Buenas noches mis amores,

Muchas gracias por sus rw, como siempre digo eso es lo que alimenta a mi musa.

Espero que hayan tenido un excelente martes y que este nuevo cap les guste.

Besos

Stef.-

Capítulo 21

Canto: La Mentira de Electra

— Es demasiado tarde, debo irme — se levantó de la cama alterada —. Seguro me han buscado por Palacio sin encontrarme — se llevó las manos a la cara —. Por los Dioses he faltado a la cena — fue a salir corriendo cuando él la tomó del brazo deteniéndola.

— Calma Electra no es tan tarde, solo nos adormitamos unos pocos minutos, aún no es la hora de la cena — Eros la acerco hasta él para lograr abrazarla con ternura —. De hecho te quedan unos cuantos minutos más — sonrió acariciándole el rostro con su nariz.

— Eros — susurró entregándose a los besos que el joven le propinaba. Los minutos pasaron entre besos y caricias.

— ES TARDE… ES TARDE — gritó asustada alejándose del aqueo, sabía que si alguien sospechara las consecuencias serían graves para ambos —, debo irme — dijo para salir corriendo a la puerta pero los brazos del muchacho la atraparon antes de poder abrirla.

— Prométeme que mañana volverás — sonó hasta desesperado por su partida.

— Te lo prometo — le dio un beso fugaz en los labios, he intento salir pero los brazos de él la seguían sujetando.

— Prométeme que mañana no dirás que esto ha sido un error — ella se quedó sorprendida ante las palabras de él pues eso ni siquiera se le había pasado por la cabeza —. Júrame Electra que no te arrepentirás de lo que ha sucedido hoy entre nosotros.

— Te lo juro — dijo sonreída al sentirse necesitada por él y se perdió en un beso largo y romántico, cuando terminaron con su beso siguieron abrazados y ella le dijo bajito al oído — Ahora tú eres mi amor — las palabras consternaron un poco a Eros y ella por fin logro salir de aquel cálido abrazo para partir rumbo a la cena.

Los días pasaron y Electra como había prometido volvió todas las tardes al cuarto de Eros, la hermosa pintura fue culminada y colgaba en una de las paredes de la habitación de él. Los gemelos a pesar de ser tan pequeños sospechaban de lo que sucedía entre su prima y su hermano mayor pero como niños al fin no le dieron importancia.

Yo también volví a diario a ver a mi hijo y la felicidad de él al estar con Electra era tal que la relación conmigo había crecido enormemente y nos llevábamos muchísimo mejor.

La nueva batalla con los aqueos fue inminente y 3 días duro. Tres días de zozobra y temor pasamos Andrómaca y yo pues nuestros maridos permanecían en el campo de guerra, pero en esta batalla los Dioses decidieron una vez más que los líderes de cada bando no se encontraran gracias a eso Mithos y Adelphos volvieron a salvo a sus carpas, al igual que Stelios y Thomas volvieron a salvo a su ciudad.

El romance entre Briceida y Mithos era intenso, la joven por completo se había olvidado de su condición de Teucra, de noble, de sacerdotisa de Apolo, estaban ambos entregados al amor, pero la sombra de Anaïs cada día crecía más y con ella crecían los problemas entre la pareja.

— Una vez más la tienes que nombrar — dijo Briceida dolida, terminando de cocerle una herida en el hombro de Mithos.

— Solo he hecho un comentario Briceida, tan solo dije que Anaïs era buena curándome las heridas al igual que tú lo eres — respondió sin enterarse de lo molestas que eran sus palabras, la muchacha se levantó rabiosa.

— SIEMPRE ME COMPARAS CON ELLA, ESTOY ARTA DE ESO MITHOS — tiro las cosas con que lo curaba al suelo — SI TAN BUENA ES ELLA CURANDOTE ENTONCES BUSCALA PARA QUE TE CURE — salió de la carpa dejando a Mithos sin lograr comprender cuál era su amargura (hombre al fin).

Una semana había pasado desde la batalla, una semana de funerales y lutos para ambos bandos, tanto en la playa como en la ciudad se sentía tristeza en el aire.

— Stelios — dijo Andrómaca un tanto temerosa de tocarle el tema a su esposo.

— Dime mi vida — respondió Stelios con una sonrisa de oreja a oreja pues jugaba con su pequeño, ambos tirados en el suelo.

