/Domingo 17 de Febrero del 2008/
Zona Residencial
Doflamingo se paseaba completamente cabreado en el centro de su despacho, incluso le resaltaban de las sienes algunas venas por la presión de su sangre hiriviendo en ira. Tenía el ceño fruncido y casi había acabado con su sillón favorito de no ser porque Vergo lo contuvo con las palabras.
Desde que llegó a Japón, su teléfono no había dejado de sonar: la prensa quería entrevistarlo por la libertad de su hermano. Obviamente era algo que no podía hacer, porque por primera vez, la situación se le estaba saliendo de las manos, pero eso no significaba que se iba a dar por vencido. Nadie podía derribarlo de su puesto.
Por sí no fuera poco, no le bastaba con eso. Law no estaba en casa y según le había dicho Monet, el niño estaba en casa de Kid, pero lo que no terminaba de entender era: ¿por qué cojones no se lo dijo personalmente? No era propio del niño irse así, sin despedirse de Doflamingo y sin darle una buena sesión de sexo. Quizá por ahora ese era un problema que podía pasar, pues tenía peores cosas que antender, porque si lo hacía, perdería el control total de su sobrino y no estaba dispuesto. Ya que Law seguía siendo su única arma; sabía que su hermano Corazón no intentaría nada sí lo chantajeaba con su hijo y eso es lo que haría, así aprovechaba para castigar al mocoso por fugarse indirectamente a casa de su amigo pelirrojo ese.
Sí hubiese sido otro momento, ahora mismo el rubio iría a traer a Law a rastras de dónde estuviese con su amigo, pero tenía cosas que pensar ahora en el embrollo que estaba metido. La corte judicial de América le informó la fianza que alcanzaba Corazón, que eran millones y aun así pudieron pagarla, pero, ¿quién? ¿Quién era la persona que osaba desafiarlo? ¿Tan poderosa era como para tener gran cantidad de dinero? Obviamente, Doflamingo sí la tenía y no creía que alguien más aparte de Kaido o Cocrodile tuviera tanto dinero.
Ni si quiera sabía el lugar donde su hermano se había ido y no podía rastrearlo.
—Monet, necesito que encuentres a Corazón lo antes posible, sí esta libre, mi única opción es matarlo —dijo Doflamingo con seriedad y la voz terriblemente amenazante.
Antes había dejado vivir a su hermano por mero capricho y para regocijarze de su sufrimiento, pero ahora no podía seguir haciéndolo, debía matarlo. No solo por él, sino por Law. Las posibilidades eran minímas, pero sí Corazón encontraba a su hijo… Al menos contaba que el ojigris odiaba a su padre.
—Joven amo… —la voz de Monet tembló y sus ojos se abrieron desorbitados al estar tecleando en la computadora portátil.
— ¿Qué pasa ahora? —inquirió Vergo al ver la expresión de la mujer de cabello verde.
—Nuestros recursos… han bajado —susurró Monet lo más firme posible y luego con cierto temor, alzó los ojos para ver a su maestro—. La cuenta del banco que tenía en México ha sido vaciada en su totalidad —informó.
Si la ira que sintió Doflamingo en esos momentos fuese fuego, la ciudad estaría en llamas.
— ¡¿Ah?! ¡¿Cómo que esta vacía, Monet?! —exclamó y cortó la piel de la chica, arrebatándole la computadora.
Ahí en la pantalla lo decía claro: la cuenta estaba vacía. La cantidad de dinero que tenía ahí era un poco más a lo que costó la fianza de su hermano y no le llevó mucho atar los cabos.
¡Utilizaron ese dinero para liberarlo! Pero, ¡¿cómo?! Los únicos que sabían la manera de retirar dinero del banco era el mismo Doflamingo, Vergo, Monet y Crocodile, solo ellos. Se necesitaba de una gran inteligencia teconólogica para burlar la seguridad con que se guardaba ese dinero. ¿Quiera era capaz de algo como eso?
Definitivamente, Doflamingo mataría sin piedad alguna una vez supiera quienes estaban haciendo esto.
Los mataría sin importar si ahí estaba su hermano.
