Va tocando que el Universo Dolhouse haga su entrada en mi fic, ya dije que era prácticamente un crossover, así que los cuatro gatos que aún aguantáis mi dulce y algo extraviada historia probablemente también dejéis de hacerlo XDDD
Bien, este es el capítulo 20, quedan 3 más y el epílogo ¡sí! ¡he terminado! Ni yo mismo me lo creo, A partir de ahora será un capítulo semanal si no me da la neura y actualizo de golpe (en cuando rescate lo que he escrito de manos de la gemela que dice que me he pasado un pelín)
Divertíos...
20.-
… Fantasmas del pasado.
Jared entró en la consulta del psiquiatra que atendía a los empleados del departamento de Policía de Austin implicados en muertes violentas. La joven y bajita doctora Dushku le sugirió que se tomara una semana de vacaciones y no iba a discutir con ella en eso, necesitaba esa semana aunque no precisamente para recuperarse él del trauma.
- Perfecto doctora, me la tomaré, ¿hemos terminado entonces? – sonrió el forense a la mujer cuya cabeza, incluso con sus vertiginosos tacones de aguja, no le llegaba más allá del pecho
- No, todavía nos quedan tres cuartos de hora de la primera sesión y aunque le daré el alta pronto no puedo hacerlo hasta que haya completado al menos tres sesiones más, son el mínimo legal – la joven psiquiatra sacó su portafolio e hizo unas anotaciones – cuanto más colabore señor Padalecki antes terminaremos.
- De acuerdo – no pudo evitar la decepción y la muchacha le debió parecer un gesto gracioso pues se echó a reír, preguntó resignado - ¿Qué quiere saber?
- Tengo entendido que tiene una relación con el hijastro de la víctima – Jared se levantó como un resorte y cogió su chaqueta dispuesto a irse - ¿Qué está haciendo?
- No voy a hablar de mi novio con usted
- Señor Padalecki, no le estoy preguntando por morbo, o curiosidad, me da igual que tenga o no una relación, al que debe importarle es a usted, si la muerte del doctor Collins le ha afectado puede influir en su modo de tratar a sus seres más cercanos – explicó con dureza la mujer – puedo parecerle joven, pero le aseguro que sé hacer mi trabajo a pesar de llevar maquillaje y tacones.
- No lo dudo, pero no le voy a hablar de Jensen.
- ¿Se llaman por el apellido? – preguntó la doctora tan naturalmente que Jared bajó la guardia y volvió a sentarse sin darse cuenta.
- No, ese es su nombre
- Es curioso – replicó ella – no sabía que también se usara como nombre, sólo lo había escuchado como apellido.
- ¿De verdad es necesario que le hable de mi relación con él? – Jared no acababa confiar en la muchacha.
- O puede hablarme de cómo le ha afectado a él el asesinato, verá señor Padalecki, como le he dicho estoy casi segura de que usted está bien, sé que es una persona capaz de superar este tipo de situaciones, ya ha pasado por alguna ¿no? – repasó el portafolios otra vez – usted fue agente del FBI y ha visto cosas bastante feas. Pero tengo que hacerle venir al menos tres veces más por política del departamento y quizás podríamos aprovecharlo para ayudar a su pareja.
- ¿Me va a decir que no tiene información sobre Jensen ahí?
- No, sólo sobre usted
- Bien – valoró la oferta de la psiquiatra, con la muerte de Benjamin la recuperación lenta y trabajosa de su novio se había estancado y los intentos de suicidio posteriores de Misha y MG no habían mejorado las cosas – si vamos a hacer esto deje de tratarme de usted y llámeme Jared.
- Sólo si tú me llamas Eliza – le pareció que la mujer estaba coqueteando con él, le cayó bien.
- De acuerdo entonces, utilizaremos esas tres sesiones para ponerte en antecedentes sobre Jensen y si todo va bien y quiere conocerte puede que te contrate – la guapa doctora parpadeó sorprendida ante su rápida capitulación, Jared se explicó - Es cierto que Jensen necesita ayuda, mucha más de la que yo puedo darle, y es posible que tú puedas ayudar Eliza.
La sesión acabó más rápidamente de lo que ambos esperaban. Jared estrechó la mano de la mujer prometiendo que le haría llegar el historial de Jensen sobre su trastorno de estrés post-traumático y se marchó bastante más tranquilo de lo que admitiría. La doctora se sentó en la parte delantera del escritorio, absorta en sus propios pensamientos.
