Capítulo 21
Los buitres fueron pacientes.
Esperaron después de que el principito Pariah les robó su fuego, después de todo, el hombre de hojalata negra había dicho que los llevarían con el Halfa.
Hablaron con la hermana del chico fantasma para advertirles y esperaron.
Entonces el Halfa vino, y los buitres le dijeron lo que necesitaban ¿Y que hizo el mocoso? Ah, pues nada porque llegó el perro verde pulgoso y a la cazadora rojita sin traje se le ocurre hacer un escándalo.
Y todo eso, mientras los buitres esperaban.
Alguien tendría que agradecerles después por ser tan pacientes.
Porque esperaron hasta que el escándalo termino y la niebla salió cubriendo a los mutantes, para hacer algo por su cuenta.
Y vaya que hicieron algo.
El líder voló solo, aún sin su fuego podían volar. Y tomó lo que tanto necesitaban, al Halfa.
Danny se había distraído un momento, solo uno, observando como reaccionaba el padre de Valerie al descubrir que su única hija era la segunda cazadora mas temida de Amity Park.
El señor Gray abrazaba a Valerie, hablando en voz baja y sin perder los estribos en el momento que Danny sintió las garras aferrar sus hombros. Su aliento azul había surgido, pero Danny pensó que era debido a la cercanía con el cachorro o a alguno de los cientos de esqueletos, hasta que fue atrapado.
Cujo gruño al ver como era levantando en el aire y emprendió carrera siguiendo al ave que se lo llevaba. Desde lo alto Danny pudo ver la niebla rodeando a sus padres y amigos. Y dentro de esta tormentosa oscuridad las sombras de los animales mutantes que una vez creó Vlad.
No podía perder el tiempo hablando con el loco buitre que lo secuestró porque bien sabía que no atendería a sus razones, lo único que podía y debía hacer era avisar a sus amigos.
—¡Estan dentro! —gritó esperando ser oído. —¡En la niebla hay fantasmas mutantes!
Los ojos de quienes estaban en la arena se dirigieron a la silenciosa oscuridad, para demostrar que su advertencia era cierta Danny jaló el brazo con que sostenía la daga hasta liberarlo y lanzó el arma contra uno de los bultos ocultos.
El rugido puso los pelos de punta a todos los asistentes y sobre aviso a los chicos y padres que dispararon contra las nubes sin saber si estaban dando o no en el blanco.
—Llegamos Halfa —avisó su captor cuando lo soltó entre las ramas del enorme árbol donde las otras dos parlanchinas aves esperaban.
De inmediato las aves rodearon al chico hablando, gritando y reclamando sobre tantas cosas a la vez que Danny no entendía ni una sola. Y no tenía tiempo de entender, sus compañeros iban a ser acorralados por quien sabe cuantas bestias mutantes y él no estaba con ellos para luchar.
—¡Cujo! —llamó a su mascota que gruñia en la base del tronco seco. —Ve con Sam y Tucker, ayudalos.
Al escuchar la orden el perro corrió desapareciendo entre la niebla apurado por llegar a donde había sido ordenado.
—¿Ahora, el señor importante Halfa tiene tiempo para sus emplumados amigos o debemos esperar más? —Preguntó uno de los fantasmas escandalosos.
—Llegaron en el peor momento chicos, pero si puedo ser de ayuda solo hablen. —dijo Danny confiado en que era mejor seguirles la corriente.
Mientras tanto en la otra esquina del lugar los adultos y adolescentes habían llegado a la conclusión de no disparar hasta que su objetivo fuese visible.
Una buena estrategia para no terminar de descargar las únicas armas que tenían, pero que se vino abajo cuando las primeras bestias salieron de la nube sobre el piso.
Los fantasmas no esperaron, tampoco eran lentos se fueron de lleno contra los que tuvieron mas cerca, osos con tenazas, lobos con tentáculos, pumas con aguijones, terribles en aspecto y eficacia, sujetaron a sus presas y volvieron a la niebla.
