Capítulo 20 "Sentimientos imperfectos"
Nada más nombrar a la chica, Syaoran dio un giro un tanto brusco con el volante y frenó repentinamente, orillándose en el camino, para acto seguido mirar a su amigo con demasiadas preguntas no hechas bailando en su rostro.
—Sí, soy yo —la voz fraccionada de ella no pasó desapercibida por Eriol.
Su voz se oía tan diferente, quizás por los días que llevaba sin escucharla, tal vez porque había añorado hablar con ella tantas veces desde el día en que se separaron en aquel cementerio. O posiblemente… Eriol no tuvo el valor para dar cabida a otra explicación.
La línea se mantuvo muerta por varios segundos.
—Tengo…—Eriol escuchó como ella reprimía un gemido—…tengo que hablar con Sakura, ¿está contigo?
—No, ella… ¿dónde estás tú? —le preguntó y luego al poner en perspectiva todo lo que significaba que ella estuviese llamándolo en ese momento, simplemente explotó—: ¡Maldita sea! ¿Dónde te habías metido? Hemos estado con el alma a medio vivir por no saber de ti.
No podía dejar de pensar que si esa llamada la hubiese hecho unas horas antes…
Escuchó un llanto mal contenido desde el otro lado. Una sensación muy tenebrosa se apostó en el corazón de Eriol.
—¡Es importante! Pásame con Sakura, luego podrás interrogarme todo lo que quieras.
—No está conmigo, Naoko. Ella…
No sabía cómo decirle las cosas a esa chica, pues temía que la revelación que ella exigía, terminara por romperla. No tenía la certeza de esto, pero estaba casi seguro que algo había ocurrido con Naoko, los estremecimientos en su voz eran como una señal de alerta para él.
—¿Ella qué, Eriol?
—Ella… —siguió dudando sobre cómo proseguir.
No alcanzó a terminar de decir otra cosa, pues Syaoran le arrebató el aparato.
—Sakura fue a buscarte. Fue con ese malnacido de Terada, porque pensábamos que había conseguido atraparte. ¿Dónde diablos has estado?
—Eso no es cierto, me estás tomando el pelo, ¿verdad? —las palabras pronunciadas por Naoko fueron con un timbre de completo desconsuelo—. Ella no pudo ir con él… Li, dime que ella está bien, por favor—logró decir en medio de un ahogado gimoteo.
—Quisiera que fuera una broma —admitió el castaño, percibiendo una sensación de miedo que trasmitía la voz alterada de Naoko.
—Oh Dios —ella susurró casi inaudiblemente.
—No has respondido mi pregunta, ¿dónde te habías metido? —insistió, restándole peso a la preocupación que empezaba a generarse en su mente ante el tono prácticamente moribundo de la chica.
Syaoran escuchó con detalle la forma en que la respiración de la muchacha comenzó a acelerarse.
—Entonces todo fue en vano —la oyó sollozar desesperanzada, para casi inmediatamente oír otra voz masculina de manera lejana, que preguntaba si se encontraba bien.
La línea permaneció muerta y escuchó la misma voz que antes maldecir: "¡Maldita sea! Perdió el conocimiento, trae al médico"
—¿Yanagisawa, estás ahí? ¿Yanagisawa? —siguió insistiendo Syaoran—. ¡Yanagisawa, por amor a lo más sagrado, contéstame!
Syaoran siguió escuchando que en el otro lado gritaban órdenes. Eriol trató de arrebatarle el aparato.
—¿Qué diablos está pasando, Syaoran? —le preguntó el inglés.
—No lo sé, la línea sigue abierta, pero ella no contesta, parece que se desmayó.
Eriol cerró los ojos y empuñó las manos.
—¡Demonios!
Syaoran iba a decirle algo a su amigo cuando escuchó que alguien le hablaba por el teléfono.
—¿Bueno?
—¿Qué pasó con Yanagisawa? ¿Ella se encuentra bien? —preguntó primero que todo.
—Se desmayó, el médico está atendiéndola en este momento —confirmó una voz masculina.
—¿Y con quién hablo yo ahora? —preguntó el chino.
—Ella te llamó Eriol. No recuerdo que mi hermana conociese a nadie con ese nombre —explicó el sujeto.
Syaoran trataba de elucubrar una explicación a lo que escuchaba del hombre del teléfono, ¿de qué hermana hablaba? ¿Quién era ese sujeto?
