Disclaimer:TMNT doesn´t belong to me

Nota del autor: ¡Buenas a todos una semana más! ¿Cómo estáis? Por mi parte me encuentro ya completamente curado. Como podéis ver me ha dado una racha inspirativa y me ha salido un capítulo bastante largo (creo que es el de mayor extensión de este fic, por ahora) ¡Y vuelvo a retomar a las tortugas, yuju! Os hice la pregunta sobre a quién tomaría de referencia, y eso mismo vais a saber en la misma primera línea del capítulo :D

Asimismo, esta publicación es un tanto especial por dos motivos:

1) SweetBloodyNight aparecerá en un cameo estelar ¡Yay! Lo hago en homenaje suyo, como agradecimiento al impulso que me dio a meterme a este mundillo que me ha hecho sentir tan acogido (Y sí, pequeña, aún recuerdo nuestra promesa. Espero que cumplas tu parte tarde o temprano :D)

2) Voy a presentar a un OC que se llama igual que un personaje de las series (¿Quién será? ¿Quién será? *plas plas plas*) aunque vuelvo a repetir, sobre todo para los fans de este personaje en especial, que NO son la misma persona. Para que lo entendáis mejor, es "Hija de..." y se llaman igual. El personaje como tal aparecerá, aunque no en este capítulo... ya lo leeréis todo a su momento.

Sin más dilación ¡Vamos allá! :3

*Se abre el telón*

CAPÍTULO 17: FAMILIA, TRABAJO Y DILEMAS

Si había algo que se le diera bien a Michelangelo, aquello era cocinar.

Aún recordaba cuando tenía tan sólo siete u ocho años, y encontró en el vertedero que solía visitar con sus hermanos un libro de recetas tan grande que ocupaba todo su regazo. Como todavía no sabía muy bien leer no comprendió en un principio lo que contenía, pero al final acabó por llevárselo.

"Porque la portada era muy colorida" Pensó con una sonrisa.

- "Batimos las claras a punto de nieve y se lo incorporamos a la preparación anterior"- Leyó en el libro que tenía ante él, apoyado en un atril de mesa de madera- Sí. Tiene que ser esta- Murmuró para sí, cogiendo otro bol que se encontraba al otro lado de la encimera mientras tarareaba la primera melodía que se le venía a la cabeza.

Tardó algo más que de costumbre en preparar las tortitas. A fin de cuentas, estaba muy cansado por aquellas últimas cuatro semanas.

Desde que se enteraron de que el Clan del Pie había vuelto a las andadas, Splinter decidió organizar una serie de patrullas nocturnas: Si habían salido una noche, bien podrían salir las siguientes.

- Deberíamos de empezar por el sur de Bronx, que es dónde los vieron Raphael y Casey- Sugirió Leonardo, que se había recuperado de su silencio desde el día en el que su hermano menor había despertado- Conociendo a Shredder, lo más probable es que haya cambiado de base, por lo que tendremos que andar con los ojos abiertos-

De hecho, acababan de volver de una de esas patrullas. Leonardo había ido a ducharse, y Donatello estaba trabajando con sus instrumentos, pues una vez que no dormía de noche no era capaz de pegar ojo de día. Todos acababan tan cansados que hasta se habían suspendido los entrenamientos diarios, restringiéndose a tres días a la semana.

"¿Le gustará?" Pensó mientras miraba con los brazos en jarras y una sonrisa de oreja a oreja las tortitas a la salsa de limón que casi una hora le había costado preparar "Tiene que hacerlo, porque apenas sale de su cuarto a probar bocado"

Raphael era el único que no se había unido a las rondas nocturnas: Todo se debía a una salida no autorizada hacía tres semanas que le abrió la herida de nuevo, provocando el disgusto de sus hermanos y su padre.

- ¡Raphael! ¿En qué estabas pensando?- Le reprochó Leonardo cuando su hermano volvió aquella noche.- ¡Necesitas reposo!-

- ¡Déjame en paz! ¿Qué te crees, que soy un tullido o algo así?-

- Tan sólo me preocupo por ti…-

- ¡A la mierda tus preocupaciones! ¿No te das cuenta de lo pesado que eres?-

- Te lo dije. Te dije que pararas esta tontería y no me hiciste caso- Su hermano mayor se puso a la defensiva, y antes de que Raphael hiciera un ademán de levantarse a darle un puñetazo ya se había ido de la habitación.

Michelangelo presenció la escena con impotencia, sin saber muy bien qué decir para calmar las tensión que reinaba sobre ellos. Desde pequeños sus dos hermanos mayores siempre se estaban peleando, pero en los últimos tiempos sus diferencias no hacían más que incrementarse. Lo peor de todo era que ninguno de los dos estaba dispuesto a sentarse uno frente a otro y hablar de caparazón a caparazón.

"Además, tengo que poner en práctica mi pequeño plan"

Tras comprobar que la bandeja se encontraba en condiciones se dirigió presto a la puerta del dormitorio de Raphael, que estaba atestada de señales de "Keep out!", entre otros rollos antisociales.

Teniendo cuidado de sujetar la bandeja con una mano dio tres toques suaves.

- Toc, toc, hermano a domicilio ¿Puedo pasar?- Exclamó alegremente.

- Déjame en paz- Oyó una voz grave en el interior.

- Bien, si tanto insistes…- Replicó con naturalidad, haciendo oídos sordos a la advertencia.