Edificio Departamental
El cuerpo de Law seguía temblando y aferrado al cuerpo de Zoro. Ninguno quería separarse, tanto así que cuando la comida llegó, este último gritó que dejará la comida ahí fuera y lanzó su billetera por debajo de la puerta sin importarle si el empleado se llevaba todo su dinero. Al parecer fue su día de suerte, pues la misma billetera pasó por debajo y el chico que les llevó la comida respondió con un amable "gracias" y se fue.
—No quiero…, no te vayas, Zoro-ya —murmuró Law con la voz asustada.
El aludido se sentía tremendamente impotente. En todo el tiempo que llevaba conviviendo con Law jamás lo había visto así, completamente en shock, indefenso y débil. Maldición, no le gustaba verlo así, quería hacer algo, pero no sabía como ayudarlo ahora.
—Aquí estoy, no me iré a ningún lado —le respondió Zoro, acunándolo entre el abrazo y acariciándole los cabellos.
El niño estaba que no se lo creía. Pensó que Doffy lo había librado del demonio que tenía por padre, pero al parecer no era así, ni siquiera su maestro pudo detenerlos, ¿entonces quien lo haría? Ya no quería que la misma historia se repitiera, no quería que esa monstrosidad que tenía por padre le terminara arrebatando la felicidad.
El miedo no le dejaba reaccionar, que incluso en su mente comenzaron a repetirse varias escenas de su pasado caótico cuando solo tenía escasos dos años. Las imágenes eran borrosas, aunque los gritos y llantos de ese momento estaban más que claros. Negó.
—Mamá… —masculló entre lágrimas Law.
Era la primera vez que el niño se mostraba más niño que antes, tan frágil…
Zoro no pudo más. Le sujetó con dulzura el rostro, para verlo a los ojos, poniendo todo el intenso poder de su mirada en esos ojos grises ahora empapados en lágrimas.
—Escúchame bien, Law —habló Zoro con una determinación increíble—: yo estoy aquí, no me iré a ningún lado, ¿entiendes?
El pequeño le miró con los ojos muy abiertos, aquella mirada negra y tan profundamente hermosa, le trasmitió la seguridad que había perdido en esos momentos. No se resistió más y se lanzó a besar al peliverde casi con ansiedad.
Mismo ósculo fue correspondido por Zoro y al sentir la desesperación del menor; le rodeó la cintura con el brazo derecho y con la mano zurda le acunó el rostro, volviendo aquel beso en uno repleto de cariño y amor. No era propio del peliverde tornarse tan romántico o sentimental, pero siempre podían hacerse sus excepciones y esta era una muy buena.
Poco a poco, Law siguió el ritmo con que era besado, devolviendo los mismo sentimientos que le eran trasmitidos, sintiendo como el caos que había en su mente se calmaba hasta que la sensación de miedo quedó completamente fuera y ahora lo único que sentía eran los labios del mayor moviéndose a corde con los suyos.
Sí, Zoro-ya, cada día haces que te quiera más, pensó el niño. Su corazón y cuerpo desbordaba tanto amor que incluso dolía…, pero de manera preciosa.
El tiempo se había detenido para ambos nuevamente y simplemente siguieron besándose.
De acuerdo, Ace sentía que se estaba volviendo loco. ¡¿Cómo podía estar celoso de la tal Koala esa?! No es como sí le hiciera gracia esto, pero no era tan estúpido para no darse cuenta que la ira inexplicable que sentía cada vez que veía como la muchacha se lanzaba a los brazos de Sabo, eran celos. ¿Cómo lo supo? Muchas veces atrás había experimentado la misma sensación cuando Luffy se mostraba tan cariñoso con sus amigos y cosas por el estilo.
Estaba ocultando lo mejor que podía lo que sentía, jugando con su hermanito y participando siempre en las pláticas, incluso la tal Koala les cocinó cupcakes y chocolate caliente, ya que seguían en invierno.
Para el pecoso no le pasaba desapercibida las miradas tan cálidas que se dirigían la chica y el rubio, si este último no les hubiese dicho que solo eran amigos, juraría que eran como una pareja de casados, pues se miraban con tanto cariño… ¡Y eso era precisamente lo que le molestaba!
