¡Capítulo 21 señoras!, el clima se está calentando en el mundo de los protagonistas, ¿cómo continuará la historia?. ¡Sólo lo sabrán si lo leen! (Propaganda, propaganda everywhere(?)). Calculo que quedan dos o tres capítulos más (contando éste), y comienza otro "arco".

Ojalá les guste x3, ¡nos leemos la próxima semana!.

Los personajes no me pertenecen a excepción de Kiriha Kurosawa, Reika Kusakabe, Sariel Rainsworth y Nozomi Watanabe, los demás son propiedad de Nippon Ichi Software, Inc. y Broccoli.

La historia es 100% creada por mí, así que es totalmente de mi propiedad. Hecha sin fines de lucro.


Al principio me negaba a creerlo pero.. Reika tenía razón. Watanabe estaba intentando sacarme del medio, para quedarse con Hijirikawa, a pesar de que.. yo no tuviera nada con él.

Fueron días insoportables, ella intentaba por todos los medios que no pudiera encontrarme con él, o me buscaba para decirme lo que hacían juntos (que por suerte, no eran cosas muy importantes), hasta que acepté la realidad; la falsa amabilidad de esa chica dejó de funcionar conmigo.

Voy a narrar todo lo que sucedió un día antes de irme con Sariel a Inglaterra, casi una semana antes de nuestra boda.

El día comenzó de la peor manera. Mientras Sariel y yo caminabamos junto a Reika y Jinguji, con quienes nos habíamos encontrado en un parque, en la ciudad, ella nos vio, y se acercó.. junto a Hijirikawa.

Nos saludó sonriente, mientras el peliazul y yo evitabamos cruzar miradas, mi superior estaba que echaba humo por los oídos, y Sariel sonreía, en ese instante me di cuenta, de que, eso lo beneficiaba.

—Ya vuelvo, voy al servicio –Susurré, para que Sariel y Reika me escucharan.

Me separé de ellos, y entré a los baños femeninos, enjuagué mi rostro, y respiré profundamente, intentando calmar mis nervios. Pero entonces, ella entró al lugar, sonriendo.

—¿Te sientes bien, Kurosawa? –Preguntó, con una falsa expresión de preocupación.

—Sí, simplemente se me bajó la presión –Respondí, evitando mirarla.

—Ah, pero realmente es sorprendente que nos hayamos encontrado aquí –Comentó, recostando su espalda baja en la mesada donde estaban los grifos.

—Sí –Dije, y me di vuelta para irme.

—Hoy por fin pude convencerlo a que saliéramos –Dijo, y suspiró–. Pero, realmente estoy feliz.

No respondí, y seguí mi camino, hasta volver con los demás. Eso claramente me había incomodado, y me revolvía la mente, sólo pensar que estaban saliendo... era una tortura.

—Vamos –Dije, empujando a Sariel para que nos fuéramos–. Hasta luego.

Los demás saludaron y se quedaron atrás, en cuanto a Sariel y yo.. volvimos a la academia.

El segundo encuentro que tuve con Watanabe fue a primeras horas de la tarde. Sucedió entre los pasillos del segundo piso.

Caminaba por el pasillo buscando a mi superior, ya que ibamos a practicar música juntas, pero, en vez de encontrarla, me encontré a Watanabe, quien me llamó desde atrás.

—Ah, Watanabe que suce.. –

—¡Aléjate de él! –Exclamó, en medio del silencio, aunque tuvo suerte de que no hubiera nadie alrededor.

—¿Qué?, ¿de qué hablas? –Cuestioné, terriblemente confundida, la chica me miraba con una expresión de furia tan aberrante que sentía que se volvería un demonio ahí mismo.

—¡No te hagas la estúpida! –Inquirió, dando una paso hacia mi–. ¡Te vas a casar!, ¡¿por qué no lo dejas en paz?!

—¿Pero qué te pasa?, ¡deja de gritar! –Le dije, lazando ligeramente la voz.

Asumí que la razón fue, porque me lo encontré en la cafetería, pero ni siquiera cruzamos palabras, así que no comprendía el motivo.