- Te lo dije, es Ross – un hombre tan alto como el que acababa de irse, aunque algo más fornido, salió de la habitación de servicio y se sentó junto a ella – ¿Qué vas a hacer Echo?
- No lo sé Paul – la muchacha se cruzó de brazos y cerró los ojos concentrada – matar a Ross, como pretendía la CIA, hubiera sido la opción más fiable, pero yo no soy de la CIA ni tampoco carezco de alma como Alfa y él es tan inocente como lo fuimos todos al principio.
- En la cabeza de Ross está toda la tecnología de la compañía Rossum, si alguna organización con el poder suficiente se hace con él y con Collins, podrían reeditar las Dollhouses y también está el asunto del "dinero de sangre" de Kabul, por el que le programaron para eliminar a los Winchester y que podrían utilizar para financiar la reconstrucción, no hay manera de que Ross salga indemne de esto Echo – Paul Ballard miró a su compañera – el chico es inocente, es cierto, no tiene la culpa de que Collins se fabricara un seguro robando la impronta de Topher y codificándola en su mente, pero hay que considerar las consecuencias y nuestras opciones son limitadas.
- Podríamos dejarlo en tabula rasa, pero es un activo antiguo y ya ha sufrido composiciones fortuitas, no hay garantía de que funcione y eliminemos para siempre la información – ella se frotó las sienes con los dedos, mientras estuvo fuera de su radar considerar que el activo debía morir no fue ningún problema, ahora que sabía algo más sobre él sí que lo era – es sorprendente que aún pueda ser reprogramado, puede que porque era solo un chaval.
- Fríamente, eliminando a Topher y a Misha, al ser los únicos que saben cómo extraer la información de Ross podríamos borrarlo y hacer creer a quienes estén interesados que los datos son irrecuperables, Jared era mi amigo y matar a la persona que ama es… – Paul se miró las manos – pero para salvarlo tendría que acabar con MG, tendríamos que asegurarnos que no quedaba nada de la identidad de Misha dispuesto a tomar el control de nuevo.
- No podemos permitir que esa tecnología vuelva a caer en malas manos Paul, se que McKinney también era tu amigo, pero si supiera lo que hay en juego ¿qué crees que diría? – Echo sonrió apretando la rodilla de su compañero.
- Diría "hacedlo", es un jodido héroe, siempre lo ha sido – sin embargo era una dura decisión, debía matar a la persona que compartió habitación con él cuando estudiaban en Quántico, quien le había ayudado a graduarse entre los primeros de su promoción, el único que confió en él cuando fue expedientado al inicio de su cruzada contra la compañía Rossum, quien rehabilitó su nombre y cerró las Dollhouses cuando fingió su muerte para acabar con esa aberración desde dentro – se intercambiaría sin dudar por Ross aunque no lo conociera personalmente y no conociera a Jared.
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El dúplex estaba en silencio cuando Jared volvió de su reunión con la Psiquiatra, no sabía si había hecho bien apoyando a Samantha en lo de que Jensen debía abandonar la mansión y recuperar algo de estabilidad antes de volver a vivir con los niños, comprendía que también había que tener en cuenta cómo afectaba todo esto a los pequeños y que las continuas crisis del pecoso no les hacía ningún bien, pero, quizás volver al lugar de partida no era la mejor solución.
Subió al ático, y se encontró a Jensen sentado en el pasillo, en el suelo. Se sentó a su lado recogiéndole contra sí. Se sentía tan impotente, ahora pensaba que quizás se había precipitado en lo de llevarle a ver a la doctora Dushku.
- Mi madre se ha llevado a los chicos – murmuró dolido como si le hubieran arrancado algo del alma
- Lo decidimos todos juntos Jensen, ella, tú, yo, los chicos – dijo apretándole aún más – no podías seguir en casa así, era demasiado duro para todos, estuviste de acuerdo.
- Pero los niños… - musitó entrecortadamente llorando como una criatura – ellos…
- No van a dejar de quererte porque estés mal, y tu madre tampoco, y mucho menos yo, te queremos todos, venga vamos a cenar algo y a ver una película ¿vale? – dijo sujetándole mientras su camisa se convertía en un desastre arrugado y mojado por las lágrimas, acarició el cabello corto y suave de su novio mientras este se calmaba y dejaba de estremecerse – te he buscado un psiquiatra, no tienes que ir si no quieres, pero quizás te caiga bien, yo probaría. Es una chica, no quiero que te enamores ni nada de eso, soy muy celoso.
