Capítulo 21: La boda

1 año más tarde…

En una iglesia, se presentaba una boda, donde había muchos invitados sentados en los bancos marrones, mientras que los prometidos repetían las palabras definitivas que los enlazarían para siempre. La novia llevaba un vestido blanco, largo y sencillo, de palabra de honor, con unos cortos guantes del mismo color y un velo que le llegaba hasta el final de la espalda. El maquillaje se componía de una sombra de ojos rosa y unos labios de un color parecido pero que le conjuntaba perfectamente. El peinado era una coleta de caballo que le caía por la espalda y en ondulaciones bien pronunciadas, donde le caían dos mechones de pelo mucho más cortos que el resto del cabello. El novio vestía un traje negro que resaltaba aún más el color de ojos.

- Yo Miroku, te pido a ti, Sango, que seas mi esposa porque te amo y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida.

- Yo Sango, te acepto a ti, Miroku, como mi esposo porque te amo y también prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida.

Entre las miradas enamoradas de la pareja, llegó una niña de unos 10 años cargando un pequeño cojín salmón con dos alianzas en medio. Entonces, Miroku y Sango, al ver que la pequeña estaba ya enfrente de ellos, desviaron sus miradas hacia los objetos y cada uno cogió uno.

- Recibe este anillo como signo de mi amor y mi felicidad – le dijo el chico mientras le colocaba la alianza en el dedo anular.

- Recibe este anillo, como signo de mi amor y mi felicidad – repitió la chica poniendo la alianza en el mismo dedo que ella pero ahora en su novio.

- Y con esto, yo os declaro marido y mujer – dijo el cura, algo mayor, con una sonrisa en la cara – Puedes besar a la novia – continuó hablando pero esta vez dirigiéndose solo al joven.

Miroku rodeó con sus brazos la cintura de Sango y apasionadamente le dio un largo beso. Ella le correspondió mientras posaba sus manos en la nuca de él para atraerlo más hacia ella. Todos los invitados de la boda se levantaron, aplaudiendo fervientemente y gritando, los más escandalosos, "¡Vivan los novios!", mientras que otros silbaban a la pareja.

Salieron de la iglesia encontrándose con todos a su alrededor, ya que se fueron antes para recibirlos tirándoles granos de arroz y volvían a gritar y silbar felices y contentos por los recientemente marido y mujer.

Sango, una vez bajó las escaleras, se puso de espaldas a la multitud de chicas, y cuando terminó de contar hasta tres, tiró el ramo de flores, cayendo en manos de Kagome. Ella miró a Inuyasha y ambos se sonrojaron.

Kagome, Rin y una amiga de Sango, llamada Kirara, eran las damas de honor de la novia e iban vestidas como tal: un vestido que llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, con finos tirantes que rodeaban el cuello. Era de color rosa fucsia y llevaban de adorno un lazo algo ancho de color negro. Los zapatos eran descubiertos, de aguja y oscuros.

- Muchísimas felicidades Sango – le dijeron las tres damas a la vez y abrazándola.

- Gracias chicas – pegó un pequeño gritillo – ¡Estoy tan feliz! – todas rieron escandalosamente.

- Tenemos que ir a mi casa a cambiarnos para el banquete – dijo Kagome una vez se calmaron – Nos vemos allí.

- Sí – respondió Sango, para luego darles un beso en la mejilla a cada chica.

Se fueron en el coche de la mejor amiga de la novia y en menos de 15 minutos estuvieron en su destino. Cuando entraron dentro, ya tenían los tres vestidos estirados en la cama de matrimonio de la joven que vivía allí con su novio.

Se quitaron los vestidos que llevaban puestos para la ceremonia, mientras que hablaban y reían alegremente. Como la primera en acabar de vestirse fue Kirara, fue al baño a retocarse el maquillaje, quedando solo Kagome y Rin.

- Kagome, ¿puedes sacar de mi bolso el pintalabios, por favor? – le pidió la más joven, abrochándose la cremallera de la prenda.

- Claro – abrió el bolso y sacó dicho objeto pero sin querer, se llevó con él, otra cosa que cayó al suelo. Al cogerlo se quedó con los ojos como platos y se giró hacia Rin para poder verla a la cara - ¿Y esto? – la chica la miró y vio lo que tenía entre sus dedos, aparte del pintalabios rojo.

- Se suponía que aún no lo iba a saber nadie… pero bueno ya que lo has visto… ven que te explicó cómo pasó – Kagome se sentó con ella en el borde de la cama – Pero me tienes que prometer que no se lo dirás a nadie.

- Prometido. Y ahora explícame que me muero de la intriga.

Llegaron al banquete viendo que todos los invitados, en ese momento, se sentaban en sus respectivos sitios. Rin se posicionó al lado de Sesshomaru y de Ayame. Se dieron un beso rápido como saludo.

- Te he echado de menos – le dice su novio dándole otro beso, pero ahora en la mejilla. Ella, como reacción, rió.