Porque el día de ayer, estaba seguro que no fue su imaginación, pero el mismo Sabo también le había visto de una manera similar a la que Ace le miraba cuando se dio cuenta de la sensación diferente que sentía a su lado y ahora resultaba que el mismo rubio derrochaba cariño en la mirada por esa muchacha. Sabía también que eso era lo mejor, no es como si deseara involucrarse con el chico, pero no podía evitar el sentirse molesto e incómodo.
La tarde se le había hecho eterna, más al fin había llegado la hora de irse.
—Espero nos visiten pronto, chicos —rió suavemente Koala, sentándose al lado del rubio.
— ¿Viven juntos? —preguntó Ace fingiendo indiferencia mientras veía a su hermanito terminar de tomar su chocolate.
—Cuando queremos —respondió Sabo divertido.
Si de algo le servió el estudiar abogacía, no solo era para ayudar a sus clientes a salir de la cárcel, sino también para poder detectar con mayor fuerza las emociones ocultas en las expresiones de los demás. Notaba al pecoso molesto y tenía una ligera idea del porqué, mismo detalles le hizo gracia y le gustó. Koala hacía lo que hacía a propósito y sabía su objetivo.
— ¿Yo también puedo vivir con ustedes? —preguntó Luffy, emocionado ante la idea de compartir casa con sus nuevos amigos.
Ace suspiró y le alborotó sus cabellos al menor.
—Sería divertido —repuso Koala, sonriéndole al pelinegro menor.
—Bueno, ya es algo tarde y debemos irnos —se apresuró a decir Ace, antes de que volviesen a encontrar otro tema de plática.
—Claro, les acompaño a la puerta —Sabo se incorporó de donde estaba sentado y su amiga hizo lo mismo.
Los dos amigos guiaron a los hermanos D hasta la puerta.
— ¡Adiós, Sabo y Koala! —exclamó Luffy como despedida, sonriéndoles tan alegre.
—Nos vemos, Luffy —respondieron la pareja de amigos al unísono.
—Hasta pronto —se despidió Ace con neutralidad, lanzándoles una última mirada a esos dos.
—Espero verte pronto —él único en responder fue Sabo y le sonrió divertido.
El pecoso frunció el cejo y desvió la mirada hacía su hermanimo, alejándose ahora de ese departamento.
Una vez la puerta se cerró, Koala se lanzó a los brazos del rubio, con emoción.
— ¡Has elegido a un chico bastante guapo! —exclamó emocionada y luego miró el rostro de su amigo para jalarle el labio inferior con sus dedos índice y pulgar— Y parece ser que tú no eres él único interesado.
Sabo suspiró y rió ligeramente, apretando juguetonamente la nariz de su amiga.
—Quien sabe, pero lo que menos quiero es hacerlo sentir incómodo y te recuerdo que podría ser mi hermano.
—Podría, así como no podría —recató Koala con una sonrisa de oreja a oreja—. La esperanza es lo último que se pierde, ¿sabes?
—Lo sé, siempre te lo he dicho —Sabo alzó un poco a la chica, teniéndola abrazada todavía.
—Sí, sí, no por nada eres mi mejor amigo —repuso Koala ahora jalándole una mejilla al rubio.
—Yo creo que soy como tu chicle personal, solo me estiras —se quejó Sabo con una mueca.
—No te amargues, anda, ahora vamos a cenar juntos, ¿sí? —Koala le sonrió cariñosa y se acercó para darle beso en la mejilla que le jaló al mayor.
Sabo simplemente la miró sin saber como reaccionar a ese gesto de cariño y la chica le sujetó de la mano para jalarlo hacía la cocina.
Si los dos comieron fue meramente para no enfermarse del estómago o algo por el estilo, no porque tuviesen de verdad hambre. Sobró más comida de la que pensaron y Zoro la guardó en el refrigerador.
Ahora estaban acostados en la cama, arropados con las cobijas mientras que el sol se ocultaba en las motañas que se veían desde la gran ventana de cristal con las cortinas abiertas, dejando entrar la luz anaranjada del crepúsculo.
Law descansaba en el pecho tibio del peliverde, mientras jugaba con los dedos de la mano izquierda de este, entrelazándolos con los suyos y sentía la mano diestra ajena sobre su cabello, acariciándolo.
