Aclaración:

Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación

La historia es una adaptación al Naruhina, le pertenece a Teresa Medeiros

Advertencias:

CATEGORIA "T"

AU – OOC(out of character) – LEMON


Capitulo 20: Busqueda

Querido lord Uzumaki,

Aunque afirma que sólo es polvo bajo mis delicados pies, para mí es como polvo de estrellas en un cielo nocturno, siempre en mis sueños pero fuera de mi alcance...

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—No ha podido desvanecerse en el aire. ¡Es imposible!

—Eso diría yo, señor. Pero es exactamente lo que parece haber ocurrido. Cuando su coche llegó a Londres esa tarde se perdió la pista de la señorita Hyuga. Mis hombres han estado buscando durante más de dos meses y no han podido encontrar ni rastro de ella. Es como si no hubiera existido nunca.

—Claro que ha existido. —Naruto cerró los ojos un momento y recordó a Hinata en sus brazos, más real que cualquier cosa que había tocado en su vida.

¿Y si no tuviésemos toda una vida? ¿Y si sólo tuviésemos este momento?

Esa enigmática pregunta lo había perseguido desde que había sido lo bastante estúpido como para dejar que se fuera de sus brazos y de su cama.

Abrió los ojos para observar al hombre pequeño y atildado que estaba sentado al otro lado de la mesa. La niebla que había en ellos desaparecía un poco más cada día. En poco tiempo podría salir él mismo a buscar a Hinata. Pero hasta entonces no le quedaba más remedio que confiar en ese hombre. Asuma Sarutobi era uno de los mejores detectives del país. Él y sus compañeros con sus vistosos chalecos rojos y sus chaquetas azules eran famosos tanto por su habilidad como por su discreción.

Al hombre no parecía impresionarle la cicatriz de Naruto. Probablemente había visto cosas mucho peores en su trabajo.

—El registro de Chelsea puerta por puerta no ha servido de nada —le informó Sarutobi retorciendo su bigote de color oscuro—. ¿Está seguro de que no dejó ninguna otra pista de su procedencia o de dónde ha podido ir?

Pasando el dedo por un abridor de cartas con mango de bronce, Naruto negó con la cabeza.

—He registrado una docena de veces el baúl que dejó en su habitación. Pero sólo he encontrado unas cuantas prendas de vestir indescriptibles y un frasco de colonia de limón.

No mencionó que al abrir el armario descubrió que había dejado sus regalos, que en realidad no había visto hasta ese momento. Mientras tocaba suavemente el delicado vestido de muselina, la estola de cachemir y las zapatillas rosas que sólo servían para bailar, resonaron en su mente los tristes acordes de «BarbaraAllen».

Tampoco reveló que la fragancia familiar de su perfume había hecho que se tambaleara de deseo.

—¿Y sus cartas de referencia? ¿Han aparecido?

—Me temo que no. Parece que mi mayordomo se las devolvió el mismo día que fue contratada.

Sarutobi suspiró.

—Es una lástima. Incluso un simple nombre podría habernos dado alguna pista.

Naruto rastreó en su memoria. En el fondo de su mente había un detalle insignificante que no podía recordar.

—En la primera comida que compartimos mencionó que había trabajado con una familia. ¿Los Haruthers? ¿Los Harmichael? —Chasqueó los dedos—. ¡Los Haruno! ¡Eso es! Dijo que había trabajado durante dos años como institutriz para lord y lady Haruno.

Sarutobi se puso de pie sonriéndole.

—¡Excelente, señor! Organizaré una entrevista con la familia inmediatamente.

—Espere —dijo Naruto mientras el hombre recogía su sombrero y su bastón. Con su vista un poco mejor cada día, no podía soportar la idea de quedarse allí sentado mientras otros buscaban a Hinata—. Quizá sea mejor que realice yo mismo esa entrevista.

Si Sarutobi estaba decepcionado porque le usurparan el control de la investigación, lo disimuló bien.

—Como quiera. Si encuentra alguna pista que podamos seguir, póngase en contacto conmigo inmediatamente.

