Capitulo Veintiuno: Mi verdad, es su verdad.

El plan era bastante complicado. Habían muchos factores que podían salir mal, mas teniendo en cuenta que debían hacerlo a escondidas, Dumbledore seguramente no permitiría que Harry participara de algo de esta magnitud sin meter su nariz. Ni hablar si se enteraba algún seguidor fanático del Ministro, como Percy Weasley.

Lo más sencillo fue convencer a Rita Skeeter de formar parte. Cuando la encontraron, vestía harapos y estaba completamente cubierta de suciedad. Desde que Hermione amenazó con denunciarla con el ente reguladores de animagos, su capacidad para encontrar exclusivas decayó enormemente. Así como el interés de sus contratantes en publicar sus artículos, cuyo tema principal consistía en el clima cambiante o novedades de las Brujas de McBeth.

-Bien Niños- habló Rita a Hermione y Harry en la reunión concretada en Hogsmeade, mas precisamente en las 3 escobas, dos semanas más tarde de que el Profeta publicara la versión de Fudge. – está todo listo. Esta noche vendrán periodistas de todos los medios de comunicación del país para escuchar al "Elegido"- dijo la bruja con tono despectivo.

-¡¿Esta noche?!- preguntó Hermione al borde de la histeria. -¡Aun no hemos preparado que decir sobre Fudge, ni que contaremos y que no! ¡Dijiste que esto tardaría meses en organizarse!

-Sí, así funciona cuando se quiere hacer una conferencia a gran escala- admitió la periodista mirándose las largas uñas rojas, con expresión aburrida.- Pero parece que el mundo está desesperado por oír hablar a éste- continuó Rita señalando con desprecio a Harry.- Es más, luego de mi segunda entrevista pidiendo la conferencia, me empezaron a llegar lechuzas de varios medios de comunicación, inclusive se me aparecieron varios magos por la red Flu en mi casa y me hicieron tentadoras ofertas por una exclusiva… pensándolo bien, creo que estaría bien..

-No- cortó Hermione. – Queremos que todo el mundo se entere de esto y lo más rápido posible para evitar una posible censura por parte del Ministro.- Si las miradas mataran, Hermione estaría unos veinte metros bajo tierra.

- Volviendo al tema.- continuó Hermione ignorando olímpicamente a la periodista.- ¿No pudiste darnos aunque sea unos días para preparar todo?

-Niña, ustedes no tienen permiso para salir de Hogwarts nuevamente, esta visita a Hogsmeade es nuestra única posibilidad.

La puerta de la taberna se abrió y aparecieron Ron, Ginny, Luna y Neville.

Hermione les hizo señas para que se acercaran.

-La conferencia es hoy a la noche. No tenemos tiempo para organizar nada. Será un desastre.- les comunicó Hermione con tono fatalista.

Los recién llegados palidecieron.

-No se desesperen. Aun tenemos 4 horas antes que se haga de noche. – intentó animar Harry.

-En realidad, los periodistas esperan la conferencia en…- Rita consultó su reloj. En unos 45 minutos aproximadamente.

Hermione se cayó de la silla, atrayendo varias miradas. Harry la ayudó a levantarse, parecía que había perdido el habla.

-Nos organicemos- apremió Ron.- Lo más importante es a quien recomendaremos como nuevos miembros del Ministerio. ¿A quién hay que remplazar?

-Al Ministro Fudge en primer lugar- contestó Ginny- ¿A quién recomendarás Harry?

-A tu padre- la respuesta la dijo tan automáticamente que se sorprendió, había olvidado la conversación con Dumbledore, donde habían hablado sobre este tema.

-¿Mi padre? ¿Estás seguro Harry? –Preguntó Ginny muy nerviosa- No sé si papa está listo para un cargo como…

-Arthur Weasley es la persona más idónea para ser Ministro. Respeta a los Muggles, es honesto y trabajador. Todas las cualidades que necesitamos en este momento- le cortó Harry- ¿Puedes ir a buscarlo Ginny? Usa la chimenea de algún dormitorio de la taberna, seguro que Madame Rosmerta te puede proveer de Polvos Flu.

