La tensión se respiraba en el ambiente. El miedo y la preocupación se podía observar en el rostro de cada una de las personas presentes en le sala de reuniones de la comisaría 12th.

Los diversos inspectores que conformaban la plantilla de la comisaría se habían reunido junto a la capitana y los dos civiles para recibir las instrucciones del trabajo que se realizaría a partir de ese momento. Todos hablaban entre ellos esperando, con expectación, lo que Victoria Gates tenía para decirles.

- Os he mandado reunir porque tengo algo importante que deciros – dijo alzando la voz por encima de todos – Vamos a llevar a cabo una operación contra uno de los mayores narcotraficantes de Nueva York, Graimes Nicola – dijo enseñando la foto.

- Señor, ¿eso no le correspondería a los de narcóticos? - preguntó un joven de unos 25 años, esbelto, de tez blanca como la nieve y ojos negros como el azabache.

- Y así sería, Edward, pero a Graimes se le acusaron de más de una docena de asesinatos de los que salió absuelto y ahora es sospechoso de la muerte de otros dos. Nos corresponde a nosotros aunque para ellos debamos hacer un trabajo que es de los de narcóticos – Edward asintió y Kate pudo comprobar el respeto e incluso temor que Gates ejercía sobre sus inspectores – Voy a necesitar la colaboración de todos vosotros. Es una operación complicada, no puede haber un solo fallo, debéis tener vuestro cinco sentidos puestos en la escena – se produjo un pronunciado silencio en el que no dejaron de sucederse las miradas entre los inspectores que allí se habían agregado – Dicho esto, voy a pasar a explicaros como se va a llevar a cabo la operación. Gracias a la colaboración de los de narcóticos hemos podido averiguar el lugar donde Graimes y los suyos guardaban la mercancía antes de ser encarcelados. Obviamente, tras su salida de prisión, ese lugar quedó abandonado. Graimes cuidó muy bien su imagen para no ser relacionado nuevamente con el narcotráfico pero no cuidó lo más importante, sus hombres – dijo provocando un murmullo generalizado – Uno de ellos que, por temor a ser descubierto por Graimes,no ha revelado su identidad, ha llamado para darme la dirección del lugar donde guarda la droga.

- Un momento – dijo Richard dando un paso hacia delante - ¿Cómo sabía esa persona que buscábamos dar con el lugar donde Graimes guarda la droga? Parece como si supiese cuales eran nuestros movimientos.

- Eso es imposible, señor Rodgers. Nadie, salvo los que nos encontramos en esta sala, lo sabe. Me ha asegurado que quiere ayudarnos pero teme dar la cara. Aun así, he pedido que rastreen la llamada para ver si podemos sacar alguna información de quien es esa persona.

Richard asintió y volvió a su posición junto a Kate.


Una hora después de haber dado las indicaciones pertinentes, Gates salía de la comisaría flanqueada por Esposito y Ryan. Tras ellos, Kate y Richard caminaban protegidos por cuatro policías que no dejarían de vigilarlos en ningún momento para que nada les ocurriese.

Cuando llegaron al aparcamiento se dividieron. Gates junto con dos policías se fueron en un coche que fue seguido por Ryan y Esposito, que iban en otro vehículo conducido por este último. Por otra parte, Kate conducía su propio coche con Richard de copiloto en la dirección opuesta a los inspectores. Un vehículo de la comisaría los seguían a una distancia prudencial que evitara sospechas por parte de la población neoyorquina.

- No te preocupes Rick, estamos protegidos por cuatro policías que no nos van a perder de vista.

- Eso no hace que me sienta mejor, Kate. Si algo ocurriese...

- Que no va a ocurrir – le interrumpió.

- Pero si algo ocurriese, ellos no podrían evitarlo a tiempo si el ataque viene de Graimes o alguno de los suyos. Por muchos policías vengan con nosotros, estamos solos.

- Richard, saben lo que hacen. No nos habrían dicho que hiciésemos esto si creyesen que nos podría ocurrir algo. Confía en ellos, confía en mí. No nos pasará nada – le dijo mientras depositaba una de sus manos sobre las de él sin apartar la vista de la carretera.

