- Veo que la cena no es de vuestro agrado…

Daenerys parpadeó un par de veces mientras realizaba un ligero brinco, sorprendida de que la hubieran pillado. En realidad si había probado la pularda en escabeche y la había encontrado deliciosa, tanto que otras circunstancias, si hubiera podido, hubiera lamido hasta el plato del hambre que tenía. De hecho no recordaba haber comido tan bien en muchísimo tiempo, en concreto desde que partió de Mereen, pero ante todo era una reina y sus modales debían estar en concordancia con su cargo.

- Oh, no, al contrario, está exquisita.- Se disculpó con cortesía.- Solo estoy cansada, nada más.

El noble que se había dirigido a ella aceptó su mentira con una diplomática sonrisa y se giró para hablar con otro noble de Pentos, algo que la hizo suspirar levemente de alivio. En realidad no era el cansancio lo que la había interrumpido de la cena, aunque tampoco era una completa mentira, sino otra cosa que la había dejado muy intrigada. Había visto como Arya Stark se levantaba discretamente y se marchaba, algo que no llamó la atención de nadie, ya que en esa cena muchos se levantaban y volvían a sus puestos sin ningún disimulo, aunque eso no era lo importante. Lo que la había dejado muy intrigada era la manera de mirar a Ilyrio Mopatis mientras transcurría la cena. A pesar de lo lejos que se encontraba, pudo observar con mucho disimulo como esta le miraba fijamente, como si le conociera, y por la mirada que le echaba no tenía un buen recuerdo del magister.

"¿Pero de qué puede conocerlo? Tal vez… puede que lo haya conocido en una misión que tuviera, enviada por los Hombres sin Rostro…"

Pero era extraño, alguien que pertenecía a aquella organización no podía ser tan….indiscreto, por llamarlo de alguna manera, y menos exponerse de esa forma en una cena pública, a la vista de todos. Eso era extraño, y su razón consideró que sería buena idea hablar con ella al respecto, tal vez supiera algo que debiera tener en cuenta. También tenía que hablar con Ser Jorah y con Ser Barristan, para que, entre otras cosas, le informaran si supieran algo sobre el pasado de Arya que la ayudara a entender el comportamiento tan "extraño" de la chica.

- Bueno… ya estoy aquí.- Interrumpió jovialmente el Magister mientras se sentaba.- Siento el retraso, tenía que hacer hueco a esta espectacular pularda. Por cierto… ¿Os gusta la cena?

- Es un gran banquete.- Afirmó sinceramente. La verdad es que Ilyrio siempre había tenido unos cocineros excelentes.

- Me alegro querida.- Sonrió el Magister con satisfacción.- Te tengo que presentar a mi nuevo cocinero, un chico ponientí que cocina de maravilla. Tuve mucha suerte de encontrarlo, había sido secuestrado por esclavistas para venderlo en Volantis. Cuando lo liberé estaban a punto de tatuarle la cara y por alguna razón que no entiendo se puso a mis pies ofreciendo sus servicios.

- Creía que en Pentos la esclavitud estaba abolida.- Comentó la reina plateada mientras daba un sorbo a su copa de vino.

- Y lo está, de hecho el comercio está prohibido en cuanto ponen un pie en tierra firme.- Respondió el magister mientras hacía buena cuenta de su pularda.- No así que los barcos esclavistas recaben en nuestros puertos, y lo que pasa dentro de dichos barcos es asunto de ellos. Ese chico se escapó corriendo del barco a través del muelle, logró llegar al puerto, me agarró de las ropas y, arrodillándose me rogó con desesperación que lo llevara, que era cocinero y se ponía a mi servicio, que no me arrepentiría de contratarlo. Precisamente mi antigua cocinera estaba ya muy mayor y había empeorado bastante en su trabajo, así que le di una oportunidad. Hice un acto de caridad y fue la mejor inversión que he realizado en mucho tiempo.

- ¿Y sus captores?

- Ah, si… los esclavistas.- Se limpió con la servilleta.- Vinieron al día siguiente a exigir a su esclavo, ya que vieron como me lo llevaba mientras perseguían al muchacho. Para entonces ya lo había probado y decidido que me quedaba con él. Les di una buena bolsa de dinero a cambio de su silencio. O eso… o los denunciaba al Príncipe por prácticas ilegales dentro de nuestras tierras para que tomara cartas en el asunto. Cogieron la bolsa y hasta ahora no les he vuelto a ver.

Varios que estaban escuchando rieron ligeramente con la anécdota.