La pelirroja como una autómata se levantó de la silla y desapareció de la vista.

-¿A quién mas hay que remplazar?- continuó Harry, su cerebro estaba trabajando al 100 por ciento.

-Yo creo que habría que remplazar a todos los fanáticos seguidores de Fudge y sus políticas.

-Sí, empezando por el encargado de prensa- participó Neville- de eso se encarga la maldita arpía de Umbridge, mi abuela me lo contó hoy cuando me llegó la carta donde hablaba indignada de la noticia del profeta.

-Pues… Rita ¿Te interesa el puesto? – preguntó Harry, sorprendiendo a todos. La periodista no era totalmente confiable.

-¡Si! ¡Si! ¡Por supuesto! – exclamó Skeeter con los ojos abiertos de alegría, era el puesto soñado por cualquiera de su profesión.

-Pero hay una condición.- cortó Harry. La alegría de Skeeter desapareció tan rápido como había llegado.- Todas las notas que tengan que ver con Voldemort, los comunicados oficiales del Ministerio, y con mi persona antes de ser publicadas tienen que pasar por la revisión de Hermione.

La periodista sintió una gran oleada de rabia contra la pequeña bruja sentada a su izquierda.

-Acepto. Lo haré- dijo a regañadientes.

Media hora más tarde estaban reunidos en una pequeña habitación de las Tres Escobas Arthur Weasley, Rita Skeeter Neville, Ron, Hermione y Harry

-Rita ya dijo que sí, ahora queda usted señor Weasley. ¿Qué opina?

-Pues… es un trabajo muy importante- contestó precavido.- Pero no sé si estoy capacitado para ser Minsitro de Magia…

-Lo está. – cortó Harry. – ¿Acepta la postulación?

Arthur Weasley miró detenidamente a los ojos esmeraldas del muchacho donde pudo ver la determinación que lo invadía. Asintió con la cabeza como toda respuesta.

Unos fuertes golpes en la puerta interrumpieron la reunión.

-Señora por favor, pidieron no ser molestados.

-No me interesa lo que le hayan pedido. Quiero ver a mi nieto.

Harry se dirigió a la puerta y vio a Augusta Longbottom, abuela de Neville discutiendo acaloradamente con Madame Rosmerta.

-Señora Longbottom, aquí esta Neville. Está bien Rosmerta, es de confianza.

La abuela de Neville le dedicó un gesto altivo a la dueña del bar y acto seguido ingresó a la habitación.

Neville estaba de pie, frente a una ventana mirando con algo de temor a su abuela que se dirigía con paso decidido hacia él.

-Muchacho. En la radio están diciendo que habrá una conferencia de prensa de Harry Potter y que contará con la presencia de los que lo acompañaron en la batalla del Ministerio, incluyendo al hijo de los famosos y hábiles aurores Longbottom. ¿Es cierto eso?

Neville asintió la cabeza tímidamente.

-¡Oh! ¡Neville! Estoy tan orgullosa de ti. –exclamó la anciana con voz quebrada mientras le daba un fuerte abrazo a su único nieto.

Era una de las pocas veces que lo llamaba por su nombre.

–Ahora, -dijo recuperando su habitual tono fuerte y enérgico mientras se limpiaba disimuladamente una lagrima que se le había escapado en el momento de debilidad- quiero estar presente el día que mi nieto va a demostrar al mundo de que esta hecho un Longbottom.

-Abuela, tu estarás al lado mío en todo momento. ¿Verdad Harry?

-Por supuesto Neville.- confirmó el morocho mientras Augusta Longbottom pasaba un firme brazo sobre los hombros de su nieto.

-Llegó la hora- dijo Hermione consultando su reloj. Tomó fuertemente el brazo de Harry buscando protección, y encabezando la comitiva se dirigieron a la sala principal del bar.

Todo estaba cambiado, habían colocado una tarima en una punta de la taberna a donde se dirigía rápidamente Rita Skeeter. Las redondas mesas habían sido quitadas para dejar más espacio a las decenas de periodistas, fotógrafos y curiosos que se habían juntado allí.

