LA VIDA QUE QUIERO
CAPITULO XXI
Charlie, Archie, Annie y Candy, todos en este orden, ingresaron a la sala de juntas. Candy era la única, aparte de Terry, que conocía sobre la situación actual, y trataba de actuar de manera segura y eficiente ante las miradas de sorpresa de sus amigos.
Minutos antes de que llegaran todos a la sala de juntas, Terry aprovechó para tranquilizarse un poco, y llamar de nueva cuenta a su banco. Serenamente, pidió que le dieran información sobre sus cuentas, y lo que obtuvo fue la misma respuesta que haya recibido con la noticia de la llamada anterior. Pidió que lo remitieran al supuesto banco en donde se había transferido su capital. Cuando aquellos respondieron, y Terry les pidió informes sobre esa supuesta cuenta a su nombre. Lo que le informaron, simplemente fue lo que Terry ya se imaginaba: el dinero se acababa de retirar en efectivo y la cuenta fue cancelada.
Todo esto, se realizó en cuestión de minutos. Por más que le daba vueltas al asunto, Terry no lograba asimilar las ideas, ni mucho menos, tener la más mínima pista sobre la identidad de ese ladrón. Porque si de algo estaba seguro, había alguien operando detrás de Phil.
Al llegar todos los integrantes y tomar su respectivo asiento, Terry procedió a hacerles un resumen sobre todo lo recientemente sucedido. Todos se observaban muy sorprendidos, sobre todo Charlie, quien no contenía el coraje en sus entrañas al saber sobre lo mal que la estaba pasando su mejor amigo.
-Debemos entender entonces ¿Qué la empresa se ha quedado sin un solo centavo? – cuestionó severamente Archie
-Exacto – respondió Terry
-El imbécil de Phil tuvo que ver, eso es seguro – exclamaba Charlie
-Eso ya lo sé – terminó por decir Terry – lo que me preocupa es pagar los salarios de los empleados, me preocupan los casos que actualmente tenemos, me preocupan las inversiones ¡Todo!
-Terry – Charlie tomó nuevamente la palabra – creo que ahora lo más importante es tratar de conseguir los salarios de los trabajadores. Y luego, seguir trabajando más duro para no seguir teniendo pérdidas y al mismo tiempo investigar ese robo.
-Cariño – le habló Candy con dulzura – creo que Charlie tiene razón. Tienes que calmarte, aquí estamos todos nosotros para ayudarte a buscar una solución.
Todos estuvieron de acuerdo. Ese día, estuvieron alrededor de unas cuatro horas en la sala de juntas tratando de hallar una solución.
Más tarde, llegaron a su hogar. Evidentemente estresados, con todas las ansias del mundo de aventarse a la cama, soñar y no despertar jamás, o por el contrario, despertar de la terrible pesadilla que estaban viviendo.
-¿Terry, no vienes? – le llamó Candy desde el umbral de la habitación
-Me quedaré un momento aquí, puedes dormir ya si así lo deseas
-De acuerdo – susurró ella, un tanto afligida, y entendiendo la postura de su pareja, quien necesitaba de ese momento a solas para reflexionar.
Cabizbaja cerró la puerta de la habitación suavemente. En aquella sala, se quedó Terry, pensando, reflexionando. Su nivel de estrés se disparó en gran aumento ese fatídico día, y lo que menos deseaba era que Candy lo viese en ese estado de extrema preocupación.
Y es que, había algo más que él le estaba ocultando a su novia. Durante ese día, Terry tuvo la extrema urgencia de hipotecar su departamento.
Las malas noticias, corren como la pólvora, sobre todo, cuando se crean en un ambiente laboral. Este problema no tenía por qué ser la excepción. Los empleados de la compañía comenzaron a temer por su empleo y sus sueldos, por lo tanto, Terry se vio en la necesidad de hablar con todos ellos en privado y asegurarles sus próximos salarios.
Sabía que en una relación de pareja este tipo de cosas no se pueden ocultar, y de hecho, no era su intención, pero es sumamente dificultoso decirle a la mujer que amas, con la cual compartes tu vida, que no eres acreedor de un patrimonio propio, y en pocas palabras, no tienes nada que ofrecerle.
Lo único que no terminaba de comprender Terry, es que eso a Candy es lo que menos le interesa en la vida.