Mientras Kate conducía, Richard llamó a Paula, la persona que años atrás había sido su compañera en la universidad y descubrió su pasión por escribir. Desde entonces, siempre le animó a que continuará ya que ella acabó siendo muy respetada como relaciones públicas, su verdadera vocación, y podía ayudarle a hacerse un hueco como escritor. Richard nunca le mencionó que tenía varias obras completas que no publicaba por inseguridad o, por qué no decirlo, por cobardía. Aun así, nunca habían perdido el contacto.

- Paula, soy Richard.

- Rick, que alegría me da oírte. Hace semanas que no sé nada de ti y empezaba a preocuparme ¿Va todo bien?

- De eso quería hablarte. Necesito pedirte algo.

- ¿Dé que se trata?

El trayecto hasta el loft les pareció muy largo, pese a ser el mismo por el que volvían siempre. Los nervios y la tensión soportada hacía que pareciese que el tiempo no pasaba.

Media hora después, Kate, con temor, aparcaba el coche frente al loft. Apesadumbrada debido a todo los acontecimientos ocurridos durante el día, Kate se sentía segura dentro de aquel vehículo junto a Richard. Quería acabar con toda aquella situación pero no podía evitar que el miedo antes lo que se avecinara. Se reprendió a si misma por dejarse acobardar justamente en ese momento que tan fría necesitaba mantener su mente. Richard la tomó de la mano viéndola abstraída en sus propios pensamientos y esta le sonrió antes de salir del coche del mismo modo que lo hizo él.

Una vorágine de paparazzis se agolparon a su alrededor, provocando que ambos se vieran acorralados. Richard apretó la mano con la que llevaba agarrada a Kate para que no se separase de él mientras caminaban hacia el loft.

- Señor Rodgers, ¿es cierto que su corazón ya está ocupado? - preguntaba uno poniéndole el micrófono para que contestase.

- ¿Qué nos puede decir acerca de los rumores que circulan últimamente sobre cartas amenazadoras y animales muertos que le han hecho llegar? - le preguntó otro realizando la misma operación que el anterior.

- Mi compañera y yo hemos pasado un mes bastante duro debido a todo ello así que, temiendo por nuestras propias vidas, hemos decidido dejar de investigar – contestó el doctor ante el insistente paparazzi.

Richard se apresuró y entró junto a Kate en el loft. Kate caminó hasta el sofá y se dejó caer en él. El doctor la siguió y la rodeó con sus brazos.

- ¿Crees que será creíble? - le preguntó Kate.

- Esperemos que así sea. De momento todo ha salido según lo planeado. Paula ha hecho un buen trabajo. No me esperaba que pudiese reunir a tantos paparazzis en tan poco tiempo.

- Voy a llamar a Gates para que ponga en marcha la segunda parte del plan – le dijo Kate mientras tomaba su móvil.


En otra parte de la ciudad, dos coches de policías se dirigían al lugar donde se llevaría a cabo la operación. Ryan y Esposito llegaban los primeros, seguidos de Gates y los dos policías.

- He recibido una llamada de la señorita Beckett – dijo la capitana acercándose a ellos.

- ¿Está bien? - preguntó Ryan preocupado.

- Si inspector, todo ha salido según lo planeado. Ahora nos toca a nosotros hacer nuestro trabajo.

- Yo entraré – dijo Esposito para sorpresa de su compañero y su superior.

- ¿Estás loco, bro?

- Esposito, no tiene por qué hacerlo. Es peligroso, a usted ya lo conocen. Tenemos personas preparadas para ello.

- Señor, puedo y quiero hacerlo.

- Está bien, pero llevará un micro. Si ocurre algo entraremos por usted.

- No ocurrirá nada. No es la primera vez que me infiltro en un grupo de narcotraficantes. Sé lo que hago – dijo Esposito muy seguro de sí mismo.

- Antes debemos esperar a que conteste a nuestra llamada. No vendamos la piel del lobo antes de cazarlo.

Los inspectores asintieron esperando que Graimes y los suyos no sospecharan del plan que tenían entre manos.


Parecía que su llamada a la comisaría había surtido efecto. Sin embargo, ahora, tras haberla realizado, tenía más miedo que antes. No se arrepentía de lo que había hecho porque sabía que era lo correcto, pero no dejaba de pensar que si por alguna razón las fichas del dominó caían, la suya sería derribada al inicio ya que se encontraba en primera línea de fuego. Cualquier otra persona temería por su vida, pero él no. Él temía más el castigo, la tortura a la que sabía que sería sometido de saberse su traición.

