(^.~)

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Le Début d' une Nouvelle Vie

XXI

Inmensa y espesa oscuridad donde nada es visible, todo es nada. La oscuridad abarca todo el terreno, ni siquiera se percibe qué es ese lugar. Nada. Sin embargo, se puede oír levemente un sutil sonido provenir del fondo de aquel expectante lugar, pero al escuchar atentos el sonido, éste proviene de unos quejidos. Más allá de la densa niebla, mucho más al fondo de la nada, se aprecia una desnuda joven de aproximadamente dieciséis años de edad, con los brazos abiertos y las piernas juntas mientras gruesas cadenas mantienen atado todo su cuerpo lastimando su empalidecida piel. Su hermoso, lacio y brillante cabello plateado cae como cascada, el cual llega un poco más debajo de las caderas entretanto los flequillos le llegan al mentón cubriendo sus ojos.

Forcejea, agitando las manos para liberarse de las gruesas cadenas, más éstas le lastiman las muñecas. – Ma…má…– aprieta los dientes permitiendo la visibilidad de sus blancos y afilados colmillos. Abre las palmas de sus manos mostrando sus largas uñas. Forcejea, ésta vez moviendo su propio cuerpo, harta de estar atrapada en esa densa niebla donde no puede absolutamente nada. – Mamá…– cierra las manos en puños. Levanta la cabeza, la inclina hacia el lado derecho observando con sus semiabiertos, opacos y sin brillo ojos rojos donde están sujetas esas fuertes cadenas. Nada. Las cadenas provienen de la nada. Agacha la cabeza. – Mamá… ven…– gime.


En el instituto…

Tiempo temporalmente detenido. Sentada en el asiento, Asumi rememora esas difíciles palabras que esa chica le dijo: "Estás atrapada en un vórtice temporal de tus recuerdos". / "Asumi-chan, has perdido varios de tus recuerdos porque tu mente está saturada". Se levanta repentinamente. – Mi mente saturada… Vórtice…– no puede creer que haya olvidado momentos tan importantes y personas significativas para ella. No, eso no es verdad. Nunca olvidaría a sus amigos. Nunca. Sacude su cabeza y sale corriendo del gimnasio dejando a los demás comprensibles de la situación.

Takashi desliza las manos en los bolsillos del pantalón. – ¿El Consejo necesita nuestra ayuda? – entrecierra los ojos. – No lo creo. No me interesa involucrarme en algo tan problemático. – empieza a caminar, con el objetivo de detener a Asumi antes de que haga algo estúpido.

Estúpido Takashi. – sisea Tomoyo, decepcionada de él.

Takashi-kun. – susurra Nanami, entristecida. Agacha la cabeza, la levanta dispuesta a hacerle entender la situación, pero Taisuke le coloca una mano en el hombro y niega la cabeza. Ella desiste de la idea.

Tomoyo cierra las manos. – ¡Eres un cobarde de lo peor! – él la ignora por completo y continúa su camino. – ¡Al menos deberías tener los pantalones bien puestos y explicarme tus razones! – tampoco le presta atención. – ¡¿O es que me odias tanto que no puedes ayudarme?! – Takashi se detiene de golpe. – ¿Es eso verdad? ¿Me odias? – baja la mirada, melancólica.

No te odio. – ella alza la mirada. Takashi agacha la cabeza, cierra la mano izquierda en puño. – Pero no te perdonaré. – gira sobre sus talones para enfrentarla. – No perdonaré que te hayas ido y me dejaras a un lado. – mirada furiosa.

Ella baja la mirada, arrepentida de lo ocurrido hace años. Cierto, hace años atrás. Levanta la mirada. – ¡Onii-sama! – exclama, acongojada.

¡Ya no soy tu onii-sama! – responde con firmeza. Da media vuelta y se retira.

Tomoyo abre los ojos desmesurados, sin poder creer que él haya dicho semejantes palabras punzantes. – Onii-sama…– susurra, dolida por la reacción de su propio hermano. Pues aunque no compartan el mismo apellido, son hermanos de padre y madre. Ella también es una Komuro al igual que Takashi, pero cuando Takashi nació sus familiares maternos, los Sayaka, se decepcionaron ya que deseaban a una niña que heredara la habilidad de controlar el poder de paralizar el tiempo circunstancialmente. El anhelo de una niña se debe a que sólo las mujeres de la noble familia Sayaka pueden heredar esa habilidad. Así pues, ese mismo año la madre de ambos se vio obligada a engendrar a otro bebé, esa era Tomoyo.

Tomoyo Sayaka. Acogida por los familiares maternos para ser entrenada. A medida que entrenaba para controlar esa extraña habilidad, vivían todos juntos como una verdadera familia. Entrenó tanto para convertirse en una de las mejores guerreras para similar el poder de Takashi, que no imaginó que el destino le tenía algo más preparado. Recibió una propuesta para ingresar al Consejo Vampírico. Sus padres le insistieron, prácticamente la incitaron a aceptar. Accedió creyendo que así su deseo se cumpliría, ella sólo deseaba que su hermano le diera su apoyo y se sintiera orgulloso de ella, jamás pensó que él se alejaría. No después de recibir y aceptar la propuesta para irse de su lado. Anhelaba el cariño de su hermano, sólo eso… Su cariño.

Tomo-chan…– susurra Árika, triste por su amiga.

Tomoyo niega la cabeza. – Estaré bien. – disfraza su tristeza en una alegre sonrisa. – Onii-sama dijo que no me odia. Es un comienzo, ¿No? – gira sobre sus talones, baja la cabeza permitiendo que los flequillos del cabello cubran sus entristecidos ojos. – Si deciden ayudarnos, por favor diríjanse al parque localizado en esta zona. – le lanza una tarjeta a Kimi, quien la atrapa. – Estaré esperándole en el lugar citado. – desvanece como el viento.