Cuando abrió la puerta, una oleada de oscuridad y un persistente olor a cerrado y a sudor le asaltó con toda su intensidad. En el fondo de la habitación, tumbado en la hamaca, su hermano se daba la vuelta, quedando de espaldas a la intrusa luz que penetraba en su alcoba.

- ¡Buargh! ¡Tienes el cuarto hecho una pocilga! Y mira que soy yo quien habla- Soltó una risotada, intentando romper el hielo.

Dicho esto Raphael se levantó de un salto y se acercó rápidamente hacia él.

- ¡Te he dicho que me dejes en paz! Oh, mierda…- Se llevó una mano al hombro donde tenía aquella dichosa herida. Se tambaleó un poco por el gran dolor, por lo que tuvo que sentarse en una silla cercana con ayuda de su hermano- En serio, no tendrías que haber venido. No tengo ganas de nada, ni de hablar con nadie-

- ¿Y le vas a decir que no a estas tortitas tan sabrosas que he preparado para ti?-

Fue entonces cuando Raphael se fijó en la bandeja que llevaba en la mano izquierda.

- ¿En serio? ¿En serio son para mí?- Por un momento parecía verdaderamente sorprendido- ¿No es una de tus bromas?-

- ¡Venga, tío, que no soy tan malo como crees!- Sonrió ampliamente y le tendió la bandeja mientras se sentaba en el suelo, frente a él.

Le lanzó una mirada de desconfianza durante un segundo, pero al parecer el hambre pudo más que su rebeldía sistemática. Al principio le dio un bocado para ver si le había echado tabasco o no, pero al ver que no había ninguna trampa de por medio comenzó a devorarlo casi sin masticar.

- ¡No vayas tan rápido, que te vas a atragantar!- Aunque Raph no pareció haberle escuchado.

Se quedó observándole mientras devoraba la comida que tanto empeño había puesto en preparar. Sin darse cuenta le entró un ataque de risa.

- ¿Por qué te ríes?- Le espetó su hermano con la boca llena de tortitas a medio masticar y el ceño fruncido. Aquello no hizo más que acrecentar las carcajadas de Michelangelo.

- ¡Es que por un momento me has recordado a cuando éramos pequeños!- Exclamó entre jadeo y jadeo, llevándose una mano al pecho- Cuando teníamos cinco o seis años salíamos por las alcantarillas sin que se enteraran los demás. Siempre me gritabas "¡Que te quedas atrás, gallina!"- Le imitó con una voz ridículamente grave- A la hora de comer tenías tanta hambre que no podías controlarte y Leo decía con aquel tono plasta que en realidad eras un animal de zoológico- Siguió riéndose- ¡Aquellos sí que eran buenos tiempos!-

- Buenos tiempos…- Repitió por lo bajo su hermano.

Michelangelo comprendió entonces que no debía de haberle mencionado algo así. Había dejado de comer y tenía los brazos caídos, sobre la bandeja. Se quedó mirando el vaso de agua que lo acompañaba, del cual no había tomado ni un sorbo. Por un momento se temió que fuera a explotar y la soltara por los aires, pero se quedó donde estaba.

"Bueno. A fin de cuentas tengo que decírselo" Pensó la tortuga más joven, decidida.

- ¿Por qué te has recluido aquí dentro, Raphael?-

Apretó los labios y le miró con el ceño fruncido.

- ¿Es que no lo ves?- Señaló su hombro herido- Con esto no puedo hacer absolutamente nada, ni siquiera dar un par de volteretas hasta que se me vuelva a cerrar la herida-

- ¡No se trata de eso!- Exclamó Michelangelo. Se levantó y se acercó algo más a su hermano- Todos estamos preocupados. Casey ayer preguntó por ti-

- Casey…- Repitió, mirando a otro lado.

- Tan sólo dejas que entre Don para que te cambie las vendas, pero me ha dicho que apenas le diriges ninguna palabra. Splinter no hace más que preguntarle cómo te encuentras- Hizo una pausa, observando las facciones de su hermano. Miraba sus pies con los puños apretados. Empezaba a respirar algo más fuerte, pero la joven tortuga llevaba ya unos días queriendo decirle aquello- Y Leonardo…-

- ¡No me hables de ese idiota!-

Se levantó más rápido de lo que Michelangelo hubiera podido pensar y se inclinó hacia él, pero el dolor le hizo moderarse. Soltando un improperio se volvió a sentar en la silla.

- Es un amargado. No hace más que estar encima de nosotros todo el tiempo. "Raphael, no hagas esto" "Raphael, no hagas lo otro"… ¡Piensa que soy un niño, joder!-

- Ya sabes que es el líder, además de nuestro hermano mayor- Explicó con una sonrisa triste- Puede que no me creas, y nunca lo hayas creído, pero él siempre te ha tenido un cariño especial-

- Pues pegándose como una lapa a mí no es una buena manera de demostrarlo-

Los dos se quedaron en silencio, sin saber bien qué decir.

"No. Esto no se puede quedar así" Pensó "Todavía no le he comentado mi plan"

- ¿Sabes? Leo estuvo contigo hasta que despertaste- Comenzó a hablar- Hubo una noche en la que se quedó dormido en la silla. Le tuvimos que poner una manta para que no pillara un constipado. Es verdad, a lo mejor puede comportarse como una lapa, pero te quiere, Raph, y eso no me lo puedes negar- Hizo una pausa. Raphael había vuelto a posar su mirada a sus pies. Por un momento parecía haber encogido ¿Por vergüenza? ¿Por cabezonería? No podía saberlo- Mira, había pensado esta noche en ver una película los cuatro juntos, con April y Casey si quieres, como en los viejos tiempos-

- Vaya estupidez…- Murmuró, poniendo los ojos en blancos.

