Capítulo 21
Cortando distancias
Le parecía una maldita y estúpida mañana igual a las demás desde hacía poco más de un mes. Una mañana de color indefinido. No negra, pues el estaba con vida, y de hecho mejoraba poco a poco. No blanca, pues su cuerpo aún estaba agonizante. Una mañana extraña, como una noche blanca. Así sentía su alma, del color de las noches blancas que había conocido al viajar junto a Julián. Un momento difícil de definir y de soportar, pues era una noche sin obscuridad y al mismo tiempo un día demasiado opaco para ser día. Una sucesión de vaga luz constante que no se detenía y tampoco cambiaba.
Tenía la sensación de que enloquecería si seguían las cosas en aquel estado. ¡Se sentía tan solo! Ella no estaba junto a él. No tenía a nadie a su lado para expresar sus sentimientos, ni tampoco a alguien que le diera una palabra de consuelo.
Caminaba sin demasiada prisa por los pasillos, sintiéndose más un fantasma que una persona real. Llegó hasta el control de enfermeras de la Unidad, donde las dos mujeres que custodiaban el lugar le sonrieron, pues ya estaban habituadas a verle. Cumplió con el ritual de siempre, poniéndose ropa esterilizada después de lavarse concienzudamente las manos.
Entró a la habitación y se sentó, como lo hacía en cada visita, en un banco colocado cerca de la cabecera de la cama, dándole la espalda a la entrada. Pero el día de hoy era distinto. El número de vendas que cubrían su cuerpo había disminuido, y podía ver ahora algunas partes de su piel que habían permanecido bajo las curaciones durante todo aquel tiempo. Eran por supuesto, las heridas de menor importancia que ya prácticamente habían sanado del todo. Y eso incluía su rostro, que podía ver por fin del todo.
Un temblor comenzó a recorrerle el cuerpo sin que pudiera contenerlo. Eran alegría y miedo mezcladas en exactas partes iguales. Las lágrimas crearon un nudo en su garganta, mientras sus ojos color violeta brillaban.
Esta será la última vez que hable contigo. Estás recuperándote y eso me da miedo, mucho miedo – dijo con la voz ronca por las emociones – porque podrías oírme. Podrías saber que te amo... y eso... eso no tiene que suceder. Vendré a verte, claro – dijo secándose las lágrimas con un trozo de sus ropas quirúrgicas – porque soy muy débil, y no tengo el valor para alejarme de ti. ¡Si te hablaré! – dijo él preocupándose de pronto porque Kanon fuera a sentir que lo estaba abandonando del todo -... de otras cosas, si, pero no volveré a hablar de mi y de ti, ni de lo que siento... ¡Diablos¡No sé que es lo que te diré entonces! No he hablado de otra cosa contigo desde que estás aquí...
Sorrento sonrió levemente en medio de sus lágrimas, mientras guardaba silencio, meditando un poco.
Bueno, te contaré que tus compañeros están recuperándose, lentamente, y algunos ya han despertado incluso. ¡Qué extraño! No es fácil hablar de cosas triviales contigo... En realidad no creo que ninguno de tus compañeros te importe... quizás tu hermano, sí es que lo has perdonado por lo que te hizo.. Lo conocí hace un par de días. Está saliendo adelante, al parecer sin demasiada dificultad, pero no lo han dejado venir a verte más que una sola vez, cosas de doctores, creo, no entiendo muy bien. Es muy fuerte... como tú. La primera vez que lo vi, por unos momentos pensé que eras tu... aunque si se pone mucha atención, uno puede darse cuenta de que sus narices son distintas. La tuya está ligeramente desviada, pero me parece que eso la hace más interesante. Bueno, supongo que la de él es más hermosa en realidad, pero yo te amo a ti. El amor me hace verte distinto de como te ven los demás...
Se hizo un vacío en su estómago al escuchar esas palabras. Y todo fue, como suele suceder en muchos casos, por una simple coincidencia. Un edificio corporativo cercano se estaba incendiando y muchos heridos necesitaban atención de la gente de aquella Unidad. Así que cuando el antiguo Patriarca del Santuario de Athena llegó al control de enfermeras, no halló a nadie, y la enfermera que lo había llevado en silla de ruedas hasta ahí se marchó también, todo lo cual le permitió escabullirse sin ser observado para asomarse por la ventana de una de las puertas, y así escuchar sin querer las confesiones que Sorrento le hacía al cuerpo inconsciente de su hermano gemelo.
Su corazón palpitó con fuerza al escuchar aquellas palabras, y más aún cuando se dio cuenta de que el General Marino se alistaba para marcharse. Con algo de dificultad logró alejarse lo bastante de la puerta y regresar al control de enfermeras sin que Sorrento sospechara que había sido escuchado.
El joven de cabellos violetas sonrió amablemente a Saga, sin poder evitar que un ligero rubor le subiera a las mejillas. Saga se dio cuenta pero disimuló. Intercambiaron un par de frases de cortesía y luego Sorrento se despidió para marcharse con prontitud, temiendo soltarse a llorar.
Una de las enfermeras volvió a la central algunos segundos después de que el chico se hubiera marchado y amablemente permitió a Saga entrar a ver a Kanon. Lo preparó y condujo la silla de ruedas hasta dejarlo en el lugar que minutos antes había ocupado el Marina. Saga, con mucho cuidado acercó su rostro y sus labios al oído de su hermano menor.
Hola. Soy yo... Me acaba de pasar algo muy curioso. Acabo de conocer a una persona que dice que te ama... No sé decirte por qué me produce tantas cosas saberlo, por qué me remueve tanto aquí, adentro... Quizás es porque yo no tengo a nadie que me ame, y jamás he amado. Pensé que tu y yo éramos idénticos en eso también. Que habíamos estado tan ocupados en nuestra búsqueda de la gloria mintiendo, traicionando y engañando, que jamás habíamos dejado un espacio libre en nuestro corazón para algo tan luminoso como debe de ser el amor. Pero me alegra muchísimo saber que no es así. Saber que a pesar de todo, te las arreglaste para enamorar a alguien. Y aunque él dice que no lo sabes, espero que lo sepas. De verdad espero que lo sepas, y aún más, que sientas lo mismo que él. Porque hoy, a diferencia de ayer, creo que la oportunidad de amar jamás debe dejarse pasar.
