El agua siempre tenía el poder de calmarlo, así que se metió en la ducha y dejó que el agua lo vaya calmando de a poco. Su mente estaba llena de preocupaciones por Henry, por Emma, por Rumpelstiltskin, y por el peligro que eso significaba para todas las personas cercanas a ellos. Nunca había visto a Emma tan perdida y desesperada como la vio ese día. Quería tranquilizarla, pero para poder hacerlo primero necesitaba tranquilarse él. Así que dejó que el agua haga eso, que lo tranquilice. Necesitaban un plan, necesitaban encontrar a Henry.

Salió de la ducha decido a continuar con la búsqueda una vez que hayan cenado, aunque todavía fuera temprano para hacerlo. Fue a su habitación y se sorprendió de que Emma no estuviera en la cama donde la había dejado. Quizás había llegado la comida mientras él se duchaba y ella tuvo que recibirla, o fue al living a ver televisión. Se vistió con ropa limpia. Luego fue a su mesa de luz para agarrar su colgante, pero no estaba. En vez de encontrar su colgante, encontró una nota de parte de Emma.

Rumpelstiltskin me llamó y me ofreció cambiar mi lugar con el de Henry. Lo lamento pero no pude negarme, siempre voy a poner a Henry a salvo primero. Espero que lo entiendas y me perdones.

Recuerda que te amo.

Emma.

Tuvo que leer la nota unas cuantas veces para comprender que eso era real, que Emma se había ido. ¿Cómo había sido tan tonto de dejarla sola? ¿Y cómo ella había sido tan tonta de aceptar hacer tratos con un loco asesino? El enojo y la tristeza lo invadían en gigantes olas, Emma estaba en peligro y él no podía tolerar la idea de perderla. Si la situación antes era insoportable, ahora era realmente intolerable. Necesitaba encontrar a Emma y a Henry, necesitaba ponerlos a salvo, y necesitaba encontrar a Rumpelstiltskin y encerrarlo de una vez por todas para que no pueda lastimar a nadie más.

Killian pidió a sus amigos de encontrarse en la comisaría cuanto antes. Salió de su casa y comprobó que Emma se había ido en la patrulla, así que tuvo que ir a la comisaría en su auto. Una vez que llegó a la comisaría se metió en el sistema de rastreo de las patrullas, y empezó a buscar donde estaba la patrulla que Emma se había llevado.

- ¿Qué paso? – Preguntó David entrando seguido por Ariel, August, Eric, Robin y Will.

- ¿Dónde esta Emma? – Preguntó Will al ver que Emma no estaba allí.

- Rumpelstiltskin la llamó y le ofreció hacer un intercambio entre ella y Henry. – Explicó Killian sin despegarse de la computadora.

- ¿Y la dejaste ir así como si nada? ¿Estás loco? – Cuestionó David comenzando a sentir una gran furia.

- Se fue mientras me estaba duchando para que no pueda detenerla. – Aclaró Killian.

- ¿Qué estás haciendo? – Preguntó Ariel uniéndose a la computadora junto a él.

- Rastreando la patrulla en la que Emma se fue. – Respondió Killian festejando cuando finalmente logró que la patrulla quede ubicada en el mapa de la ciudad.

- Quizás podamos encontrar a Emma, y a Rumpelstiltskin con suerte también. – Dijo Robin.

- Si, hay que armar un operativo y recorrer todas las manzanas cercanas a la ubicación de la patrulla. – Propuso August.

- ¿Ustedes no deberían conseguir refuerzos del FBI? – Preguntó Will mirando a Ariel y Eric.

- Si, tenes razón, eso vamos a hacer. – Asistió Eric sacando su celular para comunicarse con alguno de sus compañeros.

Tres patrullas de la policía y dos del FBI fueron al operativo. La patrulla estaba vacía, y el celular de Emma estaba en uno de los asientos, lo cual les impedía concurrir a la idea de ubicarla por ese medio. Recorrieron las calles cercanas, pero no descubrieron nada que pueda ayudarlos.

- Esto es inútil, a este paso Rumpelstiltskin ya podría haberla matado y nosotros acá intentando buscar una maldita pista. – Comentó Killian frustrado.

- Sé que te sentís enojado e impotente con la situación al igual que todos nosotros, pero eso no nos va a ayudar. Necesitamos pensar. – Dijo Robin intentando calmarlo.

- Lo sé, hay que pensar como si fuéramos Rumpelstiltskin. Seguro Emma se movió bajo indicaciones de él. – Asistió Killian tratando de pensar algo coherente.

- Y Rumpelstiltskin no quiere que la encontremos, por eso la hizo abandonar la patrulla y su celular. – Dijo Will siguiendo su razonamiento.

