hooLaa a todoos aQueellos Qee leeen (o mas bieen leiaan xD) mi faanfic :D sí, yo se que ha pasado muuuuuuucho (realmente mucho tiempo) desde que no he subido un capitulo, y realmente quiero pedir muchas, muchas, muchas disculpas a todos aquellos que han esperado una actualizacion. Realmente no justifico mi ausencia en , pero la verdad es que sí he tenido muuuchos problemas personales y no tenia NADA de inspiración para continuarlo. Pero hoy decidi agregarle otro par de capitulos y esperar lo mejor :D
Sin más, les dejo el siguiente capi.
Capítulo 21. Perdida
Cinco meses sin saber de ella. ¡Cinco! Nunca en su vida cinco meses pasaron tan lentamente. Dio un sorbo a su café extra-cargado y bostezó sin poder evitarlo. Su vida era un completo desastre desde que Courtney se marchó. Repetía esa frase cada miserable día, y aún no se cansaba de hacerlo. No obstante, el insomnio había aparecido apenas dos meses atrás. Había probado de todo: tés relajantes, aromaterapia, musicoterapia, masajes, hacer ejercicio hasta el cansancio extremo, tomar medicamentos para dormir… y aún no se libraba de él.
Gracias a no conciliar el sueño durante la noche, lo habían despedido de su trabajo, por quedarse dormido sobre el escritorio. Ahora no podía dormir, no tenía trabajo y estaba quebrado. Su refrigerador apenas sí se mantenía con comida, y sabía que pronto lo echarían del departamento. Y volvía a repetírselo: su vida era un completo desastre desde que Courtney se marchó. Al menos el color verde a su mohawk había regresado.
Escuchó sonar el timbre del departamento y se dirigió a abrir sin muchos ánimos. Hacía cinco meses que ese timbre no sonaba. La pequeña esperanza de que fuera Courtney quien estuviera al otro de la puerta, se desvaneció al encontrarse con un alocado rubio y un apacible pelinegro.
- ¡Viejo! ¡Hace años que no te veíamos! – saludó Geoff entusiasmado
- Si, ¿hace cuánto que no sales de esta cárcel? ¿Tres meses? – preguntó Trent
- En realidad, hace cinco meses que no salgo.
Los muchachos pusieron cara de horror. ¡Cinco meses! Eso era más de lo que cualquiera pudiera soportar. Ambos se abrieron paso hasta estar dentro el departamento. Se sentaron en el sofá mientras Duncan se servía otra taza de café.
- ¿Café? – ofreció el punk
- No gracias viejo, ya he tomado uno antes de venir aquí – respondió Trent
- Yo si quiero uno – dijo Geoff
Duncan se dirigió a la cocina y preparó dos cafés, uno extra-cargado y el otro normal. Le ofreció uno a Geoff y tomó asiento mientras bebía de su taza.
- Viejo, te ves realmente mal – comentó Trent viendo las enormes ojeras que tenía su amigo
- Courtney rompió conmigo, me despidieron de mi trabajo, padezco de insomnio y soy adicto a la cafeína… ¿cómo esperas que no esté mal? – enumeró Duncan a punto del colapso
- Viejo, relájate, debes darte otra oportunidad en la vida. Conseguir otro trabajo, otro departamento y otra novia – dijo Geoff tratando de animarlo
- ¿Ah, sí? ¿Y de dónde se supone que sacaré todo eso? – preguntó Duncan terminándose su café y dirigiéndose a la cocina.
- Escucha, sé que no estás muy animado, pero hoy habrá una gran fiesta. Salir de aquí sería un buen paso para comenzar – habló Trent con su típica sonrisa de completa relajación
- Ah – suspiró el punk – no se si estoy de ánimos para una fiesta – terminó la frase mientras se servía otro café y caminaba hasta el sofá.
- ¡Claro que estás de ánimos viejo! – gritó entusiasta el rubio – pero primero, nada de cafeína – dijo arrebatándole el café – creo que es hora de que salgas de esta pocilga.