Saga sonrió, pensando en que después del terrible dolor del cuerpo y la carne mientras sanaba, más allá, le deparaban a su hermano maravillosas dulzuras de espíritu: lo esperaba el amor al despertar. Sintió unos enormes deseos de ir hacia Sorrento y preguntarle todo, en qué momento se había enamorado de él, por qué no quería que Kanon lo supiera, si había alguien interponiéndose en la relación, y mil cosas más.
Y se hallaba tan ansioso pues el amor para él era un misterio. Un misterio que tanto a él como a su hermano les sería revelado, aunque ambos lo ignoraran aún...
Vendré frecuentemente a informarte de su condición. Continua con las curaciones tal y como lo hicimos ayer hasta que yo regrese y no dejes de darle agua de la fuente a cada momento que te sea posible. Sé que te recordará y volverá a amarte, lo puedo leer en sus ojos, ese día está cada vez más cerca. Reconquístalo amiga.
No te preocupes por mí, estaré perfectamente bien.
Ariadna
Una enorme sonrisa se dibujó en los labios de la diosa del Inframundo al leer la nota que su hechicera, amiga, cómplice y confidente le había dejado antes de marcharse.
Ariadna, la fiel y maravillosa Ariadna había partido de regreso a la Tierra, dispuesta a cuidar de él, ayudándole a ganar tiempo mientras el día soñado llegaba. El día en que él la miraría con sus enormes ojos castaños y le hablaría de amor llamándola por su verdadero nombre
Perséfone...
La rubia sonrió y se dejó caer con los brazos abiertos en su inmensa cama mientras se estiraba y disfrutaba de la deliciosa sensación del roce entre las suaves sábanas y su piel.
Había pasado la noche prácticamente en vela, cuidándolo, acariciándolo, mirándolo. Había pasado otras largas horas con él, en el jardín, en una deliciosa inversión de papeles, porque él aún se hallaba herido y débil después de su desafortunado encuentro con Hypnos, y a pesar de ello había sido él el que se había preocupado de cuidarla a ella, de hacerla reír, de alejar el miedo y las sombras con su risa y su voz. A pesar de la falta de sueño, su alma se sentía plena, pues él la llenaba de fuerza, de esperanza y de razones para vivir. Él la hacía sentirse de catorce años nuevamente.
Seiya... ¡Seiya, Seiya! Ahh¡no sabes cuánto te amo¡Cómo amo pronunciar tu nombre una y otra vez! - Se metió entre las sábanas como si fuera una niña pequeña, mientras planeaba sus vidas y hablaba consigo misma, dejando que el sueño la envolviera - Dormiré solo un par de horas. Me daré un baño rápido y me cambiaré de túnica y entonces iré a despertarte. Y cuando me veas ahí, en medio de la hierba y las flores, vestida de verde y con los cabellos aún húmedos, me recordarás. Dirás mi nombre y nos besaremos, como aquella primera vez que me robaste un beso. Y entonces vendremos corriendo por los pasillos, con mucho cuidado para que nadie nos vea, y me harás el amor sobre esta cama. Quizás dejarás de ser virgen aquí, entre de mis piernas. Y yo soñaré que esta es la primera vez que alguien me toca, soñaré que hasta el día de hoy solo tú has visto mis senos semidesnudos, que solo tú has acariciado mi piel, como si el tiempo no hubiera pasado desde la última vez que nos vimos en Grecia. Serás un hombre por completo cuando nos poseamos el uno al otro, justo aquí. Yo seré una mujer completa hasta el momento en que sienta tu cuerpo dentro del mío. Diré tu nombre una y otra vez mientras nos convertimos en uno solo. Y lo haremos una y otra vez hasta que nuestras almas se sientan saciadas después de tanto tiempo alejadas. Y eso sólo... será el principio... porque... te quedarás... conmigo... para siempre... – dijo en un susurro mientras el sueño la vencía...
Su pecho estaba empapado en sudor. Se dejó caer exhausto sobre su espalda mientras jadeaba por el dolor y el esfuerzo. Y mientras él trataba de recuperar el control de su respiración con los ojos cerrados, ella no podía quitarle la vista de encima a su increíble cuerpo, a su bello perfil, a sus labios tan bellamente delineados y tentadores.
¿Estás bien? – dijo ella acariciando ligeramente su mejilla, rozando sus rojos y húmedos cabellos y dejando ver algo de preocupación en su voz.
Sí... sí... es sólo que... me duele el pecho
Deben ser tus costillas que aún no han soldado del todo. No deberíamos de haber ido tan lejos esta vez.
No... no... estoy bien. Me alegra haber...
Sssh, no digas nada. Tranquilízate primero. No tenías que haberte esforzado tanto
Tenía qué hacerlo
¿Por qué Dokho?
Es que estoy acostumbrado a trabajar duro.
Se nota – dijo ella con una risa
¿Qué?
Quiero decir que eso es evidente. Tu cuerpo está maravillosamente trabajado.
Gracias – dijo él tratando de contener un sonrojo, lo cual no logró mientras ella sonreía. Su modestia le parecía fascinante.
Vamos, te llevaré de regreso a la habitación.
Con gran habilidad y fuerza, la hermosa mujer lo tomó entre sus brazos y lo ayudó a sentarse de nuevo en la silla de ruedas. Y mientras ella lo hacía, él pudo observar de reojo una parte de la piel de su pecho. Llevaba un sostén blanco que hacía resaltar el hermoso tono apiñonado de su piel, y por en medio de sus senos corría una única gota de sudor. Eso fue demasiado para las hormonas de nuevo adolescentes del pelirrojo, y un gemido escapó de sus labios mientras trataba de contener el comienzo de una completa y seria erección, la primera en... más de doscientos años por lo menos.
¿Estás bien de verdad?
No, la verdad no... no me siento bien.
Tu camisa está empapada. Déjame cambiarte
Dokho no sabía si aquello era un sueño o una pesadilla, pues sabía que no toleraría que aquella mujer rozara siquiera su piel desnuda. Cerró los ojos con fuerza, tratando de dominar a su propio cuerpo.