Sam estuvo a punto de ser llevada por uno, disparó al rostro del enorme oso pero el láser no lo detuvo. Una tenaza una quedo cerrada en su cintura y comenzó a llevarla de vuelta a su escondite. Escuchó el gruñido antes de sentirse libre, Cujo atacó al oso y la llevó de vuelta a donde Tucker se deshacía de los tentáculos que también lo habían arrastrado.
La arena, la niebla y una inexplicable oscuridad de tonos morados hacía difícil que los dos chicos pudieran ver mas allá de donde estaban parados, por suerte tenian la nariz de Cujo que los guió hasta encontrar al resto del grupo o mejor dicho a los que quedaban después del último ataque, los padres Fenton con los ojos pegados a la mira de sus armas, intentando apuntar a todos lados.
Valerie que parecía una fiera protegiendo a su padre herido de un brazo, dash y Kwan ambos lastimados, armados y montando guardia a unas desesperadas Paulina y Alicia que no podían despertar a Estrella. Ni el señor Manson ni el señor Foley se veían en ningún lado y los amenazantes ruidos de la niebla venían acercándose de vuelta.
Cujo erizó el pelo con los dientes expuestos, Sam apuntó a la nada con el láser, Tucker uso ambas manos cada una armada, Valerie se les unió empujando a su padre al centro, apuntando con su extraña arma de ectoplasma rojo y avisándoles a sus compañeros sin perder el tiempo donde debían colocarse si no querían ser los siguientes.
—Dash y Kwan —llamó a sus compañeros. —Traigan a las chicas al centro, rápido.
—Y sí alguno todavía es capaz de disparar nos serviría de mucho su ayuda chicos —pidió Jack siendo realista de la situación en que estaban.
Maddie Fenton había perdido la capucha de su traje tenía el cabello rojo desordenado y los ojos descubiertos húmedos pero sin liberar ninguna lágrima. El miedo por el rapto de su hijo no le era indiferente y sin embargo guardaba la calma lo mejor que podía porque al igual que Sam y Tucker que al estar de vuelta no encotraron a sus padres sabía que nada podía hacer bajo las circunstancias en que estaban, solo seguir luchando y esperar lo mejor.
No muy lejos de donde los demás luchaban Danny soportaba los escandalosos aleteos de sus forzados compañeros de juegos. La felicidad se había encendido en forma de una llama verde para las aves y ahora solo necesitaba que se callaran los picos y accedieran a llevarlo de vuelta.
Los disparos del pequeño grupo lograron mantener alejados a los fantasmas lo suficiente como para llegar a atrapar un par de ellos con el termo fantasma, sin embargo el espacio en el centro del círculo se iba reduciendo y las chicas sin armas y el señor Gray que no dejaba de sangrar se iban sintiendo como presas acorraladas.
Llegó un momento en que el arma de Jack dejó de funcionar y la bestia mas cercana lanzó una embestida contra el mayor del grupo. Jack lo veia venir y sin miedo separó las rodillas y lanzó el armatoste inservible dispuesto a defenderse a base de fuerza bruta, cuando un brillo verde empujó fuera del camino al fantasma atacante.
En el mismo momento Danny literalmente cayó del cielo todavía con la espada en mano, camino a donde estaba su padre desarmado y después de ver que no estaba herido de gravedad no pudo evitar hacer un gesto de desconsuelo al ver a los pocos que quedaban y a los heridos.
—¡Danny! —Maddie no pudo contenerse más y abrazo a su hijo.
—Lamento haber tardado tanto. —Se disculpó el adolescente mientras a sus espaldas otra de las bestias era engullida por un destello verde.
—¿Qué demonios esta pasando allá? —preguntó Valerie observado como los terribles fantasmas que no habían podido detener estaban siendo machacados por unos brillos de luz verde.