—Puede contar con ello —le aseguró Naruto.

Sarutobi vaciló en la puerta dando vueltas a su sombrero de fieltro.

—Perdóneme si soy inoportuno, lord Uzumaki, pero nunca me ha dicho por qué está tan desesperado por encontrar a esa mujer. ¿Le robó mientras estuvo a su servicio? ¿Se llevó algo irreemplazable?

—Sí, señor Sarutobi. —Naruto esbozó una triste sonrisa mientras miraba los ojos comprensivos del hombre—. Mi corazón.

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Hannah Hinata estaba sentada en la terraza de Carstairs Hall tomando el té con su mejor amiga y aliada, Sakura, la única hija de lord y lady Haruno. El cálido sol de junio le acariciaba la cara mientras una brisa balsámica le movía los cortos rizos de color negro.

Aunque llevaba dos meses echandose aceite mineral en el pelo, para disgusto de su madre no había conseguido librarse del tinte de henna, su cabello ahora no tenia el tono completamente azabache que tanto le caracterizaba. Tambien sakura le había asegurado que de todos modos el pelo corto hacía furor en Londres. Hinata pensaba que le sentaba bien, que le hacía parecer más madura, no como la niña estúpida que había sido.

Por supuesto, su madre lloró al ver lo que había hecho, y también su padre parecía que iba a deshacerse en lágrimas. Pero ninguno de los dos había tenido valor para regañarle.

—¿No ha empezado tu familia a preguntarse por qué pasas tanto tiempo aquí? —preguntó Sakura cogiendo un bollito de la bandeja que había sobre la mesa.

—Estoy segura de que se alegran de librarse de mí. Me temo que ahora mismo no soy una buena compañía.

—Tonterías. Siempre has sido una compañía maravillosa. Hasta cuando estás triste y con el corazón partido. —Sakura untó el bollito con crema y se lo metió en la boca.

Al menos cuando estaba con Sakura, Hinata no tenía que fingir que todo iba bien. No tenía que reírse de los chistes de su hermano ni mostrar interés por las labores de su hermana. No tenía que tranquilizar a su madre diciéndole que estaba bien leyendo en su habitación hasta las tantas o evitar los ojos desconcertados de su padre. Sabía por las miradas de preocupación que intercambiaban que su actuación no estaba siendo demasiado convincente. Había perfeccionado sus dotes dramáticas en las funciones de teatro que ella y sus hermanos representaban para sus padres cuando eran pequeños, pero parecía que le habían abandonado el día que dejó el papel de enfermera de Naruto.

Sakura lamió un poco de crema de la esquina de su boca.

—Me da miedo que a tus padres les parezca raro que pasemos tanto tiempo juntas cuando se supone que hemos pasado la mitad de la primavera recorriendo Italia con mis padres.

—¡Chsss! —Hinata dio un golpecito a Sakura por debajo de la mesa para recordarle que lord y lady Haruno estaban sentados al otro lado de las ventanas arqueadas del salón disfrutando de su té.

Con su agudo ingenio, sus rizos rosas y sus ojos saltarines, Sakura era la única amiga en la que Hinata podía haber confiado para llevar a cabo un plan tan arriesgado. Pero la discreción nunca había sido su fuerte.

—Es una suerte que volviese a casa unos días antes que tú y tu familia —murmuró Hinata esperando que Sakura captara la indirecta y también bajara la voz.

Sakura se inclinó hacia delante.

—No podíamos hacer otra cosa con ese Napoleón amenazando con bloquear toda Inglaterra. Mamá no quería que nos quedáramos estancados en Italia y perdiésemos toda la temporada. Le daba miedo que se fijase en mí un conde italiano, apasionado pero sin dinero, en lugar de un rechoncho vizconde inglés que siempre se preocupará más por sus perros de caza que por mí.

Hinata movió la cabeza de un lado a otro.

—Eso hace que odie más a ese pequeño tirano. ¿Y si tu familia hubiera vuelto a casa antes que yo? Mis padres se habrían puesto frenéticos. Me alegro de que nuestras familias no pertenezcan al mismo círculo social. Si hablaran de nuestro viaje sería un desastre.