Jared sonrió al notar que Jensen apreciaba la broma y se tranquilizaba dejándose conducir a la cocina.
- Ha llamado Stephen, pero no ha querido decirme nada – dijo con una voz tan débil que Jared le levantó la barbilla mirándole sin comprender – Stephen, dice que le llames.
- Vale, pero cenemos primero ¿OK?
Samantha había dejado un montón de comida preparada, y no pudo evitar pensar al ver el guiso de ternera o el asado, o la enorme fuente de puré de patatas, que mañana volverían a quedarse a almorzar y casi seguro al otro día también.
- ¿Cuándo se marcharon?
- A las siete, Vicky tiene un control de mates mañana y recogerían a Ty de Karate de camino – Jared encontró una masa tapada con film - ¿esto qué es?
- Masa para hacer pizza, Jake y yo hicimos palitos salados con pipas para merendar y sobró esa – Jensen se encogió de hombros – supongo que forma parte de los recuerdos falsos que me dejasteis conservar.
- Eh, mírame – Jared sacó la masa de la nevera y se acercó a su novio – esto no es falso, no hay nada de falso en ti
- Jay
- Cualquiera puede aprender a hacer pizza si quiere, sólo tiene que gustarle y buscar la receta en internet, por ejemplo, ¿qué tiene de malo saber cocinar? Sabes hacer un montón de cosas y seguro que la pizza estará espectacular – Jensen balbució algo inentendible bajando la cabeza avergonzado – no, mírame, no estoy contigo por lástima, borra ese pensamiento ahora mismo o te pongo la masa de sombrero ¿me oyes? Eres lo mejor de mi vida, ni por un segundo te atrevas a pensar que mi vida es tan lastimosa, no lo voy a consentir
- Yo no…
- Basta, ya, vamos a hacer esa pizza – dijo cortando la excusa y estirando la masa hasta dejar un desastre informe lleno de bultos sobre un pliego de papel de hornear – ve rellenándola y metiéndola en el horno mientras llamo a Stephen
- ¿Qué le echo?
- Tomate, queso, orégano y de lo demás confío en tu elección
Jensen se quedó paralizado unos segundos al irse Jared. La voz del falso McKinney retumbaba en su mente "Yo te lo di todo y tú me has quitado a mi padre" el chivato sonoro de la temperatura del frigorífico le sacó de su estupor, había estado más tiempo del necesario abierto. El antiguo activo se pasó la mano por la frente y la cara intentando apartar esos recuerdos. "Jared está aquí" susurró, era su mantra, todo podía solucionarse porque su novio seguía a su lado.
Volvió a hacer una bola con la masa y comenzó a estirarla dejando algo mucho más semejante a una base que lo que había hecho su novio, el tomate debajo, el queso de fundir sobre el tomate y sacó varios ingredientes, atún, aceitunas, jamón york, champiñones, se puso creativo, con huevo, piña, cebolla frita, y cuando terminó fue a buscar a Jared dando tiempo a que horneara.
- ¿Pero ha salido del coma? – se frenó en seco ante el tono preocupado y furioso de su novio - ¿cómo que no lo sabes? Entonces se lo ha tenido que llevar alguien
Jensen no quería espiar, no quería permanecer en silencio sin que Jared notara su presencia, el problema era que no era capaz de hacer un sonido o un movimiento al escuchar que su mayor temor volvía a ser algo real y no solo un horrible recuerdo tras otro.
- ¿Él también? Esto huele mal, estaba preparado Stephen – había furia en el gesto mecánico con que Jared se apartaba el cabello de los ojos – profesionales… sabemos que la CIA estaba interesada o quizás alguna mafia de trata de personas, son capaces de todo.
El antiguo activo consiguió moverse al oír al castaño despedirse de Amell con un escueto "Voy para allá". Fue ese el instante en el que Jared advirtió su presencia, no sonrió tranquilizador, al revés, estaba molesto por sentirse espiado, a veces era difícil sobrellevar los problemas de su novio aparte de los que la realidad le ponía en el camino.