Árika mira a Kimi, quien aprieta la tarjeta. – ¿Qué haremos? – pregunta ella, desconfiada.

Hiroshi suspira. – Ayudar. – atina a responder como si nada le importara.

¿Eh? – musitan Árika, Kimi, Chad y Taisuke al unísono.

Nanami baja la mirada. – Iré. – los presentes parpadea confundidos. – Necesito encontrar a mi madre. – sisea ella, avergonzada y a la vez entristecida. – Sé dónde se encuentra en estos momentos, pero si no la ayudo no podrá regresar a casa. – alza la mirada y posa los ojos en Taisuke. – Está atrapada en el castillo imperial. – todos abren sus ojos desmesurados, excepto Taisuke. – El Consejo de Ancianos es mi única elección, ellos me facilitarán toda la información que necesito para atravesar el muro y poder salvar a mi madre. – agarra la chaqueta de Taisuke sin dejar de mirarlo a los ojos. – Si se los pido, quizás ellos…

Nanami. – dice Taisuke, siendo serio con ella. – Tú más que nadie conoce de lo que son capaces cada uno de sus miembros. Tú, perfectamente bien, sabes que ellos no poseen esa habilidad. – Nanami entristece cada vez más, pues el Consejo de Ancianos está integrado por vampiros de clase Noble que han vivido más de quinientos años. – Además, lo que piensas hacer es bastante arriesgado. – Taisuke rodea los brazos alrededor de ella en un protector y cálido abrazo. Nanami se aparta de los brazos de Taisuke y se retira con rapidez. – ¡Nanami! ¡Nanami, espera! – empieza a correr para detenerla. Corre por el campus en busca de la chica que al parecer se desvaneció. Sigue buscándola, es entonces que ve su celaje dirigirse al edificio A. Apresura los pasos haciendo uso de sus poderes vampíricos y la agarra del brazo. – ¡Espera! – la atrae a su regazo.

Suéltame, Taisuke-kun. – ella forcejea con debilidad y, es que, ella no es capaz de alejarlo de su lado. Aunque su boca digan o griten palabras de aislamiento, su ser lo necesita.

La abraza fuerte. – Tranquila, ¿Sí? – ella se aferra a él. – Te ayudaré a salvar a tu madre, sin embargo, necesito que estés relajada. – deshace el abrazo y coloca ambas manos en las mejillas de ella. – Mírame. – ella centra sus ojos en los profundos e intensos ojos de él. – Ella volverá a casa. La verás de nuevo, pero debes conservar la postura que hasta ahora has sostenido. – Nanami asiente. – Y yo…– aproxima el rostro hacia el de ella, a lo que Nanami cierra los ojos mientras un hermoso sonrojo se apodera de sus mejillas. Taisuke apoya la frente contra la frente de ella. –…permaneceré a tu lado como hasta ahora ha sido. – un intenso rubor cubre las mejillas de él mientras las de Nanami se intensifican. Aparta el rostro sólo unos centímetros de ella y le mira con una energía que le robó el aliento. Acorta la distancia y, para sorpresa de Nanami, le deposita un tierno beso en la frente lo que la entristece. Avergonzada y nerviosa, Nanami lo abraza, desconcertándolo. Enseguida, Taisuke suaviza la mirada.


Asumi atraviesa los corredores, apresurada. Se sentía como si el aire le faltara, como si todo a su alrededor ya no valiera nada, como si su vida sólo ha sido una mentira. No. Se detiene. Lo vivido hasta ahora no es una mentira, ni sus amigos ni el mundo humano donde actualmente habita. Entonces, ¿Por qué está atrapada en un vórtice temporal de sus recuerdos? Sacude su cabeza. Realmente no comprende qué significa. Nadie puede entender por lo que pasa en estos momentos. Empieza a correr, pero al instante siente una presencia extraña a su alrededor. Se detiene. El pasillo está completamente vacío, ahora se da cuenta. El ambiente se espesa y todo a su alrededor parece haberse detenido.

Frunce el entrecejo. – ¿Qué es esta sensación de incomodidad? – se pregunta, mientras respira pesadamente. De repente, siente una presión en su hombro derecho. Vuelve la cabeza hacia atrás. Era Haruki y todo había vuelto a la normalidad, los estudiantes transitan por los corredores y él le mira preocupado. – Haruki…– susurra aliviada. Al instante, el enojo se apodera de ella. – ¿Dónde estabas? – coloca manos en las caderas. – Estuve buscándote toda la mañana y…– agacha la cabeza.

Haruki vislumbra un raro comportamiento en ella, no le había hablado así desde que… Un leve rubor se evidencia en sus mejillas. Desde que empezaran a salir. Se aclara la garganta. – Asumi, ¿Pasó algo que debería saber? – ojos evidentes de preocupación.

Abre los ojos como platos, asustada. Sabe que si le dice, él podría molestarse o quizás irse de su lado. Cierra los ojos. No, no podría soportar el perderlo de nuevo. Los abre y le regala una falsa sonrisa. – No, no es nada. Eso creo. – entrecierra los ojos, mirándolo con ternura.

Realmente ella esconde algo y, por su actitud, seguro no dirá nada. – Debes confiar un poco más en mí. – le susurra provocando que Asumi se desconcierte a tal grado que se ha quedado pasmada. – Vamos. – la agarra de la mano y atraviesan el corredor. Intensifica el agarre de manos.

Asumi no podía articular palabra debido a la sorpresa de verlo actuar así, es diferente de lo usual, se ve como un hombre. El corazón dio un repentino vuelco. Un verdadero hombre. Un hombre bastante apuesto y atractivo. Las mejillas de Asumi empiezan a arder, el motivo es simple: Mejillas ruborizadas. Su ancha espalda se ve tan varonil, si pudiera tocarla en este instante sería feliz. Y su voz es tan dulce, relajada y firme. Desearía besar sus labios. Cierra los ojos con fuerza. No, están en la escuela. Eso se vería… mal.

