XX.
Para Ga Eul fue como si todo perdiera sentido. Claramente no tenía la fuerza para luchar contra aquel hombre que la sometía, ni aunque lo intentara. Pero no sentía miedo; sólo sentía dolor y una profunda pena, como si su corazón hubiera estallado. Ya no le importaba lo que hicieran con ella.
No podía estar muerto. No Yi Jung. No su Yi Jung. Ellos debían en ese momento estar casados y en Europa. ¿Cómo, maldita sea había pasado esto? ¿en qué momento se volvió ella tan estúpida para alejarse de él? Ahora ni siquiera tenía sentido y comprendía lo ilógico que había sido su razonamiento. Ella le había fallado, ella había dejado que cosas que no tenían nada que ver con ellos la aplastaran; por muy horrible que fuera todo, nada tenía que ver con ellos. Debieron haber permanecido juntos con mucha más razón y ella había hecho todo al revés. Dejó de decirle que lo amaba, se quitó su anillo de compromiso, pensó que su cariño hacia él no era suficiente...
Y se odiaba.
Se odiaba a sí misma con toda el alma.
Hasta entonces entendió la inmadurez con la que había manejado todo; el tiempo pareció detenerse y su mente fue capaz de enumerar cada uno de sus errores y su paradójica estupidez; ¿no le había dicho a Yi Jung tiempo atrás que se sentía agradecida y sin remordimientos porque fue por él que había dado lo mejor de sí misma? ¿Y luego? ¿Qué había sido de ella? Había pasado de dar lo mejor a dar lo peor y hasta ese momento pudo entender cuánto, cuánto se equivocó...
No podía ser cierto que no tendría otra oportunidad de verlo.
Tenía que estar viviendo alguna especie de horrible pesadilla...
Pero el sabor a sangre en su boca y el aliento de ese desconocido le decían que era totalmente real.
Intentó forcejear una vez más cuando invadió su boca en un beso forzado, trató de gritar, pero no pudo. Él la tenía por completo a su merced, recorrió su cuerpo con sus manos, luchando por arrancar sus prendas, besándola con fiereza.
Entonces, se lo quitaron de encima. No comprendió en un primer momento; sólo vio a su atacante ser lanzado contra la mesita de centro, rompiéndola y luego, vio a Yi Jung abalanzarse sobre él...
—¡Estás muerto! ¡Estás mucho más que muerto!
Era él; su rostro estaba totalmente cubierto de sangre, pero era Yi Jung.
—¡Yi Jung! —Ga Eul lo miró con horror, pero a la vez, con aire en sus pulmones de nuevo, incapaz de moverse, con las lágrimas quemándole los ojos, rápidamente recorrió con la cabeza la habitación en busca del otro sujeto y pudo ver que había sido sometido por alguien más; los hombres de Woo Bin, los reconoció de inmediato, habían llegado al menos cuatro de ellos...
La primera reacción del hombre, fue sacar su revolver y apuntarle, pero Yi Jung, de un veloz movimiento, tomó el arma por el cañón, arrebatándosela y golpeándolo con el mango en el rostro.
0o0o0
Se sentía como flotar; como cuando tienes tanto sueño que no eres capaz de abrir los ojos. Jae Kyung estaba frente a su propia imagen, era un espejo tal vez, no estaba segura, era raro, porque sentía como sus ojos no se abrían...
"Abre los ojos, Jae Kyung" se dijo a sí misma.
"No quiero; tengo sueño, tengo muchísimo sueño..."
"Abre los ojos"
"Nunca tuve tanto sueño..."
"¿Eso eres? ¿Esto fuiste? ¿No te jactaste toda la vida de lo invencible que eres?"
Sí, sí. Ha Jae Kyung sólo era delicada cuando el esmalte de sus uñas estaba fresco...
"Pero... tengo sueño..."
"Eres un maldito fraude con una boca muy grande ¿Qué es lo que va a decir tu tumba? ¿Aquí yace un despojo cobarde y débil?"
"Es... solo... sueño..."
"¡Abre los ojos y levántate, con un carajo, Jae Kyung!"
Abrió los ojos al sentir como un golpe eléctrico recorriendo cada parte de su espina y quiso incorporarse apoyándose en sus brazos, pero el dolor la venció y volvió a caer; ahora lo entendía, era su brazo derecho el que estaba muerto, no ella, así que se apoyó en su palma izquierda y soportó en ella el peso de su cuerpo hasta que sus rodillas la sostuvieron de nuevo y tomó el arma que tenía a tan sólo unos centímetros y disparó dando en la pierna a uno de los yakuza, derribándolo y dejándolo fuera de combate.
