Hola! No debería haberme demorado más de una semana con este cap pero luego decidí hacer un par de cambios... lo siento!

Una vez más gracias por su reviews, comentarios, saludos, buenos deseos! Soy muy muy feliz al leerlos!

Alguien por ahí comentó sobre James... bueno no lo puse sólo porque sí, ese personaje en algunos capítulos mas obtendrá mayor protagonismo! jejejje

Bueno, las dejo que lean y espero que lo disfruten!


Capítulo 15

Hospital Forks

11:48 pm.

Estaba sentada en la inhóspita sala de espera en Emergencias con un sabor amargo en la boca, que había aparecido justo después de la llamada de Charlie. Además mi cuerpo estaba tembloroso y la mente me funcionaba a una velocidad mucho menor de lo normal. Las personas se movían alrededor con prisa, los veía caminar de un lado a otro pero yo no procesaba la información. Era como si todo ocurriera en cámara lenta, como si no me afectara, como si yo no formara parte de lo que estaba sucediendo a mi lado. Sabía que hablaban, sabía que se movían, sin embargo no escuchaba nada aparte de un pitido en mis oídos y no sentía nada además de miedo.

Jasper.

Aún me parecía que estaba en un mal sueño del que tenía que despertar tarde o temprano. Todavía no me convencía de que mi amigo había sufrido un accidente y yo estaba aquí, encorvada sobre una incómoda silla de plástico, desesperada por obtener noticias de él.

Rosalie, pocos minutos después de recibir mi llamada, había llegado a buscarme a casa con la cara pálida, acompañada de Annie, que estaba completamente histérica. Al llegar al hospital las enfermeras de turno habían tenido que sedarla. Ahora estaba en un cuarto mientras la mantenían en observación.

Habíamos preguntado por Jazz pero no nos decían nada.

Espere al doctor, señorita... No podemos decirle nada todavía... Está con los doctores... Apenas sepamos algo les haremos saber... Tenga paciencia...

¡Joder! ¡Paciencia las pelotas! Necesitaba que me dijeran algo, cualquier cosa. La espera y la incertidumbre me estaban haciendo trizas los nervios. Rosalie estaba sentada algo separada, y se mordía las uñas con la cara absolutamente blanca. Jasper se había convertido en su pariente más querido y estaba tan preocupada como yo. Había querido llamar a los padres de Jazz, pero el hospital se había encargado de eso. Les habían informado y ellos ya estaban en camino hacia Forks.

Charlie había telefoneado otra vez y me había comunicado que llegaría lo antes posible, aunque todavía estaba lidiando con el lugar del accidente. No había necesitado demasiado sentido de percepción para notar, por el tono de mi padre, que el auto había quedado destrozado. Aquella información me revolvió el estómago y reprimí con mas fuerza las ganas de vomitar.

Por favor que esté bien...

Charlie me había dicho que, por lo que veía en el lugar, la culpa del accidente era de mi amigo. Viajaba a una velocidad mucho mayor de lo recomendable y se había estampado contra un árbol al tomar una curva a las afueras del pueblo.

Aquella conversación me había generado varias dudas. Uno, el choque mismo. Conocía a Jazz e incluso con alcohol encima era mejor conductor que muchos sobrios. ¿Qué demonios le había sucedido para que se estrellara a esa velocidad? Ademas ¿qué narices hacía en las afueras del pueblo? Lo último que sabía era que, luego de nuestra conversación, se había ido desde Port Angels a su casa, pero el lugar del accidente no era parte de aquel recorrido.

Apoyé la cabeza en mis temblorosas manos y traté de respirar profundo, pero como todo lo demás no sentía el aire ingresar a mis pulmones, aunque sabía que lo hacía. ¿Cuánto tiempo llevábamos sin saber nada? ¿Por qué demonios se demoraban tanto? Quise levantarme y pasearme por el pasillo para intentar calmarme pero temí que las rodillas me flaquearan y terminase desparramada en el suelo. Me conformé con alcanzar una revista y retorcerla de modo compulsivo.

Por favor... por favor... por favor... Poco a poco el pánico se iba apoderando de mi cuerpo y mientras más tiempo pasara sin saber nada de él, era menos capaz de controlarlo.

Algunos minutos después las puertas se abrieron y una enfermera acompañada de un doctor salieron hacia el pasillo. Tanto Rosalie como yo nos levantamos como si tuviésemos resortes en los pies. El hombre recorrió la sala de espera con mirada seria.

-¿La familia de Trevor Hall?- preguntó.

Solté el aire y lo miré con mala cara. Mientras volvía a mi asiento una mujer de edad media tomada de la mano de un pequeño se acercaron al doctor, ambos con los ojos abiertos de miedo. Él los apartó un poco y les habló en voz baja. La mujer se llevó una mano a la boca y sujetó al niño contra su cuerpo. Luego, mientras el médico todavía hablaba, cerró los ojos y comenzó a encorvarse debido a los sollozos, que fueron aumentando de volumen llamando la atención del resto de la sala de espera.

Jesús...

Incapaz de observar la escena me levanté y caminé hasta un pasillo cercano que estaba vacío. El mareo seguía en aumento y tuve que detenerme y aferrarme a la pared. Estaba fría y apoyé la mejilla para que las náuseas desaparecieran, todavía viendo la imagen de la mujer llorando y sujetando a lo que parecía su hijo. Habían recibido malas noticias y yo no era capaz de enfrentarme a lo mismo.

Por favor... por favor que Jazz este bien...

Di media vuelta y pegué la espalda a la pared. Sentí que los ojos me picaban por las lágrimas que me negaba a derramar. Jasper no necesitaba una amiga llorona en la sala de espera, tenía que mantenerme serena hasta que nos informaran como estaba. No sacaba nada con dejarme llevar por el miedo y el pesimismo.

Me dejé caer lentamente hasta dar con mi trasero en el piso. Lo helado del suelo y la pared ayudaron a aliviar mi estómago revuelto. Doblé las rodillas y las abracé, apoyando la barbilla en una de ellas.

La situación era tan extraña, hace algunas horas ambos habíamos estado en Port Angels como si nada, totalmente ignorantes del desastre que se venía encima. Hasta hace poco el mayor de mis problemas consistía en decirle a mi mejor amigo que yo no lo veía de otra manera. Hasta hace poco estaba pensando en no asistir a clases para evitar aquella conversación. Ahora eso parecía un poco ridículo... no, no un poco, completamente ridículo. Jazz estaba en alguna camilla herido e inconsciente, lo que hacía que todo lo demás perdiese importancia.

Escuché unos tacones acercarse y supe que Rosalie venía a mi encuentro. Sus zapatos color morado oscuro se detuvieron frente a mi y levanté la mirada.

-¿Se sabe algo?

Sacudió la cabeza.

-Nada todavía... ¿estás bien?- preguntó. Seguía muy pálida y los ojos azules se veían enormes en su rostro.

