Fanfic: "Bajo Contrato"

Capítulo 21: "Descubiertos"

¿Qué disgustaría a Shaoran? ¿Qué había en este mundo que pudiera traerle desazones, angustias y que pudiera hacerle pasar un mal rato?

Al principio, la idea le había parecido un poco descabellada. Incluso para sus planes. Algo loco, algo deschavetado. Quiso reírse de su propia ocurrencia. Es decir, Shaoran no caería tan bajo como para tener celos de eso, ¿no?

Pero después de analizarlo, mientras se daba una última ducha, alistándose para ir a la cama, le pareció que la compañía no le haría nada mal. Estaba en esta ciudad, con perfectos desconocidos, con un Shaoran que parecía embebido en sus propias cavilaciones, con una tía que disfrutaba sacar a relucir sus defectos, con un tío algo coqueto. ¿Qué podría esperarle durante el resto de la semana, sino fuera completa locura o aún peor, terminar suplicándole a Shaoran por algo de contacto?

Aún así, quiso burlarse de su propia ocurrencia. Valía la pena intentarlo. Después de todo, ya no vivía con Touya y a él ya no le importaría. La opinión de Shaoran poco importaba, porque al fin y al cabo, si eso constituía una molestia, podría darse por satisfecha.

También podría haber efectos colaterales. Es decir, Shaoran por el contrario a su imaginación, podría adorarlo. Se estremeció al pensar que le saliera el tiro por la culata. Para entonces, ya estaría demasiado embarcada y no podría deshacerse de eso —no se atrevía ni a nombrarlo, en temor de revelar algo de su plan, aunque fuera descuidadamente —, por lo tanto, era mejor conseguir dos. Si conseguía dos, no habría tiempo para que él la acariciara, porque estaría demasiado ocupada brindándoles a ellos su atención. Si conseguía dos, se harían compañía mutuamente, así que también tendría tiempo para encargarse de otros detalles que tenía planeado.

Decidió concentrarse más en su baño. Un nuevo shampoo con olor a fresas funcionaría bien por el momento. Lamentaba haberse olvidado de su perfume favorito, pero esto era lo mejor que podía hacer hasta que fuera de compras, mañana. Y planeaba hacerlo, aunque la amargada tía de Shaoran quisiera impedírselo.

Puso especial cuidado al momento de frotarse la piel con un jabón líquido, con olor a ¿rosas? Se encogió de hombros al oler el frasco. Olía bien y ése era el único requisito que imponía.

Se secó con meticuloso cuidado, mientras se colocaba la fina bata de color negro que usaría para dormir.

Éste era su plan inmediato. Volver loco a Shaoran, loco de furia, loco de celos, loco de impaciencia. Sea lo que fuera, no importaba. Simplemente anhelaba sacarlo de aquel cascarón en el que se ocultaba, cada vez que ella hablaba de sentimientos. ¡Cómo deseaba que fuera tan apasionado como lo era en la cama! Él debía aprender. Ella no era un maniquí con los que estaba acostumbrado a tratar. Ella tenía un cerebro y también un corazón.

Por eso, lo enloquecería con su olor. Éste era su primer intento real de seducirlo, y esperaba no terminar siendo la seducida, como tantas otras veces.

Antes de salir del cuarto de baño, se hizo la firme promesa de no dejarse manipular para terminar en la cama. Se rió con suavidad. De hecho, iba a terminar en la cama. Pero si todo salía bien, lo único que haría en ella, sería dormir.

Al dar un paso dentro del amplio dormitorio, se percató de la forma de Shaoran, que se encontraba acostado en un lado de la espaciosa cama, aparentemente viendo televisión. Aunque estaban disgustados, Shaoran nunca se atrevería a aparentar debilidad ante sus tíos. Y por esto, ella también debería sentirse agradecida. No podría imaginar cuántas quejas y burlas recibirían por parte de Feimei, si ésta se enteraba de que aunque eran "recién casados" habían discutido lo suficiente como para dormir en diferentes habitaciones. También debía agradecer a la tozudez de Shaoran, porque sin ésta, su plan sería imposible de ejecutar.

Tomando aire, avanzó con deliberada lentitud hacia la cama.

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Había sido un bruto insensible. Lo sabía. Y así se lo había venido recriminando, desde el mismo momento en que había salido de la habitación. ¿Polvo? ¿Un revolcón? ¡Ja! Había tenido muchas aventuras, algunas incluso que habían durado sólo una noche, pero Sakura no podía estar más alejada de aquel concepto.

Había intentado disculparse. De verdad, lo había intentado. Pero siempre había una pequeña sombra que no le dejaba liberarse del todo. Aquella sombra le acechaba, trayendo muchísimas inseguridades consigo.

¿Qué sucedía si ella no sentía lo mismo? ¿Quedaría como un completo tonto, para que aquello sólo produjera efectos adversos?

Es decir, ella no se había visto conmocionada de ninguna manera por lo que él había dicho. Sí, lo había esquivado, pero eso no significaba que de verdad estaba dolida.

Se sostuvo con una mano la quijada. ¿Quién podría desenredar todo y aclarárselo de una buena maldita vez? Sakura sólo conseguía despistarlo más y más.

Suspirando, se acostó en la cama, y tomando el control remoto, escaneó los canales, uno por uno hasta que encontró un programa de su agrado. No estaba en el ánimo para ver las noticias, ni tampoco repasar los últimos resultados en el deporte. Tampoco estaba para una comedia, pero se encogió de hombros ante la posibilidad de mejorar su ánimo.