Era muy confuso; todo era demasiado confuso... sus ojos no enfocaban más que a la figura que momentos atrás le había disparado pero que ahora ella le había regresado al acto...
Fue en ese momento que Chen se acercó a ella y tras gritar de nuevo su nombre, se arrancó un pedazo de tela de su camisa para amarrar un torniquete en el brazo de Jae Kyung...
—¿Chen...? —la joven murmuró entre confusión y debilidad— Hay más yakuza allá afuera... yo los vi.
—Está bien señorita —contestó su guardaespaldas terminando el torniquete—; los hombres de la familia Song ya se han hecho cargo de los que estaban afuera.
Jae Kyung sonrió por última vez dejándose caer desvanecida en el pecho de la mujer que había cuidado de ella en cada momento desde que era una niña...
Significaba que la familia de Jan Di estaba a salvo. Se daba por más que satisfecha.
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Como si de un muñeco de trapo se tratara, Yi Jung lo sometió contra el suelo y lo encañonó apuntándole con la pistola entre los ojos mientras con la otra mano lo sostenía del cabello
—¡Suplícame que te mate! —gritó azotándole la cabeza contra el suelo— ¡Anda, cabrón hijo de puta, que te voy a hacer agonizar hasta que me lo supliques!
De nuevo golpeó su cabeza contra el piso, el cráneo de aquel sonó con un ruido sordo, como si se quebrara y la sangre empezó a escurrirle por la nuca. Un tercer golpe contra el suelo lo hizo escupir sangre.
—¡No te oigo suplicando!
Ga Eul resbaló su cuerpo por el sillón hasta que quedó hincada en el suelo, pálida y horrorizada, con ambas manos tapándose la boca y sin poder dejar de llorar, observó a Yi Jung descompuesto en furia destrozar a aquel hombre quien ya no tenía ni siquiera la fuerza para intentar defenderse.
—¡Yi Jung! —trató de gritar, pero la voz se le rompía— ¡No, Yi Jung! ¡No lo mates!
—¡Anda! —sin escucharla, volteó la pistola y lo golpeó con el mango, tan fuerte que le destrozó la nariz para luego volver a apuntarle entre los ojos— ¡Dime que te mate ya! ¡Dime que quieres que te dispare! ¡Anda, que quiero bajar al infierno y allí despedazarte una vez más, malparido!
El hombre trataba de moverse y de su boca apenas salían dolorosos gemidos, mientras escupía sangre, Yi Jung lo volvió a tomar del cabello y golpeó su cabeza contra el suelo varias veces más sin dejar de gritarle lo mucho que se iba a divertir haciéndolo sufrir. Ga Eul se arrastró por el piso hasta llegar al lado de él y lo abrazó por la espalda, sin lograr que dejara de masacrarlo.
—¡Yi Jung! —suplicó llorando sin control— ¡No lo mates! ¡Mi amor, no lo mates! —ella lo sujetaba con toda su fuerza, tratando de jalarlo sin ningún éxito— Mi amor, tú no eres un asesino; te suplico que no lo mates...
—¿¡Cómo no voy a matar a esta maldita escoria?! —esta vez lo golpeó con el puño en la mejilla, dislocándole la mandíbula— ¡En el momento en que entró en esta casa se condenó a sí mismo! —de nuevo el golpe de la cabeza contra el suelo— ¿¡Qué esperas?! ¿¡Cuánto tiempo quieres que te haga sufrir?! ¡Dime que te dispare ya, desgraciado!
—¡No quiero que seas un asesino! —Ga Eul rogó en llanto, enterrando sus uñas en el pecho de Yi Jung— ¡No lo hagas, amor, te lo suplico, no lo hagas!
Entonces él lo soltó, respiraba fuertemente y la sangre seguía escurriendo de su frente, miró con desprecio al sujeto debajo de él, ya no se podía ver su rostro y los ruidos que salían de su garganta eran agonizantes. Yi Jung se echó para atrás, liberándolo completamente, quedó hincado en el piso y giró un poco su cuerpo para abrazar a Ga Eul, ella de inmediato se aferró a él como si se le fuera la vida en ello, sin dejar de llorar desconsoladamente.