- Entonces ahora ese chico os debe dicho dinero.

- Algo así… pero por supuesto no lo tengo atado con grilletes si es lo que esperáis escuchar. Se le descuenta una pequeña parte proporcional de su salario para el pago de dicha deuda, pero el chico esta tan agradecido que seguramente la pagará y aun se quedará muchos años conmigo.

- La historia del muchacho ponientí está muy bien, pero deberíamos hablar de asuntos más…importantes.- Intervino entonces Ser Barristan seriamente.

- Tenéis toda la razón, Ser.- Concluyó el Magister mientras se tocaba su aceitada barba.- Porque es evidente que han recabado aquí por alguna razón.

- Por supuesto.- Confirmó la reina.- Como sabrás, llevo a mi ejército a invadir Poniente y recuperar lo que es mío por derecho.

Ese comentario hizo reírse a Ilyrio, hasta el punto de que casi se atraganta.

- Eso mismo me dijo vuestro hermano, y mira como acabó…

- Mi hermano no tenía dragones, ni un ejército, ni generales leales que lo aconsejaran bien.- Replicó Daenerys.- Ni tan siquiera tenía dinero ni un reino conquistado donde asentarse. Mi hermano no tenía nada, excepto su apellido.

- Cierto, mi hermosa reina.- Contestó Ilyrio.- Por no tener, no tenía ni cerebro que le indicara un mínimo de sentido común. Le puse en bandeja al Khalassar de Drogo, solo tenía que tener paciencia y ni eso tuvo.

- Por eso comprenderá que yo no tengo nada que ver con mi hermano mayor, por lo tanto, no necesariamente mi destino está unido al de él…

Ilyrio rio con la boca cerrada mientras se mesaba nuevamente la barba aceitada.

- Muy bien ¿Qué es lo que solicitáis, entonces?

- Solicitamos la financiación de doscientos barcos de guerra, así como disposición de los muelles, los materiales y el personal cualificado para poder construirlos.- Respondió en su lugar Ser Barristan.

Eso hizo que el Magister riera a mandíbula batiente.

- Por lo visto el anciano caballero que os aconseja ya empieza a chochear. Debéis ser conscientes de que la madera ahora mismo hay muy poca y es muy cara, hay una guerra naval entre Tyrosh y Lys, y si al final provocan a Myr, puede que nuevamente vuelva a meterse en la guerra.

- Lo sabemos perfectamente.- Replicó Daenerys.- Precisamente venimos de Tyrosh, donde nos han informado de la situación.

- Por lo tanto, comprenderéis que ahora no esté en posición de ayudaros…

- Si no fuera porque unos cuantos pajaritos nos han hablado de vuestros contactos en el mercado negro…

Todos miraron extrañados a Daario por la interrupción. Este estaba sentado, o mejor dicho repatingado, en la silla de forma no muy elegante, con una pierna colgando del reposabrazos y bebiendo con indiferencia una copa de vino.

- Disculpad, señor…

- Naharis, Daario Naharis.

- Muy bien, señor Naharis, no sé de donde habrá sacado dicha información, pero le puedo asegurar que eso es…

- ¿Una mentira?- Interrumpió nuevamente con su habitual chulería.- Señor Mopatis, si me permite la familiaridad ¿Usted se cree que soy tan tonto como para no percatarme de que todo este lujo y boato solo lo ha conseguido vendiendo quesos?

- Mis quesos se venden muy bien, a muy buen precio y en cantidades considerables.- Informó el Magister diplomáticamente, pero se podía entreveer un ligero nerviosismo.

- Por muy bien que se vendan sus quesos y aunque estos fueran de oro macizo, eso no alcanza para llevar este tren de vida. – Daario se incorporó de su asiento y se inclinó inquisidoramente en dirección al Magister.- Conozco a unos cuantos señores Pentoshis que, aunque sus reputaciones sean honorables, sus negocios dejaban bastante que desear. O traficaban con esclavos a espaldas del príncipe o sus negocios son provenientes del mercado negro. Intuyo, por la anécdota de su cocinero Ponientí, que no se dedica al comercio ilegal de esclavos.

Daenerys tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no ponerse a saltar de alegría. Al principio de ponerse a hablar se removió nerviosa en su asiento, pensando que esto iba a torcerse irremediablemente. No era la única que lo pensaba, observó cómo Ser Barristan se quedó lívido como la leche, y Ser Jorah, que no había abierto la boca en ningún momento, lo miraba como si quisiera partirlo en mil pedazos. Pero el caso es que lo había puesto contra las cuerdas y ahora Ilyrio Mopatis estaba obligado a negociar si o si.

