Disclaimer: Los personajes de esta historia, así como parte de la trama no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling y yo simplemente los uso para ir más allá de la imaginación.

CAPITULO 21

Volvía a ser 1 de septiembre. Y como desde hacía doce años, Minerva salió a recibir a los nuevos alumnos.

La bruja tenía ya cuarenta y cinco años, pero parecía más mayor. Tenía el pelo recogido en un simple moño y llevaba gafas, dándole un aspecto severo.

Las puertas del castillo se abrieron, y poco a poco fueron entrando los nuevos alumnos. Todos iban observando con miedo y asombro el castillo. Minerva sonrió, ella también había sentido lo mismo.

De entro el grupo, no tardo en distinguir a su ahijado, James Potter. El chico era inconfundible con su alborotado pelo, herencia de su padre, y sus andares. Minerva frunció el ceño. Nunca había de acuerdo con sus amigos respecto a la educación del chico. Opinaba que lo habían mimado demasiado.

Condujo a los chicos hasta el Gran Comedor, y se dispuso a llamarlos.

- Black, Sirius.

Minerva reconoció al chico. Era un sobrino-nieto de Dorea, hijo de su sobrina Wallburga. Mientras el sombrero tomaba su decisión, Minerva recordó Rodolphus. Este verano le había escrito una carta, en donde le decía que se había casado con Bellatrix Black, otra sobrina-nieta de Dorea, hija de su sobrino Cygnus. Sabía que ambos eran nietos del hermano mayor de su amiga, con lo cual, el chico era primo hermano de la mujer de Rod.

- ¡Gryffindor!

El chico se levantó contento hacia su nueva casa, y Minerva no pudo dejar de sonreír. De todos los Black que ella había conocido en Hogwarts, era el segundo en ir a una casa distinta de Slytherin. El primero fue Dorea.

- Evans, Lily.

Una niña subió tímidamente al estrado. Minerva no pudo dejar de observarla. Tenía el pelo pelirrojo y unos grandes ojos verdes, brillantes. La pequeña esbozó una sonrisa, que la bruja no pudo evitar responder. Minerva recordó entonces a su propia hija. Sabía que tenía once años, y tal vez podría ser esa niña o cualquiera de las que esperaban ser seleccionadas. O tal vez había ido a otra escuela, o había resultado ser squib.

- ¡Gryffindor!

Minerva no pudo evitar sentirse orgullosa. Había ido a su casa. Además, la pequeña se llamaba como la suya, Lily. Quiso imaginar por un momento que era su hija.

Decidió apartar de su cabeza esos pensamientos y proseguir con la selección. Finalmente, llegó a su ahijado.

- Potter, James.

El niño subió confiado y tranquilo. Minerva le había explicado que no había nada que temer, además de advertirle que en la escuela le trataría como un alumno más. Aún así, James le sonrió y Minerva respondió.

- ¡Gryffindor!

El chico saltó contento y se dirigió a su casa. Minerva no había dudado de su elección. Era digno hijo de sus padres.


Tuvo clase de transformaciones con los de primer curso a media mañana. Dio su primera clase como hacía todos los años con los de primer curso. Y tras la teoría, les repartió una cerilla, con la orden de tratar de transformarla en una aguja.

Sonrió al ver que James lo conseguía a la primera. No obstante, ella misma se había encargado de enseñarle en verano. Sonrió también al ver como Sirius Black conseguía la transformación también a la primera. Esperaba que el chico resultase prometedor.

Luego se fijó en Lily Evans. No había podido evitar preguntarle a Albus. Él le había dicho que era hija de muggles. Normalmente, los hijos de muggles siempre tenía problemas para habituarse a la magia en las primera semanas, pero luego resultaban ser de los mejores, tal vez porque era algo nuevo para ellos, a diferencia de los que habían crecido en el mundo mágico.

Pero la niña la sorprendió. A un golpe de su varita, consiguió realizar la transformación. Minerva estaba asombrada.

Al finalizar la clase les concedió cinco puntos a Lily, James y Sirius respectivamente para su casa, por haber conseguido la transformación.


A Minerva le gustaba subir a lo alto de la torre norte, y disfrutar de la noche. Ya comenzaba a hacer frío, así que subió abrigada. Poco después apareció Albus.

- ¿Puedo sentarme?

- Claro – sonrió la bruja – Al fin y al cabo, es tu colegio, ¿no?

- Si claro, dueño y señor – se burló el mago - ¿Qué tal te va con James?

- Bien, conmigo se comporta bastante bien, aunque supongo que eso se debe a que me conoce – respondió Minerva – Pero se ha juntado con Sirius Black, y por lo que comentan, son terroríficos los dos juntos.

