Como siempre los personajes son de Meyer. La historia es de Sara G. (Rosalie Massen) y de moi ;)


Sabía que no debía pensar en Bella; al menos no en la forma en que lo había hecho, no con los mismos ojos y mucho menos con las mismas intenciones, pero me resultaba imposible. Ella seguía siendo la mujer más bella y encantadora de todas ¿cómo podía apartarla de mi mente así nada más?

Ella era lo más importante para mí, siempre lo fue y verla llorar me destrozaba por completo. Quería consolarla a ella, abrazarla a ella y que ella supiera que yo siempre iba a estar ahí, pero no podía hacerlo. En su lugar estaba con Tanya, que no era ni de cerca mi Bella pero tampoco era una mala persona.

Tanya era buena, amable, comprensiva, empática y responsable. Debía admitir que me la pasaba muy bien con ella porque siempre tenía algo interesante que decir, anécdotas que contar y era una persona muy culta. Para ella lo más importante era su familia, sus hermanas en primer lugar y cuidaba de ellas de la forma en que su madre −que trabajaba todo el día− no lo hacía.

Pero ahora no solo era Tanya, también estaba Alec. Ese chico de ojos grises que nadie conocía se creía con el derecho de coquetear con mi Bella y yo no podía hacer nada, salvo observarlos. Ella parecía también interesada en él pero no podía saberlo. Siempre fue muy difícil de interpretar y ese guiño, un solo e insignificante guiño disparo cosas en mí que antes no habían existido.

No estaba siendo justo con ella por supuesto. Yo estaba con Tanya y de la forma más egoísta posible la estaba utilizando para ir a la universidad de mis sueños; Bella entonces, podía hacer de su vida amorosa lo que ella quisiera y yo debería estar contento de que por lo menos uno de nosotros pueda ser feliz, pero ¿él? ¿Tenía que ser Alec el-chico-perfecto?

¡Era solo un mocoso con aires de grandeza! Bells se merecía a alguien mejor que él, alguien que pudiera defenderla y que dejara todo y a todos por ella alguien como… alguien diferente a mí.

—Edward —llamó suavemente Tanya con ansiedad —, mi madre acaba de llamar. Creo que Irina se puso mal de nuevo, tengo que irme.

La hermana de Tanya tenía cáncer. Los médicos aseguraban que estaría bien con terapias y medicamentos pero las cosas solo parecían empeorar.

—¿Te llevo? —quería hacer algo útil por lo menos con una persona.

—No, no. Mi padre está por aquí y vendrá a recogerme, pero puedes acompañarme a la entrada si quieres.

—Claro —me levante y le ofrecí la mano como apoyo. Estaba muy cansada, la noche anterior se había quedado velando a su hermana.

No le di una sola mirada a Bella cuando pase a su lado, y ella tampoco me miro.

—¿Qué tal van las cosas con Irina? —ya habíamos llegado al porche, y nos sentamos en las bancas de mis padres a esperar.

Ella suspiro y agacho la mirada.

—No lo sé. Anoche se puso de verdad mal y mi madre dijo que hoy la llevarían al hospital otra vez —su voz se quebró —. Pobrecilla… al fin había salido de ese horrendo lugar y ahora tiene que regresar, y yo… no se qué hacer Edward. No puedo ayudarla de ninguna manera, me siento tan… tan impotente.

Me acerque más a ella y tome su barbilla con un dedo para que me mirara.

—Tanya no es tu culpa ¿de acuerdo? No puedes hacer nada para ayudarla ahora y si te ve así se va a poner peor. Piensa positivo; en el hospital pueden ayudarla mucho más y la vigilarían a todas horas. Las cosas van a mejorar, ya lo veras.

—¿Y si no? ¿Qué pasaría si la pierdo? Si… si algo le pasa a mi hermana te juro que yo…

Puse un dedo en sus labios para silenciarla y susurre:

—Nada va a pasarle. No pienses en esas cosas Tanya, solo conseguirás sentirte peor. No saques conclusiones antes que los médicos, se paciente y las cosas van a mejorar —de sus ojos se desbordo una lágrima y yo suspire. Odiaba verla sufrir de esa forma.

Tome sus hombros y la abrace a mí. Al principio se quedo estática, parecía reacia a llorar frente a mí, pero con un suspiro que parecía provenir de las plantas de sus pies, rodeo mi cuello con los brazos y rompió en llanto.

