Capítulo XX
La Batalla Final
BUM.
Un ruido ensordecedor se escuchó desde el Gran Comedor, y pronto fue secundado por una serie de gritos de los alumnos que se encontraban en su interior. Todos los presentes se miraron sin comprender.
Una masa de gente salió a tropezones por las grander puertas, empujado todo lo que encontraran a su paso y formando un gran barullo. Comenzaron a sentirse una serie de hechizos, y grandes haces de luz salían disparados por todos lados.
Eso sólo podía significar una cosa: mortífagos.
- ¿¡Qué significa esto Malfoy!? - preguntó exaltado Harry alzando la voz entre la gente que pasaba sin cesar a su alrededor.
- Mierda, ¿qué hacen aquí? ¡¡se suponía que tenía que ser el Lunes!! - Gritó Draco confundido. Apenas se escucharon los gritos había corrido junto a Hermione y ahora sostenía con fuerzas su mano. Muchos ojos estaban puestos sobre él, mas no fue él quien respondió a la pregunta del chico de ojos verdes, sino alguien con capucha negra que llegó a su lado:
- ¡Sorpresa Amor!, ¿acaso creíste que me iba a quedar de brazos cruzados después de tu traición?.
- ¿Tú estabas al tanto de esto? - preguntó Draco una vez que salió de la estupefacción. A sus espaldas apareció la figura inconfundible de Pansy Parkinson, llevaba puesta la capa negra de los mortífagos, pero no portaba la máscara que debía cubrir su identidad, y es que así era ella, orgullosa de ser una más, orgullosa que crear el caos hoy en el castillo, orgullosa de ser la responsable de esta pequeña "sorpresa".
- Por supuesto, ¿acaso crees que sigues siendo la cabeza del grupo?, lo siento querido, no podíamos arriesgarnos a que arruinaras los planes que tanto nos costó llevar a cabo, ¿acaso me vas a decir que no es un bello espectáculo? - preguntó con una sonrisa seductora en los labios, ridículamente ajena al espectáculo de terror que se vivía en el momento.
Mas su sonrisa desapareció en cuanto se percató de quien estaba al lado de su Draco: Hermione Granger, quien se aferraba confundida a la mano del rubio. Pansy frunció los labios en un gesto despectivo hacia la castaña.
- Bien, Draco Malfoy, es tu última oportunidad - sentenció Pansy enojada - ¡Suéltala! - exigió tomando ella misma la mano de Malfoy.
- Tú no me dices qué hacer - le gritó Draco corriendo su mano de ambas chicas. Miró a Hermione a los ojos y luego miró a Pansy. Diablos, no podía creer lo que la morena había hecho, y cómo lo había hecho, hasta el momento era él la cabeza de los mortífagos en Hogwarts, ¿cuándo perdió las riendas?. Estaba confundido, no estaba aún preparado para el momento decisivo. Para todos, debía estar a la cabeza de aquel ejército que entraba a tropeles por la chimenea, pero ¿quería él estar allí?.
- Suéltala y vuelve a tu bando, donde siempre has pertenecido y donde siempre pertenecerás: demuestra tus verdaderas lealtades - ordenó la morena observando cada uno de los gestos de su compañero. Se fijó en la manera en que miraba a una confundida Hermione, se fijó también en sus ojos perdidos, aquellos ojos dubitativos, brillantes antes de momento en que iba a tomar una de las grandes decisiones de su vida.
Pansy no esperó más, arrojó con fuerza a los brazos de Draco un bulto negro y con la impresión, el Syltherin pareció salir de su debate interno. Al extenderlo Draco no pudo evitar una cara de estupefacción: el uniforme de los mortífagos, la marca inconfundible de los seguidores del Señor Oscuro.
El rubio quedó pasmado ante las atentas miradas de todos los que lo rodeaban, ajeno a todo el terror que se desarrollaba en la escena, sumergido en sus propias cavilaciones, en sus propias preguntas sin respuestas, en sus propias decisiones. Miró alternativamente la escena, a Hermione, a Pansy, al desastre que adivinaba sucedía en el Gran Salón...y manteniendo sus ojos en la morena que lo observaba fijo, se puso la capucha.