— ¿Cómo estás ahora? —preguntó Zoro con la voz tranquila, sin dejar de acariciar desde el cabello ajeno hasta la nuca.
—Creo que… bien —respondió Law en un susurró, estremeciéndose ligeramente—. Pero, no me preguntes más.
—No lo haré, cuéntame cuando tu quieras —repuso Zoro con la expresión neutral, sin molestarse por eso, porque entendía al menor o al menos en parte.
— ¿Puedo preguntarte yo? —inquirió Law, alzando la mirada hacía el mayor, dejando su manita entrelazada con la ajena.
—Sí, pregunta —la intuición de Zoro le decía más o menos lo que el menor quería saber, así que se preparó mentalmente lo más rápido que pudo.
Primero, el ojigris regresó su mirada a las manos entrelazadas, sin atreverse a verle a los ojos por lo que diría a continuación.
— ¿Qué le pasó a tu mamá?
El silencio se extendió por la habitación y Law se arrepintió de haber preguntado aquello, pero simplemente, quería saberlo sin motivo alguno. Por eso mismo se atrevió a alzar la vista y se dio cuenta de que el peliverde le estaba mirando fija e intensamente. Cuando sus ojos se encontraron, sintió como si se derritiera.
—La mataron —contestó Zoro sin expresión alguna, acariciando con el dorso de la mano la mejilla del niño.
El menor se quedó pasmado y abrió un poco más los ojos por eso. Asímismo, no se atrevió a preguntar nada más, pero el peliverde sintió la necesidad de contarle las cosas o por lo menos en su mayoría.
—Yo iba a cumplir nueve años —la mirada de Zoro se perdió por completo, recordando—. Nos intentaron secuestrar a mi hermana y a mí, ella se defendió bien, pero yo no. Era débil y mi madre se interpuso para que no me dañaran… —poco a poco, su voz perdió fuerza y cerró los ojos.
Law le abrazó, ahora le tocaba a él darle algo de consuelo, por lo menos mientras lo abrazaba, porque no sabía que decirle realmente.
—Está bien —murmuró Zoro con una sonrisa nostálgica, dejándose abrazar—. Siempre me consideré culpable de la muerte de mi madre, incluso aunque nadie me lo dijera, sentía que lo pensaban cuando me veían —explicó sin ganas—. Sobre todo mi padre.
Entonces, Law sintió que su dolor y pesar eran tan similares y a la vez diferentes, pero ese sentimiento era algo que los uniría todavía más en un futuro.
Zona Residencial
La habitación de Kid estaba hecha un completo desastre, pero no porque fuese un niño tan desordenado, sino para evitar masturbarse pensando en cierto ojigris, estuvo entrenando con todos los objetos atraídos por su imán personal que tenía gracias a sus frutas.
Cuando Law le dijo que estaría fuera el fin de semana y sí podría ayudarlo a cubrirle su ausencia con que estaba con él, no dudó en ayudarlo, obviamente. Sabía bien con quien estaría, aunque su mente reuhía de aceper tal cosa o el dolor en su pequeño corazón sería insoportable y lo menos que quería el pelirrojo era estar sufriendo por algo tan conocido como el amor. Consideraba que al ser un niño todavía, no debería de sentir lo que estaba sintiendo por su amigo, pero era imposible deshacer lo que ahora sentía. Por esa misma razón es que todos los días entrenaba más de la cuenta, distrayéndose por completo, además tenía que dominar mejor el poder que aquellas drogas, que alteraban el ADN, le daban.
Ahora había salido de la ducha, envuelto en su bata de baño. Su padre no estaba en casa, seguramente estaría revolcándose con alguna prostitua del burdel Dressrosa, así que tendría la noche para sí solo. Como le gustaría tener más amigos o amigas mayores, así podría darles la invitación de tener sexo sin que se negaran, porque ahora que su apetito sexual estaba despierto gracias su amigo, ya no podía contenerlo como antes, cuando era virgen. Ya estaba aburrido de masturbarse y no le bastaba.
Como si fuera una señal, el timbre de su casa sonó de manera escándalosa y muchas veces, sacándolo de quisio, mientras pensaba en que mataría al que estuviera haciendo eso.