—¿Es que finalmente llegó Phantom? —dijo Dash con la esperanza pintada en el rostro.
Sam y Tucker observaron a Danny que clavó la espada en el suelo y procedió a hacer un torniquete en el brazo del señor Gray con la raída orilla de su camisa blanca.
—No se trata del chico fantasma pero son unos amigos que nos ayudaran lo suficiente como para deshacernos de esos fantasmas.
—Unos amigos eh, —las palabras dolían en la garganta de Valerie, la injusticia de todos los días volvía al verse tan impune como siempre. —Y dónde diablos estaban estos amigos tuyos cuando las bestias nos atacaron ¡Maldición Danny! ¿Dónde estaban cuando atacaron a mi padre? ¿Dónde estabas tú cuando se llevaron a los padres de tus amigos? A todos los demás... crees que puedes llegar así como un estúpido héroe, saliendo de la nada con la solución que tanto necesitábamos ¡No puedes arreglar todo así Danny!
La neblina se iba aligerando, la oscuridad y el polvo de la batalla volvían a desaparecer. En lo lejos las personas del pueblo estaban de pie, estirándose en las puntas de los pies para ver si así lograban ver algo de lo que la niebla escondía. Sobre piso las bestias fantasmas que quedaban parecían inconsientes.
—Lo lamento, Val. De verdad lamento mucho lo que les pasó —dijo Danny sin poder levantar la vista del piso.
Maddie quería consolar a su hijo, decirle que no era su culpa. Sam y Tucker no dijeron nada simplemente caminaron a donde su mejor amigo estaba y extendieron sus manos. Dos palmas abiertas esperaron a que el chico recobrara la calma y cuando esto pasó, las manos de Danny sujetaron las de sus mejores amigos.
—¿Siempre juntos? —preguntó Tuck.
—Siempre hermano.
—No te preocupes Danny los vamos a encontrar. Pueden ser nuestros padres pero también saben cuidarse. —bromeó Sam.
Danny sonrío a sus amigos, recibió un húmedo lamido de Cujo y le cayó un buitre de fuego verde en la espalda.
Los otros dos volaban bajo siendo perseguidos por el enorme cachorro, las rodillas de Danny temblaban por el peso extra y se imaginó el extraño espectáculo que debía de parecer con el fantasma pegado a él.
—Nosotros nos vamos ya Halfa, antes de que al principito se le ocurra quitarnos nuestro fuego de nuevo.
—Nos vemos luego chicos y gracias. —dijo Danny con la voz entre cortada soportando lo mas que podia al fantasma.
—Cuando quieras Halfa —dijo el de su espalda emprendiendo el vuelo.
—Excepto los viernes es dia de películas. —Completo otro siguiendo a su igual.
—Y tampoco los domingos que es de repeticiones —gritó el último antes de volar alejándose del circo montado por Pariah.
Danny vió marchar a sus verdes amigos, felíz de que al menos ellos tres fueran lo suficientemente listos para alejarse. El aliento azul surgió de sus labios y apenas alcanzó a girarse cuando fue atrapado por el cuello.
El guante metálico del caballero estaba cerrado en su cuello, la armadura negra que contenía al fantasma giro sin soltarlo, con el alzado en el aire el adolescente quedó cara a cara frente al príncipe que elegante flotaba cubierto en su niebla. Todos los demas habían sido sujetos por uno o dos de los soldados esqueleto de Pariah. Someter a Cujo había sido asunto de una incontable masa de huesudos.
—¿De dónde salió el fuego fantasma? —preguntó Ian a Danny refiriéndose a las recuperadas llamas verdes de los buitres.
El adolescente guardó silencio y el príncipe volvió a preguntar. Danny no contestó hasta que la espada de caballero empuñada por la mano libre apuntó a su pecho.
—Te conviene contestar mocoso. —Advirtió su captor.
—Puedo mostrarte si tanto quieres saber.