—Sé muy bien que sientes algo por Hijirikawa, pero no voy a permitir que juegues con él –Argumentó, bajando la voz, pero sus ojos aún demostraban la rabia que sentía–. Te lo digo una vez más, aléjate de él.

—No tengo por qué aceptar órdenes de tí –Le dije, intentando finalizar la, conversación, me di cuenta de que se había imaginado cosas descabelladas, y me veía como una enemiga.

—Entonces, hazlo por él, no le hagas daño –Pronunció, pude ver como apretaba sus puños.

—No, yo no estoy jugando con nadie, y no le haré daño –Refuté, y me di media vuelta para irme.

—¡Espera!, ¡claro que estás jugando con él, y con tu novio! –Gruñó, mientras daba otro paso hacia adelante.

Intentó detenerme, pero alejé su mano golpeándola con la mía, y la miré con desdén. Ella se quedó confundida por un momento, y entonces fue cuando volví a hablar.

—No tengo idea de qué sea lo que te hayas imaginado, inventado, y creído en tu mente, pero tu no sabes nada de mi, y no puedes forzarme a hacer algo que no quiero, ni tengo por qué hacer –Argumenté, volviendo a darme vuelta, y, acto seguido yéndome–. Ah, y no te preocupes, no pretendo tener ningún tipo de relación con Hijirikawa.

Me fui, logré escapar de sus garras, pero estaba totalmente impresionada, me intrigaba la historia que se había imaginado sobre mí y esos dos. Me eché a reír a mitad de camino hacia mi dormitorio, aunque, en el fondo, me dolía que me hubiesen acusado de algo como eso.

A pocos pasos de llegar a mi puerta, sentí alguien correr detrás de mi, era mi superior, quien se acercaba jadeando hacia donde estaba yo.

—¡Las vi! –Dijo, mientras me tomaba de los hombros, y jadeaba como si se fuera a desmayar en cualquier momento– ¡Estuviste genial!, ¡y ella está loca!.

—Espera, espera, no grites –Le dije, intentando calmarla, y que dejara de jadear entre palabras–. Entremos.

Ya adentro de nuestra habitación, comenzamos a comentar lo sucedido, y a hacer conjeturas sobre lo que Watanabe había imaginado.

Mi superior no dejaba de reír, por el hecho de que la chica me había gritado con deseperación.

—Supongo que no pudo soportar que Hijirikawa no le hiciera caso, y tuvo que culparte –Dijo, mientras comía golosinas.

—Pero no entiendo cómo llegó a esa conclusión –Comenté, frunciendo el ceño–. Nunca he hecho nada como ser cariñosa con él o algo así.

—Es cierto, en estos últimos tiempos no se han hablado –Dijo mi superior, y extendió una mano para ofrecerme um caramelo, pero lo rechacé negando con la cabeza.

—Qué locura.. –Musité.

—Kiriha.. ella y yo nos vimos luego de ese encuentro contigo –Comentó, mirando hacia el piso–. Me dijo que no permitiría que te acercaras y se lo robaras.

—No entiendo esa obsesión que tiene, y ni siquiera es suyo –Dije, y luego chasqueé la lengua y suspiré–. Pobre.. con una persona así a su alrededor..

—Creo que tarde o temprano cortará los lazos con ella –Expresó–. ¿No la ves?, ¡parece un perrito detras de él!.

—Ciertamente, aunque, no sé cómo son las cosas entre ellos, y prefiero no enterarme –Finalicé, levantándome.

—Me imagino, debe ser horrible estar en tu lugar.. –Susurró, y yo la miré, ella se cubrió la boca con una mano–. Ay, ¡lo siento!.

—Está bien lo entiendo, sólo intenta no decir esas cosas –Dije, mientras caminaba hacia mi escritorio–. Me hace sentir mal.

—Lo siento, ¡lo siento! –Pidió ella–. No volveré a hacerlo.

—Está bien, tranquila –Asentí, mientras me sentaba y comenzaba a leer un libro.

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El resto del día transcurrió sin más sorpresas ni encuentros desagradables, así que al otro día, ya estaba descansada y tranquila, al menos al momento del viaje hacia Londres.