— ¿Este mocoso es mi primito? —inquirió una voz feminina cuando el pelirrojo abrió la puerta.
Kid se encontró frente a una muchacha de unos dieciocho años tal vez, alta, de blanca piel y el cabello largo y rosado. Tenía grandes pechos que se le antojaron de manera indecorosa, también vestía con unas botas negras, un short de mezclilla corto y una playera de manga larga blanca, con un abrigo café. Sus labios estaban pintados ligeramente de fucsia y tenía un gorrito verde.
— ¿Y tu quien eres? —preguntó Kid con la voz malhumorada, alzando la mirada para encarar a la tipa esa sin tener que verle los grandes pechos o terminaría excitándose.
— ¿Qué ya no te acuerdas de mí? —la sonrisa de la muchacha se tornó burlona y sin permiso, ingresó a la casa, cerrando la puerta— Que rápido has olvidado a tu querida prima Bonney.
El pequeño pelirrojo entreabrió la boca por la sorpresa.
Su prima. Su prima estaba aquí.
—Saluda bien, al menos, maldito mocoso —zanjó Bonney y jaló al menor para abrazarlo con fuerza.
Para Kid aquel gesto tan cálido le gustó, sin embargo tenía que hacer un esfuerzo para no terminar excitándose cuando los grandes senos de su prima casi lo ahogaban ante el abrazo. Estaba necesitado, sí, pero tampoco tendría sexo con su prima.
Poco a poco esa sensación perversa se calmó y Kid suspiró, devolviendo el abrazo a regañadientes.
— ¿A que has venido? —preguntó, mirando los ojos ajenos.
—Por ti, tú padre me ha pedido que me haga cargo de ti en España.
Ace estaba terminando de bañarse con el agua tibia para aclarar sus ideas y cada que las ponía en orden, estás revoloteaban otra vez, pues no era una persona que le gustara quedarse con la duda de las cosas y tenía fuertes deseos de averiguar porque rayos se sentía tan atraído hacía ese muchacho Sabo. Estaba seguro que este le ocultaba algunas cosas y quería saberlas sin importar qué.
— ¿Ace? —preguntó Luffy, dentro de la habitación de su hermano.
El pecoso suspiró y rápidamente salió del baño, envuelto en su bata de algodón.
— ¡Ace! —Luffy se lanzó a abrazarlo, este también ya estaba bañado— Tengo hambre y Makino y los demás ya están durmiendo —se quejó.
—Entonces vamos, te preparo algo yo ahora —respondió Ace, dándole un beso en los labios con suavidad.
Pero Luffy no se conformó con eso y sujetó con fuerza el rostro del mayor para besarlo apasionadamente, adentrando su lengua para jugar con la de su hermano de manera sincronizada, saboreando la saliva de este y sintiendo como las fuertes y cálidas manos ajenas le sujetaban de la cintura. Se separaron cuando el aire les hizo falta y el hermano menor sonrió divertido.
—Shishishi, besas muy rico, Ace.
El nombrado se sonrojó ligeramente y frunció el ceño, para después sonreír de lado.
—No te quedas atrás —respondió Ace, dejándole un beso en el cuello al menor—. Pero más tarde hacemos "ejecicio" para quemar las calorías, ahora vamos a cenar.
—Sí —Luffy se abrazó a su hermano, subiéndose a su espalda para así salir ambos de la habitación, rumbo a la cocina.
Cuando llegaron por fin, el menor se quedó sentado en el comedor, jugando con unos cubiertos, mientras veía a su hermano sacar la carne del refrigerador para recalentarla en el horno de microondas. Vio como también el mayor preparaba algo de té de Sakura y lo servió en la mesa.
Trataron de comer lo más discretos que pudieron, pues ya eran más de las doce y todos dormían, pero les fue casi imposible, porque Luffy no dejaba de jugar y aunque Ace intenaba frenarlo, al final los dos terminaron divirtiéndose mientras cenaban y bebían de sus respectivos te. Luego de eso, los dos hermanos recogieron los platos y se dedicaron a lavarlos mientras platicaban sobre cosas sin sentido y otras referentes a sus sentimientos.