- Disculpad por la mala educación de mi subalterno, estimado Ilyrio.- Interrumpió entonces la reina con un tono ofendido para controlar la situación, pero contenta interiormente de cómo se estaban desarrollando las cosas. Daario se había atrevido a decir lo que todos pensaban, pero que no podían decir precisamente por su posición. El que Daario fuera un mercenario lo eximía de dichas formalidades protocolarias que ahora le habían venido muy bien.- No es más que un vulgar y maleducado mercenario que ni siquiera merece estar en esta mesa. En cuanto acabe el banquete me encargaré de reprender su comportamiento personalmente.

"O mejor dicho, me encargaré personalmente de recompensarle como es debido".

Daario, entendiendo que había llegado el momento de salir de aquella lujosa sala, se levantó de la silla y se despidió de todos.

- Bien, es evidente que tendré que mover algunos hilos para conseguir lo que os proponéis, pero igualmente quisiera saber que gano yo en esto.

- Por supuesto, se le devolverá todo el dinero que invierta en nuestros barcos.- Habló entonces Ser Jorah.- Con un buen interés a ser posible, por su buena voluntad.

- Eso es lo mínimo para que me tome la molestia de negociar este acuerdo.- Replicó Ilyrio con seriedad, aun nervioso de que aquel desgraciado Tiroshy lo hubiera puesto en evidencia.- Pero lo que yo quiero saber exactamente es cuál será mi premio por ayudar a una "usurpadora" a conquistar el trono de hierro, a riesgo de perder a mis mayores clientes en Poniente.

- Le recuerdo que los usurpadores son otros.- Contestó Daenerys como si le hubieran clavado una aguja en la espalda.- Yo soy la legítima reina, mi padre fue derrocado a traición por sus colaboradores.

- Hasta que no se diga lo contrario, la versión "oficial" es que los Baratheon de Desembarco del Rey son los reyes legítimos, pero en fin, no hablemos de política, estamos aquí para que esta negociación sea provechosa.

Daenerys se revolvió nuevamente en su asiento y carraspeó.

- Sé que hay algo que deseáis mucho, algo que en su momento os prometió mi hermano y que os vuelvo a ofrecer. Cuando consiga el trono que me corresponde por derecho, seréis mi consejero de la moneda.

Ilyrio Mopatis empezó a mesarse nuevamente su barba aceitosa mientras pensaba detenidamente la oferta, pero Daenerys lo conocía lo suficientemente bien para saber que no lo rechazaría. Había algo que a Ilyrio le gustaba más que comer como un cerdo, y era el poder, eso y ganar dinero a espuertas. Ser el consejero de la moneda le proporcionaba justo lo que él deseaba con todas sus fuerzas, y una oportunidad así no venía todos los días.

- ¿Sabéis qué? Me parece un buen negocio, y estoy dispuesto a ayudaros, siempre y cuando no digan a nadie en Poniente, en caso de que esto falle, de mi colaboración.

- Eso puede darlo por hecho.- Respondió Ser Barristan satisfecho.

- Perfecto, brindemos pues por nuestro acuerdo.- Alzó la copa para brindar.


Un par de ligeros golpes sonaron en su puerta de entrada, indicando que la persona que estaba tras aquella puerta solicitaba pasar.

- Adelante.

La puerta se abrió y apareció Daenerys, mientras entraba discretamente en la estancia.

- ¿Qué deseáis?- Pregunto sin tan siquiera mirarla, mientras amolaba una de sus espadas.

Daenerys sonrió ligeramente, percatándose que ella siempre había sido la única que jamás se había arrodillado o guardado un respeto por su posición.

- Vengo a hablar con vos.

- Sobre que…

- Sobre vuestro comportamiento en la cena.

Al escuchar aquella respuesta, Arya dejó inmediatamente de amolar, la miró detenidamente y dejó la espada y la piedra de amolar a un lado de la cama.

- Que yo sepa, mi comportamiento ha sido más que correcto.

Daenerys tragó saliva, concluyendo que debía ser directa.

- Me refiero a las miradas que le hacíais al Magister Ilyrio. No sé si alguien más se habrá percatado, pero tengo la sensación de que me ocultas algo…

- Suposiciones vuestras.

- Puede ser…pero algo me dice que me mientes.