Pero pronto, Yi Jung empezó a perder todo el torrente de fuerza y adrenalina con la que había llegado hasta allí...
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Woo Bin lo leyó tantas veces que ahora lo sabía de memoria...
Fue la noche del catorce de noviembre. Veintiún años atrás. Lee Jung Jun, treinta años, murió cuando su auto colisionó contra una camioneta blindada. Jeon Gi Sang, veintiocho años, murió en el hospital horas después de que estallara una bomba en su casa, su esposa murió también. Kwon Min Su, quien era fiscal, murió en el hospital por heridas de bala. Paek Il Sub murió en el hospital después de que su auto chocara contra una camioneta blindada. Los cuatro hermanos Park murieron en una explosión en su despacho particular. Y finalmente, la madrugada del quince de noviembre , Yoon Ju Hwan y su esposa Park Ni Eun, mueren también al chocar contra una camioneta blindada...
Qué juego tan malditamente enfermo.
Gritos, llantos, sirenas. Hacía un frío del infierno y la nube de polvo gris no se disipaba. El elegante hotel del Grupo JK era ahora una montaña de escombros. Ellos dos estaban sentados en una acera, tratando de recuperar algo de fuerza...
—Mi abuelo... —Ji Hoo mustió sin fuerzas— a la clínica también la hicieron estallar... ¿qué pasó con mi abuelo...?
—Tu abuelo está a salvo... —jadeó Woo Bin cerrando los ojos. Ji Hoo lo miró con dudas— Él no estaba cuando estalló y recuerda que te dije que pondría a mis hombres a vigilarlo... él está a salvo.
—Pero... —tragó saliva para tratar de quitarse la sensación de polvo en la garganta— si él no estaba ¿entonces por qué? ¿sólo por destruir...?
—No... —negó lentamente con la cabeza— el blanco no era tu abuelo... era el muchacho que trabaja con ustedes...
—¿Dae Hyun? —Ji Hoo abrió los ojos con sorpresa— ¡¿pero por qué Dae Hyun?! Él no...
—Fue él quien vio por última vez a Jan Di antes de que desapareciera... y fue él quien nos dio la pista de la hemeroteca, fue gracias a él que pudimos empezar a armar la historia... —exhaló derrotado— pero jamás, jamás, pensé que irían tras él...
—No puede ser... —Ji Hoo enterró las manos en su cabello y jaló aire un par de veces— ¿Y los demás...?
—No lo sé... —Woo Bin se llevó ambas manos a la boca, con la voz casi quebrada—, asumo que han ido tras todos pero... no lo sé... tenemos que hablar a Corea y... —empezó a rebuscar torpemente en sus bolsillos y se dio cuenta de que había perdido su móvil— ¿tienes tu celular...? —preguntó a Ji Hoo y esté, un breve instante después negó con la cabeza...
—¿Viniste solo...?
—No claro que no... el señor Yeom vino conmigo... se quedó en el lobby... demonios, ¿dónde estará?
Cuando Woo Bin quiso levantarse, sintió las piernas tan débiles y acalambradas que volvió a sentarse, gruñendo enojado pues no era momento de descansar aún. Y justo cuando iba a intentarlo por segunda vez, un par de paramédicos llegaron junto a ellos empezando con su valoración de rutina; Ji Hoo exhaló; conocía el procedimiento de memoria; palparon sus cuerpos en busca de daños internos y fracturas, apuntaron con pequeñas lámparas a sus ojos para revisar sus pupilas e hicieron algunas preguntas para comprobar que no tuvieran alguna conmoción cerebral; ¿sabes cómo te llamas? ¿sabes dónde estás? ¿sabes qué día es...?. El primer diagnóstico fue conscientes y estables; no era necesario trasladarlos de urgencia al hospital y los paramédicos les explicaron rápidamente que debían atender primero a los heridos de gravedad, pero que pronto los ayudarían a ellos también, a lo que Ji Hoo y Woo Bin asintieron con la cabeza y volvieron a quedarse solos...
—Woo Bin... —Ji Hoo no lo miró— ¿cómo supiste...? Es decir... ¿sabes...? ¿sabes acaso quién hizo esto...?