—¿Quién es usted? ¿Por qué Yanagisawa está con usted? —trató de averiguar Syaoran, tratando de eludir el segundo intento de su mejor amigo por quitarle el teléfono.
Nuevamente los segundos se sumaron sin que nada se escuchara por la línea.
—Esas preguntas son complicadas de responder, Eriol Hiragizawa, ¿verdad?
—No, se equivoca, mi nombre es Syaoran Li. Y no importa lo difícil que sea, conteste mis preguntas.
—¿Syaoran Li? ¿Eres el mocoso? —cuestionó el hombre con una obvia incredulidad— ¿Sakura está contigo?
Syaoran sintió un vuelco en el estómago cuando el sujeto mencionó a Sakura, y le costó exactos tres segundos darse cuenta de una de las preguntas del tipo. Solamente una persona en toda su vida lo había llamado mocoso, pero esa persona…
—¡Contéstame, maldito mocoso! ¿Mi hermana está contigo?
Los pocos colores que se habían atrevido a volver al semblante de Syaoran se esfumaron estrepitosamente. No podía ser. Él no podía ser quien pensaba.
—¿Kinomoto? —la pregunta abandonó su garganta de forma titubeante, para posteriormente tragar grueso.
—Sí, soy yo.
—No, eso no puede ser, se supone que tú estás…
—¿Muerto? Pues no, no estoy muerto. Es una larga historia, yo…dime dónde está Sakura.
Syaoran sacudió la cabeza para ordenar sus ideas. Trató de calmar su respiración que sin notarlo se había acelerado. ¿Y si todo esto era una orquestada trampa? ¿Cómo se supone que Touya estaba vivo? Si era así, ¿por qué aparecía después de todo ese tiempo?
Syaoran tapó el teléfono y miró a Eriol, quien lo observaba expectante.
—La persona con la que hablo dice ser el hermano muerto de Sakura —le explicó, ganándose una expresión de sospecha del inglés.
—Dame el teléfono —exigió Eriol, al hacerse con el aparato habló—: Soy Eriol Hiragizawa, ¿cómo puede probar que es quien dice ser?
—Soy Touya Kinomoto, no tengo forma de probarlo, al menos por teléfono, y entiendo su desconfianza. La muchacha tampoco lo creyó, por eso solicitó un teléfono para hablar con mi hermana y corroborar la información que le di, pero ella no contestó. No me importa si no me dicen su ubicación en este momento, tan sólo me conformo con saber si Sakura se encuentra a salvo.
El inglés soltó un suspiro cansado. Su intuición le decía que ese tipo realmente era el hermano de Sakura. Sus inflexiones de voz eran nerviosas, evidencia de lo importante que era para el tipo la seguridad de la castaña. Pero no tenía pruebas concretas.
—Llámeme en cinco minutos —solicitó al sujeto y colgó rápidamente.
Eriol dirigió su atención a Syaoran.
—No sé si este sujeto miente. La cuestión es que él está en poder de Naoko, por lo que debemos ser cuidadosos. Por lo pronto, debemos seguir conduciendo hacia el centro y encontrar a Sakura, ¿puedes hacerlo?
Syaoran asintió.
—¿Cómo sabremos si esto no es una trampa?
—Tengo una idea. Realmente me preocupa pensar lo que ese sujeto pueda hacerle a Naoko, por lo que, si probamos que es el hermano de Sakura, podremos centrarnos completamente en encontrar y avisarle a Sakura que Naoko está a salvo.
—¿Y cómo podremos probarlo?
—Tú déjalo en mis manos.
—Bien. Esperó que por una vez la suerte esté de nuestro lado.
Mientras Syaoran conducía, Eriol estaba con su laptop en el regazo.
—Sakura compró en una tienda que se encuentra a dos kilómetros, la buscaremos por los alrededores. La compra fue hecha hace veinte minutos.
Syaoran se decantó por conducir, Eriol murmuraba cosas que él no conseguía comprender, mientras seguía trabajando con su computadora.
Por un instante fugaz, Syaoran deseó que todo terminara ya.
¿Es que acaso la felicidad para él era siempre un blanco esquivo?