— Hay algo que me preocupa.

— Tú me dirás — respondió entre risas pues con su boca y su corta barba le hacía cosquillas en la barriguita al pequeño Stelios que apenas contaba con más de dos años.

— Es Electra, no sé cómo hablar con mi hija de esto Stelios — el tono de voz de ella lo logro alarmar un poco y dejo de hacerle payasadas a su hijo para poner atención a su mujer.

— ¿Qué sucede Andrómaca? — Se levantó del suelo con el bebé en brazos.

— A lo mejor no es nada — sacudió la cabeza arrepentida de haber hablado pero si ya había comenzado debía terminar —. Es que algo pasa con Electra, ya no es la misma, está muy feliz y distraída, eso es un síntoma evidente de que está enamorada.

—¿QUÉ? — gritó espantando un poco al bebé que de inmediato tuvo que consolar.

— Tiene 16 años Stelios, está en edad de cortejo y me parece que alguien la está cortejando y ella no le es indiferente.

—¿Pero quién? Y si es así, ese muchacho debería de hablar conmigo, ese cortejo no tiene mi bendición — se puso serio.

— No estoy diciendo que sea así, a lo mejor ella está enamorada sola de algún joven. Electra es una muchacha correcta y lo sabes, si algún joven la pretendiera ella sería la primera en decirle que debe de hablar contigo primero… es solo que — volvió a callar.

— Andrómaca por favor dime qué es lo que sientes.

— Todas las tardes ha salido, ha ido a la casa de varias de sus amigas, tu sabes las hijas del General Marco o a casa del Consejero Nikopoulos pero en una noche que llego me dijo que había estado con los gemelos y no es verdad pues esa tarde yo misma vi a los gemelos solos — por fin confesó lo que la inquietaba y se sentó en la cama. Stelios por su lado sin tomar en cuenta el fuerte desacuerdo que tenía su pequeño lo metió en su cuna para sentarse al lado de su mujer.

— ¿Por qué crees que mintió? — no quería sacar conjeturas muy rápido.

— No lo sé, y Electra se ha alejado mucho de mi… demasiado — dijo preocupada. Cosa que era cierta la muchacha evitaba a su madre pues sentía que si le preguntaba algo no podría mentirle o que en la cara se le vería su amor por el aqueo.

— Voy a hablar con ella ahora mismo — dijo levantándose.

— No — pidió Andrómaca —. Si en verdad está enamorada no será un tema que toque contigo abiertamente.

— Se ha alejado de ti al punto que no sabes ni cómo preguntarle, siempre he sido muy unido con mi hija, me dirá la verdad… lo sé — Stelios salió rápido de su habitación con rumbo al cuarto de su hija pero allí no la consiguió, así que mando a buscarla.

— Padre — dijo entrando en el despacho del Príncipe.

— Sí ¿En dónde estabas? — estaba nervioso de tocar el tema.

— En los jardines plantando unas flores con Tula — Stelios sonrió.

— Tengo tiempo que no paso por tu jardín — la jovencita sonrió ampliamente y alegre se fue a sentar.

— Padre deberías ver las rosas han crecido muy hermosas, y los lirios tiene un perfumen exquisito, hasta los jazmines florecen de maravilla. Hoy he sembrado girasoles que espero que en unos meses florezcan para con ellos adornar tu habitación…— Stelios la interrumpió en su entusiasta declaración y mirándola a los ojos le pregunto.

— ¿Tienes un enamorado Electra? — la muchacha no pudo responder, se quedó casi ahoga al escuchar esas palabras en la boca de su padre —. Responde Electra — dijo serio, pero lo que ella no sabía era que mentirle a su padre le resultaría mucho más fácil que mentirle a su madre.

— ¿Padre de dónde sacas eso? — la sorpresa era evidente en su rostro.

— Has cambiado, además tu madre te descubrió una mentira, quiero saber el nombre de ese joven — casi estaba molesto.

—¿Qué joven? Padre nadie me corteja de ser así, serías el primero en enterarte no le permitiría una sola palabra de amor a ningún joven si no hablase primero contigo, me ofende semejante duda — su actuación fue perfecta y su cara de indignación engañaría a cualquiera.

— ¿Por qué le dijiste a tu madre que estarías con los gemelos cuando no estabas con ellos? — Electra se arriesgó con otra mentira.

