La verdad es que no me quiero dar muchas vueltas,sólo disculparme enormemente por la demora de este y mis otras historias que en verdad lo único que puedo prometerles es que voy a terminarlas XD, aunque sea lo último que haga... lo haré XDD!
Siento cualquier dedazo que se me pasara... no se cuantas veces revise esto y vez que lo releo pillo pifias X""D así que ahora me rendí jajaja XD, sorry por mi vagancia.
Sin más los dejo con la historia.
EL SECRETO DE LA ROSA
En el capítulo anterior…
— Patético… verdaderamente patético —y estalló en una nueva carcajada, burlándose de la decisión cobarde del muchacho quien no había sido capaz de dañar a la princesa y ahora se entregaba como borrego condenado, aceptando un destino del que no podía escapar.
Link cerró sus ojos y espero el final.
Lo siguiente que pudo escucharse fue el sonido del viento atravesando uno de los cristales rotos, agitando ligeramente los cabellos ahora cortos de la heredera al trono, acompañado de un fuerte aroma a quemado y un pesado hedor a sangre y luego el golpe seco del filo chocando contra la carne con una fuerza desmedida siendo seguido por un charquito de sangre que baño los cabellos del rubio y se deslizó hacia un lado avanzando lenta y escabrosamente.
El grito de Ashei, el horror reflejado en el rostro de los piratas y la sonrisa del monstruo que ahora sumaba un nuevo triunfo a manos de una soberana que acababa de darle la espalda a su pueblo, cometiendo un acto de real traición.
.-.-.-. Capítulo 20: Redención .-.-.-.
Abrazo su cuerpo en medio de aquella oscuridad que la rodeaba y apretó con fuerza sus puños mientras escondía su rostro entre sus piernas.
Estaba sola.
Completamente sola, rodeaba de una impenetrable oscuridad.
Trató inútilmente de observar su palma, pero no había nada que pudiera ver, ni siquiera estaba segura que realmente estaba allí, que al mover sus dedos estos realmente se estuvieran moviendo o quizás... simplemente... eran parte de esa imagen que se hacía en el cerebro al sentir como podía frotarlos sin verlos.
Trató de modular alguna palabra, pero no pudo más que escuchar el suave eco de aquello que no podía ser una silaba, era como oír un sutil susurro de algo indecifrable... recóndito e inexorable.
¿Cómo había llegado a este lugar?
Tembló ligeramente sintiéndose indefensa, vulnerable y atrapada.
¿Quién era?
¿Cuál era su nombre?
— ¿Te quedaras ahí?
Se sobresaltó al escucharse así misma hablar, justo tras ella y con ese mismo temor que había dominado cada uno de sus movimientos, se volteó.
— Que patética forma de terminar...
¿Quién le hablaba desde las sombras?
— La gran Carson escarlata no se hubiera dado por vencida sin dar pelea.
Pero ella no quería pelear... aquí no había nadie... nada... ¿contra quién estaba luchando?
De pronto algo en su cabeza hizo conexión, extrayendo de su memoria la imagen de una mujer, una joven rebelde, altanera y valerosa, una prófuga de la ley... una guerrera... la misma que ahora la mirada manteniéndose erguida, con los brazos cruzados sobre su pecho y alzando una de sus cejas mientras sonreía confianzudamente.
— ¿Por qué me miras así? Parece que hubieras visto un fantasma.
Quería decir algo... en verdad quería... pero no había forma de hacer que las palabras escaparan del nudo que se había formado en su garganta. Extendió su brazo, tratando de alcanzar a la muchacha frente a ella, ahora podía ver su propio miembro siendo iluminado por la luz que despedía el cuerpo de aquella aguerrida señorita por la que se sentía extrañamente interesada.
— ¡Habla con fuerza! Así ni tus pensamientos pueden escucharte.
Volvió a intentarlo, pero su voz había sido robada, sentía una fuerza que oprimía su garganta y otra que la jalaba hacia el suelo, amenazándola con tragársela... alejarla de aquella única luz en esa oscura habitación.
— Esta atrapada.
Ahora era una voz dulce, de un timbre muy similar a la anterior, pero sus palabras parecían transmitir un sentimiento puro y arrullador.
Pensó en voltear para buscar a la dueña de aquellas palabras, pero antes de hacerlo se tensó al sentir como los brazos de esa desconocida pasaban por sus hombros y se cruzaban sobre su pecho, mientras el cuerpo de la chica se recargaba sobre el suyo.
— No tengas miedo... ya no estás sola.
Cerró sus ojos, percibiendo el dulce aroma que pronto embargo sus sentidos, regocijando su alma quebrada y vacía, llenando aquel hueco con ese sentimiento cálido que le otorgaba el abrazo de aquella dama que ahora la sostenía de forma maternal y sobreprotectora.
— Eres muy condescendiente.
— ¿Es su culpa estar aquí?
— Todos pagamos culpa de aquellos actos que hacemos y dejamos de hacer.
— ¿Y le darás la espalda?
— ¡Claro que no! —Exclamó exaltada— pero no cultivo la paciencia que tú tienes, y me exaspera esta situación... ¿no crees que ya es hora de ser libres?
— Esa decisión sólo puede tomarla ella.
— ¿Li... libertad? —Era la primera palabra que escapaba de sus labios, pero le dolía... sentía como el aire raspaba su garganta al intentar hablar.
— Tienes la fuerza para escapar de este lugar —explicó con calma la fina dama, separándose lentamente de ella.
No se creía capaz, en verdad no se sentía capacitada para lograrlo. Estaba cansada, tenía frío, miedo y sentía que le faltaba el aire.
— ¡Vamos! —La incitó la otra chica, extendiendo uno de sus brazos para ayudarla a levantarse.
Con algo de desconfianza observó aquel gesto y aún con un dejo de timidez sujeto la mano que la muchacha le ofrecía para intentarla incorporarse, pero el jalón inicial le recordó aquella fuerza invisible, como enredaderas espinosas que se clavaban a su piel y la mantenían cautiva.
— No puedo —murmuró sintiendo como su cuerpo temblaba ligeramente ante el dolor, mientras trataba de contener sus lágrimas.
Pero la joven no soltó su mano, afianzó aquel agarre apoyando su otra mano y trató de transmitirle con su mirada aquella fuerza interior que ella necesitaba.