- Necesito que no te vuelvas loco con lo que has oído Jensen – pidió al ver cómo el más bajo se retorcía las manos presa del pánico, si no lo tranquilizaba no podría ir al hospital a investigar la desaparición de McKinney – puede que no sea tan grave, no sabemos ni siquiera si se ha recuperado, podría seguir en coma.
- Entonces ¿por qué ha desaparecido? – el castaño se acercó a su amante al notar el agudo al final de la frase - ¿Quién es él también?
- Jensen… - murmuró conciliador ofreciéndole su mano que el otro tomó como si fuera un salvavidas poniéndola sobre su pecho y cubierta con las suyas, el más joven notó el golpeteo errático del corazón calmarse un poco – Jensen…
- No puedes decírmelo y tienes que ir a comprobarlo ¿no? – tomó aire como Benjamin le había enseñado para controlar los ataques de ansiedad y a pesar del miedo consiguió ordenar sus pensamientos – ve, encuéntrale.
- ¿Estarás bien? – Jared ni siquiera pensó en recuperar su mano aún sujeta en un tímido abrazo sobre el corazón de Jensen
- Si, creo que sí – consiguió sonreír el pecoso, y a pesar del sudor que empapaba su cabello podía notar que el corazón había recuperado un ritmo normal y ya no hiperventilaba – y si me estreso mucho me tomaré un calmante, ve, sé que lo arreglarás.
- Volveré enseguida – lo besó suave y profundamente, como no lo había hecho en un par de semanas – te quiero
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La habitación del hospital estaba limpia y no precisamente porque hubieran permitido que la limpiaran para volver a ocuparla. Las celdas dónde habían permanecido aislados Misha Collins y Topher Brink estaban tan limpias como la habitación del hospital. No tenían nada, ni imágenes de video, ni huellas, ni siquiera las de los desaparecidos. Nadie había visto u oído nada. Los tres hombres, vigilados día y noche, encerrados, uno de ellos en coma, se habían volatilizado en el aire como si nunca hubieran estado allí.
Jared volvió a repasar los videos en su despacho fotograma a fotograma, salvo los cortes inexplicables en los que se había producido las desapariciones no había nada extraño en ellos ni en el comportamiento de los vigilantes. El antiguo federal estaba furioso ¿Cómo era posible que los policías que los custodiaban no se hubieran dado cuenta de que se los llevaban? La única explicación era que hubieran sido sobornados, y Jared puede que no fuera un gran conocedor del carácter humano pero tanto el policía que vigilaba la habitación del hospital como los empleados de prisiones encargados de los corredores de aislamiento y psiquiátrico de la prisión estatal no admitieron haber facilitado las fugas, y el joven forense les creía.
- ¿Qué hace aquí doctor? – El Jefe Martínez entró en su despacho seguido de Armstrong – esta mañana he firmado su autorización de vacaciones con efecto inmediato
- Se trata de Misha Collins, Jefe…
- No debería estar trabajando y menos en un caso que le afecta de una forma tan personal, Padalecki – el otro forense intervino escudado en su superior
- Oiga Curtis, no voy a… - se levantó de su escritorio intimidando al menudo e irritante hombrecillo.
- En esto el doctor Armstrong tiene razón, Jared – se interpuso el jefe – está de vacaciones porque lo ha preferido a una baja obligatoria, este caso le toca demasiado cerca para que intervenga en él
- Pero, señor
- Sin peros Padalecki, váyase a casa, con su novio, seguro que le necesita y será más útil junto a él que aquí – Jared cerró los ojos dejándose caer de nuevo en su sillón – sé que es duro no hacer nada, pero debe dejar este caso a sus compañeros y al FBI.
- ¿Me informarán si descubren algo? – se rindió, con la urgencia repentina de estar junto a Jensen.
- No es lo más recomendable pero sí Jared, le tendremos al tanto de la investigación y seguro que su amigo el agente Amell será mucho más colaborador que este departamento – sonrió Martínez – El doctor Armstrong le mandará un informe diario de la investigación.
- ¡Pero jefe! ¡no tengo tiempo para informes extraoficiales! – se quejó el segundo forense
- Pues lo saca de dónde sea, si no puede hacer su trabajo tendré que pedirle al doctor Padalecki que aplace sus vacaciones hasta que encontremos un sustituto competente – el Jefe de policía fulminó con la mirada al funcionario, había permitido que Jared echara un vistazo a los videos e informes de la desaparición pues al contrario que sus agentes sabía qué posibles móviles podrían tener, pero el rencoroso hombrecito no le había dado otra alternativa que enviar a Padalecki a su casa sin intercambiar opiniones.