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El abogado Bo esperó con paciencia algunos minutos mientras Joon Pyo hablaba con la presidente, siendo observado por el secretario Jung de cerca cada instante. Al sacar su celular y tratar de escribir un mensaje se dio cuenta de que no tenía señal, algo demasiado inusual pues él había usado ese móvil miles de veces en la mansión, sonrió volviendo a guardarlo.
—Inhibidores de frecuencia —el abogado alzo una ceja—; qué listos.
Y Joon Pyo apareció, acercándose a pasos agigantados y veloces, terrible y furioso, despidiendo el aura más atemorizante que había desprendido jamás y al llegar a él, tomó a Bo del saco y con toda su fuerza lo arrojó contra la pared, golpeándolo en la cabeza
—¡Fuiste tú! —gritó desesperado sin soltar al abogado y sacudiéndolo; no le había dado tiempo de reaccionar ante su llegada— ¡Era por eso que Jan Di no hablaba con nosotros; era por eso que se comportaba así! ¡Cada vez que quisimos hablar con ella tú estabas detrás, escuchándola, mirándola! ¡Tú eres el famoso hermano del líder yakuza! ¡Eres tú el hijo de puta que ha estado a la cabeza de su Clan todo este tiempo! ¡Y ella lo sabía porque tú la tenías en tus manos! ¡Por tu maldita presencia fue que ella nunca...! —Joon Pyo lo soltó y retrocedió un paso, pálido, con una mano tapando su boca ante la terrible realización. Bo cayó de rodillas al piso— ¡Dios, fue mi culpa! —el abogado intentó ponerse en pie después de esa sacudida mientras el joven empezaba a luchar por jalar aire— Fui yo quien te llevó con ella en primer lugar... es culpa mía... todo es culpa mía... no me di cuenta... ¡¿cómo pude no darme cuenta?! ¡Era tan obvio que eras tú...!
La presidente Kang apareció en ese momento y sin decir nada, observó la escena con los ojos totalmente abiertos...
—¡Joven amo...! —el secretario Jung se acercó a Joon Pyo y trató de sostenerlo de un brazo, pues parecía que perdía el equilibrio al asimilar por fin lo que pasaba— ¿se encuentra bien...?
—¡Suéltame! —Joon Pyo no le permitió tocarlo y luego señaló al abogado con la mueca desencajada en furia— ¡A ti te voy a matar! ¡Me lo prometí a mi mismo! ¡Te voy a matar!
Bo se llevó ambas manos a las sienes, sentía que el suelo se movía bajo sus pies a causa del golpe y antes de poder hacer nada, tenía al joven heredero tomándolo nuevamente de la solapa y hablándole al oído...
—Te voy a decir algo y grábalo muy bien en tu memoria... —Joon Pyo lo llevó contra la pared para acorralarlo por completo, con la voz ronca, los ojos furiosos— hace unas semanas, por tu culpa, todas las personas que me importan en esta vida se hundieron en un mar de desesperación —lo golpeó contra el muro—, fue como si les hubieras arrancado toda su fuerza, toda su energía y te burlaste semanas y semanas y fuiste feliz viendo mi cara de estúpido, pero ¿sabes? Me hice una promesa a mi mismo; me prometí que definitivamente te iba a matar, en el sentido más malditamente literal de la palabra. Te voy a matar...
El abogado lanzó una sonrisita que lo hizo gruñir peligrosamente...
—Te ríes porque crees que no voy a matarte —Joon Pyo entrecerró los ojos—; tienes razón, por ahora —lo golpeó contra la pared una vez más— ¡Primero dime donde está ella!
—¿Quién? —Bo alzó una ceja retándolo, recibiendo como respuesta otro golpe contra la pared.
—¡Min Seo Hyun, pedazo de estiércol!
—La abogada tocanarices —el abogado negó con la cabeza irónicamente— ¿puedes creer su complejo de heroína? Cree que puede salvar al mundo, pero al final no fue tan difícil cerrarle la boca...
—¡¿Qué le hicieron?!
Bo rió de nuevo.
—¡¿Qué le hicieron?!
—¿Quieres ver algo divertido? —Bo lo miró a los ojos sin mostrar ni una pizca de intimidación.
—¡Cierra ya tu maldita boca! —lo sacudió nuevamente— ¡No me vas a volver a marear ni una sola vez más! ¡Nunca más...!
—¡Señora! —el mayordomo Lee apareció en ese momento dirigiéndose a madam Kang— Están aquí y están heridos.