Haruki se detiene y desliza la puerta de un salón, el cual se encuentra completamente vacío y a oscuras. Asumi le mira buscando respuesta, sin embargo, él arriba al salón llevándola consigo. Le suelta su mano y cierra la puerta de golpe. – Himeko. – posa su mirada sobre ella. Se aproxima a ella y estando a pocos centímetros podía sentir el aliento de la chica chocando contra su boca. Rodeando el brazo derecho alrededor de la cintura de Asumi, la apega a su cuerpo. – No me gusta ver tu rostro triste. – roza sus labios con los de ella.

Akihiko…– susurra Asumi, sin saber qué decir.

Baja la mirada posando los ojos en los labios entreabiertos de Asumi. Aproxima su rostro al oído de ella. – No necesitas decirme, déjame saberlo. – le susurra al oído en voz suave y sensual. Asumi siente que las fuerzas desaparecen de sus piernas. Haruki cierra los ojos y deposita los labios sobre los de ella. Empieza a besarle lento y despacio, saboreando sus labios, atrapándolos con los suyos y apretándolos así, así constantemente, degustando y tocando con su lengua la lengua de su gemela. Las mejillas de Asumi ruborizan vivamente mientras se deja llevar entretanto el corazón no deja de palpitar violentamente.

Haruki avanza y la aprisiona contra la pared, estando así desliza las manos hasta posarlas en las caderas de ella y la atrae más a su cuerpo. Vuelve a deslizar las manos, ésta vez las posa en sus mejillas obligándola a inclinar la cabeza. Retrae su lengua y aprisiona los labios de Asumi, succiona e introduce de nuevo la lengua dentro de la boca de ella. Retrae su lengua y succiona con ímpetu, bebiendo en el proceso el líquido salival de Asumi. Aparta sus labios, entonces percibe una secreción salival deslizar por la femenina barbilla. Con su lengua, lame la saliva.

Retrocede. – Himeko…– se pasa las manos a sus cortos cabellos, echándolos hacia atrás. Espira. – Lo que dijo Sayaka, es cierto. – Asumi abre los ojos como platos, estupefacta. – "Estás atrapada en un vórtice temporal de tus recuerdos". – cierra los ojos. – Mm…– los abre. – Realmente eso no es lo que ella quiso expresar. – apoya el cuerpo contra la mesa del maestro. – Ven. – extiende su mano derecha y ella la toma. – La personalidad artificial que has creado en el mundo humano, no es capaz de detectar la presencia de otros monstruos por el aura demoníaca y nunca lo detectarías porque no posees esa habilidad. – Asumi agacha la cabeza. Rodea los brazos alrededor de ella en un cálido abrazo. – Mientras mantengas esa personalidad, tus habilidades estarán en reposo. – ella asiente conociendo ya esa información. Aprieta los brazos alrededor de ella.

Akihiko…– susurra Asumi, sobrecogida por el repentino apretón.

Esconde el rostro en el pecho y cuello de ella. – Te amo. – la apega más a su cuerpo, sincronizando sus respiraciones. – Himeko, no debes asustarte si no recuerdas algunas cosas o situaciones, es normal. También suelo olvidar. – deposita un casto beso en el cuello de Asumi haciéndole inclinar la cabeza. – Shiranui ocultó su aura creando una barrera. – reposa el mentón en el hombro de ella. – A Sayaka la conociste apenas siendo una preciosa niña de seis años, es lógico que no la reconocieras. Por cierto, es la hermana menor de Takashi. – entrecierra los ojos. – Y de Yamashiro tengo mis dudas. – susurra.

¿Por qué? – pregunta Asumi, intrigada.

Haruki aparta el rostro. – Por ahora, no te acerques a ella. – agarrando el mentón de Asumi, le besa los labios. – Prométemelo.

Lo prometo. – le regala una sonrisa.


Oscuridad… En aquella densa oscuridad, la joven permanece con los brazos abiertos y las piernas juntas entretanto las resistentes cadenas aprisionan su cuerpo. Su pálida piel se ve lastimada y su lacio y deslumbrante cabello plateado poco a poco pierde su brillantez. – Airi…– susurra, débil. Lágrimas escapan de sus semiabiertos, opacos y sin brillo ojos rojos, las cuales acarician sus mejillas hasta acumularse en la barbilla, luego caen gota a gota al abismo.


En el jardín de infantes…

Sakura pasa por el salón donde Ino imparte clases, entonces retrocede y ve a una Airi sentada sin hacer absolutamente nada, vistiendo una falda de color verde oscuro, un suéter blanco con cuello de tortuga, medias blancas que le llegan a las pantorrillas y zapatos negros. Ella no se mueve, nada más parpadea de vez en cuando. – ¡Shizune-san! – exclama.

Shizune se apresura en llegar. – ¿Qué sucede? – frunce el entrecejo.

Es Airi-chan. – responde la Haruno, mostrándole con la mirada la dirección en la que se ubica la pequeña Hatake. En efecto, sólo está ahí sentada, observando a un punto específico.

Shizune entrecierra los ojos. – Esto será…– su mirada suaviza. – A lo mejor está ansiosa porque sus familiares vendrán pronto. – se marcha.

¡Esp…! – ella se había ido. Suspira, centra la vista en Airi. – No creo que esté ansiosa. – Airi se ve pálida, sus opacos ojos están semiabiertos y sus mejillas sonrosadas. – ¡Airi-chan! – la pequeña parpadea y el brillo regresa a sus ojos. Se aproxima a ella. – Pronto tus hermanos vendrán por ti. – extiende la mano derecha. – Vamos a abrigarte. – Airi asiente y acepta su mano. Sakura le coloca el abrigo de color rosa pastel y le pone el sombrero tejido de color negro con una rosa rosada en crochet al lateral derecho. – Airi-chan. – ella le presta atención. – No es nada. – le acaricia el cabello.