No sabía que decirle, pero de todas formas sabía que no era necesario hablar. En algunos momentos las palabras sobraban, y estaba seguro de que este era uno de esos. Tanya solo necesitaba que alguien la abrazara fuertemente y que no la dejara caer; y yo podía hacer eso por ella.

—¡Hay Edward, discúlpame! —Tanya se enderezo limpiándose las lágrimas restantes de sus mejillas. Debía admitir que lucía adorable con el rímel corrido.

—No te preocupes —le sonreí —, todo está bien.

Ambos desviamos la mirada hacia la carretera frente a mi casa cuando un Lincoln bronce aparco. El padre de Tanya hizo sonar la bocina y desde dentro grito un 'Buenas tardes Edward' que devolví con un movimiento de la mano.

—Muchas gracias por todo —me sonrió sonrojada y bese su mejilla.

—Tranquila, no pasa nada. Llámame por cualquier cosa ¿de acuerdo?

Ella asintió y camino hacia el auto, agito la mano y se fueron. Suspire y me deje caer en la banca blanca que antes había compartido con ella.

Que complicado era… todo.

Yo no amaba a Tanya, claro que no. Lo que sentía por ella era lo mismo que sentía por Rosalie o por Alice, y por eso me dolía su sufrimiento. Desde pequeño me había molestado ver a las chicas llorar; una mujer siempre era más hermosa con una sonrisa adornando su rostro, y además yo podía entenderla.

Quería ayudarla, borrar ese dolor de su rostro y que fuera tan feliz como lo era siempre, pero no sabía cómo hacerlo. Estaba claro que no podía hacer nada por Irina, eso era algo que Dios y el destino tendrían que arreglar, pero quería ayudarla a ella. Quería que Tanya se distrajera un momento pero no sabía cómo hacerlo.

Emmett me había dicho que un 'beso apasionado' como solía llamarlo él, lo arreglaría todo pero no podría hacer eso. No solo le mentiría, también traicionaría a Bella y a mí mismo. Un beso era demasiado… íntimo y no podía obsequiarlo así como así. Era obvio que tendría que pensar en otra cosa.

Me levante del banco y entre la casa inseguro de volver a salir al funeral. Quería estar con Emmett pero no quería ver a Bella y a su nuevo amiguito.

—Hey Ed ¿qué haces aquí? —me pregunto una voz musical desde la sala.

Me voltee para encontrar a Alice sentada sola en el sofá de mi padre.

—Fui a acompañar a Tanya hasta que su padre viniera por ella.

—Oh ya veo… Tanya —susurro con molestia. Fruncí el ceño y me acerque a ella.

—¿Qué ocurre?

—¿De qué hablas?

Rodé los ojos y me senté frente a ella en la mesa de café.

—De Tanya, Alice ¿qué ocurre con ella?

La pequeña frunció el ceño y suspiro teatralmente. Después puso sus manos sobre su falda de globo negra y se acerco un poco más a mí.

—Edward ¿es que no te das cuenta del daño que le estás haciendo a Bella?

Me quede en silencio procesando lo que Alice había dicho. Yo sabía que Bella no estaba feliz con mi decisión de estar con Tanya por la forma en que me miraba, y por la forma en que la miraba a ella, pero yo creía que solamente estaba molesta. Pero ¿daño? ¿De verdad le causo tanto daño?

—¿De qué hablas Alice? —pregunte estúpidamente y ella volvió a suspirar más pesadamente.

—Edward, ¿cuántas veces Bella te dijo lo que sentía por ti? ¿Es que nunca le prestabas atención?

—Claro que lo hacía Alice —alegue comenzando a molestarme.

—¿Y entonces? ¿Por qué dudas?

No entendía nada de lo que ella trataba de decirme. Crucé los brazos con obstinación y la mire imitando su gesto airado.

—No entiendo de que me hablas —admití al fin.

—¡Edward! —se levanto y de pronto comenzó a hablar más rápido —. ¡Bella te ama zopenco! Siempre lo hizo y lo seguirá haciendo, y que tú estés pegado a Tanya como una lapa la lastima de verdad. ¿Es que no te das cuenta de la forma en que te mira? ¿A ti? ¿A ella? Le duele porque cree que ya la olvidaste, y la verdad eso es lo que parece porque no te despegas de Ricitos ni un segundo.

—Yo también amo a Bella —susurré con la mente incapaz de formular una frase con más coherencia.

Alice rodo los ojos y se volvió a sentar.