Porque si rememoraba su vida, desde el momento en que supo que amaba a Sakura había tenido que separarse de ella una y otra vez. Y cada una de esas veces se había sentido muerto en vida. La amaba. ¡Dios! La amaba tanto que a veces se preguntaba de qué forma conseguía que todo aquello cupiera en su interior.
¿Y ahora? Ahora que la había perdido de nuevo se sentía tan perdido y desolado como nunca antes, porque ella estaba en peligro real y si algo le pasaba él no sería capaz de resistirlo. Todo el mundo podría irse al infierno si Sakura era lastimada, pues se llevaría a quien fuese por delante con tal de saciar la sed de venganza que aquello provocaría. En el momento que el odio llegaba a un punto extremo, la imagen de Miu sonriendo lo descolocó. Y desinfló todos aquellos resentimientos con una suave calidez. Debía concentrarse. Pidió, a quien pudiese escucharle, que por esta vez no lo separaran de la mujer que él tanto quería, con quien necesitaba estar.
—Esa es la tienda —Eriol apuntó en dirección a una tienda de servicios alojada en una bencinera—. No ha habido nuevos movimientos en tu tarjeta —explicó, al tiempo que Syaoran miraba en todas direcciones, buscando aquella cabellera que siempre lo visitaba en sus sueños, tantos en los que tenía dormido, como en aquellos que experimentaba despierto; sin embargo, ni aquel cabello, ni su dueña, estaban por ninguna parte—. Veré si puedo vulnerar aquellas cámaras de seguridad, tal vez, si tenemos suerte podremos hacer un seguimiento de qué dirección tomó.
Eriol explicaba detalladamente su plan, pero a la mitad, fueron interrumpidos por la llamada telefónica de Touya.
—Hola —saludó Eriol, sin dejar de escribir, estaba a punto de entrar a la red de la tienda.
—He llamado en el tiempo que se me solicitó —explicó el que decía ser hermano de Sakura—. Espero que me dé indicaciones.
—Antes de eso, ¿cómo se encuentra Naoko?
Se hizo un silencio cruel, Eriol aguantó la sensación de vértigo que lo hizo sentir tan vulnerable.
—El doctor la sedó —explicó con voz parca.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Por su seguridad… Ella no estaba en condiciones de mantenerse tranquila, temimos que pudiese hacerse daño a sí misma.
Eriol ahogó la preocupación que de pronto comenzó a formar torbellinos en su interior.
—¿Daño a sí misma? ¿Qué le ocurrió? ¿Cómo es que ella está con ustedes?
—Es muy largo de detallar por teléfono. Considero que debiésemos juntarnos, yo… necesito saber si mi hermana se encuentra bien —explicó el hombre al otro lado de la línea, mascullando las palabras. Se notaba que estaba tratando de contenerse.
—Muy bien, necesito que envíe una fotografía con el periódico de hoy a la siguiente dirección de correo electrónico —indicó con voz monótona y al siguiente momento pormenorizaba el e-mail—. Debe ser en este mismo instante —insistió el inglés—. Le devolveré la llamada en cuanto pruebe su identidad.
Eriol colgó, sus labios se fruncían con violencia. Movió la cabeza repetidamente, necesitaba centrarse en dos cosas, vulnerar la cámara de vigilancia de la tienda y esperar que Touya cumpliera con lo solicitado. Después podría dejar vagar las ideas horrorosas sobre por qué Naoko sonaba tan diferente y por qué la tuvieron que dormir.
Syaoran había estado atento a Eriol durante toda su conversación con el sujeto que supuestamente era Touya. Cuando el inglés cortó la comunicación, observó cómo no dijo nada y se sumió en sus reflexiones. No pudo aguantarlo más y le preguntó cómo comprobaría que él tipo decía la verdad.
—Es muy sencillo. Utilizaré un software de reconocimiento facial —no sonrió como era su costumbre, cuando se sacaba un as bajo la manga. Esta vez permaneció mortalmente serio—. Tiene un alto grado de confianza. Se requiere una fotografía de la persona y puedes compararla con otra, ni siquiera es necesario que sean de la misma época —explicaba, hasta que se iluminó algo de su semblante—. Bien, pude entrar.
—¿A la cámara de la tienda?