- Y si no quiere que la encontremos, seguro la hizo ir a algún lugar lejano después de dejar la patrulla. – Agregó David pensativamente.

- ¿Quizás se tomó un autobús? – Preguntó August mirando para ver si había alguna parada en las calles cercanas.

- O el tren, la estación está a seis cuadras. – Dijo Killian.

- Bien, entonces regresemos, necesitamos las cámaras de seguridad de todas éstas calles, de las paradas de autobús y las de la estación del tren. – Indicó David.

- Dividámonos, un par podríamos seguir recorriendo las zonas cercanas por las dudas. – Propuso Robin.

Así que hicieron eso, un par volvieron a la comisaría y otro par se quedaron investigando las calles cercanas a donde Emma había dejado la patrulla. Killian decidió volver a la comisaría, ya que sentía que revisando las cámaras de seguridad de la ciudad iba a tener mayores posibilidades de encontrar algo que lo acerque a Emma. Después de aproximadamente una hora de buscar y buscar, finalmente encontraron a Emma en las grabaciones de la estación de tren. Ella se había tomado el tren de las veinte horas que iba para el lado oeste de la ciudad. Estaban planeando recorrer todas las estaciones de tren, en búsqueda de más grabaciones, de pistas, o de personas que puedan reconocerla; cuando sonó el celular de Emma sorprendiendo a todos. Era un número desconocido, un número que ella no tenía guardado en sus contactos. Killian enchufó el celular al sistema para que puedan rastrear la llamada y atendió poniendo el celular en modo "alta voz".

- Hola. – Dijo Killian.

- ¿Killian? – Preguntó la voz de un niño que enseguida todos reconocieron. – Soy Henry, necesito ayuda y el celular de mamá es el único número que se. – Dijo agitadamente.

- Henry. – Dijo Killian sintiendo un gran alivio al escuchar la voz del niño. - ¿Dónde estás? ¿Estás bien? – Cuestionó con preocupación.

- Estoy bien, pero mamá se fue con Rumpelstiltskin. – Dijo Henry dejando escapar un pequeño sollozo. – No sé donde estoy, y tengo miedo de que a mamá le pase algo malo. – Admitió.

- Sé que es difícil Henry, pero tenes que ser fuerte. Nosotros vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para encontrar a tu mamá. – Aseguró Killian con cariño. – Henry, ya te tenemos rastreado, en unos minutos vamos a estar con vos. – Dijo cuando sus compañeros le indicaron que ya habían rastreado la llamada.

- Apúrate, por favor. – Pidió Henry.

Todas las patrullas fueron en búsqueda de Henry. El niño estaba en una estación de servicio, en un barrio de las afueras de la ciudad. Killian bajó de la patrulla lo más rápido que pudo y corrió al encuentro con el niño. Henry rodeo sus brazos alrededor de su cuello con fuerzas, y lloró por unos cuantos minutos. Una vez que se recuperó, les explicó que el intercambio había sido en un descampado y que él había caminado como una hora hasta lograr llegar a la estación donde estaban. August sacó un mapa y se dividieron los distintos sectores para recorrer en búsqueda de Emma.

- Esperen, creo que hay algo más. – Dijo Henry cuando se habían terminado de repartir los sectores.

- ¿Qué? – Preguntó David.

- Antes que mamá se vaya con Rumpelstiltskin, ella me abrazó y me dijo… - Comentó Henry mientras recordaba todo lo que había pasado. – Me dijo que te diga que ella tiene tu colgante. – Dijo volviéndose hacia Killian.

- Mi colgante. – Repitió Killian llevándose la mano a su cuello y comprobando que no lo tenía con él porque no lo había encontrado en su mesa de luz. - ¿Qué tiene eso de importante? – Preguntó confundido.

- ¿Emma te regaló ese colgante para tu cumpleaños, cierto? – Preguntó Robin.

- Si. – Asistió Killian.

- El colgante es un rastreador. – Dijo David con una pequeña sonrisa.

Volvieron a la comisaría, se metieron en la computadora de Emma y rastrearon el colgante de él. Mientras lo rastreaban, Killian aprendió que Emma regalaba objetos con rastreadores a todas las personas que eran importantes en su vida. Tenía miedo de exponerlos al peligro de Rumpelstiltskin, así que por lo menos quería tener la posibilidad de encontrarlos si él se atrevía a hacerles algo. A sus amigas les había regalado brazaletes de la amistad, y a sus amigos colgantes o relojes. Killian se sorprendió de que ella le haya regalado su rastreador en su cumpleaños. En el cumpleaños de Killian la relación de ellos recién había empezando. Eso demostraba que ella siempre se había preocupado por él, que le había importado su bienestar desde un principio y eso le llenó el corazón de amor.