Ella fue por otra camisa para reemplazar la de su piyama empapada. Él, con un poco de desesperación había desabrochado sus botones para que el cambio fuera lo más rápido posible y trató de quitarse la camisa, pero sus costillas rotas y su espalda aún demasiado adolorida se lo impidieron.
Piensa en otras cosas, vamos, concéntrate.
Vinieron entonces a su mente las imágenes más relajantes en las que podía pensar: el sonido del agua cayendo desde su puesto vigilante en las cascadas de Rozan, la paz de una silenciosa cena compartida con Shyriu y Shunrei, las dos personas que más amaba en el mundo en su pequeña y amada cabañita en medio de las montañas. Ellos dos eran prácticamente sus hijos. Sus hijos, y su hogar, pacífico y silencioso. Con todo ello en mente sí pudo recuperar el control de su cuerpo.
Lina volvió rápido a su lado, y al ver que el ya se había desabrochado por si mismo, procedió simplemente a deslizar la camisa por sus hombros.
Ella también tenía que hacer un gran esfuerzo por contenerse. Trataba de comportarse de manera tranquila y calmada, pero sentía que a cada momento le costaba más trabajo disimular lo mucho que le gustaba ese chico. Así que pensó que lo más prudente sería ayudarle rápido a cambiarse y llevarlo de regreso a su habitación.
Espera, déjame ayudarte.
Discretamente miró en otra dirección mientras la camisa se deslizaba hacia abajo, para no poner demasiada atención en su espalda fuerte y perfectamente delineada, en sus hombros que parecían tan tersos y redondos, en su...
Fue entonces que no pudo disimular más. Las vendas se habían aflojado y soltado, y dejaban ver parte de la cara de un enorme tigre en medio de su espalda. Abrió los ojos azorada y exclamó:
Esto es... lo más hermoso que he visto en toda mi vida...
¿Qué? – dijo Dokho sin saber por un momento a qué se refería
Ese es el tatuaje más impresionante que he visto. ¿Puedo...?
Sí – contestó él débilmente.
Ella terminó de retirar el vendaje de su torso para poder contemplar en todo su extensión al gran tigre. Dokho podía sentir los ojos de ella sobre su espalda desnuda y enrojeció como un jitomate
Guau, debió de haberte dolido cuando te lo hicieron– dijo ella, que sin poder contenerse, recorría con su dedo índice el borde exterior del dibujo
En realidad no... – el pelirrojo calló. Tenía ganas de decirle que aquello en su espalda no era un tatuaje, que era la marca de su destino que había aparecido en su espalda el día en que le nombraron Caballero de la sagrada armadura de Libra. Pero aquello era imposible
No se siente como ningún tatuaje que yo conozca
¿Has visto muchos?
Uno de mis exnovios... – ella misma se interrumpió
Cállate tonta. No hables de otro frente a él.Él sintió algo que nunca había sentido: la vaga niebla del fantasma de los celos.
Claro, ella es preciosa. De seguro debe de tener muchísimos tipos pretendiéndola
Y eso lo llenó de asombro. No sólo su cuerpo volvía a ser el de un adolescente; en medio de toda su sabiduría y su enorme experiencia de vida, una parte de sus pensamientos también volvían a ser los típicos de alguien que tenía dieciocho años.
¿Tenía un tatuaje? – dijo él tratando de no sonar demasiado interesado
Sí – dijo ella vagamente, tratando de no volver a mencionarlo – y mi hermana se hizo uno hace un par de meses. Pero el tuyo es... es como si el dibujo estuviera por dentro de tu piel.
Es que no es un tatuaje – titubeó al observar la incredulidad en su rostro - quiero decir, es... algo parecido a un tatuaje, pero fue hecho con una técnica muy antigua, por eso no se siente igual
Vaya¿y dónde te lo hicieron?
En Rozan, en China.
¿En serio? Guau, eres más fasci... digo, que tu historia es de lo más fascinante.
Gracias
Yo... – dijo Lina tratando de recuperar su interés "puramente profesional" en él – aquí no hay vendas. Te pondré otras en tu habitación, vamos.
Puso la camisa nueva sobre sus hombros y lo llevó de regresó al edificio central del complejo hospitalario, donde se hallaba su habitación.
Dormía plácidamente, instalado en una de las cuatro camas de aquella habitación, cuando Milo y Aioria llegaron acompañados por Shaina y dos enfermeros que se dedicaban exclusivamente a su cuidado. Los ojos azules de Milo brillaron llenos de peligro al ver a Piscis.
Aioria habría notado y reconocido esa mirada en otras circunstancias, pero no lo hizo. Estaba aún demasiado absorto, recordando cada instante que había pasado junto a su hermano. Su hermano estaba vivo. No podía pensar en otra cosa. Su cabeza daba vueltas mientras pensaba en Aioros que dormía, en Athena que estaba lejos, en Marin que también estaba lejos. Suspiró tratando de controlarse mientras pensaba que los tres estarían a su lado, sanos y salvos. Solo tenía que hacer un pequeño y enorme esfuerzo a la vez: esperar.
Shaina le ayudó a acomodarse en la cama, mientras Akira auxiliaba a Milo, que no le quitaba los ojos de encima a Afrodita. Los enfermeros se marcharon rápidamente, al igual que lo hizo Shaina después de cubrir sus piernas con las sábanas y cobijas de la cama en la que le habían instalado, frente a los caballeros de Piscis y Escorpión. A su lado izquierdo se hallaba una cama vacía, y él quiso creer que su hermano sería el que la ocuparía. Su mente comenzaba a penas a salir de la niebla, y sus pensamientos a tomar forma cuando ella anunció que se marchaba, sin darle tiempo a preguntarle sobre el estado de salud de los demás, en particular de los caballeros de Bronce por los que sentía tanta simpatía. Cerró los ojos un par de segundos, y fue justo cuando la furia de su mejor amigo se desencadenó.
¡Cómo te atreviste a seguirme?
¿Qué? –dijo soñolienta aún la voz suave y aguda del bello caballero de Piscis - ¿De qué hablas Milo?