Joon Pyo agudizó su oído, estaban llegando más personas a la mansión, y al ver a su madre desaparecer detrás del mayordomo, arrastró al abogado en dirección opuesta, escupiendo más amenazas de muerte y luego de unos metros, bajó unas pequeñas escaleras que descendían a uno de los sótanos, arrojándolo dentro y trabando la puerta para encerrarlo, no sin antes quitarle su celular y todo lo que trajera en los bolsillos.
Una vez que se aseguró que Bo estuviera encerrado se dirigió rápido a donde había escuchado las voces y palideció al encontrarse a Yi Jung sentado en uno de sus sillones, estaba cubierto de sangre y parecía que desfallecería; a su lado, Ga Eul lloraba con fuerza y lo sostenía entre sus brazos y el abuelo de Ji Hoo trataba de hablarle y de revisarlo y en cada esquina había hombres trajeados de negro que reconoció como los guardaespaldas de Woo Bin; toda la escena rodeada de la servidumbre que, pasmada, no entendía y no sabía que hacer.
—¡Yi Jung! —Joon Pyo se acercó arrodillándose frente a él— ¡¿Qué te paso?!
—No puedo respirar... —Yi Jung jadeó, no podía sostenerse por sí mismo, sus ojos estaban perdidos y su voz apenas y se distinguía...
El doctor Yoon se levantó dirigiéndose a la presidente.
—¡No está bien; tiene muchas costillas rotas, podría tener mucho daño interno! —su voz era muy severa— ¡está entrando en shock; tiene que ir a un hospital ahora mismo!
—¡He dicho que nadie puede salir de esta casa! —la señora replicó levantando la voz— ¡No sabemos cuántos yakuza alborotados están allá afuera! ¡Nadie sale!
—¡No puedes hacer esto, Hee Soo! —el doctor gritó— ¡Yo no puedo ayudarlo en estás condiciones! ¡Está muy mal!
—¡El hospital vendrá aquí! —respondió de nuevo la presidente— ¡Y llegarán en cualquier momento, nada cambiará mis órdenes de que nadie puede salir!
—¡¿Qué te pasó?! —Joon Pyo volvió a gritar frustrado al no recibir respuesta.
Entonces, los ojos de Yi Jung se volvieron blancos y perdió la poca fuerza que le quedaba. Entre Joon Pyo y Ga Eul lo sostuvieron para que no cayera.
—¡Yi Jung! —Ga Eul se llevó una mano a la boca sin parar de llorar— ¡Por dios, Yi Jung!
—¡Yi Jung! —Joon Pyo lo tomó por ambos hombros.
—Recuéstenlo hacia atrás, no dejen de hablarle! —el doctor volvió a acercarse y también lo sostuvo— ¡No dejen que pierda la conciencia!
Justo cuando Joon Pyo iba a volver a decir algo, a preguntar una vez más qué era lo que había pasado, las puertas se abrieron de par en par y más guardaespaldas de Woo Bin entraron y entre ellos, la familia de Jan Di, todos con la misma palidez y horror en sus miradas, sin embrago, sus ojos se dirigieron de inmediato a Chen, quien, en su espalda, cargaba a Ha Jae Kyung inconsciente...
—¡Hyung! —exclamó el hermano de Jan Di— ¡Ella salvó nuestras vidas! ¡Tienes que ayudarla!
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El silencio y la oscuridad habían vuelto a la fría celda de Jan Di.
Ella, inconsciente, yacía sobre el piso con su cabeza recargada en las piernas de Maiko. La más joven temblaba nerviosa, la luz era muy poca y no veía bien, metía sus dedos entre los cabellos de Jan Di y y los sacaba cubiertos de sangre; se había golpeado muy duro cuando la custodio la derribó. Estaba asustada, no podía pedirle ayuda a nadie y no tenía ni la menor idea de qué hacer.
Había sido tan raro; Jan Di había cambiado por completo en los días anteriores, pero ese en especial, después de que un par de guardias habían hablado con ella pasada la media noche, diciéndole que le tenían un mensaje, había empezado a gritar y a amenazar de muerte, se había lastimado ella misma golpeándose contra los muros, cómo sabiendo que algo terrible le estaba pasando a la gente que amaba...
Maiko nunca había visto algo semejante; Jan Di había perdido por completo el control y había estado furiosa y envuelta en una rabia espantosa y por más que le preguntaba y trataba de detenerla y de calmarla, no recibió ninguna respuesta excepto que Jan Di se la quitara de encima con un golpe...