El corazón de Hermione saltó, ¿qué había hecho?, o ¿por qué lo había hecho?. ¡No!, se suponía que él había cambiado, se suponía que no era un mortífago, ¿¡por qué mierda actuaba como uno entonces!?, ¿acaso todo lo que había dicho era una mentira?, ¿una actuación?, pero ahora Draco estaba poniéndose la capa, y ella... ella se caía a pedazos apenas él se enfundaba en el disfraz de la muerte. Se odió a sí misma por haber caído por segunda vez en la trampa del mortífago, por haber confiado una vez más en el que parecía ser un ser despreciable que disfrutaba rompiéndole el corazón una y otra vez.
Pansy sonrió triunfal y se alejó de la escena subiéndose el capuchón sobre su perfecta melena, alzando su varita, dispuesta para el combate, frente a todos. Se perdió en las puertas del Gran Salón, donde ya todos estaban, donde se desarrollaba la más peligrosa de las guerras, donde el destino del mundo mágico estaba en juego.
En ese momento, Harry maldijo el día en que le creyó a Malfoy, maldijo el día en que ese imbécil destrozó la vida de cada uno de sus amigos. Corrió, corrió como el verdadero héroe que era, de cara al enemigo, él no era de los que daban la espalda cobarde y traicionera, no, él iba a luchar por lo que amaba... sin importar las consecuencias. El resto poco a poco, incorporándose de la sorpresa inicial, se unió al niño-que-vivió.
- ¿Por qué Draco? - gritó Hermione una vez que estuvieron solos- ¿Otra mentira más? - preguntaba al borde de las lágrimas mientras intentaba pensar que todo no era más que una pesadilla.
- No Hermione... pero si te lo explico, no lo vas a entender - murmuró Draco apenas perceptiblemente, con los ojos opacos y los puños tensados.
Allí estaba, en la capucha que lo hacía convertirse en un vasallo más del Señor Oscuro, en una capucha que sellaba el destino que había sido trazado por su apellido. No quería mirar a Hermione a los ojos, claro que ella no entendía, no entendía que lo hacía por ella. La misión número uno de los mortífagos era acabar con los sangresucia... y ella, por ser la más fiel amiga de Harry Potter, estaba primera en la lista. Si llegaba a perderla... no quería ni pensarlo, por eso, necesitaba enfundarse una vez más en esa capucha de terror y de odio, necesitaba una vez más usar esa máscara que escondía la crueldad, por ella.
Se miraron unos minutos en el más tenso duelo interior, ajenos a la batalla que se libraba brutalmente a tan sólo unos pocos metros. Lágrimas cayeron por el rostro de Hermione, destrozando por dentro al rubio y, con una última mirada, ella empuñó su varita y corrió, corrió escapándose de esos ojos grises que la perturbaban, escapándose hacia donde siempre debió estar: al lado de sus amigos, al lado de los aurores, en contra de Voldemort, en contra de los mortífagos, en contra de él.
A Draco le tomó unos segundos más salir de su trance y una vez que lo hizo corrió también dentro del Gran salón, no a luchar contra los sangresucia, no a luchar contra Harry Potter, ni siquiera iba a luchar en contra de Voldemort. No, él tenía su objetivo claro: él iba a luchar por ella.
oOoOoOo
Todo era demasiado confuso en el Gran Comedor.
Harry había desaparecido junto a Voldemort y otros cuantos de sus seguidores; la Orden y los demás aurores no habían perdido la calma y habían aprovechado fructuosamente la advertencia de Draco, se habían dividido, unos buscaban a Harry y otros se quedaban a defender el castillo y a todos los despavoridos estudiantes que corrían sin saber bien que hacer, donde esconderse, o cómo sobrevivir.
Una cruenta lucha entre encapuchados y varios magos que daban su vida por proteger a los demás se desarrollaba en el centro del Gran Salón Comedor. Las mesas estaban hechas añicos, las sillas estaban todas regadas por el lugar. Con grandes temblores, gigantes irrumpieron en el castillo, devastando todo a su paso, las murallas de Hogwarts caían y al castillo le era difícil sobrevivir. Los mortífagos tenían a su vez todo fríamente calculado. Llegaron Dragones, vampiros, hombres lobo que gozaban en la persecución de los más pequeños. El castillo completo temblaba y nadie sabía donde refugiarse.
Habían varios cuerpos tirados por el piso, no se sabía bien si muertos o heridos, sólo importaba defenderse a sí mismo, defender a los amigos que quedaban en pie y tratar de salvar a la mayor cantidad de gente posible, destruyendo a los culpables de todo el mal que azotaba al mundo mágico.