-¡Sonorus! - exclamó Rita Skeeter.

-¡Buenas tardes a todos!- su voz resonó por todo el recinto, acallando todos los murmullos – Esta noche el señor Harry Potter presentará su descargo frente a la entrevista de Fudge publicada por el profeta la semana pasada.

Los flashes y explosiones de las cámaras fotográficas cegaron momentáneamente a Harry.

-Basta de fotografías, o se quedan sin cámaras- La potente voz de Augusta Longbottom se hizo escuchar sin necesidad de hechizo alguno. Mientras levantaba su varita y apuntaba firmemente las cámaras de los periodistas. Los flashes cesaron mientras algunos representantes del cuarto poder miraban la varita de la anciana con algo de temor.

-No soy bueno para los discursos- empezó Harry, viendo con disgusto como varias vuelapluma comenzaban a rasgar el papel. – por lo tanto voy a dejar que ustedes mismos vean lo que pasó en el Ministerio. Mi verdad, será ahora su verdad – murmullos de excitación corrieron por la sala.

Harry acercó la varita hacia su cabeza y cuando la retiro, unos hilos de sustancia plateada siguieron el movimiento de su varita. Los recuerdos de Harry Potter se ampliaron y proyectaron en una pared con un movimiento de varita de Rita Skeeter.

En un silencio absoluto, los periodistas vieron a Umbridge produciéndole el castigo a Harry, luego de que el morocho afirmara el regreso de Voldemort.

Vieron a Harry entrenando a un grupo de estudiantes organizados para pelear contra el mal.

Vieron a Fudge intentando apresar a Dumbledore, y este escapando magistralmente.

Vieron a la profesora Umbridge dispuesta a utilizar una maldición Imperdonable contra Harry, para extraerle información.

Los murmullos de indignación subían en la sala.

Vieron a varios estudiantes viajar con Threstals, ver el ministerio desierto ante su entrada cuando debería estar custodiado.

Lo vieron entrar a la sala de profecías. Verse rodeados de Mortífagos. Sorprenderse al ver el rostro de Lucius Malfoy tras la máscara de Mortífago.

La visión de la batalla fue increíble. Solo un par de adolescentes enfrentándose a lo mejor de los Mortífagos.

Cuando llegó el momento de estar encerrados en la sala de la muerte, con el Velo a sus espaldas. Todos contuvieron la respiración, la tensión era palpable.

Vieron a Neville exigiendo a Harry Potter que no les entregue la profecía y sufriendo un crucio de Bellatrix Lestrange.

Se escucharon más murmullos en la sala.

-Ese Longbottom es igual a sus padres, ya no quedan aurores como esos.- dijo un periodista bastante entrado en años.

-Increíble- corroboraron varios, mientras las plumas rasgaban los pergaminos frenéticamente.

La abuela de Neville apretaba tanto el hombro de su nieto que seguramente le quedaría una marca por algún tiempo, pero no importaba, la felicidad de Neville al sentir el orgullo de su abuela le impedía sentir ningún dolor.

Vieron llegar a la Orden del Fénix, junto con Sirius Black. Nadie entendía nada.

Vieron al supuesto asesino luchar a muerte contra los Mortífagos para defender a su ahijado, y luego pelear contra Bellatrix Lestrange para caer derrotado tras el velo.

La imagen se distorsionó. Bellatrix corría hacia el hall de entrada del Ministerio.

Allí estaba el.

La imagen era imponente.

Una túnica negra, el rostro blanco en forma de calavera, dos orificios en lugar de nariz y sus ojos... Era lo más impresionante de todo. Sus ojos rojos como el fuego del más profundo de los Infiernos destilaban odio, un odio tan puro que podía paralizar a los débiles de corazón con una sola mirada.

Una sonrisa desfiguró aun más su rostro.

-Buenas noches Harry Potter-

El siseo se escuchó amplificado en la sala provocando que varios magos dieran gritos de autentico terror.

Solo dos personas se mantuvieron impasibles, firmes. Solo dos personas mostraban determinación. Solo Harry Potter y Augusta Longbottom miraban la imagen firmemente, sin una pizca de miedo en sus ojos.

