutar los mismo pasos que Bruce, imitándole de manera exacta.

Que hagas lo mismo solo demuestra tu talento para las artes marciales. Sin embargo, no sirve de nada sí...

¿No crees que aquel templo siempre estaba sucio? A veces pensaba que Kirigi se levantaba por la noche a ensuciarlo, en serio...

Aquellas palabras en tono jocoso sin duda helaron el interior de Bruce, haciéndole perder parte de su concentración. El saber que aquel monstruo había estado también bajo la tutela del maestro Kirigi era una verdad demasiado cruda, demasiado dura de asimilar. Aquella verdad comenzaba a atormentar la mente de Bruce, el cual no sabía si seguir con su plan de ataque o bajar los brazos. Mantenía la posición, pero sus pensamientos le hacían desestabilizarse por completo. Y lo que era peor de todo: Sabía que Zeta se había dado cuenta. Y en menos de un segundo, a gran velocidad, Zeta se lanzó hacía Batman mientras este titubeaba, abriéndose totalmente a aquel golpe el cual sería totalmente letal, por que, ¿Sino lo paraba él, entonces, quien pararía a aquella criatura, portadora del terror y la muerte? Y sin embargo, en toda aquella desesperación, Bruce vio una escena impensable, totalmente bizarra, extrema, sin ningún sentido. Lo que parecía una muerte prematura, aunque aceptada sin desagrado, se convertía en una salvación in extremis: Zeta caía desplomado en el suelo tras cruzarse en la dirección de una bala lanzada por un tembloroso revolver que sostenía a duras penas un Jim Gordon atado a una inconmensurable ansiedad que le hacía jadear tras ver el éxito de su disparo.