- Eso me han dicho a mí también – sonrió Albus.

- ¿Tienes listo ya el pasadizo para Remus Lupin? Será luna llena en cuatro días – preguntó Minerva.

- Poppy y yo lo tenemos listo – respondió Albus - ¿Qué opinas del chico?

- Es un encanto – respondió Minerva – Muy aplicado. Que lástima que tenga que sufrir licantropía.

- Tu ahijado se junta con él – comentó el mago.

- Pues espero que si se entera, no se comporte como un estúpido. A ese chico le hacen falta amigos – comentó Minerva.

Luego permanecieron un rato en silencio.

- ¿Y que hay de la pelirroja? Lily Evans – preguntó Albus.

- ¿Qué quieres decir? – saltó inmediatamente la bruja, a la defensiva.

- Tranquila Minerva, solo era una pregunta – repuso Albus.

- Lo siento, perdóname – dijo ella – Es que... me recuerda a mi hija. Se que es una tontería, pero no puedo evitar pensarlo. A veces, me pregunto si será feliz, o si tendrá muchos amigos, si será buena estudiante, buena hija...

- Es normal que te hagas esas preguntas – sonrió su amigo, pasándole un brazo por los hombros – Eres su madre, lo quieras o no.

- Albus, solo dime una cosa, ¿es feliz?

Minerva no era tonta. Sabía que Albus estaba en contacto con la pequeña, no directamente, pero si que la vigilaba y la cuidaba, tal y como le prometió el día que nació.

- Es feliz – respondió él.

Luego ya no dijeron nada. Simplemente permanecieron en silencio.


En Navidad, Minerva acudió a la taberna Cabeza del Puerco de Hogsmeade junto con Albus. Al llegar allí, saludaron con un gesto de cabeza al tabernero. Minerva sabía que se trataba de Abeforth, el hermano menor de Albus, pero también conocía su historia y comprendía el trato que ambos se dispensaban.

Poco a poco comenzaron a llegar magos y brujas. No eran muchos, un pequeño grupo. Minerva reconoció a algunos de los presentes.

Estaban los hermanos Prewett, Gideon y Fabian. El mayor había dejado Hogwarts hacía cinco años, y el menor hacía tan solo dos. También estaba el amigo de Albus, Elphias Doge. Reconoció también a Alfred y Ralph McKinnon, junto a sus mujeres, Marlene y Emma. Minerva sonrió al ver a su sobrina, y a su lado a su primo Charles Turpin. La joven Dorcas Meadows había dejado Hogwarts el año anterior, y a su lado estaba el auror Alastor Moody. Edgar Bones estaba allí junto a su reciente esposa Martha. También habían un par de magos y brujas que ella no conocía. Se sorprendió al ver a sus viejos amigos del IET, Giulia y Ahmed. Y junto a ellos, Charlus y Dorea.

- Buenas tardes a todos – saludó Albus – Supongo que muchos de vosotros estaréis intrigados en saber porque os he citado aquí.

Todos asintieron con la cabeza.

- Desde hace más de una década, venimos siendo perseguidos por Voldemort y sus secuaces, los mortífagos. Venimos sufriendo sus amenazas y sus ataques a muggles e hijos de muggles. Y pese a que el Ministerio tiene a sus aurores tras su caza, yo no voy a quedarme de brazos cruzados.

Un rumor de asentimiento recorrió la sala.

- Os he reunido aquí para haceros una oferta. Quiero que entréis a formar parte de la Orden del Fénix, una orden dispuesta a luchar contra Voldemort. ¿Quién está conmigo?

Todos se levantaron y asintieron. Minerva se sintió orgullosa de Albus. Todos querían luchar contra Voldemort y su opresión. Entonces, el mago le dirigió una mirada. Y ella comprendió lo que quería decirle.

No iba a obligarla a luchar en la Orden. No quería tener que enfrentarla a Voldemort, y no porque ella no estuviese capacitada, sino porque Voldemort no dejaba de ser Tom, el mismo Tom que la enamoró años atrás, el mismo Tom con el que se casó, y el mismo Tom que era el padre de su hija.

Pero Minerva asintió. Ella también quería luchar. Por Edward, por los McGonagall, por su hija y por ella misma.

Esa noche nació la Orden del Fénix.


Una noche de primavera, Minerva se desveló. No podía dormir, así que bajó a las cocinas a por un vaso de leche fría. Cuando volvía, le pareció divisar una sombra.

Un poco molesta por si se trataba de algún alumno transgrediendo las normas, la siguió. La sombra se dirigió hacia una armadura, y apartándola, entró por una puerta.