Danny soltó las palabras sin muchas esperanzas de ser tomadas en serio, pero a una seña del chico oscuro el caballero lo dejó caer libre.
—Quiero ver las llamas verdes que diste a los pájaros y como las obtuviste. —Ordeno el príncipe.
Danny estiró la mano hasta sujetar la espada y tan pronto alcanzó el mango ya tenía el filo negro del caballero al cuello.
—Te importa, necesito esto —explicó Danny levantándose con la larga espada de doble filo y adornos verdes.
Buscó en los alrededores hasta ubicar la daga que había lanzado y con un arma en cada mano se dirigió de nuevo frente al príncipe flotante.
—El fuego fantasma puede ser creado por armas anti-fantasmas —dijo danny extendiendo la larga espada y en un movimiento rápido tallando el filo de la daga contra la otra.
Pequeñas chispas verdes saltaron de los metales, brillaron sobre el suelo como pólvora y después desaparecieron. Danny esperó de frente por la respuesta de Ian pensando en que tanta información podía sacar del experimento.
—Usando dos armas anti-fantasmas, pero tu solo tenías una ¿No era así?
Danny sonrío y dejó caer la daga al piso. Con las dos manos levantó la espada ofreciendola al príncipe.
—¿Que crees que pasará si en lugar de la daga usas tu mano?
—¡Mocoso! Insinuas que el príncipe debe herirse solo por que tu lo dices.
—¿Quien dice que va a herirse? —Se defendió Danny. —Las armas fantasmas nunca tienen demasiado filo su peligro se basa en el ectoplasma de arma y fantasma.
—Hazlo tú primero —exigió Ian.
Danny observó al fantasma oscuro y sin dudar paso la mano extendida sobre la parte ancha del arma, igual a como había hecho con la daga y casi de la misma manera unas pequeñísimas chispas verdes saltaron al piso.
Danny esperó a que se consumieran y volvió a ofrecer la espada. La mano que lentamente se acercó desprendía ligeras capas de niebla, se veía que dudaba y sin embargo corrió la extremidad sobre el metal y las mismas minúsculas chispas surgieron.
Los ojos de príncipe y heroe se cruzaron, cada uno valorando lo que el otro era y entonces el enojo surgió del joven Pariah.
—¡Eres uno de ellos! ¡Impostor, monstruo! —La niebla creció y se extendió veloz y amenazante, atrapó a Danny que no intentó escapar y de un golpe lo lanzó contra la pared sin liberarlo.
Danny se golpeó en la cabeza, escuchó gritar su nombre seguramente por su madre y esperó mientras el príncipe proferia cuanto insulto recordó.
—Somos iguales —dijo Danny. —Lo que tú eres soy yo.
Ian volvió a chocar su cuerpo envuelto en la niebla, negando la acusación del otro y desquitando su furia por saberse expuesto.
—No lo somos —Contestó el príncipe al tiempo que dejó caer libre al chiquillo. —Te iras por tu pie o la siguiente vez que nos encontremos te enviare a donde perteneces. Y no podrás volver. Los humanos se quedan.
—Entonces yo me quedo. —Replicó Danny comprobando la herida en su cabeza.
—¡No eres humano! —gritó el príncipe tan fuerte que todos lo oyeron. Suspiros colmaron el aire y el adolescente pudo ver a las personas mas cercanas a él mirándolo confusos y sorprendidos.
—Si, lo soy.
Molesto por la terquedad del muchacho Ian se elevó en el aire preparándose a marcharse, no pensaba rebajarse al nivel de la anormalidad.
—La advertencia fue hecha. Quédate y tú condena a muerte se hará efectiva. —Anunció el príncipe en voz fuerte y clara para que todos oyeran.
Este capítulo fue extra extra largo (2500 palabras) en compensación por mi enorme tardanza y debido a que nos vamos acercando al final.
Gracias por leer.