- ¡Nada de eso!- Michelangelo no lo pudo aguantar más. Sus ojos se tornaron brillantes, amenazando con derramar las lágrimas que llevaba queriendo soltar- Os quiero a ti y a Leonardo, y os creéis el centro del mundo cuando os empeñáis cada uno en vuestra postura...- Apretó los puños antes de correr hacia su hermano y darle un abrazo. A éste lo pilló desprevenido, por lo que no pudo rechazarlo- Por favor, si no lo quieres hacer por Leonardo o por mí, hazlo por el hecho de traerte el desayuno. Puede que después de una noche relajada empieces a encontrarte mejor-

"Puede que después de tanta discusión te sinceres con Leo de una vez"

Raphael se separó de él y le miró en una mezcla entre sorpresa y disculpa.

- Vale. Está bien. Me lo pensaré si dejas de comportarte como un llorica…- Tras una pausa añadió, dejando caer los hombros- … y lo siento. No debería de haberte tratado así. Puedes irte-

Michelangelo cerró la puerta del dormitorio y se apoyó en la pared de al lado. Tras suspirar profundamente murmuró para sí mismo.

- ¡Ja! Al menos he hecho que se lo piense. ¡Algo es algo!- Sonrió. Siempre se le había dado bien el arte de la exageración. A fin de cuentas ¿Cómo podía bromear sin algo de histrionismo?

¿A quién estaba engañando?

Era irónico. Él estaba intentando por todos los medios que sus hermanos se sinceraran entre ellos, pero ¿Cómo tenía derecho a hacerlo si él era el primero que se estaba portando como un mentiroso?

Aún tenía que resolver aquel asunto. Había estado tan ajetreado entre su trabajo y las patrullas que apenas había tenido tiempo para pensar en la manera de poder conocer a Keto sin que éste se asustara por…por…

"Contrólate" Pensó para sí mismo, suspirando profundamente.

Hasta ahora había respondido a su amigo con evasivas. Siempre le daba alguna excusa cuando le insinuaba la posibilidad de quedar de una vez.

"Siento mucho que no puedas venir ;(. Mira, he pensado en pasarte mi móvil. Puedes llamarme cuando te apetezca, así al menos podremos hablar de una manera más directa la próxima vez. Tengo muchas ganas de verte, y así puedes enseñarme algo más de Nueva York mientras nos conocemos mejor ^W^"

Aquel era el último mensaje que le había enviado, al que todavía no había respondido.

Tenía el móvil. Podía llamarlo, pero ¿Qué le diría?

"Buenas. Sí, soy Mikester, aunque me llamo en realidad Michelangelo ¡Me alegro de que podamos hablar por fin!" Era un terreno que más o menos podría manejar, pero ¿Qué le preguntaría después? ¿Cómo podría responderle si decía de quedar?

"¿Qué demonios sois? ¡No me toquéis! ¡Alejaos!"

Le tendía la mano, pero la mujer lo miraba con los ojos desorbitados. Observaba cautelosamente sus facciones humanoides, como un cervatillo asustado, pero sobre todo aquella mano, aquella mano de tres dedos gruesos.

"Si no fuera por…" Pensó, mirándose aquellas palmas verdes que podrían asustar a cualquiera.

- Oh, por mi caparazón, en qué buena estoy metido…-

- ¿En qué estás metido?-

Pegó un respingo tan fuerte que trastrabilló un poco, amenazando con caerse. Pudo apoyar el pie en el último momento, quedándose en una postura un tanto extraña.

- ¡En nada! Cosas, cosas de trabajo, Don- Se excusó en un tono nada convincente, mientras sonreía de la manera más torpe que pudiera haberse imaginado.

Donatello se cruzó de brazos y lo miró con una media sonrisa.

- Mikey, los dos sabemos muy bien que puedes ser todo lo adorable y tiernamente molesto que te propongas, pero mentir, para ti, es una asignatura pendiente. Además, sabes que puedes contarme cualquier cosa-

No respondió enseguida. Aquella pausa lo había delatado, de eso no cabía duda. Por un momento pensó en mentir, pero no por algo Donatello se trataba del listo de la familia. Además, aunque Leonardo fuera el guía del grupo y echara bastantes ratos con Raphael, siempre era el hermano informático el que se detenía y le esclarecía sus dudas e inquietudes, incluso cuando eran pequeños.

"¡Siempre tienes respuestas para todo, hermanito!" Exclamaba alegremente en aquellas ocasiones en las que el genio le escuchaba, como tantas otras veces.

A lo mejor ya es hora de confiar en él.

- Es una larga historia, y no sé muy bien por dónde empezar…-

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Según el reloj digital del salón tenía el tiempo justo para llegar al curro puntual. Se despidió de su padre y sus hermanos como siempre hacía.

- ¡Espero que estéis esta noche dispuestos para una sesión de cine! ¡No toleraré ninguna falta si no queréis que os castigue ¿Eh?!- Exclamó desde la entrada de La Guarida, aunque no podía saber si le habían escuchado todos.

Aquella tarde cogió el monopatín para desplazarse por las alcantarillas y llegar a la cochera escondida donde guardaba su furgoneta de trabajo, el Cowabunga Carl. Aún recordaba cuando lo encontró en el vertedero: El motor estaba destrozado, y las ruedas, más que desgastadas, parecían haber caído presas bajo un grupo de castores rabiosos; Pero el cuerpo del coche tan sólo necesitaba una nueva mano de pintura, y los mecanismos de suspensión se encontraban milagrosamente intactos.

