Capítulo 21: Cita

-No quiero que vayas -dijo Lexa frunciendo el ceño.

Clarke no pudo evitar suspirar por décima vez en menos de 30 minutos.

Hacía tres semanas que había ocurrido el accidente y esa misma noche había sido el día acordado para su cena con Finn.

Clarke no iba a mentir, lo último que quería era acudir a esa cena, pero aparte del hecho de que lo había prometido, no estaba de más darle las gracias a Finn por ayudarla.

La vida había sido un poco ajetreada, no solo con el juicio que ya se había realizado y donde descubrieron que el profesor Pike sufría de problemas mentales y que había estado ocultándolo y sin medicarse durante años. Ni siquiera sabían cómo habían tardado tanto en descubrirlo. Por suerte el juez lo sentenció a 20 años de cárcel por agresión, allanamiento, destrucción de la propiedad privada y una larga lista de delitos en los que se había visto involucrado.

Fue un alivio, tanto para Lexa como para el resto de las chicas, que estuvieron con el alma en vilo hasta que la sentencia fue dictaminada.

Otra de las suertes que tuvieron es que Lexa enseguida fue enviada a su casa con la promesa de guardar reposo todo lo posible. Os podéis imaginar lo difícil que había sido conseguir que lo hiciera.

Consiguió estar dos días descansando, pero al tercero su mente estaba demasiado inquieta y a pesar de que Clarke estaba con ella todo el tiempo que le permitían sus estudios, se aburría como una ostra el resto del tiempo.

Sus heridas habían ido curando lentamente, pero sin pausa. Aun sentía una molestia en sus costillas, el brazo seguía escayolado y los puntos en su cabeza ya habían sido retirados. A pesar de eso aún le quedaba un largo camino para estar en completa forma de nuevo y si de algo carecía Lexa, era de paciencia.

Sobre todo, cuando veía como Clarke se preparaba para su cita deseando ser ella la que la sacase a cenar o la que la llevase a la cama para hacerla gritar una y otra vez.

Esa era otra de las cosas que hacía que Lexa se desesperase. Entre su brazo y el dolor apenas habían podido llegar a intimar. Había habido besos, tocamientos suaves, algo de sexo oral, pero nada como lo que estaba acostumbrada con la rubia. Ella quería follarla sin fin, hacerle gritar su nombre, inmovilizarla en la cama y penetrarla hasta que perdiese el conocimiento, pero el maldito brazo y sus costillas no opinaban igual.

Estaba frustrada de muchas maneras diferentes y aquella cita era la gota que colmaba el vaso.

-Quédate conmigo -le pidió Lexa de nuevo, incorporándose del sofá en el que estaba tumbada en casa de la rubia y mirándola haciendo un puchero.

Clarke no pudo evitar reírse y acercarse a la morena empujándola suavemente para que se volviese a tumbar mientras colocaba de nuevo las compresas frías que se encontraban en sus costillas para ayudar en su curación.

La besó con suavidad, inclinándose sobre ella, pero rápidamente sintió la mano libre de Lexa deslizándose por su cuello y profundizando el beso.

-Me encanta cuando te pones celosa -murmuró Clarke contra sus labios con una traviesa sonrisa.

Automáticamente Lexa frunció el ceño separándose para mirarla.

-Yo no estoy celosa -murmuró.

- Ah, ¿no? -preguntó Clarke sonriendo aún más.

-No -respondió Lexa frunciendo más el ceño.

- Así que no te importará si paso la noche fuera, ¿verdad? -dijo Clarke para molestarla.

Clarke se sorprendió cuando un gruñido se escapó de los labios de Lexa y estrelló sus labios contra los de ella, besándola con fuerza y posesividad.

Clarke gimió en el beso apoyándose en el sofá debajo de Lexa para no cargar su peso sobre la otra. Sintió como la lengua de la morena rápidamente invadió su boca para después salir igual de rápido solo para que sus dientes mordiesen el labio de Clarke haciendo que volviese a gemir.