— Sé que puedes lograrlo —le hablo firme y claro.
La otra joven se acercó apoyando sus manos sobre las de ellas y con una dulce sonrisa acompañó aquella emoción que ahora subía lentamente por su pecho.
— Tienes el poder para hacerlo... no dejes que Ganondorf te gane.
Por primera vez podía ver su rostro, idéntico al de la otra muchacha que estaba frente a ella, pero sobre su frente una tiara elegante era evidencia de su título, al igual que su vestir y sus movimientos.
Una fuerte punzada atravesó su cien, aquel nombre que ella había pronunciado lo conocía de una mala manera, de una forma que en verdad no quería recordar. Pero también sintió que aquello que la aprisionaba la mantendría cautiva, sin luz y sin esperanzas si no hacía algo. Respiró profundo y volvió a intentar, con la ayuda de ambas chicas. Las espinas se clavaron como agujas en su cuerpo, hiriéndola inevitablemente, su respiración se volvió corta y superficial y su corazón empezó a latir con fuerza.
— Levántate —la jaló con más fuerza, sintiendo como aquel dolor que ella sentía se transmitía a su propio cuerpo, estaban conectadas, por eso aunque no lo demostrara, entendía su dolor, su miedo y aquella indudable incertidumbre que la atrapaba.
— Puedes lograrlo —la animo aún manteniendo esa sonrisa tranquilizadora y esa mirada hechizante y firme. Sabía que no podía flaquear en ese momento, tenía claro al igual que su compañera que dependía de ellas el destino de ese reino y de aquellas personas a quienes apreciaban.
Las enredaderas fueron cediendo a la presión de la fuerza que ejercía su esfuerzo y el de ambas jóvenes que la acompañaban. Ahogó un quejido apesadumbrado, escuchando como entre aquella oscuridad un grito extraño y macabro empezaba a llenar la estancia, era como oír el chillido de un animal enfermo, una criatura que moría lentamente. Ignoró aquella horrenda sensación que comenzó a embargarla, y las jóvenes que estaban con ella apoyaron una de sus manos en sus hombros, indicándole que todo estaba bien, que no se detuviera. Y finalmente después de una agonizante batalla la mala hierba cedió, despedazándose... dejando que un fluido negruzco se escapara de aquellos tallos desgarrados, mientras el chillido iba en aumento.
Trató de mantenerse de pie, respirando con dificultad, pero sus piernas temblaron al sentir como el peso de su cuerpo se recargaba en ellas nuevamente.
Antes de caer la joven de la tiara y elegante vestir la sujetó en un abrazo cariñoso, ocultando su rostro entre su hombro mientras unas furtivas lágrimas se escapaban de sus claros ojos.
— Eres una llorona —se burló la chica de la coleta alta, mientras sonreía aliviada al ver la escena.
— Pareciera que no soy la única sentimental —agregó divertida viendo de reojo como su compañera se refregaba con prisa sus ojos tratando de ocultar sus lágrimas.
— Es sólo algo que me cayó... —se defendió volteándose para que su rubor no fuera detectable.
Poco a poco se acostumbró a su peso y pronto pudo mantenerse, por si sola, en pie. Con cuidado apartó a la joven que la abrazaba y con una sonrisa cansada le indico en silencio que estaba bien.
— ¿Estás segura? —Le preguntó aún con una aprensión que no podía dejar de sentir, temía que ella cayera y eso la impulsaba a mantenerse cerca, tan cerca como podía.
Asintió en silencio, pasando una de sus manos por su brazo, recorriendo su piel herida. Pero a pesar de ello percibía como el oxígeno ingresaba en su cuerpo con más facilidad, como si aquella densa atmósfera que la rodeaba estuviera desapareciendo lentamente.
— No hay tiempo... —indicó la joven acomodándose la coleta sobre uno de sus hombros.
— Lo sé...
Sus cuerpos comenzaban a desaparecer lentamente, pronto formarían parte de un nuevo recuerdo y por ello... no había más tiempo.
— No me dejen —suplicó no queriendo volver a estar sola en medio de esta oscuridad.
— Nuestro tiempo ha llegado a su fin —sonrió amablemente acariciando el rostro de la apesadumbrada muchacha— siempre hemos estado contigo... y así seguirá siendo, aunque no puedas vernos.
Deseo llorar, por un segundo un extraño sentimiento la embargo. Pero contuvo aquella sensación en su pecho y le devolvió esa cálida sonrisa a la amable señorita y su compañera, que de una forma diferente, también le entregaba seguridad con su determinada mirada.
De forma instintiva cerró sus ojos, y percibió como ambas jóvenes sujetan sus manos en un contacto firme, pronto sintió una intensa luz colmando la estancia, era un destello que podía detectar aún manteniendo sus ojos cerrados y a lo lejos escuchó las voces de las desconocidas murmurando insistentemente "abre tus ojos".
De forma repentina obedeció aquella indicación encontrándose con una escena extraña, bajo ella se encontraba Link, parecía derrotado, entregado a un destino del que no podría escapar y ella sujetaba una espada dispuesta a acabar con la vida de aquel guerrero. En una fracción de segundo las imágenes se agolparon como un torbellino en su cabeza, miles de experiencias, verdades y mentiras. A la distancia escucho la risa macabra de Ganondorf, quien parecía disfrutar cada mínimo segundo de esa batalla que al parecer había estado manteniendo con el paladín, la misma que ahora acaba en este breve instante, uno que por la inercia que llevaban sus movimientos ya no podía detener. El grito de Ashei la hizo temblar y el horror domino cada instante después de que su despertar la obligó a tomar una medida desesperada.
Su brazo bajo sosteniendo la empuñadura de su espada, pero una ligera inclinación angulo su ataque de forma que sólo rozara el cuello de su inocente víctima y fuera a parar sobre su propia mano, haciendo que su otra mano chocara contra la guarda con el impulso que llevaba.
Ahogó el grito de dolor que se movilizó como una verdadera descarga por todo su brazo, y sintió como de uno de sus ojos comenzaba a deslizarse un par de lágrimas, las mismas que no lamentaban el funesto destino de su espada, sino... todo aquello que había dejado atrás para alcanzar un único objetivo... uno que había estado a punto quebrantarse por su falta de fuerza y su alma aún herida tras cada perdida que se sumaba a esa larga lista de errores que acarreaba desde ese funesto día en el que todo había comenzado.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que había perdido la consciencia?
