Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, MrsK81 escribió esta historia y yo sólo traduzco.
Capítulo traducido por Yanina Barboza, y corregido por Sarai GN, betas de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Capítulo 21
Nos íbamos a casa y estaba decepcionada. Después de que Edward llamó a Phil para explicarle que el trato no se iba a dar, teníamos instrucciones de regresar a Seattle a la mañana siguiente. Reservé para nosotros tres asientos en un vuelo que salía a las 11.40 a.m. y luego le envié por e-mail los detalles a la nueva asistente de Phil.
Edward, Emmett, y yo fuimos por un trago al bar del hotel cuando regresamos de la reunión con Laurent Manchard, y mientras ellos hablaban de negocios yo dejé a mi mente volar acerca de todas las cosas que había planeado para este viaje que no sucederían. Edward, por otra parte, no conseguiría su tour por Alcatraz en el corto plazo.
Mientras estaba allí, un pensamiento se me ocurrió. Edward me había dicho que el tour tomaba menos de dos horas, quizás si reservaba nuestros boletos en el primer tour y después nos íbamos directo al aeropuerto podríamos llegar. Discretamente, saqué mi teléfono y fui directo a la página oficial. Cuando vi que la primera hora de salida era a las 8.45 a.m. asumí que la idea era un completo fracaso, pero luego vi otra cosa que claramente podría funcionar.
—Solo voy a llamar a Amber —le dije a Edward y caminé fuera del bar para que él no pudiera escuchar la conversación.
Diez minutos, setenta y cuatro dólares y un montón de persuasión después, nos ascendí a la cima de la lista de espera y posteriormente reservé dos boletos en el tour nocturno de Alcatraz, y teníamos menos de una hora para llegar al Muelle 33. Estaba todavía en mi hermoso vestido e inadecuados zapatos, pero no tenía tiempo para cambiarme, por lo que tendría que servir.
—Necesitas terminar rápidamente y venir conmigo —le dije cuando regresé al bar—. Realmente rápido.
—¿Por qué? —preguntó, pero se bebió de un trago los últimos sorbos de su cerveza.
—Es una sorpresa. —Le guiñé un ojo.
—¿Estoy invitado? —preguntó Emmett esperanzado.
—Lo siento, Em, pero este claramente es un tipo de escenario donde dos son compañía, tres son multitud —le dije disculpándome.
—Lo siento, Eddie, parece que te vas a tener que quedar aquí mientras voy y me divierto con Bella —bromeó.
—No lo creo —discrepó Edward y se levantó rápidamente—. Tienes que decirme a dónde vamos.
—¿Por qué? —Fruncí el ceño y él sonrió.
—¿Cómo sabré qué traje elegir si no lo sé? —dijo en una realmente mala imitación mía.
—Tan lindo como te verías en un vestido de diseñador, créeme que estás usando algo adecuado. —Sonreí y luego rebusqué en mi bolso por algunos auriculares para continuar la sorpresa—. Necesitas ponerte esto en las orejas y dejarme atar esto alrededor de tus ojos.
—Oh, así que es ese tipo de escenario —se rio Emmett y ordenó otro trago—. Ten una buena noche, hermano, parece prometedor hasta ahora.
—Lo es, ¿no? —Edward movió las cejas y luego se inclinó para seguir el juego con mi petición—. ¿Qué más tienes allí? ¿Esposas? ¿Látigos?
—De hecho... —me callé, riéndome para mí misma mientras ataba mi pañuelo alrededor de sus ojos—. ¿Qué música quieres? ¡Ya sé!
Me desplacé a través de la lista de canciones en mi teléfono y puse una que sabía que él odiaba, seleccioné la opción de repetición solamente para volverlo loco.
—De ninguna manera, Bella. Otra cosa —se quejó—. Cualquier otra cosa. Por favor.
Lo ignoré y giré mi teléfono para mostrarle a Emmett, quien encontró la elección divertidísima.
—Lo que sea que estés planeando, tengan una buena noche.
Saludé con la mano y escolté a un Edward con los ojos vendados hacia el frente del hotel y les pedí que nos llamaran un taxi. Varios peatones y el valet se rieron cuando él se golpeó la cabeza en el marco de la puerta mientras yo intentaba meterlo en el auto.
—Ay, Bella. Jesús. —Se masajeó la cabeza.
—Ups, lo siento. —Le besé la frente.