No hubo respuesta. Milo, siguiendo sus reflejos, extendió su mano derecha. Y entonces nada. Solo un dolor en el pecho. Un vacío. Su cosmos no estaba ahí. La sensación lo alarmó por unos segundos. Su ira estuvo apunto de convertirse en pánico. Pero su enojo era superior a la condición de su cuerpo y a la aparente ausencia de su cosmos, y con sus manos desnudas se avalanzó contra él tratando de ahorcarlo
¡Deberías de estar muerto!
Disimulaban mientras se acercaban, manteniendo un extraño silencio, mientras ambos sentían la misma extraña mezcla de ansiedad por llegar a la habitación y separarse por fin para dejar de disimular, y al mismo tiempo de tristeza por dejar de verse. Pero Lina y Dokho no llegaron a la habitación. Estaban muy cerca cuando algo atrajo su atención: gritos. Y él podía reconocer esas voces...
¡Detente Milo, detente ahora mismo¿¿Qué rayos te pasa?
¡Maldito bastardo¿¿Cómo te atreviste?
Lina abandonó a Dokho, dejando su silla de ruedas en medio del pasillo y corrió hasta alcanzar la entrada de la habitación siguiente. La puerta estaba abierta, y frente a sus ojos se desarrollaba un espectáculo difícil de creer.
Tres pacientes estaban inmersos en algo que no se podía calificar de otra manera que no fuera una pelea. Uno de ellos estaba en cama, mientras otro que apenas se podía tener en pie estaba aferrado a su cuello, tratando de ahorcarlo. Y había un tercero tratando (obviamente sin lograrlo) de detenerlos. La chica de cabellos castaños corrió hacia ellos
¿Qué está pasando aquí¡Deténganse, esto es un hospital¡Y ustedes están internados en él!
¡Milo¡Basta! - gritaba Aioria, tratando de sujetar los brazos del Caballero de Escorpio.
¡Cómo pudiste hacer eso¡Maldito inmundo!
Basta ya- dijo con toda calma e imposición Dokho.
No estaban familiarizados con el tono que ahora tenía su voz, pero el don de mando que poseía era innegable, y les hizo parar de inmediato. Lina dirigió su mirada hacia la puerta, al igual que los otros tres jóvenes hombres. Desde su silla de ruedas, Dokho les dirigía una mirada absolutamente reprobatoria
¿Han perdido la razón por completo?
Yo...
No puedo imaginarme ningún motivo por el cuál pierdan la cabeza y comiencen una discusión de esta magnitud cuando es obvio que ni siquiera podemos mantenernos en pie por nosotros mismos.
Maestro, yo... – dijo Afrodita, arrepintiéndose enseguida al observar que Dokho le reprendía con la mirada por llamarle así frente a alguien que no pertenecía al Santuario.
Lina estaba cada vez más perpleja. Primero la había impresionado enormemente que sin alzar la voz, él, con su sola presencia, hubiera logrado detener la pelea, cuando era obvio que todos se hallaban prácticamente fuera de control. Después, uno de ellos se había dirigido a él llamándolo "Maestro". Y algo dentro de si le decía que la crisis que Sayaka había sufrido justo unas horas antes estaba relacionada también con ellos, con "los chicos Kido", como les llamaban en los pasillos.
Lina¿podría pedirte un favor? – dijo Dokho sonando lo más amable que le era posible a pesar de lo enfadado que se sentía. Después de todo, Lina no tenía nada que ver
Claro
¿Podrías dejarnos a solas por un rato por favor? Yo puedo volver solo a mi habitación, después de todo está aquí al lado.
¿Estás seguro de que no necesitas ayuda?
Si, seguro.
Por supuesto. Entonces... con permiso
Ella se marchó cerrando la puerta tras de sí. El rostro de Dokho se endureció en cuanto ella se fue, y se mostraba ahora duro y severo.
¿A alguno de ustedes tres le molestaría explicarme qué es lo que sucede?
Yo solo trataba de defenderme. A penas estaba despertando cuando Milo comenzó a ahorcarme – dijo Afrodita sinceramente
Aioria¿podrías explicarme?
Aioria no tiene que dar explicaciones Maestro – dijo Milo tratando de serenarse mientras se recargaba contra la pared una vez más, mostrándose humilde ante Dokho como lo hacía solo ante contadísimas personas - Fui yo quien empezó esto, y lamento que fuera aquí, en estas condiciones. Es solo que no me pude contener cuando lo tuve frente a mí –dijo el Escorpión mientras en sus ojos azules refulgían con rencor al mirar de reojo al hermoso Afrodita- Es que no sé que me da más asco; si su cinismo, o pensar que yo alguna vez me he comportado como él – dijo mirando el piso fijamente
¿De qué hablas Milo? - inquirió el caballero de Libra
Hablo de que este hombre no se merece estar entre nosotros. Hablo de que no tienes honor –dijo dirigiendo por fin su mirada hacia Afrodita, repleta de desprecio - Hablo de tu presencia en la Isla de Andrómeda. ¿Por qué fuiste¿Qué hacías ahí?
Afrodita abrió mucho sus hermosos y expresivos ojos azules, mientras los latidos de su corazón se aceleraban.
Desde que despertó supo que ese momento llegaría. Que para todos sería concedido el perdón, menos para él. Había buenas razones, no podía negarlo. Por eso desde el primer instante alejó de sí ese sueño: el sueño de empezar de nuevo...
¿Qué? – dijo Afrodita apenas reponiéndose de la impresión
Contéstame. Fui a la Isla de Andrómeda hace dos años con la consigna de eliminar caballeros que se rebelaban contra el Santuario. Creí que había ido yo solo, pero tu también estuviste ahí¿no es así?
No veo razones para discutir eso ahora. Lo que haya sucedido, ya está en el pasado– dijo Dokho
¡No, no lo está¡Acabo de toparme en el pasillo con una chica que habitaba la Isla y me ha escupido en la cara todo su odio porque cree que entre este imbécil y yo matamos a su Maestro a traición!
¿Qué? – exclamaron los tres
Estaba esperando a Aioria en el pasillo. Hablaba con Shaina cuando se nos acercó una amazona de cabellos rubios. Ni siquiera puedo recordar su nombre, pero se aseguró de hacerme saber que el hombre al que asesiné era su Maestro. Me dijo que era una verdadera lástima que no hubiese muerto durante la batalla, y me preguntó de quién fue la idea de dejar una flor sobre su cadáver. No tuve que pensarlo mucho para llegar a la conclusión de que hablaba sobre ti. Porque fuiste tú¿verdad?
