Febrero, 27. 1996.

Sala de los Menesteres.

-Estoy empezando a hartarme de ver puros encantamientos Patronus -se quejó Blaise mientras veía como su lince plateado deambulaba por la Sala de los Menesteres.

-¿Cómo quieres que aprendamos rápido si muchos aquí son unos ineptos? -discutió Harry chasqueando la lengua con desdén. Draco, al lado suyo, sonrió con malicia.

-Y el mundo mágico se preguntaba: ¿Por qué quedaste en Slytherin? -se mofó, dando una mirada de soslayo a Hermione, que discutía sobre algún tema con Daphne Greengrass, la hermana de esta, Astoria y Millicent Bulstrode. Ginny y Luna miraban atentamente la platica.
Ron y Neville hablaban con Sirius, que recargado en una esquina, no les quitaba un ojo de encima.

-Porque se lo pedí al sombrero -respondió Harry con una sonrisa divertida. Sus ojos vagaron con lentitud a Cho y de regreso a Daphne, aún un poco confundido sobre el tema.

-Linda manera de joder a tu padre, Potter -rió Theo negando con la cabeza- Porque si esa era tu intención, entonces lo has logrado...

En ese momento la puerta de la Sala de los Menesteres se abrió y volvió a cerrarse. Los cuatro Slytherin se dieron la vuelta para ver quién había entrado, pero no vieron a nadie. Tardaron un instante en darse cuenta que los alumnos que estaban cerca de la puerta se habían quedado callados. Entonces algo tiró de la túnica de Harry a la altura de la rodilla. Miró hacia abajo y se llevó una sorpresa al ver a Dobby, el elfo domestico de Narcissa Malfoy, que lo contemplaba desde abajo.

-¡Dobby! -exclamo confuso, llamando la atención de los otros tres Slytherin- ¿Qué haces aquí? En Hogwarts.

-Desde que la ama Cissy se refugió en el mundo muggle junto con los Granger, me envió a Hogwarts, a cuidar del señorito Malfoy... -las risas provenientes de Blaise, Harry y Theo acallaron al elfo.

-Cierren la boca -escupió Draco con las mejillas un poco rojas, posando sus ojos grisáceos en el elfo- ¿Desde hace cuanto qué estas aquí, Dobby?

-Hace quince días...

Draco frunció el ceño al ver los ojos desorbitados de Dobby; estaba temblando de miedo. Los pocos miembros del ED que estaban más cerca de los cuatro Slytherin se habían quedado mudos y todos contemplaban a Donny. Los pocos Patronus que los alumnos habían conseguido se disolvieron en una neblina plateada, y la habitación quedó mucho más oscura que antes. Por el rabillo del ojo, pudo ver como Lily y James Potter, junto a Sirius, se acercaban a paso apresurado hacia ellos.

-Señorito Draco... -chilló el elfo, que temblaba de pies a cabeza- Dobby ha venido a avisarlo..., pero a los elfos domésticos les han advertido que no digan nada...

Se dispuso a lanzarse de cabeza contra la pared de ladrillos justo antes de que Sirius lograra detenerlo por los delgados brazos y poniéndose a la altura del elfo.

-¿Qué ha pasado, Dobby? -la bilis se instaló en la garganta del animago, un pequeño destello de miedo se instauró en sus ojos al pensar que algo malo podría haberle sucedido a su prima, Narcissa.

-Señor Sirius, ella..., ella...

Dobby se golpeó fuertemente la nariz con el puño que tenía libre y Sirius e lo sujetó también.

-¿Quién es "ella", Dobby? -preguntó, con miedo.

-¿Es la profesora Umbridge? -preguntó Harry desde detrás de Sirius, la vieja bruja había estado detrás de ellos desde el juicio... no había otra explicación. Dobby asintió- ¿Qué pasa con ella, Dobby? ¿Estás insinuando que ha descubierto esta..., que nosotros..., el ED? -Leyó la respuesta en el afligido rostro del elfo- ¿Viene hacia acá? -inquirió Harry rápidamente.

Dobby soltó un alarido y exclamó:

-¡Sí, señorito Harry, sí!

Sirius se enderezó y echó un vistazo a los inmóviles y aterrados alumnos que miraban al elfo, antes de que sus ojos se cruzaran con los de Lily y James.