Clarke se dejó llevar, disfrutando de la pasión que demostraba Lexa en ese momento. Esas tres semanas tampoco habían sido fáciles para ella respecto al tema sexual. Tenía un miedo constante de hacerle daño a Lexa y eso la cohibía para mostrarse libre y relajada.

Pronto sintió como los labios de Lexa abandonaban el ardiente beso solo para deslizarlos por su mandíbula hasta su cuello mordiendo su punto del pulso para después chuparlo con fuerza. Un fuerte gemido se escapó de los labios de Clarke mientras inclinaba la cabeza para darle mejor acceso a Lexa.

Lentamente Lexa se separó, lamiendo por última vez la zona y después la miró con una gran sonrisa en su rostro.

Clarke al ver esa sonrisa no pudo más que abrir la boca totalmente sorprendida.

- ¿Me acabas de marcar para que Finn sepa que soy tuya? -preguntó incrédula.

-Si -dijo Lexa sonriente.

Clarke se quejó, empujándose para incorporándose mientras negaba con la cabeza.

-Eres increíble -dijo pasándose los dedos por el chupetón.

-Ey… -murmuró Lexa llamando la atención de Clarke y borrando su sonrisa de golpe.

Clarke la miró dejando escapar un largo suspiro mientras fruncía el ceño.

-Lo siento -susurró Lexa avergonzada- Pensé que te gustaba cuando te hacía chupetones.

Las dudas y complejos comenzaron a invadir a Lexa. ¿Y si Clarke ya no sentía lo mismo por ella? ¿Y si ahora que no podía dominarla como antes había perdido el interés en ella? ¿Ya no la excitaba? ¿Solo estaba con ella por pena por lo ocurrido?

Clarke vio como cada una de esas dudas pasaban por la mente de Lexa a través de sus ojos, que transmitían cada emoción que sentía la morena.

Rápidamente se acercó a ella de nuevo, cogiendo su rostro con sus manos y mirándola a los ojos.

-Lexa… -dijo con suavidad viendo la tristeza y duda en sus ojos- Me encanta cuando lo haces, pero no tienes que hacerlo para demostrar que soy tuya -la besó suavemente y después se separó para seguir mirándola- No he luchado tanto para darnos una oportunidad solo por el sexo. Sé que es frustrante no poder hacerlo como antes, pero me encanta pasar tiempo contigo, aunque solo sea las dos sentadas en el sofá cada una a lo suyo -sonrió dulcemente mientras le acariciaba la mejilla- Eso me llena más que cada momento que pasé con Finn.

- ¿En serio? -preguntó Lexa aun con dudas en su mirada.

Clarke suspiró volviendo a besarla, esta vez con una dulzura que intentaba transmitir todo lo que sentía en su interior.

- En serio -le aseguró al separarse de sus labios.

-De acuerdo -murmuró Lexa asintiendo levemente- Pero si intenta algo, dímelo y le romperé la escayola contra sus huevos -añadió frunciendo el ceño de manera protectora.

-Lo tendré en cuenta -dijo Clarke entre risas.

Se separó de ella levemente para mirarle las compresas que aún seguían contra sus costillas, las tocó notando que ya no estaban frías y se las quitó. Su madre le había recomendado colocarle las compresas frías para mitigar el dolor y la hinchazón en sus costillas rotas y dado que Lexa seguía negándose a tomar algún medicamento para el dolor, aquello era lo único que parecía aliviarle un poco las molestias.

-Recuerda volver a ponértelas antes de acostarte -le dijo mientras se levantaba para guardas las compresas en el congelador de nuevo.

-No voy a acostarme hasta que vuelvas -le aseguró Lexa frunciendo el ceño.

-Necesitas descansar Lexa, yo estaré bien.

-Me da igual -hizo un mohín.

- ¿Alguna vez te han dicho que eres una enferma horrible? -dijo Clarke entre risas mientras se acercaba de nuevo.

-No, nunca -Lexa sonrió ampliamente.