Eriol asintió, volteó la computadora hacia Syaoran, quien observó la imagen poco nítida de Sakura, tal vez no se viera claramente, pero el joven podría reconocer a aquella mujer en cualquier parte y, de cualquier manera. La silueta despixelada de la castaña se proyectaba por la laptop de Eriol. Había ingresado y tan sólo cuatro minutos más tarde había salido de la tienda, llevando unas cuantas bolsas con ella.
—También está la imagen de dentro de la tienda —explicó Eriol en el instante que la imagen de Sakura ocupaba una gran parte de la pantalla, mostrándola interactuar con el dependiente, se notaba muy nerviosa porque constantemente miraba a las afueras de la tienda, buscando cualquier atisbo de peligro—. Compró algunos teléfonos desechables.
Syaoran contuvo la respiración, se quedó prendado unos segundos, bebiendo su imagen y deseando poder traspasar la pantalla para alcanzarla con sus manos. Sakura lucía cansada y nerviosa. Syaoran la conocía a la perfección para saber únicamente con su lenguaje corporal lo mucho que ella se estaba esforzando para no colapsar. Cerró los ojos, odiando la vulnerabilidad y la desesperación que repentinamente comenzaron a inundarle el alma.
—¿Qué dirección tomó? —consultó el castaño, intentando refrenar el mar de oscuridad que amenazaba llevarse su razón.
—Se encaminó hacia el Este.
Eriol ni siquiera había alcanzado a terminar la frase cuando Syaoran encendió el coche y aceleró en aquella dirección.
Un pitido sonó.
—El tipo envío la fotografía, tal y cómo se lo pedí.
—¿Tienes otra foto de su hermano?
—¿A qué te refieres? —consultó Eriol, perdiéndose en algún punto de la conversación que llevaba con Syaoran.
—Dijiste que ese programa te permitía comparar fotografías. ¿Tienes alguna para hacer la comparación?
—Ah, comprendo. Efectivamente busqué una imagen de él en internet. Su supuesta muerte fue algo que la prensa se encargó de informar, de ahí saque una.
Eriol manipuló los archivos y el programa que le permitiría obtener la respuesta. Al sonar un pitido, tanto él como Syaoran, observaron estupefactos la pantalla de la computadora.
—¡Por el ángel vengador! Parece que el hermano está vivo —susurró Eriol a mínimo volumen.
—Esto lo cambia todo.
—Ya lo creo.
Syaoran dirigió una mirada abrazadora y obstinada.
—Nos juntaremos con él, pero antes debemos evitar que Sakura cometa una locura.
…
Comprar los teléfonos había sido fácil, lo difícil era seguir los pasos que se había impuesto para este plan.
Estaba decidida a llamar nuevamente a la casa de Terada y pedir que se le informara su número personal. Eso fue extrañamente sencillo, nada más habló con una persona que le dio la información que ella requería en tiempo record. El primer paso estaba hecho.
Ahora tenía que llamar a Terada y eso era lo que se estaba haciendo muy complicado de ejecutar. Pasó una hora completa antes de que se atreviera a seguir el siguiente paso. Inspiró muy profundo y marcó todos los números que le habían dado.
—Aquí, Terada.
Su espantosa voz sonaba serena y lúgubre; tal y como ella la recordaba.
—Soy yo —susurró.
—Usted dirá, señorita Kinomoto. Estoy ansioso porque nuestro intercambio se lleve a cabo —soltó una ligera risa.
—Quiero hablar con Naoko —exigió con frialdad.
Él soltó una sonora carcajada esta vez.
—Me temo que no puedo cumplir su petición —susurró muy bajito—. Ella no está en condiciones para hablar en este momento… Y si sigue tentando su suerte, tal vez nunca pueda hablar de nuevo —amenazó a la vez que se reía con deleite, disfrutando toda aquella negociación.
—No se atreva a ponerle una mano encima —advirtió la joven de ojos verdes, mientras sus ojos se tornaban llorosos.
Realmente Sakura no quería pensar en el infierno que estaba viviendo su querida amiga.
—¿Y quién me lo va a impedir? ¿Usted? Deje de dar rodeos, Sakura, yo soy quien tiene algo que usted desea, así que, por favor, no venga con exigencias idiotas.
—Yo debo tener certeza de que ella está bien. Déjeme hablar con ella o al menos envíeme una fotografía.
—Muy bien —aceptó con enojo—. Tan sólo serán unos momentos.
Sakura esperó con el corazón destrozado aquellos segundos.