Un leve temblor se alojó en la garganta del caballero mientras respondía
Sí... El patriarca... Saga me envío a vigilarte. Tu sabes que él no confiaba en nadie. Quería asegurarse de que no fallaras en cumplir tu objetivo. Quería a ese caballero muerto a como diera lugar, si no lo hacías tu tendría que hacerlo yo. Y así lo hice...– sonrió con gran tristeza - Pensé que estaba ayudándote a salvar tu prestigio Milo. Pensé también que deberías de estarme agradecido, pues si no hubiera sido por mí no hubieras podido derrotar a un simple caballero de plata
¿Qué?
El te estaba dando demasiados problemas pues era muy fuerte y muy hábil, y yo me estaba aburriendo. Por eso lancé una de mis rosas directamente a su espalda, para ayudarte a terminar de una vez por todas con él – dijo apenas de manera audible
¡Maldito seas¡Maldito y cobarde¡Era mi pelea, tu no tenías que haber intervenido en lo absoluto¡Manchaste mi honor de caballero!
¿Manchar tu honor de caballero? Ay por favor, no me vengas con cursilerías ahora. Tu no tienes honor, eres igual que yo
¡ Bastardo infeliz, te mataré en este momento!
¡Basta¡Contrólate de una vez Milo! – exclamó Dokho comprendiendo la furia de Milo pero desaprobando la violencia con la que pretendía actuar
Dejélo Maestro –dijo con voz clara Piscis, sorprendiendo a los tres caballeros restantes - Está bien Milo. Tienes razón en estar molesto. Y tienes razón también cuando dices que no merezco estar vivo. He cometido tantos asesinatos como el de ese caballero que ni siquiera habría recordado el incidente si no lo hubieras mencionado. Lo maté a traición. Tu peleaste con él de manera justa, pero yo lo hice como un cobarde, lo herí por la espalda. Aunque... ¿cuál es la diferencia? El resultado sigue siendo el mismo. Somos los asesinos de un caballero justo y poderoso. Soy una asesino.
Afrodita sintió como toda su sangre se le iba a los pies al admitir la gran verdad de su vida. Y hizo lo que jamás antes había hecho: derramó una lágrima frente a otros caballeros
Tu actuabas en aquel entonces obedeciendo ciegamente las ordenes de Saga. Para ti ese hombre estaba en contra de Athena; tu deber y el de Milo era asesinarlo... Ser un caballero implica que estamos obligados a proteger lo que para nosotros es sagrado y que hay que pelear hasta la muerte, la nuestra o la del enemigo. Las manos de todos nosotros están llenas de sangre – dijo Dokho suavizando el tono de su voz - A nadie le gusta admitirlo pero así es; si lo vemos desde ese punto de vista todos nosotros somos unos asesinos.
Pero hay una diferenciaentre usted y yo,Maestro. Que aunque era un deber lo disfruté, lo disfruté intensamente. Y estoy seguro de que tu también lo hiciste - dijo dirigiéndose al Escorpión.
Milo lo miró con odio porque sus palabras eran verdad. No siempre, pero hubo alguna vez en que fue verdad. Sus puños se cerraron con fuerza y se mordió un labio lleno de rabia, tratando de contenerse.
Lamento mucho que haya sido así Afrodita. Pero no creo que seas el único en haberte sentido así en un momento dado. Tienen demasiadas habilidades, son demasiado poderosos, casi sobrehumanos, y son al mismo tiempo demasiado jóvenes para asimilarlo sin que la arrogancia haga acto de presencia... Solo puedo esperar que ya no seas esa misma persona. Espero que esta última batalla te haya cambiado de manera interna como lo ha hecho conmigo en la externa.
¿Por qué? – dijo Afrodita sintiéndose desfallecer, desconsolado por el hecho de estar vivo de nuevo y tener que hacerle frente a su vergonzoso pasado - ¿Por qué nos trajo de regreso?
¿Qué dices muchacho? – dijo Dokho, demasiado acostumbrado a su rol de anciano
Comprendo que ella luchara por salvarlo a él – dijo dirigiendo sus azulísimos ojos hacia Aioria – que ha sido leal, valiente y un excelente caballero Dorado en todos los sentidos... comprendo que se esforzara al máximo por ayudar a sus amados caballeros de Bronce, que han estado con ella desde el primer día, que han sobrepasado todos los límites de sí mismos, incluso el de su propio rango. Pero... ¿por qué a nosotros? A Milo, a mí...
Si tanto te obsesiona saberlo, deberías de preguntárselo a ella cuando vuelva. Pero piensa que sí lo hizo debe de haber una buena razón por medio. No la hagas quedar mal. Demuestra que no se equivocó en darte a ti una segunda oportunidad
¿Demostrar¿A Athena?
No. Ella ya cree en ti; estoy seguro de que por eso te trajo de regreso. Hablo de ti. Demuéstratelo a ti mismo Afrodita, a nadie más.
Después del que pareció un larguísimo silencio, Afrodita se atrevió a volver a hablarCreo que no es una buena idea que me quede aquí...
Huir no es la solución a este problema, ni a ningún otro Afrodita.
De todos modos no creo que deba quedarme aquí.
Estoy totalmente de acuerdo con eso Maestro- se apresuró a decir el caballero de Escorpión- ¿No le da gusto que nos llevemos mejor? Ya nos estamos entendiendo
Está bien. Sí eso es lo que quieren le pediré a Lina que te transladen a otra habitación Afrodita. Pero recuerden que ya pelearon todos juntos, hombro a hombro por ella. Morimos juntos por ella. Ahora debemos de aprender a perdonarnos y a vivir juntos. Así que puedes dejar la ironía a un lado Milo, porque eso no nos va a ayudar en nada – dijo Dokho saliendo de la habitación, sintiéndose muy cansado. Y su día todavía le aguardaba más sorpresas...
Abrió los ojos, separó sus labios ligeramente de los de ella y volteó la cabeza hacia el lado derecho, mientras sus mejillas se pintaban de rojo.
Perdona mi atrevimiento Shunrei. Pero no podía dejar pasar esta oportunidad de decírtelo.