Duncan suspiró cansadamente. Conocía a sus amigos, y sabía que no se irían hasta convencerlo de ir a la dichosa fiesta. Le quitó de mala manera la taza de café a Geoff y la bebió como si de agua se tratase.
- Bien, ¿por dónde comenzamos?
- ¡Ese es el espíritu!
Se miró en el espejo y terminó de arreglarse el cabello. Aplicó un poco de fijador y quedó lista. Una sonrisa surcó su rostro y tomó su abrigo. Eran las 7:45 p.m., y tenía entendido que la fiesta comenzaría a las 8:00. Salió de su departamento recién adquirido y se subió a su auto (recién adquirido también). Era un Pontiac Sunfire. No era precisamente el auto más lujoso del mundo, pero estaba estupendo y recién salido de la agencia.
Tomó el volante y sonrío. En cinco meses su vida había dado un brusco giro, pasando de ser una simple empleada, a ser la gerente oficial. Esto se debía a que el verdadero dueño del café había inaugurado uno nuevo a las afueras de la ciudad, y debía estar al pendiente de el. Y decidió que la persona mejor capacitada para atender el local mientras él se encargaba del otro, era Courtney.
Condujo por las agitadas calles de Los Ángeles (sin sobrepasar el límite de velocidad) y 20 minutos después aparcó frente al hotel de la vez anterior. Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando pensó en quien podría encontrarse en la fiesta…
Duncan.
Sacudió su cabeza en un vano intento de alejarlo de sus pensamientos y bajó del auto. Caminó con paso veloz hasta el hotel, entró al elevador y marcó el piso 14, el penúltimo piso.
Pronto estuvo frente a la misma puerta de la vez anterior. ¡Cuánto habían cambiado las cosas! Aquella noche apareció tomada del brazo de Justin y salió tomada del brazo de Duncan. Su corazón dio un estrepitoso vuelco. El sólo recordar las palabras de Duncan aún hacían que su voz se quebrara.
Decidida a sacar al punk de su cabeza, giró la flamante perilla. Instantáneamente, el ruido de la música se hizo ensordecedor, mientras una gran cantidad de personas bailaba por todo el cuarto. Y apenas eran las 8:30. La morena se preguntó cómo era posible que esas simples puertas de madera fueran capaces de aislar tremendo sonido, y apuntó mentalmente comprarse algunas de esas.
Caminó empujando gente y abriéndose paso. No ubicó a ningún conocido, así que se resignó y se sentó – sola – en el sofá.
Entró a la animada fiesta con un humor no precisamente animado. Eran las 9:45 p.m., un gran retraso. No había sido su intención. Se había quedado dormido y había despertado bastante tarde. Trató de buscar un rostro conocido, pero no se topó con nadie.
Con un deje de amargura caminó entre la gente hasta llegar a la cocina, donde una pareja se besaba sin cesar. Los ignoró como si fuera cosa de todos los días y se sirvió una copa. Necesitaba algo de alcohol en la sangre.
Caminó de regreso a la sala mientras tomaba su bebida de un solo trago. Arrojó el vaso vacío a algún lugar de la habitación mientras se sentaba en el mullido sofá. Recargó su cabeza y cerró los ojos.
La fiesta continuaba a su alrededor.
No supo cuánto tiempo estuvo en esa posición, pero no debió ser mucho, antes de que su paz se viera turbada por unos esbeltos brazos que se enredaban a su cuello.
- Dunky, te extrañé…
Sus ojos aguamarina se abrieron de golpe, reconociendo a la dueña de aquella voz. Sus ojos negros lo miraron fulminantes y su largo cabello – negro también – se deslizaba por su pecho.
- Apártate, Heather
- ¿Esa es tu manera de saludar a los viejos amigos?