-Sólo la sala...- sacudí la cabeza al recordar a la mujer con su hijo- me sentí un poco ahogada.

Asintió apenas y se sentó a mi lado estremeciéndose ligeramente por el frío. Ninguna de las dos había traído chaqueta, probablemente porque era lo último en nuestros pensamientos al dejar nuestras casas.

-Mis tíos llamaron, llegarán en algunas horas. Sonaban algo histéricos, no me extrañaría que Caroline llegara algo sedada.

-A mí tampoco- la madre de Jazz era algo dramática y vivía tomando pastillas para todo. Giré la cabeza y la observé morder de nuevo su desgastada uña- ¿estás bien?

Negó con la cabeza.

-No le puede pasar nada, mi primo es... fuerte.- dijo con la mirada fija en la pared del frente.- Quizás sólo lo estén vendando un poco.

Rogué por que sus palabras fueran ciertas.

-¿Bella?

Ambas miramos hacia la voz a la entrada del pasillo. Carlisle caminaba hacia nosotras con el rostro tranquilo, como siempre. Mi corazón se aceleró al verlo y las palmas de mis manos comenzaron a sudar. Nos levantamos en menos de un segundo.

-¿Carlisle? ¿Tú atiendes a Jasper?- pregunté, mi voz salió sin volumen.

El llegó hasta nosotras. Tenía la mirada desapasionada que los doctores ocupan al tratar con los familiares de los pacientes, aunque lo noté cansado y... triste. El pulso se me aceleró aún más.

-Sí, yo lo recibí. ¿Sus padres todavía no llegan?- preguntó con calma.

Rosalie sacudió la cabeza con los ojos abiertos de miedo.

-No, pero ya están viajando. Soy su prima, Rosalie.- le ofreció una mano que Carlisle estrechó amablemente- ¿Jasper estará bien?- a pesar de su expresión el tono de Rose era firme.

Carlisle nos miró a ambas antes de responder, probablemente comprobando nuestro estado antes de comunicarnos las noticias.

-Como ya saben , chocó muy fuerte. Llevaba el cinturón puesto por lo que no sufrió heridas importantes en el cuerpo y sus órganos están funcionando y en buen estado. Sólo tiene algunas contusiones leves por la presión de la correa del cinturón.

-Entonces... ¿estará bien, verdad?- quiso saber Rose como si quisiera obligarlo a decir aquellas palabras y cerré mis manos en apretados puños. Por su tono, Carlisle sólo estaba suavizándonos la noticia.

-Él... lamentablemente sufrió un golpe en el cráneo. El impacto fue fuerte y aunque su cuerpo se desplazó sin peligro, su cabeza colisionó con el parabrisas del auto, causando un traumatismo encéfalo craneano, un TEC abierto- explicó- Es una lesión grave.

Al escuchar la última palabra mi cuerpo se quedó frío, totalmente frío. Mi corazón omitió algunos latidos.

-¿Carlisle, qué significa...?

El puso una mano sobre mi hombro, que apenas sentí.

-Tranquila, Bella. Si bien es un golpe severo todavía estamos analizando la situación. Producto del traumatismo, Jasper sufrió compromiso de conciencia y una hemorragia intracraneana. Pudimos detener la hemorragia.

¿Qué?

-¿Está diciendo que la cabeza de mi primo se... se abrió?- preguntó Rose a mi lado adquiriendo un tono verdoso en la cara.

-Ya sé que es difícil de entender, pero fue mejor que así fuera. Así su cerebro alivió la presión y nos permitió detener la hemorragia de forma casi inmediata. Ahora tiene once puntos a un lado de la cabeza.

-¿Y la pérdida de conciencia?-pregunté- ¿Todavía no despierta?

Carlisle tomó aire.

-Todavía no despierta- confirmó.

-¿Y eso significa...?

Le dio un apretón a mi hombro.

-Estamos evaluándolo. Es muy pronto para decir algo, pero las personas con lesiones similares a las de Jasper suelen permanecer inconscientes por algunas horas. Sólo salí a informarles que está fuera de riesgo inmediato ya que la hemorragia fue controlada.

Sus palabras, destinadas a calmarnos, no lo lograron. No a mí por lo menos.

-¿Riesgo inmediato?- repitió Rosalie exteriorizando mi preocupación- ¿O sea que después...?

Carlisle sacudió la cabeza con suavidad.

-Hay que considerar que fue un fuerte golpe y cuando él recupere la consciencia podemos analizar si habrán o no consecuencias, pero como dije es muy pronto para decir algo.

-¿Consecuencias?- pregunté yo esta vez.

Carlisle volvió a negar con la cabeza.

-No deben preocuparse- aconsejó amablemente.- Todo a su tiempo.

Asentí mordiéndome el labio, intentando ignorar el hecho de que seguíamos en la incertidumbre y que lo único que podíamos hacer era seguir esperando. De todos modos agradecí que, por el momento, estuviese fuera de peligro.

-¿Dónde está? ¿Podemos verlo?

-Acaba de salir de pabellón y ahora va a la Unidad de Cuidados Intensivos. Ahí estará en constante observación. Tercer piso- informó, pero levantó las manos cuando ambas hicimos ademán de movernos- No obstante, no pueden verlo. No todavía.

Me llevé una mano a la frente decepcionada con la noticia, sabía que, médicamente no ayudaría en nada que yo me parase a su lado mientras él yacía inconsciente, pero para mi sanidad mental necesitaba verlo.

Carlisle se despidió y ambas le agradecimos por la información.

-Voy a llamar a mis tíos- dijo Rose de modo algo automático cuando Carlisle se marchó.- Ve al tercer piso, no te quedes aquí- agregó.

Asentí y ella se alejó por el pasillo sacando su móvil del bolso. Me pasé las manos por el rostro esperando que el alivio que sentía se llevara el miedo, pero no era suficiente. Las noticias de Carlisle sólo habían aflojado un poco el nudo en el estómago, pero no eran ni de cerca lo bastante buenas para que pudiese relajarme. Había que esperar... mierda, estaba comenzando a odiar esa palabra.

Subí dos pisos por la escalera, lentamente, como si fuera alguna especie de anciana. De pronto me sentía terriblemente cansada, como si alguien me hubiese absorbido la energía y me dejase sólo la necesaria para moverme. Nunca antes me había sentido así.

Llegué al área de Cuidados Intensivos, que se encontraba en el ala izquierda del tercer piso. La sala de espera allí estaba notablemente mas vacía, sólo habían un par de personas, una de las cuales se estaba quedando dormida sentada en una de las incómodas sillas.

Me acerqué a la entrada de la Unidad y leí las letras grabadas en la puerta de vidrio:

...