Ella estaba azorada, con sus grandes ojos muy abiertos, durante los segundos que le tomó a su mente darse cuenta de que lo que estaba sucediendo era total y absolutamente real. Sus ojos se llenaron de lágrimas de júbilo e incredulidad, y cayó de rodillas al piso, llenando de alarma a Shyriu
Shunrei¿estás bien? Si tu no sientes lo mismo...
Una gran carcajada, como pocas veces se permitía la tímida y reservada Shunrei salió de sus labios.
¿De qué hablas¡Estoy loca por ti¡Oh Shyriu!
Se levantó como impulsada por un resorte y brincó a sus brazos. Todo era borroso para los ojos grises del joven dragón. Sus ojos apenas recuperados y las lágrimas lo convertían todo en ondulaciones y puntos sin definir. Pero no importaba. Ella estaba en sus brazos
Estoy soñando¿verdad?
Espero que no –dijo él aferrándose a ella – ruego que no - Podía sentirla entre sus brazos, que la sostenían de manera algo torpe debido al yeso que el llevaba en la mano derecha. Pero su mano izquierda estaba libre para acariciar su cabello, y de ahí bajar a su rostro – Estás tan hermosa
La alejó ligeramente de sí para tratar de observarla muy bien, y su ceño se frunció levemente por el esfuerzo para enfocar. Recorrió su rostro, y bajó por lo largo de su cuello para llegar a sus senos revelados por su ceñida blusa de cuello alto, y siguió hasta detenerse en su breve y fina cintura. La joven se ruborizó mientras el la observaba
Shyriu¿qué haces?
Verte, solo verte... Es un milagro.
Sí, es un milagro que puedas ver
No hablo de eso. Tú eres un milagro. – dijo mientras con su mano izquierda tomaba su barbilla y la atraía con suavidad pero decididamente hasta su boca.
Ella cerró los ojos, privándose de un sentido para exacerbar todos los demás. Pero el mantuvo los ojos abiertos, para asegurarse de que aquello no era un sueño, tocando con su mano su tersa mejilla, su fina ceja, el terciopelo del lóbulo de su oído. La mujer dormida en el interior de la joven china fue despertada por el calor de sus finos labios. Ella se sobresaltó un poco al sentir que la lengua de él trataba de apartar sus labios, pero se dejó guiar fácilmente. Abrió su boca y sintió el calor que irradiaba su saliva, mientras uno de sus dedos recorría su labio inferior, provocándole algo muy parecido a las cosquillas, pero que era increíblemente sensual. Después la miró directamente a los ojos mientras le hablaba
Te amo Shunrei. Te he amado desde el día en que te conocí. Pero todo ha sido tan rápido en mi vida que nunca me detuve a pensar por un segundo en lo que sentía por ti. Te di por sentado, amor mío. Pensé que siempre estarías ahí, hasta que me di cuenta que era yo el que quizás no volvería. Y cuando pensé que todo estaba por acabar para nosotros, supe que eras tu lo que más anhelaba volver a ver en este mundo. Lo que más anhelaba vivir: tocarte, besarte. Vino a mí como un rayo. Que los días más felices de mi vida los había pasado contigo, que cada recuerdo hermoso incluía tu voz, tu aroma, tu mano tocándome. ¡Oh Rei! Perdóname por haber sido tan estúpido.
Shyriu, no digas eso. Tu estabas cumpliendo con tu deber. Pero nada de eso importa. ¡Estás vivo, puedes ver! Estás aquí y eso es lo único que importa. Ahora podemos ser felices. Tu volviste, el Maestro volvió...
¡Roshi¿Él está bien?
¡Sí! Despertó hace algunos días y... ¡es joven!
Sí– dijo él con una de sus hermosas sonrisas – Fue tan increíble. Yo estaba con él cuando sucedió. El cambió justo frente a mí. Y aunque no podía verlo lo sentí... Todo lo que el transmitía... fue como si una gran lupa lo hiciera crecer y crecer.
Espera a que lo veas... No podía creerlo cuando me llevaron a verlo. ¡Su cabello es rojo¡Y es tan alto¡Oh Shyriu! Estoy completa. Él está bien, tú estás bien – dijo ella perdiéndose en su abrazo – tu estás abrazándome. Nada puede estar mejor en mi vida.
Shunrei...
Mejilla contra mejilla se apoyaban el uno en el otro, amándose. Pero entonces, su corazón le dijo que estaba equivocado, que no todo estaba bien en su vida...
¡Seiya¿Cómo no había pensado antes en él? Ikki lo trajo aquí¿cómo está?
¡Ella había temido tanto ese momento! Sabía perfectamente el fuerte lazo que existía entre ellos dos desde aquel día en el Coliseo. Y sabía lo mucho que afectaría a Shyriu cuando supiese del estado en el que se hallaba el caballero Pegaso. No se atrevía a mentirle, pero podía no decirle toda la verdad. Lo consideraba necesario para su salud.
Sí... si, cálmate. Él está aquí, todos están aquí, siendo atendidos. Está descansando, cómo tu lo debes hacer también
Pero la espada...
¿La espada? Shyriu¿de qué...?
¿Él está bien¿Está sanando? Shunrei dime la verdad
Shyriu – ella bajó la mirada. Y él tomó su barbilla como lo había hecho antes para robarle sus primeros besos. Ahora exigía una tarea distinta de sus labios. Ella sabía que no podría resistir la súplica y la demanda de sus ojos grises ahora sanos,
No me mientas amor
Ella sonrió a medias, sintiendo que su corazón iba a explotar de alegría al saberse correspondida, mientras sus ojos negros se llenaban de lágrimas.
Si me llamas amor, Shyriu... – dijo ella con un sollozo – no puedo mentirte.Seiya está muy malherido – dijo ella alarmándose al verlo ponerse de pie de un modo tan violento – ¿Qué estás haciendo? No vas a ir a ningún lado
¿Qué? – dijo él sintiéndose sobresaltado con ella como no lo había sentido antes
Dije que no. No vas a levantarte de aquí. Tienes que descansar, apenas reaccionaste.
Necesito verlo Shunrei.
Lo harás después Shyriu. Estás débil aún y además no van a dejarte. Debes de descansar y luego...