—¿Para dónde? —preguntó el taxista.
—Muelle 33 —susurré tan bajito como pude—. Es una sorpresa y tenemos prisa.
—Lo entiendo —dijo.
Mantuve mis ojos en Edward solamente para asegurarme que no espiaba o se sacaba los auriculares. Después de algunos minutos de protesta acerca de la canción elegida, su pie comenzó a golpear al ritmo, y luego de unos pocos minutos más y varias repeticiones, empezó a tararear y articular las palabras.
Who let the dogs out?
Who, who, who, who, who?
Who let the dogs out?
Who, who, who, who, who?
—Pobre chico —opinó el taxista—. ¿No podrías haberle dado una mejor canción para escuchar?
—Esta es una especie de medio regalo y medio castigo por un incidente sin relación que ocurrió ayer —le dije.
—Indudablemente un castigo —concordó y luego para mi diversión él cantó.
Cuando llegamos al Muelle 33, tuvimos que apresurarnos para recoger los boletos, lo que incluyó varios tropezones por parte de Edward, que lo irritaron aún más.
—¿Esta sorpresa involucra terminar en Emergencias con un tobillo roto? —se quejó en voz alta—. Necesitas quitarme este pañuelo o disminuir la velocidad, Bella.
—Si disminuimos la velocidad, llegaremos tarde y al único lugar que tendremos que ir será Emergencias —dije, sabiendo que no podía escucharme, mientras tiraba de él adelante del barco y luego lo dejaba. Le saqué los auriculares—. Bien, aquí estamos.
Cuando le saqué el pañuelo miró alrededor y de inmediato empezó a sonreír.
—¿Me estás llevando a la prisión?
—Sí, y si no te comportas te dejaré allí. Puedes intentar tu propia versión de Escape de Alcatraz. —Me reí y nos unimos a los otros visitantes en el barco justo a tiempo para la salida a las 3.50 p.m.
—Gracias —murmuró y me jaló para un abrazo.
—Bueno, imaginé que te lo debía, ya que arruiné tu acuerdo para un gran libro.
—No me debes nada, Bella. —Me besó la parte superior de la cabeza.
Lo que esperaba que fuera un viaje relajado en barco a través de la bahía en realidad resultó ser una muy movida, revuelve estómago, experiencia. Me agarré a Edward y él encontró divertida mi angustia. Rodeamos la isla antes de atracar en Alcatraz escuchando datos acerca de San Francisco, Isla Ángel, Alcatraz y la conservación de estos emblemas.
Cuando estuvimos fuera del barco, tuvimos que caminar un cuarto de milla, lo que parecía como un millón de pasos a la prisión. Había un tranvía para los menos capaces, pero no creo que una mala elección de zapatos clasificara como una condición justificable.
—Consideren esta una experiencia saludable —bromeó el guía—. Es el equivalente de trece tramos de escaleras.
—¿Quieres intercambiar zapatos? —gemí—. Puede que no sobreviva a este viaje.
—Espera un segundo —me dijo, nos detuvimos hasta que estuvimos atrás del grupo—. Salta.
—¿Perdón?
Se dio la vuelta hasta que su espalda estuvo frente a mí y se palmeó el hombro.
—Sube, te llevaré.
—¿Por todas estas escaleras? —Me reí—. Puede que ambos no sobrevivamos a este viaje.
—¿Es mejor en mi espalda o en mis brazos?
—En tu espalda —decidí y trepé—. Que camines conmigo como una damisela en apuros sería humillante.
Al principio daba pasos largos por las escaleras con facilidad, pero cuanto más alto llegábamos más lento se movía. Cuando alcanzamos la cima prácticamente me tiró al piso.
—Puedes bajarte —jadeó—. O puedes llevarme.
Me reí y me agarró la mano, arrastrándome detrás de él así podíamos alcanzar al resto del grupo. A pesar de mi reticencia inicial acerca del tour, en realidad amé cada minuto de éste. No nos llevaron alrededor como ganado y en lugar de una visita guiada por las celdas, teníamos un kit de audio para que pudiéramos examinar a nuestro propio ritmo.
La cosa más fascinante para mí, fue observar a Edward, estaba como un niño en Navidad, entusiasmado explorando cada grieta que pudiera encontrar. Tenía frío, mis pies me estaban matando y todavía me sentía enferma por el viaje en barco hasta aquí, pero no tenía ninguna prisa en detenerme.