¡Airi-chan, vinieron por ti! – exclama de una las de maestras del jardín.

Sakura agarra de la mano a Airi, para su desconcierto, siente su mano ardiente. – Airi…– susurra, intranquilizada.

Al instante, Airi ve a Haruki y a Asumi parados en la entrada del jardín de infantes esperando por ella. Ambos llevan puestos unos abrigos, pues ya es la temporada de frío y la temperatura disminuye. Airi se suelta de la mano de la sensei Sakura y, sonriente, corre hacia ellos. Haruki se arrodilla y la recibe con un fuerte abrazo, enseguida se pone en pie con su pequeña hermana en brazos. Airi agita la mano, diciéndole adiós a Sakura, quien los ve alejarse y se queda preocupada por haber sentido las manos calientes de ella.

Airi agita los brazos. – ¡Yey! ¡Pastel! ¡Pastel! – exclama, emocionada. Su repentina reacción les saca una risa a ellos.

Sólo piensas en comer dulces. – dice Haruki, sonriendo.

Una gota estilo animé desliza por la frente de Asumi. – Es que prometí llevarla a comer pastel. – comenta, nerviosa por la reacción de su gemelo.

Suspira. – Está bien, sólo por hoy. – dice Haruki, feliz de ver a su pequeño tesoro sonriente. De pronto, percibe las desnudas manos de ella sin guantes y con el frío que aumenta. – Airi. – la pequeña parpadea. – ¿No sientes frío? – frunce las cejas, intrigado.

Airi sacude su cabeza en negación. – ¡Airi está bien! ¡Muy bien! – exclama con entusiasmo.

Si Airi lo dice, entonces creeré en Airi. – responde Haruki, calmado.

¡Pastel! ¡Pastel! – profiere Airi, señalando una pastelería próximo a ellos. Ella se remueve provocando que Haruki la descienda al suelo. Al instante, ella corre hacia la pastelería y arriba a la misma.

¡Bienvenida! – exclama una de las empleadas con una sonrisa radiante en los labios. Los ojos de Airi se iluminan al ver tantos pasteles de diversos sabores y diferentes formas. Pasteles de fresa, pasteles de chocolate, pasteles de vainilla con crema de caramelo… Glaseado de chocolate… Con chispitas…

Haruki y Asumi se detienen detrás de ella, sonríen al verla tan animada. – Airi, vamos a sentarnos. – dice Haruki, posando la mano derecha sobre la cabeza de ella.

Pase por aquí, por favor. – dice la joven empleada guiándolos a una mesa. Les ubica una mesa en la esquina, donde se puede divisar y contemplar el exterior.

Gracias. – toman asiento. Haruki apoya el codo derecho sobre la mesa y acomoda la cabeza en la palma, mira a una maravillada Airi, entonces le sonríe sin dejar de mirarla. – Airi, puedes elegir cual gustes. – le muestra el menú, el cual está ubicado en la mesa, para que decida por el de su preferencia. Mientras, la joven empleada espera tomar su orden. Airi mece el cuerpo feliz.

Asumi posa mano derecha sobre la cabeza de la pequeña. – Airi-chan, ¿Ya decidiste? – pregunta suave y amablemente.

Hai! – responde feliz. – ¡Quiero este! – señala un trozo de pastel de chocolate con glaseado de chocolate. Inclina la cabeza. – ¡Este! – trozo de pastel de vainilla con glaseado de caramelo. – ¡Este! ¡Este! Y…– se lleva el dedo índice al mentón. – ¡Este! – un intenso rubor cubre sus mejillas.

Los hermanos y la joven empleada sonríen con nerviosismo. – E-Etto… Airi-chan, no podrás comerte todas esas porciones. – dice Asumi, un poco nerviosa por la posible reacción de la niña.

Airi cierra las manos en puños y los levanta a la altura de su pecho. – ¡Airi sí puede! – asiente, decidida.

Vaya, es decidida. – añade la joven empleada.

Una gota desliza por la frente de Asumi. – Sí. – resopla.

Haruki sabe que Airi tomará su tiempo para decidir. – ¿Puede traernos…– mira a Asumi, quien asiente. –…dos tazas de chocolate caliente? – mira a la joven.

Ella asiente. – Por supuesto. – baja la mirada y sonríe al ver las sonrojadas mejillas de la pequeña y su mirada indecisa. – ¿Puedo? – les pregunta a Haruki y Asumi, quienes intercambian miradas confusas entre sí. Inclina el cuerpo hacia Airi. – Hola Airi-chan, ¿Cierto? – ella asiente. – ¿Quieres ver los que tenemos en el mostrador? – Airi asiente emocionada. – Vamos. – le extiende una mano y Airi la toma. Se retiran hacia el mostrador.

Una vez Airi alejada de ellos, Haruki aparta la cabeza de la palma de su mano y retira el codo de la mesa. – Himeko…– Asumi centra los ojos en su persona. – Perdón por no haberme ido al instituto contigo. – extiende su mano derecha y la posa encima de la mano izquierda de Asumi. Mirada seria. – Esta mañana estuve en la casa del abuelo. – suaviza la mirada.

Atónita y desconcertada, Asumi abre sus ojos como platos. – ¿Por qué? ¿Por qué tenías que ir? – interroga con temor.

Ella iba a retirar su mano, pero él le aprieta la misma. – Lo siento, pero tenía que hablar con él. – Asumi niega la cabeza, nerviosa. – Himeko. – ella le mira, intranquila. – En unos meses nos casarán con personas totalmente desconocidas. – le toma de la otra mano. – Ya no puedo seguir con esto. – le aprieta ambas manos. – No quiero perderte. – Asumi rememora que esas palabras ya las había escuchado antes por los labios de él, sin embargo, en este instante presiente un mal augurio. – Por eso le pedí que me permitiera elegir esposa.