—Prometí enviar un mensaje a Fairchild Park en cuanto pusiéramos pie en suelo inglés. Eso te habría dado tiempo suficiente para buscar una nueva excusa.

—¿Como qué? —preguntó Hinata tomando un sorbo de té—. Tal vez podría haber enviado una nota a mi madre: «Lo siento mucho, mamá, pero me he fugado para ofrecer mis servicios como enfermera a un conde ciego que casualmente es uno de los mayores granujas del mundo».

—Antiguo granuja —le recordó Sakura arqueando una ceja—. ¿No te prometió que dejaría de seducir mujeres y de romper corazones cuando os conocisteis?

—Eso dijo. Y si no hubiese sido tan estúpida le habría creído. Pero en vez de eso le reté a alistarse en la Marina Real para que pudiera demostrar que era digno de mi amor.

—Movió la cabeza asqueada por lo ingenua y lo egoísta que había sido—. Si me hubiera fugado a Gretna Green con él cuando me lo pidió no le habrían herido, no habría perdido la vista.

—Y tú no habrías ido nunca a Fairchild Park.

—Cuando oí los rumores de que estaba viviendo solo en esa casa como una especie de animal herido pensé que podría ayudarle —dijo Hinata observando a un par de pavos reales que se pavoneaban por el césped ondulado.

—¿Lo hiciste?

Le salvó de contestar un golpe estridente en la puerta principal. Entonces miró a Sakura con el ceño fruncido.

—¿Esperan tus padres a alguien?

—Sólo a ti. —Sakura parpadeó al sol de media tarde.

—Es una hora muy rara para una visita sorpresa, ¿no?

Ambas levantaron la cabeza hacia el salón justo a tiempo para oír al mayordomo entonar:

—El conde Uzumaki .

Hinata se quedó pálida. Aunque su primer impulso fue esconderse debajo de la mesa, probablemente se habría quedado paralizada si Sakura no la hubiera agarrado por la muñeca y la hubiera llevado detrás de un arbol que había justo al otro lado de una de las ventanas.

—¿Qué diablos está haciendo aquí? —susurró Sakura.

Hinata movió la cabeza frenéticamente, sintiéndose como si el corazón fuera a salírsele del pecho.

—¡No lo sé!

Se agacharon detrás del arbusto casi sin atreverse a respirar mientras se hacían las presentaciones y se intercambiaban los cumplidos.

—Espero que perdonen esta intromisión. —Cuando la voz ronca y profunda de Naruto salió por la ventana Hinata sintió que su cuerpo se estremecía de deseo. Sólo tenía que cerrar los ojos para que estuviese detrás de ella, encima de ella, dentro de ella.

—¡No sea ridículo! —le regañó la madre de Sakura—. Estamos encantados de conocer a un héroe tan famoso. Todo Londres está entusiasmado con la noticia de su asombrosa recuperación. ¿Es cierto que ha recuperado totalmente la vista?

—Todavía veo algunas sombras cuando empieza a oscurecer, pero cada vez es más llevadero. Mi médico cree que a mi mente le está costando un poco adaptarse a los progresos que han hecho mis ojos.

Hinata apretó sus ojos, incapaz de resistir la tentación de rezar una breve pero ferviente oración para dar gracias al cielo.

—Pero no he venido aquí hoy para hablar de mí —estaba diciendo Naruto—. Esperaba que pudieran ayudarme con una cuestión personal. Estoy buscando a una mujer que ha estado recientemente a mi servicio y hace tiempo al suyo: la señorita Hinata Hyuga.

—¡Te está buscando a ti! —susurró Sakura dándole a Hinata un codazo tan fuerte que le hizo gruñir.

—No —respondió con tono serio—. Está buscándola a ella. ¿No te acuerdas? Fue idea tuya que le diésemos una carta de referencia de tus padres. Fuiste tú quien falsificó la firma de tu padre.

—Pero suponiendo que si intentaba ponerse en contacto con ellos aún estarían en Roma.