Infelizmente, mi superior no pudo ir, aunque me deseó suerte, y me dio ánimos para todo lo que se acercaba. Y cuando llegué a Inglaterra, me sentí ligeramente aliviada.

La madre de Sariel estaba bastante mejor, aunque su enfermedad seguía avanzando, pero pudo recibirnos en el comedor, con el almuerzo. Hablamos mucho, y nos comentó lo ansiosa que estaba por que llegara el día, no pude más que sonreír y decirle que estaba igual.. aunque fuera una mentira.

Todo lo sucedido la semana anterior, me había devastado, y me sentía fatal interiormente, así que me costaba fingir.. estar feliz. Me pesaba en la conciencia el hecho de que tuviéramos que mentirle sobre algo tan importante, y que tuviéramos que guardar el secreto hasta el fin de nuestros días, me sentía tan miserable.

Luego del almuerzo me fui a mi dormitorio, y Sariel me siguió, y, por alguna razón, yo tenía un mal presentimiento.

Entré a la habitación, y él hizo lo mismo.

—¿Qué sucede? –Interrogué, viendo cómo Sariel se sentaba en el sofá.

—¿Cómo te sientes? –Preguntó, y sonrió con sorna–. Tengo entendido que fueron semanas difíciles para ti.

—Al fin muestras tu verdadera cara, otra vez —Dije, enfrentándolo.

—¿Verdadera cara?, ¿de qué hablas? –Interrogó, borrando la sonrisa de su rostro—. Sólo quiero saber cómo se siente mi futura esposa.

—Esposa por un matrimonio salido de un trato, y que no te quiere –Comenté, mientras tomaba mi celular para enviarle un mensaje a mi superior–. Aunque, eso es lo menos importante, no debo pensar en eso.

—Exacto, no pienses en eso –Dijo, y suspiró–. Realmente me hubiese gustado que te casaras conmigo por amor, pero.. es lo que hay.

—Además, ya falta poco, y no hay vuelta atrás –Dije, dandome argumentos a mi misma para no desistir.

Mientras escribía el mensaje, escuchamos algo caer del otro lado de la puerta de entrada. Caminé hasta el lugar para ver qué era, y me horroricé al verla.

La madre de Sariel, quien yacía en el piso. Grité, y lo llamé, para que fuera a ayudarla.

No puedo describir la expresión de mi prometido cuando la vió. Se apresuró a tomarla entre sus brazos y llevarla hasta mi cama, mientras yo llamaba a la ama de llaves.

Tiempo después, el médico la revisó, y nos dijo que había recaído, y que ya no podría salir de su habitación, sus fuerzas no se lo permitirían, y lo peor de todo es que.. probablemente, era nuestra culpa.

Cuando despertó, intenté preguntarle por qué estaba frente a mi habitación cuando sucedió, y si hubo algo que causara un gran impacto en ella, pero me contestó que iba a invitarme a tomar el té para la tarde, y que cuando estaba por golpear la puerta se mareó y terminó desmayándose.

Así que, descartamos la posibilidad de que nos hubiese escuchado, y nos tranquilizamos. Aunque, el ambiente se volvió tenso y melancólico debido a su estado de salud.

Y durante los tres días siguientes, no volví a ver a Sariel. Había desaparecido, aunque eso no pareció entristecer a su madre, o quizás ella solamente estaba ocultando sus sentimientos.

La última vez que lo vi, fue en la cena de ese mismo día, y tenía cara de pocos amigos. No habló con nadie, solamente se limitó a comer.

En cambio yo, me dediqué a estar junto a Marianne, me quedaba por las noches, y le hablaba, poco a poco, pude ver cómo se recuperaba. Aunque no habían mejoras notables, pero eran importantes.

Al tercer día, Marianne pidió que me llamaran, ya que yo estaba paseando por los jardines, y cuando entré a su habitación, ella me esperaba con el té, sentada en la mesa.

—Gracias por venir –Dijo, esbozando una sonrisa.

—De nada –Respondí, mientras me sentaba junto a ella–. ¿Necesitabas algo de mi?.

—Ah, sí, sólo quería hablar –Comentó, y comenzó a servirme té–. ¿Recuerdas cuando eras pequeña?, y te obligaban a estudiar idiomas.