Aunque quizá no había mucho que preguntar... quizá era ese clan yakuza.
Se sentía muy culpable al no haber podido ayudar a Woo Bin a atrapar a la persona que buscaba; tenía el presentimiento de que era tarde ya...
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Los minutos pasaron como si lo torturaran dentro de fuego.
Finalmente, Joon Pyo, aceptó el té que los empleados le ofrecieron. La confusión era demasiada, la incertidumbre y el miedo estaban explotando en su cabeza; Yi Jung y Jae Kyung estaban heridos; esos yakuzas hijos de puta se habían atrevido a intentar matarlos. Una legión de médicos había llegado y se los habían llevado a las habitaciones para ayudarlos y no habían salido, así que no sabía cómo estaba ninguno de los dos...
Pero no era sólo eso lo que le estaba destrozando sin piedad cada nervio de su cuerpo, sino eran las imágenes del hotel derrumbado que estaban pasando en la televisión en ese momento...
Su madre había mandado inhibir las señales de radiofrecuencia y los había encerrado a todos dentro de la mansión; el abogado podía no ser el único yakuza dentro así volvió imposible comunicarse al exterior... por eso, no podía tomar su celular y tratar de llamar a Woo Bin ni a Ji Hoo, aunque sabía que por el único teléfono fijo que había quedado ya lo habían intentado y no habían logrado hacer que entrara la llamada...
Habían hablado con el señor Yeom y les había dicho que la bomba había estallado antes de que sus amigos salieran.
Joon Pyo no entendía nada de lo que estaban diciendo en la televisión, sólo tenía fijos los ojos en la pantalla esperando ver entre la multitud a Ji Hoo o a Woo Bin. Sentía que si no los veía pronto le iba a entrar un verdadero ataque de ansiedad.
No lo asimilaba, era demasiado para un solo momento. ¡Estaban pasando demasiadas malditas cosas en muy poco tiempo! ¡Le estaban arrebatando en una sola noche todo!
El doctor Yoon, estoicamente, también observaba el noticiero; había mantenido la calma pero seguramente esa tranquilidad no se iba a extender por muchos minutos más...
Ga Eul estaba sentada con las manos enterradas en el cabello y los codos apoyados en las rodillas; su ropa estaba cubierta de sangre de Yi Jung y hacía un rato que había parado de llorar porque le habían hecho tomar calmantes.
Madam Kang y varios guardaespaldas caminaban de un lado a otro en la habitación, ella sostenía el control remoto de la televisión apretándolo con furia en una de sus manos.
Ya no le importaba nada; si no aparecían en ese mismo momento, Joon Pyo regresaría a Japón y así tuviera que remover con sus propias manos escombro por escombro iba a encontrar a sus amigos...
Finalmente, el teléfono sonó; era el señor Yeom de nuevo.
—El joven Woo Bin y el joven Ji Hoo están a salvo...
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El abogado Bo ni siquiera intentó salir; sabía que estaba encerrado bajo llave y sería inútil, además, el golpe que Joon Pyo le había dado en la cabeza contra la pared lo seguía teniendo mareado y sin equilibrio, sin mencionar que el dolor de cabeza se hacía más fuerte, así que simplemente decidió esperar sentado sobre el frío concreto...
Pasado un rato, Joon Pyo abrió la puerta, se veía bastante menos furioso, pero solo era el exterior, se acercó con el celular que le había quitado momentos atrás en las manos...
—¿Encontraste algo interesante en el móvil? —el abogado sonrió débil y sarcástico, aún sentado en el suelo.
—No te atrevas a jugar conmigo —gruñó el joven, había revisado las fotografías y había encontrado varias de Seo Hyun en la que se apreciaba atada con las manos en la espalda y con sangre escurriendo de su boca...
—¡Te voy a matar! —amenazó una vez más enseñándole la pantalla— ¡Si me quedaba un atisbo de duda ahora sé que te vas a morir! ¡¿Dónde está Seo Hyun?!
—Eso no era a lo que me refería cuando te pregunté si querías ver algo divertido —habló sonriendo—. Quería decir que no soy el único que se burla de ti...
Joon Pyo se quedó sin habla, con la sangre helada, aterrorizado de saber a qué podría referirse.
—¿De qué putas estás hablando?