Acceso Restringido

Los pacientes registrados aquí son aquellos que tienen alguna condición grave de salud que pone en riesgo la vida y que por tal requieren de una monitorización constante de sus signos vitales y otros parámetros. Por lo tanto, el acceso sólo será permitido en compañía de un profesional de la salud, cuando no se amenace la salud del paciente.

...

¡Vaya mensaje de esperanza!

Aunque supuse que aquel letrero tenía éxito para disuadir a los visitantes a colarse dentro. Nadie entraría si está consciente de que está arriesgando la salud del ser querido. Me pregunté cuantas veces había sido visto ese mensaje por las personas que permanecían en esta habitación, sin nada mejor que hacer que leer y releer esas palabras recordándoles que la vida de un familiar o amigo pendían de un hilo.

Una enfermera que estaba al otro lado me vio con ojos sospechosos, como si yo quisiera traspasar las puertas. Algún otro día sólo le hubiese alzado una ceja y mirado desafiante pero hoy sólo dejé de observarla y di media vuelta. Hice mi mejor esfuerzo por respirar por la boca y no sentir el aroma típico de los hospitales, esa mezcla de desinfectante y anestesia que a mi tripas no les agradaba en absoluto.

Me senté otra vez, lo mas alejada de las dos personas que dormitaban allí, mirando mis manos fijamente. No me había dado cuenta de que todavía temblaban y de una manera bastante visible. Necesitaba ocupar mi mente en algo de modo que me llevé la mano al bolsillo y saqué un par de boletas olvidadas de allí. Cuando era pequeña y tenía pesadillas, solía pasar algunas horas en vela y era demasiado orgullosa para ir al dormitorio de mis padres por culpa de monstruos y sombras que sabía que eran producto de mi imaginación, de modo que cuando no podía dormir, dibujaba o jugaba con el papel.

Mantén ocupadas las manos y despeja la mente. Era una artimaña que un Edward de ocho años me había enseñado. Sólo a él le había confiado mis terrores nocturnos.

Si bien ahora mis preocupaciones eran completamente reales, el truco igual podía ayudarme a no perder la cabeza. Comencé a doblar el papel para formar un pequeño avión pero mis malditas manos oscilaban tan notablemente, que no podía hacer los dobleces de manera correcta. Solté el aire bruscamente, algo enojada con mi incapacidad y tiré lejos el papel antes de comenzar con otro.

Media hora después, estaba en mi cuarto intento tratando de armar una flor, cuando el asiento del lado fue ocupado y unas manos de largos dedos tomaron las mías suavemente y me ayudaron a doblar el papel. Levanté la vista y vi que Edward le daba forma a la pequeña flor y la dejaba en mis manos. Mi boca se abrió.

-Hey- saludó.

Me costó todo un minuto poder hablarle.

-¿Qué... qué haces aquí?

-Carlisle me llamó- respondió sin despegar la vista de mis ojos. Su mirada expresaba preocupación. Entrelazó mis dedos con los suyos y les dio un suave apretón.- ¿Cómo está Jasper?

Era la primera vez que lo llamaba por su nombre. Pestañeé y tragué saliva sacudiéndome la sorpresa de encima. Él estaba aquí... conmigo. Inhalé aire y le repetí en pocas palabras lo mismo que Carlisle nos había explicado.

-... así que en realidad no sabemos nada todavía- concluí.

Asintió y lo miré con atención. No quería admitirlo, pero estaba agradablemente sorprendida al verlo sentado a mi lado, sorprendida y aliviada al no sentirme sola. Edward se inclinó y pasó una mano por mis hombros atrayéndome hacia su cuerpo, respiré su esencia natural como si fuera un calmante y él me besó ligeramente en los labios, cerré los ojos disfrutando del contacto. El gesto estaba lleno de ternura y... repentinamente se me vinieron a mente las palabras de Jasper.

"...Quiero que consideres esto... quiero que me consideres a mí. Ya sabes que nunca te haría daño..."

La culpabilidad me invadió. Jasper estaba tendido en una cama en estado grave y yo aquí acurrucándome con Edward. No estaba haciendo nada malo pero eso no me servía como argumento para sentirme mejor.

Me separé, pero él no me dejó alejarme más de unos centímetros. Si le extrañó mi súbito alejamiento, no dijo nada.

-¿Y como estás tú?- preguntó en un susurro.

-Yo... bien- respondí aclarándome la garganta.

Alzó una ceja sin creerme y solté un suspiro.

-De verdad, sólo estoy preocupada. Me gustaría saber que va a pasar con él...

-Va a estar bien, Bells.

Me mordí el labio para evitar que temblara.

-Eso espero, si le pasa algo... si él...- de un momento a otro parecía que la presa se iba a romper y luché por mantener las lágrimas a raya.

-Shh... no pienses así- dijo y me abrazó con más fuerza. Esta vez dejé que mi cuerpo se acoplara al suyo por mas tiempo- Estoy aquí.

Pasó una mano por mi cabello y luego depositó sus labios en la parte superior de mi frente.

-¿Necesitas algo?- preguntó contra mi piel y negué silenciosamente- Te ves pálida. Quizás unas galletas o una taza de café.

-No, gracias- mi estómago no conservaría ningún tipo de alimento ni por cinco segundos. El tomó mi rostro entre sus manos y me miró seriamente con sus ojos verdes.

-Bella, no ayudarás a nadie si te desmayas por ahí.

-Estoy bien- repetí.

Por el rabillo del ojo vi que una gran silueta se acercaba a nosotros. Giré el rostro y reconocí a Emmett a unos pasos de distancia, viéndose incómodo.

-Hola, Bella- alzó una mano.

-Hola- respondí vagamente. ¿Qué hacía aquí?

Edward leyó la pregunta en mi ojos porque explicó.

-Estábamos de camino a la casa de Alice cuando Carlisle llamó- se volvió a su amigo-¿Hablaste con ella?

Emmett asintió.

-Estaba algo más tranquila hasta que le dije lo del accidente.

-¿Tranquila?- inquirí- ¿Por qué? ¿Qué sucedió?

Edward suspiró y frunció el ceño.

-Nos llamó llorando... no sé porque, no nos explicó, así que íbamos a averiguar que le pasaba cuando mi padre me avisó del accidente.

-¿Llorando?-repetí.

Ambos asintieron y una idea surgió en mi mente.

-Espera... Alice vive a las afueras del pueblo ¿verdad? ¿Hacia el oeste?

Edward me observó confuso.

-Sí... ¿por qué?

Masajeé mi sien con los dedos ordenando mis pensamientos, hasta razonar me costaba.

-Porque Jazz chocó cerca de su casa, creo. Quizás estaba con ella, no lo sé, pero el accidente ocurrió en ese sector y me estaba preguntando porque estaría allí.

El nudo en mi estómago se atenazó al imaginar porque mi amigo habría ido a ver a Alice, lo único que se me ocurría es que Jazz hubiese ido para expresarle lo mismo que me había comunicado en la tarde. Eso explicaría las lágrimas de Alice. ¡Mierda! Me sentí aún peor.