De repente el sistema marcó donde estaba el colgante de él, donde estaba Emma. Killian suspiró aliviado al comprobar que el rastreador había funcionado. Era hora de ir por Emma. Y también era hora de ir por Rumpelstiltskin, era hora de ponerle un fin a sus locuras.


Emma abrió los ojos. Estaba mareada y su cabeza dolía, seguramente eran los efectos de la droga que Rumpelstiltskin le había dado. Parpadeó un par de veces hasta acostumbrarse a la luz, y empezó a observar sus alrededores. Estaba atada a una silla, en el comedor de una casa que parecía vieja y abandonada. Sus ojos de repente reconocieron a otra figura atada frente a ella en otra silla, Jefferson. Sus miradas se encontraron y se entendieron al instante, ambos sabían que estaban en serios problemas. En la mesa había grandes cantidades de telas de distintos colores, tijeras y cintas de medidas métricas.

- Que lindo finalmente tenerlos reunidos. – Comentó Rumpelstiltskin apareciendo con su máscara de cocodrilo. – Es hora de volver a la tierra donde los finales felices son posibles y ustedes me van a ayudar. – Informó seriamente. Se acercó a Jefferson, le sacó la cinta que sellaba sus labios y le desató los brazos. – Necesito que me construyas un sombrero. – Exigió apuntándolo con una pistola en la cabeza.

- ¿Un sombrero? – Preguntó Jefferson confundido. – Yo no sé… - Comenzó a decir.

- Respuesta equivocada. – Dijo Rumpelstiltskin. Se acercó a Emma y le hizo un corte en el brazo con una de las tijeras. – Cada vez que te niegues a hacer algo o que falles en hacer lo que te pido, ella será herida. – Dijo soltando una pequeña risa repugnante.

- De acuerdo, voy a intentarlo. – Asistió Jefferson.

- En la mesa tenes todo lo que necesitas, así que manos a la acción. – Dijo Rumpelstiltskin señalando la mesa con su arma.

Los siguientes minutos pasaron lentamente y fueron una tortura. Cada vez que Jefferson terminaba de hacer un sombrero, Rumpelstiltskin lo probaba y al no funcionar los descartaba. Cada vez que eso sucedía Emma recibía un corte en alguno de sus brazos, una quemadura de cigarillo en sus manos o en su cuello, o algún golpe en la cara. Jefferson estaba nervioso y le dolía la situación tanto como a ella. Emma podía notar lo mucho que sufría cada vez que fallaba y ella recibía una herida. Emma intentaba mantener las fuerzas y soportar el dolor, recordando que tenía el colgante de Killian con ella. Henry iba a estar a salvo y les iba a informar del colgante para que puedan encontrarla.

- ¡Al fin! ¡Éste es el que va a funcionar! – Exclamó Rumpelstiltskin alegremente aceptando el sombrero.

- ¿Funcionar para qué? ¿Qué vamos a hacer con el? – Pidió saber Jefferson.

- Bueno, la verdad es que tu misión ya terminó Sombrero Loco, así que como no te necesito para lo que viene es hora de tu fin. – Dijo Rumpelstiltskin con calma.

Rumpelstiltskin agarró el arma que había dejado por un rato en la mesa, y le pegó un tiro en la cabeza a Jefferson. Emma gritó ante el miedo, el dolor y la tristeza de la situación. Su gritó fue apaciguado por la cinta que tenía en su boca, pero las lágrimas comenzaron a caer incontrolablemente por su cara. Jefferson estaba muerto. Podía verlo sin vida en su silla, su cabeza había quedado apoyada contra la mesa, la sangre de su herida cayendo y manchando las telas de los sombreros.

- Hora de dar el siguiente paso. – Dijo Rumpelstiltskin sentándose a su lado y enfrentándola. – Necesito que dejes de llorar para poder explicarte como seguir. – Indicó quitándole la cinta de la boca.

- Jefferson. – Susurró Emma mirando con tristeza al cuerpo sin vida. - ¿Cómo te atreviste? Él hizo lo que le pediste – Le reprochó con gran enojo.

- Él no importa, solo era otro inútil personaje de cuento. – Dijo Rumpelstiltskin. – Lo que importa es que vos sos la salvadora, sos la única que tiene magia en éste mundo y puede hacer funcionar éste sobrero. – Explicó colocando el sobrero en la mesa frente a ella.

- ¿Magia? ¿Hacer funcionar el sombrero? – Cuestionó Emma confundida, todavía incapaz de razonar ante el shock del asesinato que acaba de testiguar.

- Tenes que abrir un portal con el sombrero que me va a permitir volver al mundo de la magia, al mundo donde los finales felices son posibles. – Respondió Rumpelstiltskin expresando su plan.