—Bueno, pues no es así.

—¿Hinata Hyuga? —estaba diciendo lord Haruno—. No recuerdo ese nombre. ¿Era una criada?

—No exactamente —respondió Naruto—. Según la carta de referencia que le proporcionó, fue la institutriz de su hija. Durante dos años.

Lady Haruno parecía estar más desconcertada aún que su marido.

—No me acuerdo ni de ella ni de esa carta. Eso habría sido hace varios años, pero estoy segura de que aún recordaríamos su nombre.

—Su empleo tendría que haber sido bastante reciente —señaló Naruto con un tono cada vez más cauteloso—. La señorita Hyuga es una mujer joven, probablemente menor de veinticinco años.

—Eso es imposible, nuestra hija... Un momento. Sakura, querida —dijo su madre hacia las ventanas abiertas—¿sigues estando ahí fuera?

Sakura miró a Hinata horrorizada.

—¡Vete! —Hinata le dio un empujón—. Antes de que vengan a buscarte.

Sakura salió tambaleándose de detrás del arbusto. Se alisó la muselina blanca de su falda y lanzó una última mirada de pánico a Hinata antes de responder alegremente:

—Sí, mamá. Estoy aquí.

Mientras Sakura desaparecía en la casa, Hinata atravesó el arbusto y se sentó con la espalda pegada a la pared de ladrillos debajo de la ventana. Cerró bien los ojos para resistir la tentación de mirar a Naruto. Era una tortura estar tan cerca de él y a la vez tan lejos.

—Ésta es nuestra Sakura —estaba diciendo lord Haruno con una inconfundible nota de orgullo en su voz—. Como puede ver, dejó de necesitar una institutriz hace varios años.

—Tiene la edad perfecta para empezar a llenar la guardería con sus propios bebés —añadió su mujer con una risa nerviosa—. Cuando le encontremos el marido perfecto, por supuesto.

Reprimiendo un gruñido, Hinata golpeó la parte posterior de su cabeza contra la pared. Cuando pensaba que las cosas no podían ir peor, lady Haruno estaba intentando casar a su mejor amiga con el único hombre al que amaría en toda su vida.

Mientras Naruto murmuraba un saludo, intentó no imaginarle inclinándose sobre la mano de Sakura, intentó no imaginar esos hábiles labios rozando su pálida suavidad. A diferencia de Hinata, Sakura no solía hacer frente al sol sin guantes y sombrero.

—¿Dónde está tu amiga? —preguntó lady Haruno—. ¿No estabais las dos tomando el té?

Hinata abrió los ojos de par en par. Si alguien mencionaba su nombre descubrirían que era una mentirosa y una impostora.

—No hay ninguna razón para que no tomemos todos el té con lord Uzumaki —propuso el padre de Sakura—. ¿Por qué no vas a buscar a...?

De repente a Sakura le dio un violento ataque de tos, y Hinata se desplomó contra la pared aliviada. Después de varias rondas de murmullos preocupados y palmaditas en la espalda, Sakura consiguió recuperarse.

—¡Lo siento mucho! Me he debido atragantar con el bollito.

—¿Con qué bollito? —preguntó Naruto.

—El que he comido antes —respondió ella desafiándole a contradecirla con el tono frío de su voz—. Y me temo que tendrá que perdonar a mi amiga. Es muy tímida. Se fue corriendo como un conejo cuando oyó que llamaban a la puerta.

—Está bien —le aseguró Naruto—. En realidad no tengo tiempo para más presentaciones. Y aunque aprecio su hospitalidad, me temo que tengo que declinar su invitación.

—Sentimos no haber podido ayudarle, Uzumaki —dijo lord Haruno haciendo chirriar su silla al levantarse—. Parece que ha sido víctima de una persona sin escrúpulos. Si aún tiene esa carta falsificada en su poder, le aconsejo que la entregue a las autoridades inmediatamente. Quizá puedan encontrar a esa mujer y ponerla en manos de la justicia.