— Le dije que estaba con los gemelos para no tener que decirle que estaba en casa de Tula, a ambos les molesta que trate a una sirvienta como mi gran amiga y no querían que me regañaran, a Tula la quiero mucho y quería pasar la tarde con ella ayudándola con sus quehaceres, tenemos la misma edad y nos la llevamos muy bien, no es justo que tenga que hacer tantos trabajos — dio en la tecla pues sabía que a Stelios de inmediato se le quitaría la idea del enamorado de la cabeza.

— No es que no nos guste que seas amiga de Tula, Electra. Lo que no nos agrada es que te metas a ayudarla con los quehaceres domestico de Palacio o que por el contrario le ordenes que deje todo lo que debe hacer por estar paseando contigo, tienes que entender que todo mundo en la vida tiene una función y la de ella es la de doncella de palacio, si quieres verla y pasear con ella perfecto pero hazlo en los días en que Tula tenga para descansar.

— PADRE PERO ES QUE… — fue a repicar pero él no la dejo.

— A Tula se le trata bien, con respeto, desempeña una labor decente para con su Rey y por eso es remunerada, al igual que todos los que le sirven a este Palacio Electra, deja de ser caprichosa y compréndelo de una vez.

— Sí Padre, tienes razón lo que pasa es que me gustaría que ella fuese mi dama de compañía y ustedes no me lo permiten.

— Porque no estás casada Electra, cuando te cases la podrás tener como dama — respondió un aliviado Stelios ya que la idea de que Electra estaba siendo pretendida por algún muchacho salió por completo de su cabeza.

— Otra vez tienes razón padre, disculpa mi inmadurez, ¿Me puedo retirar?

— Claro hija, anda a hacer tus cosas.

Electra salió feliz del despacho de su padre aunque el sentimiento de culpa la logro invadir un poco, desde que tenía como 10 años peleaba porque su querida amiga Tula no debía de ser doncella así que decir que estaba con ella, sabía que la salvaría desviando por completo el tema.

Llegó la tarde y corriendo se fue la joven a la habitación de Eros teniendo mucho cuidado de que nadie la viera, sabía que los guardias de la entrada la veían pero todos los guardias de Troya eran unas tumbas si un superior no les preguntaba ellos no decían nada y como sabía que su padre o si tío jamás se les ocurría preguntar si ella visitaba a Eros se encontraba tranquila.

Canto: La Petición

— ¡Eros! — dijo angustiada consiguiendo al joven leyendo los libros que antes había despreciado.

— Amor, qué sucede — camino hacia ella. Se alarmó por la expresión de su rostro.

— ¡Mi Padre! — se abrazó con fuerza al cuello de Eros y esté pudo notar como las manos y el cuerpo de la muchacha temblaban.

— ¿Qué sucede con tu padre Electra? — la separó un poco de ella para mirarla a los ojos — Amor háblame por favor.

— No quiero que me alejen de ti — se largó a llorar abrazándolo nuevamente.

— Eso no sucederá Electra — le tomó el rostro con las manos y besó los ojitos llorosos — No permitiré que me alejen de ti, los sabes ¿Verdad? — la ternura se le derramaba a ese muchacho cada vez que la tenía a ella cerca.

— Solo bésame Eros — sonó como un ruego y él no la hizo esperar pues ambos se hundieron en un beso ansioso, salvaje y muy necesitado del ser amado.

Cuando se lograron calmar y se quedaron con sus rostros cerca el uno del otro con la respiración entre cortada y fuertemente abrazados. Electra se separó de él lo necesario para verse en sus ojos.

— Mi madre sospecha que un joven me pretende y se lo ha dicho a mi padre, él me lo ha preguntado hace poco sin rodeos, jamás en mi vida había tenido que mentirle a mi padre Eros — bajÓ la mirada diciendo —. No sé ni cómo lo hice, me alegra haber logrado engañarlo pues así estamos a salvo pero me apena mucho haberle mentido — Eros apretó los labios en rabia y la acurrucó en su pecho para susurrarle.

— Lo siento. Siento mucho que hayas tenido que hacerlo — le acariciaba el brazo y la espalda pensando en una solución.

— ¿Qué será de nosotros Eros? Jamás darán la bendición para que estemos juntos — sus lágrimas volvían a caer.