¿Qué era lo que había ocurrido?
Un segundo antes que el ataque de ella lo alcanzara había decidido cerrar sus ojos, no por miedo... sino para que la imagen que recordaba de la mujer que amaba se mantuviera inmaculada en su memoria, no como aquella criatura sin voluntad que ahora lo enfrentaba, sino... como la joven fuerte y determinada que siempre fue.
Para sorpresa de Link, quien aún mantenía sus ojos cerrados esperando el fin, los gritos de Ashei y la risa del Rey no se habían detenido, ni siquiera había sentido el filo del arma chochar contra su piel, pero el intenso aroma ferroso que penetro sus sentidos lo alarmó, aun a pesar de no sentir dolor, aún a pesar de no entender lo que pasaba. Y presa de esa misma sorpresa que lo inundaba, volvió a abrir sus ojos creyendo que estaba muerto, fijo su vista en la escena, notando que la espada había pasado junto a su rostro a una peligrosa distancia y que la princesa derramaba dolorosas lágrimas desde el único ojo que ahora había recuperado su color claro como el cielo.
— ¿Zelda? —Murmuró casi sin creer lo que estaba pasando.
Su voz trémula hizo un silencio incómodo en el lugar, los espectadores de pronto notaron aquello que él acaba de descubrir.
— No cumpliste tu promesa —susurró temblando, sabiendo que las últimas palabras que había intercambiado con él habían sido confusas y que a pesar de sus súplicas tenía claro que no podía exigir su perdón, pero no había frase, ni palabra que contuviera aquel abismaste arrepentimiento que sentía al verlo allí y ahora... nada de lo que hiciera podría regresar el tiempo atrás y las escusas no eran más que un agravante para sus pecados... los mismos que tenía la obligación de enterrar aquí y ahora.
— Perdóname... soy un cobarde.
No tenía otra excusa para justificar ese arrebato, darse por vencido no era una opción en su posición, pero si Ganondorf lo hacía escoger entre su vida y la de ella, no podía responder de una forma diferente, no la dejaría morir de nuevo... de ninguna manera volvería a verla caer.
— Sólo un segundo... un instante más y hubiera acabado contigo —le reclamó volviendo a temblar, sentía el dolor punzante en su mano, podía percibir como su sangre avanzaba lentamente por el suelo, pero no le importaba, en ese momento nada le importaba.
— ¡Traidora! —Gritó con cólera Ganondorf, empuñando su arma disponiéndose para retomar el ataque.
No permitiría que esa mujer acabara con sus planes, ni muchos menos dejaría que el imbécil de Link recuperara su fuerza, los acabaría a ambos aquí y ahora.
La princesa esquivó la mirada del chico recuperando su centro en el preciso instante en que Ganondorf exclamó la traición, no sabía como, pero finalmente había conseguido escapar al control que ese demonio había mantenido sobre su cuerpo y aún poseía el poder que aquella criatura hereje le había otorgado. Poseía el fragmento de la Trifuerza, su magia y el poder maldito, sabía que tenía la fuerza para acabar con esto de una vez por todas.
Ganondorf se abalanzó contra los chicos, pero Zelda sacó su arma de su piel y contrarrestó el ataque del Rey con su propia espada, sujetando la empuñadura con ambas manos, viendo como la sangre se deslizaba por su brazo con un goteo constante y las pequeñas gotitas habían salpicado parte de sus ropas y evidentemente las del "distinguido" Rey.
El golpe que el hombre había propinado había sido impetuoso, fuerte y certero. Deseaba acabar con esto de una sola estocada, no soportaba la sola idea de saber que el hyliano aún estuviera vivo.
— ¡Hazte a un lado! —Exclamó empujando con toda la fuerza que tenía, buscando desarmar a la muchacha sólo a pulso de brutalidad— ¡Te ordeno que lo hagas!
— Ya no estoy bajo tu control —respondió con una calma que despertó aún más la irá de Ganondorf.
Jaló hacía adelante empujando al hombre, consiguiendo finalmente que este diera un paso hacia atrás y en ese preciso instante en que el gerudo vacilo, tomó su otra espada con su mano aún herida y la blandió cortando uno de los antebrazos del sujeto, quien chilló y se apartó inmediatamente, viendo como la Princesa se dejaba caer agitada, sujetando su cuerpo con ambas manos en el suelo.
— ¡Zelda! —Link se levantó, aquello había ocurrido en una fracción de segundo, había sido tan rápido que ni siquiera le había dado tiempo para reaccionar.
— Se acaba el tiempo —murmuró sin darle importancia a la preocupación del muchacho, su vista estaba fija en su enemigo, aquel peligroso Rey que sabía aprovecharía cualquier descuido.
— Estas, herida —insistió el chico sujetando sus brazos, viendo como ella respiraba con dificultad.
— ¿Te refieres a esto? —Levantó la mano que antes había atravesado con su espada y le mostro al joven como su piel se regeneraba rápidamente cerrando aquella sangrante herida— ya no soy la misma de antes.
— El poder de Ganon…
— Exactamente —aún miraba fijamente a su enemigo— me he convertido en un ser tan profano como aquel a quien más odio.
— ¡Morirás Princesa! —Exclamó el Rey respirando entrecortadamente, dejando que el poder oscuro envolviera su cuerpo rápidamente— ¡Tú y ese energúmeno que te acompañan caerán!
— ¡Niko! —Llamó al pirata para sacarlo de su impresión inicial— ¡¿Traes eso que te pedí? ¿verdad?!
Niko asintió, aún a sabiendas de que la muchacha no lo estaba viendo. Pero a pesar de eso, la ex regente del reino pudo percibir aquella respuesta afirmativa.
— ¿Qué cosa…?
— No hay tiempo para explicaciones —sin más se levantó, y antes de que Ganondorf comenzara su trasformación se abalanzó contra él.
Sus espadas volvieron a chocar, pero el gerudo, quien ya había aumentado unas dos tallas, con su enorme cuerpo repelió a la muchacha, quien salió despedida con fuerza, haciendo que su cuerpo chocara contra uno de los pilares cercanos con tal fuerza que la dura superficie se hundió a su alrededor. Ella cayó, y con un pequeño hilito de sangre escapando desde la comisura de sus labios, levantó la mirada y apretó con fuerza la empuñadura de la espada que cargaba, recuperando nuevamente el aliento.