-¿Y ella viene hacia aquí?- pregunté esperando que mis suposiciones fueran erradas.

-Sí, debe estar por llegar.- respondió Emmett en el momento en que escuchaba los tacones de Rosalie y ésta aparecía por una esquina. Observó alrededor y se paró en seco al ver las visitas.

Emmet dio media vuelta, de modo que no pude ver su expresión. Se quedo algunos segundos quieto con las manos en los bolsillos mientras Rosalie lo observaba con una expresión extraña en el rostro. Acto seguido el chico dio dos zancadas y la envolvió en un fuerte abrazo.

La rubia no podía estar más sorprendida. Se quedó paralizada por unos momentos con los ojos muy abiertos y algo desenfocados entre los brazos de Emmett. Luego pestañeó y pareció reponerse del asombro, se desenredó del abrazo y entornó la mirada.

-¿Qué haces? ¿Y por qué diablos estás aquí?- demandó fríamente.

-Yo... pensé que podías necesitar compañía- respondió.

Ella se llevó las manos a la cintura y lo miró con acritud.

-Pues te equivocaste, no necesito nada- declaró y se volvió hacia mi- ¿Tú los llamaste?

Negué con la cabeza.

-Rose...- dijo el chico.

-Rosalie para ti... voy por algo de café- dijo antes de marchar hacia la salida. Emmett fue tras sus pasos pero ella exclamó- No me sigas.

Emmett no lo hizo y se quedó en el umbral con los hombros hundidos. La observé irse entendiendo exactamente lo que le pasaba. Rosalie estaba aterrada y debido a a su forma de ser, no le hacía ninguna gracia que los demás vieran a través de ella.

Suspiré pensando en ir a buscarla o darle su espacio, y me incliné por la segunda opción. Rose necesitaba unos minutos sola. Un momento después de que la rubia se hubiese marchado, Alice se asomó por la entrada. Tenía los ojos y la nariz irritados, las mejillas con manchas rojas, el pelo por los aires y una expresión de absoluto desconsuelo.

-¿Estás bien, pequeña?- preguntó Emmett acercándose y abrazándola del mismo modo que lo había hecho con Rosalie.

Ella sollozó unos segundos antes de hablar.

-¿Cómo está?- quiso saber ignorando la pregunta de Emmet.

-Sufrió una herida en la cabeza y por ahora está fuera de peligro- explicó Edward- Hay que esperar hasta que despierte... ¿qué ocurrió, Alice? ¿Por qué nos llamaste llorando?

Ella enfocó su mirada en mi por unos momentos y pareció que se ahogaba de tristeza.

-¿Alice?- la llamé.

Negó con la cabeza y apoyó la cabeza otra vez en el cuerpo de su amigo. Estaba apunto de insistir cuando las puertas de la Unidad de Cuidados Intensivos se abrieron y Carlisle salió con gesto serio. Me levanté de un salto, tan bruscamente que me tambaleé un poco. Edward hizo además de agarrarme el brazo pero yo ya estaba caminando al encuentro de Carlisle.

-¿Cómo está?- pregunté otra vez con mi corazón acelerándose vertiginosamente.

Escuché los pasos de los demás acercándose a nosotros. Las manos de Edward se posaron sobre mis hombros de modo reconfortante. El doctor le dirigió una leve mirada a su hijo antes de dirigirse a mí.

-¿Sus padres todavía no llegan?- preguntó él a su vez.

-No- respondí con rapidez- ¿Carlisle? ¿Cómo está Jazz? ¿Ya despertó?

Rosalie se unió al grupo llevando un café en envase desechable en la mano. Carlisle suspiró.

-Es un poco más complicado que eso. El joven Withlock está en un estado de coma leve...

-¿Coma?- interrumpí y comencé a temblar.

-Coma leve- repitió con amabilidad- Es la forma del cerebro de protegerse. No sabemos el daño neurológico que puede haber sufrido producto del golpe y lamentablemente no lo sabremos hasta que despierte y podamos evaluar sus funciones cognitivas. Podemos examinarle con un scanner, pero sabremos más cuando recupere la conciencia.

Rose se alejó un paso y apoyó la espalda en la pared con la cara absolutamente crispada. Yo estaba asumiendo toda aquella información, apenas atreviéndome a creerle.

-¿Y... cuando despertará?- cuestioné.

Los ojos de Carlisle se entristecieron.

-No podemos saberlo.

-¿No hay manera de...?

-Eso dependerá de él. Bella, quiero que entiendas que tu amigo sólo está en coma leve, las personas en este estado suelen despertar, depende mucho de la sanación interna del cuerpo. No está en coma permanente.

Asentí aferrándome a las palabras y me abracé a mi misma con fuerza, haciendo menos evidentes los temblores. Edward se acercó más, de modo que mi espalda quedó apoyada en su pecho. Escuché un pequeño sollozo que supuse, era de Alice.

-Y cuando despierte, ¿qué pasara?- preguntó Rose.

-Haremos las pruebas correspondientes.

Sacudí la cabeza, no quería que hablara como doctor.

-Carlisle... por favor. ¿Qué puede pasar cuando despierte?

Él frunció los labios.

-Si hay daño neurológico, que es algo que ignoramos, puede tener problemas motores, de memoria... bueno, las consecuencias pueden ser muchas. El cerebro controla todo, Bella. Y dependiendo el lugar del golpe y de que tan serio es su traumatismo, son los problemas que podría enfrentar en un futuro. Pero es algo que no sabemos. Podría despertar sólo con un dolor de cabeza, no te angusties hasta que sepamos mejor.

Asentí comenzando a ver a Carlisle como del fondo de un pozo. Mi vista se oscureció y temí desmayarme. Nunca me había pasado y tomé aire profundamente para aclarar mi ojos. El agarre de Edward se intensificó y su padre me miró con ojos preocupados.

-Quizás deberías ir a casa y dormir, Bella. No podrán ver a Jasper por algunas horas.

Sacudí la cabeza. Ni irme ni dormir estaban dentro de mis posibilidades.

-¿Él está... bien? ¿Está...- mi barbilla tembló- ¿Sabes si siente dolor o...?- era algo que me había estado atormentando de modo que se le pregunté.

El me dirigió una sonrisa amena.

-No, los pacientes en coma leve están como durmiendo. Aunque le dimos algunos calmantes para mantener la presión estable.

Asentí.

-¿Hay alguien más a quien debamos avisar?

-No- susurré tragando saliva.

Asintió y otra vez le dirigió una mirada a Edward.

-Debo ir a ver como sigue, cualquier cosa les avisaré. Quédate tranquila, Bella. Estamos haciendo todo lo que podemos.

-Lo sé, gracias- dije pensando que quedarme tranquila era algo imposible de hacer. Carlisle se despidió intentando infundirnos un poco de ánimo.