—Ah, sí, aunque, con el tiempo fui acostumbrándome –Contesté y reí levemente, mientras la observaba.

—Yo te dije que cuando fueras mayor, podrías elegir si hacer o no las cosas –Expresó, dejando mi taza en su lugar–. Y que eso decidiría cómo sería tu destino.

—Sí, lo recuerdo, ¿por qué? –Cuestioné, intrigada.

—Y sobre todo, que no hicieras algo por alguien, si eso a tí, no te beneficiaba –Argumentó, con una expresión serena en su rostro, mientras reposaba sus manos en sus piernas–. Es decir, si eso, a tí, no te haría feliz.

—¿Estás tratando de decirme algo? –Pregunté, mientras tenía mi vista fija en su mirada, me demostraba tristeza.

Ella respiró profundamente, revolvió su té con una cuchara, y luego volvió a mirarme. Cuando posó su vista sobre mis ojos, sentí un escalofrío, e instintivamente tragué saliva, como si hubiese estado bajo el sol todo el día, sin haber tomado una sola gota se agua.

Sus ojos eran iguales a los de Sariel, rojos, del color de la sangre. Según supe, a causa de que ella es albina, se generó una mutación genética y sus ojos resultaron de ese color. Aunque no le prestraba atención, si miraba sus ojos por mucho tiempo, comenzaba a sentirme confundida, como si me hipnotizaran, y era lo mismo que sucedía con su hijo cuando me miraba.

Me encantaba su color de ojos, pero, a veces, me daban miedo.

—Los escuché, Kiriha –Dijo, mientras yo sentía crecer el miedo dentro de mi, y mis ojos se llenaban de lágrimas–. El día en que me desmayé, los estaba escuchando

—¿Qué? –Dije, y jadeé, intentando contener el llanto. Se había arruinado, el plan de mantenerlo en secreto, se había arruinado–. Marianne.. yo-

—Lo pensé mucho, durante estos días –Me dijo, y pude ver una expresión de tristeza en su rostro–. Pero no puedo.

—¿Eh? –

—No puedo permitirlo –Espetó, con voz firme–. No me perdonaría el que ustedes arruinen sus vidas por mi, no puedo pasarlo por alto, simplemente, no puedo.

—Pero, Marianne.. –Susurré, no sabía qué argumentar para convencerla de que estaba bien, de que íbamos a contraer matrimonio de todas formas.

—Yo solamente quiero que sean felices –Dijo, mientras se llevaba las manos al rostro, y luego cubriéndolo–. Y moriría con la culpa si ustedes se unen en matrimonio sin sentir amor.

Me quedé en silencio, sin palabras que pudieran revertir la situación. Sariel no estaba ahí para que habláramos con ella, y no podía tomar decisiones yo sola.

Fue ahí cuando comencé a dudar, a flaquear, y la voz de mis sentimientos resonó en mi mente. Pidiéndome que diera un paso atrás, que dejara la idea de casarme con Sariel, y que volviera a Japón, y me olvidara de lo ocurrido.

Sin embargo, el simple hecho de ver a Marianne enfrentando la realidad con tanta valentía, me forzaba a callar esa voz. Quería que ella se fuera feliz, pero, no sabía si en ese momento lo que la haría feliz era que Sariel y yo nos casaramos, o que fueramos felices por separado.

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—Watanabe –Dijo el peliazul–. Necesitamos hablar.

—Ah, ¡claro! –Asintió la castaña, mientras sentía esa emoción de ver a una persona querida.

—En privado –Comentó, dándose vuelta para ir a un lugar menos concurrido que la cafetería.

Nozomi sintió alegría, la palabra "privado", fue la llave que abrió sus miles de fantasías. Tal era su emoción, que mientras caminaba detrás del muchacho iba dando pequeños saltos tal como lo haría una niña pequeña.

Masato la guió hasta uno de los salones donde solían reunirse la mayoría de las personas que vivían en el edificio del curso maestro. Y una vez que estuvieron adentro, él cerró la puerta, y enfrentó a quien tenía frente a él.

—¿De qué querías hablar? –Interrogó la chica, sonriendole.