Vagamente, se preguntó si Sakura le pediría otra habitación. Nah. Estaba convencido de que ella no le hablaría —al menos no por ahora, — a no ser que él se disculpase. Tenía razón, reconoció a su favor. Pero como no tenía las intenciones de pedirle perdón, al menos por esta noche, estaba seguro que ella preferiría dormir en el piso antes de pedirle que le arreglara otro cuarto. Sakura era orgullosa, y por lo tanto, predecible.

Un tenue perfume interrumpió la cadena de pensamientos. ¿Rosas? Su olfato nunca había sido muy desarrollado, pero el aroma resultaba lo suficientemente cautivador como para incluso atrapar la atención de una nariz algo despistada.

Shaoran dirigió su mirada hacia el punto que expedía tal fragancia.

Sakura se encontraba ahí, ahora avanzando con lentitud. Mucha lentitud. Deliberadamente lento.

Trató ignorar a sus bajos instintos, que como tantas veces antes, conseguían nublarle el pensamiento. Inhaló profundamente, intentando calmarse, pero aquello sólo sirvió para empeorar su situación.

Aún más cerca, el olor lo golpeó lo suficiente como para dejarlo tenso en anticipación. Apartó su mirada de ella, dirigiéndola con extrema rigidez hacia la pantalla del televisor.

Rosas.

Cuando sintió que un peso se sumaba al suyo en la cama, trató de contener la respiración. Pero eso sólo terminó llevándolo a la exasperación. Dios. Dios.

Por el rabillo de su ojo, pudo captar la silueta de su esposa, que ahora estaba acostada, dándole la espalda. El marco de su cuello y clavícula resultaba más seductor de lo que podía recordar.

Se mordió los labios, mientras la misma fragancia llegaba a sus pulmones, en el momento en que su respiración cedió.

Estrechó la mirada, mientras se preguntaba con desprecio, ¿era ésta una de sus tretas para conseguir que le confesara sus recientemente descubiertos sentimientos? Pues bien. Gruñó para sí mismo, la misma obstinación tomando su lugar. No lo haría.

Ella creía que podía dominarlo a su antojo. Pues no. Él no era un miembro ambulante. Un perfume seductor no podría dominarlo. Él era un hombre, y ella debía aprender a respetarlo. No podría irlo a seducir cada vez que se le viniera en gana convencerlo de algo.

Apagando el televisor, decidió soportar la tortura. Se condenaría antes de dejarse manipular a los antojos de una mujer consentida que siempre conseguía salirse con la suya.

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El ambiente del desayuno no había distado mucho del de la cena, pero sí había tenido una ligera diferencia cuando se trataba de actitudes.

Por ejemplo, el de Sakura. Había descendido de su habitación hacia el comedor, con aire tranquilo, majestuoso incluso, y con una contagiante sonrisa que bordeaba la satisfacción y la mofa.

Feimei, por su parte, se había empeñado en un papel más severo incluso que el del día anterior, y si Sakura no se hubiera sentido tan a gusto consigo misma y con sus planes para el día, apostaría lo que tuviera en su cartera, a que no hubiera soportado con tanto entusiasmo los comentarios de su tía.

La diversión no había tenido límites durante la noche. Después de haber sentido con creciente exaltación cómo su compañero de habitación de había revuelto en su sitio, una y otra vez, como si no consiguiera estar en una posición cómoda por más que lo intentara; había declarado a su plan, un completo éxito.

Había retenido las carcajadas y el constante burbujeo de felicidad que había sentido. Si no fuera porque estaba segura que eso traería consecuencias, habría dejado saber cuánta alegría le traía la noticia que Shaoran parecía ser torturado por el simple hecho de dormir a su lado, sin tocarla.

Se había ahorrado aquel placer sólo cuando el sueño finalmente había podido con ella.

En fin, volviendo con el ligero cambio de actitudes, nos encontramos con Shaoran. Quizás su actitud no fuera la que cambió, sino más bien su humor. ¿Humor? Bah. No tenía un humor, precisamente sino fuera calificado como 'pésimo'. Y es que, no haber podido pegar un solo ojo durante la noche —abandonándote al enloquecedor perfume que lo rodeaba y a los recuerdos que lo acechaban— padecía del peor humor que hubiera recordado tener. Quería gruñir ante cada cosa que escuchaba, quería romper algo, quería golpear a alguien. Por eso, si sus comentarios en la mesa de la noche anterior, habían sido escasos, esta vez fueron nulos e inexistentes. Si alguien se atrevía a dirigirle la palabra —nadie lo hacía, quizás por instinto de supervivencia— respondía con gestos de su cabeza, dejando sin lugar a dudas, demasiado claro que no estaba dispuesto para conversar con nadie.

Pero su tía Feimei no podía tener mucho instinto de supervivencia, ¿no? —"Dime, sobrino. ¿Cómo está mi hija?"

Shaoran se concentró en parecer neutro. Intentó prestar atención a la tostada en su plato. No lo consiguió.

Dirigiendo una dura mirada hacia su tía, contestó casi farfullando —"¿Cuál? ¿Meiling? Porque, que yo recuerde, nunca te refieres a ella como tal"

La tía Feimei, nunca acostumbrada a aquella súbita explosión de honestidad por parte de Shaoran, abrió los ojos, mientras un gesto cargado de acidez tomaba sus labios y la forzaba a fruncir el ceño.