- Puede que nos lleve un tiempo, pero creo que podremos utilizarlo para desplazarnos, Mikey ¡Así no tendrás que depender más de April para ir al trabajo!- Le comentó Donatello mientras se limpiaba la cara, manchada de grasa después de remplazar las piezas defectuosas que se escondían bajo el capó.

Conocía tanto aquellas alcantarillas que podía cerrar los ojos y dejarse llevar con el monopatín. Una vez hizo eso y se chocó de bruces contra una pared, pero aquello era otra historia.

Además, desplazarse en su medio de transporte favorito le ayudaba a aclarar sus ideas.

Donatello le escuchó pacientemente cuando le contó su dilema. Habló en un tono de voz fraternal, pero Michelangelo pudo sentir una ligera desaprobación al hacer énfasis en ciertas palabras.

- Mikey, sabes muy bien que esto podía ocurrir. No debes de implicarte demasiado con las personas con las que encuentras por internet ¿Y si resulta ser que ese chico dice ser alguien que no es?-

- ¡Pues mucha imaginación debe de tener! Llevo conociéndolo dos años, e incluso tú debes de saber que es muy difícil inventarse una imagen falsa durante tanto tiempo-

- Eso es precisamente lo que tú has hecho-

Aquello le había dejado sin habla. "Es verdad. El quid de la cuestión es que yo soy aquí el mentiroso"

- Tienes razón, Don. Pero quiero sincerarme con él, de verdad- Se dio la vuelta y miró hacia el techo- Quiero pensar que no se va a asustar de mí. Quiero pensar que puedo ser amigo de un humano. Quiero pensar que no soy…-

- …un monstruo- Terminó su hermano mayor por él. Una pausa se cernió sobre los dos, la cual la tortuga de bandana morada volvió a romper- Mira, hermano, te conozco lo suficiente para saber que verdaderamente lo aprecias. No serías capaz de romper la relación con él ¿Verdad?-

Michelangelo negó con la cabeza. Eso lo tenía claro. Independientemente de sus miedos, no quería perder a Keto. Al menos, no por su parte.

- Si estás seguro de eso, entonces debemos de encontrar la manera de decirle la verdad. Eso, sin que el impacto sea tan fuerte y las consecuencias desagradables- Sus ojos color café brillaron por un momento- ¿Decías que te había pasado su móvil?-

Asintió.

Donatello permaneció pensativo unos instantes, para luego responder:

- Podrías llamarle y habláis un poco. Le comentas que durante estos días no estás muy disponible y prometes que le avisarás cuando tengas un hueco. Eso nos permitiría ganar tiempo…-

¿Ganar tiempo para qué?-

Su hermano puso los ojos en blanco.

- ¿Te crees que esto te incumbe tan sólo a ti? Una vez que te conozca no tendrás más remedio que enseñarle todo lo demás, y eso nos incluye a mí, a Leo, Raphael…y Splinter-

"Mierda. Me había olvidado de él"

Llegó al Cowabunga en un tiempo récord. Salió de la boca de alcantarilla que se escondía debajo del coche y sacó las llaves del cubo de basura que se encontraba al lado. La puerta delantera emitió un sonido chirriante cuando la abrió.

"¿Cuántos años tendrá este trasto?" Se preguntó una vez más mientras giraba la llave para arrancar el motor.

- Ya encontraré la manera de decírselo a Splinter. Tan sólo necesito un poco de tiempo- Se intentó excusar cuando hablaba con Donatello, aunque su hermano parecía no estar muy convencido de ello.

Las puertas de la cochera se abrieron a tiempo que arrancaba el coche. El callejón oscuro de siempre lo recibió en todo su esplendor sucio y oloroso.

"Si los padres se enteraran de dónde provengo realmente, entrar en la cola del paro sería el menor de mis problemas" Pensó mientras giraba el volante, saliendo de aquella callejuela.

El sol no se había puesto todavía, por lo que Mikey pudo disfrutar de la luz crepuscular que acariciaba su piel verdosa. Cuando salía a trabajar era el único momento en el que podía observar Nueva York en su día a día.

Frente a una tienda de videojuegos unos chicos comentaban emocionados un cartel promocional de un nuevo juego que iba a salir a la venta, "Mass Effect 4"

- ¡Tiene que ser un pasote! ¿Cómo te lo vas a pasar, en modo Explorador o Vengador?- Decía uno, dando saltos de alegría.

"Lo que daría yo por poder quedar con unos amigos a echar una tarde de videojuegos" A sus hermanos, aunque no les disgustaban, no lo consideraban su hobbie favorito. April se consideraba muy mayor para esas cosas, y Casey… bueno, él tenía la cabeza en otros asuntos.

Dobló una esquina y no tardó ni dos segundos en reconocer el lugar al que le tocaba trabajar aquella tarde.

En realidad ya había ido más días a "El Baúl Sonriente". La mujer que lo regentaba, la señora Terence, era un encanto de persona, aunque el achaque de los años le hacía la tarea muy ardua.

- Necesito a un joven encantador y enérgico para que me eche una mano con los niños- Le comentó con voz ronca la primera vez que hablaron- He visto tu anuncio en el periódico y me gustaría tu ayuda. Podría pagarte un adelanto si eres tan bueno como dices- Añadió con una pizca de broma.

Aparcó en el lugar de siempre, bajo el árbol que estaba frente a la entrada. Antes de salir del coche se puso sobre su pecho la cremallera falsa que Donatello le había procurado, así como la enorme cabeza de tortuga que fabricó él mismo para el curro.