No había rastros de la historia contada por Fudge. Voldemort no estaba débil. Estaba en su auge, tal y como Dumbledore había asegurado.

Las imágenes terminaron cuando Voldemort desaparecía junto con Bellatrix Lestrange y a los pocos minutos aparecía Fudge con un cómico piyama, con una cara de autentico pánico.

Los gritos indignados de los periodistas no se hicieron esperar.

-¡Nos mintieron en la cara!

-¡Esto es inaceptable!

-¡Corrupción en el ministerio!

-¡A ver como explica esto Fudge!.

-Silencio por favor- la voz de Rita Skeeter se hizo escuchar tras un par de minutos.- Harry Potter quiere decir unas palabras más.

-Ahora han visto lo que yo he vivido. En contra de mi voluntad he compartido todos mis recuerdos con ustedes, que alguna vez me criticaron y tildaron de loco. Antes que nada, quiero que sepan que Sirius Black fue mi padrino, y la persona que mas aprecié en la vida. Fue como el padre que nunca tuve. Es inocente de todos los cargos que le han impuesto. Su memoria debe quedar impecable, intachable. Debe ser recordado como un Héroe, porque eso es lo que fue. Murió por defenderme, murió por mí. Recuerden esto. El es mi héroe. – la voz le flaqueo.

Tras unos momentos continuó.

-He luchado contra Voldemort y voy a morir defendiendo a la comunidad mágica porque ser mago fue lo mejor que me ha pasado en la vida, y voy a honrar ese don. Pero necesito ayuda.- Se puso de pie. – Creo que es hora de hacer algunos cambios en el Ministerio, para poder luchar juntos contra Voldemort. Les presento a estas personas, que son de mi absoluta confianza.

-Rita Skeeter quiere ocupar el puesto de Información y Publicidad del Ministerio, para que no se les siga ocultando la realidad. Y quiero que el próximo Ministro de Magia sea Arthur Weasley. Fudge no puede seguir gobernándonos. Hemos sido víctimas de un…

-¡¿Qué demonios crees que haces niño?!-la puerta de la taberna se abrió de par en par dejando el paso a un enfurecido jefe de aurores.- Esto no ha sido permitido por la dirección de publicidad, esta conferencia es ilegal. Harry Potter debe acompañaros. Ahora. Será sometido a la corte del Wizengamont y…

-Quiero verlo intentarlo- interrumpió una fuerte voz. Augusta Longbotto miraba desafiante al auror.

-Mire señora, si usted piensa que por ser anciana voy a tolerarle que me hable de esa manera está muy equivocada.

Solo se vio un destello de luz roja y el auror quedo tendido en el suelo inconsciente.

-Si esa es la calidad de aurores de hoy en día, comprendo porque Potter quiere cambios- dijo augusta mientras guardaba la varita, que por cierto, nadie le había visto sacarla.

-¡Excelente! Hacía muchos años que no veía esa rapidez.- exclamó un pequeño mago que Harry reconoció como un examinador de los TIMOS.

-Necesitamos un jefe de Aurores más eficiente- exclamó un periodista.

-Lo que necesitamos es sangre Longbtom en la oficina de aurores. –

-¡Augusta! ¡Postúlese para el cargo! –exclamó el mago entrado en años.

La abuela de Neville miro a su nieto unos segundos y éste le asintió con la cabeza.

-Me parece bien. Mi nieto aun debe terminar sus estudios, creo que es necesario que tome la responsabilidad. En épocas de crisis hay que arremangarse y trabajar. – respondió dirigiéndose a los periodistas.

Se oyeron varios murmullos de aprobación y algún que otro grito mas exaltado. Ahora los mismos periodistas recomendaban gente para el Ministerio, Harry no lo podía creer.

-Bien señores ¿Qué hacen aun aquí? ¿No tienen periódicos que imprimir? – preguntó Augusta en tono autoritario.

Los periodistas dieron un respingo en sus sillas y como si los persiguiera el mismo diablo salieron corriendo a sus respectivos trabajos. Había mucho material que procesar, sería una larga noche de trabajo.