—Ay —se quejó Luffy cuando dos platos se resbalaron de sus manos al intentarlos acomodar y cayeron al piso, quebrándose estrepitosamente.
— ¡Luffy, ¿estás bien?! —preguntó Ace, jalando a su hermanito para sentarlo en la barra de la cocina, mirándolo con atención— ¿Te cortaste?
El menor de los D negó con la cabeza y sonrió, abrazándose al cuello de su hermano.
—Tranquilo, Ace, shishishi, no me corte.
—Bien, espera que termine de lavar los trastos para irnos a dormir.
Luffy simplemente asintió y se quedó ahí sentado, viendo la figura de su hermano mayor darle la espalda para lavar los platos. Cada que lo veía, sentía su corazón golpetear su pecho como si fuera un aleteo de colibrí, encontrando la mejor miel de las flores, solo que la sensación que el menor sentía era mucho más grande y lo llenaba de felicidad el saber que su hermano le correspondía.
Desde pequeño siempre vio a Ace con otros ojos, pues este se lo había ganado; siempre lo protegía, lo hacía sentir bien y no perdían los ánimos de salir adelante. Los dos se apoyaban siempre y Luffy sabía que su vida no sería la misma si su hermano no estaba en ella.
—Dijiste que no te habías cortado —dijo Ace, quien ya había terminado de lavar los trastos y se acercaba al menor, limpiándose las manos con una toalla pequeña.
En ese momento, Luffy sintió como su dedo índice estaba manchado de sangre, no de manera exagerada, pero sí lo suficiente para notarse.
—Pero no me duele.
Ace suspiró y se acercó al menor.
—Déjame verla.
El pelinegro menor le miró, deseoso y alzó la mano izquierda para acariciarle los cabellos y luego acariciar su pecho con suavidad, deteniéndose en el corazón ajeno, sintiéndolo palpitar a la misma velocidad que le palpitaba a él.
—Ace, yo te amo —susurró Luffy, mirándolo de manera devota, mientras se sonrojaba ligeramente. Estaba feliz de decir esas palabras.
Al pecoso casi le estalla el pecho por eso y por la manera en que su hermanito dijo tales palabras, clavando la mirada en este.
—Como yo te amo a ti —respondió Ace, con una dulce sonrisa, acariciándole los labios y se llevó el dedo ensangrentado ajeno a la boca para chuparlo suavemente, limpiándolo.
El sonrojo de Luffy creció, así como cierta excitación en su cuerpo al ver como su el otro le chupaba su dedo. Ese inocente deseo le llevó a jalar a su hermano y besarlo con fiereza; poco a poco iba ganando experiencia en ese ámbito.
Sin pensarlo dos veces, Ace correspondió, sintiendo como los dedos ajenos se enredaban en su cabello con fuerza, profundizando ambos así el beso, con sus respiraciones agitadas al instante, respirando cada uno su propio aliento.
Luffy enrrolló sus piernas en la cintura de su hermano y comenzó a restregar sus glúteos en la entrepierna ajena. Quería a Ace ahí y ahora, no veía nada de malo en demostrarle su amor de diferentes maneras.
La alerta se prendió en la mente del pecoso, pues era peligroso exponerse así en un lugar donde podían ser descubiertos y no sería cualquier cosa que dejarían pasar los demás, pues se trataba de ellos y ellos dos eran hermanos. Aunque todos estaban durmiendo y no creía que los escuchacen, además de que Mihawk no estaba en casa y su hija tampoco. Rayleigh dormía como piedra, así que no sería tan malo… Así como también su libido crecía al estar en la cocina.
Luffy se separó del beso cuando la respiración le hizo falta y dejó que su hermano le devorara el cuello como un caníbal mientras que con sus manos le abría un poco la bata de baño, puesto ambos seguían sin vestirse con el pijama. Acarició ese miembro que tanto le gustaba, estimulándolo y sintiendo como se ponía duro entre sus manos.
Por su parte, Ace deslizó por los brazos la bata ajena para empezar a chuparle los pezones con fuerza, mordiéndoselos. Su cuerpo rebosaba fiebre al sentir las manos suaves masajearle el miembro. El menor se separó suavemente y le miró a los ojos. Ambos hermanos tenía un ferviente deseo.