Me quedé viendo como se alejaba con la sensación de que mi vista se oscurecía otra vez.

Coma. Aquella palabra era tan lejana para mí, tan absolutamente apartada de mi vida. Y resultaba que ahora Jazz estaba en coma. Me estremecí y cerré los ojos temiendo volverme loca. Edward, todavía con las manos en mis hombros me dio vuelta suavemente, pero yo no quería consuelo de modo que me alejé mirando la pared y mordiéndome el labio. Estaba perdiendo contacto con la realidad, necesitaba ver a mi amigo.

Como en sueños escuché a Alice llorar y murmurar.

-Lo si-e-ento.

-¿Qué dices?- le preguntó Emmett.

-Es mi culpa- sollozó- todo... Jasper... todo esto es mi culpa.

Haciendo un esfuerzo la enfoqué y le presté mayor atención.

-Fue un accidente, Alice- dijo Edward con voz suave.

Ella se llevó las manos a los ojos por unos instantes mientras las lágrimas bajaban libres por sus mejillas.

-No, yo...

Emmett le pasó un brazo por sus pequeños hombros.

-Cálmate, Al. Es el miedo que te tiene así.

Ella negó con la cabeza intentando secar el caudal que tenía en el rostro. Se veía aterrorizada.

-No lo entienden, él... es mi culpa. Estaba conmigo y...

Fruncí el ceño al recordar mis sospechas anteriores.

-¿Jazz fue a tu casa, verdad?- le pregunté.

Alice asintió.

-El fue a decirme...- se estremeció- y bueno yo, perdí un poco la cabeza... se marchó- comenzó a quebrarse otra vez- se fue molesto...

-¿Se fue molesto?- repitió Rose.

-Yo no-o quise...- lloró Alice y me acerqué un paso.

-¿Por qué se marchó?

-Es-staba eno-ojado- explicó entre hipidos de pánico y respiró hondo varias veces para poder calmarse- Yo... él vino y me explicó todo- me vio directo a los ojos dándome a entender lo que yo ya había supuesto.

-¿Qué?- inquirió un confuso Edward a mi lado- ¿Qué fue lo que te explicó?

-Jasper dijo que lo sentía... que no había sido su intención herirme o... o hacerme creer que nosotros podíamos, dijo que quería estar contigo, que ustedes... ustedes lo habían hablado esta tarde.

Alice se tapó la cara otra vez con las manos y todas las miradas se concentraron en mi rostro. Las ignoré.

-Pero ¿por qué se molestó?

La pelinegra lloró con mas fuerza y destapó su rostro.

-Yo... me enojé, me enojé mucho y comencé a gritarle... ¡Dios, ni siquiera recuerdo todo lo que le dije!

El aspecto de Alice daba lástima pero yo comencé a enojarme.

-¿Qué le dijiste?- pregunté lentamente. Tendría que haber sido algo horrible para que Jazz condujese como alma que lleva el diablo por Forks. Alice, presintiendo como yo me sentía me miró con el miedo resplandeciendo en sus ojos.

-Me dijo... me dijo que te quería y yo... le dije que no, que tú no lo elegirías por sobre Edward- se llevó las manos a la boca como si hubiese dicho una blasfemia, sus siguientes palabras salieron amortiguadas contra las palmas de sus manos- Le dije que era un estúpido, que tú nunca le dirías que sí teniendo a...- miró a su amigo dejando clara la frase.

Apreté la mandíbula sin dejar de mirarla, la rabia burbujeando en mi interior. Me encolericé completamente al imaginarla a ella gritándole todas esa barbaridades. No tenía idea el daño que le había hecho y el sólo pensar en ella hiriendo a mi amigo con sus palabras, me daban ganas de golpearla hasta voltearle la cabeza.

-Lo siento... no quería, él sólo se quedó en silencio y luego se fue... lo siento tanto, me sentí tan mal y le grité...

-¿Cómo te atreviste?- murmuré aún con los dientes firmemente apretados. Ella se alejó un paso.

-No quise...

-¡Claro que quisiste!- la interrumpí ya al borde del colapso- ¿Cómo demonios se te ocurrió hacerle eso?- me acerqué hacia ella y el resto se puso en movimiento en un segundo. Emmett la apartó con su gran brazo y Edward me tomó a mi con el fin de calmarme. Rosalie no movió ni un pelo, miraba a Alice con expresión asesina.

-Bella- llamó Edward pero lo ignoré e intenté liberarme.

-¡No tenías ningún derecho a decirle esas cosas!- exclamé.

Las lágrimas de Alice seguían corriendo por su cara.

-Lo sie-ento- sollozó- Mi intención nunca fue...

-¡Vete de aquí!- apunté a la salida de la sala de espera.

Abrió los ojos sorprendida.

-Pero...

Negué con la cabeza, reprimiendo el impulso de sacarla con mis propias manos.

-Vete, Alice.

Quería abofetearla, hacerla sentir una milésima parte del terror que yo experimentaba desde la primera llamada de Charlie.

-Bella, tranquilízate- pidió Emmett- Fue un accidente.

-¡¿Accidente?-aullé mirándolo de modo feroz, me pareció que las personas que dormían en aquella sala despertaron bruscamente al escucharme- ¿accidente? ¿Sabías que a Jazz ni siquiera le han sacado una multa? ¿qué nunca en su vida ha chocado? ¡No me digas que esto es un maldito accidente o una casualidad, porque no lo es!- entorné la mirada hacia Alice- ¡No tenías ni un jodido derecho de hablarle así! ¡Ni uno solo! ¿Se te ocurrió pensar lo que le costó decirte esas palabras? ¿Se te paso por tu estúpida cabeza pensar en él? ¡Estaba intentando ser honesto, Alice!

-¡Lo sé!- respondió- lo siento, yo tenía rabia, no imaginé que...

-¡Debiste hacerlo!- traté de zafarme de los brazos de Edward sin éxito.

-Lo siento- repitió todavía llorando.

-Sal de aquí... sal antes de que te saque a patadas.- amenacé y Edward me aferró con fuerza para alejarme.

-Bella, Alice no pudo haberlo previsto, no es justo...

-No me hables de lo que es justo, es Jazz el que se abrió la cabeza y está en un maldito estado de coma- le espeté.

Rosalie se acercó un paso hacia Alice co los brazos cruzados sobre su pecho.

-Creo que será mejor que te vayas- sus ojos azules fríos como el hielo- Bella no te quiere aquí, yo menos y estoy segura de que mi primo tampoco apreciaría tu presencia. Vete.

Sus palabras sonaron como una bofetada en el rostro de Alice.

-Rosalie...

Ella silenció a Emmet con una sola mirada.

