Disclaimer: Los personajes de Kung Fu Panda, a excepción de los que todos sabemos, no me pertenecen.
Capítulo 21: Una nueva guerra
Xiong se pasó la garra por la cara, pensativo, mientras caminaba de un lado al otro de la sala. Veneno, sentado en una silla, sonría a la vez que ponía sus pies encima de la mesa. Todo estaba saliendo a las mil maravillas.
—Sabes que tengo razón.
Su jefe no se atrevió a mirarlo a los ojos, pero Kuo sabía que dudaba. Sería fácil convencerlo. No era más que un pobre desgraciado, una marioneta a manos del rey en la sombra. Xiong tenía el poder de tomar decisiones, pero él podía influir en ellas. Rara vez le contradecía ese viejo tigre. Veneno era peligroso y prefería tenerlo como aliado que como enemigo.
—No sé... —dudó el padre de la maestra.
—La situación se te escapa de las garras. ¿Cuánto tiempo más crees que podrás engañar a tu hija? No solo es inteligente, sino que tiene cierto interés por los juegos de detectives —comentó en tono divertido —. Quiere saberlo todo sobre nuestra historia con los pandas. ¿De verdad piensas que nunca se dará cuenta de que somos carnívoros?
Xiong se mantuvo en silencio. Era obvio que no podría ocultarle la verdad a su hija para siempre. Tarde o temprano lo sabría, y entonces podría ponerse en su contra. Las cosas se complicaban. Pero hacer caso a las proposiciones de Kuo... Era demasiado descabellado.
—¡Piénsalo! —le dijo el felino sin mirarle siquiera. Estaba demasiado ocupado mirando sus afiladas garras —. Es mejor aprovechar su presencia aquí antes de que se ponga de parte del bando equivocado. Ya viste cómo protegió a ese oso amigo suyo. Lo raro es que no te haya saltado ya a la yugular después de que lo mandaste matar.
El tigre no le dio importancia a esa última frase. Ese asunto ya estaba resuelto. El panda se encontraba bajo tierra y su hija estaba convencida de que la culpa no había sido suya. Había sabido metérsela en el bolsillo con un simple embuste. Siempre se le había dado bien mentir. En lo que respectaba a ese tema, no habría problema con Tigresa. Pero Kuo tenía razón una vez más. Podía volverse en su contra en cualquier momento y eso no le convenía.
Por otra parte, le atormentaba no saber qué barbaridad estaba planeando ese joven tigre. Él nunca proponía nada a menos que tuviera algo entre manos. Además, estaba el asunto de los soldados a los que había matado. Era obvio que había sido él el que había acabado con sus vidas. Esos tigres no tenían una sola marca en su cuerpo, y el veneno no dejaba huella.
—¿Aceptará? —se atrevió a cuestionar.
Kuo acentuó la mueca malévola de su cara. Era la respuesta que esperaba. Ya lo tenía.
—Es tu hija, y este es su nuevo hogar. Querrá lo mejor para su nueva familia.
—Sí, pero...
Aún había indecisión en sus palabras. Veneno sabía que ese era el momento para exterminarla del todo y convencerlo.
—Será algo fácil. No habrá un gran derramamiento de sangre y conseguiremos sin demasiado esfuerzo lo que nos pertenece. ¿Qué hay de malo en el plan?
—Y ¿si es ella quien pierde?
La primera reacción de Kuo fue mirarlo como si fuera tonto; después, soltó una sonora carcajada. Por un momento, Xiong apretó los puños y tensó la mandíbula. Se estaba riendo de él... No solo lo manejaba como quería sino que ni siquiera se esforzaba por mostrar algo de respeto.
—¡Vamos! Tu hija es una maestra. Ha sido entrenada por un profesional. Ellos no tienen la más mínima posibilidad. Su forma de combatir no está a la altura del verdadero Kung Fu. Además... no tenemos nada que perder.
El tono en el que pronunció esa última frase hizo que un escalofrío recorriera la espalda del jefe de los tigres. ¿Estaba insinuando que la muerte de su propia hija no sería una gran pérdida?
El sonido de la puerta abrirse y chocar contra la pared lo alertó. Delante de ellos se encontraba una muy alterada felina, con los inyectados en sangre y con el pelo de los brazos algo erizado.
Kuo no dejó de sonreír en ningún momento. Las cosas cada vez se ponían más interesantes. Le hubiera gustado quedarse a presenciar el espectáculo, pero debía dejar que el plan siguiera su curso, así que se levantó, y se dirigió a la puerta. Aún tenía un paso más que dar.