—Recuerda que soy de goma… —susurró Luffy con una sonrisa traviesa y la respiración agitada.
Se bajó de la barra de la cocina y se dio la vuelta, poniéndose en cuatro, levantándose más la bata.
—Vamos, Ace, hermano, entra…, te necesito —dijo Luffy en un suspiro excitante.
El pecoso no se creía lo que estaba viendo, aunque tampoco se iba a negar. Pero sí le sorprendía aquello, pues uno veía a su hermanito y no se imaginaba que supiera hacer ese tipo de cosas o como hacerlas. Quizá antes así era, pero el mismo Luffy se había encargado de investigar más cosas acerca del sexo para poder complacer a su hermano.
Ace adentró su lengua en esa cavidad anal tan apretada, sin importarle que su hermano fuera de goma o no, le lubricaría, no lo dañaría. Escuchó el gemido que el menor dio y sonrió, chupando más aquella zona, dejando que su saliva viajara más adentro, dilatando más ese pequeño agujero hasta que pudo meter dos dedos sin sacar su lengua.
Mientras, Luffy se tapaba la boca para no gemir tan fuerte, pues a lo lejos era consciente de que podrían escucharlos. Pero le fue imposible seguir conteniéndose cuando por fin su hermano lo penetró de una deliciosa y profunda embestida.
—Ace…, aah… —gimió Luffy sonoramente, apoyándose en sus brazos para levantarse un poco y seguir en la posición "de perrito", moviendo sus caderas al ritmo en que su hermano le embestía.
—Luffy… —suspiró Ace, jadeante al sentir como esas paredes tan apretadas lo consumían como si se lo fueran a tragar. Le encantaba la sensación que sentía.
Su pre seminal combinado con su saliva provocaba un fuerte chapoteo ante cada embestida, acompañado del sonido del choque de ambos cuerpos. Ambos hermanos estaban frente a la puerta de madera cerrada de la cocina y no le prestaban atención.
Entonces, en el momento en que Ace dio la embestida final, tocando el punto P de su hermanito, llegando ambos al orgasmo y eyaculando, esa puerta se abrió.
— ¿Qué están hacien…? —la pregunta se quedó atascada en la garganta de Makino ante lo que vio.
Ahí, enfrente de ella, estaba Luffy en cuatro, con la boca semi abierta mientras su esencia salía disparada en el suelo y Ace lo estaba embistiendo.
Makino empezó a temblar ante lo que veía, teniendo sus ojos desorbitados y se tapó la boca con ambas manos para no gritar mientras que sus ojos se llenaron de lágrimas, azotó la puerta de la cocina y salió corriendo de ahí, controlando también las ganas de vomitar ante el impacto de lo que acababa de ver.
Ace estaba en shock, había dejado de moverse y su corazón se había paralizado, con sus ojos abiertos como platos. La forma en que la mujer peliverde le había visto nunca la olvidaría.
Makino le vio como si fuera un completo monstruo, una aberración.
Las consecuencias que se vinieron ante esto, tanto a Ace como Luffy, les cambiaría la vida.
N/A:
¡Holaaaaaa! Omg, sé que tardé casi un mes, i'm sorryyyyyyyy T^T. Aparte de que antes de que finalizaran mis vacaciones me centré en otros fanfics, ahora que ya ando en clases y dando mi servicio social, pues ya me dejaron sin tiempo para venir a dejarles otro capítulo ; ;
¡Pero ya estoy de vuelta! Asdkjadskajsda, tarde, pero seguro, eso ténganlo presente siempre x'D.
¡Yas! Ahora sí se viene lo chido(?). Ya saben, dilemas, crisis emocionales, ufff, un drama total, porque la calentura a veces es traicionera y ya lo comprobaron con Luffy y Ace :c. Admito que cuando escribí esa parte de la historia, lloré por el final. ¿Qué les causó a ustedes?
Bonney ha aparecido, no sé ustedes, pero yo adoro a esa mujer xD.
¡Espero puedan dejarme su opinión sobre el capítulo, eh! ¡Los quiero, cuídense mucho!
Nos vemos :3