— Lo arreglaré, te lo juro Electra. Lo haré.

— ¡Tu odias a mi padre! — se alejó de él un tanto disgustada pues nunca se había parado en pensar en ello —. Odias a mi Tío, a mi Abuelo, a mi propio hermanito, siempre has odiado lo que hay en Troya — Sus palabras fueron cuchillos para él, ella le dio la espalda y se apoyó en la ventana que daba para el jardín.

— Pero te amo a ti Electra — la joven sintió que le dio un vuelco el corazón al escucharlo decir que la amaba —. Te amo a ti y por ende no puedo seguir odiando de donde provienes — Ni el propio Eros sabía de dónde le salían esas palabras pero eran ciertas —. Mi amor, lo que siento por ti es tan grande que no puedo albergar odio en mi corazón — Ella poco a poco se voltio a mirarlo.

— ¿Me hablas con la verdad? — preguntó dudosa.

— Te amo y esa es una verdad del tamaño de este Palacio, no diré que amo a tu familia pues no me siento capaz de ello, pero ya no los odio como antes, amo a mis hermanos también y aunque me duela mucho reconocerlo amo a mi madre que poco a poco se ha sabido ganar mi voluntad.

— ¡EROS! — grito feliz de escucharlo decir eso y corriendo fue y se le lanzó encima llenándole de besos el rostro, las piernas se le abrazaron con fuerza a la cintura y las manos bordearon en cuello del muchacho.

— No hay mejor recompensa que verte feliz — dijo él y se volvieron a hundir en besos y caricias.

Sin premeditarlo Electra cayó con delicadeza en la cama y él encima de ella y los besos ya no eran alegres y alborotados sino cortos, tiernos y embargados de pasión.

— Te amo — le susurró al oído mientras su lengua causaba estragos en el cuello de la muchacha, la temperatura en los cuerpos subieron y las respiraciones se profundizaron entre tanto beso.

— Te amo Eros — respondió ella sin poder quitar sus manos de las formas de la espalda de él.

Desde la punta de los dedos de la mano, Eros le recorrió beso a beso los brazos, el cuello, el rostro. Con amor le besó los ojos y el tiempo pasaba inexorable entre sus tiernas caricias pero a diferencias de otras oportunidades el cuerpo de él reposaba entre las piernas de ella e instintivamente los cuerpos se inquietaban y los roces de sus sexos comenzaban, la tela de la falda de él y la de ella era la única protectora de la honra de la muchacha.

— Te deseo — sonó entre jadeos pues cada vez los roces de las pelvis eran más salvajes.

Electra por su parte arqueaba un poco su espalda por las sensaciones nunca antes experimentadas, él por en cambio tenía años de experiencia y por eso quería hacer que todo fuese muy especial para ella.

— Eros… Eros… ¡ah! — se mordió el labio al sentir como la lengua del muchacho se paseaba por encima de su pezón cubierto por la delgada tela de su vestido.

Electra sin lograr pensar tan solo sentir, deshizo un cinto de su traje liberando sus senos para darle la libertad a Eros de saborearlos, justo eso era lo que él quería que fuese ella la que cada vez le pidiese más y más, que fuese su decisión entregarse a él.

Necesitaba controlarse pero teniéndola así debajo de él y probando por primera vez de manera tan divina el busto de ella, no tenía para nada control de sí mismo; de tan fuerte que era el roce de sus pelvis que sintió como su vientre se prendía en llamas y el placer comenzaba a apoderarse de él. Electra también sentía lo mismo. Jadeantes sobre la cama Eros apoyó su frente sobre la de ella, las manos de Electra se asían de la cama.

— Te amo…

— Te amo — se dijeron y él coloco su rostro al lado de ella, estaban sudando y ardían en calor. Las manos de Eros recorrieron los brazos de ella hasta que entrelazaron sus dedos con un poco de fuerza.

— Eros… — susurró pero debió morderse el labio pues los jadeos se elevaban y elevaban, no mucho sabía Electra sobre las relaciones íntimas y no comprendía muy bien que le sucedía a su cuerpo, solo sabía que le agradaba demasiado.

Fuerte fue el gemido de ambos al llegar al éxtasis y ambos cuerpos se relajaron. Electra sentía un divino estremecer por todo su cuerpo además sentir el pecho sudoroso de él encima del de ella fue maravilloso, ambas pieles conservaban el calor.