Hermione intentaba lanzar todos los hechizos que conocía, pero estaba en cierta desventaja ante los experimentados mortífagos que no tenían remordimientos a la hora de lanzar desenfrenadamente maldiciones imperdonables. La castaña sólo intentaba mantenerse en pie, no tenía en vista a ninguno de sus amigos más cercanos. Divisó junto a ella en algún momento a Luna, quizás incluso vio a Ron, pero ahora estaba enceguecida por el mortífago que tenía enfrente y que intentaba atacar a un estudiante menor.
Estaba preocupadísima por Harry, pero no podía darse por vencida, sentía que no podía más, pero si paraba... no quería ni pensar lo que podía suceder. Ningún mortífago iba a tener compasión de su tristeza o su decepción, si llegaba a demostrar ese abatimiento interior, estaba muerta, más muerta de lo que ya estaba en ese momento, porque aunque recitara las fórmulas memorizadas, aunque se mantuviera en pie enfundando su varita contra encapuchados, Hermione por dentro estaba devastada, ¿por qué? Se preguntaba una y otra vez, ¿por qué él la había vuelto a traicionar?, ¿por qué justo ahora que ella finalmente lo había perdonado?.
Una lágrima rodó por su mejilla, pero se obligó a ignorarla, tenía que ser fuerte, por Harry, por sus amigos, por el bien del mundo mágico. Pero ¿a quién engañaba?, no podía más, sus rodillas la traicionaban y su mano comenzaba a temblar.
No estaba acostumbrada a la guerra, no estaba acostumbrada con sus apenas diecisiete años a ver cadáveres en el piso, amigos que se desangraban en la lucha, hombres y mujeres que deseaban asesinar, que lanzaban maldiciones destinadas a causar la muerte como si fuese algo normal, como si no valorasen en absoluto al ser humano que estaban matando, no estaba acostumbrada a la crueldad, no entendía nada, no entendía la maldad de cientos de personas que eran iguales a quienes estaban asesinando. ¿Cuántas historias habían regadas en el piso?, ¿habrían alcanzado a uno de sus amigos?, ¿estaría ya muerto Harry, qué pasaba con Ron, con Luna, con Neville, con sus profesores...?, ¿por qué todo tenía que ser tan difícil?, ¿por qué habían tenido que llegar a la guerra?. No podía más, sus piernas ya no la sostenían en pie.
Y Hermione cayó. No pudo mantenerse firme, sus rodillas la traicionaron. Respiraba agitadamente y olía ese olor ferroso de la sangre regada por todo el lugar. No era una chica fuerte por más que todos se lo repitiesen una, por más que muchos la considerasen la mejor bruja a su edad, ¡por Merlín!, se sentía una niña, una niña desamparada que no entendía nada o no quería entender. Podía plantearse frente a todos como una fuerte mujer... pero al momento de la guerra, cuando se enfrentaba de cara a la crueldad... no podía más, no iba a resistirlo.
Entonces fue cuando lo sintió, levantó su cabeza y prácticamente pudo ver el haz de luz verde dirigirse hacia ella, ¿qué importaba?, no podía defenderse, no podía moverse del terror, de la impotencia, de la debilidad, no, ella no estaba preparada para algo como esto... y ya no podía seguir luchando.
Y fue entonces que él llegó. Sintió cómo una sombra negra la abrazaba con fuerzas y recibía la maldición que se dirigía a ella.
Supo inmediatamente quien era: Draco.
El cuerpo del muchacho se desplomó frente a sus ojos, y ella cayó con él.
No pudo resistirlo, el pecho se le encogió, ¿Draco había hecho eso por ella?, ¿Draco había evitado su muerte?... y ahora, ¿estaba muerto?, las lágrimas se agolparon en su rostro. No podía estar muerto, no. Quizás era un mortífago, un traidor, pero ella lo amaba, a pesar de todo, a pesar de odiarse a sí misma por hacerlo, pero lo amaba, lo amaba como nunca había amado a nadie, no podía ser que ahora él...
- ¿Draco? - susurró con apenas un hilo de voz, temblando, olvidándose de todo el terror que se vivía a su alrededor, en este momento nada importaba, sólo él. Temió, nunca había tenido tanto terror en su vida, ni siquiera minutos atrás cuando el rayo de luz se acercaba a su cuerpo, él no podía haber muerto, si él moría... ella moría con él.