Entonces, el abogado abrió su saco y de la bolsa interior sacó las maltratadísimas fotografías de la boda falsa de Ji Hoo y Jan Di y se las entregó a Joon Pyo...
—¿Qué es esto...? —preguntó desconcertado. Bo respondió con un bufido sarcástico.
Joon Pyo tomó las seis fotos y las observó con cuidado; sin duda alguna eran Jan Di y Ji Hoo en lo que parecía su boda, torció las cejas preguntándose qué significaba y cuándo había pasado aquello... en una incluso ella lo estaba besando en la mejilla. Al llegar a la última, la giró para encontrarse con una inscripción escrita con la inconfundible caligrafía de Ji Hoo...
No me parece justo que elijas a Joon Pyo, él sólo te hace llorar, te desprecia y te humilla mientras yo siempre he estado a tu lado como perro lazarillo, pero todo es culpa mía por aceptarlo así...
Qué estúpido... fui lo suficientemente hipócrita para felicitarlos hoy en la playa por su compromiso... sabía que él iba a regresar de Estados Unidos pronto, se suponía que yo ya estaba preparado para eso, pero dios, claro que no lo estaba y a pesar de eso yo les sonreí y les deseé mil bendiciones, felicidad, dicha y toda esa basura y regresé a casa a echarme a llorar como el ser tan patético, miserable e idiota que soy y hasta que no pude más con el dolor de cabeza.
Cómo deseo que llegue el día en que se acabe esta tontería y terminen su relación enferma de una buena vez y para siempre..
—¡Te pregunté qué es esto! —gruñó impaciente.
—Solo creí que, ya que están saliendo a la luz muchas verdades —el abogado se encogió de hombros—, creí conveniente que supieras que toda la maldita cárcel de mujeres de Ujiie cree que Jan Di está casada con Ji Hoo...
—Mientes...
—... que la señorita Jan Di se ha dedicado a pavonearse y a presumir el esposo de ensueño que tiene...
—Cállate...
—... y podrás comprobar por las leyendas escritas tras las fotografías que tu supuesto mejor amigo ha querido robar a tu mujer desde siempre...
Joon Pyo dio la vuelta a otra fotografía...
Te amo tanto, Geum Jan Di...
Quisiera no tener que esperar a verte dormida para decírtelo, en realidad quisiera decírtelo de frente, salir y gritarlo a todo el mundo hasta que no quedara una sola persona en el planeta sin saberlo...
Negó con la cabeza al tiempo que arrugaba entre su puño las fotos.
—Eso... eso... —se giró de nuevo hacia el abogado, temblando de rabia— ¡¿Eso qué mierda importa ahora?!
—Sólo era un dato curioso —se encogió de hombros—, para que estés muy bien enterado de la clase de personas por las que vas a matar...
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Después de que Ji Hoo hablara directamente con su abuelo por teléfono y le prometiera volver inmediatamente, pasó de nuevo el teléfono a Woo Bin y este, a su vez, al señor Yeom, quien se alejó unos metros para seguir hablando...
—Yi Jung y Jae Kyung están heridos... —Woo Bin exhaló agotado— ¿cómo es que fui...? ¿cómo es que fui tan estúpido para no evitarlo...?
El otro joven tardó un instante en responder.
—Pero están a salvo, así que ya no importa... —Ji Hoo respiró sintiendo alivio— todos están a salvo y lejos del alance de los yakuza...
—No, Ji Hoo —murmuró negando con la cabeza sin mirarlo.
Ji Hoo giró lentamente la cabeza, toda la presión que había disminuido en su pecho momentos atrás lo volvió a estrujar con fuerza.
—¿Qué quieres decir? —sus ojos temblaron con miedo y al no recibir respuesta, insistió con un tono un poco más fuerte— ¿Qué quieres decir?
—Ji Hoo... —lo encaró después de tomar aire— ellos tienen a Seo Hyun...
En un primer momento, pareció no tener ningún tipo de reacción ante la noticia, pero poco a poco, giró la cabeza hacia el frente, sus ojos recorrieron lentamente el caos enfrente de ellos y asintió lento con la cabeza mientras su mirada se ensombrecía y Woo Bin, por primera vez en su vida vio odio en la mirada de Ji Hoo; un odio que se desprendía con tanta fuerza que era casi palpable.
Estaba claro que ninguno de ellos volvería jamás a ser el mismo de antes; en especial Ji Hoo.