Una repentina palpitación impulsa su corazón, la cual le roba el aliento. – ¿Por qué le pediste tal cosa? – frunce las cejas, ojos desorbitados. – Él sospechará que estamos juntos y nos separará. Quizás te envíe a otra dimensión y a mí me encierre en una torre y a Airi tal vez… O…– abre los ojos. – ¿Acaso eres tú el que quiere dejarme? – las lágrimas se empiezan a acumular en los ojos. – Akihiko, yo te necesito. No quiero que nos separen, no podría vivir sin ti.

Haruki niega la cabeza. – No. Claro que no. ¿Cómo podría hacerte eso? – le regala una cálida sonrisa. – Yo te amo Himeko, te amo tanto. – acerca las manos de Asumi a sus labios y le deposita en ellas un casto beso en la parte dorsal. Un tierno sonrojo aparece en las mejillas de su gemela. – Mis intenciones contigo van más allá de lo pensado. – acaricia las manos de Asumi con las suyas. – Tampoco puedo vivir sin ti, sin tu calor, sin tus besos. – cierra los ojos y le deposita otro beso en la palma de la mano izquierda. – Anhelo tenerte sólo para mí. – entreabre los ojos y le mira con una profundidad que la hizo estremecer. – Deseo poseerte. – susurra con una sensualidad que, el rubor en las mejillas de ellas se intensificaron. – Cuando te tengo así de cerca…– sin dejar de mirarla, inhala el rico aroma de sus delicadas manos. –…no me puedo calmar. Eres hermosa y mi cuerpo te necesita. – un ligero sonrojo aparece en sus mejillas.

Yo también te necesito. – responde Asumi, sintiendo un impulso deseo de abrazarlo.

Observa los labios de Asumi levemente separados, se ven exquisitos y delicados. – Himeko…– desvía la mirada hacia un punto no específico, inhala y exhala para tranquilizarse, pues no puede perder la poca cordura en un establecimiento público. Vuelve a mirarla. – Himeko, por favor escápate conmigo. – ella abre sus ojos, pasmada. – Podríamos huir a un lugar donde nadie nos encuentre ni conozca. O escondernos en una pequeña casa a las afueras de la ciudad y yo me encargaría de colocar una barrera mágica para que no detecten nuestra presencia. – ella desliza las manos de entre las suyas, pero las agarra fuerte evitando que las retire. – Seríamos una familia, tú, Airi y yo. – sonrisa. – Airi sería nuestra hermosa hija. La hija que quizás no podamos tener. – Asumi baja la mirada, no convencida. – Seríamos felices, lejos de todo esto.

Yo…– entrecierra los ojos. –…no lo sé.

Haruki intensifica el agarre de manos. En ese instante, otra joven empleada se acerca. Haruki suelta las manos de Asumi. La joven les deja las dos tazas de chocolate caliente sobre la mesa y se retira no sin antes desearle: "Provecho". – Gracias. – agarra la taza sin apartar la mirada de su hermana y bebe un sorbo de chocolate. Asumi hace lo mismo mirando hacia otra dirección. – Himeko. – deja la taza en la mesa. Asumi le observa. – Piénsalo bien, ahora es el momento perfecto para huir. – Asumi deja la taza en la mesa y antes de retirar las manos sobre la misma, Haruki posa las manos sobre las de ella. – El abuelo vendrá por Airi. – ella abre sus ojos como platos, atónita. – Recuerda, esta ciudad posiblemente sea destruida.

Él no puede venir por ella, okā-san la dejó a nuestro cuidado. – replica, confusa.

Agacha la cabeza y aparta las manos de sobre las de ella. – Sabes que desde antes de nacer, desde que estábamos en el vientre de nuestra madre…– levanta la cabeza. –…te he amado vehementemente. Pero debes saber que desde entonces…– baja la mirada. –…okā-san lo ha sabido. – Asumi siente el pecho comprimírsele debido a la impresión. La mira. – Ella sabía de nosotros y decidió apoyarnos. A su manera, pero lo hizo, a pesar de que podía cargarse muchos enemigos. – le toma ambas manos. – Ella nos dio la libertad de poder decidir nuestros caminos y cambiar nuestro destino. – ojos angustiosos. – No permitamos que la inseguridad de elegir una vida juntos nos cohíba de ser felices. Huyamos, larguémonos de esta ciudad.

– Akihiko, yo…– empieza a decir Asumi, pero Airi se aproxima a ellos sonriendo mientras la joven empleada la sostiene de la mano y en la otra mano sostiene una bandeja con su pedido.

Haruki le extiende una mano a Airi y ella la toma. Enseguida la sienta sobre su regazo. Sobre la mesa, la joven coloca el plato, el cual contiene una rebanada de pastel de vainilla con crema de leche y caramelo y unas fresas decorando la misma. – Se ve delicioso. – le dice a la pequeña, quien sentada sobre sus piernas, empieza a degustar la rebanada de pastel. – ¿Rico, verdad? – Airi asiente con alegría mientras coge un poco de pastel en la cucharita y se lo lleva a la boca. Ella se ve tan linda ante sus ojos que rodea los brazos alrededor de su pequeño cuerpo y le deposita un beso en la mejilla.

Asumi observa a Airi degustar del exquisito pastel con una sonrisa en el rostro y sus mejillas sonrosadas, y luego a Haruki, quien vuelve a besar la mejilla de Airi. La escena de esos dos realmente se parece a la de padre e hija. Haruki agarra la mano que Airi sostiene la cucharita, corta un pedacito de pastel y se lo lleva a la boca, provocando una leve risa en la pequeña. Una cálida mirada se refleja en el rostro de Asumi. – Airi-chan…– susurra llamando la atención de la niña. – ¿Te gustaría que nosotros seamos tus padres? – dicha interrogante sorprende a Haruki, al instante él sonríe emocionado.