- ¿Al mundo de la magia? – Preguntó Emma aún más confundida que antes. – Éste es el único mundo que hay y la magia no existe. – Discutió.

- Hay millones de mundos, solo que los humanos son demasiados egocéntricos para darse cuenta. Algunos tienen magia, otros no, otros la necesitan. – Dijo Rumpelstiltskin con convicción. – Ahora haz un portal. – Exigió desatándole las manos y entregándole el sombrero.

- Yo no puedo, yo no tengo magia. – Dijo Emma con sinceridad.

- ¡Tus padres eran amor verdadero, así que por supuesto que tenes magia! ¡No me hagas perder la paciencia y haz funcionar el sombrero o te pegaré un tiro como a Jefferson! – Exclamó Rumpelstiltskin con rabia e ira irradiando de cada parte de su cuerpo.

Emma agarró el sombrero en sus manos y cerró los ojos. Ese era el fin, iba a morir en manos de ese maldito asesino solo porque no tenía magia, y no podía hacer funcionar el sombrero, ni crear portales hacia otros mundos. Ella siempre había sabido que Rumpelstiltskin estaba loco, pero esa noche comprendió que su locura no tenía nada más que ver con su maldad, sino con su percepción de la realidad. Sin embargo, no quería que sus últimos pensamientos sean las frustraciones que había dejado en ella la persona que arruinó gran parte de su vida. Pensó en Henry, pensó en Killian, pensó cada uno amigos y cada una de amigas. Emma no quería dejarlos, sabía que todos iban a sufrir su partida y se iban a culpar por mucho tiempo por lo sucedido. Emma quería más tiempo, quería ser feliz. En ese momento habría deseado tener magia, aún si eso le permitiera a Rumpelstiltskin escapar a otro mundo. Pero finalmente se resigno, ella no tenía magia y no podía hacer funcionar el sobrero, así que Rumpelstiltskin iba a matarla.

- ¿Qué es eso? ¿Qué hiciste? – Cuestionó Rumpelstiltskin al escuchar sirenas de policía a lo lejos.

- Nada, yo no hice nada. – Respondió Emma abriendo los ojos.

- ¿¡Podes hacer que vengan a ayudarte con tu magia, pero me vas a decir que no podes hacer funcionar el sombrero!? – Gritó Rumpelstiltskin enojado.

- Yo no tengo magia. – Volvió a decir Emma.

- Me tengo que ir, pero ésto no va a quedar así. – Dijo Rumpelstiltskin amenazadoramente. – ¡Y si yo no puedo usar el sombrero, vos tampoco podrás usarlo para salvarte de mí! – Exclamó rompiendo el sombrero en varios trozos con una tijera. – Veremos si pueden salvarte, o si vos lo haces renaciendo como un fénix. – Dijo volviéndole a atar los brazos a la silla y tapando con cinta su boca.

Rumpelstiltskin sacó un encendedor de su bolsillo y prendió fuego a las telas que había en la mesa, luego desapareció del comedor decidido a escaparse antes que llegue la policía. Emma empezó a intentar moverse con todas sus fuerzas, pero estaba atada completamente y le era imposible. Todo su cuerpo estaba atado: las piernas, los brazos, el tronco, la boca. El fuego empezaba a crecer a gran velocidad, invadiendo todos sus alrededores. Lo único que logró hacer fue que la silla cayera al piso, con su cuerpo todavía aprisionado. Podía sentir las sirenas acercándose cada vez más, pero el humo comenzaba a generarle dificultades para respirar y mantenerse despierta. De repente sus fuerzas se agotaron y todo se puso negro. Recién volvió a la conciencia cuando unas manos acariciaron sus mejillas. Abrió los ojos, y vio que la persona que estaba con ella era Killian. Él le estaba hablando, pero ella no podía escucharlo ni contestarle. Cortó las sogas que la tenían atada con una de las tijeras, y la sacó en sus brazos de la casa.

- Emma. – Dijo él llamando su nombre con desesperación.

- Killian. – Dijo ella reaccionado finalmente.

- ¿Estás bien? – Preguntó él preocupado, colocándola en el césped con cuidado, pero sin soltarla.

- Me encontraste. – Dijo ella con una pequeña sonrisa.

- Siempre te voy a encontrar. – Aseguró él descansado su frente contra la de ella.

Killian la había encontrado. Killian estaba con ella y la había salvado del fuego. Emma pudo respirar aliviada, sabiendo que él estaba con ella e iba a protegerla y cuidarla. Se sentía sin energías, así que se refugió en sus brazos dejando que él la abracé y le examine sus heridas. Y como en sus brazos se sentía a salvo, dejo que la oscuridad vuelva a invadirla.