—"¡Shaoran!" De alguna desagradable forma, su tía conseguía parecer que hasta su nombre sonara impropio.

Shaoran contuvo el impulso de rugir en cólera ante la divertida expresión que usaba la cara de Sakura. Genial.

Sin soportar ni un momento más la aversión de su tía o la diversión de su esposa, Shaoran se levantó. No pasó mucho tiempo antes de que se perdiera en dirección de su habitación.

Hideki, que hasta el momento no había participado en la conversación y se había mantenido a raya de cualquier comentario, también le divirtió la pérdida de paciencia por parte de su sobrino.

Sakura, por su parte, pretendió que nada había sucedido. De hecho, el apetito se le había abierto. Y es que nada sabía mejor que la venganza. Sea de donde sea que viniese.

Encogiéndose de hombros ante sus pensamientos, dijo en una voz que no aceptaba reclamo alguno —"Voy a ir de compras,"

Como Feimei parecía demasiado absorta aún sobre la discusión que había mantenido con Shaoran, Hideki fue el que le contestó.

—"Claro, querida. El chofer estará listo para llevarte,"

Sakura sonrió con placer.

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Los papeles habían llegado a su despacho, pero con todo este aprieto de Tomoyo, simplemente le había pasado desapercibido el pequeño sobre que tenía tan alto contenido.

Las imágenes habían pasado de lo inédito hasta lo totalmente absurdo. Al menos, para el concepto que había tenido de él hasta el momento.

Escaneó las fotografías, mientras sus ojos conducían un mensaje que nunca hubiera sido capaz de creer, si no fuera porque las fuentes que le habían proporcionado la información eran completamente confiables y a demás, habían sido profesionales, contratados por él mismo para hacer el trabajo.

Pero por mucho que las fuentes fueran confiables, eso no significaba que la incredulidad lo forzara a tomar una profunda respiración. Frunció el ceño, ante la posibilidad de que fuera un montaje, dispuesto por algún enemigo que quería verlo forzado a caer en alguna trampa o era un simple aviso para terminar de pisotear el apellido de su familia ante toda la prensa japonesa.

Se preguntó cuánto no daría cualquier periodista amarillista con tal de hacerse con estas fotos.

Dios. Era demasiado.

Frunció el ceño, alejando las perturbadoras imágenes de su alcance. ¿Sería acaso éste el verdadero motivo por el cual Sakura había decidido huir? Tenía lógica. Si estas fotos eran confirmadas como verdaderas —en lo cual aún albergaba cierta pizca de esperanza— no sólo se vería humillada ella, sino que el escándalo que se había armado en el país, simplemente hubiera sido cien mil veces mayor.

Una ráfaga de furia pobló sus pensamientos. Su hija probablemente sólo era una víctima, mientras el verdadero lobo merodeaba con completa libertad, disfrazado de oveja.

Pero, ¿cuáles eran sus planes? Él mismo había visto cuán determinado Eriol había demostrado estar sobre llevar a cabo aquella boda. ¿Para qué querría casarse con su hija, a sabiendas que ella nunca cumpliría sus expectativas —de hecho, si las fotos eran reales, ninguna mujer podría cumplirlas—, que él no sólo la estaba engañando, sino que o estaba haciendo con alguien de su mismo sexo?

Si la situación no fuera tan seria, Fujitaka talvez se habría reído. Qué ingenuo estaba siendo, especialmente cuando se consideraba que siempre estaba un paso delante de todos.

Pequeña rata traidora. Quería el dinero. Tanto el que Sakura heredaría con su muerte, como también el dinero de sus padres. Conociendo como conocía a los Hiiragizawa, ellos nunca aceptarían que su único hijo fuera homosexual. La pareja parecía vivir sobre una pequeña nube flotante, ignorante de todas las situaciones por las que atravesaba la sociedad actual. Seguramente el que su heredero fuera gay les dejaría el suficiente disgusto como para sacarlo del testamento.

Fue demasiado fácil ver a través de la máscara de engaño de Eriol. Aún así, más dudas lo embargaron. ¿Qué tal si no estaba en lo cierto? ¿Y si estaba cometiendo un error?

Había mandado a seguir tanto a Touya como a Eriol y a muchas otras personas, siempre a partir del terrible suceso con Tomoyo, buscando a un posible sospechoso. Pero aquella búsqueda había traído efectos colaterales. Nunca, jamás, habría imaginado tal engaño por parte de un joven, al que el había creído completamente honesto y legal.

Con todas sus dudas, decidió confirmar la autenticidad de las fotografías. Eso era lo primero, después, ya vería.

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Si había habido algo que moviera a Eriol era sin duda alguna el dinero, en primer lugar. Y el poder, en un segundo lugar. Y Fujitaka le acababa de derrumbar todos aquellos sueños. O al menos, alcanzarlos con la familia Kinomoto.

—"Sakura fue desheredada en el mismo momento en que los medios se enteraron que te dejó plantado, Eriol" La cháchara que antes se le había hecho interminable e insoportable, había tomado un súbito rumbo —"Mi único heredero es Touya"

Eriol había enmudecido de la sorpresa. —"P-pero, seguramente si ella le pidiera perdón a usted y a mi familia, y si se casara conmigo, usted…"

Fujitaka lo había mirado, con el gesto más oscuro que hubiera visto nunca, —"Sakura jamás haría eso," Soltó con un dejo de desprecio. —"Y si aún lo hiciera, mi único heredero seguiría siendo Touya"

Cuando esas palabras habían sido soltadas, cualquier esperanza de ponerle las manos encima a la fortuna Kinomoto, se habían desvanecido con una súbita velocidad. La cólera pronto llenó el espacio que la esperanza había dejado.