Minerva se quedó quieta. Acaba de reconocer esa armadura. Era la que disimulaba la puerta de una terraza, la misma terraza en donde ella y Tom se confesaron su amor. Ella no había vuelto a entrar en dicha terraza, no podía.

Pero esa noche entró, siguiendo a la sombra. Entró en la terraza, y no pudo reaccionar. Todo seguía igual, la fuente y las azucenas.

Y allí, en un pequeño banco, estaba sentada una figura de un alumno, de los pequeños, tapado con una manta. Minerva se acercó.

- Buenas noches – dijo con voz severa.

La figura saltó y Minerva la reconoció. Era Lily Evans.

- Buenas noches profesora McGonagall – susurró ella.

Minerva suavizó su expresión. No podía estar molesta con la pequeña Lily. La niña le caía bien, era muy estudiosa y ella disfrutaba enseñándole.

- ¿Qué hace aquí señorita Evans? Es muy tarde y no debería haber salido de su sala común – dijo ella, con suavidad.

- Perdóneme profesora – dijo la niña – Yo... descubrí este sitio, y la verdad es que me relaja... lo siento mucho.

Minerva no pudo seguir reprendiéndola. Se sentó en el banco y la invitó a sentarse a su lado. La niña se sentó nuevamente en silencio, mirando al cielo estrellado.

- ¿Hay algo que te preocupa? – pregunto Minerva.

- Echo de menos mi casa, a mis padres y a mi hermana – dijo la niña – Me siento un poco extraña ahora con ellos. Ellos son muggles y yo... soy diferente.

- No eres diferente – sonrió Minerva – Eres especial, y estoy segura que vas a llegar a ser una bruja fantástica.

- ¿Usted cree? – preguntó Lily.

Minerva pudo ver la ilusión infantil en sus ojos verdes.

- Ya lo creo que sí – sonrió la bruja mayor – Eres muy buena bruja, todos los profesores lo dicen. ¿Te gusta la magia?

- Mucho – respondió ella – Es un mundo nuevo por descubrir, y lleno de sorpresas. Me encanta.

- Me alegro que te guste – respondió Minerva – Por curiosidad, ¿cómo descubriste este lugar?

- ¡Oh! La verdad es que estaba huyendo de Potter profesora.

Minerva reprimió una risa. Su ahijado podía llegar a ser muy insistente. Se preguntó que habría hecho esa vez.

- Insistía en que tenía que concederle una cita e ir a pasear al lago. Y yo no quiero novios ni nada ahora, y mucho menos de él – siguió diciendo Lily – Además, él y sus amigos no paran de hacer bromas y meterse con Sev, y él es mi amigo. Así que al ver la puerta, me metí dentro. Y descubrí esta terraza.

Minerva miró fijamente a la niña. Era pelirroja, como lo fue su madre. Y sus ojos eran verdes brillantes, como el emblema de Slytherin. Y la forma de sus ojos, le recordaba a Tom. Y su nariz se parecía a la de su propio padre, Patrick.

Minerva sacudió su cabeza. Estaba obsesionada. Trataba de buscar parecidos, quería que la pequeña Lily Evans fuese su Lily.

- ¿Usted también conocía esta terraza profesora? – preguntó entonces la niña.

- La descubrí estando también estudiando aquí en Hogwarts. Pero yo ya era más mayor que tú, estaba en quinto – dijo Minerva – Y es curioso, llevo doce años dando clases y no había vuelto a venir.

- ¿Puedo seguir viniendo yo? – inquirió Lily entonces – Me relaja mucho, es un lugar donde poder venir a sentirme libre.

Por un momento, Minerva regresó en el tiempo. A la noche en la que comenzó a salir con Tom, cuando él le mostró la terraza y le dijo que allí se sentía libre.

- Claro, si no te importa que yo también venga de vez en cuando.

- Claro que no – rió Lily – Puede ser de las dos.

Minerva sonrió. Se sintió feliz, como hacía tiempo que no lo era.


¿Os gusta? La verdad es que estuve pensando en que hacer, si dejar pasar algunos años o saltar directamente aquí, al primer año de los merodeadores y la pequeña Lily. Al final me decidí por esta opción, y creo que ha quedado bien, ¿no?

Gracias a pétalos-de-rosa, Danyhogg, Clau Felton Black, Ely Potter Black, Yedra Phoenix, Warios, mustachi, xerry-mbw, Koumal Lupin-Nott, Replika, lunatik.black, y Nailahcris por vuestros reviews. Espero que disfrutéis con este nuevo capítulo.

¡Nos leemos!

Y por cierto, feliz día del Libro...

Nimue – Tarrazó

¿Qué sería de la vida sin dragones?