¡No habrá luego¿No es eso lo que estabas tratando de ocultarme¿Qué no habrá mañana para él?
Shyriu...
Shunrei quiso abrazarlo y consolarlo, pero él la apartó de sí y se puso de pie para alejar las sábanas de él, ponerse de pie y salir de la habitación.
No. ¡Enfermera!
Ella corrió tras él y se detuvo frente a él.
No. No estás listo para verlo, vuelve a la cama
¿Cómo puedes decirme eso?
Porque me importas. No quiero verte sufrir
Basta Shunrei. Basta
¡No! No puedo soportar verte sufrir una vez más
Entonces no vayas. Solo dime dónde está – ella calló mirando hacia otro lado, pero él la tomó de los hombros y la sacudió levemente, lo cual provocó que ella llorara aún más - ¿Dime dónde está!
¡Estás lastimándome!
¡Perdóname Rei¡Perdóname! – dijo él tomando sus manos entre las suyas y arrepintiéndose terriblemente de haberle gritado – yo no quería maltratarte
Esta bien, no fue nada. Solo vuelve a tu cama, deja que busque al doctor Sato para que te revise y luego le preguntaremos si puedes ir a verlo
El la miró con dulzura pero al mismo tiempo lleno de decisión.
No puedes detenerme
Shyriu... ¡Shyriu!- la carcomía el miedo, pues él tenía razón, no podía detener a alguien tan fuerte y determinado. Pero sabía que toda esa fuerza se vendría abajo cuando viera lo que le sucedía a Seiya - ¡Espera! Si tienes que ir... déjame llevarte.
Ella trató tantas veces de decir algo mientras se dirigían a verlo. Pero no supo qué.
Yo...
Pero el ya no podía escuchar su voz. Dejo de oírla en cuanto arribaron a la Unidad de Cuidados Intensivos. Shunrei conocía ya a la mujer que cuidaba la recepción de aquel piso
Buenos días. Venimos por el paciente del cubículo 2.
No pueden pasar ambos
Es él quien viene a verlo
Tendrá que esperar, están curándolo.
Pero Shyriu ya las había dejado a ambas detrás. Sus ojos iban de una persona a otra mientras caminaba por una primera sección de aquel piso, donde se hallaban hombres y mujeres acostados en camas rodeadas por muchos aparatos. Pero él no estaba ahí, y su ansiedad se hacía más grande con cada paso que daban sus largas y débiles piernas. Así que continuó hasta unas camas aisladas en pequeñas habitaciones. Pasó por los primeros dos cubículos sin verle hasta que se detuvo, mientras el frío se apoderaba de su ser. Retrocedió, lleno de pánico al pensar que no lo había reconocido al verle la primera vez.
Porque Seiya estaba en el cubículo número dos.
Dos enfermeras especializadas en pacientes de la Unidad manipulaban su cuerpo inerte, después de haber combatido una nueva crisis febril y de lograr que su temperatura descendiera. Habían limpiado todas sus heridas con muchísimo cuidado, reemplazado la gasa y la venda que cubrían las nueve puntadas que llevaba en la esquina de su frente, los vendoletes de las heridas en sus resecas manos y brazos, y puesto antiséptico en todas ellas, en particular en la más grande, la que se rehusaba a cerrar, la que podría estar infectándose para poner su vida cada vez más cerca del final.
Estaban a punto de terminar. Una de ellas lo mantenía sentado, colocando una mano en su cintura mientras la otra sujetaba suavemente su nuca, mientras la otra enfermera cubría prácticamente todo su pecho con un complejo vendaje que comenzaba desde la cintura. La segunda enfermera concluyó su labor y entre las dos lo colocaron con mucho cuidado en el colchón, se aseguraron de que todos los cables y sondas estuvieran bien colocados, lo cubrieron con las sábanas y salieron mirando compasivamente a los dos jovencitos que observaban por la ventana al adolescente comatoso.
Parpadeó con mucha fuerza, deseando que sus ojos estuviesen débiles aún, que le mostraran una realidad distorsionada por culpa de daños permanentes en sus retinas.
Porque él no era su mejor amigo. No podía serlo. Era tan delgado. Se veía tan frágil. Tan indefenso. Tan pequeño. Su piel tan blanquecina, sus mejillas hundidas, las ojeras terriblemente marcadas, los labios partidos. Los brazos llenos de marcas hechas por muchísimas agujas, sus venas cansadas. No podía ser él. No podía ser el mismo que podía lanzar meteoros con sus puños. No podía ser el mismo que había herido al mismísimo Dios del Inframundo.
Pero sí podía ser el chico que fue atravesado por su espada.
Sus piernas dejaron de soportar el peso de su cuerpo y tuvo que detenerse en el marco de la puerta
Seiya..
¡Shyriu¿Estás bien?
¿Cómo puede estar tan mal? –dijo él sintiendo que se iría directo al piso
Está en coma desde que Ikki lo trajo. La hemorragia fue muy intensa, sus órganos están muy dañados. Tiene muchos problemas para respirar por si mismo, y es muy probable que sus heridas se estén infectando...
Pero él...
Él no va lograrlo
No – dijo Shyriu con una obstinación que el propio Seiya le había enseñado -No lo conocen. Tú no lo conoces. Él va a sobrevivir – dijo él abriendo la puerta para llegar hasta él.
Señorita no debería de entrar... – dijo la jefa de piso que no había perdido de vista a Shyriu y a Sunrei.
Necesito que mande por alguien – repuso ella
Pero él tiene que salir, el paciente...
¡Por favor! Él no se marchara así tratemos de sacarlo a rastras de aquí. Por eso le pido que traigan a una persona. Su nombre es Dokho, es uno de los protegidos de la señorita Kido, está en la habitación 304. Él lo convencerá
La enfermera volteó a mirar a Shyriu, que contemplaba en silencio al paciente más enfermo de toda la unidad. Él era muy alto, joven y de apariencia atlética, y lucía muy perturbado. Presintió que Shunrei tenía razón, que él no saldría de ahí por más que tratara de hablar con él.
Está bien. Voy a mandarlo a llamar
Shunrei se acercó sigilosa para entrar a la habitación y tratar de razonar con él.