La loba sonrió ligeramente, una sonrisa que daba escalofríos.

- Puedo hacer dos cosas. O deciros la verdad, que es lo que no queréis escuchar, o mentiros y deciros lo que si queréis oír ¿Qué deseáis?

- La verdad, por supuesto.- Respondió la reina plateada, extrañada por aquel comentario.

- Bien, porque la verdad es que no conozco de nada a ese Ilyrio Mopatis. No me cae bien, no es de fiar, y mis miradas pudieran ser por las malas sensaciones que me trasmite. Si queréis un consejo, yo me andaría con cuidado con ese magister.

Daenerys miró detenidamente a la muchacha y asintió, entendiendo lo que estaba pasando aquí. Era evidente que la estaba engañando descaradamente, y si conocía realmente al magister no era su intención decírselo.

- Si… ocurriera algo, si alguien me atacara dentro o fuera de este palacio… ¿Me defenderías?

La chica sonrió nuevamente con un dejo de burla.

- Si estoy aquí será por algo ¿No le parece?

- Se supone que estás por una misión la cual inexplicablemente yo desconozco su contenido.

- Esto es muy sencillo, hasta vos lo entenderéis. Que usted muera me implicaría una serie de problemas difíciles de resolver, así que puede estar tranquila.

- Vaya, por fin das una infíma pista sobre tus motivos para estar aquí.

- Vuelvo a repetir, su muerte comportaría una serie de problemas, no que su muerte llevara implícita la no realización de mi misión. Creo que eso debe tenerlo claro.

Daenerys, viendo que no podría sacar mucho de aquella chica, se giró y se dirigió a la puerta para salir, pero cuando ya tenía la mano puesta en el pomo, suspiró y se giró abruptamente.

- ¿Pero por que eres tan… tan…?- Preguntó con frustración.

- ¿Borde, antipática, misteriosa…?- Interrumpió igual que si la hubiera fustigado con un látigo.- Que quede muy claro, no somos amigas, jamás lo seremos. Cada una a lo suyo y todo irá como la seda.

- Al menos espero un poco de lealtad en ti.

- No, lo que espera es una adoración incondicional de mi parte, que es lo que recibe de todos esos lameculos que tiene como consejeros y capitanes.

- Porque soy su reina….

- Correcto, SU reina, no la mía. Y ahora si hace el favor, quisiera descansar un poco. Buenas noches.

Observó como la reina plateada suspiraba de frustración, se giraba con energía y salió abruptamente de su estancia. Una vez que salió, se quedó pensativa, analizando lo que le había dicho la reina. Era evidente que los recuerdos de Arya Stark la estaban haciendo flaquear, algo inadmisible en una misión como esta. Debía estar alerta, no podía permitirse más fallos o esto se iría al traste. Pero lo que había sentido cuando lo vio por primera vez…

Mientras estaban esperando en la escalera de entrada a que aquel magister los recibiera, estaba bien, tranquila, pero en cuanto lo vio bajar tuvo un mal presentimiento, y lo peor vino cuando lo escuchó hablar. Fue como un puñetazo en todo el estomago.

"Por todos los dioses, es él…."

Y tanto que lo reconocía, aquel magister había estado reunido en las antiguas mazmorras de la Fortaleza Roja con alguien a quien no pudo identificar. Recordó aquel día como si fuera ayer, era una niña y su padre aun vivía, siendo la mano del rey Robert. Syrio la mandó a cazar gatos y solo le quedaba cazar a uno, un gato negro sin una oreja, el más listo y escurridizo de todos. Lo tenía cogido, pero nuevamente se le escapó y este fue a las antiguas mazmorras, donde estaban las calaveras de los dragones. Entonces escuchó dos personas hablando y se escondió. Uno de ellos le llamo poderosamente la atención por lo gordo que era y el acento extranjero con el que hablaba la lengua común. Hablaban de traiciones, de unos barbaros dothrakis, de una princesa preñada, de una guerra inevitable… todo, todo lo que hablaron se cumplió…

Volvió a sentir una punzada de dolor al volver a tener aquellos olvidados recuerdos, maldiciendo nuevamente a aquella niña estúpida que fue en su pasado. Una cosa estaba en claro, aquel magister no era trigo limpio y debía tenerlo muy controlado, con sus actuaciones podría torcer las cosas y complicar una misión que, de por sí, se estaba complicando cada vez más.

Solo esperaba que los miembros de la casa de Blanco y Negro no tomaran cartas en el asunto. Sería desastroso para todos.