—¿Sakura? —la voz temblorosa de una mujer se escuchó perfectamente por el aparato desechable.
—¿Naoko, eres tú? —cuestionó ella, colando demasiada preocupación en sus palabras.
Su amiga comenzó a llorar.
—¡Por favor, Sakura, sácame de aquí, por favor, por favor! —rompió a llorar, Sakura derramó dos lágrimas escuchando la forma en que su amiga lloraba con tanto desenfreno.
Ella trató de calmarla, pero no podía siquiera calmarse a sí misma al imaginar las terribles cosas que tuvo que sufrir para escucharse de esa forma tan compungida. Ni siquiera parecía la voz de Naoko, pero era muy posible que luego de que estuviese en manos de esa gente todo en ella hubiese cambiado para siempre.
Nunca se le pasó por la cabeza sospechar que aquella no fuera Naoko, nunca.
Terada miraba complacido, desde el otro lado de la línea, como Yukiko le mentía a la bruja de ojos verdes. Había que admitir que la chica tenía buenas dotes actorales, porque cualquiera se conmovería al escucharla suplicar de ese modo.
Repentinamente, Sakura escuchó como le arrebataban el teléfono a su amiga
—Ya habló lo suficiente con ella.
—Se arrepentirá si le hizo daño, juro que se arrepentirá.
Terada sonrió ante la vacía amenaza de la muchacha.
—Más vale que me diga la hora y el lugar. Ya sabe qué los accidentes ocurren y pueden pasarle a su linda amiga.
—Centro comercial de Tokio a las once de la mañana.
—Allí estaré.
Sakura colgó y se puso una mano en el pecho.
Naoko se oía verdaderamente mal, por lo que era imperante que la rescatara.
Pero, ¿cómo iba conseguir que ella fuese liberada y que no le tendieran una trampa?
No tenía la menor idea de cómo iba a conseguirlo, pero juraba por Dios que iba a poner todo lo que estuviese de su parte.
—Hay cosas que debo comprar —susurró para sí misma.
Sakura pensó en cambiar su apariencia por completo de forma que al reunirse con Terada pudiese ser testigo de si realmente el mafioso llevaría a su amiga con él.
Se dirigió a una tienda comercial. Se disfrazaría como un muchacho, eso era lo único que le ocurría.
…
—¿Hay nuevos movimientos en la tarjeta? —preguntó Syaoran, quien estaba buscando por las calles cercanas a la tienda en la que Sakura había estado hace más de una hora.
Sus esperanzas de encontrarlas, era muy cercanas a cero.
No obstante, seguía conduciendo muy lentamente; observando todo cuanto podía en búsqueda de ella.
—No.
La monótona respuesta de Eriol hizo que Syaoran hirviera por dentro, estaba al tanto de que su amigo sólo intentaba apoyarlo, pero desde que colgaron la llamada con Kinomoto que se había vuelto una completa molestia, pues no había hablado más que lo justo y lo necesario. Y eso era problemático, porque era él quien generalmente mantenía ese comportamiento, por el contrario, Eriol hablaba sin parar, cosa que conseguía que ambos pudiesen mantenerse tranquilos.
Entonces, no entendía por qué Eriol también había caído en ese tipo de mutismo y eso le molestaba.
De pronto detuvo el auto.
—¿Por qué diablos estás tan callado? —soltó el joven chino, elevando la voz.
Eriol ni siquiera se inmuto, tan sólo dirigió su azulada atención a Syaoran y se encogió de hombros.
—Debe ser porque pienso que todo se irá al carajo —dijo tranquilo en un primer momento, luego todo aquel semblante de paz se diluyó dando paso a una rabia que era muy evidente en el joven de origen inglés— ¡Sakura fue una estúpida! Nada le costaba esperar, ¿te das cuenta que todo esto es su culpa por no tener la paciencia suficiente? —explotó, gesticulando con las manos.
—Ella estaba desesperada… —trató de defenderla Syaoran.
—¡Todos lo estábamos! —apuntó Eriol sin disminuir su tono de reproche—. Sin embargo, ella simplemente paso de todos nosotros y se fue a cometer una verdadera locura. ¡Y eso me tiene jodidamente molesto! —terminó de decir agitado.