-¿Y QUÉ ESPERAN? -gritó Blaise, horrorizado- ¡CORRAN!

Entonces todos salieron disparatados hacia la puerta, formando una marabunta, y empezaron a marcharse precipitadamente de la sala.

-¡Vamos! -gritó Theo tomando a Harry del codo y corriendo hacia la salida de la sala. Harry, estupefacto, le dio una última mirada a sus padres y padrino, que acribillaban al elfo con cientos de preguntas. Una vez fuera, perdió a Theo en el bullicio. Harry miró a derecha e izquierda; los otros corrían tanto que sólo alcanzó a ver un par de talones que doblaban cada una de las esquinas del pasillo antes de desaparecer; él se dirigió velozmente hacia la derecha; un poco más allá había un baño de chicos, y si conseguía llegar hasta él podría fingir que había estado allí todo el tiempo...

-¡AYYYY!

Algo se había enroscado en sus tobillos, y Harry cayó estrepitosamente al suelo y resbaló boca abajo unos dos metros antes de detenerse. Oyó que alguien reía detrás de él. Se colocó boca arriba y vio a Crabble junto a Goyle escondidos en un nicho, bajo un espantoso jarrón con forma de dragón.

-¡Embrujo zancadilla, Potter! -dijo- ¡Eh, profesora¡ ¡PROFESO...!

-¡Petrificus totalus! ¡Desmaius!

Ambos hechizos, a una velocidad asombrosa, impactaron contra las espaldas de Crabble y Goyle noqueándolos de inmediato. Draco venía corriendo junto a Neville y Ron, estos últimos dos con los rostros rojos por el esfuerzo que hacían al correr por el pasillo.

Draco fue el primero en llegar a él, tomándolo con cierta dificultad de los hombros, trastabillo intentando levantarlo. Ron y Neville enseguida lo ayudaron antes de correr a trompicones hacia el baño. Un horrendo estrepito sonó al chocar el hombro de Neville contra la puerta del baño, pero una vez dentro se sintieron bastante seguros.

Colapsaron todos en el suelo, entre un tumulto de brazos y piernas, jadeando con fuerza mientras intentaban recuperando el aliento.

-¿Creen...? -exhaló Neville- ¿Creen qué...?

-¿Nos encuentren? -apuntó Ron intentando recuperar el aliento perdido. Neville asintió aunque nadie podía verlo.

-Ahora mismo quisiera tener la capa de invisibilidad de mi padre -se quejó Harry en un susurró. Antes de que Draco pudiera objetar algo, la puerta se abrió de un golpe asustando a todos dentro del baño. Los gritos se quedaron atascados en las gargantas de los chicos antes de que vieran al intruso y una mirada aliviada surcaran sus ojos.

-Vamos, rápido -apuró Snape desde la entrada del baño. Los cuatro chicos se levantaron antes de seguir al profesor de Pociones fuera del baño y tomando un camino distinto, directamente al aula de Pociones- No crean que pueden salvarse de esto...

-¿Y porqué no? -preguntó Draco, que siendo el único de todos, el más valiente para hacer semejante pregunta a Snape. Todos tenían clases de Oclumancia con el jefe de Slytherin, pero aún nadie se atrevía a enfrentarlo.

Snape hizo una mueca.

-Tiene la lista.

-Mierda -maldijo Harry restregándose el rostro con fuerza.

Estaban jodidos.


POR ORDEN DEL MINISTRO DE MAFIA.
Dolores Jane Umbridge (Suma Inquisidora) sustituye a Albus Dumbledore como Director del Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería.
Esta orden se ajusta al Drecreto de enseñanza n° 28.
Firmado: Cornelius Oscwald Fudge, ministro de Magia.

-¡Carajo! -exclamó Blaise con un suspiro derrotado.

-Y eso no es todo -se quejo Hermione- Todos en la lista tenemos castigo con Umbridge.

Draco y Harry se estremecieron en sus lugares recordando el castigo de Umbridge.

-Bien, no nos puede ir peor -dijo Neville en un tosco intento de aliviar el ambiente, consiguiendo solo miradas de reproche y enojo de parte de sus amigos. Al final, se sumió al suspiro colectivo, lamentándose sobre lo que les deparaba el futuro.