—Creo que querréis estar a solas —les dijo a ambos, saliendo de la estancia, triunfante.
Xiong quedó frente a frente con su hija. La miró a los ojos y, por primera vez, sintió miedo.
El rey Yuan, al igual que Xiong, se ahogaba en sus propios pensamientos. Sentado en el trono que le pertenecía, reflexionaba. Le habían llegado rumores. Alguien había difundido el rumor de que los tigres planeaban un ataque y una nueva guerra se avecinaba. Quería pensar que todo era una vil patraña, pero debía ser prudente.
Se decía a sí mismo que no tenía de qué preocuparse. En el hipotético caso de que esas habladurías fueran verdad, los pandas eran superiores en número. Pero aun así, no podía quitarse de la cabeza la idea de que muriera parte de los habitantes de su pueblo. Había que evitar que hubiera bajas como fuera. No quería más muertes; ya suficientes había habido aquella vez, esa en la que perdió a su hijo y a su esposa: su hermosa Mei. Había tenido que huir con su hijo el día que dio comienzo la guerra y jamás había vuelto a saber de ninguno de los dos. Seguramente, estarían ambos muertos. Si no, no se explicaría que su mujer jamás hubiera regresado a buscarle.
Miró el retrato de su esposa y su niño, un bebé que jugaba alegremente en los brazos de su madre, y sonrió con nostalgia y tristeza. Nunca había hecho el intento de rehacer su vida, a pesar de que sabía que el trono quedaría vacío tras su muerte, pero no podía hacer nada. Amaba a Mei y jamás nadie podría reemplazarla por más años que pasaran.
Alguien llamó a la puerta. Yuan dio permiso en voz alta para que pasara quien se encontrara al otro lado. Seguidamente, Joon y Bao entraron acompañados de un panda que nunca antes había visto. Seguramente era un extranjero, pues estaba seguro de que no pertenecía al pueblo.
Po miró a su alrededor, boquiabierto. Ese palacio era el lugar más increíble que jamás había tenido la oportunidad de ver, mucho más que la Galería de los Guerreros o el mismísimo Palacio de Jade. Todo allí inspiraba riqueza y poder, y le hacía sentirse pequeño. Vio al rey, un panda bastante mayor que él vestido con elegantes ropajes y, repentinamente, se sintió azorado por sus viejos pantalones remendados.
—Buenos días, mi señor —dijeron al unísono los hermanos.
Yuan devolvió el saludo, sonriendo a los soldados. Después, fijó su mirada en Po. No era del pueblo, eso seguro, pero creía haberlo visto antes en alguna parte. El Guerrero del Dragón, por su parte, tuvo una buena primera impresión del rey de esas tierras. Yuan parecía un panda honesto y bondadoso, y, por su forma de dirigirse a los gemelos, un padre más que un rey.
—¿Y tú eres...? —preguntó Yuan a Po.
Antes de que el susodicho pudiera abrir la boca, Bao se adelantó y habló por él.
—Se llama Po, majestad. Es el Guerrero del Dragón —contestó, lleno de orgullo por que uno de los de su especie cargara con semejante título.
Yuan cayó en la cuenta. Sí que lo había visto antes: en el cartel que había traído ese ganso en el que buscaban a un panda, el Guerrero del Dragón, y a una tigresa, la Maestra del estilo del tigre.
—El Guerrero del Dragón... Hace poco llegó un mensajero portando un cartel de "Desaparecidos" con una foto tuya y de una maestra de Kung Fu —comentó el rey —. ¿Qué haces por aquí?
Po enmudeció. Debía contestar con la verdad, pero los gemelos le habían advertido que no dijera nada de su relación de amistad con Tigresa a menos que quisiera meterse en serios problemas. Entonces, ¿qué debía decir?
Joon reaccionó e intentó salvar a Po.
—Majestad...
El rey levantó una mano para detenerlo. Quería que fuera Po quien hablara.
—Pues...
Yuan se levantó de su trono y se acercó al panda.
—Acompáñame. —Los gemelos intentaron seguirlo, pero el rey les hizo una seña para que se quedaran donde estaban. Quería hablar con Po a solas. Salieron a los jardines reales. Po se sorprendió por lo bien cuidados que estos se hallaban. Flores de todos los colores formaban diferentes dibujos en el césped, junto con los árboles y los setos podados a la imaginación del jardinero. Po pudo distinguir las figuras de diferentes animales en los setos: desde pandas hasta conejos, pasando por animales acuáticos o aéreos, pero por más que buscó con la mirada, no dio con la esbelta imagen de los felinos —. Así que... ¿discípulo del maestro Shifu, Guerrero del dragón?
