Los miré fijamente. El hombre la sostenía por un brazo.
¿Nada de dinero, eh? -gruñó él-. Tu hermano dijo que tenias dinero a montones. Pero si no tienes dinero, hay otras formas de pagar.
¡No! ¡Suélteme!
¿Touko?
El hombre y la víctima se giraron. Era Touko, bien. Mis instintos, aunque fueran animales, habían acertado. El hombre… el monstruo… la cogió por el cabello. Y le apuntó a la cabeza con un arma.
¡ Touko! -Comencé a caminar hacia ella.
¡Estás aquí!
No te muevas, o dispararé.
Sostenía el arma contra su cabeza. No podía hacerle daño. Yo no había venido desde tan lejos para permitir que le hiciera daño. Sin saberlo, solté un gruñido bajo, un animal listo para saltar.
¿Qué significa esto? -dijo él-. No…
Se detuvo. Me vio, y sus ojos de bestia encontraron mis ojos de bestia, y el animal que yo era olió su miedo.
¿Qué…?
Si le haces daño -dije con una voz más animal que humana-, te mataré.
¡No me comas! -chilló.
Y giró el arma, de Touko hacia mí.
Eso era todo lo que necesitaba. Ataqué. Mis dientes se clavaron en su brazo, mis garras en su cuello. Sonó un disparo. Mis dientes estaban en su cuello.
Y luego dejó de moverse.
Me lo quité de encima y me derrumbé sobre el suelo.
Estaba sangrando. Se suponía que yo no sangraba. Aparté la mirada. La hemorragia no se detuvo. Tal vez mi piel no podía curar la herida si tenía dentro una bala. Eso tendría sentido. Pero dolía.
Touko corrió hacia mí, tropezando con el pistolero herido.
Grey, estás aquí.
Estoy aquí -estuve de acuerdo. El mundo se hacía borroso, muy borroso, borroso y oscuro, y limpio y perfumado como una rosa.
¿Pero cómo lo supiste? -dijo ella-. ¿Cómo supiste dónde estaba?
Lo supe. -Mi estómago dolía donde la bala se había alojado-. Lo supe por… -Magia. Amor. Instinto animal. Como Jane escuchó a Rochester-. Sólo lo supe.
Extendí el brazo hacia ella.
Debería llamar a la policía. O a una ambulancia. -Comenzó a marcharse.
Pensé en la muchedumbre del metro, en un oficial de policía llegando aquí para encontrarme, llevarme lejos, a morir en un coche patrulla, solo, perdiendo a Touko cuando finalmente la había encontrado. La agarré del brazo.
Por favor. Por favor, no. Quédate conmigo. Quédate conmigo.
Quería estar contigo. -Estaba sollozando ahora-. Me dijiste que volviera en primavera. Y quería ir. Mi hermano fue tan canalla como siempre, y prometió entrar en rehabilitación, conseguir un trabajo. Lo hizo durante aproximadamente una semana. Pero después se marchó. Dijo que no tenía que trabajar sólo porque yo quisiera que lo hiciera. Fue el mismo tipo de cosa que siempre decía, pero ahora era diferente.
¿Por qué? -Intenté mantener mi voz normal. Si averiguaba cuan herido estaba, se marcharía, iría en busca de la policía. Dolía tanto. Tanto, como la vida se derramaba a través de mi piel. No bajé la mirada porque sabía que sería un jodido desastre.
Porque había estado contigo. Antes, sólo conocía lo que era ser su hermana, vivir día a día y esperar que esto terminara. Pero ahora sabía lo que era tener a alguien que me hablara, que se preocupara por mí… que estuviera conmigo… y…
¿Te amara? -Las palabras fueron un jadeo, y por el rabillo del ojo, pude ver mi reloj avanzando. 11:59. Lo había puesto en hora esa mañana. Se había terminado. Pero estaba con Touko. Eso era suficiente-. ¿Por qué no regresaste?
Quise ir, pero no sabía la dirección. Mi hermano me llevó a tu casa a la fuerza, y ahora no quería decirme dónde estaba. Me mentía cuando se lo preguntaba, o decía que no lo sabía. Pero yo recordaba que tu casa estaba cerca de una estación de metro. Podía verla desde la ventana, ¿recuerdas?
Asentí.
Así que decidí ir a cada estación de Unnova, luego buscar una casa cerca, con un invernadero. Iba a una diferente cada día después de la escuela. Pero iba demasiado despacio, y esta noche decidí que te encontraría. Si recorría cada centímetro de Unnova, gritando tu nombre, te encontraría.
¿Gritando mi nombre?
Como Jane Eyre. Acababa de releerla la semana pasada, y pensé en ti… en cómo los amantes fueron separados, y… - ¿Amantes?
Era tan difícil mantener los ojos abiertos. Estaba conmigo. Todo podía acabar ahora mismo.
¡No! Debería ir a buscar una ambulancia. Si algo te pasara, yo… Con dificultad, me obligué a incorporarme.
Te amo, Touko.
Era medianoche. Se había acabado. Siempre sería una bestia. Pero Touko había regresado. Ella estaba aquí.
Sé que soy demasiado feo para que me ames -dije-. Pero siempre…
Yo también te amo, Grey. Pero por favor, déjame… Agarré su brazo haciéndola retroceder.