Me reí mientras él seleccionaba recuerdos de la tienda de regalos, incluso compró un pedazo de roca.
—¿Sabes que podría solo meter un pedazo de afuera en mi bolso, cierto?
—Usan ese dinero para contribuir a mantener la isla —me dijo—. Tú podrías encajar bien aquí con todos los ex reclusos. Nunca te tomé por una criminal.
Edward estaba disfrutando muchísimo la experiencia y fuimos uno de los últimos en llegar de regreso al barco. Eran casi las 6.30 p.m. y el sol comenzaba a ponerse, dejando una espectacular vista del horizonte de San Francisco. El sol poniente también se llevó consigo toda la calidez que había estado en el aire.
—Esta vista es tan bonita. —Me estremecí, frotándome los brazos para tratar de entrar en calor—. Por Dios, ¿por qué no agarré un abrigo antes de salir? Hace mucho frío.
—Aquí, toma éste. —Edward se quitó la chaqueta y me la tendió.
—Gracias. —Sonreí, amando lo fácil que era simplemente estar juntos no ocultándonos o vigilando cómo actuaba frente a él. Lástima que volveríamos a Seattle mañana.
Tomamos asiento en un lado del barco, así que pudimos observar la bahía mientras volvíamos, y me mentalizaba para el viaje de regreso a tierra firme. Edward se rio y envolvió su brazo alrededor de mi hombro, tirando firmemente de mí contra su costado.
—Este no tomará tanto tiempo.
—Gracias a Dios —murmuré.
El agua estaba aún agitada y gemí mientras el barco se balanceaba. Después de una particularmente fuerte sacudida contuve la respiración, convencida de que estábamos a punto de hundirnos, pero de hecho algo igualmente horrible pasó. Una gran ola se estrelló contra el costado del barco y mojó totalmente a todos los sentados a nuestro lado.
—¡Mierda! —grité mientras el agua gélida me golpeaba.
Mientras las personas en el lado derecho del barco hicieron un lamentable intento por secarse, los del lado izquierdo encontraron todo muy gracioso.
—Cabezas de pito —murmuró Edward y cuando lo miré, también me eché a reír—. No es realmente gracioso, Bella.
Su pelo estaba empapado y plano en su cabeza, su camisa blanca se le pegaba y podía ver que sobresalían sus pequeños pezones.
—Oh, el pobre chico tiene frío.
—Podría tener menos frío si no hubiera donado mi chaqueta para la Campaña Bella Swan Caliente —dijo intentando sonar enojado, pero sonrió mientras hablaba—. Jesús, el agua está fría, pero supongo que podría haber sido peor.
—Estoy empapada, congelada, probablemente arruiné mi vestido y tengo ampollas del tamaño de Texas en mis pies, ¿y tú crees que podría haber sido peor? —Lo miré con incredulidad—. Por favor, Sr. Cullen, explíqueme cómo podría haber sido peor.
—Hay varios argumentos válidos, Bella —me dijo con indiferencia.
—Por favor, explícame.
—Podría haber pasado en el camino a la isla en vez de en el camino de regreso —dijo y estuve un poco de acuerdo—. Podría haber sido un maremoto, que hundiera el barco.
—Ahora estás dando manotones de ahogado —dije y él rio—. ¿Es todo lo que tienes para ofrecer?
—No —susurró y me besó la sien—. Podría haber estado aquí solo. Elegiría estar congelado y mojado si al final estuviera contigo.
Lo miré, enormemente embelesada y lo notó. Con una sonrisa engreída dijo:
—Concluyo mi caso.
—Te amo —solté, e inmediatamente contuve la respiración mientras esperaba por su reacción.
Parecía un poco atónito, pero en vez de petrificarse o correr por su vida, una pequeña pero torcida sonrisa apareció en su cara. Se adelantó y agarró mi cara en sus manos.
—Bella, yo...
—Discúlpenme, aquí tienen algunas toallas para ayudarles a secarse. —Uno de los ayudantes nos dio una toalla a cada uno y sonrió—. Puedo traerles una bebida caliente antes de que atraquemos. ¿Café o chocolate?
—Café —respondió Edward, rompiendo nuestro momento—. Dos cafés, por favor.
—Por supuesto, señor.