Los negros ojos de Airi se abren desmesuradamente. – ¿Mamá de Airi? – Asumi afirma con la cabeza. Airi vuelve la cabeza hacia atrás. – ¿Papá de Airi? – Haruki asiente. – Hai! – cierra los ojos en una radiante sonrisa. – Airi tiene papás. – mece las piernas. – Airi tiene a mamá y a papá. Ah…– estornuda.

– El frío se intensifica. – dice Haruki, sintiéndola temblar. – Debemos irnos a casa. Airi, mira aquí. – toma una servilleta y con ella le limpia la nariz. Airi continúa comiendo de su pastel.

Asumi baja la mirada con el objetivo de determinar en qué tiempo ella se comería el pastel y se dio cuenta de algo. – Akihiko…– él le mira, luego concentra la mirada a lo que Asumi veía. Las pálidas manos de Airi están tomando un color morado debido al frío. Airi percibe las miradas de ambos, le sonríe. No obstante, el cuello de Airi también se torna de un morado congelante. – ¿Qué le está pasando? – le pregunta a su gemelo telepáticamente.

Entrecierra los ojos. – No lo sé, pero debemos ir a casa y encender la calefacción. le responde del mismo modo. Suaviza la mirada. – Airi, ya nos vamos. – la desciende al suelo, él se pone en pie y se dirige a la cajera.

Asumi bebe un sorbo de chocolate que, aún sigue caliente. – Airi-chan, ven. – se arrodilla y le da a beber del mismo para calentarla un poco. Ella tiembla. En una acción apresurada, se quita el abrigo y la cobija con él. – ¿Aún tienes frío? – ella inclina la cabeza en respuesta. Asumi se pone en pie observando a Haruki, quien gira sobre sus talones y abre los ojos desmesurados. Sin comprender, ella baja la mirada y Airi no estaba. Ambos se apresuran y salen del establecimiento.

Para desconcierto de ellos, el cielo está grisáceo, si cuando entraron a la repostería estaba azul. De repente, copos de nieve empiezan a caer sobre la ciudad. Caen lentos y hermosos sobre las calles de la ciudad, dando un aire tranquilo y silencioso, pero a la vez perturbador al no haber nadie más que ellos en la salida de la repostería. Buscan con la mirada alguna señal o indicio que les diga qué camino ella tomó. Es cuando perciben unas pequeñas pisadas congeladas. Extrañados, siguen las congeladas pisadas. Y, en medio de una calle, hay una pequeña figura caminando sola.

¡Airi! / ¡Airi-chan! – exclaman al unísono.

Airi avanza tres pasos dejando sus pisadas en el pavimento, las cuales se van congelando. Se detiene y gira sobre sus talones. – ¡Mamá! ¡Papá! – agita el brazo derecho en el aire. – Mitte! Mitte! – sonriente, da una voltereta. De pronto y frente a la pequeña aparece un vampiro Clase D, el cual se abalanza sobre una desconcertada Airi ante las miradas incrédulas de Haruki y Asumi, quienes no habían percibido la presencia de éste individuo. Reaccionan, sus ojos negros se tornan de un rojo carmesí y un aura extraña emerge del cuerpo de ambos mientras sus cabellos cambian de violeta a un brillante y hermoso plateado. Corren a salvarla, pero al ver un charco de sangre salpicar en el suelo se detienen de golpe.


Acostada en la cama y usando un sencillo vestido de seda con tirantes y de color beige, Anko siente una asfixiante presión en el pecho y despierta abriendo sus rojos ojos desmesuradamente. – ¡AIRI! – exclama sentándose en la cama. Respira agitada. – Airi...– mueve los ojos hacia el antebrazo derecho donde tiene un limitador de poder en forma de brazalete. Entrecierra los ojos mientras siente el fluir de las cortinas al mecerse. Se levanta de la cama y camina hacia la ventana. Se detiene frente a la misma, enseguida desliza las cortinas permitiendo que la luz de la luna entre por la referida ventana.

De repente, escucha apresurados pasos atravesando el corredor. Por la densidad de las pisadas, no se trata de una persona o dos sino de varias. Pronto los pasos se detienen y alguien, de modo brusco, abre la puerta de la recámara. – ¿Qué crees que haces? – interroga una voz firme y masculina.

Ignorando su imponente presencia, Anko levanta la mirada hacia el cielo y cierra los ojos unos instantes. Tres vampiros que trabajan bajo la subordinación de ese hombre, se disponen a rodearla. Entreabre los ojos reflejando una mirada seria, dura, firme, y con la misma vuelve la cabeza hacia el lateral izquierdo y centra sus ojos carmesí en ellos. Sakumo sabía que esa mirada no significa rendición, ella pensaba en atacarlos de ser necesario. – Sakumo-sama, le aconsejo que retire a sus subalternos. – dice ella, indignada.

– Hija, no lograrás nada si sales de esta recámara. – dice Sakumo, procurando pacificarla.

Una repentina brisa mece los flequillos del cabello violeta de Anko dejando a la apreciación un pequeño cristal en la frente de color violeta en forma de rombo. – No permaneceré ni un segundo más en este lugar. – pronto, una descarga eléctrica recorre todo su cuerpo provocando un efecto adverso en el brazalete. – Mi bebé necesita a su madre. Airi me necesita. – el brazalete se rompe en pedazos, sorprendiendo a todos los presentes. – Mi pequeño tesoro ha estado lejos de su madre. Y su madre irá por ella. – gira sobre sus talones y camina, pasando a través de ellos. – Si alguien intenta detenerme, lo pulverizaré. – ellos tragan saliva.

Sakumo se interpone en su camino, impidiéndole avanzar otro paso más. – ¿Qué harás? – interroga, intranquilo.