—¡Demonios! ¡También estoy enojado! —gritó Syaoran, sorprendiendo a Eriol—Pero, no puedo quedarme sin hacer nada —algo de melancolía se coló por la voz del chino—. ¿Acaso crees que es fácil para mí saber que ella no confió lo suficiente en mí y prefirió irse sola? Te diré algo: Estoy muy decepcionado e igualmente aterrado de que pueda pasarle alguna desgracia.
Se quedaron en silencio unos segundos, ambos comenzaban a ajustar sus respiraciones.
—Tampoco puedo dejar de pensar en Naoko —soltó el inglés de pronto—. Ella se oía realmente destruida… yo sólo quiero ir a verla —confesó finalmente en voz muy bajita.
—Ella es especial para ti, ¿verdad? —le preguntó el chino, quien ya parecía más calmado.
—No me había dado cuenta de cuán especial es, hasta que la escuché con esa voz tan fragmentada y temo que le hayan hecho daño. No paro de repetirme que no debimos dejarla sola en el cementerio. No paro de sacármelo en cara —admitió con voz rota, encajando una mirada de genuino dolor en su amigo.
Syaoran suspiró.
—Lamento que no puedas ir a verla todavía, te necesito para tratar de evitar que Sakura…
—Lo sé, maldición, lo sé. Tampoco podría irme sin más. Encontrar a Sakura es la prioridad, pero no fingiré que no estoy enfadado con ella.
El inglés dirigió su mirada hacia la laptop y sus ojos se iluminaron.
—Centro comercial de Tokio, hace menos de dos minutos.
Eriol lo miró con esperanzas renovadas a un Syaoran que se notaba perplejo.
—¿Qué estás esperando? Enciende el coche. Sakura acaba de comprar en una tienda departamental de aquel lugar.
Syaoran tardó exactos cinco segundos en procesar la información. Y menos de dos en ponerse en marcha hacia ese lugar.
—Estamos a menos de diez minutos —masculló el chino, tratando de enfocarse en el tráfico— Dios quiera que siga allí.
Arribaron al lugar. Eriol decidió monitorear la información de la tarjeta de crédito de Syaoran desde su teléfono móvil, era menos aparatoso que llevar la laptop con él. Por su parte, Syaoran estaba en modo búsqueda, era temprano por lo que le centro comercial no tenía tantos clientes, así que su tarea de buscar a la mujer que amaba, resultaría menos complicada.
Ambos recorrieron los pasillos y se fueron a la tienda en la cual la muchacha había realizado la compra. Miraron y buscaron sin resultados positivos. De forma que decidieron seguir buscándola en las otras tiendas.
Syaoran odiaba que aquel centro comercial fuese tan grande. Dos personas era insuficiente para buscarla.
Cuando estaba por entregarse a la más cruda desesperación. Eriol comenzó a reírse nerviosamente.
—Acaba de realizarse otro recargo en tu cuenta. La tienda es una óptica.
Syaoran recordaba haber pasado una óptica, por lo que se echó a correr sin esperar a su amigo quien se quedó levemente rezagado, casi corría como si fuese un maratonista olímpico, sin descanso, hasta que estuvo muy cerca de la tienda en cuestión y entonces vio salir a un muchacho que cargaba con varias bolsas.
Syaoran llegó hasta la tienda y se dio cuenta que en ella solo estaba la dependiente y nadie más. Salió rápidamente de la tienda otra vez y observó a la persona que la había abandonado hace tan sólo unos instantes. Syaoran entrecerró los ojos, el conocía perfectamente esa forma de caminar y por muy masculino que fuese su atuendo, el reconocería ese andar en cualquier lugar.
—¡Sakura! —gritó como un desquiciado.
El joven se volteó por mera inercia y Syaoran la reconoció de inmediato.
Corrió los metros que los separaban. Sakura y su disfraz masculino se quedaron estáticos esperando por el chino, quien en menos de lo que cae un rayo estaba rodeándole con sus brazos.
—Syaoran, ¿cómo…? —musitó pasmada, su intelecto no alcanzaba a procesar el hecho de que realmente Syoran estuviese estrechándola en un abrazo.
La apretó tan fuerte, que Sakura soltó un leve quejido, incluso soltó las bolsas que llevaba consigo. Tan sólo fue capaz de corresponder aquel abrazo y trepar sus manos por la fuerte espalda de su querido Syaoran, ocultando su rostro en el cuello masculino de Syaoran, inspirando con verdadera devoción su aroma.