Mientras se apresuraba a irse, nos sentamos allí en un incómodo silencio. Lo que sea que él iba a decir, el momento había pasado y ya era demasiado tarde para tomar lo que yo había dicho de vuelta. Me froté la cara, el pelo y los brazos con la toalla y no me atreví a mirarlo.
—Joder —espetó, mirando su teléfono—. Mi celular está muerto.
—Oh, mierda, lo siento —dije, no segura de qué más decir. Vi cómo se frotaba furiosamente con la toalla antes de darse cuenta que era un caso perdido.
—Maldita sea, ¿qué pasa si alguien intenta ponerse en contacto conmigo ahora? —Golpeó el teléfono en el asiento y sacudió la cabeza.
Revisé el mío, pero por suerte el agua no había llegado a mi bolso.
—Aquí —dije, tendiéndole el mío—. Úsalo para llamar a cualquiera que necesites y diles que te pueden contactar en este número.
En vez de tomar el teléfono, solamente me miró como si fuera una idiota y espetó:
—¿Y qué exactamente les digo, Bella? Lo siento, pero mi teléfono fue arruinado por una ola en un viaje de noche a Alcatraz. No te preocupes, Phil, el teléfono de tu hijastra de alguna manera evitó la misma ola y está en perfectas condiciones operativas, así que puedes contactarme en éste hasta nuevo aviso. ¿Quieres que le diga que te vas a quedar en mi habitación de hotel mientras desnudamos nuestras almas? Es tan típico de ti, Bella, olvidarte de todo excepto de la pequeña jodida burbuja en la que vives.
Oh, ¿así que su alter ego Edward Cabeza de Pito había reaparecido? Cualquier remanente de buen humor desapareció inmediatamente y lo fulminé con la mirada.
—Vete a la mierda, Edward —siseé, apretando los dientes—. ¿Qué te parece esto para una explicación? Hola, Phil, dañé mi teléfono y la señorita Swan fue lo suficientemente amable para dejarme usar el suyo para llamarte solo para que no estuvieras en vano intentando contactarme. O llama a mi habitación de hotel o déjame un mensaje con la señorita Swan y ella puede pasármelo cuando nos marchemos. No necesitas darle una evaluación de mil palabras de la situación, imbécil.
Estaba enojada, molesta, lívida, destrozada y cualquier otra emoción que podía pensar, antes de que él tuviera la oportunidad de decir algo más, añadí:
—No había necesidad de exagerar. Solo estaba tratando de ayudar.
—Joder. —Suspiró y su expresión se suavizó—. Mierda, Bella, no quería decir que... joder, ¿solo sigo jodiendo esto, no?
—Sí —dije simplemente—. Sigues jodiendo esto.
—Lo siento —comenzó a decir, pero negué con la cabeza.
—Ni siquiera... —Mi voz se apagó y miré fuera del barco, deseando que el vuelo fuera a las once y cuarenta de esta noche en vez de mañana en la mañana.
Logramos conseguir un taxi de vuelta al hotel rápidamente y a pesar de los numerosos intentos de disculpas, me negué a escucharlo. No hablé una palabra en el auto y cuando paramos fuera del hotel, abrí la puerta de golpe, casi tirando al pobre valet hasta el suelo.
—Espera, Bella —gritó Edward, pero caminé rápidamente adentro, ignorándolo—. Por favor.
Mientras esperaba el elevador, escuché a Emmett gritar mi nombre y cuando me di la vuelta estalló en carcajadas.
—¿Qué demonios pasó? —preguntó, corriendo a mi lado con Edward detrás de él—. Edward me envió un mensaje diciendo que lo habías llevado a Alcatraz, pero pensé que era un viaje en barco, no me di cuenta que tendrían que nadar.
—Ahora no, Emmett —pidió Edward en voz baja.
—Oye, Edward, ¿por qué no usas el celular de Emmett para llamar a Phil? —bromeé—. Pensándolo mejor, ¿usar su teléfono significa automáticamente que estás durmiendo con él, cierto?
—Guau —dijo Emmett y miró entre Edward y yo—. ¿Qué hago en medio de esto?
—Nada —dije en voz baja.
—Bella, por favor —rogó Edward y comenzó a seguirme hacia el elevador, pero lo hice retroceder.
—No, Edward. Necesito estar sola en este momento.