—¿Y Tanya? —pronuncio con sorna.

—¿Qué pasa con ella?

—Exacto, ¿qué hay con ella? ¿También la amas? —¿Se estaba burlando de mí?

—¡Pero claro que no Alice! —ahora fue mi turno de levantarme y fruncirle el ceño —. No siento por Tanya ni la mitad de lo que siento por Bella, no seas ridícula.

—¿A no? —levanto las cejas con incredulidad. Su frase destilaba sarcasmo.

—Pero claro que no.

—¿Y la escenita de afuera?

Ahora si me había quedado completamente en blanco. ¿Alice me había visto con Tanya? Me estremecí al comprobar lo que para ella debió significar el abrazo que le di y la forma en la que estábamos hablando. Si yo fuera ella habría interpretado esa escena como… romántica.

Me estremecí.

—Alice eso no fue… ella y yo no… yo jamás… —era incapaz de formular una frase coherente y estaba en shock. ¿Qué demonios le iba a decir ahora? —. Eso no fue lo que creíste haber visto.

—¿De verdad? ¿Entonces no la estabas abrazando y hablándole en susurros? —más sarcasmo.

—Yo… bueno si, pero no fue por lo que tu creíste. Tanya está atravesando tiempos muy difíciles y me necesita.

Alice enrojeció como no la había visto nunca y se levanto haciéndome frente.

—¡¿Qué Tanya está atravesando por tiempos 'difíciles'? ¿Y qué hay de Bella, pedazo de bestia?

—¿Qué pasa con ella?

Se acerco aun más a mí y antes de que pudiera hacer nada me dio un golpe en la frente. Demasiado fuerte para alguien de su talla.

—¡Alice!

—¡Edward Cullen no puedo creer que seas tan insensible! Bella está sufriendo también y es por tu culpa. Mientras tú le haces piojito a la oxigenada, Bella esta sola, sufriendo por causa y a ti no te importa.

Me enfade al igual que ella y le fruncí él ceño. ¿Qué Bella estaba sufriendo? ¡Si claro!

—No sé donde estuviste hace un rato Alice, pero Bella no está sufriendo. De hecho se ve muy feliz con su 'amiguito' Alec.

Se quedo en silencio. La ira desapareció y su boca se entreabrió en una pequeña 'o'.

—¿De qué hablas? —susurró.

—Hace un rato estaba hablando con el chico ese, el primo de Emmett y se veía muy contenta —le conteste con amargura volviendo a sentarme —. Estaba coqueteando con él y te puedo asegurar que no lucia en lo absoluto triste o molesta.

—Pero… ella jamás…

—Oh Alice créeme yo sé lo que vi.

Ambos nos quedamos en silencio asimilando todo lo que habíamos hablado, sumidos en nuestros pensamientos. Lo que Alice decía era verdad, alejarme de Bella había sido muy difícil para los dos y con o sin Tanya yo seguía, y seguiría sufriendo. No podía alegar que ella la estaba pasando de maravilla; eso podía notarlo, pero después de todo el que yo me alejara había sido su elección. Ella fue quien me dijo que lo hiciera y yo solo lo hice por ella.

—De todas formas Edward —Alice rompió el silencio y continúo hablando —, ¿es que no piensas luchar por ella? La verdad yo creía que lo sentías por Bells era algo verdadero pero ahora parece que no te importa.

—Claro que me importa pero ¿Qué puedo hacer? Desde un principio ella y yo sabía que llevar una relación sería peligroso, y no solo eso Alice; está prohibido y es antinatural. No quiero someterla a que la juzguen y la señalen como a una cualquiera, yo… no lo toleraría.

—¿Es eso lo que te preocupa Edward? —Me miraba con incredulidad y con las delicadas cejas casi rosando el nacimiento de su cabello — ¿El incesto? ¿El que dirán? ¡Yo pensaba que eras mejor que todo eso! Si lo que te interesa es lo que las personas puedan pensar de ti entonces…

—¡No es de mí de quien me interesa que hablen Alice! No toleraría que Bella se sintiera humillada por mi causa.

Suspire y recargue la cabeza en el sillón con los ojos cerrados. ¿Qué podía hacer ahora? En un año estaría estudiando en California si las cosas seguían como hasta ahora y Bella iría a Connecticut a estudiar literatura. En un año dejaría de verla y no sabía hasta cuanto tiempo estaríamos separados. Podía luchar por ella ahora, dejar todo y apartar a todos para estar con ella por siempre; ignorar a nuestros padres y a la sociedad, huir juntos para vivir solos pero sabía que no lo haría. Era cobarde y me importaba demasiado lo que Carlisle pudiera pensar para hacer algo como eso.