Había vuelto a subestimar el poder ese monstruo. Pero tenía una ventaja que ninguno de los presentes poseía, su cuerpo ya no era el de una simple mortal.
— ¡Zelda!
— ¡Atrás! —Exclamó la chica levantándose nuevamente limpiando el rastro de la sangre con el dorso de su mano.
La adrenalina que fluía por su cuerpo hacía que aquel proceso anómalo de recuperación se acelerara, por lo que no importaba cuantas veces cayera, volvería a ponerse de pie una y otra vez.
Los ojos de Ganondorf perdieron aquella forma humana, y pronto su cara también comenzó a deformarse, sus facciones humanoides se perdieron y rápidamente la bestia se mostró ante el grupo de guerreros, quienes aún no podían creer que aquello que veían era cierto.
La criatura elevó un fuerte rugido que hizo vibrar cada piedra suelta en el lugar, y sin dar aviso alguno, con sus garras rasgando el suelo, avanzó abriendo sus fauses, queriendo tomar a Link con una sola mascada. El chico lo esquivó a penas la bestia se abalanzó contra él, y saltando hacia un lado alcanzó a rozar con su espada el costado velludo de la criatura.
Ganon se quejó, pero de un solo coletazo consiguió derribar al guerrero. Se volteó dispuesto a aplastarlo entre sus patas, cuando Zelda nuevamente estaba sobre él. Se le había lanzado tal como una criatura salvaje y se había arrimado a la bestia para clavar su espada en la cien de su presa.
El monstruo agitó su cabeza al sentir el arma de la chica enterrarse en su piel, y rugiendo con fuerza arremetió contra una pared cercana consiguiendo deshacerse de la muchacha, quien saltó hacia el suelo un minuto antes de que el cuerpo de la bestia golpeara la pared.
— ¿Estás bien? —Preguntó Link quien para ese minuto ya había alcanzado a la joven que volvía a incorporarse.
— ¿Tú lo estás? —Preguntó rápidamente, indicándole con un movimiento sutil de manos que tomaran algo de distancia.
— Me salvaste la vida.
— Estamos a mano entonces —bromeó la muchacha, sonriéndole sutilmente con un dejo de picardía.
Link le devolvió esa sonrisa. Aunque fuera por una mínima fracción de segundo, sentía que había recuperado a la muchacha que conocía, a la chica que había calado hondo en el vacío de su pecho cuando realmente creyó que nadie podría hacerlo.
Se habían alejado lo suficiente, tanto como para observar a una prudente distancia como la bestia aún seguía luchando contra la espada clavada en su cien, con sus patas intentaba inútilmente arrancarla y a la vez se volvía a golpear contra la pared, como un animal enloquecido y fuera de control.
— No morirá —aclaró rápidamente la joven, a pesar de que le hubiera gustado recuperar algo del tiempo perdido y explicarle a él muchas cosas, sabía que estaban contra el tiempo.
— ¿Qué? —Link se acercó un poco más, para ese entonces ya no observaba al monstruo como la joven lo hacía. Sus ojos estaban clavados en ella, en aquella mirada perdida, en esos pensamientos que quería descifrar, pero por más que lo intentaba no lo conseguía.
¿Qué era lo que le estaba ocultando?
Por alguna extraña razón tenía el presentimiento de que había algo más.
— Ganon no puede morir, es un ser inmortal —le recordó al muchacho— Debemos encerrarlo.
— ¡Señorita Tetra! —Niko había emprendido una breve carrera hasta donde se encontraban Link y Zelda.
— ¿Las has conseguido Niko?
— Las he traído conmigo, como usted nos ordenó.
— No entiendo de que hablan, ¿qué es eso que Niko tenía que traer?
— La clave para derrotar a Ganon —Zelda dejo de observar al monstruo, quien finalmente había aflojado la espada y estaba a punto de liberarse de su molesta presión— tengo un plan, Link —le explicó brevemente, ahora observándolo— tienes que confiar en mí, es la única manera de lograrlo. Pero… no puedo hacerlo sola, necesito tu ayuda para distraer a ese monstruo tan sólo unos dos o tres minutos.
— Cuenta con ello —no había atisbo de duda en sus palabras.
Por alguna razón sentía que aquello que ella le decía era cierto, podía verlo en su mirada, en aquel único orbe azulado que poseía. La mitad del rostro de ella era el de la joven que conocía, pero la otra mitad aún poseía ese fulgor salvaje, ese iris ambarino de pupila estrecha y esclerótica oscura, y bajo su mejilla se trazaban líneas negruzcas, como ramas delgadas que se aferraban a su piel fuertemente.
— No podré protegerlos —les aclaró nuevamente sabiendo que a pesar de lo que decía no podría realizar su trabajo tranquila sabiendo que Link estaba combatiendo en su lugar.
— Estaré bien —Le sonrió dulcemente y sin previo aviso sujeto una de sus manos enguantadas.
Ella se sobresaltó al sentir aquel repentino acto, y observándolo perpleja pudo percibir como su piel se erizaba al ver aquella intensa mirada. Le avergonzaba en parte mirarlo, sabía que ahora era una criatura extraña, un monstruo… pero él no parecía ver eso en ella.
— Se acaba el tiempo —susurró algo embobada, por un segundo todo el caos de su alrededor había desaparecido para dejarlos solos. Pero aquel magnífico y ficticio panorama debía desaparecer aquí y ahora, no había tiempo para ellos.
Link afianzó ligeramente ese agarré al sentir que ella alejaba su mano de la de él, pero no la forzó a mantener ese contacto, debían seguir, él también sabía que tenían que terminar con Ganon de una vez por todas.
La bestia rugió con fuerza indicándoles que finalmente se había liberado de aquella molesta espada.
El guerrero despabiló al instante y rompiendo el contacto visual con la joven princesa, buscó a la criatura que tanto despreciaba, inmediatamente empuño su espada y se dispuso a atacar.
— Link.
Se detuvo para mirarla brevemente al sentir como la mano de la princesa sujetaba parte de su túnica.
— Ten cuidado —le rogó.
El no respondió, tan sólo le regaló una nueva sonrisa y luego volvió a centrarse en su objetivo.
