- Bueno, bueno, bueno (salió Jim del despacho pasándose la mano por la cara. Blair se giró al oír a su padre) Esquina (dijo sin ni mirarlo, no hacía falta había oído como los rizos del muchacho se movían rápidamente).
Jim sacó la lasaña del horno, estaba justo en su punto, y empezó a poner la mesa del comedor. Cuando la mesa ya estuvo a punto le dio permiso a Blair para sentarse. Y mientras comían. Blair le iba diciendo todo lo que había hecho mal y, todo lo que debía haber hecho en vez de mentirle, ocultarle cosas e intenta huir de casa. Jim escuchaba atentamente, no le interrumpió ni una vez. Quería que el chico se diera cuenta por si mismo de los errores que había cometido. Y que se diera cuenta que había otras formar de actuar. Otras que no le metían a él y a su trasero en problemas con el detective. Pero de vez en cuando Jim se abstraía en sus propios pensamientos y sentimientos de culpabilidad. Siempre había pensado que la tendencia de Blair a mentir, exagerar o ocultar eran cosas que había aprendido/heredado de su madre. Pero quizás no tan solo lo había sacado de su madre, quizás había bastante más de lo que pensaba de si mismo en el chico.
Para cuando hubieron acabado de comer, Blair ya había expuesto todos los puntos en que la había cagado y todas las posibles alternativas que se le habían ocurrido. Todas muy buenas opciones, en opinión del detective. Jim recogió la mesa y los trastos, dejando al niño angustiado un ratito más. Finalmente entró en el salón y con el dedo le indicó que se sentara en el sillón. Blair corrió a sentarse en el sillón. Mientras estuviera sentado su culo estaría a salvo de la mano y del temido cepillo del detective.
- Te voy a ser sincero Blair. Hace media hora cuando entré por esa puerta estaba dispuesto a darte la paliza de tu vida (Blair levantó de repente la cabeza con un brillo en sus ojos, su padre estaba hablando en pasado). Espera un momento, Blair, no lances aun los cohetes (viendo la reacción de su hijo). Pero justo hace unos minutos me ha pasado algo muy interesante.
- ¿Cuando entraste en el despacho?
- Si, ¿Sabes a qué entré?
- No (con cara de no entender nada)
- No, papá (Jim le corrigió)
- no, papá (Blair repitió con gusto)
- Entré a hacer una llamada que debí hacer 16 meses cuando supe de ti (Blair se puso tenso). Llamé a tu abuelo, pensé que si te daba el pack familia al completo, te sería más fácil hacerte a la idea que ya no estás solo, que tienes una familia a la que acudir y a la que confiar.
- ¿Tengo un abuelo? (los ojos de Blair brillaban como estrellas fugaces)
- Un abuelo y un tío, del cual no quiero que aprendas nada (apuntándole con el dedo amenazante).
- Guauuuu ¿en serio? ¡Tengo un abuelo y un tío!
- Debí decírtelo antes (murmuró Jim, negando con la cabeza y golpeándose mentalmente una y otra vez). Verás. Mi relación con mi padre es bastante fría. Cuando viniste a casa me jure a mi mismo que no permitiría que eso nos pasara a nosotros dos. No iba a permitir que fuéramos dos extraños viviendo bajo el mismo techo. Por eso doy tanta importancia a que me lo cuentes todo y que compartamos nuestras alegrías, penas, preocupaciones y esperanzas.
- Lo siento, papá, no tenía ni idea.
- Y no eres el único. Tu abuelo tampoco la tenía. Y al igual que yo no se toma muy bien que sus hijos le oculten cosas. Cosas importantes. Como la muerte de una madre o la aparición de un hijo (Blair sonrió al ver que su padre se parecía a él más de lo que pensaba).
- Entonces se puede decir que de tal palo tal astilla ¿No? (genial, se iba a librar de la zurra. Porque Jim no sería tan hipócrita de pegarle por algo que él mismo había hecho ¿Verdad?).
- Borra esas sonrisita de la cara Blair (dijo con un tono más serio) Tienes razón de tal palo tal astilla (con una mueca malévola). Y yo también he sacado algo de tu abuelo (Blair lo miró un poco asustado, no sabía porqué pero aquel cambio de tono no le gustaba). ¿Sabes? Tu abuelo jamás dejó una travesura sin su debido castigo. Y antes que me llames hipócrita. Te lo digo, te castigo porque soy tu padre y es mi deber enseñarte lo que está bien y encauzarte por el buen camino. Aunque algunas veces lo que quiera para ti, que siempre es lo mejor, no coincida con lo que yo haga o diga o piense.
- Tú lo has dicho es hipócrita.
- Añadamos la hipocresía a la larga lista de mis defectos. Si te sirve de consuelo, esta noche yo mismo responderé por mis actos ante mi padre.
- ¿qué?
- Tu abuelo nos ha invitado a cenar. Y cómo no quiero que esta cena sea más incomoda de lo que ya va a ser. Tu castigo se pospone hasta mañana. Digámoslo así, considéralo como el primer regalo que tu abuelo te va a hacer.
- No me parece justo. Me vas a castigar por algo que tu mismo haces.
- No contigo.
- ¡ja! (cruzándose de brazos) No me dijiste que tenía un abuelo y un tío.
- No, No lo hice. Como no te he contado muchas otras cosas que considero que no estás aun preparado para saber. Eres mi hijo y decido lo que creo conveniente que sepas o dejes de saber.
- ¿Conveniente para quién? ¿Para ti o para mí? (hablándole como si fuera un amigo suyo y se estuviera pavoneando)
- Blair, la zurra se ha pospuesto, no cancelado. Y a menos que quieras añadir la falta de respeto a tus delitos, yo iría cambiando esa actitud tuya.
- No es justo.
- Tú mismo me has dicho que has hecho mal, que debiste acudir a mi y contármelo en el mismo momento en que te llegó su paquete con la urna y la carta. Tú mismo me has dicho que te merecías el castigo que yo creyera más conveniente.
- Pero eso era antes de
- ¿Es decir que ahora no crees que hiciste mal?
- ¡Papá! No retuerzas mis palabras (dijo enfadado dando un puñetazo en el brazo del sillón)
- Hijo, no actúe bien y tu tampoco. Pero yo soy un adulto y las consecuencias de las cagadas cuando eres adulto son mucho peor que unas nalgadas.
- Es muy fácil decir eso cuando no eres tú quien las va a recibir (dijo enfurruñado)
- Ni el que va a estar castigado todo un mes.
- ¡Qué!
- No me tientes hijo, que es muy fácil para mi hacer que ese mes pasen a ser dos.
- Noooooo (como si fuera un niño de 4 años)
- Un mes, Blair, un mes sin tele, teléfono, calle y bajo arresto domiciliario o vigilancia.
- ¿Bajo vigilancia?
- si, cuando salgas de la facultad quiero que vengas directo a la comisaría, allí estarás hasta que yo termine mi turno.
- ¿Y qué voy a hacer yo en la comisaría?
- Tus deberes, estudiar, copiar líneas, ya se verá, y cuando hayas acabado, puedes estar tranquilo estoy seguro que le capitán Banks encontrara algo en que mantenerte ocupado (Blair se puso de morros y empezó a murmurar entre dientes)
- ¡Blair! Si te vas a quedar ahí sentado refunfuñando, mejor te vas a tu habitación y empiezas a ordenarla.
Blair se levantó de mala gana y dando pasos que parecían más de elefante que de un chico de 16 años se fue a su habitación a arreglarla.