Apretando los puños y las mandíbulas, asintió, totalmente parco.

—"Entiendo muy bien, señor Kinomoto" Y se levantó del banco de hospital, dejando a un serio Fujitaka atrás.

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Eriol estrelló el puño con brutalidad, sobre la mesa; sin impacientar a Yue, que había escuchado su estallido de cólera por ahora, diez minutos.

—"¡No puedo creerlo, maldito viejo desgraciado!" Borbotó con rabia, mientras apretaba los puños sin sentir el dolor del impacto contra la superficie de madera.

Yue hubiera suspirado en exasperación si hubiera podido hacerlo.

—"¡Maldición!"

Yue lo observó con calma, mientras él se paseaba por la sala del departamento en el que siempre se encontraban. No sabía hasta dónde llegaban los límites de su paciencia. Había permanecido en silencio, aparentando que todo lo que Eriol decía no lo intrigaba, pero dudaba que presionarlo sería una buena movida. No especialmente cuando Eriol aún continuaba algo molesto sobre el asunto de Daidouji.

—"Mierda" Lo vio moverse frenéticamente, como si quisiera correr o quebrar algo. Más probable era lo segundo.

Yue exhaló, mientras se decidió por hacer una leve presión. —"¿Te importa explicarme?"

Eriol le dirigió una mirada furibunda. Pareció tomar aire, mientras sus nudillos se tornaban blancos por la clase de fuerza que inflingía sobre sus puños.

—"Fujitaka. El viejo maldito, Fujitaka. Eso es lo que pasó"

Yue frunció el ceño, más confundido que nunca antes. —"¿Qué sucede con él?"

Eriol apretó los dientes, recordando con más furia la última conversación que habían sostenido —"La desheredó."

Yue soltó un improperio porque con solo decir esas palabras, todo había tenido sentido. El por qué de la furia de Eriol, al menos.

—"¿Cuándo?"

Eriol volvió a precipitar su puño contra la mesa. —"Desde que la estúpida me dejó. Dios, ¿te imaginas...? ¡Hemos perdido todo este tiempo...!"

Yue no pudo contener su sorpresa. —"¿Cómo sabes esto? Podría ser un error... después de todo, ella era su favorita, sé que se siente mal porque ella arrastró el nombre de todos por el suelo al dejarte plantado, pero cabe la posibilidad que..."

Eriol lo interrumpió, con los ojos inyectados de una furia ciega, que necesitaba ser descargada en algún lugar.

—"¡No, Yue! ¡No hay ningún maldito error! ¡Fujitaka desheredó a Sakura!"

No. No podía ser.

No después de todo lo que habían hecho para limpiar la vía para que Sakura regresara con Eriol.

—"No" Yue farfulló, él también embebido en cólera.

Todos sus planes personales y los de Eriol, fueron rotos con extrema facilidad. Habían tenido la vida planificada, perfectamente estructurada y una noticia como ésta era simplemente devastadora.

Sakura nunca había sido santa de su devoción. De hecho, la odiaba más ahora que nunca. Pero con ella, habían de venir muchos beneficios. Y por mucho que amara a Eriol, definitivamente amaba más su dinero, y éste no vendría nunca si aquel casamiento con Sakura no se llevaba a cabo. Ahora, si se casaba o no sería indiferente, porque Sakura ahora tenía incluso menos dinero que Yue.

Sakura había sido la elegida de los padres de Eriol, porque parte del legado de Fujitaka iría hacia ella; por lo cual la herencia Hiiragizawa iría a parar derechito a sus manos y a las de Eriol. Nunca aceptarían a una desheredada Sakura que encima de todo eso, ya había dejado a Eriol una vez.

Sakura amaba profundamente a Eriol —de eso estaban convencidos— y no habría sido difícil engatusarla para un divorcio de su actual marido. Además, la pobre era tan ingenua, que no cabía la más remota posibilidad de descubrir la relación entre Eriol y Yue.

Sakura había sido perfecta.

Pero el monstruo de su padre la había borrado del mapa.

Yue gruñó con ira al pensar cuántos problemas había tenido para callar a Tomoyo, cuántas horas de manipulación y engaños, cuántos meses de trazar meticulosamente este plan. Todos, destrozados por el orgullo herido de Fujitaka.

Venganza fue lo primero que se le cruzó por la mente.

—"¿Trataste de convencerlo? ¿Le dijiste que tú podrías convencerla? ¿Le dijiste eso, Eriol?"

Eriol sólo le dirigió una mirada cansada. Por supuesto que sí. Qué tonto había sido al pensar que Eriol no se hubiera arrastrado a los pies de aquel imbécil, con tal de que el plan pudiera continuar ejecutándose.

Sencillamente no habían visto venir esto.

Yue sostuvo hasta la más remota de las esperanzas. —"¿Crees que Sakura podría ser reemplazada por otra ante los ojos de tus padres?"

La idea le revolvía el estómago. Pero sería capaz de compartir a Eriol, si eso significaba la felicidad de ambos.