—No es necesario recurrir a las autoridades. —La determinación en la voz de Naruto hizo que Hinata se estremeciera—. Si está ahí fuera en alguna parte, la encontraré.

Cuando Sakura salió de la casa poco después de que Naruto se marchara, Hinata estaba sentada en la colina que daba al pequeño estanque. Una pata se deslizaba por la serena superficie del estanque con siete patitos de plumas marrones y verdes detrás de ella.

—No se me ocurrió que podría descubrirme por las cartas de referencia —dijo mientras Sakura se sentaba en la hierba junto a ella poniendo su falda como una campana a su alrededor
—Ni siquiera las vio. —Miró a Sakura angustiada
—No comprendo por qué sigue buscándome a mí, a ella. Pensaba que en cuanto recuperara la vista volvería a la vida que tenía antes de conocernos.

Hinata abrazó una rodilla contra su pecho, incapaz de reprimir más la pregunta que se había prometido no hacer nunca.

—¿Cómo esta?

—Debo confesar que es muy atractivo. Siempre he pensado que estabas exagerando sus encantos, cegada por el amor y todas esas tonterías, pero tengo que reconocer que es un ejemplar magnífico de masculinidad. ¡Y adoro esa cicatriz! Le da un aura de misterio.
—Sakura se estremeció—. Parece una especie de pirata que podría llevarte sobre su hombro y poner en peligro tu vida.

Hinata apartó la cara, pero no antes de que Sakura viera el rubor de sus mejillas.

—Hannah Hinata Yamanaka!, él no es el único al que le has ocultado algo, ¿verdad?

—No sé qué quieres decir.

—Yo creo que sí. ¿Es cierto? ¿Habéis sido...? —Mirando por encima de su hombro, Sakura susurró—: ¿Amantes?

—Sólo una noche —confesó Hinata.

—¿Sólo una vez?

—No. Sólo una noche —repitió Hinata pronunciando cuidadosamente cada palabra.

Sakura se quedó boquiabierta, horrorizada y encantada a la vez.

—No puedo creer que hayas hecho eso. ¡Con él! Eres muy liberal. La mayoría de las mujeres esperan a estar casadas antes de tener un amante. —Se acercó un poco más abanicándose con la mano—. Tengo que saberlo. ¿Es tan hábil como parece?

Hinata cerró los ojos mientras las habilidades de Naruto volvían a su memoria y un intenso deseo le recorría las venas.

—Más aún.

—¡Madre mía! —Sakura se tumbó en la hierba con los brazos extendidos fingiendo que se desmayaba. Pero se incorporó enseguida y miró a Hinata con expresión preocupada
—Dios mío, no estarás... embarazada, ¿verdad?

—¡Ojalá lo estuviera! —confesó Hinata sin pensarlo—. ¿No demuestra eso que soy una persona terrible? Estaría dispuesta a romper el corazón de mi familia, sufrir la censura de la sociedad y arriesgarlo todo si pudiera tener un trocito de él para llevarlo siempre conmigo. —Hundió la cara en la rodilla, incapaz de soportar más tiempo el peso de la mirada compasiva de su amiga.

Sakura le acarició el pelo.

—Aún no es demasiado tarde. ¿Por qué no vas a verle, le explicas la verdad y le pides perdón?

—No podría. —Levantó la cabeza y miró a Sakura a través de una nube de lágrimas
—¿No comprendes lo que hice? Estuvo a punto de morir por mí. Le abandoné cuando más me necesitaba. Luego, para intentar expiar esos pecados, entré en su casa con engaños y jugué con sus recuerdos y sus afectos. —Lanzó un violento sollozo—. ¿Cómo podría perdonarme por eso? ¿Cómo podría mirarme sin odio?

Mientras Sakura la abrazaba para que pudiera llorar las lágrimas que había estado conteniendo durante dos meses, a Hinata se le ocurrió otra terrible idea. Ahora que Naruto sabía que Hinata Hyuga le había mentido, ¿cuánto tiempo pasaría antes de que empezara a preguntarse si la noche que pasó en sus brazos había sido también una mentira?

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Continuara...