Agradecieron a Celestino, bajaron de su auto y Yuuri se encontró solo menos de un minuto más tarde.
Parpadeando porque no entendía lo que acababa de pasar, apenas atinó a oír el grito de "¡Te veo en el almuerzo!" que Phichit exhaló, alzando una mano por sobre una multitud de otros estudiantes que lo rodeaban como abejas a la miel. Y Seung simplemente se había desvanecido.
Inspirando hondo, Yuuri apretó las correas de su mochila y se adentró en la jungla de rostros desconocidos y ruido excesivo, en busca de la dirección.
Procuró verse lo más digno posible, con la oscura mirada fija en el frente, paso firme y el largo cabello color de noche amarrado en una coleta de caballo, por más que todo él se encontrara temblando como gelatina por dentro.
Cuando por fin halló la dirección, el timbre que marcaba la primera hora sonó.
Suspirando porque llegaría tarde a su primer curso del día, tocó la puerta y entró cuando el permiso le fue concedido.
No estaba asustado.
Solo nervioso.
Lo repetiría hasta creerlo.