— Yo también pelearé —agregó Ashei, quien había alcanzado a los jóvenes con arma en mano justo un segundo después de que Link se lanzara al ataque.
— Su fuerza es descomunal, no debes dejar que te alcance —no le negaría la opción de unirse a la batalla, sabía perfectamente que la joven era una guerrera y se negara o no, no podría detenerla.
— Pierda cuidado, princesa.
Sin más se lanzó al ataque junto a Link. Rápidamente ambos guerreros se convirtieron en el objetivo de la bestia, quien ajeno a los planes de la princesa no notó hasta que fue demasiado tarde como la chica enterraba en el suelo unas estacas y pronunciaba unas palabras en Hyliano antiguo, para comenzar un conjuro complejo que requería del poder de varios hechiceros.
Cinco estacas fueron dispuestas alrededor de la habitación, dibujando un pentágono y con una última frase todos los pequeños pilarcitos comenzaron a resplandecer con diminutas marcas.
— Es hora —murmuró la chica indicándole con la mano a Niko que se alejará.
La bestia rugió con ímpetu, había detectado ese extraño fulgor que comenzó a extenderse desde el suelo hasta el techo de la habitación. Rápidamente busco a la causante de ello, encontrando a la princesa. Se abalanzó contra la muchacha impulsándose con la fricción de sus patas y las garras que se clavaban al suelo dejando marcas profundas de su avanzar.
— ¡Zelda cuidado! —Gritaron Link y Ashei al mismo tiempo, notando como la bestia pasaba justo por el lado de una de las estacas y se disponía a atrapar a la princesa, quien ahora mantenía sus ojos cerrados, sus manos juntas delante de su pecho, mientras profesaba palabras en un idioma que ellos no podían entender.
La joven estaba justo en medio de la figura que había dibujado y no parecía tener la más mínima intención de moverse; Lo que evidentemente alarmó a todos los presentes que comenzaron a emprender una loca carrera siguiendo al monstruo.
Ganon saltó para dar su último ataque, pero justo antes de que sus garras alcanzaran a Zelda, ella abrió sus ojos, liberó el sello que dibujaba con sus manos y aprisionó al monstruo entre cadenas mágicas, que había surgido del suelo y ahora aprisionaban a su enemigo, dejándolo sin posibilidad de avanzar.
La bestia rugió con cólera, y aún prisionero trató una y otra vez de alcanzar a la muchacha quien ahora sólo lo observaba con un dejo de lastima.
El grupo de guerreros y piratas vio su avancé bloqueado por una fuerza misteriosa que se había extendido desde cada estaca en el suelo, formando una barrera alrededor del monstruo y de Zelda, quienes se mantenían al interior del campo de fuerza.
Zelda avanzó rodeando al monstruo, queriendo darle la espalda a aquellos que miraban desde el exterior, prontamente una sensación molesta comenzó a apretar su pecho con fuerza.
— ¿Lo logro? —Preguntó Ashei no muy convencida de lo ocurrido.
— Si, lo ha conseguido —murmuró el pirata más alto bajando su mirada acongojado.
— Deberíamos marcharnos —sugirió Niko con aquel mismo funesto rostro de su compañero.
— ¿De qué hablan? Zelda está atrapada con esa bestia, tenemos que sacarla —para Link aquello era algo muy lógico, en ningún momento se le paso por la mente una opción diferente.
— Es tarde para eso —insistió Niko.
— ¡¿Qué demonios estas diciendo?! —De pronto el guerrero perdió el control, y sujetando la ramera del chico lo elevó para que este enfrentara su mirada— ¡Responde Niko! ¡¿Qué está pasando?!
— Ella era la carnada para atraer a la bestia hasta el centro del conjuro, pero una vez adentro ni ella misma sabía si podría alejarse —Senza respondió por su compañero, se notaba que él estaba demasiado afectado como para poder contestar a la exigencia de Link— es un hechizo complejo, es una suerte que haya conseguido completarlo sola.
— Entonces… —Link liberó a Niko, dejándolo caer— ella…
No podía completar la frase, de pronto un nuevo balde de agua fría le cayó de sopetón encima.
¿Zelda estaba atrapada en su propio hechizo?
¿Qué pasaría con ella ahora?
Pudo ver como la princesa se detenía frente a ellos, dándoles la espalda.
Al segundo siguiente estaba sobre ese campo de fuerza, golpeando aquella energía invisible que los separaba.
— ¡Zelda! ¡Zelda, responde! —Exclamó tan fuerte como su garganta se lo permitió. Necesitaba una explicación, algo que le diera una lógica a esta nueva realidad, a este nuevo abismo que los separaba.
Podía escucharlo.
Lo podía escuchar perfectamente desde la posición donde se encontraba, pero no estaba segura de tener el valor suficiente como para enfrentar su mirada.
— ¡Zelda, por favor! —Volvió a golpear el "cristal", sintiendo que una enorme frustración comenzaba a apoderarse de él.
Los ladrones simplemente desviaron sus miradas, el desaliento y el dolor que transmitía el chico entre cada golpe que daba contra el campo de fuerza era percibida por cada uno de los que estaban con él. Ashei dudaba si acercarse y detenerlo o simplemente seguir observando, sintiendo aquella misma presión que había sentido años atrás cuando la princesa de Hyrule había sido dada por muerta.
Ahora estaban allí, justo frente al fantasma de la joya de Hyrule o aquello que quedaba de ella, era como ver una flor marchitarse sin la posibilidad de hacer nada, sólo observar como el tiempo pasaba y terminaba de arrancar hasta el último pétalo… su último aliento.
Zelda respiró agitada, con el corazón apretado, con un nudo en la garganta y aguantando las lágrimas que amenazaban con quebrar aquella voluntad de hierro... aquella decisión que había tomado el día que se había despedido de él... su único amor...
— ¿Por qué? —Preguntó frustrado, dejando de golpear el campo de energía, apoyando sus manos sobre el verdadero cristal que ahora los separaba. — ¿Por qué lo haces?
— Es mi deber —respondió con simpleza.
Aún no tenía el valor para voltearse, sabía que tras su espalda se encontraba Link, esperando por una explicación razonable, por una frase que completara aquel evidente adiós. Pero no estaba segura si al voltear aquella voluntad se desvanecería, no estaba segura si después de verlo podría volver a girarse y enfrentar su destino, justo frente a la bestia, justo delante de aquel monstruo inmortal que había sellado su final al de ella desde el momento en que se habían conocido años atrás.