Lo miró a la cara, sus ojos estaban cerrados.
Su corazón latía con fuerzas, no, esto no podía ser real, por favor que todo fuera una pesadilla. Entonces abrió sus ojos plata, brillantes, cual lunas en el cielo oscuro de la muerte. Hermione no pudo evitar sonreír...
... Draco luchaba contra un hábil auror bastante experimentado. ¡Maldición!, no lo dejaba en paz, no lo dejaba ir al encuentro de su Hermione.
El alto y moreno auror tenía impresionantes poderes y no vacilaba a la hora de lanzar potentes maldiciones. Draco temió varias veces, pero con habilidad logró escapar de cada uno de los haces de luz que salían de la varita enemiga. Mierda, no tenía tiempo que perder, había visto desaparecer a Hermione entre las puertas y la había perdido de vista apenas el moreno auror se había interpuesto en su camino, ¿cómo no entendía que a él ni siquiera le importaba esa guerra?, luchó con todo su poder, él no se iba a amedrentar como un novato, él había sido entrenado años para esa guerra que algún día se iba a desencadenar... pero a Draco Malfoy no le importaba nada más excepto Hermione, una castaña que por desgracia no tenía a la vista.
El auror le dio de lleno en el pecho y quedó prácticamente sin aire... allí fue cuando la vió. Estaba acorralado, indefenso frente al auror que estaba dispuesto a realizar su golpe final... pero él no podía defenderse, no podía quedarse ahí, tenía que ir por ella.
Como una película, como si todo fuese más lento de lo habitual, vio como Selwyn, un mortífago hábil pero ya entrado en años lanzaba un hechizo que se dirigía a una Hermione de rodillas y con lágrimas en los ojos. Ella no podía morir, no podía. ¡Merlín!, ¿qué hacía?, si se dirigía hacia ella quedaba indefenso, si no acudía ella moría, mierda, no podía permitir que eso pasar, sería capaz de todo por ella, incuso sería capaz de dar su vida... y sin pensarlo otro segundo más, Draco Malfoy corrió con todas sus fuerzas hacia donde estaba Hermione.
Y se lanzó antes de que el haz de luz explotara en su pecho.
Sintió como si cientos de agujas se clavaran en su interior, era un hechizo potente, pero el mortífago, al parecer herido, no lo había realizado con todo su poderío. Aún así, Draco cayó con fuerzas, desplomándose sobre Hermione y durante varios segundos, mientras sentía un dolor intenso, no pudo abrir los ojos...hasta que el efecto pasó, dejando su cuerpo adolorido, pero conciente y aún con la posibilidad de levantarse. Miró a Hermione a los ojos y se dio cuenta de que gruesas lágrimas salían de aquellos dos pozos chocolate; la vio sonreír, y él no pudo evitar unírsele. Esa sonrisa bastaba para perdonar todo lo anterior, para comprender los motivos por los cuales habían actuado de tal y cual forma, esa sonrisa daba a entender que había algo muy poderoso que los unía: el amor.
Ninguno de los dos habló, cualquier palabra hubiera sobrado. Draco se puso dificultosamente de pie y tomó la mano de Hermione, defendiéndola esta vez de Cruciatus que era pronunciado por un mortífago de color. La castaña no se quedó atrás, disparó todos los conjuros, hechizos y encantamientos que conocía para derribar a los mortífagos. Sostenía con fuerzas y valentía su varita, mientras con la otra mano apretaba la de Draco. Estaban en esta, juntos.
Entonces fue cuando Hermione vio a Ron. El pelirrojo estaba bastante complicado con Rodolphus Lestrange, un fuerte mortífago, tío político de Draco.
Hermione miró asustada la condición de su amigo, uno de sus brazos caía junto a su cuerpo lleno de sangre, y al parecer estaba inutilizado, el alto mortífago tenía todas las de ganar. Presionó con fuerzas la mano de Draco y con ojos suplicantes pidió su auxilio.
Draco vio con estupefacción cómo su tío batallaba con Ron.
- Draco, por favor, tengo que ir a ayudarlo - suplicó Hermione rompiendo el silencio que se había instalado entre los dos.
- No vas a poder con él - aseguró Draco tajante, conocía los poderes de su tío, escasamente él mismo hubiese podido derrotalo, menos Ron, y qué decir de Hermione.