- Lo haré señor, Padalecki, tendrá su informe todos los días en el correo electrónico de su cuenta corporativa – gruñó antes de irse resoplando del despacho
- Por curiosidad, ¿ha visto algo que le haya llamado la atención?
- Nada, creo que los vigilantes no están implicados Jefe – dijo Jared recogiendo para irse
- Tome, puede echarles un vistazo en casa si le apetece – dijo Martínez entregándole las memorias con los videos de vigilancia
- Gracias señor – Jared estrechó agradecido la mano del jefe de policía.
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- ¡Se equivocan! ¡No soy quien creen que soy! – Misha Collins aporreó la puerta metálica con fuerza - ¡Esto es inconstitucional, sáquenme de aquí!
- Van a matarnos – en una esquina, Topher Brink escribía algo rayando en la pared con un trozo de metacrilato mientras continuaba como si estuviera comentando algún programa de cotilleos – creí que lo harían hace años, han tardado mucho en decidirse
- ¿De qué está hablando Brink? ¿Qué interés tiene la CIA en matarnos? – Misha se acercó al científico.
- No me di cuenta de que eran personas ¿sabe? Los activos ¿Cómo no me di cuenta? Yo creía que con mis improntas los mejoraba, eran como lienzos en blanco listos para ser convertidos en obras de arte, pero descubrí que eran personas y descubrí que me importaban, ahora lo sé – siguió rayando la pared sin mirar a su compañero de celda, con una calma antinatural – estoy listo para pagar por ello.
- Está loco Brink – gruñó el castaño y volvió a aporrear la puerta - ¡Quiero saber por qué estoy aquí! ¡Sáquenme! ¡Se equivocan! ¡No soy quien creen que soy!
Se detuvo un momento a tomar aliento y la cancela se abrió dando paso a una mujer alta, de cabello castaño y suave que enmarcaba un rostro hermoso cubierto de cicatrices y otro hombre, fornido, joven, de cabello oscuro y armado con un subfusil.
- ¡Whisky! ¡Víctor! – Brink se acercó a sus captores – yo, estoy intentando arreglarlo todo.
- Lo sabemos Topher – la mujer a la que el científico había llamado Whisky lo esposó cariñosamente – Echo quiere hablar contigo.
- ¿Está viva?
- ¿Quiénes sois? ¿Quién es Echo? – Misha se acercó a los recién llegados pero tuvo que levantar las manos y dar un paso atrás cuando Victor lo apuntó con su arma – dejadme hablar con vuestro jefe.
- ¿Sigues afirmando que eres McKinney? – Ballard sonrió de tal manera que Misha sintió miedo – veo que no me recuerdas, es natural, sólo nos habremos visto una o dos veces y de pasada.
- No soy Misha Collins por eso no puedo recordarle señor…
- Ballard, Paul Ballard – el antiguo agente del FBI se acercó intimidante a quien seguía insistiendo que era su mejor amigo – y el auténtico MG reconocería al primero en llamarle así cuando compartíamos residencia en Quántico.
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El olor a pizza quemada recibió a Jared a su vuelta de la oficina. Entró en la cocina y una humareda terrible le hizo toser sin control mientras ponía en marcha el extractor y apagaba el horno.
- Joder, la pizza, ¡Jensen! – gritó aterrado al notar el silencio - ¡Jensen! ¡Por Dios, no! ¡JENSEN!
Subió al ático, revisó habitación por habitación, los baños, el estudio de dibujo, nada, no había señales de lucha, ni de fuga, la ropa estaba guardada, las botas de Jensen seguían en el zapatero y sus zapatillas de casa no estaban en ningún lado.
Bajó lentamente las escaleras sintiendo que el mundo se le caía encima, que las rodillas no soportaban su peso, ¿eso era lo que sentía Jensen cada minuto? ¿Esto era lo que estaría sintiendo en manos de quien se lo hubiera llevado?