Le sorprendió que él hubiese podido reconocerla. Hace muy poco había comprado unos pantalones masculinos y una gran chaqueta de nieve, que era al menos tres tallas más grandes de lo que ella necesitaría, se había cambiado en el baño y quedó muy conforme al creerse irreconocible. El conjunto había sido completado con el gorro de color burdeo que cubría por completo su cabellera, de modo que a ojos de cualquiera ella pasaría como un chico, es por ello que nunca se hubiese imaginado que Syaoran pudiera ver a través de esas vestiduras.
—Nunca vuelvas a hacer algo como esto —le dijo Syaoran en su oído, se escuchaba tan enojado y aliviado que no era más que una extraña amalgama de emociones.
—Lo siento —susurró la muchacha, contagiándose del tono vulnerable que poseía su amado.
Syaoran la besó con rabia, poco le importó que estuviese en un lugar público. Normalmente, él no se comportaría así en un sitio como ese, pero no lograba razonar, lo único que necesitaba era besar a Sakura; y aunque lo hacía con arrebato, pues eran demasiadas las preocupaciones y los miedos que había tenido que soportar por su culpa, no dejaba de agradecer a todos los dioses que existieran, que hubiesen conseguido encontrarla antes de que ella cometiera un error de proporciones bíblicas.
La muchacha correspondió todo cuanto pudo de esa caricia tan ruda.
Él nunca la había besado así, nunca con una necesidad tan primaria como en ese momento. No era tonta para no saber que él se encontraba muy dolido por haber hecho todo lo que hizo, sabía que lo dañaría en el momento exacto en que abandonó el lecho que los había cobijado mientras hacían el amor. Pero no imaginó cuán tristes iban a lucir sus ojos ámbares, ni la forma en que su boca se iba a tensar con tanto enfado y dolor. Syaoran estaba muy triste y ella sabía que lo había causado.
Se separó de ella, pero la mantuvo presa del abrazo, pero esta vez la miraba sin pestañear.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó confundida.
—No entiendo por qué tuviste que cometer esta locura, maldito infierno —le reclamó con algo de rencor, ignorando por completo el cuestionamiento de su novia—. ¿Por qué no pudiste esperar y confiar en mí, Sakura?
—Yo… —se quedó tan muda como un muerto.
Trató de recobrar algo de su habla, pero los ojos de Syaoran la acribillaban con tanta recriminación, con igual malestar y con una insufrible apatía que estaban consiguiendo que enmudeciera. Sus ojos se rellenaron de lágrimas, sólo en ese momento fue verdaderamente consciente de lo que su decisión había acarreado.
Había herido a Syaoran profundamente.
Sakura no pudo seguir enfrentando esa mirada de aquel hombre, entonces se refugió en sus brazos. Él no la rechazo, incluso la atrajo más hacia él y comenzó a acariciar su cabeza.
Fue el aliciente preciso para comenzar a explicarse, o por lo menos, intentarlo.
—No… no podía… no podía seguir soportando más tiempo —sollozó convulsionando sus hombros con desenfreno—. No podía esperar más tiempo sabiendo que ella estaba sufriendo, Syaoran.
—Pero no así, pequeña —la regañó Syaoran de forma bastante tierna—. Entiendo tus sentimientos, pero, ¿te detuviste a pensar el vacío que dejarías en mí? ¿En los chicos? Tuve que consolar a Miu cuando casi enloquezco por no encontrarte —explicó con serenidad, al parecer gran parte de sus resentimientos se habían esfumado, al menos de momento.
—Perdóname, pero no vi otra salida —admitió sin despegar su rostro del pecho de su novio—. Hable con Naoko —sollozó—. Sonaba muy mal, muy mal, Syaoran. Me rogó que la sacara de allí…
Syaoran volvió a separarla de sí.
—¿Cuándo hablaste con ella?
—Hace un par de horas.
Sakura puso al tanto a Syaoran de todo cuanto había hecho las horas precedentes. Eriol permaneció un poco alejado, pero pendiente de toda la conversación que estaba teniendo en par de castaños.
Syaoran y Eriol se notaban cada vez más molestos, a medida que ella iba contándoles sus planes y lo que había logrado llevar a cabo, ellos iban aumentando las arrugas en su ceño.