—Sí —contestó él de inmediato —, pero preferiría que me llamase Po, majestad.
Yuan sonrió.
—¿No te sientes a gusto con el título que te han dado?
—¡Por supuesto que sí! —aclaró Po de inmediato —. Es solo que...
—Lo comprendo —le interrumpió el rey —. Dime, Po: esa tigresa que aparecía en el cartel junto a tu imagen, la maestra del estilo del tigre, ¿no? ¿Qué tiene que ver contigo? Y no me digas que nada, porque obviamente habéis sido alumnos del mismo maestro. —Po dudó de nuevo en decirle la verdad y Yuan lo notó —. Tranquilo, será nuestro pequeño secreto.
El Guerrero del dragón sabía que no debía confiar en todo lo que le dijeran, pero ese señor parecía buen panda, por lo que finalmente sonrió y dejó que la verdad saliera de su boca.
—Es mi amiga, majestad.
Yuan asintió con la cabeza. Ya se lo había imaginado.
—En estas tierras, la amistad entre un panda y un tigre es algo complicado. ¿Qué os ha traído a los dos por aquí?
—Es una larga historia —dijo, intentando evitar el drama de la maestra con respecto a su infancia en un orfanato, el poco cariño que había recibido de niña, su decepción con Shifu y su huida del Palacio de Jade para encontrar a otros tigres.
—Tengo tiempo.
Po estaba a punto de hablar, cuando un grito le interrumpió:
—¡Mi señor! ¡Mi señor!
Yuan y Po se dieron la vuelta para ver cómo un guardia muy alarmado corrían hacía ellos con una flecha en la mano. La punta de la misma estaba ensangrentada y parecía tener clavado un trozo de pergamino en el astil.
—Mi señor —dijo cuando llegó a ellos. Parecía muy angustiado. —, los tigres nos han atacado. Uno de ellos subió a la muralla y lanzó esta flecha, alcanzando a uno de los nuestros en el brazo. Tiene un mensaje. No quisimos abrirlo; preferimos dárselo a su majestad.
El guardia le tendió la flecha y Yuan lo cogió con un semblante serio y preocupado. Sacó con cuidado el pergamino, intentando no romperlo y desdobló la nota. A medida que iba leyendo el mensaje, el terror se fue abriendo paso en su rostro y sus manos empezaron a temblar. Finalmente, arrugó el papel hasta hacerlo una bola.
—¿Qué ocurre? —preguntó Po.
Yuan lo miró a los ojos. Era la noticia que tanto le había estado preocupando últimamente.
—Va a dar comienzo una nueva guerra.
Tigresa subió a la rama más alta del primer árbol que encontró. Le gustaba alejarse de todo y de todos cuando las cosas iban mal. A veces pensaba que le hubiera gustado nacer ave para volar muy alto y que nadie pudiera alcanzarla.
Sacó sus garras y con una de sus uñas arañó la corteza del árbol, distraída. Miró al cielo, cerró los ojos y suspiró profundamente. Cada vez se sentía con menos fuerzas, pero su cansancio no era físico, sino mental. Había complicado su vida a lo tonto. En ese momento podría encontrarse en el Palacio de Jade junto a sus amigos y su padre adoptivo, practicando Kung Fu y viviendo mucho más feliz de lo que estaba allí. Desde que había llegado a ese pueblo no había tenido más que problemas.
Hacía un rato que había estado hablando con su padre biológico. Había ido a reclamarle todo lo que había visto en el sótano, pero cuando había intentado hacerlo, él había vuelto a ponerle excusas con las que no sabía cómo discutir. Le había dicho lo mismo que Jian: que si cazaban era para no morirse de hambre, y que si tuvieran otra opción, la tomarían sin dudarlo, pero que desafortunadamente, no había suficiente comida para todos.
—Pero cuando vivíais con los pandas, no estabais en esta situación, y aun así los atacasteis —le había dicho.
Xiong había fruncido el ceño. Seguramente no esperaba que ella supiera la historia.
—¿Cómo sabes...?
—Lo que importa ahora es que lo hicisteis, no cómo lo sé.
—Es cierto —contestó, colocando en su cara una máscara inescrutable por la que Tigresa no supo decir lo que su padre sentía en ese momento —, lo hicimos. Fue un grave error que nos costó muy caro. Nuestros instintos pudieron más que toda lógica. Es algo que hemos querido solventar desde hace mucho y no hemos podido, pero con tu ayuda, hija, tal vez podamos.