Al siguiente día, la tensión en el ambiente no era muy distinta. Candy no concilió el sueño en toda la noche, por lo que se levantó de madrugada para preparar algo de desayunar.
Un par de horas más tarde, Terry se levantaba notablemente cansado. Las pocas horas que consiguió de sueño no lo ayudaron a descansar en absoluto, y eso se notaba en sus facciones, por las enormes ojeras que surcaban sus bellos ojos.
-Buenos días amor – saludó amablemente ella, sin evitar sentir desgarrarse su corazón ante la evidente preocupación de su novio
-Buenos días – respondió y se acercó a darle un pequeño beso en los labios
-Te preparé algo
-No tengo nada de apetito Candy, lo siento
-Por favor… no te puedes desmoronar de esa manera, anda, come algo y más tarde seguiremos trabajando juntos
-Candy, es que debo decirte algo…
-Ahora no, cariño, por favor, despreocúpate y platicamos más tarde
-No es algo que puedo tomar a la ligera, lo sabes.
-Sí, lo sé, pero tampoco es el fin del mundo
Aunque ella se estaba también desmoronando por dentro, hizo acopio de toda su fuerza interior para apoyar a su pareja en momentos tan difíciles como el que están pasando actualmente. La prudencia y la sensatez debe de caber en alguno de ellos dos, y definitivamente, para Terry sería una tarea extremadamente imposible.
-No el fin del mundo, pero si el fin de mi carrera, el fin de mis sueños
-No lo veas de ese modo… Terry, tú eres muy inteligente, no te dejes vencer así nada más, ya verás que logramos llegar al fondo del asunto
-Cosa que dudo mucho
-Yo no lo dudo, yo sí confío en nuestra capacidad de luchar para salir adelante
-Candy, lamento informarte que eres una persona muy soñadora e infantil – decía ya un tanto molesto
-Y tú eres un pesimista
-Mira – dijo tras un suspiro – creo que esta situación nos llevará al límite. Te ruego, Candy, que me disculpes. Lo que menos deseo es terminar peleado contigo.
-Eso espero yo por igual, ahora por favor, desayuna, eso es lo que te ruego yo
-Está bien
-Terry
-Dime
-Respecto a los salarios de los trabajadores… pensé en una opción
-Eso ya lo tengo resuelto por ahora, amor
-¿Ah sí?
-Bueno, podrías decirme ¿cuál es tu opción?
-Sí. Vende mi coche.
-No, amor – le aseguró él
-Yo no lo necesito, por favor, véndelo, sácale un provecho
-Pero no tengo ningún derecho de quitarte lo que ya te obsequié
-No me lo estás quitando, te lo estoy ofreciendo yo – le tomó una mano – por favor amor. Somos una pareja… yo te amo, y tú me amas, y por ello, juntos toda la vida, en las buenas y en las malas ¿No?
-Tienes razón – terminó por aceptar él – gracias amor, por entenderme, y por ser esa fortaleza que yo tanto necesito en este momento. De no ser por ti, mi estado de ánimo y mi salud estarían mucho peor.
-Yo me encargaré de que eso no suceda – le dio un tierno beso en la mejilla
Terminaron el desayuno de una manera menos tensa, pero Terry no dejó de reprocharse el hecho de que no tuvo el valor de informarle a su novia sobre la hipoteca del departamento.
Juntos se dirigieron a la compañía, y lo que encontraron, simplemente fue algo arrollador, algo que jamás se esperaban y por ende, los preocupó bastante.
Todos los empleados estaban enardecidos. Todos y cada uno de ellos fueron ese día solamente a presentar su renuncia.
-¡Calma todos por favor! – se dejaba escuchar la voz fuerte de Charlie
-¿Qué sucede? – preguntó la recién llegada
-Apártate Candy – dijo amablemente – yo me estoy encargando
-Por favor, todos, pasen a la sala de juntas – exclamó Terry dirigiéndose a los empleados
Les pidió a los demás que se retiraran. Solo pasaría él con la compañía de Charlie a tratar de calmar el ambiente con los trabajadores.
Ya estando en la sala de juntas, los reclamos no se hicieron esperar.