Anko enarca una ceja. – Usted debería saberlo bien, ¿No? – responde, decidida a enfrentar a quien sea por la seguridad de sus hijos. – Sakumo-sama…– él iba a responder, pero ella le abraza, desconcertando a todos, incluyéndole. – Lo lamento. – le susurra. – Usted no es culpable de lo que su hijo me haya hecho. Sólo…– se aparta. – Me sentí acorralada. – Sakumo abre sus ojos desmesurados, pues no había pensado en lo que ella sentía al estar encerrada sin poder ver a sus hijos. – Hice una imprudencia y ahora debo corregirlo. – se marcha, dejando a todos los presentes sorprendidos, pues ellos se preguntan de qué valió que le colocaran el limitador si ella podía romperlo cuando así lo deseara.

– ¿Señor? – atina a decir uno de los subordinados en espera de recibir órdenes.

Niega la cabeza. – Una madre debe hacer lo que tiene que hacer. – responde Sakumo, comprendiendo la actitud de su nuera.


...

Haruki y Asumi se detienen abruptamente y abren sus rojos ojos como platos. Al instante, el viento sopla meciendo las hebras de un corto cabello de color rosado. Ella entreabre sus ojos esmeraldas y los posa sobre Haruki mientras sangre se dispersa en el suelo y salpica su rostro. Airi cae sentada atemorizada y temblando debido al susto. La sangre proviene del vampiro clase D, a quien una Fuuma Shuriken (tipo de shuriken mucho más grande que el normal, plegable y con cuatro curvadas cuchillas) atraviesa su cuerpo en dos. Labios curvados en una línea sin muestra de una sonrisa o satisfacción por haber atacado a un ex-humano. Ella presiona la shuriken de viento demoníaco en el cuerpo del vampiro y, de manera brutal, lo corta en dos. El cuerpo del vampiro clase D se vuelve cenizas y el viento se lleva las cenizas.

Asumi corre apresurada hacia Airi sin importarle si ella es una enemiga o no, sólo le importa la seguridad de su pequeña hermana. Al llegar a su lado, se deja caer de rodillas y rodea los brazos alrededor del pequeño cuerpo de Airi, atrayéndola a su regazo y abrazándola con fuerza. Airi no corresponde el abrazo aún estando desorientada. Enseguida Asumi ve a la joven que salvó a su pequeña hermana vistiendo una mini-falda negra, una ajustada blusa blanca de mangas largas, corbata negra y por encima, una chaqueta negra en la cual tiene impresa la letra C y el símbolo de un rosario en el lateral izquierdo. Lleva además, medias de color negra que le llegan a las rodillas y botas blancas de tacón. Ella pliega la shuriken y se pasa una mano por sobre su corto cabello rosado.

Haruki recupera la postura. – ¿Quién eres? – pregunta, extrañado.

Ella separa los labios dejando entrever un poco sus colmillos. – Antes de conocer mi identidad, deberías preocuparte por esa niña. – contesta seria. Entrecierra los ojos.

– ¡Airi-chan! ¡Airi-chan! – exclama Asumi, angustiada.

Haruki ve a una Asumi perdiendo los estribos mientras apega el pequeño cuerpo de Airi a su regazo, el cual se siente frío y la piel tiene un color morado congelante. Su cuello, mejillas y manos parecen estar congeladas. Corre hacia ellas y se arrodilla. – ¡Airi! – pasa su mano derecha por la mejilla de la pequeña, sintiéndola extremadamente fría. – No…– susurra, angustiado. No puede perder a su pequeña hermana, no ella. Enseguida la toma en brazos alejándola de los brazos de Asumi. La abraza fuerte. – Airi…– mira a Asumi, quien está atónita. Posa su mano libre en la mejilla de su gemela, haciéndole reaccionar. – Debemos llevarla a un lugar cálido. – le dice a ella. Aprieta a Airi contra su pecho.

– Será inútil. – responde la joven de cortos cabellos rosados y ojos esmeraldas.

Haruki frunce el entrecejo y arruga la nariz mientras la furia se empieza a apoderar de él. – ¿Por qué sería inútil? ¿Qué sabes tú que nosotros no? – cierra una mano en puño tan fuerte que tiembla. – ¿Quién demonios eres? – pronto, el cuerpo de Airi se estremece. Baja la mirada. Ella parece estar sufriendo. – ¿Qué te está pasando Airi? – aprieta los dientes con fuerza, sintiendo impotencia de no poder ayudarla al verla así dormida en sus brazos.

Asumi sacude su cabeza. – Akihiko…– le mira decidida a hacer algo al respecto para ayudar a su pequeña hermana, pero la mirada desanimada de Haruki la envuelve y llena de una profunda tristeza. – Airi. – apoya la frente en el hombro de su gemelo. Abatido, Haruki agacha la cabeza.

– Hay un lugar donde podrían llevarla. – dice la joven de ojos esmeraldas. Haruki y Asumi alzan la cabeza. Mirada seria, enseguida entrecierra sus ojos verdes. – Éste lugar ya no es seguro para ella. – ella pliega la shuriken y se pasa una mano por sobre su corto cabello rosado.

Asumi abre atónitos sus ojos carmesí, al ver a un grupo de vampiros Clase D aparecer a su alrededor sedientos por beber sangre. Observa a su pequeña hermana inconsciente y se ve en la mirada que sufre. Entrecierra los ojos dispuesta a pelear y acabar con cada uno de ellos, empezando por el primero, al cual mutilará. Se levanta. – Akihiko, yo me encargaré de ellos. Llévate a Airi lejos. – dice, dejando a la apreciación sus filados colmillos blancos.

Haruki se pone en pie cargando a Airi en sus brazos. – No puedo dejarte pelear contra ellos. – dice, preparado para protegerla de toda amenaza. – Será mejor que tú cuides de Airi. Soy capaz de exterminarlos en fracciones de segundos. – se miran entre sí, batallando con los ojos para determinar quien debe retirarse.