"Una tortuga disfrazándose de tortuga ¡Es la rehostia!" Pensó con gracia la primera vez que se puso aquel armatoste.

La señora Terence se encontraba en la puerta de entrada. Era una mujer bajita, rechoncha y con chepa. Su cabello era blanco, y apenas quedaban unos mechones que le llegaban hasta los hombros. Pese a ello, sus ojos marrones refulgían amabilidad, y los bolsillos de sus vestidos multicolores siempre tenían un caramelo para todo aquel niño que se portaba bien.

- Buenas tardes, Mikester. Como siempre, ya llegas vestido ¿Es que nunca voy a ver lo guapo que seguro que eres?-

- No me digas esas cosas, señora, que me saca los colores- Respondió con aspavientos de las manos.

La anciana esbozó una sonrisa, mostrando que le faltaban varios dientes.

- Vamos dentro. Los niños te están esperando. Hoy es el cumpleaños de Karai, así que creo que vas a agotarte de las veces que tendrás que hacer las acrobacias que tanto le gustan-

- ¡Encantado! Me gusta mostrar lo guay que soy a los niños- Afirmó en tono enérgico, a tiempo que levantaba el pulgar.

Los niños lo recibieron con bastantes ánimos. "El Baúl Sonriente" era una guardería que abría todos los días de la semana, y aunque Michelangelo no estaba siempre, su ayuda era solicitada lo suficiente como para que todos le tuvieran un cariño especial.

- ¡Hola, Myles! Veo que te han puesto aparato ¡Pero sigues estando guapa! ¡Y aquí tenemos a nuestra dulce Sweet! ¿Ya hiciste las paces con Kyo?- Miró un poco más adelante y la vio- ¡Y aquí tenemos a Karai, la cumpleañera!- La cogió en brazos y la aupó- ¿Cuántos años cumples, campeona?-

- ¡Seis!- Exclamó. Su cabello negro parecía moverse con vida propia.

- ¡Vaaaaaya! ¡Pero si ya eres toda una mujercita! Creo que te mereces una recompensa… ¡Ya sé! ¿Qué tal si hago esos malabares que tanto te gustan?-

En respuesta los niños ovacionaron con alegría.

Fue una tarde agotadora, pero gratificante. Cuando veía a todos jugar y sonreír sentía como si él volviera a la infancia, una infancia en la que entre sus hermanos no había diferencias y todos eran inseparables.

Además, esos niños eran lo más cercano a lo que Michelangelo podría considerar un "amigo".

Con la tarde llegó la noche, y los padres fueron recogiendo a los niños. Algunos saludaban con la mano a la joven tortuga antes de meterse en el coche.

Aprovechando que ya no quedaban muchos y que cada uno estaba con sus juegos se sentó en una silla, agotado.

"Quizá podría presentarme a Keto aquí. A fin de cuentas, sabe que soy animador infantil" Pero pronto descartó la posibilidad. Tarde o temprano descubriría la verdad, y algo le decía que, cuando se encontraran, no debía de haber ninguna máscara de por medio.

Keto le había mostrado cariño y apoyo desde internet. Mostraba ser alguien sensible y abierto de mente, pero ¿Podría aceptarle? ¿A un monstruo como él?

Y lo peor de todo…

¿Podría aceptar que le hubiera mentido todo aquel tiempo?

- ¡Señor tortuga!- Alguien exclamó.

Pegó un respingo del cual casi se caía de la silla. Karai soltó una risotada mientras Michelangelo se reincorporaba.

- ¿Qué quieres, preciosa? Estaba un poco distraído, perdona si no te escuchaba-

- ¡No pasa nada!- Respondió, sonriendo ampliamente. Balanceó su cuerpo hacia adelante y atrás con los pies cuando le preguntó. - ¿Puedo sentarme en tu regazo?-

Aquello le pilló desprevenido, por lo que tardó unos segundos en asentir con la cabeza. La niña se asió a los muslos de la tortuga, la cual la ayudó en su cometido.

- Hacía mucho que quería preguntarte una cosa- Dijo con cierta timidez. Un fino rubor recorrió sus mejillas. "Cuando crezca será una mujer hermosa" Pensó Michelangelo con cariño- ¿Tienes hermanos?-

- Sí. Soy el menor de cuatro-

Sus ojos brillaron de la emoción.

¿En serio?-

Michelangelo asintió.

A mí me gustaría tener uno. Alguien que me cuente un cuento antes de dormir, o que juegue conmigo a las muñecas. Mi mamá me ha dicho que si por ella fuera me regalaría un hermanito, pero para ello necesita la ayuda de papá, y papá no está…- Comentó con voz triste.

Karai era hija de padres en trámites de divorcio, según le había contado la señora Terence, que ya recibía mucho a la pequeña debido a la poca atención que los padres le podían prestar. Por otro lado, el clima familiar no era muy bueno: El padre era dado a la bebida y a la "compañía" de otras mujeres, y en los últimos meses había llegado a agredir a su mujer. Aquello fue suficiente para que la madre de Karai (que se llamaba igual que ella) tomara medidas judiciales y se impusiera una orden de alejamiento.

- Es una niña que necesita mucho cariño- Le comentó la señora de la guardería en su momento- Creo que le caes bien, Mikester. Ve en ti a la figura fraternal que nunca ha llegado a tener-

- No te preocupes, Karai. Seguro que tarde o temprano tu mamá encontrará la manera de darte un hermanito- La intentó animar.