-Preferimos renunciar de una vez, a quedarnos aquí sin ningún goce de sueldo y prestaciones – exclamó un hombre, quien se notaba claramente, fue a quien eligieron los demás compañeros para que hablara en voz de ellos
-Nadie ha asegurado que se quedarán sin goce de sueldo y prestaciones – aseguró Terry – tenemos un contrato firmado, por lo tanto, lo estoy respetando
-Pero dicen que no nos pagarán – dijo una señorita que era secretaria en la empresa
-¿Dicen? ¿Quiénes dicen?
Uno de ellos le mostró un periódico, que traía como noticia principal el desfalco de esa empresa, en un artículo por demás amarillista.
-No tengo idea, de quien pudo haber informado a este periódico sobre nuestros problemas financieros. Lo que sí les aseguro yo, como titular de esta empresa, y como su jefe, que no deben de temer.
-Pero por supuesto que tememos – volvió a hablar el hombre que se sentía líder – es muy infantil de nuestra parte creer que usted salve la situación en la que está actualmente
-¿A qué te refieres con eso? – Preguntó Terry evidentemente molesto
-Que usted es un hombre muy joven.
-¿Y eso que tiene que ver? – Preguntó Charlie - ¿Acaso Terry no les ha demostrado que ha tenido la capacidad de sacar esta empresa adelante? ¿Qué es un hombre responsable y a muchos de ustedes los ha sacado de apuros? ¿Y ahora que hacen? ¡Darle la espalda!
-No es de esa manera
-¿De qué manera es, entonces?
-Entiéndannos. Nosotros somos personas humildes que solo deseamos tener una estabilidad laboral. Y definitivamente esta empresa no nos ofrece aquello. Aquí están nuestras renuncias.
-Pero – Charlie deseaba continuar alegando con ellos, pero Terry se lo impidió con un gesto de su mano
-Déjalo así Charlie
-¡Pero no es justo! Más que ser un jefe, Terry ha sido un amigo para ustedes ¿Y así le pagan? Justamente en este momento que más necesitamos de ustedes para que la empresa vuelva a levantarse. ¡Qué egoístas son!
Los trabajadores no comentaron más nada. Se marcharon con la cabeza baja. Ante los comentarios de Charlie, solo una persona, una secretaria del bufete decidió quedarse allí parada.
-¡Y tú qué? – Preguntó Charlie - ¿Esperas un beso de despedida?
-No, yo…
-Dime Fátima – le exclamó Terry
-Yo sí deseo quedarme, señor Grandchester. Si no hay capital para cobrar mi sueldo, no se preocupe, a mi me gustaría ayudar en estos momentos
Los dos amigos se voltearon a ver incrédulamente. Terry le agradeció formalmente a la chica valiente por haberse quedado en la empresa, y le ordenó que fuese con Candy para que le dé instrucciones sobre qué hacer, pues él en estos momentos no tenía cerebro para pensar. Se quedó sin dinero, y ahora se quedó sin empleados.
-Gracias Charlie
-¿De qué?
-Por defenderme así, por haber dicho todo lo que dijiste
-¡Que va, hermano! Me es imposible abandonarte en este momento.
Se quedaron un momento más allí, cuando minutos más tarde, Candy llegaba al salón de juntas, sin tocar antes de entrar, completamente agitada.
-¿Qué sucede?
-¡Terry! Fátima me mostró la nota del periódico que habla pestes de nosotros
-Ah – exclamó sin ninguna emoción
-Terry, hazme caso por favor. Contacté a Stear.
-¿Y a mí que me interesa ese matado? – preguntó dando a notar en su expresión un ligero sentimiento de celos
-¡Terry por Dios! En este momento me ha sido de gran ayuda. Stear tiene conocidos en la prensa, de hecho, muchísimos conocidos. Le he pedido que investigue a fondo sobre el origen de ese artículo. Con ello, considero que podemos dar más fácilmente con el ladrón.
-Opino que Candy es muy brillante, tiene mucha razón – aseguró Charlie
-Creo que por algo se empieza – aceptó Terry
-Cariño – se le acercó ella – entiendo que estás nervioso, pero por favor, cambia esa actitud
-Candy tiene razón. Hermano… tú nunca has sido un hombre interesado o ambicioso, de esas personas huecas a las que solo les interesa el dinero.