- Pero si solo he tardado media hora.

- Demasiado tiempo… - volvió a besarla, ahora en el cuello haciendo que Rin no parara de reír ya que le hacía cosquillas.

- Sesshomaru… vamos a cenar anda… - él a regañadientes aceptó y finalmente se separó para empezar a degustar la comida elegida por los novios, con ayuda de las amigas de esta.

Acabaron la deliciosa cena, luego hicieron un brindis donde el novio y algunos amigos de la pareja, dieron un discurso, y donde en la mayoría de ellos ya se les empezaban a ver los efectos del alcohol. Más tarde, mucha gente estaba bailando en la pista de baile y entre ellos se encontraban Sesshomaru y Rin, moviéndose al compás de la música que en ese momento era una velada romántica. En todo momento se observaban mutuamente y sintiendo como unas cosquillas permanecían intactas en la boca del estómago cuando sentían la mirada del otro encima suyos, como el primer día en que se vieron. Nada había cambiado para esa pareja de enamorados.

- ¿No lo llevas puesto? – Rin sabía perfectamente a que se refería y sonrió de medio lado mientras le daba una explicación.

- Si lo llevase encima, todo el mundo me preguntaría y no es plan. Hoy es el día de Sango y Miroku y toda la atención tienen que recaer sobre ellos – el joven se quedó pensativo unos segundos antes de responder.

- Esta vez te lo dejo pasar – le dijo con un tono divertido – pero mañana quiero que todo el mundo vea el anillo de compromiso – ella sonrió más ampliamente y asintió.

Luego empezaron a besarse dulcemente sin importar nada más que ellos dos, como si en ese momento estuvieran completamente solos, sin nadie más a su alrededor.

- Me alegra que estén juntos de nuevo – le dijo Sango a Miroku.

- Sí, la verdad es que la pobre lo pasó muy mal cuando Sesshomaru se fue.

- Ha recuperado los quilos que perdió. La encuentra más guapa. Ese vestido le queda realmente bien – Rin llevaba puesto un vestido anaranjado de tela suave y algo brillante, que le iba ajustada a todo el cuerpo cayendo hasta medio muslo. En la cintura, tenía como una especie de tira gorda del mismo color, que le remarcaba aún más su estrecha cintura y solo un hombro estaba al descubierto ya que el otro estaba cubierto por un tirante ancho. El pelo le caía por toda la espalda pero con una trenza al lado decorada de tiras azuladas casi blancas. Y el maquillaje, como siempre, no era nada despampanante: rímel de color negro, algo de colorete rosa hacia carne y, lo que más resaltaba, los labios rojos pasión, pero difuminados ya que no quería ser muy llamativa. Llevaba puesto los mismos zapatos que utilizó con el vestido de dama de honor.

- Mi Sango, tú no tienes nada que envidiarle... – se acercó al rostro de su esposa con su típica sonrisa sensual – Eres y serás la mujer más hermosa que exista en este planeta – ella le sonrió mirándolo pícara.

- Claro eso lo dices porque eres mi marido.

- ¿Y no te basta con que solo yo te lo diga? – ahora estaban tan cerca que sus narices se rozaban.

- Estoy más que satisfecha, amor – entonces fue ella quien inició el beso apasionado, pasando sus brazos por la nuca de Miroku. Él la rodeo por la cintura y acariciaba toda su espalda y algo más, que anteriormente si se lo hacía, recibía un golpe por parte de Sango, pero ese día era especial y a la chica no le importó que la tocará delante del resto de la gente que los podía ver en cualquier momento.

Sesshomaru y Rin aún seguían bailando, ahora más abrazados que antes, pero sin besarse. Era increíble lo mucho que se entendían sin decir ninguna palabra, solo con la mirada.

- Estás hermosa hoy.

- ¿Solo hoy? – le preguntó ella fingiendo enfado y con diversión.

- Todos los días. Pero hoy más que nunca. Y cuando estés embarazada aún más – Rin rió y el frunció ligeramente el ceño ante la reacción de ella.

- Primero tendremos que casarnos y luego ya vendrá lo demás. Aunque tengo que confesarte un secreto… - se acercó a su oído rozando sus labios con la oreja de él – Estoy deseando tener a una niña con los mismos ojos que los tuyos – cuando acabó le mordió el lóbulo de la oreja de y volvió a mirarlo con su típica sonrisa que a Sesshomaru lo volvía loco.

- Yo prefiero a un niño – le respondió este juguetón, siguiendo el juego de su niña.

- Mm… ¿Y entonces a quien le peinaré y vestiré con vestiditos y falditas? – la chica puso pucheros y él no pudo aguantar escapar una sonrisa más ancha que las normales.

- Bueno… podemos llegar a un acuerdo.

- ¿Cuál?

Pueden ser dos, un niño y una niña.

- Me parece buena idea – le dijo Rin con tono sensual que hizo que Sesshomaru la besara fervientemente y ansioso por llegar a casa.

FIN