Asintió una vez y retrocedió, manteniendo su triste mirada en mí mientras la puerta se cerraba. Suspiré y golpeé la parte de atrás de mi cabeza contra la pared del elevador. Cuando llegué a mi piso, caminé lentamente a mi habitación, dirigiéndome directamente a una ducha caliente tan pronto como cerré la puerta detrás de mí.
Estuve allí por mucho tiempo, dejando el agua correr por mi cara y cuerpo, incluso después de que me olvidé del frío. Me negué a admitírmelo, pero sospechaba fuertemente que una o dos lágrimas puede que hayan rodado por mis mejillas entre el agua y odié que él me hubiese hecho llorar.
San Francisco estaba previsto para ser solamente Edward y yo, juntos, sin preocuparse por quién podía estar viendo o escuchando. Se suponía que íbamos a tener tres o cuatro días, tal vez incluso una semana en la ciudad disfrutando de nosotros mismos y teniendo increíble sexo cada vez que quisiéramos. En cambio, fueron dos días de mierda de comportamiento de cabeza de pito y estúpido de proporciones épicas y con absolutamente nada de sexo, nada en absoluto, y por si fuera poco, ni siquiera había conseguido el trato que había venido a asegurar.
Cuando finalmente salí de la ducha, me sequé y me acurruqué en la cama viendo la televisión. Una larga hora pasó y me encontré con ganas de llamar a Edward.
—No —dije, aliviada de que su teléfono estuviera muerto.
Otros treinta minutos después decidí ordenar servicio a la habitación, no queriendo tener dos noches seguidas de saltarme la cena. Sin embargo, cuando estaba conectada a la recepción, me encontré pidiendo ser comunicada a la suite Oriental, en su lugar. El teléfono sonó y sonó sin una respuesta, así que golpeé el auricular.
Forcé todos los pensamientos de Edward y la mierda que había sido este viaje de mi mente y cerré los ojos, esperando dormir durante el mayor tiempo posible antes de tener que partir. Apenas me había quedado dormida cuando hubo un fuerte golpe en mi puerta. Me incorporé con un sobresalto y casi llamé a seguridad del hotel cuando pasó de nuevo, esta vez acompañado con un grito.
—Bella, por favor. —Tres golpes más y otra llamada casi arrastrando las palabras de mi nombre, y me di cuenta que Edward Cullen estaba borracho—. Por favor abre la puerta, háblame, Bella —suplicó a través de la puerta.
Mientras él continuaba golpeando la puerta, escuché a algunas personas de las habitaciones vecinas gritarle que la cortara. Tan enojada como estaba, Edward siendo arrestado o echado del hotel era algo que no quería en mi conciencia, así que de mala gana caminé hacia la puerta y la abrí un poco, metiendo mi cabeza por ahí para mirarlo.
—Es tarde y estás borracho, Edward. —Suspiré—. Deberías volver a tu habitación y dormir la borrachera.
—Lo siento —dijo, su voz áspera—. Estoy tan jodidamente apenado.
—¿Tenemos que hacer esto ahora? Vamos a ir a casa y... —comencé a decir, pero él sacudió la cabeza enérgicamente.
—Por favor, no puedo dejar las cosas así. Lo siento, Bella. Estaba... Actué como... el mayor jodido idiota en el planeta. —Su cabeza cayó y suspiró—. La verdad es que estoy muerto de miedo de que cuando lleguemos a casa olvidaré que tenemos que ser cuidadosos alrededor del otro. Siento como que meteré la pata y las personas sabrán lo que está pasando. Simplemente no puedo lidiar con todos sabiendo sobre nosotros, Bella, todavía no. Como dije ayer, cada vez que digo o hago algo sobre ti, cada vez que estoy contigo enfrente de personas siento como si pudieran ver directo a través de mí, como si supieran que estoy...
—Involucrado conmigo —finalicé amargamente, pensando en la misma conversación de ayer.
—Enamorado de ti —susurró.
Está enamo... oh mierda.
Edward...
Ahí lo dije... ella lo sabe. Nunca tendría que haber pasado así. Debería habérselo dicho en el barco justo después de que ella lo dijo, pero naturalmente jodí hasta eso. Quizás es demasiado tarde ahora de todos modos, quizás vio lo suficiente de mi etiqueta de novio y se dio cuenta que puede hacerlo mucho mejor. Dios, no quiero perderla... joder.
GRACIAS YANINA!