-¡Y nunca seré así! Pero entiende que soy un ser humano tan común y corriente como cualquiera, una persona que luchó por un sueño, y que de la noche a la mañana un imbécil viene y me destroza todo aquello. No es el dinero en sí lo que me entristece. Es la acción tan sucia que cometieron, es el esfuerzo tirado a la basura no solo por parte mía, sino de todos ustedes, tanto esfuerzo tirado por la borda ¿No lo entiendes?
-Por supuesto que lo entiendo, pero mejor te dejo solo… vamos Candy
-Cariño
-Mhm
-Stear quedó de llamarme al medio día
Terry solo asintió. Candy y Charlie salieron del salón de juntas, dispuestos a seguir trabajando sin descanso para dar con el paradero del delincuente que les arrebató todo, y para levantar nuevamente la empresa.
Puntualmente, tal como lo prometió, Stear llamó a Candy.
-¡Stear! ¿Qué noticias me tienes?
-No logré indagar mucho, Candy
-¡Lo que sea! Lo que sea es muy importante
-Solo logré saber que la persona que pagó el artículo fue Phil Taylor, el contador que ustedes tenían. Creo que no te sirve de mucho la información ¿Verdad?
-De hecho sí Stear, te agradezco bastante. Esta información me sirve para interponer otra denuncia en su contra.
-Lamento no haberte podido ayudar más, Candy
-No te preocupes. Solo te ruego que por favor, cualquier otra cosa que sepas, me lo hagas saber en seguida ¡Lo que sea!
-Ya sabes que sí. Te mando un fuerte abrazo.
-Gracias.
Colgó el teléfono, no sintiéndose mejor que los minutos anteriores a esa llamada. Como bien le mencionó Stear, la información no le servía demasiado, más sin embargo, no descansaría hasta dar con el paradero del maldito estafador que tenía a todos vueltos locos.
Para la tarde de ese día, las cosas iban de mal en peor, y sobre todo, porque dando las siete en punto, horario en el que todos allí estaban más que fatigados, recibieron una visita muy particular.
En realidad, la visita solo venía a ver a Terry. Se trataba del poderoso y omnipotente Richard Grandchester, su padre.
Los demás amigos, suspiraron con cierto alivio. Al ver la presencia del padre de Terry, dedujeron de inmediato que prestaría toda su ayuda para sacar la empresa del hoyo en el que se estaba hundiendo más y más por cada segundo que transcurría.
Con lo que no contaban, era con la inmensa terquedad de Terry, quien tenía un orgullo que cubría todo su ser el cual no le permitía ver más allá de sus problemas.
Pidió una audiencia en privado con su hijo, lo cual, obtuvo de manera inmediata.
-Buenas noches, Terry
-Que tal, padre – respondió jovialmente pero a la vez con un tono de fastidio en su voz
-Me he enterado – el hombre mayor fue directo al grano
-¡Oh vaya! – respondió su hijo con sarcasmo - ¡Mira que novedad!
-Terry… entiendo que debes sentirte frustrado, pero yo no soy culpable de lo que sucedió
-¿Y a que vienes? Antes de que me respondas, si quieres proporcionarme ayuda, de una vez te comento que "No, gracias"
-¿Y acaso Terry, tus amigos no te están ayudando? – Preguntó acomodándose en el sillón, en una pose que señala claramente que se trata de un hombre apuesto, elegante y culto – ¿Debo pensar que, tú lo estás enfrentando completamente solo?
Terry solo agachó la mirada, haciendo un puchero. Le enfadaba de sobremanera que su padre tuviera la razón.
-Terry – habló nuevamente su padre – te conozco muy bien. No he venido a ofrecerte dinero. No he venido a ofrecerte sacarte del problema. Vengo a darte apoyo de padre a hijo, y a reiterarte, que cualquier cosa que necesites, sabes que puedes acercarte a mí. Por lo pronto, puedo hacer uso de mis influencias para investigar el caso más a fondo y así puedas recuperar tu empresa más pronto.
El muchacho adoptó entonces una posición más relajada. Miró a su padre a los ojos, y asintió con la cabeza.
-Discúlpame por haberme comportado así, padre. Estoy muy a la defensiva… no sé que me sucede. Acepto tu apoyo. Te aclaro que no te aceptaré dinero, pero si necesito de tu influencia y poder, para investigar el caso. Esto no lo hago por mí, padre; lo hago por mis amigos, y por Candy, porque son ellos los que me han acompañado en este reto y por mucho entusiasmo que pongan, nosotros solos no lograremos llegar al fondo del asunto sin tu ayuda. Gracias papá.