— Estas temblando — le dijo a Eros pues en verdad estaba estremecido con aquello.

— Solo un poco — se alzó sobre sus codos para mirarla y los rubios cabellos le caían en libres mechones por el rostro, con dulzura ella le libero el rostro de ellos.

—¿Qué acabamos de hacer? — preguntó consternada pues sabía que no habían hecho el amor pero la cantidad de sensaciones experimentadas eran como si lo hubiesen hecho. Eros se rio un poco de la pregunta.

— Pueeeesss… — ni el mismo sabía cómo describirlo —. Nos hemos amado pero con ropa — concluyño para besarla repetidamente, siempre la sonrisa los acompañaba.

— Basta — pidió entre carcajadas pues el joven le hacía cosquillas. Electra tratando de quitárselo de encima y sin querer toco su sexo por encima de la falda y al sentir la húmeda detuvo todo el juego poniéndose seria y preguntando.

—¿Qué es esto? — Eros se puso más serió pues se sorprendió por la pregunta.

— ¿NO SABES LO QUE ES? — la mandíbula se le fue al piso. Electra se limpió la mano de la sabana y se acomodó su vestido tapándose los pechos.

— No lo sé, no tiene nada de malo no saber — se molestó un poco y se quedó sentada en la punta de la cama. Eros por su parte se sentó a su lado y mordisqueando su hombro de manera juguetona le dijo.

— No tiene nada de malo que no sepas, no debes avergonzarte de eso — Electra se levantó.

— Es tu aptitud la que hace que me avergüence.

— Lo siento mi amor, no ha sido mi intención, pero es que… — se paró frente a ella le tomó con las manos la cara que aún estaba un poco roja por la experiencia vivida y se quedó callado tan solo mirándola.

— ¿Es qué? — repuso Electra.

— Eres demasiado pura para ser de verdad, ahora mismo me siento mal de tan solo osar tocarte — se alejó de ella. En verdad la sintió tan ingenua que pensó que mejor era no provocar las situaciones.

— No tienes que sentirte mal — respondió angustiada acercándosele —. Quiero descubrirme como mujer a tu lado Eros, de eso estoy segura — le tomó una mano a él y la llevo hasta uno de sus senos para posarla allí —. Cuando me sienta lista quiero que seas tú quien me haga una mujer por completo — El muchacho tuvo que tragar grueso era demasiado sensual al decirle eso.

— Es un honor para mí lo que me dices — tomó sus manos entre las de él y las beso con dulzura —. Todo se arreglara Electra, conseguiré que tu padre nos de su bendición y nos casaremos si tú me aceptas — la muchacha se quedó de piedra al escucharlo. Eros se arrodilló ante ella y con las manos aun sostenidas le dijo —. Me humillo ante ti Electra hija de Stelios, Princesa de Troya, tienes mi amor, mi alma y mi espada, te pido humildemente como tú más devoto sirviente que aceptes casarte conmigo — las lágrimas le vinieron a los ojos de la emoción. Eros acababa de hacerle la petición más solemne según las costumbres de la época.

— Yo Electra Princesa de Troya acepto desposarme contigo Eros hijo de Adelphos y heredero del trono de Celtias — Ella se dejó caer de rodillas, se abrazaron y se besaron con las lágrimas de felicidad asaltando sus mejillas. Ambos jóvenes e ingenuos de las múltiplex dificultades que tendrían para poder llevar a culminación su matrimonio.

Canto: Barreras

— Considero que ya es hora Thomas — dije molesta tras escuchar su negativa una y otra vez.

— No seas tan terca Anaïs, nadie en este Palacio lo aceptará comenzando por mi padre y terminando conmigo — definitivamente estaba decidido a no complacer mi pedido. Hacía una hora discutíamos y ya ambos habíamos perdido la paciencia al punto de comenzar a gritar.

— TIENE YA UN MES Y UNA SEMANA ACÁ, ENCERRADO ENTRE CUATRO PAREDES, SIN CONOCER MÁS QUE ALGUNOS LIBROS QUE LE LLEVA ELECTRA — arrojé con fuerza un frasco de perfume contra la pared en verdad que al tratarse de mi hijo perdía por completo los estribos, un sorprendido Thomas me dijo con calma.