-Jasper pasó por un infierno el fin de semana y a la princesa se le ocurre gritarle en la cara justo lo que más le duele, y ella lo sabía. Llámame injusta, absurda, lo que quieras, pero con un demonio que ella no va a estar cerca de mi primo- miró a Alice- Si quieres disculparte cuando despierte, entonces lo harás, pero hasta entonces mantendrás tu jodida cara lejos de este hospital o yo misma ayudaré a Bella a patearte el trasero.

Alice estaba temblando pero hizo un gesto que pareció un asentimiento. Se apartó de Emmett y nos dirigió una ultima mirada de arrepentimiento. No dejé que me conmoviera.

-Lo siento.- expresó antes de marcharse arrastrando los pies y con los hombros temblando.

Ya tenía suficiente.

-Suéltame- demandé a Edward. El dudó, pero luego dejó caer sus manos.

-Bella...- no lo escuché y encaminé mis pasos hacia una salida lateral, por donde se accedía a la escalera de incendios. Salí por la puerta de emergencia y llegué hasta los escalones de metal que se hallaban algo húmedos. Me dejé caer pesadamente en uno de ellos ignorando el frío y saqué la cajetilla de cigarros de mi bolsillo. Era lo único que me había molestado en traer además del celular.

Inhalé el nocivo humo sintiéndome peor a cada segundo que pasaba. Tenía rabia, mucha rabia. Con Alice por actuar de una manera tan estúpida y así haber impulsado a Jazz a chocar contra un maldito árbol. Sabía, profundamente que ella jamás le desearía a mi amigo una catástrofe semejante, pero lo había herido y eso era lo que me hacía desear tenerla enfrente para clavarle los ojos con agujas y oírla gritar.

Sí, era exagerado y sádico pensar así, pero yo sabía lo que era para Jasper sentirse dejado de lado, o puesto en segundo lugar. Sus padres, la única compañía que había tenido además de mí, acostumbraban a pasarlo por alto, a elegir su estilo de vida esnob y frívolo antes que a su propio hijo. Y que Alice le gritara en su cara que yo podía llegar a hacer lo mismo, era lo que me quemaba por dentro.

Esa era la razón principal de mi desazón luego de hablar con mi amigo hace algunas horas. El hecho de que yo sabía cuanto le dolería no ser escogido. Al margen de que estuviese o no enamorado, y yo sospechaba que no lo estaba, sabía que le haría daño al decirle que, lo que en verdad quería, era estar con Edward. Nada más y nada menos.

Y eso, al mismo tiempo, me generaba rabia contra mí misma. ¿Qué estaba mal en mí que me inclinaba por un conocido mujeriego que antes ya había demostrado que no era de fiar? ¿Por qué no podía simplemente voltear la cara y darle la bienvenida a una relación con Jazz, que tal como me había dicho, jamás me haría daño? ¿Por qué simplemente no podía escoger la mejor opción, la que tenía mas sentido, la más lógica?

Suspiré cansada y finalmente las lágrimas emergieron de mis ojos antes de poder controlarlas. No importaba la respuesta a estas preguntas, porque yo ya sabía, desde el segundo en que había pisado mi habitación y no haber visto a Edward, lo que iba a hacer. Comunicarle a mi mejor amigo que éramos eso, amigos.

Y si las cosas ya no estaban lo suficientemente jodidas, ahora Jazz estaba en coma leve o lo que fuera. Hace algunas horas estaba buscando una excusa para poder posponer aquella horrible conversación. Ahora daría mi brazo derecho por que Jasper despertara sin ninguna secuela. Necesitaba verlo, verlo bien, recuperado y siendo el mismo. Necesitaba a mi amigo ahora, sano y salvo a mi lado.

Me restregué los ojos pero mi pena siguió encontrando el camino y al final dejé fluir un llanto silencioso. No acostumbraba a llorar y me sentía incluso un poco incómoda al hacerlo, pero no quería aguantar más. Apoyé la cabeza contra la barandilla de metal y encendí otro cigarrillo. El cansancio me tentaba a echarme en cualquier lugar y dormir para evadirme un rato, pero necesitaba mantenerme despierta.

Escuché pasos detrás y me volví lo justo para ver a Edward acercarse. En vez de ubicarse a mi lado, se sentó en el escalón superior y pasó las piernas por ambos lados de mi cuerpo, luego enroscó sus brazos en mi cintura y me atrajo hacía si hasta que quedé pegada a su pecho. Pasó sus manos por mis brazos desnudos calentando mi piel por medio de la fricción y otra vez me envolvió en sus brazos. No dijo ni una palabra y yo tampoco lo hice. Sentía su respiración a un lado de mi cabeza, su corazón martilleaba contra uno de mis omóplatos, casi al mismo ritmo que el mío.

De forma lenta y mesurada acarició mi cabello, mis hombros y mis brazos en un intento de relajarme, supuse. Llegó hasta mi rostro y con delicadeza, enjuagó las lágrimas que todavía no terminaban de aparecer. Sentí sus labios contra mi coronilla y mi sien repetidas veces y poco a poco su magia comenzó a hacer efecto. Cerré los ojos y dejé que me calmara con su cuerpo, me apoyé en él respirando hondamente, en algún momento me acunó en su regazo y murmuró unas palabras, pero ya estaba quedándome dormida para notar nada más.

Desperté minutos u horas después, no lo sabía. El aroma de Edward seguía en el aire pero ya no me hallaba en la escalera de incendios. Observé a mi alrededor, estaba en una camilla blanca, tapada con una chaqueta y una débil luz iluminando a una figura que se inclinaba sobre mí y me sacudía el hombro con suavidad.

-¿Bella?- llamó Edward.

Me aclaré la garganta.

-¿Dónde estamos?- pregunté de forma patosa.-¿Qué hora es?

-Te traje a una de las habitaciones desocupadas o ibas a morir congelada- dijo con suavidad poniendo la palma de su mano en mi mejilla- Son un poco más de las siete.

-¿De la mañana?- me incorporé de forma rápida y sufrí un pequeño mareo- ¿Cómo está Jazz? ¿Se sabe algo?

-Carlisle vino hace unos minutos. No hay nada nuevo, Jasper todavía no despierta pero sus padres ya llegaron.

Mi corazón descendió hasta mis pies al saber que la noche no había traído ni un cambio. Me pasé una mano por los ojos y contuve un bostezo.

-¿Y ya lo vieron? ¿Puedo entrar?

-No, no han dejado entrar a nadie.- mi corazón se hundió un poco más. Asentí lentamente.

-¿Tú... te quedaste aquí?- pregunté ya sabiendo la respuesta. Edward me besó en la frente y mi estómago se retorció al reconocer ese gesto como propio de Jasper.

-Sí- respondió conciso- Pensé que sería bueno despertarte, para que puedas ir a tu casa y alistarte para el instituto.

Lo miré con asombro.

-No pienso ir.

Ladeó la cabeza.

-Bella, necesitas ir.