-No tienes nada qué agradecer – se levantó de su asiento y se acercó a su hijo para ofrecerle un abrazo.
Durante ese abrazo, Terry se sintió más aliviado, pues su padre siguió dándole más palabras de aliento. Al fin, el muchacho comprendió que el orgullo no siempre es nuestro mejor escudo, y de vez en cuando hay que permitir que nos den una ayudadita.
La visita se retiró una media hora después. Más tarde, todos se retiraron a sus hogares, un poco aliviados al saber que contaban con el apoyo del padre de Terry.
Él no acostumbraba a preocuparse solo por sí mismo. Terry es un chico tan noble que además de estar hasta el cuello de deudas y con un crimen pendiente por resolver, también se preocupaba por los suyos. En este caso, era Charlie quien le inquietaba demasiado. Se disculpó ante él, pues sabía que su amigo tiene un bebé que requiere de un costoso tratamiento, pero como ellos dos se quieren como si fuesen hermanos, Charlie le hizo saber a Terry que no se preocupara, que llegaría al fondo de todo este asunto a su lado, sin quejarse de nada, y lo que sea que necesitara su hijo, ya vería más adelante como lo resolvía. No hay nada que impida a un padre velar por la salud de sus hijos, y eso fue un argumento que convenció a Terry.
Llegando a su casa, Candy deseaba tomar una larga ducha y descansar ininterrumpidamente. Pero su novio tenía algo muy importante qué decirle.
-¿Qué sucede, cariño? – preguntó ella preocupada, al notar la seriedad con la cuál le hablaba su chico
-Ven, siéntate – le habló tiernamente – hace un momento no tuve el valor de informártelo
-¿Informarme qué? – Ahora estaba más preocupada – Se supone que tu padre ya dijo que nos apoyará ¿No?
-No tiene que ver con eso… Candy… ¿Seguirías a mi lado si… si ya no tuviera un hogar digno qué ofrecerte?
-¡No digas tonterías mi amor! – le besó la mejilla – no nos vamos a quedar sin hogar, y si acaso eso sucediera, no me importaría. Recuerda quién soy. Recuerda que yo sería feliz viviendo en una cabaña de cartón, si estoy a tu lado, esa cabaña de cartón la convertiríamos en el hogar más feliz del mundo.
Y entonces, Terry no pudo evitar romperse, y caer en llanto, ante las suposiciones de Candy. Le aterraba la idea de que eso se cumpliera. De que no lograran sacar adelante su empresa y entonces, el banco les quite su departamento y después de ello, tener la necesidad de vivir en un lugar como el que describía Candy.
Esa, era la primera vez que Candy veía llorar abiertamente a su novio. A ella se le quebró el corazón de verlo así. Al principio se le hacía raro que Terry se dejara vencer por el llanto, pero al poco tiempo comprendió que la situación por la que atraviesa amerita un buen desahogo.
-Cariño – ella acariciaba tiernamente su cabeza
-Candy – dijo él. A pesar del llanto, su voz era clara, no hipaba, ni se quejaba – hipotequé el departamento
Pensó que en ese momento, ella se preocuparía. Pero, la reacción que tuvo fue muy al contrario a lo que él pensaba.
-Hiciste bien mi amor
-¿Qué? – se despegó de su abrazo y la miró a los ojos
-Sí. Para eso son los bienes ¿No? Hay que sacarles el mayor provecho, sobre todo en situaciones como esta. Verás que todo se resuelve y más pronto de lo que pensamos, pagaremos esa hipoteca.
Entonces él sonrió. Le sonrió a ella. La amaba, y una de las tantas cosas que lo hacían estar perdidamente enamorado de ella, es precisamente que se trata de una mujer fuerte y luchadora, que no se deja vencer por las adversidades, ni por las emociones.
Se abrazaron nuevamente, ofreciéndose su amor mutuo. La noche se tornó más relajada para la joven pareja, por lo que se dispusieron a cenar. Posteriormente, se ducharon juntos, y finalmente, culminaron ese ajetreado día en la comodidad de sus sábanas.
Continuará…