- Señor – dijo - ¿ha escuchado las nuevas noticias?

- ¿Te parece que tengo tiempo para sentarme a ver que dicen esa panda de buitres que se hacen llamar periodistas? - le preguntó aireado mientras se giraba en la silla de su despacho para encararlo – Si tienes algo que decirme, hágalo. Sino, deja de hacerme perder el tiempo.

- La actriz y su compañero han dicho que van a dejar de investigarnos. Al parecer surtió efecto el gato que les dejó en el loft.

- ¿Acaso lo dudabas? Mis planes nunca fallan. Aun así, todo esto me parece muy raro ¿Por qué lo han dejado justo ahora? Esto me huele muy mal.

- Señor, es lo que usted quería. Han dejado de investigar, eso es lo importante. No tenemos a nadie que nos vigile. Podemos volver a nuestras vidas.

- Tiene razón – dijo levantándose de la silla para acercarse a su hombre – Esto nos va a venir muy bien. Están esperando nuestra contestación para que les pasemos la mercancía por la frontera México. Ahora es el momento.

El teléfono de su despacho comenzó a sonar.

- Graimes Nicola.

- ¿Cien quilos? ¿Para qué quiere una cantidad tan grande?

- ¿Me está diciendo que no confían en que les llegue y nos quedemos con ella? ¿Saben con quien están tratando? Yo no me quedo con lo que no es mio, deberían saberlo.

- Ya sé que usted sólo cumple órdenes. Dígale al señor Márquez que dentro de unas horas tendrá ese adelanto que me ha pedido – dijo antes de colgar.

Graimes comenzó a dar vueltas por su despacho llevándose las manos a la cabeza. Con furia, golpeó la mesa provocando que su hombre se sobresaltase.

- ¡Joder! ¡Maldita Kate Beckett! Ha estado a punto de arruinarme la venta de la mercancía.

- Pero, ¿sigue en pie? - le preguntó para no levantar sospechas aunque él ya imaginaba la respuesta.

- Sí, sigue en pie, aunque dudo que ahora quieran discutir el porcentaje que me deben por esa merca – volvió a llevarse las manos a la cabeza – Esa mediocre actriz me las va a pagar. Te juro que me las pagará.


- Señor, ha picado. Graimes Nicola se ha creído la llamada. Parece ser que la persona que le aviso sobre el lugar donde guardaba la droga y la operación con la frontera de México que se llevaría a cabo es fiable – le dijo Esposito a Gates – En una hora estarán aquí con la droga.

- De acuerdo – se giró y se dirigió a los policías de la comisaría que habían pedido como refuerzo al llegar allí – Necesito que rodeéis al almacén pero que os mantengáis fuera de la vista de todos. Estad atentos a mis órdenes – todos asintieron y se encaminaron a hacer lo que Gates les había dicho – Tenga cuidado inspector – le dijo a Esposito mientras se giraba y le daba un micro y un pinganillo que les permitiría a ambos comunicarse.

Una hora después, tal y como Espósito había asegurado, dos porsches negros con los cristales tintados hacían su aparición en el almacén. Esposito le hizo un gesto a Gates para que supiese que a partir de ese momento comenzaba la operación. El inspector rodeó el almacén y se dirigió tres metros al norte, donde la habían dejado un coche para hacerle creer a Graimes y los suyos que había llegado en él. Condujo hasta la puerta del almacén y entonces se abrió, permitiéndole introducir el coche. Una vez dentro, aparcó y se bajó.

Cuatro hombres con trajes de chaqueta rodearon el coche cuando el inspector bajó de él. Puesto que Graimes ya lo conocía del interrogatorio que le realizó junto a su compañero, Esposito se había colocado una peluca rubia con melena lacia y se había puesto lentillas de color azul. Además, llevaba un pendiente en la oreja izquierda y una gorra con la visera hacia atrás. Se había puesto un pantalón vaquero ancho y una camisa negra ajustada de maga corta. El resultado era asombroso. Nadie diría que esa persona era la misma que día a día luchaba contra el crimen.

- Señor García – dijo Graimes separándose de la formación aludiendo a Esposito con el apellido inventado que este le había dicho por teléfono - Bienvenido a nuestro país

- Gracias señor – dijo tratando de imitar el acento mexicano – Si no le importa, preferiría ir directamente al grano. Mi jefe espera mi llamada – le dijo para acelerar el proceso.