-No, lo que necesito es quedarme junto a Jazz.

Él soltó un suspiro.

-No te hará nada bien quedarte aquí y regodearte en la incertidumbre- abrí la boca pero el puso su dedo índice en mis labios- Escucha, no podrán ver a Jasper por varias horas, según mi padre. Están haciéndole algunas pruebas y eso lleva tiempo. Tú mientras tanto, necesitas desconectarte un rato de este hospital. Carlisle llamará si algo sucede durante el día y si es necesario regresar aquí yo mismo inventaré una excusa para traerte ¿de acuerdo? Pero no te dejaré aquí para que te deprimas.

Separó su dedo de mi boca y lo observé considerando sus palabras. A pesar de todo, tenía razón y le dirigí un amago de sonrisa.

-De acuerdo, tú ganas... gracias.

Me devolvió la sonrisa.

-De nada, vamos- tomó mi mano para emprender la salida.

Fuera, fui a saludar a los padres de mi amigo. Caroline, tal como había supuesto Rose, estaba sentada con la mirada desenfocada producto de los calmantes que se habría tomado. Su esposo estaba rígido y serio a su lado, como deseando estar en cualquier otro lugar. El me dirigió un saludo amable y frío al mismo tiempo y Caroline apenas pareció notar mi presencia. Rosalie no se veía por ningún lugar.

Luego de recordarle a Carlisle el número de mi móvil, Edward me llevó a casa, pues yo todavía no tenía mi trasto de vuelta y esperó afuera a que yo me diera una ducha rápida y me cambiara de ropa. En clases, luché por poner atención y distraer mi mente, pero a cada segundo revisaba el teléfono en busca de una llamada perdida o un mensaje. Apenas presté atención a las miradas que atraía en los salones y el los pasillos. De seguro ya la mayoría sabía sobre el accidente y querían que yo les contase todo de primera mano. Angela se acercó y después de informarle el estado de mi amigo, me acompañó todo lo que pudo. Seguro temía que yo me desvaneciese de pena por ahí. No vi ni a Alice ni a Rosalie.

Caminé por el lugar toda la mañana sintiéndome triste y sola, a pesar de la constante presencia de Angela y las veces que me topé con Edward.

Antes del almuerzo me tocaba deporte y con muy poco ánimo de separarme de mi celular me cambié de ropa y caminé hacia el gimnasio. A un lado las porristas ensayaban sus estúpidos movimientos, pues este viernes habría partido. Edward, que pertenecía al equipo de básquetball, lo había mencionado una de las veces que pasó la noche en mi habitación.

Jessica se acercó en un momento determinado para averiguar sobre Jasper, y le dirigí tal mirada de basilisco que salió huyendo a refugiarse entre sus amigas de faldas cortas y gritos carentes de imaginación. Si la muy idiota quería saber algo, no se enteraría por mí.

El deporte que practicábamos era volleyball y al no tener a Jazz conmigo, Mike se ofreció caballerosamente a defenderme de la pelota y de mi torpeza natural. Antes de comenzar preguntó por mi amigo y dijo que podía contar con su ayuda en lo que sea que yo pudiese necesitar. Su ofrecimiento era sincero y amable, pero apenas pude dirigirle una sonrisa.

Mientras jugábamos noté un aire especial de maldad rodeando a las porristas, que me señalaban y se reían. Cuando la pelota estuvo a punto de noquearme escuché sus burlonas risitas agudas y Tanya, que estaba más cerca comentó:

-¿Acaso Swan no se ve miserable ahora que está sola?- algunas carcajadas la corearon y apreté la mandíbula para evitar ir a golpearla.- Quiero decir, su amigo está en el hospital y era el único que la soportaba.

Mike también escuchó y les dirigió una mirada torva.

-No hagas caso- dijo en voz baja.

Asentí de modo rígido.

-Dicen que el pobre está inconsciente en una camilla, probablemente no quiere despertar para no tener que ver su fea cara otra vez.

Respiré hondo mientras sus amigas hacían comentarios similares entre porra y porra. Cuenta hasta diez, Bella. Cuando la pelota vino a mí, la golpeé con especial rabia.

-Quizás incluso ella tuvo la culpa, creyéndose la gran cosa por aquí- atacó de nuevo tras unos minutos- Si Whitlock estira la pata, ella se lo tendrá bien merecido.

Me paralicé y mi mirada se nubló al tiempo que la sangre se concentraba rápidamente en mi rostro... la zorra había ido demasiado lejos. Me volví justo para ver como comenzaban a ensayar sus gritos otra vez. Mike lo captó e intentó disuadirme con la mirada pero era demasiado tarde.

Me lancé sobre Tanya y ella se tambaleó en un revuelo de pelo rojizo y uniforme de porrista mientras todo el mundo miraba. No estaba para aguantar ni uno más de sus comentarios.

Aterrizó sobre su estómago y soltó un alarido de gata herida. La miré con toda la rabia que llevaba acumulando.

-Anima eso, perra- espeté.

-¡Loca!- maulló.

Me acerqué de modo amenazante.

-Vuelve a hablar de Jasper y seras tú la que termine inconsciente en el hospital. ¿O quizás quieres que le cuente a todo el mundo de tu pequeño llanto histérico en la fiesta de mi casa?

El silencio nos rodeó cuando todos agudizaron el oído al escuchar mis palabras. Los ojos de Tanya revolotearon por las caras de los estudiantes que escuchaban.

-No sé de que hablas.

-"Oh, ¿por qué no me quiere?"- dramaticé con voz aguda-"¿Por qué está tirándose a otra mientras yo estoy llorando por él en el patio?"-ahora las risas me corearon a mi- ¿Debo decir por quién te arrastrabas por el suelo como la víbora que eres, Tany?

-Cállate.- respondió con las mejillas enrojecidas.

-Entonces cuida tu sucia boca, zorra.- espeté y di media vuelta. Me topé con el profesor de gimnasia unos pasos más allá.

-Lo siento profesor, intenté controlarme- expliqué sin sentirlo en absoluto.

El asintió con pesar.

-La oí y por eso te dejaré ir sin castigo, Swan. Pero es la primera y la última vez que atacas a una compañera, aunque ella te haya provocado.

-Gracias, señor- respondí pensando que no era la primera vez y definitivamente no sería la última.

-Ahora será mejor que te vayas, no necesito más confrontaciones- me alejé pero agregó- Y dale mis saludos a Whitlock... cuando se recupere.

Mi garganta se cerró.

-Lo haré.

Volví a los camerinos para cambiarme, pero antes de poder siquiera agarrar mis cosas mi celular comenzó a sonar. Algo desquiciadamente contesté sin mirar la pantalla.

-¿Carlisle?

-No, soy Rose ¿dónde estás?- sonaba muy tensa.

-En el instituto, ¿qué pasa? ¿Está bien Jazz?

-Sí, más o menos.