-Mentirosa -Clarke giró los ojos, pero sin perder la sonrisa.

Justo en ese momento la puerta del apartamento se abrió y Raven y Anya entraron cargadas de bolsas que dejaron en la cocina.

- ¿Me habéis traído mis golosinas? -gritó Lexa a las otras dos.

Anya regresó al salón y lanzó una bolsa grande de gominolas sobre la mesa frente a Lexa.

-Aquí tienes, pesada -gruñó.

-Estoy enferma -le recordó Lexa cogiendo sus gominolas emocionada.

-Gracias a dios que no te pones enferma muy a menudo -espetó- Pareces una embarazada con caprichos. Estoy harta de recorrerme toda la ciudad para comprarte cosas -se cruzó de brazos mirándola.

-Es que me aburro -murmuró Lexa metiendo un puñado de las gominolas en su boca.

Anya alzó las manos exasperada y regresó a la cocina para colocar las cosas junto a Raven.

-Pórtate bien con ellas -le recordó Clarke colocándose la chaqueta para salir dentro de poco.

-No soy una niña pequeña -Lexa frunció el ceño aun con algunas gominolas en su boca.

Clarke la miró alzando una ceja mientras sonreía sin poder evitarlo.

-Con tu comportamiento ahora mismo, me habías engañado por completo -bromeó Clarke.

Lexa hizo un mohín y Clarke rápidamente lo eliminó con un beso.

En ese momento el timbre del apartamento sonó, haciendo que todos se congelasen en el acto. Nadie dio signos de tener intención de abrir, así que con un largo suspiro Clarke se acercó a la puerta abriéndola para encontrarse a Finn sonriendo ampliamente.

-Hola -dijo el chico.

Rápidamente detrás de Clarke apareció Raven, que se apoyó en la pared fulminándolo con la mirada con los brazos cruzados, no tardó en colocarse detrás Anya, y Lexa apareció caminando con lentitud hasta situarse detrás de Clarke, cogiendo su cintura con suavidad.

-Finn, vamos a dejar una cosa clara -comenzó a decir Raven- Agradecemos tu ayuda, pero como le pongas las manos encima a Clarke, te romperemos cada uno de tus dedos -sentenció.

-Incluido el de tu entrepierna -puntualizó Anya señalando con la cabeza el lugar en cuestión.

Finn borró la sonrisa de su rostro con rapidez, removiéndose incomodo por la agresividad hacia él en ese momento.

Lexa no pudo evitar que una amplia sonrisa se formase en su rostro. Besó el cuello de Clarke con suavidad haciendo que la rubia se girase para mirarla.

-Descansa, ¿de acuerdo? -le recordó Clarke.

-Tú ten cuidado -le pidió Lexa después de asentir a la petición de la otra.

-Eh… -comenzó a murmurar Finn intentando encontrar las palabras, pero después de unos segundos simplemente sacó una de sus manos que tenía detrás de su espalda y le entregó una rosa a Clarke- Para ti.

-Gracias… -susurró Clarke confundida mientras sentía como Lexa se tensaba a su lado- Pero no me gustan las flores -le recordó.

-Oh, cierto -bajó la mano con la que le ofrecía la rosa, incomodo- Lo había olvidado.

Clarke giró los ojos y cogió su bolso junto con las llaves del apartamento.

-Acabemos con esto cuanto antes -murmuró Clarke.

Antes de salir se giró y besó a Lexa dejándole claro a Finn con quien estaba en realidad. Lexa sonrió contra sus labios y llevó su mano libre a su trasero, apretándolo con suavidad para que se pegase más a ella.

-Ten cuidado -repitió al separarse.

-No te preocupes -picoteó sus labios una vez más y salió por la puerta haciendo que Finn la siguiese como un perrito faldero.

Lexa cerró la puerta cuando la perdió de vista y un profundo suspiro se escapó de sus labios ante la atenta mirada de Anya y Raven.