- Ojalá…- Murmuró por lo bajo- Yo quiero ir a ver a papá, pero mamá me dice que es malo- Le miró con aquellos ojos oscuros que la hacían parecer tan adorable- ¿Tú crees que es malo?-

- A lo mejor ha hecho alguna cosa que puede haber hecho enfadar a tu mamá, pero en el fondo la gente es buena. Siempre ha sido así-

La niña parpadeó, ilusionada. Sus ojos se tornaron brillantes de la emoción.

- ¿En serio?- Michelangelo asintió. Karai suspiró, aliviada- Me siento mucho mejor- Hizo una pausa, durante la cual se quedó mirando al infinito- A veces tengo pesadillas en las que soy mala y hago daño a papá y a mamá. Señor tortuga, si alguna vez soy mala con la gente ¿Estarás ahí para ayudarme a ser buena?-

Por un momento la pregunta le pareció absurda, pero Karai le miraba totalmente seria. Era extraño que una niña tan pequeña pensara en la posibilidad de convertirse en alguien "malo" en un futuro, pero las malas acciones de su padre, sumado a la falta de comprensión que tenía sobre ellas, podría haber empujado a la niña a formular esa pregunta.

- Sí. Ahí estaré- Respondió con igual seriedad.

- ¿Lo prometes?- Levantó la mano izquierda en un puño, tan solo abriendo el dedo meñique. Durante una milésima de segundo aquella situación le hizo gracia, pero recordó que se trataba de una promesa, y Michelangelo no estaba dispuesto a romperla.

- Lo prometo- No tenía meñique, pero eso no impidió que levantara su dedo más pequeño y lo entrelazara con el de Karai.

- ¡Muchas gracias, señor tortuga!- Exclamó, visiblemente más alegre- Puede que algunos niños se asusten de ti cuando te ven por primera vez, pero yo sé que en realidad tú eres una persona buena. Seguro que alguien como tú tiene muchísimos amigos fuera de aquí- Terminó con una sonrisa de oreja a oreja.

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Karai se despidió desde el asiento trasero del coche de su madre mientras éste se perdía en la lejanía. En la mente de Michelangelo aún seguía grabada aquella sonrisa y esa manita que agitaba con efusividad.

en realidad tú eres una persona buena.

¿En serio lo era?

Seguro que alguien como tú tiene muchísimos amigos fuera de aquí.

Aquello no era cierto, pero no impidió que en el corazón de la joven tortuga se encendiera la llama de la esperanza. Karai tenía fe en él. A lo mejor Keto también la tendría cuando se conocieran de verdad.

- Buenas noches, señora Terence- Se despidió Michelangelo.

- Muchas gracias por todo, Mikester- Respondió la anciana- Siempre serás bienvenido a este pequeño baúl de sonrisas-

"Y ahora, una sesión de cine" Pensó con una sonrisa "Espero que el ambiente sea lo suficientemente agradable para que Leo y Raph se sientan como en los viejos tiempos" Cuando llamaron a April para proponerle el plan se entusiasmó bastante. De hecho, ella iba a traer la película en cuestión. No recordaba el título exactamente, pero aquello no era lo importante.

Estaba tan ilusionado por las próximas tres horas que al principio vio completamente normal que a su lado pasara una furgoneta negra.

Una furgoneta negra con un pie rojo pintado.

"¿El Clan del Pie?" Pensó, con el corazón en un puño "¿Qué hacen yendo tan tranquilos por la calle?"

La furgoneta avanzó unos metros hasta pararse tras un semáforo en rojo.

Llevaban aquellas cuatro semanas saliendo toda la noche, incluso algún día, en busca de alguna pista sobre el clan de Shredder. April, una experta en materia de información, no había descubierto aún de qué se trataban los documentos que habían robado de la nave de Vortex.

Y ahí estaban. Delante de él. Una oportunidad irrepetible de poder averiguar algo de los planes del enemigo de su familia.

"La película" Una parte de su conciencia se encargó de recordarle "Se suponía que ibas a reconciliar a Leo y Raph…"

"No" Se repuso a sí mismo "Si consiguiera averiguar lo que están haciendo quizá podríamos terminar estas patrullas, y así tendríamos más tiempo después para solucionar nuestros asuntos familiares"

Por ese motivo decidió arrancar el motor y, en vez de dirigirse a la izquierda, giró a la derecha, hacia dónde conducían los soldados del Clan del Pie.

Intentó mantener las distancias. Ya era prácticamente de noche, por lo que sus hermanos supondrían que estaría de camino para la sesión de cine.

"Sólo los seguiré" se decía para calmarse "Cuando sepa algo interesante me iré y les comentaré las novedades a Leo y los demás"

Llegó al comienzo de una calle peatonal. Si no se equivocaba se encontraba en la periferia de Manhattan, ya que la calle daba a la playa.

La furgoneta paró bajo una farola que parpadeaba. De ella salieron dos soldados ninjas que empezaron a andar a paso ligero hacia las profundidades del barrio.

Michelangelo aparcó a una distancia prudencial, cogió sus nunchakus (nunca se desprendía de ellos, ni siquiera para ir a trabajar), y no tardó en empezar a seguirlos, intentando ocultarse en las sombras.

"¿Qué están haciendo aquí? Esto es un barrio residencial"

Se detuvieron frente a una casa y comenzaron a hablar entre ellos. La tortuga empezó a recortar la distancia que los separaba lentamente.

"Fúndete con las sombras, y en sombra te convertirás" Recordó las lecciones de Splinter conforme se escondía tras un cubo de basura cercano.