—Seguro que era una trampa —se oyó la voz de Eriol—. Naoko se encuentra a salvo, siquiera está fuera de peligro.
Sakura por primera vez enfocó su atención en Eriol.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Eriol la miró con desdén y desvió su mirada hacia Syaoran.
—Es mejor que nos vayamos, ni siquiera pasa del mediodía y ya quiero dormir por cuatro días seguidos —murmuró despeinándose el cabello, mientras se encaminaba por el pasillo del centro comercial en dirección al estacionamiento.
—Vamos, Sakura.
—Pero, Syaoran, debo reunirme con Terada a las once. Ese tipo tiene a Naoko, dijo que le haría daño…
—No, Sakura, Naoko no está con Terada, eso puedo prometerlo, en estos momentos podemos ir a verla.
—¿Estás seguro?
—Sé que es difícil para ti, pero confía en mí.
Sakura acusó el golpe que Syaoran, pretendiéndolo o no, le arrojó. Enmudeció por completo y se dejó guiar por los pasillos hasta que llegaron al coche. Eriol se encontraba al volante, por lo que ella se subió en la parte trasera junto con el chino.
Eriol estaba intentando comunicarse con Kinomoto. Quien no había contestado en un primer intento, lo cual consiguió que se pusiera en extremo nervioso. Lo intentó nuevamente y recién al cuarto timbre contestó.
—Aquí, Kinomoto.
—Soy Eriol Hiragizawa, necesito que me diga algo que sólo su hermana podría recordar —informó con voz neutra.
La línea permaneció muerta por varios instantes.
—Sakura en una ocasión asistió a la feria de aniversario que realizábamos en la preparatoria. Ella se empecinó con un peluche de felpa que estaba en el puesto de tiro al blanco, perdí varios intentos hasta que pude conseguírselo, ella sonrió y me dio las gracias y dijo que lo cuidaría con su vida. Era un conejito blanco y le puso el nombre de Momo. Lo tuvo hasta que yo desaparecí de su vida —admitió el hombre con la voz llena de rabia.
—Espere un momento —Eriol sostuvo el aparato y silenció el micrófono del móvil, dirigió su atención a Sakura, quien miraba ceñuda toda la conversación que estaba teniendo Eriol—. Sakura, necesito que respondas algo, ¿cómo se llamaba el conejito que tu hermano ganó para ti en un festival escolar?
Sakura frunció el ceño, ¿qué significaba todo eso?
—Momo —respondió sin comprender realmente algo de todo eso.
Observó la forma en que Syaoran y Eriol intercambiaron una mirada de aprensión.
Eriol volvió a manipular su móvil y habló nuevamente.
—Envíenos la dirección. Estaremos cuanto antes allá.
—Sé que no tengo derecho a exigir nada —masculló Touya—. Sin embargo, podría decirme si mi hermana se encuentra bien, por favor, es importante.
—Ella está con nosotros, se encuentra bien. Esperaré por la dirección.
Colgó sin mayores ceremonias.
—¿Qué es lo que ocurre? —le preguntó Sakura a Eriol— ¿Syaoran?
—Pequeña, no sé muy bien la forma de decirte esto —rodeó el chino—. Hoy nos llamó Naoko y está con un sujeto que asegura ser tu hermano.
La mandíbula inferior de la mujer se soltó, descolgándose con amplitud. El rostro de la chica develó tanta sorpresa, que luego fue sustituida por una palidez preocupante.
—¿Mi hermano? Eso no puede ser, porque él está…muer…muerto.
N/A: Hola, ¿hay alguien por aquí? Es difícil que después de tantos meses sin actualizar haya alguien que aún siga esta historia. Me ha costado trabajo, mucho, mucho trabajo lograr terminar este capítulo, porque hace meses que los había comenzado y llegué a un punto en el que me quedé sin inspiración. He tenido unos días libres y decidí a terminar al menos este capítulo y avanzar el siguiente, para ello releí toda la historia de nuevo, para empaparme de la esencia que le di a "La promesa", me demoré un día completo en terminarla y fue satisfactorio. Me re-encanté con los personajes y conseguí avanzar bastante en tan sólo un día.
Agradezco a quienes aún siguen esta historia, con todo lo que ello ha conllevado. Gracias de verdad.
Espero que nos leamos en sus comentarios y en mis próximas actualizaciones.
Besos grandísimos.
Au revoir.