- Ayúdame - suplicó Hermione en una verdadera desesperación- no puedo permitir que Ron muera - chilló asustada, con impotencia en sus ojos, quería a Ron, lo quería demasiado, no podría permitir que el muriera, no.
Draco vaciló, era su tío, un hombre con él que había compartido durante toda su infancia. Pero Hermione lo miró con ojos implorantes y sin previo aviso, soltó su mano. Draco se paralizó del terror, Rodolphus no tendría piedad, menos con una sangresucia. No, el no podía dejar que ella se enfrentara con Rodolphus. Draco se encaminó hacia su tío, por ella, era capaz de todo.
-Petrificus Totalus - gritó con fuerzas en dirección al hombre que lo miraba sin defenderse y sin comprender su actitud. El hechizo de Draco se unió al Depulso lanzado por Hermione, paralizó al mortífago y lo llevó lejos como empujado por un viento invisible. Pero Ron no pudo más, se desplomó y Hermione corrió a su auxilio.
- Her...mio..ne... - susurró Ron. Hermione acarició su cabello. El estado de su amigo era deplorable, tenía bastante sangre y al parecer tenía dificultades para respirar - Hermione... te amo - terminó el pelirrojo apenas suspirando.
Esas palabras fueron directo al corazón de Hermione... y a los huesos de Malfoy.
- ¡No Ronald! - exigió la castaña - sé fuerte, tú vas a salir vivo de esta, igual que Harry, ¿lo recuerdas?, siempre lo hacemos, esta no será la excepción - decía esperanzada y sonriente, infundiéndole valor a su amigo, sabía que él tenía que vivir, sus heridas eran graves, pero eran sanables, de esos estaba segura. Comenzó por unos hechizos para cortar las hemorragias, desentendiéndose de la situación que sucedía a su alrededor. Mas Draco la cuidó en todo momento, evitando incluso con su propio cuerpo que cualquier hechizo o maldición fuese a llegarle a su Hermione. Pero su corazón estaba asimismo acelerado, el "te amo" de Ron había calado hondo en su mente, verla a ella tan dedicada en su cuidado, ella lo quería, no lo amaba, estaba seguro... pero, pero... maldición, no sabía qué hacer, qué decisión tomar ahora que los veía una vez más juntos compartiendo una escena tan íntima.
- Ennervate - dijo Draco cuando Hermione no pudo seguir con su labor a causa de las lágrimas que cegaban sus ojos. Ron pareció reestablecerse, pero no había más tiempo que perder, la lucha se desarrollaba a sus espaldas y en cualquier momento podían recibir un maleficio perdido o alguien podía atacarlos a sus espaldas.
- Hermione, aléjate de él - advirtió aterrorizado Ron una vez que estuvo más compuesto y que vio a un Draco enfundado en capucha mortífaga frente a la castaña.
- No, Ron, Draco no... - comenzó a decir Hermione, pero se vio interrumpida, pues Ron empuñó su varita en la mano buena y con ira en los ojos apuntó hacia Malfoy.
- ¡¡No!! - gritó Hermione interponiéndose en el medio y apuntando con su varita a Ron, sí, su amigo, al chico al que secretamente había creído estar enamorada hasta el año pasado - si quieres matarlo... me matas a mi primero - aseguró segura de su decisión, frente a dos pares de ojos que la miraban estupefactos.
El corazón de Draco dio un brinco de felicidad. ¿Ella era capaz de hacer eso por él?, ¿había alguien en el mundo que daría su vida por él?, eso lo llenó de júbilo, nunca había sentido eso, nunca había sentido que alguien podía dar vueltas su mundo para estar con él a como diese lugar, pero ella... ella era capaz de enfrentarse a sus amigos de toda la vida, capaz de defenderlo, nunca había sentido eso, esa sensación de protección y a la vez de desprotección, porque todo su mundo era ella, y si algo llegaba a pasarle a Hermione, él moría.
Ron por su parte, tembló. Sintió un frío que nada tenía que ver con las heridas, sintió su cuerpo temblar con descontrol y nada tenía que ver con el miedo de la batalla... era la certeza de haberla perdido, la certeza de que ella estaba dispuesta a morir por otro, como él mismo estaba dispuesto a morir por ella. Miró a Draco directo a los ojos, desafiante. El Slytherin había ganado, a pesar de tener él mismo toas las cartas a su favor, ¿cómo había sido tan ciego?. Bajó su varita lentamente, derrotado. Sonrió y se alejó, dispuesto a seguir luchando por sus amigos.