— Sometedlo a una audiencia ante el Rey, es lo único que puedes hacer — se volteó para salir de la habitación y mis ojos inundados en lágrimas recapacitaron dándome cuenta de todo lo que me había sobrepasado en la discusión.

— Disculpa tan mal humor de mi parte Thomas, lo someteré como me indicas y hablaré con él para ver qué es lo que piensa, quizás él aún lo único que desee es volver con los aqueos y yo estoy enfrascada en una discusión sin sentido — con el pasador de la puerta sujeto se giró a mirarme y mi imagen en verdad no debía ser hermosa en ese momento pues estaba boca abajo en la cama llorando a más no poder, no soportaba más todo aquello, si Eros me seguía rechazando como lo hacía me quebraría en mil pedazos ya las fuerzas me abandonaban.

— Amor mío — dijo y camino hacia mí, esa frase me hizo desahogar aún más si es que era posible, me senté rápida en la cama y lo abracé con todas mis fuerzas.

— Discúlpame — pedí con voz solloza — Perdóname toda esta arrogancia y tanta demanda sin base de mi parte… — me separé y acariciándole el rostro con una mano le dije — No fue mi intención gritarte — hacía pucheros como si de una niña se tratase, ahora fue mi amado quien me acarició el rostro para luego abrazarme con fuerza y darme besos en el cuello.

— No te preocupes amor mío, no fue mi intención el hablarte tan duramente como lo he hecho, discúlpame por no darte mi apoyo como se debe — me erguí sobre mis rodillas sin romper con el abrazo haciendo que mi cabeza quedase más alta que la suya, me separé un poco para decirle desde el fondo de mi alma.

— Te amo y no tengo nada que disculparte, mucho menos cuando hemos peleado a causa de una desesperación en la cual no tienes participación vida mía — nos besamos con fuerza y ese beso me dio un tanto de calma y paz.

— Habla con él y descubre en verdad como se siente estando acá, descubre cómo se compartiría si lo dejamos andar libre por el palacio y la ciudad, amor mío, comprende que tu hijo a pesar de ser tuyo puede ser un gran peligro para Troya si llegase escapar a la playa con alguna información vital de la ciudad — cuanta verdad en sus palabras y cuantas ganas de negármelo tenía.

— Lo haré, le pediré ayuda a Electra ya que mucho lo visita y al parecer son buenos amigos — Thomas se incomodó un poco por el comentario.

— No sabía de esa amistad.

— Hasta donde me han dicho los gemelos y los guardias cuando les he preguntado quien ha venido a visitar a Eros me han dicho que Electra es la que más lo frecuenta — ingenuo fue mi comentario pero no así lo tomo mi amado príncipe.

— ¡Por Afrodita! Stelios la matara si se entera — se levantó a caminar por la estancia del cuarto —. No me parece correcta esa amistad, para nada me parece que Electra este con Eros en una habitación sobre todo si están solos — comprendía su hablar y recordé la chispa en los ojos de ambos cuando se miraban pero en ese momento estaba tan desesperada porque mi hijo fuese feliz a mi lado que me alegre al ver que se gustaban.

— A pesar de lo que pienses sé que Eros es respetuoso y mucho más sé que Electra es una jovencita con muy buena crianza, no pasara nada entre ambos de lo cual nos tengamos que arrepentir — que ciegos nos volvemos los padres, parece que se nos olvidase que también tuvimos 16 y 19 años.

— Espero que tengas razón, ahora he de irme a pedirle la audiencia a mi padre en tu nombre — se acercó nuevamente a mí y me dio un largo y sutil beso en los labios para salir de la habitación cosa que me dispuse hacer a los pocos minutos.

— Eros — dije con suavidad al entrar a su habitación.

— ¡ACÁ ESTOY! — grito desde el jardín del cuarto, lo encontré con el torso desnudo y muy sudado, una vez más practicaba con la lanza haciendo difíciles movimientos de guerra.

— Espero que algún día decidas tener destreza en otras cosas más útiles que la guerra — hable sin reservas y hasta un tanto molesta.

— Por Atenea, madre, si me hubieses criado sería todo un blando — repuso en son de juego.

— No un blando pero si un versado en varias artes — le conteste bajando las escaleras, era notable que ese día había amanecido feliz, me había dicho madre y eso no era frecuente.