No había otra forma de acabar con esta historia, no había forma de destruir a Ganon, no existía poder que pudiera acabar con la existencia de un ser inmortal. Pero sabía que podía encerrarlo para siempre en el mundo sagrado, aunque para abrir tal portal requería más poder del que las Diosas le habían entregado, por eso durante ese combate en el cementerio había tomado aquella apresurada decisión, esa fue la razón por la que se había rendido sin dar pelea. Si conseguía engañar a Ganondorf sabía que podía obtener el poder que necesitaba para vencerlo, con su magia y la fuerza corrompida de una criatura que ya no pertenecía a este mundo.
— ¡¿De qué deber hablas?! ¡Es una locura! —Exclamó golpeando el campo de fuerza, sintiendo como sus puños recibían una pequeña descarga con cada uno de sus golpes. — ¡No puedes sacrificarte junto a Ganondorf!
— Si me alejo... no tendré la fuerza para mantener el sello —volvió a hablar pausadamente, su vista estaba fija en aquellas cadenas que ahora amarraban a la criatura que chillaba con ímpetu tratando de liberarse.
— ¡¿Por qué no me dijiste que este era tu plan?! —Inevitablemente las lágrimas de frustración cayeron por sus mejillas mientras sus manos temblaban, su espada y escudo estaban en el suelo, ahora no los necesitaba.
Ashei junto sus manos delante de su rostro tratando de contener las lágrimas, no sabía que hacer, ni que decir, pero todos los ladrones que la rodeaban estaban con las miradas clavadas en el suelo, al parecer, saber que esto ocurriría desde antes tampoco les estaba ayudando a enfrentarlo, ya que ninguno tenía el valor para mirar a la muchacha tras el campo de fuerza.
Zelda sonrió melancólicamente y muy en contra de su pensar se armó de valor y se giró lentamente para observar al hyliano. Deseaba llorar, llorar con fuerza y alcanzarlo, expresarle el miedo que sentía en ese preciso instante, el horror de saber que quizás no volverían a verse nunca más. Estaba a punto de lanzarse por un abismo profundo y no tenía forma de detenerse, no ahora... no después de haber llegado tan lejos.
— ¿Me hubieras permitido hacer esto aun sabiéndolo? —Preguntó con voz quebrada, no podía ocultar aquello que sentía, eso que crecía con tanta fuerza al interior de su pecho.
— Encontraremos otra manera —le suplicó apoyando su palma en el cristal, maldiciendo saber que estaban tan cerca y que aun así no podía alcanzarla.
— No hay otra manera —suspiró quedadamente, y se acercó. Sin poder contenerse apoyo una de sus manos sobre esa pared invisible mientras aquellas lágrimas que había querido ocultar bajaban por su mejilla haciendo un doloroso recorrido. — Hubiera deseado tener más tiempo, me hubiera encantado poder compartir una vida juntos fuera de jerarquías y títulos.
— Por favor... —le suplicó viendo como sus palmas se juntaban aún tras el cristal.
— Sé que Impa está viva... dile que me perdone —habló rápido tratando de hilar las frases con una fluidez que no poseía—. Te suplico que liberes a nuestro pueblo... quiero que cada habitante de este reino levante su mirada hacia un nuevo amanecer, lejos de la ciudadela, del dolor... de las ruinas que ahora formaran parte de un mal recuerdo.
— Podríamos levantar estas tierras de nuevo, juntos.
— No... busquen nuevos horizontes y no den vuelta atrás, no quiero que sigan viviendo en el pasado, en el recuerdo de algo que ya no existe. La familia real desaparece conmigo ahora, pero me llevaré las pesadillas y el dolor que ha diseminado por años esta infame criatura corrompida por el poder maligno.
— Zelda...
— Quizás... quizás algún día... —su voz se quebró, le dolía tener que decir estas últimas palabras—. Algún día... volveremos a encontrarnos... algo aquí —con su otra mano golpeó su pecho. — Algo aquí dentro me lo dice... confió en que así será... apuesto mi vida por eso... porque... porque te amo.
Tenía que decírselo, aunque sabía que estas serían las últimas palabras que intercambiarían. A pesar de todo, deseaba que él conociera aquello que había en su interior, aquel cálido sentimiento que había despertado nuevamente en su pecho… a pesar de haberlo olvidado… a pesar de perder su pasado, sus sentimientos y su propia identidad. Curiosamente sus caminos se habían vuelto a cruzar y sin darse cuenta en su pecho había ido acunando un sentimiento que florecía como todo en primavera, con fuerza y esplendor, con esa dulce belleza que enternece el alma… irónicamente había vuelto a enamorarse del mismo joven y aquí y ahora, en medio de aquel palacio en ruinas, volvía a recordar aquellas últimas imágenes que pasaron por su mente antes de caer por ese acantilado años atrás… la sonrisa amable y sincera que Link siempre le había regalado.
Y entonces se separó, apartó su mano de esa pared y se volteó con aquella voluntad quebrantada, con un dolor tan extenso que por un segundo creyó que no podría respirar. No quería dejarlo, no quería morir... en verdad deseaba vivir, después de todo era una mortal, una simple mortal y tenía ese mundano anhelo de ser libre.
Libertad…
¿Acaso aquello era algo que no podía alcanzar?
¿Por qué su conciencia volvía a tentarla a desistir?
Recordó a Gonzo, aquel chico que había formado parte de esa familia extraña con la que había convivido por largo tiempo, con la que había intercambiado sonrisas y llantos. Había algo que todo ese grupo de forajidos compartían, un sentimiento que llenaba sus pechos al sentirse libres, surcando los mares, viendo ese horizonte inalcanzable, sin trabas… sin límites. Con una sonrisa temblorosa deseo ver una vez más el mar... observar el llano horizonte que tanto disfruto junto a los piratas cuando estuvo lejos de Hyrule, cuando el viento fresco y húmedo chocaba contra sus rostros como si fuera un rocío, cuando las traviesas gaviotas revoloteaban sobre sus cabezas mostrándoles un camino de libertad, deseaba extender sus brazos como si fueran alas y perderse en el tiempo...
Por curioso que pareciera, ahora comprendía las últimas palabras de su compañero, aquel chico que quiso tanto como a un hermano.