- …sin sentido ¿Por qué nos ha mandado aquí Leto?- Decía uno, visiblemente irritado.

- Ha recibido órdenes directas de Shredder para que les vigilemos de cerca-

- ¿Cómo se llamaban?-

- Corbett. Son los Corbett-

- Se llame como se llamen ¿Qué tiene de peligrosa una familia normal y corriente?-

- Shredder los considera de especial importancia. Está circulando un rumor de que posiblemente tengan algo que ver con lo ocurrido hace veinte años…-

- ¿Lo de Hamato Yoshi? No puede ser, no queda ni rastro de ese antiguo clan-

"¿El antiguo dueño de Splinter cuando era una rata?" Michelangelo abrió los ojos de la sorpresa "¿Están hablando del incidente que lo inició todo?"

- Esto es un fastidio- Comentó el que parecía más escéptico- ¿Por qué no acabamos con ellos entonces?-

- Tan sólo quiere que les provoquemos un disgusto. Un recordatorio para el chico de que tiene que responder al "mensaje"-

- Sabes demasiado ¿No?-

- Quizá-

El joven mutante no podía quedarse quieto. Fueran cuales fueran sus verdaderas intenciones, aquellos dos soldados del Clan del Pie iban a irrumpir en aquella casa. Por un momento pensó en recurrir al sigilo, pero luego se dio cuenta que eso era más tarea de Leonardo o Donatello.

"Además, tan sólo son dos" Añadió con una media sonrisa "¡Oh, hacía tanto tiempo que yo, Mikey Mikester, no entraba en acción!"

Envalentonado por la situación empezó a andar hacia adelante a tiempo que empezaba a hacer girar sus nunchakus.

- Creo que lo que necesitáis para aclarar vuestras mentes es un poco de Cowabunga, chicos-

Los dos soldados volvieron la mirada a la tortuga y abrieron las piernas, en postura de combate.

- Tú eres una de esas tortugas ninja- Comentó el escéptico- Nunca había tenido la oportunidad de ver una ¡Eres tan monstruoso como me habían dicho!-

- ¿No está el resto de tu camada contigo?- Añadió el otro con saña mientras desenvainaba su katana- Seguro que separado no eres tan fuerte como dicen. Una oportunidad irrepetible para desengrasarnos-

- Con que un monstruo ¿Eh?- Sin avisar impulsó su cuerpo hacia adelante, recortando los cinco metros que les separaban en dos segundos- ¡Veamos si piensas lo mismo de mis amiguitos!- Aprovechando la inercia dio un salto que le proporcionaba una ventaja por altura. Se abalanzó sobre el primero que se le vino a la cabeza, el que no había desenvainado su arma. Sin embargo, el otro se interpuso entre los dos. Nunchaku y acero entrechocaron, aunque Michelangelo tenía las de perder. Por eso aprovechó sus pies para propinarle una patada repentina en el pecho y saltar dando una voltereta hacia atrás- Vaya, vaya, no esperaba resistencia alguna. Pensé que seríais tan suaves como los demás…-

Antes de terminar la frase el hombre de la katana volvió a arremeter contra él, aunque Michelangelo lo esquivó y con una zancadilla le hizo caer.

- Creo que eso me da un diez en agilidad- Empezó a dar saltos, alternando el apoyo en una pierna y otra, a modo de calentamiento- Veamos cómo se me da la ofensiva- Miró hacia adelante, al otro soldado, quien parecía llevar unos sais- Venga, viejo ¿Vienes tú o te arreo yo?-

"El viejo" pilló impulso y pegó un salto, pero incluso de primera impresión era mucho peor que Raphael. No le fue difícil poner a girar sus nunchakus y propinarle un fuerte golpe en la cara antes de que la punta de los sais lo atravesara. Perdió la consciencia al acto, y habría caído sobre la joven tortuga de no ser por sus reflejos, que le hicieron coger el peso muerto y lanzarlo contra el otro soldado, que se estaba levantando.

- ¡Ja! ¡Seguís siendo tan fáciles como la última vez!- Con un aliado inconsciente, su contrincante se lo llevó por los hombros y huyó hacia la furgoneta- ¡Venga, no me hagáis esto! ¡Me estaba empezando a divertir!- Al ver que no tuvo respuesta, comentó para sí- Bueno, al menos eso me da una matrícula de honor. Leo estaría orgulloso de esto…-

- Con que tú eres una de las fabulosas tortugas ninja de las que me ha hablado Shredder. Caramba, creo que no habré aprendido a contar bien en la escuela ¿No erais cuatro?- Una voz comentó a sus espaldas.

Michelangelo se volvió al nuevo presente. No tardó ni dos segundos en pensar que aquel hombre era más peligroso. Llevaba el atuendo de soldado de Clan del Pie, pero no llevaba máscara. Tenía un corte de pelo negro, a lo militar. Y una cicatriz muy característica le cruzaba uno de sus ojos, que estaba blanco.

- ¿Y tú eres...?- Preguntó la tortuga con una sonrisa peligrosa.