- Se ha quemado la pizza – el pecoso le miraba furioso desde el pie de la escalera con una baguette recién comprada en la mano – he tenido que ir por pan
Jared bajó el resto a trompicones demasiado aliviado en principio como para estar enfadado. Lo abrazó sin ningún cuidado por la compra que se partió, cayendo la mitad al suelo.
- ¡Jared! ¡El pan! – riñó Jensen
- He pasado tanto miedo – explicó recogiendo el pedazo de baguette y sacudiéndola con la mano – no le ha pasado nada, ¿ves? Toma
- ¿por qué hay tanto humo? – Jensen entró en la cocina - ¡JARED!
- ¿Qué te pasa? – le siguió, tres hombres con ropa de camuflaje y el rostro cubierto por una máscara de asalto reducían al pecoso que tras un corto forcejeo perdía el sentido - ¡Eh! ¡Dejadle en paz!
Sintió un leve pinchazo en el cuello y pareció que todo a su alrededor iba mucho más rápido que su cuerpo, aun así trató de golpear a quien arrastraba a Jensen hacia la salida trasera, todo lo que consiguió fue medir el suelo antes de perder el sentido.
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Le había ofrecido un montón de dinero, "Se puede conseguir cerca de mil millones de dólares con el oro de Kabul y si tienes un poco de paciencia la mitad podría ser tuya" y Misha sólo obtuvo un puñetazo en la cara y un gesto hosco. Al parecer Ballard era insobornable. "Insobornable y comodón" pensó mientras seguía cavando y sacando tierra de un hoyo de más de cuatro pies de profundidad.
- No voy a seguir cavando para que me pegues un tiro en la cabeza – dijo el antiguo gestor sin aliento tirando la pala fuera del agujero
- ¿quién ha dicho nada de pegarte un tiro en la cabeza? – Paul enfocó la linterna a los ojos de Misha y volvió a echarle la pala – sigue, no es lo bastante profundo, no querrás que los coyotes te desentierren y se coman tu cadáver.
- Por favor, tío, no tenéis que matarme, puedo ser muy útil
- Demuéstralo, cava.
Renegando volvió a coger la pala. Paul se alejó un poco, por si intentaba golpearle con ella a la desesperada y siguió alumbrándolo con la linterna. Misha empezó a cavar otra vez, golpeando el suelo con más fuerza de la necesaria, jadeando y quejándose, agotado.
El antiguo federal estaba convencido de que lo que iba a hacer, si bien era espantoso, también era necesario. Un pequeño silbido sonó junto a su oreja derecha y una nubecilla de polvo se levantó en el extremo más alejado que iluminaba su linterna. Paul se giró y sintió un golpe en un brazo, seguido de un estallido de dolor, otro golpe en una pierna, en el pecho, varios más en el pecho, otro le rozó la cabeza llevándose un surco de piel y cabello antes de caer.
Varios hombres de camuflaje corrieron hacia el hombre del agujero que parecía molesto. Uno de ellos se quitó la máscara revelando el rostro del agente Lynch de la CIA.
- Llega tarde Lynch, iba a matarme y se hubieran quedado sin su oro y su información – uno de los atacantes le echó el extremo de una cuerda con un pedal anudado al fondo, metió el pie izquierdo y con ayuda de los recién llegados salió de su fosa – ¿Cuánto tiempo más iban a tardar en rescatarme?
- Sólo percibimos su señal hace un par de horas Collins, ¿cree que es fácil desplazar un equipo hasta aquí con tan poco tiempo? De gracias a que estábamos preparados desde que desapareció de prisión – Lynch sonrió con frialdad – pero tenemos buenas noticias, tenemos a tu muñeco a buen recaudo.
- Perfecto – la sonrisa de Misha era mucho más fría cuando dio una patada al cuerpo inmóvil y cubierto de sangre de Ballard – y yo sé dónde encontrar todo un equipo para improntas nuevecito.
- ¿Quién era ese? – preguntó Lynch al subir al todo terreno negro.
- ¿Ha oído hablar de Paul Ballard?
- ¡No fastidie!
- Pues sí, va a recibir la medalla al mérito por cargarse al enemigo número dos de sus jefes pero eso no es lo mejor, si nos hacemos con el material rápido, también podrá capturar a Brink vivo y a una vieja enemiga que los ha llevado de cabeza los últimos años.
- No es cierto, la tal Echo no existe, es sólo una leyenda.
- Una leyenda muy sexi, Lynch, ya lo verá.
...Continuará