— ¡NO Zelda! ¡ZELDA!
Lo escuchó gritar, no sólo a él... también sus antiguos camaradas que habían estallado en un llanto desesperado, inclusive Ashei le gritaba golpeando el cristal tratando de traerla de vuelta. Quiso no escuchar, deseo ser ciega y sorda por ese breve instante, deseo escapar de ese lugar y volver a verlos a todos de nuevo, pero si lo hacía... si lo hacía liberaría a ese monstruo que terminaría acabando con todos aquellos a quienes amaba. No lo dejaría, no le permitiría arrebatarle una vez más a quienes más quería. Entonces, sólo entonces recordó que era lo que hacía ahí, porque no estaba fuera de ese conjuro y porque tenía que seguir avanzando aun cuando su cuerpo se negara a hacerlo.
Toda la edificación comenzó a temblar y el piso bajo sus pies se abrió, extendiendo un profundo socavón del que no podía verse el fin.
Link volvió a gritar con fuerza viendo como la joven extendía sus brazos para aumentar la velocidad del proceso, dejando que su propio cuerpo formara parte del conjuro para abrir esa dimensión sagrada. Ganondorf de aferró con todo lo que tenía a las paredes que se desmoronaban lentamente, tal como todo el castillo comenzaba a ceder ante esa fuerza peligrosa y omnipresente.
— ¡Tenemos que escapar! —Exclamó Ashei jalando al hyliano, tratando de hacer que entrará en razón antes de que toda la edificación se les viniera encima.
— No me iré.
— ¡El palacio se está cayendo, tenemos que salir de aquí!
— No me iré sin ella —insistió negándose a moverse.
— No hay tiempo para esto —Senza tomó la iniciativa y aún ante la reticencia de Link, lo jaló para apartarlo del campo de fuerza.
El chico forcejeo, queriendo regresar junto a esa pared que le impedía estar con ella, prefería morir allí que vivir sabiendo que Zelda se había sacrificado para salvarlos a ellos. Ashei trataba de sujetarlo junto al ladrón cuando Nudge interfirió golpeando fuertemente el abdomen del Hyliano, sacando de un sólo golpe casi todo el aire, consiguiendo luego de un quejido cayera, semi consciente. Definitivamente no se había esperado aquel golpe.
— Vamos, yo lo cargaré —agregó enseguida ante la mirada extrañada de Ashei, quien entre la confusión de los bloques de piedra cayendo y el fuerte temblor del piso que los sostenía, asintió muda y siguió al trio de bandidos.
— ¡Por aquí! —exclamó Niko, agitando sus brazos para indicarles el camino a sus camaradas.
Avanzaron entre tropezones, cargando el peso del cuerpo inconsciente de Link, esquivando los pedregones que se estrellaban contra el piso y parecían formar verdaderas balas, disparando pequeños trozos de piedra con una fuerza y velocidad muy peligrosa.
Por el camino se encontraron con guerreros Goron, Zora, e inclusive Gerudos, por el piso se esparcían los cuerpos de aquellos que habían caído en batalla y otros tantos que chillaban asustados sin entender que era lo que pasaba. Pero las tropas e Ganondorf soltaron sus armas, y se rindieron cuando el castillo comenzó a estremecerse.
— ¡Hemos vencido! —Exclamó Ashei viendo el horror en los rostros de sus enemigos, quienes inmediatamente decidieron escapar y tratar de salvar sus vidas— ¡El Rey ha caído!
No había más que decir, sólo mancomunar sus fuerzas para escapar de aquel lugar que ahora se hundía en la tierra como si no tuviera sustento.
Corriendo entre la multitud de guerreros, amigos y enemigos, ahora no había bandos, sólo un único objetivo, el cual era escapar con vida del palacio. No se detuvieron aun estando fuera de las paredes del palacio, avanzaron hasta la ciudadela y con las fuerzas que aún tenían ayudaron a todos a quienes pudieron, indicándoles que debían huir tan lejos como sus piernas se lo permitieran. La gente de la ciudadela tomó lo justo y necesario y salió de sus viviendas, escapando con la ayuda de todos aquellos quienes habían venido de muy lejos para derrotar a Ganondorf.
Aún en la distancia, estando en la ciudadela se podía sentir como la tierra temblaba. Y al cabo de unos minutos una fuerte luz surcó el cielo, abriendo una columna luminosa desde el castillo hasta lo más alto de las nubes, las mismas que abrieron paso a ese poder para que las atravesara y entonces la estructura que sostenía el castillo cedió, junto a esa potente luz muchos fueron testigos de como aquella enorme construcción que había marcado siglos de una jerarquía en Hyrule, caía… era tragada por la tierra como si no fueran más que escombros, cada pieza de aquella magnífica edificación desapareció del horizonte entre un remolino de polvo que se elevó por varios metros por sobre el suelo, acompañado del fuerte alarido de aquella bestia que era tragada por los confines de la tierra, siendo condenada a vivir encadenada en el reino sagrado, sellada para siempre.
Ashei se dejó caer el suelo, dejando que un llanto silencioso despidiera junto todos aquellos que habían quedado atrás el recuerdo de un reino que hoy se había convertido en polvo.
— Ashei… —la voz familiar de la mujer la hizo girar el rostro.
— Impa —susurró confundida, viendo como Shad ayudaba a caminar a la mujer que parecía aún algo adormecida o quizás adolorida.— La perdimos… se ha ido para siempre —agregó soltando en un llanto sin consuelo.
Shad se acercó más rápido hasta la desconsolada muchacha y observó como Impa pasaba sus brazos alrededor de ella y la acunaba en su pecho.
— Tranquila querida —murmuró también sollozando, entendiendo a la perfección aquellas palabras que Ashei había pronunciado.— Ha terminado… todo ha terminado.
Después de quedarse sola en el cementerio y una vez de salir de aquella impresión que le había provocado ser "traicionada" por la princesa Zelda, pensó que moriría… quizás así hubiera sido, pero la joven la había atacado sin rozar zonas vitales, aunque aquella estocada había hecho que ingresara en ella un veneno paralizante, uno que le impidió decir algo o moverse antes de que Link, Zelda y Ganondorf se marcharan. Pero había estado tan bloqueada por aquel acto de traición de parte de la princesa, que tardo en entender las intenciones de la muchacha y cuando finalmente comprendió, no pudo más que sentirse devastada e inútil, atrapada en un cuerpo que no le respondía y no le respondería quien sabe por cuanto tiempo. Y ahora… ahora nuevamente era tarde.