Apenas quedaron solos, Draco abrazó con fuerzas a Hermione, temeroso de que algo pudiese pasarle, temeroso de perderla algún día. La chica se dejó atrapar y se derritió junto con él, olvidando que a su alrededor maldiciones iban y venían. Por eso se soltaron, se tomaron de la mano y con sus varitas erguidas continuaron la lucha, juntos, juntos para siempre.
Hermione lanzó hechizos a todos los mortífagos a los que podía alcanzar, sobretodo si de defender a sus amigos se trataba, liberó a Luna de una mortígafa colorina, ayudó a Lupin que luchaba cruentamente contra Greyback, evitó que un hechizo le diera de lleno a Tonks. Draco por su parte no combatía con nadie, para él, todo quien se acercara a Hermione era un enemigo, fue capaz incluso de derribar a sus antiguos aliados, era una serpiente, tenía sus lealtades formadas y no se ib a dar vencido por ellas.
Mientras lanzaba un maleficio a un mortífago que no pudo reconocer, le llegó de lleno en la espalda y cayó de rodillas en sí mismo. Hermione se percató e inmediatamente intentó ayudarlo, justo entonces Ginny caía indefensa frente a Nott. ¿Qué hacía?, ¿cuidaba de Draco o corría donde su amiga?, maldición, ni siquiera tenía tiempo para tomar bien la decisión, apretó la muñeca de Draco y con un gesto de cabeza le indicó que iría a proteger a la pelirroja, Draco se podía cuidar solo, era fuerte y ningún mortífago lo iba a atacar en cambio Ginny, estaba a punto de morir. El rubio intentó detenerla, sabía de la fuerza del mortífago, pero sus intentos fueron en vano.
Mientras observaba aterrorizado cómo la Gryffindor lanzaba un hechizo poco poderoso, una mano fuerte lo alzó y lo ayudó a incorporarse: Blaise Zabini.
- Draco, ¿dónde estabas?, e he buscado por todo el maldito salón, ¿te encuentras bien?.
El rubio asintió con la cabeza, pero mantenía su mirada fija en Hermione, entonces fue cuando Zabini miró en la misma dirección.
- ¡¡Es Granger!!, está sola e indefensa, es tu oportunidad, ya sabes que era de las primeras en la lista, matarla sería un golpe maestro, ¡anda! - lo animó el chico. Draco escuchó con terror cada una de las palabras pronunciadas por su amigo. No, claramente él no iba a terminar con su vida.
- ¡No! - exclamó Draco mirando aterrorizado a los ojos a su amigo.
- ¿Por qué no?, está indefensa, además es un premio gordo - gritaba Blaise para que su amigo lo escuchara.
Draco no sabía qué hacer. No podía explicarle ahora que la amaba, además si el moreno se enteraba de eso, seguramente el tener puesta la capucha ya no serviría de nada, todos sabían que era un traidor.
- Pues lo haré yo - anunció Blaise enfundando su varita y apuntando de lleno a Hermione que junto a Ginny se defendían escasamente del gran hombre. Draco no fue capaz de evitar que Zabini gritara las palabras que tanto temía: Avada Kedavra.
- ¡¡No!! - exclamó Draco corriendo la varita del moreno, desviando la maldición hacia un auror que se desplomó apenas recibió el gran impacto.
- No lo entiendo - gritó Zabini mirando extrañado a Draco, ¿pero qué demo...?.
- Yo te lo explico querido Blaise, Draco está taaan enamorado que ha cambiado sus lealtades, ¿has visto algo más patético? - explicó una voz a sus espaldas, una voz que les era de sobra conocida: Pansy Parkinson. - Y ahora si me lo permites, voy a acabar con ese maldito ratón de biblioteca, algo que debí haber hecho hace mucho tiempo.
Siempre llega el fatídico momento en que colapsas y no das más...
Todos los comentarios, respuestas a los reviews anteriores (créanme que tengo la mayoría respondidos) y EL FINAL lo subiré dentro de unos pocos días, sé que dije que sería el último capítulo, pero no me resistí y subí esta parte.
Con mucho cariño
Emma.