Eriol rió, con amargura. —"Sabes que no. Esos malditos desgraciados me dejarán sin herencia. Estamos jodidos, Yue. Ni tus maquinaciones podrán salvar nuestro plan." Se pasó una mano por los cabellos, mientras la rabia volvía a dejarlo vulnerable —"Estamos jodidos."

De hecho, lo estaban. Y hasta el fondo.

Yue apretó la mandíbula. —"Hay que vengarnos. Al menos, nos llevaremos el placer, ¿no te parece?" Sonrió ante la posibilidad de causarle dolor al insufrible hombre que había arruinado todo vestigio de buen futuro —"¿Dónde le dolerá más? ¿Su dinero o sus hijos?"

Eriol se encogió de hombros —"El dinero, intocable. Los hijos, diría yo. Pero como ese bastardo no tiene pizca de escrúpulos, dudo que cualquier cosa que hagamos le dolería"

Yue sonrió y su sonrisa resultó algo torcida, puesto que su mente estaba trabajando a mil por hora. —"Oh. Tú espera y verás. Le dolerá. Mucho" Acercándose a Eriol, lo abrazó, mientras suspiraba con pesadez, mientras la derrota tomaba forma en ambos —"Espera y verás. Nadie se mete con nosotros"

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Sakura decidió tomarse su tiempo haciendo las compras que venía buscando realizar desde hace semanas. Se deleitó caminando con paso firme pero pausado por los corredores del centro comercial, observando las estanterías y vistosos locales. Aunque aún no se había detenido para comprar nada, el simple hecho de observar a las personas, ir y venir, entrar o salir de alguna tienda, le producía cierta paz interior que no conseguía tener desde hace algún tiempo.

Algunas parejas caminaban por ahí, cargando diversas bolsas de compra, agarrados de la mano y aunque quiso desviar la mirada, concentrarse en algún escaparate, que la hiciera olvidar de los celos tan temperamentales que parecían subir y bajar, como si fueran la marea, no lo consiguió. No quería enfrentar la realidad. Quería olvidar que estaba enamorada de un hombre que sólo la deseaba físicamente, que aunque podía resultar brillante y encantador, jamás sería completamente suyo, incluso con un anillo en el dedo anular.

Tomando una respiración profunda, aceleró el paso. Cuanto menos se topara con alguna pareja enamorada, sería mucho mejor. Quizás así podría concentrarse verdaderamente en la misión que se había implantado a sí misma al venir a este lugar.

Una tienda de ropa interior femenina había sido la primera que en verdad cautivó su atención. Nunca antes se había aventurado a comprarse algo realmente loco y sensual, porque en verdad no había tenido la necesidad. Un leve rubor cubrió sus mejillas, con sólo cruzar el umbral de la tienda.

Observó con descuido algunas prendas, pero había una semilla de timidez todavía en ella, y parecía haber florecido justo en aquel momento.

Con la mirada baja, recorrió los estantes, observando con cierta fascinación los diversos conjuntos que usaban los maniquíes y mentalmente se preguntó si aquellas piezas encajarían tan bien en su cuerpo. Mordiéndose el labio inferior, decidió acercarse a una joven, que usaba el uniforme de la tienda.

—"¿En qué la puedo ayudar?" La joven había preguntado inmediatamente, mientras le brindaba una suave sonrisa que la motivó lo suficiente como para desembarazarse de su timidez.

—"Yo...umm... necesito algo para..." La joven frunció el ceño, y una mirada confundida nubló sus ojos oscuros, —"Necesito un traje para...usted sabe, sedu- ay, Dios no puedo ni decirlo" Se quejó exasperada.

¿Cómo planeaba llevar a cabo todas las cosas que tenía planeadas si ni siquiera podía decirlas en voz alta?

La joven pareció sonreír con amabilidad, mientras le dijo —"No se preocupe, señorita. Por favor, sígame"

Y Sakura sólo la siguió. Sinceramente esperaba que la muchacha hubiera entendido toda aquella tontería que había balbuceado.

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Se podía decir que había estado satisfecha con sus elecciones, incluso después de ver la enorme cuenta que la muchacha le había cargado a su Visa. Con una última sonrisa de complicidad, la joven le extendió sus paquetes, mientras agradecía su preferencia por la tienda.

Totalmente agradecida, porque aquella joven había resultado como un ángel bajado del mismo paraíso, Sakura se alejó, mientras se adentraba nuevamente en los pasillos del centro comercial.

Bien, hasta ahora, todo iba como planeado. Observó su reloj y confirmó que había tardado algo así como unas dos horas en aquella tienda. Tendría que apurarse si deseaba llegar a tiempo para la cena en la Mansión Li. Seguramente Shaoran no se sentiría satisfecho por compartir la mesa con sus tíos, a sabiendas que éstos sólo le habían abstenido de soltar las preguntas más indiscretas, debido a su presencia. La idea le pareció tentadora, Shaoran se sentiría miserable, eso era bueno, pero lo malo es que no estaría ahí para verlo.

Con sus compras firmemente aseguradas, buscó la segunda tienda que necesitaba para alcanzar su propósito.

No pasó mucho hasta que la tienda de Mascotas Exóticas se cruzó por su andar.

Al entrar en ella, Sakura escuchó el bullicio de los animales como algo extrañamente relajante, mientras se acercaba a la única empleada a la vista.

A diferencia de la anterior amable jovencita, la señora que en aquel preciso momento estaba alimentando a una serpiente que sólo Dios sabría con exactitud qué era, no agradeció la intromisión.