-¿Mas o menos? Demonios Rosalie, no me asustes.

-Él está bien o igual debería decir. Pero mis tíos quieren trasladarlo.

Mi pulso se disparó.

-¿Trasladarlo? ¿Dónde? ¿A Seattle?

-Más bien algo como Suiza.-ahora escuché la desesperación en su voz, apenas perceptible.

El alma se me cayó a los pies.

-¿Qué? Pero... Carlisle dijo que sólo había que esperar a que despertara, que no dependía de los médicos.

-Si, ya sé... pero no quieren escuchar razones. Se lo quieren llevar hoy mismo, lo más pronto posible.

¡Santa Mierda!

-¿Hoy? Pero...pero ¿perdieron la puta cabeza? Está en la UCI, no pueden moverlo. ¡Demonios, acaba de chocar.!

-Lo sé, lo sé, lo mejor es que vengas... en caso de que quieras despedirte o algo.

-¡Despedirme las pelotas!- le grité antes de colgar. Malditos estúpidos locos padres de Jasper. Tomé mis cosas y salí corriendo de los camerinos. Estuve a punto de atropellar a Edward.

-Hey, quería saber si almorzarías...

-Debes llevarme al hospital- interrumpí y lo tomé del brazo llevándolo a la salida.

-¿Qué?- preguntó comenzando a correr conmigo por los pasillos. Los alumnos se volvían a mirarnos.

-Hospital. Ahora- respondí concentrada en no tropezar.

-¿Qué ocurrió?

-Se lo van a llevar.- salí por la puerta principal y en unos segundos llegamos a su Volvo. Edward desconectó la alarma y puso el motor en marcha en cuanto estuvimos adentro.

-¿Llevar? ¿Quienes?

-Sus jodidos padres.

Abrió la boca y luego la cerró.

-¿Dónde?

-A Europa, no lo sé. Malditos necios.

-¿Cuándo?

Me pasé las manos por el rostro, intentando calmar el miedo.

-Dicen que lo más pronto posible... no pueden hacerlo, no pueden llevárselo.

-Quizás sea lo mejor. Hay hospitales y clínicas mucho mejores en otros lugares.

Lo miré con los ojos entornados.

-Ni siquiera les importa, Edward. Jamás se han preocupado por su hijo. Pero si deciden llevárselo, yo me voy con él- declaré.

Era algo que tenía muy claro.

-¿Qué?- se giró a verme- ¿Perdiste la cabeza?

-No, acelera.

Presionó el pedal y el auto se deslizó velozmente por la calle.

-Bella...

-No hay manera que lo deje sólo con el par de idiotas que tiene por padres. ¡Mierda! Lo único que faltaba- me quejé. Las manos comenzaron a temblarme de nuevo y a sudar.

Él bufó y no dijo más. Seguro tenía varias cosas rondándole la cabeza pero agradecí que se las guardara, necesitaba todos los segundos para elaborar un plan.

Un par de minutos después estacionó en el hospital y salí raudamente del carro. Entré y subí las escaleras de dos en dos, sin paciencia para esperar el elevador, las pisadas de Edward me seguían. Llegué a la sala de espera de la UCI y observé alrededor.

Carlisle y otro doctor mayor que él, estaban hablando con los padres de Jazz. Rosalie también estaba allí con expresión seria. Me acerqué y respiré hondo.

-Por lo tanto les pedimos que lo mediten y...- estaba diciendo el colega de Carlisle.

-No pueden llevárselo.

Los rostros se giraron hacia mí. Caroline tocó mi antebrazo con su manos de perfectas uñas de manicure.

-Isabella, cariño- se veía menos dopada- este es un asunto correspondiente a nosotros, sus padres.

-¿Padres?- dije- ¿qué padres? ¿Los que visitan a Jasper tres veces al año?

El silencio se apoderó la situación y los Hale entornaron los ojos. No iban a acobardarme. Carlisle intervino.

-Bella...

-Déjame terminar Carlisle- dije sin despegar la mirada de Caroline y su esposo. No me importaba ser ruda, no cuando se trataba de Jazz- Quizás tienen la autoridad para llevárselo a un lugar al que no pertenece, pero ciertamente no tienen el derecho. Jasper no está sufriendo de cáncer ni de una enfermedad terminal, está en coma, y por lo que me han explicado aquí, va a despertar cuando su cuerpo decida hacerlo y créanme cuando les digo que tiene más posibilidades de hacerlo aquí que en cualquier otro lugar del mundo donde la única diferencia resida en el precio de la máquina que cuenta los latidos de su corazón.

-Ustedes dos nunca han demostrado un interés real por su hijo, de modo que déjenme aconsejarles que quizás es hora de que comiencen a hacerlo. Este es su hogar, donde tiene amigos, a Annie, a su prima. La gente que lo estima por sobre todas las cosas y lo quiere por lo que el hombre que ha llegado a ser, sin ayuda de sus padres debería agregar. Si en esa cama puede oír lo que pasa a su alrededor, va a ser mucho mejor para él escuchar voces familiares en vez de un muy cualificado doctor suizo.

-Pero si deciden llevárselo a pesar de todo, les informo ahora que me llevan con él. Porque a diferencia de ustedes estoy dispuesta a lo que sea para que se recupere, incluso si tengo que viajar hasta la misma Alaska para que escuche mi voz.- respiré hondo- La decisión es suya, lo dejan aquí asegurándole un entorno familiar y se quedan aquí con él actuando como verdaderos padres o se lo llevan y le terminan de joder la existencia. Pero yo no me muevo de su lado.

No despegué de mi vista de los dos pares de ojos azules que me veían con asombro.

-¿Está claro?- pregunté.


Adelanto Capítulo 16

Me adentré en la sala con las rodillas hechas gelatina y en serio riesgo de caerme. Primero eché una mirada a los ruidosos aparatos que lo rodeaban y a las vías intravenosas que parecían salirle del cuerpo.

Me enfoqué en su cara y mi corazón casi se partió de dolor. No estaba preparada para verlo así. Los ojos se me llenaron de lágrimas.

-Jazz- susurré.

...

...

...

-Tú necesitas aclarar tu cabeza de una vez por todas.

Lo miré sabiendo que tenía razón. Los ojos verdes le brillaban.

-Creo que los dos necesitamos que decidas cual es tu papel aquí. Cuando Jasper salga recuperado, vas a ser ¿qué? ¿su amiga? ¿su novia? No me voy a quedar para siempre esperando que lo hagas y te digo ahora que inconsciente o no, no pienso compartirte.


El adelanto es mas cortito porque no quiero dar mas pistas! jejejeje

¿Qué les pareció? ¿Se llevarán a Jazz? ¿Se ira Bella? ¿Edward la acompañará? ¿O todo se queda en Forks?

Déjenme sus opiniones! Nos leemos pronto!

Besos! Cata...