Todo había terminado.
A pesar de haber "ganado" esa guerra, ninguno de los que aún observaban incrédulos el horizonte podía sonreír. Había un sentimiento colectivo cargado de nostalgia y desaliento, de perdida y vacío.
Pero finalmente el pueblo de Hyrule era libre.
La resistencia había vencido.
Avanzó lento, dejando que sus pisadas marcaran la arena fría bajo sus pies, el agua espumosa rosaba su piel enfriando sus pasos tranquilos… sosegados.
La brisa fresca era claro indicio de un atardecer que no sólo podía observarse en el cielo, reflejado en anaranjado frente al horizonte, sobre las olas curiosas que crecían con la llegada de una pronta noche.
Ese infinito que se extendía delante de su cuerpo, tras pasos que desaparecían lentamente siendo llevados por aquella marea curiosa, que iba y venía. Aquel sonido tranquilo e intenso, aquella bruma húmeda y esa arena que perdía rápidamente el calor.
Suspiró suave y respiró profundamente.
Estaba lejos de su antiguo hogar, muy lejos… tan lejos como para olvidar, como para volver a comenzar. Para levantar cada trocito de su alma quebrada, aún con la esperanza de verla más allá del horizonte, de encontrarla aquí en medio de la nada, justo frente al mar imponente que describía en cada una de sus notas.
Los escritos de una flor… una rosa. Una que quiso cuidar entre sus manos a pesar de sus espinas, aun cuando sabía que podía salir dañado. Pero no se arrepentía de aquello, ni de las marcas, ni del llanto, ni del dolor… de lo único que se arrepentía era de haber llegado tarde, de no haber podido salvarla a tiempo, de no haber abierto los ojos y cegarse ante aquello que pasaba delante de él.
Había una historia detrás de todo esto, existía un comienzo y quizás un final del que no quería hablar; pero para entender había que viajar hacia atrás… mucho más atrás. Pero ella misma les había "ordenado" lo contrario, deseaba que miraran hacia el frente, que no regresaran tras sus pasos y buscaran nuevos horizontes.
Por eso estaba aquí, en este viaje donde esperaba encontrar un sentido, un lugar en el mundo donde pudiera sentirse pleno.
Había llegado hasta una playa poco habitada, un lugar austero, tranquilo y vibrante, un paraíso poco explorado. Cargaba un pequeño librito, un diario que perteneció alguna vez a la mujer que lleno sus pensamientos y aún seguía haciéndolo, porque por más que deseaba olvidar, cada vez que se sentía desorientado, abría ese diario y revivía el recuerdo de ella, era casi como traerla a la vida una y otra vez, entre líneas, entre cada punto y coma.
Y hoy era uno de esos días, donde observaba el horizonte enrojecido del atardecer y no podía más que verla a ella, a su querida flor, aquella que no se había marchitado en su interior y nunca lo haría.
— ¿Dónde estás? —Murmuró pasando su mano por su rostro, sonriendo bobamente al descubrir que una vez más estaba hablando completamente solo.
Aquella pregunta se la había repetido una y otra vez, porque nunca se había resignado a la idea de que ella hubiera muerto aquel día tras el desmoronamiento del castillo y aun cuando trataba de olvidar, contradictoriamente no lo hacía.
— Justamente fue lo que me pregunte hace una semana.
Le respondió una voz tras su espalda, había estado tan ensimismado que ni siquiera se había percatado de la sombra que se extendía en el suelo hasta donde él se encontraba detenido.
Se volteó rápidamente aún sin creer que aquello que escuchaba no era más que otra jugarreta de su mente. Pero al girar…
— A pasado mucho tiempo, ¿no es así, niño bonito?
Su mirada astuta y vivaz, aún a pesar del curioso parchecito que cubría uno de sus ojos, aquella sonrisa cargada de picardía, siendo acompañada de ese cabello alborotado, agitado por la fresca brisa marina y ese desplante único entre cada uno de sus movimientos. Pareció que verla cruzar sus brazos delante de su pecho había sido una eternidad… una, donde pudo percibir como aquel galope renovado dentro de su pecho parecía traer a la vida una sensación que creyó olvidada, pero que estaba allí… que siempre estuvo allí.
— Sí… mucho tiempo —respondió con una sonrisa que reflejaba algo más que un simple reencuentro.
El sol se posó sobre el agua en el horizonte lejano, y aquel resplandor anaranjado del atardecer acompaño aquellas miradas incrédulas, cargadas de preguntas, pero llenas de una felicidad que no podían expresar en palabras.
En verdad había pasado mucho tiempo.
Acompañados del fuerte golpe de las olas contra las rocas, del agua avanzando en un movimiento continuo y poco controlado, con las últimas gaviotas surcando aquel cielo que caprichoso seguía su juego de tintes acuarelados, mezclándose con las nubes, con los rayitos de un sol que perdía su esplendor para dar paso a pequeñas lucecillas brillantes y curiosas.
La vida sigue… aunque para ellos todo parecía detenerse.
.-.-.-. FIN .-.-.-.
OMG! XD después de mil siglos al fin subí el final de esta historia T0T, lamento mil la enooorme demora XD. Durante lo que queda de fin de semana y la próxima semana subiré algunos fan art que quería subir junto a este final XDDD, pero que por abc motivo, no logré terminarlos.
En verdad quiero agradecer a todos aquellos que aún sigan leyendo esta historia, para todos ustedes les dedico este capítulo final (sé que poca gente sigue leyendo esto XD, pero… para todos ustedes ¡mil gracias!), ¿de verdad creyeron que Link y Zelda no volverían a encontrarse?, bueno… para los que así lo deseaban… ¡Lo sientooo! Me bajo una nostalgia suprema y XD agregue ese trocito final para cerrar la historia (aunque en el epilogo igual se mostraba que volvían a encontrarse jajajja XD, pero buenoooo 9w9 soy Zelinker de corazón, se me secaba el corazoncito viendo a Link depre de nuevo XD)
Trataré dentro de lo posible de subir pronto el epilogo, que está listo, pero que he tenido poco tiempo para editar capítulos :S por eso me he atrasado con todo XD
¡Nos estaremos leyendo!