Tigresa se había mostrado recelosa. No sabía lo que iba a proponerle su padre y tenía la impresión de que no le gustaría nada.
—¿Cómo?
—¿Recuerdas lo que te dije de que solo con una nueva guerra recuperaríamos parte de nuestras tierras?
La maestra se temió lo peor.
—¿Va a empezar una nueva guerra?
—No tiene por qué. Hay otra forma para que no haya derramamiento de sangre.
—¡Tigresa!
La maestra despertó de su ensoñación y buscó la voz que la había llamado. Yu escalaba el árbol con habilidad y la sonrisa infantil y despreocupada que lo caracterizaba. En apenas unos segundos llegó hasta ella y se sentó a su lado en la rama del árbol. Llevaba una manzana en la boca. Se la sacó, pegándole un bocado, y habló con la boca llena.
—¿Qué haces aquí arriba?
Tigresa apoyó su cabeza nuevamente contra el tronco.
—Nada, solo estaba pensando.
El joven tragó lo que tenía en la boca.
—Oh... ¿En qué, en lo que ha pasado antes? De verdad que lo siento, maestra. Jian me preguntó dónde estabas. No pensé que iba a armarse tal follón —pidió disculpas.
Tigresa sintió una opresión en el pecho que la dejó sin respiración. Con todo lo que había sucedido, casi se había olvidado de la pelea de Jian y Po. Ya era lo que le faltaba. Y no solo eso: para colmo, el tigre había estado a punto de besarla. Las cosas no podían complicarse más. ¿Qué demonios les pasaba a esos machos por la cabeza?
Volvió a suspirar. Eso no era lo peor, no. Lo peor era que cuando eso había ocurrido, ella había pensado en Po y le había apartado la cara. Era una locura. No entendía lo que le estaba pasando.
—Ya me pediste disculpas antes —respondió al joven.
—No imaginaba que se pondrían así —comentó y acto seguido, sonrió con picardía —. ¿Qué se siente al ver a dos machos peleándose por ti?
La sangre subió a las mejillas de Tigresa.
—¿Qué?
—Es obvio que esos dos están locos por ti —rio Yu sin maldad.
Pero esta frase no hizo sentir mejor a la maestra; al contrario. No era algo fácil. Ambos eran amigos suyos que jamás deberían haberse fijado en ella. Pero la cosa no quedaba ahí, porque ella no era indiferente a los sentimientos de uno de ellos: Po. Ese oso tonto y torpe se empeñaba en introducirse en sus pensamientos. Jian, sin embargo, no era más que un amigo más, como lo eran Grulla, Mono o Mantis. Debía estar demente. Jian era un macho de su misma especie, valiente, noble y en buena forma física. Entonces, ¿por qué se sentía de forma distinta a como se sentía con los demás con un panda indisciplinado y bromista en vez de con él?
—A veces, las cosas no son tan fáciles como uno querría —dijo Yu al ver el semblante triste de su amiga —. Eso es lo que siempre dice mi madre.
—En este caso, son demasiado complicadas —murmuró Tigresa.
Yu se levantó y se puso de pie en la rama con una sonrisa.
—Si las cosas siempre fueran fáciles, la vida sería muy aburrida, ¿no crees?
Le tendió una mano a la maestra, quien dudó primero, pero después la agarró para que la ayudase a levantarse. Ambos se quedaron de pie en la rama, mirando el atardecer. Yu sonreía, pero a Tigresa le era imposible hacerlo. Ya no por el tema amoroso, sino por lo que se avecinaba. Quedaba poco para la tempestad. Ahora solo le quedaba esperar que todo fuera bien y no decepcionar a nadie. Había aceptado lo que le había propuesto Xiong. Esperaba que los pandas también lo hicieran.
Sintió nervios en el estómago. Estaba nerviosa por lo que pudiera pasar a continuación. Pasara lo que pasase, no podía ser agradable.
—Yu...
—¿Sí?
—Estoy asustada.
Continuará...
¡Hola, amigos! Os debo una disculpa por haber tardado tanto. Esta vez no ha sido a causa de estar muy ocupada, sino porque tenía un bloqueo que no había forma de quitarme de la cabeza, pero bueno... Solo espero que más o menos haya quedado bien. No sé yo si sentirme orgullosa con este capítulo. Ojalá el resultado haya sido satisfactorio para vosotros. Je je je.
Nos veremos en el próximo capítulo.
¡Hasta la próxima!
Pétalo-VJ