Shyriu se paró al pie de su cama, mientras los recuerdos se agolpaban en su mente. En esa misma posición había comenzado su amistad, hacía tres años, cuando mantuvieron su primer charla amistosa después de su enfrentamiento en el Torneo Galáctico. Seiya había ganado, pero había resultado mucho más lastimado así que el Dragón lo fue a ver a su habitación en cuanto le fue posible. Pero aquella vez fue distinto. Aquella vez Seiya estaba despierto, con los ojos llenos de alegría, brillantes y agudos, con una sonrisa a flor de labios pues los niños y su amiga Miho le habían ido a visitar. Aquella vez, a pesar de estar en el hospital, a pesar de la intensa hemorragia y de los golpes, estaba vivo. Vivo.
Shyriu, ya lo viste. Vámonos.
Déjame, por favor. Quiero estar a solas con él
No te hace bien estar aquí
Él es mi mejor amigo – dijo Shyriu con la mirada clavada en los párpados cerrados del moreno
Pero apenas acabas de...
Yo estoy bien¿no te das cuenta? Respiro, estoy de pie, estoy conciente. Puedo ver – dijo mientras dos lágrimas brotaban de sus bellísimos ojos grises – no me pasará nada malo. Solo quiero estar aquí un rato
No Shyriu. Acabas de pasar un mes inconsciente. Te operaron dos veces y has recibido varias transfusiones. Estás muy débil aún. Y Seiya no te puede oír
Eso no es cierto. Él me oirá. Él siempre me ha escuchado.
Tienes razón Shyriu.
Un sollozo salió de la garganta de Shyriu al escuchar su voz, que era un bálsamo de alivio para su adolorida alma. Dirigió su tristísima mirada hacia la puerta, y ahí le vio. Sus ojos eran los mismos, llenos de amor, sabiduría y comprensión.
Es un joven terco a veces, pero si a alguien escucha, es a ti.
Maestro...
No había error alguno. La información era correcta del todo. Ikki lo había dicho, las fechas coincidían, las fechas del fin de los mayores desastres naturales que habían sucedido recientemente y las fechas de su ingreso al hospital de la Fundación. La naturaleza de sus heridas, inexplicables e imposibles. La rapidez con la que se habían recuperado casi todas las veces.
Sayaka se dejó caer pesadamente en el respaldo de la silla reclinable en la que se hallaba sentada, después de haber revisado cuidadosamente los archivos médicos de todos ellos. Su cabeza daba vueltas.
Porque ella jamás había dado crédito a las cosas extraordinarias.
Y ahora un mundo extraordinario aparecía frente a sus ojos. Un mundo increíble, pero del todo real.
Una vibración la sacó de sus pensamientos. Su beeper indicaba una emergencia. Y las venas de su cráneo se contrajeron aún más. La emergencia era en el cuarto de Shun.
Corrió por los pasillos sintiendo que las paredes se le venían encima y se cerraban a su paso, que la distancia se estiraba y extendía como si fuese una goma de mascar.
Por fin llegó al ala de psiquiatría, y a la entrada se hallaba Akira.
¿Qué le pasa! – dijo ella preguntando al tiempo en que entraba a la habitación
Una de las enfermeras de psiquiatría vino a ponerle la dosis que usted indicó y enseguida comenzaron a bajar sus signos vitales
Sayaka revisó sus pupilas, que se hallaban dilatadas.
Localicen al doctor Hayakawa ahora mismo. Es un shock anafiláctico. Shun, resiste. Maldita sea ¡Shun! Vamos a llevarlo a emergencias en este instante. Avisen que a Shun Kido se le está cerrando la garganta y no puede respirar...
La puerta de la habitación se abrió con lentitud. Por fin lo había localizado. Lo tenía ahora frente a sus ojos, hermoso y sereno. Una sonrisa le llenó e iluminó el rostro.
El sintió la fuerza de su mirada sobre sí y volteo a verla.
Fue un instante mágico.
Ariadna, la gran hechicera de Asfodelos, servidora de Perséfone Señora del Inframundo, y Mu, el Caballero guardián de la Primera casa del Santuario de Athena cruzaban miradas por primera vez...
¡Aquí estoy amigos! No, no me raptaron los alienígenas ni andaba de parranda, lo que pasa es que he andado increíblemente ocupada. Pero bueno, aqui estoy con el capi 21 el cual lamento muchísimo haber tardado tanto en terminar. Más de la mitad de las escenas estaban listas desde mediados de enero pero no me acababa de gustar del todo el capi y le anduve cambiando detalles aquí y allá hasta llegar a publicarlo el día de hoy. Espero que sea de su agrado y les aviso que el 22 va muy avanzado y espero subirlo en dos semanas a más tardar. Y es que ando involucrada en un montón de proyectos y ahora sí,avanzando en serio ymuy en formacon la tesis y pues con todo eso ya casi no paso tiempo en casa para sentarme a escribir, pero ahi vamos, esta historia no se detienen, nomás no pierdan la paciencia.
Les agradezco infinitamente por sus comentarios y su apoyo incondicional pese a todo el tiempo que los dejé en vilo sin dar señales de vida, pero sobre todo a Majito que ya hasta se andaba preocupando por mi salud, jijiji. A Gilraen-Shaulah, a Zen,a Battousai-clau, a Patin, a Legendary, a todos todos todos, desde aquellos como Shadir que desde que subi el primer capi están al pendiente como aquellos que es la primera vez que dejan un review, a todos les agradezco por el detallazo de darme sus opiniones y por decirme cosas tan amables, lindas y halagadoras. Mil gracias de todo corazón. Respondiendo a algunas cosas que me dicen, sobre Jabu y Afrodita, pues lo de ellos no va por el terreno romántico, tengo otros planes para ambos. Ya verán en el capi siguiente. Akagi, espero que te agrade lo que puse sobre Sorrento y Kanon, pero ten paciencia, sus mejores momentos todavía están por venir. Y espero me dejen muchos comentarios sobre este capi.
Y de avance les cuento que viene más sobre Milo y Aioria, Shunrei,Shyriu y Dokho, obviamente Shun, Sayaka e Ikki, Seika, Flher, Hilda, Julián, Seiya, Saori, Ariadna, Mu y más (espero que me entre todo eso en un solo capi, jijiji).
Un besote para todos y hasta muy pronto
Fuego.