- Tú no eres mi amiga
Dicho esto el punk se apartó con un movimiento brusco, mirando hacia otro lado. Heather no perdió el tiempo y se sentó a su lado en el sofá, acomodando su cabeza en el fuerte pecho de él.
- Vamos Dunky, no me digas que todavía estás molesto – dijo Heather mientras dibujaba pequeños círculos con su dedo en el pecho de Duncan
- Sólo aléjate, ¿quieres? Por tu culpa Courtney rompió conmigo
- Ja, ¿Por mi culpa? ¿No fuiste tú quién me llevó a tu casa? ¿No fuiste tú quién me pidió una noche? Claro, en ese momento no pensabas en Courtney
El ojiceleste se quedó callado, mientras la ira corría por sus venas. Odiaba admitirlo, pero todo aquello era cierto. Algo en aquel momento lo había, de alguna manera, obligado a estar con Heather. Sus impulsos fueron más poderosos que él.
Un suspiro escapó de sus labios y permaneció en silencio, mientras la pelinegra seguía aferrada a él.
- Pero eso no quiere decir que yo quiera seguir contigo
Dicho esto Duncan se puso de pie y caminó en dirección a la puerta, dejando a una Heather muriendo de rabia. Estaba dispuesto a irse. Antes de llegar a su destino, una castaña abrió la puerta y salió corriendo, tapándose el rostro.
- "Oh no, Courtney…"
Sin pensarlo dos veces corrió hasta salir del cuarto. Una vez afuera, la buscó desesperado. La localizó dentro del elevador, mientras la puerta se cerraba lentamente.
- ¡Courtney, espera!
Pero no fue lo suficientemente rápido. El elevador se cerró antes de que pudiera llegar.
Bajó por las escaleras a toda prisa, sin embargo, al llegar al lobby, no la encontró por ningún lado. Frustrado caminó hasta salir del hotel. La encontraría, así durara toda la noche buscando.
Esperó oculta hasta que Duncan salió. Suspiró tristemente, mientras sus ojos hinchados comprobaban que había estado llorando. No pudo evitarlo. Después de regresar del baño, había encontrado una escena nada agradable: Heather recargada en el pecho de Duncan. Su corazón se aceleró, mientras caminaba en dirección a ellos.
Justo cuando estaba a punto de llegar, escuchó su conversación. Y entonces sus ojos se llenaron de lágrimas.
¿Qué Duncan le había pedido una noche a Heather? El silencio del punk se lo comprobó. Él la había incitado a ella. Sonaba ridículo, pero no era más que la verdad. Sus ojos obsidiana se volvieron a llenar de lágrimas, mientras caminaba lentamente hacia la enorme puerta. No tenía caso quedarse.
Subió a su auto y recargó la cabeza en el volante. Que pésima noche. Introdujo las llaves y arrancó. Y se distrajo. Y terminó doblando esquinas, buscando desesperadamente alguna calle conocida, más estaba totalmente perdida.
El aspecto desolado de las casas y banquetas le daban la impresión de alejarse cada vez más de su destino. Se detuvo al encontrarse en un paraje extraño. Era un callejón sin salida. Sin embargo, el mentado callejón era mucho más ancho de lo normal. El lugar parecía ser el punto de reunión de un grupo de vándalos, o algo así, ya que cada pared se encontraba rayada con aerosol.
Bajó del auto, esperando leer mejor el nombre de la calle en medio de toda esa oscuridad. Cerró con fuerza la puerta y sacó su celular para iluminar un poco su camino. No había ningún nombre. Suspiró frustrada y levantó la vista.
Y entonces quedó atónita.
Frente a ella, estaba ella. Bueno, era ella dibujada en aerosol en la enorme pared. Su nombre se hallaba escrito a su lado. "Courtney". Era más que obvio que se trataba de ella. Y vaya que era un hermoso graffiti. Perfecto, pensó ella. Se sintió halagada, y una pregunta surgió en ese momento.
- "¿Quién sería capaz de…?"
- ¿Princesa?