-Parece mentira que esta sea la misma Lexa que no quería tener nada que ver con Clarke -murmuró Anya divertida- "Ya disfrutaré de la vida cuando trabaje en un gran bufete de abogados", decía.

Raven comenzó a reír y Lexa gruñó molesta mientras caminaba de regresó al sofá, donde se tumbó.

- "Una chica así nunca saldría con alguien como nosotras" -siguió molestándola Anya mientras la seguía al salón.

-Anya, ya basta -gruñó Lexa mientras sus dudas comenzaban a aparecer de nuevo.

Anya se sentó el sillón a su lado, mirándola.

- No te tienes que preocupar por ese chico -le recordó- Clarke está loca por ti. Por dios, si hasta se enfrentó a un loco perturbado por ti -dijo riéndose ligeramente.

-No me gusta que salga con él -dijo Lexa frunciendo el ceño- A ti tampoco te gustaría que Raven saliese con él, ¿A qué no? -preguntó con sorna.

En ese momento Raven entró en el salón con una cerveza en su mano y las miró confundida.

- ¿Salir con quién? -preguntó.

- Con Finn -le aclaró Lexa sin dejar de mirar a Anya que se había vuelto roja de la ira solo de pensarlo.

- No, no me gustaría -reconoció Anya.

Raven la miró sorprendida.

- No sabía que fueras tan celosa -bromeó Raven.

- No es por celos -Anya la miró- Ese chico te hizo daño y también a Clarke, no me gustaría que estuviese en tu vida alguien como él.

- Exacto -dijo Lexa con una sonrisa de suficiencia.

Anya se giró para volver a mirarla alzando una ceja.

-Tú eres una celosa indomable, no mientas.

-Bueno, quizás un poco -Lexa desvió la mirada suspirando- Ahora dejarme tranquila que tengo que descansar -volvió a coger su bolsa de gominolas.

Anya y Raven se miraron durante un instante y la morena no dudó en sentarse en el regazo de Anya besándola con suavidad.

-Me encanta que te preocupes por mí -murmuró Raven contra sus labios para después volver a besarla.

Anya correspondió al beso mientras acariciaba la cintura de la otra.

Tanto Anya como Raven ya habían hablado de su pasado. Anya le había contado como había sido vivir en aquel centro de acogida, como luchó por salir adelante cuando a los 18 años la echaron de allí y como siempre tuvo un ojo sobre sus amigos, asegurándose de que estaban bien. Si había algo que podía definir a Anya, era protectora, y lo que más necesitaba era alguien en quien confiar.

En cambio, Raven le había contado la perdida de sus padres y lo mal que lo había pasado con sus tíos. Su relación con Finn y su amistad con Clarke que la había salvado. Raven era una persona leal, pero sobre todo era una persona que necesitaba sentirse protegida y por eso mismo eran la pareja perfecta.

-Me estáis dando nauseas -dijo Lexa de repente rompiendo el momento.

Anya giró los ojos y luego la fulminó con la mirada.

-Deja de molestar.

- ¿No podéis iros a otro sitio a hacer eso? -preguntó comiendo una gominola.

- ¿Tienes envidia? -dijo Raven alzando una ceja divertida.

-Somos tus niñeras, te recuerdo -dijo Anya.

-No necesito niñeras -gruñó Lexa.

-Le prometimos a Clarke que te cuidaríamos y no sé tú, pero yo no quiero ser el centro de su ira si te llega a pasar algo -dijo Raven sonriendo aún más.

-Os odio -Lexa hizo un mohín y siguió con su vicio, comiendo gominolas.

-Mentirosa -respondió Anya volviendo a besar a Raven mientras Lexa soltaba un gran gruñido de molestia.

Varias horas más tarde, Lexa aún seguía en aquel sofá, con la mirada perdida en la ventana frente a ella. Anya y Raven se habían retirado a la habitación de la morena, dejando a Lexa sola mientras se moría de impaciencia porque Clarke regresase.