Dirigiéndole una mirada breve pero cansada, la mujer que debería estar en sus cincuentas, le preguntó, arisca —"¿Qué quiere?"

Sakura estrechó la mirada, pero decidió que era mejor tomarlo con calma. —"Sí, disculpe. Creo que quizás podría usted tener lo que estoy buscando..."

La mujer, que aún continuaba alimentando a la serpiente, con el segundo ratón muerto, se detuvo en su tarea. Frunciendo el ceño, le espetó —"Aquí no tenemos French Poodle recién saliditos del salón de belleza." Le dirigió una mirada de pies a cabeza, completamente despectiva —"Dudo que usted encuentre algo de esta tienda"

Si no fuera porque en verdad necesitaba la ayuda de aquella mujer, habría cedido a la tentación de abofetearla.

Tomando una bocanada de aire, se forzó a mantener la calma —"Oh, no. Yo creo que sí debe tener algún loro o lora que pueda venderme"

De repente, la cara de la mujer pareció ser iluminada por alguna idea fantástica. —"De hecho, tengo un par que talvez le gusten. Sígame, por favor"

Sakura estrechó su mirada, pero su entusiasmo fue evidente al encontrar lo que quería.

Pronto, se encontró frente a una gran jaula, que en lo más alto, ostentaba dos grandes loros, que eran idénticos, a excepción de los colores de sus plumas en la cola. Uno las tenía amarillas, un muy brillante amarillo, y el otro las tenía de un extraño color azul oscuro. El color que predominaba sobre ambas especies era el verde del cuerpo, pero lo rojo de la cabeza y exudaban una inteligencia única.

Sakura sonrió al par, que la miraban totalmente inmóviles desde sus puestos.

—"¿Qué edad tienen?" Preguntó ella con curiosidad, mientras acercaba una mano con cautela.

La mujer habló en voz baja, casi susurrante —"Un año. Son muy buenos chicos"

Sakura se mordió el labio, completamente satisfecha sabiendo el efecto que sus nuevos amiguitos traerían sobre su marido. Iba a enloquecer de furia.

—"Me los llevo"

La vendedora parecía que iba a iniciar una pequeña fiesta, ahí mismo.

—"¿Efectivo o tarjeta de crédito?"

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Sakura había tenido una pequeña probadita de su éxito cuando observó la cara perpleja del chofer de los Li. No había tenido la oportunidad de hablar con él más que para decirle a dónde quería que la llevara, puesto que anteriormente se había sentido demasiado depresiva y enojada como para entablar una amistad con nadie.

Pero la cara del joven que conducía la limosina no tenía precio. Poco después, y con un pesado acento, se dirigió a ella, en japonés.

—"Señorita..." Dijo como si tuviera dificultad para decir algo —"No creo que llevar loros...umm... sea una buena idea" Por supuesto que no lo era. Y era por eso que se convertía en una idea brillante.

Sakura le sonrió con entusiasmo, un entusiasmo que no había sentido desde días atrás —"¿Por qué?" Deliberadamente preguntó, aparentando demasiada inocencia, estupidez o ingenuidad.

Pero el chofer contestó desde su asiento —"Al señor Shaoran no le agradan las mascotas." Se encogió de hombros y Sakura podía bailar la conga ahí mismo —"Pero su tía sencillamente las desprecia"

No le sorprendía que a aquel par no le agradaran las mascotas. Sakura sonrió para sí misma, especialmente no los loros. No si éstos podía competir contra sus lenguas afiladas. Y por la mirada astuta del par de aves, apostaba todo lo que tenía a que sí.

—"¿Cómo creen que debo llamarles?" Se dirigió a las aves, que dentro de su jaula, la observaban con curiosidad. —"Um. Tú" Dijo acercándose al loro de plumas amarillas —"¿Qué tal Mike?" El loro soltó un quejido y ella rió —"Ya. ¿Qué tal Kero? Suena bien" Como el loro se apegó a su mano, y la acarició con suavidad con sus plumas, sakura se sintió satisfecha con la elección.

—"¡Keero!" Borbotó el ave, sorprendiendo a Sakura con su facilidad para captar las palabras. —"Eres un muchacho listo, Kero. Nos llevaremos bien, cariño"

—"¡Caariño!" Ella rió de nuevo, y esta vez se concentró en el otro loro, que parecía más retraído que Kero, pero no por esto menos inteligente. —"¿Y tú? ¿Qué te parece Spinnel?" Ella sonrió, cuando el ave sólo parpadeó —"Siempre quise un gato con ese nombre. Dudo mucho que pueda tener uno, ya que soy alérgica, pero tú serás lo más cerca de eso, ¿no?"

El tacto de las dos aves era suave, y parecía ser que sus nuevas mascotas ya habían sido conquistadas. Bien. No quería que su lealtad estuviera con Shaoran, y a ella le saliera el tiro por la culata.

Se removió en su asiento, totalmente expectante a lo que sucedería.

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Shaoran había estado inquieto toda la mañana. Sentía que algo para nada bueno se aproximaba y había tenido que atarse las manos para no llamar a Sakura e interrumpir su paseo por el centro comercial. Pero simplemente había algo en sus entrañas que le decía que no todo estaba en su lugar.