Entonces, bésame. Déjeme tener el recuerdo de tu beso, aunque muera.
Era demasiado tarde. Era demasiado tarde, pero se inclinó hacia mí de todos modos, y me besó, mis ojos, mis mejillas, y finalmente mi boca sin labios. Me desvanecía, pero la saboreé, la sentí. Esto era todo lo que quería. Touko. Ahora podía morir feliz.
Y en la esquina, vi una sombra moviéndose.
¡Cuidado, Touko! -dije con una repentina fuerza renovada. El aire olía curiosa y repentinamente a rosas. Pero debía ser mi imaginación-. ¡Detrás de ti!
-grité.
Vi al hombre. Intenté enfrentarme a él, perseguirlo y morderlo como había hecho antes. Pero mi cuerpo entero se sentía entumecido y hormigueante, pesado, como si ya hubiera muerto. Vi que Touko se abalanzaba a por el arma del suelo. Entonces, forcejearon, cuatro manos aferrando un mismo objeto. Disparo, cristal rompiéndose. Después la sombra corrió hacia la puerta.
Touko se giró hacia mí. Sostenía el arma humeante.
¿Grey? -Miró en la oscuridad como si no pudiera verme. El mundo era negro y giraba. El aire olía fuertemente a rosas ahora. Y bajo mis manos, sentí algo. Pétalos de rosa. Estaban por todas partes, bajo mis manos y sobre mi cuerpo, e incluso en el cabello de Touko. ¿De dónde habían salido?
Estoy aquí, mi amor. -¿Había dicho mi amor? ¿Yo? Pero mi cuerpo se sentía tan bien, como si nada pudiera volver a hacerme daño. Ya no me dolía. ¿Estaba muerto?
Aún así, ella me miraba de forma extraña. Finalmente, habló:
¿Natural Harmonia? Pero… ¿dónde está Grey?
Había oído mal.
Estoy aquí. ¿Pero cómo me has llamado?
Natural Harmonia, ¿no? De la Escuela de prestigio Unnova. Quizás no me recuerdas, pero una vez me diste una rosa. -Se detuvo, mirando de lado a lado-. Una rosa… ¡Grey!
Touko… -Puse mi mano ante mis propios ojos, y era una mano humana. La mano de un hombre. Tan perfecta. El brazo de un hombre. Toqué mi cara. ¡La cara de un hombre!- Touko, soy yo.
No lo entiendo. ¿Dónde está el chico que estaba aquí antes? Su nombre era Grey, y era…
¿Feo? Horrible.
¡No! Estaba herido. ¡Tengo que encontrarlo! -Empezó a caminar hacia la puerta.
¡ Touko! -Batallé con mis pies. Mi fuerza regresaba, y cuando miré abajo, no había sangre, ni dolor. Estaba curado en todos los aspectos. Touko corrió a la puerta, y la perseguí, ya que estaba mejor. Estaba vivo y bien, y cogí su mano con la mía-. Por favor, espera.
No puedo, Natural. No lo entiendes. Había un chico aquí, y era… - Yo. -Agarré su otra mano-. Era yo.
¡No! -Forcejeó para liberarse, pero sostuve sus manos-. No, él no eras tú.
Por favor. -Tiré de ella hacía mí. Era más alto y fuerte de lo que Natural había sido antes. La atraje de forma que no pudiera marcharse. Me golpeó, dando manotazos y patadas-. Por favor, Touko, sólo cierra los ojos, y sabrás que lo que digo es cierto. -Envolví mi brazo alrededor de ella y puse la otra mano sobre sus ojos.
En un segundo, se rindió, casi. Dije:
Una noche, hubo una tormenta eléctrica. Bajaste, asustada, e hicimos palomitas de maíz… dos bolsas… y vimos La Princesa Prometida. -Me detuve. Se había quedado congelada-. ¿No reconoces mi voz, Touko? Cuando la película terminó, te quedaste dormida. Te levanté en brazos y te llevé a tu habitación.
Se apoyó contra mí ahora, como si me necesitara para mantenerse en pie. Continúe.
Despertaste en la oscuridad y me hablaste. Me dijiste que mi voz te sonaba familiar. Era familiar. Era yo. Natural. Grey. Somos el mismo. Siempre recordaré ese día porque fue la primera vez que tuve esperanza, la primera vez que te hablé sin que repararas en cuan horrible, cuan poco humano era yo. La primera vez que creí que quizás pudieras amarme.
Se giró hacia mí.
¿Grey? ¿Pero cómo?
Magia. Una bruja me puso bajo un hechizo, diría un cruel hechizo, pero realmente no lo fue porque me condujo a ti.
¿Cómo se rompió el hechizo?
Magia. Era mágico, y la magia se llamaba amor. Te amo, Touko.
Me incliné y la besé. Ella me devolvió el besó.
¡Grey!
Sí. -Me estaba riendo. No podía evitarlo.
¿Puedes llevarme a casa ahora? -dijo ella-. A tu casa.
Asentí.
Cogeremos el metro. -Bajé la mirada hacia mi ropa, mi ropa extra grande de bestia-. Sé que tengo una pinta un poco rara, pero probablemente nadie lo notará.