La joven de ojos esmeraldas toma impulso y lanza su shuriken de gran tamaño con cuatro cuchillas directo al enemigo a una impresionante fuerza, el cual le corta la cabeza a dos vampiros ex-humanos, quienes se pulverizan al instante. En un movimiento rápido, empieza a realizar sellos de manos, concentra una capa de energía en la mano derecha, la cual cierra en puño y, con éste, golpea el suelo abriendo una puerta a una dimensión desconocida para ambos. – Permanecer aquí ya no es seguro. – les dice. De repente, cuatro ex-humanos se abalanzan sobre ella. Ella da una vuelta y extrae de una bolsa en la pierna derecha, un arma de fuego anti-vampiro, tipo pistola, parecida a la Colt M1911, pero con una insignia de un rosario grabado en el mismo. Hace girar el arma entre sus dedos, apunta a los vampiros clase D y dispara exterminándolos al momento. – Para ambos es un honor que viniera a ayudarlos. – entrecierra los ojos. – Agradézcanle a su madre. – en un ágil movimiento, ella los empuja dentro del portal. – Nos volveremos a ver. – sonrisa divertida. Enseguida, se abalanza sobre todos ellos.


Siente el suelo frío, Asumi abre los ojos poco a poco percibiendo que se encuentra acostada sobre una capa de nieve. Su cuerpo se estremece debido al frío de la escarcha. Intenta tomar asiento, sin embargo, siente un terrible dolor en su rodilla izquierda, realmente esa desconocida joven la empujó con fuerza. Baja la mirada descubriendo una profunda herida en la misma de la cual brota una sustancia líquida y rojiza. – Sangre…– dice para sí misma. Una fría brisa mece su brillante y largo cabello plateado. Entonces se da cuenta que no cruzó el portal sola, sino con sus hermanos. Rápidamente los busca con la mirada y ubica a Haruki cerca de ella sosteniendo en brazos a la pequeña Airi mientras miraba atónito en dirección al frente. Mueve la cabeza y sus ojos rojos se abren como platos al descubrir que están frente al portón de la antigua y grande casa tradicional de su abuelo Sakumo Hatake. De repente, siente la presencia de alguien con gran poder y el aire se torna pesado e incómodo para respirar.

– Has crecido mucho, Himeko. – dice una conocida voz, la cual resuena a su alrededor.

Asumi abre sus ojos, nerviosa. – Oji…sama…– mueve los ojos hacia el lateral izquierdo. En dicho lugar aparece un señor de aspecto robusto, con el pelo puntiagudo de color plata con la adicción de una larga cola de caballo penetrando su alma con esos intensos ojos rojos los cuales muestran poderío.

Él baja la mirada y posa sus ojos carmesí en su pequeña nieta, quien tiene la piel casi morada, pareciera estar congelada. – Airi…– susurra, sospechando de algunas circunstancias.

Haruki apega a Airi a su regazo y se pone en pie. – Oji-sama, necesitamos que por favor asista a Airi. – agacha la cabeza. – No sabemos con exactitud qué le ocurre a su cuerpo. – se muerde el labio inferior sintiéndose incapaz de ayudarla.

Levanta el dedo índice derecho. – Una condición. – Haruki levanta la cabeza y le mira con desconcierto, Asumi por igual. – Les pido sólo una condición. – gira sobre sus talones, dándoles la espalda. – A partir de este momento, Airi se quedará bajo mi tutela. – camina en dirección a la residencia con elegancia y singular presencia. Cierra los ojos. – Protegeré a mi nieta con todo mi poder. – dice para sí mismo. – Aún si eso signifique eliminar tu existencia…– los abre. – Orochimaru. – mirada firme.


En la infinita oscuridad donde la nada prevalece, la joven desnuda mantiene la cabeza agachada mientras su lacio cabello plateado cae hacia delante y los flequillos impiden que sus ojos sean apreciados. De pronto siente un leve frío recorrer todo su cuerpo, entonces alza la cabeza y posa sus opacos ojos rojos al frente donde aparece una niña de unos seis años de pie y llorando con el pelo largo y brillantemente plateado. – Ai…– susurra ella.

Airi deja de llorar y le mira, confusa. No puede evitar sentir tristeza por la posición de la joven. Brazos abiertos y las piernas juntas mientras gruesas cadenas mantienen atado todo su juvenil cuerpo lastimando su pálida piel. Airi mueve los ojos a diversos lugares y sólo observa oscuridad por doquier. Asustada, retrocede. – ¿Dónde está Airi? – le interroga a la joven.

La joven inclina la cabeza hacia el lado derecho observando con sus semiabiertos, opacos y sin brillo ojos rojos donde están sujetas esas fuertes cadenas, las cuales provienen de la nada. Éstas se congelan y rompen en pedazos, desconcertándola. Ella desciende y deja su cuerpo elevado en las puntas sobre sus dos pies descalzos. Una cálida y a la vez entristecida sonrisa atraviesa los labios de la joven. Pronto, un vestido blanco y con finos tirantes aparece cubriéndola, el cual le llega a las rodillas. Una repentina brisa mece bruscamente los brillantes y plateados cabellos de ambas. La joven posa ambas manos en el pecho. – Ai-chan, ¿Me reconoces? – le regala una sonrisa.

Entrecierra los ojos. – ¿Ri-chan? – musita Airi. La joven asiente, feliz de haber sido reconocida por ella. Airi sonríe entusiasmada y a ella también le aparece un vestido blanco con finos tirantes cubriendo su pequeño cuerpo. La joven, de repente, cambia su aspecto físico a una niña de seis años tomando el parecido de Airi. Frente a frente, ambas son idénticas, es como si estuvieran viéndose en el espejo, la única diferencia es que Airi tiene los ojos negros y ella los ojos rojos. Ríen contentas.

La joven convertida en una niña agarra las manos de Airi. – ¡Ahora seremos amigas por siempre! – exclama, feliz. Enseguida rodea los brazos alrededor del cuerpo de Airi en un fuerte y posesivo abrazo.


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