Cuando se había acabado la bolsa con las gominolas había comenzado a caminar por la casa, incapaz de estar quieta, pero pronto el dolor de sus costillas hizo que tuviera que volver a tumbarse mientras maldecía en voz baja lo débil que era en esos momentos.

Cada poco su mirada se desviaba al reloj, el cual parecía reírse de ella yendo cada vez más lento.

Su desesperación iba en aumento a cada minuto que pasaba.

Había esperado que Clarke estuviese en casa temprano, deseosa de deshacerse de aquel chico, pero en cambio las horas pasaban y no había ni rastro de ella.

Cuando ya Lexa estaba a punto de llamarla por teléfono para saber si estaba bien, escuchó como se abría la puerta del apartamento.

Se incorporó con rapidez mirando en dirección a aquel lugar, ignorando el dolor por el movimiento repentino y con el miedo invadiendo todo su cuerpo.

¿Si había estado tanto tiempo significaba que lo había pasado bien? ¿Y si volvían a congeniar y Clarke decidía intentarlo de nuevo? ¿Y si la rubia seguía queriéndolo? Esas y otras muchas preguntas llevaban atormentando a Lexa durante ese tiempo que había estado esperándola.

Clarke de repente apareció ante ella, mirándola con una tímida sonrisa en su rostro y haciendo que el corazón de Lexa se parase intentando saber que iba a ocurrir a continuación.

Sin decir absolutamente nada, Clarke recorrió el poco espacio que las separaba y cogiendo el rostro de la otra con sus manos, la besó con fuerza.

Lexa soltó el aire que había contenido y correspondió a aquel beso aun con el miedo recorriendo su cuerpo.

Cuando Clarke se separó y la miró a los ojos con aquel brillo especial que solo aparecía cuando la miraba, sintió como sus piernas comenzaban a temblar.

- ¿Qué pasó? -consiguió formular Lexa.

-Me alegro de haber salido con él -comenzó a decir Clarke y Lexa automáticamente desvió la mirada, herida.

Clarke, aun con las manos en su rostro hizo que la volviese a mirar.

-Me alegro porque ha hecho que me dé cuenta de que te quiero -confesó.

El corazón de Lexa pasó de haberse parado, a desbocarse por completo, golpeando su pecho con fuerza ante esas simples palabras mientras se quedaba completamente sin habla.

Clarke al no recibir respuesta su expresión cambió. Se mordió el labio ligeramente incomoda y se alejó.

-Lo siento -comenzó a divagar- Sé que puede que sea muy pronto para decirlo, pero me siento tan completa contigo… -se pasó la mano por el pelo mientras miraba a cualquier lado menos a Lexa- puede que tú no sientas lo mismo, pero yo tenía que decirlo y…

Su divagación fue interrumpida por los labios de Lexa, que la besó con desesperación.

Clarke gimió contra sus labios, sorprendida, pero enseguida se relajó contra ella, haciendo que el beso se volviese cada vez más suave hasta que solo sus labios se rozaban. Lexa suspiró y apoyó su frente contra la de la otra abriendo los ojos para mirarla.

-Te quiero -susurró y automáticamente una enorme sonrisa apareció en el rostro de Clarke provocando que la morena sonriese también sin poder contenerse.

- ¿En serio? -preguntó Clarke débilmente.

-Dios, si -dijo Lexa haciendo reír a Clarke- Eres tan maravillosa, tan buena, amable a la vez que fuerte y firme. Eres la mujer perfecta para mí, Clarke -confesó- Me alegro de que no te rindieses conmigo, sino no sé qué habría sido de mi sin ti.

Clarke se había quedado sin palabras, así que hizo lo que mejor sabía, transmitir lo que sentía con hechos, la besó sin poder borrar la sonrisa de su rostro y Lexa no dudó en corresponderla.

Lexa aún no terminaba de creerse, que de repente su vida tuviera tanta suerte.

Después de la tormenta, llega la calma, pero ¿Cuándo duraría?


Sinceramente me estaba aburriendo un poco con el tema Pike, así que decidí adelantar un poco los acontecimientos.

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SaraChana1