En el momento en que la limosina que Sakura se había llevado, aparcó frente a la mansión, Shaoran cerró las cortinas de su ventana, con alivio. Había temido que algo le sucediera, pero al verla descender completamente gloriosa y con bolsas de compras en sus brazos, había soltado una exhalación que no sabía que había contenido.

Había analizado toda su situación con ella, y había llegado a la conclusión que estaba dispuesto a pedirle de rodillas perdón por todas las estupideces que le había espetado, cuando ella sólo buscaba hablar con él. Ahora, admitía que había tenido miedo. Sí, había estado asustado. Asustado porque creía que Sakura pensaba escoger esta visita a sus tíos como el momento adecuado para darle una patada en el trasero y decirle que ya no lo necesitaba más.

Por sus cavilaciones, fue que descendió de las escaleras con paso acelerado, sólo para ir al encuentro de su joven esposa, suplicarle perdón y arrastrarla a su cama, donde seguramente limarían cualquier aspereza.

Pero una visión interrumpió aquellas ideas, una visión que lo dejó paralizado precisamente en medio de las escaleras. Abrió sus ojos, con completa sorpresa y horror ante lo que su esposa llevaba en conjunto a sus compras.

Los chillidos de las aves no tardaron en hacerse oír, asegurándole que éste no era un mal sueño. Se vio muy tentado a pellizcarse, pero aquello no fue necesario. La expresión de satisfacción malévola en la cara de Sakura, le aseguraba que todo lo que veía era cierto.

En medio de su estupefacción fue capaz de hablar —"¿Qué has comprado?"

Ella le sonrió con suavidad, quizás una sonrisa no del todo verdadera —"Loros. Ropa interior. Maquillaje. Condones" Ella se encogió de hombros —"No recuerdo qué más"

Shaoran estaba demasiado furioso como para aceptar sus provocaciones. Con aire peligroso, descendió lo que restaban de las escaleras, y los pájaros, seguramente percibiendo el aura que ahora lo recubría, echaron a gritar cosas incoherentes.

Cuando estuvo a tan sólo un paso de ella, la aferró del brazo con más fuerza de la que habría usado normalmente —"¿A qué diablos estás jugando, Sakura?" Shaoran le echó una mirada furtiva a los animales, y esperó con poca paciencia la respuesta de su mujer.

—"¡Contéstame, maldita sea!"

La satisfacción se le borró del rostro, pero un fuego mucho más poderoso se encargó de reemplazarlo.

—"No entiendo lo que estás diciendo" Ella gimió cuando él aplicó más fuerza, ahí, donde la agarraba.

—"No me mientas. Algo te traes entre manos y quiero que..."

Pero fueron interrumpidos, y Sakura no pudo haberse sentido más feliz con aquella interrupción. Nunca hubiera creído que ver a Feimei le trajera felicidad.

Shaoran por su parte, aunque no la soltó se calló. El grito angustioso de su tía, no tardó mucho en perturbar la aparente calma de la mansión.

—"¡Qué demonios es eso!" Mientras apuntaba desde las escaleras a las mascotas recientemente adquiridas de Sakura.

Shaoran sólo pudo rodar los ojos, no antes de advertirle a Sakura con la mirada. Esto no termina aquí. Con reluctancia, la soltó. Sakura se sintió muy aliviada.

—"Son mis mascotas," Habló Sakura, como si la pregunta de Feimei no hubiera sido gritada sino más bien formulada con amabilidad —"¿Sucede algo malo?"

Feimei bajó alborozada e histérica las escalinatas, —"¡No tendrás aquellas bestias dentro de mi casa!" Espetó acercándose cada vez más —"¡Largo! ¡No las quiero aquí!"

Sakura se acercó la jaula, como en un acto de defensa al par de loros. —"Vieja estúpida," Farfulló por lo bajo, pero luego se arrepintió.

El par de aves que toda palabra podrían repetir con la misma facilidad que una grabadora, comenzaron a repetir su última frase. Ambos, al mismo tiempo, duplicando la fuerza del mensaje, que de por sí, ya era gritado con sus chillonas voces.

—"¡Ahh...vieja estúpida!" Sakura contuvo el impuso de echarse a reír.

Feimei observó atónita al par de aves que ahora cantaban a todo pulmón 'vieja estúpida' sin parar.

Shaoran, por su parte, se mantuvo rígido en su puesto.

—"¡Vieja estúpidaaaa!"

Sakura decidió, que por el bienestar de las aves, debería huir con la jaula hacia su habitación. Ahí, descubriría que tampoco estaban tan a salvo como pareció creer.

Se disculpó con brevedad ante Feimei —"Lo siento. No están entrenados todavía"

Y eso se notaba.

—"¡Estúpidaaaaa!"

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Sakura se apresuró a ducharse. Sabía que tenía que hacerlo, al menos antes de que Shaoran volviera a confrontarla sobre el asunto de Kero y Spinnel. Si no se apresuraba, era probable que Shaoran hubiera dejado volar al par de loros.

Por eso, la larga ducha de la que siempre disfrutaba, esta vez no pudo ser. Se lavó el cuerpo, pero no con la acostumbrada meticulosidad y cuidado que siempre le dedicaba a la tarea.

Se puso la ropa interior que había comprado en la tienda, y como había olvidado traer la demás ropa para poder cambiarse, maldijo por lo bajo.

Sin tomar la precaución de asegurarse que se encontraba sola en la habitación, salió en tan sólo en sujetador y bragas. Se aseguró con una mirada veloz que sus pájaron se encontraran en su jaula y luego se dirigió a la cama.