— Tengo cultura en otras artes, pero me gusta más la de la guerra, nací siendo amado por Ares.

— Y espero que nuestro señor Ares no te conduzca derecho al Dios Hades, nada me daría más pena que pagues el precio de Caronte y que conduzca por la laguna Estige — me entristecí de recordarlo en batalla, siendo tan joven y voraz era obvio que estaría en muchas guerras.

— No hables de muerte Madre, hoy es un día hermoso para hablar de eso — se sentó a mí lado en el banco.

— Tienes razón—dije sonreída tomando sus manos entre las mías y decidí hablar de lo que me conducía a ese lugar — Hijo mío, ya hace tiempo que estas acá, ya la verdad de mi vida te ha sido develada — quiso deshacerse de mis manos y protestar pero lo agarré con fuerza diciendo —. Espera, no te pongas a la defensiva, sabes la verdad en tus manos esta si la aceptas o no, pero vengo a proponerte algo que deseo con fervor que se realice pero debo saber tu postura.

— Tú dirás — me habló calmo. Los aires en su pecho fueron simples ráfagas de enfado que como vinieron se fueron.

— Deseo negociar con el Rey Priamo la salida de este confinamiento, acá no eres un prisionero, nunca lo has sido pero por nuestra seguridad y la tuya te han destinado a este lugar. El problema está en saber si tú deseas quedarte acá con nosotros en este palacio o deseas volver con los Aqueos — jamás en la vida me había sentido más nerviosa ante una pregunta, lo miraba directamente rogándole que se quedase a mi lado, con calma se levantó del banco y me dio la espalda para hablar.

— ¿Si elijo irme con mi padre y mi tío me lo permitirán? — un par de gruesas lagrimas salieron de mis ojos, pero igual le respondí.

— Si deseas volver con ellos, dispondré que una escolta te lleve hasta el campamento de los aqueos, cuando llegaste acá te dije que después de un tiempo la decisión sería tuya y que yo la respectaría.

— Júramelo — habló y sonó como un trueno que centellaba sus relámpagos en los azules ojos que ahora me miraban fijamente.

— Te lo juro por la misma Afrodita, lo único que quiero es verte feliz y doy gracias al Olimpo por todo el tiempo que he podido compartir con tu vida adulta — trataba de ocultar mi dolor, pues mi egoísmo contra su infelicidad no era una opción.

— Amo a mi padre y nunca cambiará ese sentimiento, por más que me logre convencer que lo que me has contado es la más rotunda verdad, lo amaré por siempre madre.

— Respeto ese sentimiento, es la mayor prueba de tu nobleza hijo mío — algo en mi corazón me dijo que no llorase más.

— Ahora mismo no sé qué siento por Mithos — la confusión fue evidente en su rostro, pero ese sentimiento huyo y sonriendo me dijo —. Deseo quedarme contigo, quiero quedarme en este lugar y disfrutar de mis hermanos.

— ¡Eros! — no pude con la emoción y lo abracé con mucha fuerza llenando de besos y bendiciones a mi hijo primogénito, sentí como de buen agrado me retorno el abrazo y fui la persona más feliz de todo el mundo en ese momento.

— No puedo decir que siente estima por los teucros, madre, pero sé que Thomas ha sido un excelente hombre contigo así que mi odio no enfila hacia él, al igual que sé apreciar la majestuosidad del Príncipe Heredero tanto como caballero, como guerrero y Príamo es digno de ser Rey de estas maravillosas tierras, aunque ninguno de ellos cuente con aprecio alguno de mi parte cuentan con mi respeto.

— Soy el ser más feliz del mundo al escuchar tan maravillosas palabras — me despedí de mi hijo dándole miles de besos y salí rauda para la sala del Rey, necesitaba cuanto antes tener su permiso de sacar a Eros de esa habitación.

Electra, los gemelos y Andrómaca se enteraron de mis deseos y felices apoyarían por completo mi causa, Priamo y toda la junta de gobierno duraron 3 días en un arduo juicio en el cual mi hijo aún no prestaba testimonio alguno.

— Deseo escuchar lo que tenga que decir este muchacho, dependiendo de ello tendrá mi autorización o no — respondió como veredicto final el gran Rey de Troya, ahora la felicidad de Eros estaría en sus propias manos.