- Leto. Encantado- Se inclinó de manera caballerosa- Veo que has despachado con cierta gracia a mis dos subordinados- Sus ojos brillaban de malicia- Si las circunstancias fueran más propicias te propondría unirte a nuestro Clan del Pie, pero creo que ya conozco tu respuesta-

- Y que lo digas, tío- Puso a girar sus nunchakus- ¿Vas a tener al menos la decencia de decirme qué hace vuestra calaña "asolando" la casa que tenemos ante nosotros?-

- Una tortuga astuta ¿Eh?- Sonrió- Si escuchaste a esos dos incompetentes sabrías que se trata de un asunto personal de Shredder. No recomiendo que te entrometas-

- Creo que es demasiado tarde para eso ¿No?- Puso sus músculos en tensión, preparado para pillar impulso- Primero atacar y luego preguntar. Siempre ha funcionado así ¿Verdad?-

- Mira que te lo advertí…-

El polvo alrededor de Michelangelo se levantó cuando sus pies se despegaron del suelo una vez más. Seis metros, cuatro metros, y el hombre que se hacía llamar Leto no se movía ni un ápice…

Notó algo un poco por debajo del cuello. Al principio se trataba de un impacto lo suficientemente fuerte como para hacerlo detener en el aire y caer boca arriba, dejándolo sin respiración.

Después vino el dolor.

Comenzó a irradiar desde el tórax hasta la punta de sus pies. No era pulsátil, sino insistente. Sentía cómo le quemaba por dentro, como si sus entrañas comenzaran a disolverse.

Vio de reojo a Leto. Estaba de pie, impasible, aunque de la nada parecía haber sacado una especie de ballesta negra, mucho más grande que las medievales. Pudo ver que en su pecho se había incrustado una bola de hierro con pinchos. Cada vez que respiraba el metal se enganchaba más en la carne, acrecentando todavía más el sufrimiento.

- Te presento a Snakeweed, mi última creación- El hombre levantó la ballesta con una media sonrisa, como si intentara mostrársela mejor- Los tiempos cambian, tortuguita, y las armas convencionales ya no muestran ser lo efectivas que eran en la época de los samuráis ¿Qué esperabas, que fuéramos a quedarnos de brazos cruzados? Yo, particularmente, no habría ascendido tan rápido en el Clan de no ser por mis métodos…poco ortodoxos-

Era insoportable. Intentaba gritar, pero sus músculos habían dejado de responder.

- Tranquilo, la toxina que va incorporada en esas púas no te matará inmediatamente. Tan sólo permanecerás paralizado un buen rato, el suficiente para que mueras por desangramiento o por dolor. Tiene que ser MUY interesante cuando se haga de día, los ciudadanos honrados salgan a trabajar y te vean ahí tirado, como un monstruo que eres…-

"Monstruo, monstruo, monstruo…"

"En realidad tú eres una persona buena".

Michelangelo miraba las dos caras de una misma moneda. Le hablaban a la vez, haciendo que sus voces fueran incomprensibles. No sabía a qué atenerse, estaba confundido…

Un pitido indicó a Leto que le estaban llamando por el transmisor que llevaba incorporado en el cinturón, lo cogió y respondió.

- ¿Sí, mi maestro?- Pausa- Ya veo. Entonces la Reina Azul va a encargarse del chico ¿No?- Se rió- ¿Que ya lo conoce? Algo nuevo que añadir a la lista de fenómenos paranormales. Será interesante ver qué plan tiene entre manos. Ella ha sido la que se ha encargado de "prepararle", que sea la que termine el asunto como crea oportuno. Aquí Leto, cambio y corto- Colgó- Parece ser que hoy es tu noche de suerte. Resulta que hay un cambio de planes. Los Corbett permanecerán a salvo… por ahora- Dicho esto hizo un gesto con la mano a tiempo que se perdía en la oscuridad de la noche, andando lentamente.

Intentaba moverse, pero le costaba la misma vida. Tarde o temprano sus músculos dejarían de hacerlo, y eso si antes no perdía la consciencia.

"La película" Recordó repentinamente "La película"

Estarían todos reunidos, preguntándose cuándo llegaría. Seguramente April habría traído pizza para cenar todos juntos, que tanto les gustaba a él y a sus hermanos. Donatello estaría comentando sus impresiones tras estar mirando el reverso de la carátula. Leo y Raphael estarían peleándose por el mejor sitio…

"He sido un idiota. Por mi culpa esta oportunidad para sentirnos como una familia se ha ido al traste" Sus músculos estaban paralizados, pero eso no impidió que comenzara a derramar lágrimas silenciosas.

No podía quedarse ahí. Debía llegar al Cowabunga Carl y avisarles, avisarles de que…

Se apoyó en la primera pared que encontró, y comenzó a levantarse con todo el esfuerzo que jamás había llegado a emplear. El dolor iba en aumento, y sus músculos cada vez pesaban más y más.

Lo último que hizo antes de perder el conocimiento fue levantar el brazo tanto como pudo y tocó algo que se asemejaba a un botón. Oyó un pitido persistente, como el de un timbre…

...

¡Una vez más pongo la vida de nuestros queridos personajes en suspenso! ¿Qué será de Michelangelo? ¿Qué os parece la figura de "Karai" (hija), y esa promesa que le ha hecho a Mikey? ¿En qué sentido Shredder tendrá "asuntos personales" con los Corbett? ¡Dejad vuestras reviews con todo lo que se os haya pasado por la cabeza (os lo pido por favor, incluso aquellos que no suelen dejarlos, hacedlo aunque sea en este capítulo para confirmarme que seguís ahí *reza a todos los dioses posibles*)!

Por otro lado, en capítulos anteriores otro personaje ya había mencionado "El Baúl Sonriente" y a la Señora Terence ¿Alguien recuerda quién lo hizo? (me encantan este tipo de preguntas, jeje)

¡Nos vemos en la siguiente publicación!

Con todo el cariño del mundo.

Jomagaher.