Menuda sorpresa se encontró sentada ahí. Esperándola.

Sakura se ruborizó al sentir la mirada de él escabullirse a cada rincón de su cuerpo, para sólo regresar a su rostro.

Inspirando, se aseguró que podría tomar sus ropas, y volver a meterse al baño. Ella podía hacerlo. Definitivamente podía hacerlo.

Pero ayudaría bastante que el idiota de su marido no estuviera mirándola con aquella mirada que parecía querer devorarla ahí mismo. ¿No por esto había gastado aquella pequeña fortuna en tantos accesorios de ropa interior?

A la hora de la verdad, la vergüenza le impedía hacer nada, mientras su mente le gritaba con fuerte voz, '¡Huye! ¡Al diablo con tu idiótica venganza!'. Pero su cuerpo se encontraba paralizado, y por más que su cerebro espetara órdenes, había perdido el control sobre sus miembros.

Porque él la estaba mirando.

—"¿Por qué compraste esos pajarracos, Sakura?" Él se levantó con aquella pose seria y arrogante que siempre adoptaba cuando estaban en medio de una discusión —"¿Es para fastidiarme? Bien, lo conseguiste. ¿Ahora qué?" Él tomó un paso hacia delante, sobrecogiéndola con aquella impactante presencia masculina.

Sintió que todos los argumentos que había ensayado para este momento habían sido robados de su memoria.

—"¿Qué?" Fue capaz de mascullar, mientras sus ojos se fundieron en la mirada encolerizada de él. Sus ojos parecían más oscuros de lo que recordaba.

—"No mientas, Sakura. ¿Qué quieres que haga? ¿Que te pida perdón?" Shaoran la miró, y esta vez sus ojos ámbares fueron más gentiles.

—"No estaría mal, para comenzar" Logró encontrar su lengua, y una lenta sonrisa se formó en los labios masculinos.

Y entonces hizo lo que nunca hubiera creído que Shaoran fuera capaz de hacer.

Se arrodilló.

Sakura parpadeó, pensando que aquello era sólo fruto de su imaginación.

—"Te pido perdón, Sakura. Fui un bruto insensible, me comporté como un imbécil y yo jamás debí haber dicho todo lo que dije, pero..."

Sakura lo cortó, colocando un dedo en sus labios. Él la miró interrogante, y casi pudo oír sus pensamientos ¿no era esto lo que quería?

Sí, había querido que se tragara sus palabras.

Él se desembarazó de su dedo silenciador y continuó hablando —"Pero durante este tiempo —parecieran que fueran años cuando en realidad había sido sólo un día — me percaté de algo muy importante."

Sakura sintió una profunda anticipación.

—"¿Qué es?"

Él la miró, casi con la misma emoción que no sabría reconocer hasta hace poco —"Te dije que tú me necesitabas, pero en realidad... Yo te necesito a ti." Las palabras habían fluido a sus oídos, cerrándole la garganta, haciéndola incapaz de contener los alocados tamborileos de su corazón.

Sakura tuvo el atrevimiento de preguntar —"¿Por cuánto tiempo?"

Él se levantó, para aferrarla por su cintura, mientras compartían el mismo aliento.

Shaoran continuó —"Creo que te voy a necesitar por el resto de mis días" E inmediatamente después rozó sus labios, y aventuró a beber de ellos.

Por su parte, Sakura le pasó los brazos por los hombros, sintiendo la gloriosa invasión de la lengua de Shaoran, y el reconocimiento de su firme cuerpo, en contraste a su suavidad.

Shaoran retuvo un gemido cuando escuchó al hasta ahora, silencioso público.

—"¿Cuándo piensas devolverlos?" Dijo interrumpiendo el beso, pero no aflojándola. Ella sonrió con suavidad.

—"No puedo"

Él frunció el ceño —"¿Por qué diablos no?"

Sakura suspiró —"La vendedora fue muy clara con respecto a eso. No se aceptan devoluciones" Ella fue la que inició el beso esta vez, que muy pronto se tornó en apasionado y el fuego de siempre se inició entre ellos.

Sí, definitivamente estaba dispuesta a compartir con él por el resto de sus vidas.

Lamentablemente, no sabía cuánto sería aquello.

—"¡Estúpidaaaa!" Vino el balbuceo de Kero, que se hizo escuchar por encima de los gemidos y suspiros de ambos.

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Notas de Autora:

¡Hola! Sí, quizás no debería comenzar así mis notas, puesto que he tardado demasiado en traerles el capi. Pero hey, creo que valió la pena. Tengo una larga lista de excusas, pero estoy positivamente segura que ninguna de ustedes quiere oírlas o más bien leerlas.

Ahora mismo, no tengo demasiado tiempo en la compu porque tengo este dolor en el cuello que de verdad me está matando, así que lo único que puedo decirles es que los quiero mucho y les agradezco por toda la paciencia e impaciencia que han de tener conmigo, je, je, je, je.

Un beso muy grande para todos y espero saber de ustedes en los reviews.

Se despide,

Sakki.

PD: A que les gustó mi versión de Kero, ¿eh? No sé por qué pero me pareció bien hacerlo un loro.

PDD: Disculpen mi ignorancia sobre el asunto de las aves, eh?

PDDD: No se olviden de dejar sus correos en los reviews. El momento de la entrega de los sidestory se acerca peligrosamente.