—¿Pensaste que no me iba a dar cuenta? –Articuló el muchacho, mirándola con furia.

—¿Eh? –Balbuceó, poniendose colorada–. B-Bueno, es cierto, pero te lo iba a decir, sólo estaba esperando el momento adecuado, es difícil confesarse.

—¿De qué estás hablando? –Cuestionó el peliazul–. Sé que estuviste haciéndole la vida imposible a Kurosawa.

—¿Qué?, ¡¿quién te dijo?! –Exclamó, comenzando a exaltarse–. ¡Es mentira!.

—Ahora todo se hizo más claro –Dijo, con frialdad–. ¿Confesarte?, ¿es por eso que hacías todo eso?.

—¡Es mentira!, ¡yo nunca le he hecho nada! –Inquirió, alzando la voz–. Ella te dijo eso, ¿verdad?.

—No importa quién me lo dijo –Respondió–. Tú has hecho algo despreciable.

—¡Fue ella!, ¡¿verdad?! –Gruñó, dando un paso hacia el peliazul–. No entiendo cómo puede ser tan manipuladora, ¡está jugando contigo!.

—No digas algo así tan a la ligera, no sabes nada sobre ella –Refutó, comenzando a hartarse, pero se contendría, no perdería los estribos tan facilmente.

—¡Respondeme!, ¿fue ella verdad? –Volvió a preguntar, alzando cada vez más la voz.

—Baja el tono de voz –Le dijo el muchacho, frunciendo el ceño.

—¡Pero no soporto que haga esto! –Dijo, tomada por la ira, iba alterándose más y más, cosa que hacia que Masato fuera perdiendo la paciencia–. ¡Tras esa máscara de niña buena, hay una manipuladora, sólo quiere jugar con los sentimientos de la gente, y para protegerse te dijo eso!, ,¡¿verdad?!.

—Ella no fue quien me lo dijo –Inquirió, con rabia.

—¡No intentes cubri...! –

—¡Yo no soy ciego!, ¡ni tampoco soy ingenuo como para no darme cuenta! –Espetó, cuando sintió que la última gota de su paciencia se había esfumado.

La verdad era que lo sospechaba, desde que volví a verla el día en que nos encontramos los tres por primera vez, en los pasillos.

Comenzó a preguntar sobre mi, y sobre Kurosawa. Miraba hacia todos lados, y cuando la veía venir se acercaba a mi y le sonreía.

Pero, el día en que ella se fue a Londres, la superior Kusakabe fue a buscarme y me contó lo que sucedió entre ellas dos. Que Watanabe la había enfrentado y que la había acusado de jugar conmigo y con Rainsworth.

No me esperaba que tuviera ningún tipo de sentimientos hacia mi, más que los de amistad. Pero eso dejaba clara la razón por la que comenzó a odiar a Kurosawa.

Tampoco me esperaba que pudiera perder la calma de esa manera, y gritarle. Pero entonces no podía hacer otra cosa que intentar apaciguar mi furia.

—Pero yo sólo quería protegerte –Musitó la castaña, mientras lágrimas recorrían sus mejillas.

—No necesito que nadie me proteja, puedo valerme por mi mismo –Expresó, calmando su ira.

—¿Por qué?, ¿por qué te importa tanto?, ¿por qué la defiendes? –Interrogó, entre sollozos–. ¿Te gusta?.

—Sí –Contestó el muchacho, en voz baja.

—Pero ella va a casarse –Le dijo, suplicando internamente que él cambiara de parecer.

—Lo sé –Asintió.

—En cambio, yo te.. –

—No pretendo forzarme a querer a ninguna otra persona –Dijo el peliazul, mientras desviaba la mirada hacia un costado, y así, no ver cómo el rostro de la chica se llenaba de lágrimas.

"En éste momento, éste sentimiento es lo único que me une a ella."

—Pero entonces.. –

—Esta conversación se terminó aquí –Dijo él, mientras abría la puerta para salir de la habitación–. Por favor, no vuelvas a molestarla.

Y aunque Nozomi se negaba a aceptar esa respuesta, se mantuvo en silencio, y calló las palabras que quizo decirle cuando la respuesta que la destrozó, fue un "".