- Lo entiendo, es comprensible que no confíe en mí – le dijo Grames invitando al inspector a caminar a su lado – Pero créame, no tiene por qué dudar. Mi hombres han traído la mercancía – dijo haciendo un chasquido con los dedos. Inmediatamente los tres hombres que habían acompañado a Graimes se dirigieron a los coches y sacaron dos maletas. Graimes les hizo un gesto con la cabeza y los tres hombres abrieron las maletas, haciendo visible la droga – Ya le dije que yo no me quedo con lo que no es mio.

- Ya veo, pero después de todo lo que circula últimamente a su alrededor, mi jefe no podía fiarse. Lo que se dice por ahí de usted no es nada bueno para este trabajo.

- ¿Y qué se dice si se puede saber? - pregunto Graimes.

- Ya sabe. Que hay una actriz que con ayuda de la policía lo está poniendo en evidencia al intentar destapar lo que hace.

- Bueno, ya no hay por qué preocuparse de eso. Esa malnacida no volverá a molestarme. La policía ya no es un problema para mí.

- ¿Está usted seguro? - le preguntó.

Inmediatamente las puertas del almacén se abrieron dando paso a una veintena de policías.

- ¡Que nadie se mueva! - gritaba Ryan.

Esposito se deshizo de la gorra, la peluca y el pendiente.

- Sus problemas con la policía no han hecho más que empezar – le contestó a Graimes mientras este se resistía a que le colocase las esposas – Graimes Nicola, queda detenido por posesión de marihuana y narcotráfico.

Uno de los policías se llevó a Graimes al coche de la comisaría y el resto de policías hicieron lo mismo con los otros tres hombres.

Ryan se acercó a Esposito y le dio una palmada en la espalda.

- Buen trabajo Esposito.

- Ha sido más fácil de lo que esperaba. Graimes ha cantando La traviata. Tenemos que encontrar pruebas que los relacione con los asesinatos. Ese maldito cabrón no se puede ir de rositas.

- Lo encontraremos.

- Esposito – dijo la capitana acercándose a él - ¿Se puede saber a que jugaba?

- ¿A qué se refiere?

- No me vengas con esas, no soy estúpida ¿Qué intentaba? Ya lo teníamos con la droga ¡Podría haberlo descubierto! - le dijo irritada ante el comportamiento del inspector.

- Intentaba que hablase. Intentaba sacarle una confesión pero parece que no está dispuesto a hablar tan fácilmente.

- No vuelve a desobedecerme nunca más. No quiera saber de lo que soy capaz si se desacata mis órdenes – le dijo antes de salir del almacén y montarse en su coche.

- Por una vez estoy de acuerdo con la dama de hierro. Hemos estado muy preocupados hay fuera – le dijo señalando el exterior del almacén – Si Graimes te hubiese descubierto, las cosas se hubiese puesto muy feas.

- No ha sucedido nada, sabía lo que hacía. Tenemos que llamar a los chicos. Se alegrarán de saber que lo peor ya ha pasado.


- Lo tienen – dijo Richard acercándose a Kate que preparaba la cena – Estamos a salvo.

Ésta se giró y lo rodeó con sus brazos. Richard depositó sus brazos en la cintura de ella y la besó.

- Tengo una idea – le dijo Kate en sus labios - ¿Qué te parece si lo celebramos?

- Aunque tu propuesta suena de lo más tentadora, debo recordarte que aun sigues con las curas.

- Vamos, Rick, ya no me duele y sé que tú cuidarás de mí.

- Alguien debe mantener la cordura y aunque suene irónico, seré yo quien lo haga.

- ¿Estás seguro? - le preguntó mordiéndose el labio - ¿Crees que serás capaz de mantener la cordura si hago esto? - le preguntó mientras comenzaba a desabrocharse la camisa dejando al descubierto uno de sus hombros.

- Kate, por favor, no lo hagas.

- Dijiste que tú serías el sensato, pero no dijiste que yo lo tuviera que ser también – le susurró al oído mientras terminaba de desabrochar la camisa, dejándola caer al suelo.

- A la mierda todo – le dijo atrayendo con fuera a Kate hacia él para besarla con fiereza, dando comienzo a un juego en el que ambos eran los únicos protagonistas.