En ese caso ¿qué otra opción tenía?


La lluvia caía insistente contra el vidrio ya empañado de la ventana de mi auto y él viento soplaba tan fuerte que incluso encerrado como estaba podía escucharlo rugir. La música que usualmente solía escuchar a volumen ambiente, ahora impedía cualquier posible conversación entre mi copiloto y yo. De todas formas no tenía ánimos para hablar con ella.

Tanya se había puesto de un humor terrible porque había llegado media hora tarde a su casa, e hizo un berrinche como nunca la había escuchado porque no pude comprar el medicamento que Irina necesitaba. ¡El cielo se estaba cayendo y ella quería que condujera hasta Hoquiam por una caja de doce pastillas que de todas formas no servían para nada!

Llegamos a nuestro destino y baje dando un portazo a la puerta, y tan enfadado que no abrí la puerta del copiloto para ella, ni siquiera espere a que se reuniera conmigo. Camine en dirección a la casa de color azul con blanco y llame dos veces al timbre antes de que una mujer con vestido color blanco perla y el cabello recogido en una elaborada trenza me abriera con una enorme sonrisa.

—¡Edward! Pasa cielo, pasa. Te estábamos esperando —se hizo a un lado y entonces miro quien venía detrás de mí —. Tanya muy buenas tardes. Que hermosa blusa cariño.

—Muchas gracias señora McCarthy. Es la única que lo cree aparentemente —me lanzo una mirada envenenada y entro antes que yo.

La tía de Emmett me siguió muy de cerca hasta llegar a la enorme sala de TV desde donde salían risas, voces y música.

—¡Edward! —grito una aguda voz y unos pequeños y delgados brazos envolvieron mi cuello.

—Hola Alice —susurre devolviendo el abrazo —. ¿Qué tomaste?

—¡¿Qué? ¿Por qué abría de haber tomado algo? ¿Es que no confías en mí? —me miro con los ojos brillantes y un puchero en los labios.

—¿Lo hiciste?

—Hmm puede que un vaso o dos de vodka. No tiene importancia —tomo mi mano y camino hasta una enorme mesa repleta de comida y rodeada de personas que charlaban. El lugar estaba atestado.

—¡Eddie! ¡Hermano! —grito Emmett haciéndose oír a pesar de la música y sentí un fuerte y agudo golpe en el brazo derecho.

—Hola Em —gruñí —. Feliz cumpleaños grandulón.

—Oh claro que lo son gruñón —me guiño un ojo y después mirando a su alrededor pregunto —: ¿Y tu barbie?

Rodé los ojos pero también la busque con la mirada. Había demasiada gente y no encontré por ningún lado su cabellera rubia rojiza.

—No lo sé —me encogí de hombros y tome un bocadillo del platón más cercano.

—¿Cómo que no lo sabes? ¿Qué no son como uña y carne?

Negué con la cabeza y rodé los ojos otra vez restándole importancia.

—¿Paso algo? —susurro.

Me pase el canapé que tenía en la boca y fruncí el ceño sin mirarlo.

—No lo sé. Llegue tarde por ella y se molesto, además quería medicamentos y como no los pude conseguir se molesto aun más ¿Quién entiende a las mujeres?

Nos miramos y respondimos a la vez:

—Jasper.

—Aquí entre nos —siguió Emmett con aire confidencial —creo que Jazz es mitad niña.

Solté una carcajada, tome un mojito* y me lo tome de un trago.

—¿Y Rosalie? —pregunte cuando me acostumbre al sabor dulce mesclado con lo amargo del vodka.

—No lo sé —su rostro se ensombreció y frunció el ceño —. No ha llegado.

—¿Cuándo le dirás lo que sientes? —le pregunte sin pensar y tome un mojito más.

Voltee a mirarlo. Estaba sonriendo de oreja a oreja y sus ojos brillaban burlones.

—Que marica es eso de '¿Cuándo le dirás lo que sientes?'

—¡Emmett McCarthy! ¿Acabas de decir 'marica'? —Gritó una voz detrás de nosotros — ¡Qué clase de vocabulario es ese jovencito!

—Lo siento tía —susurro mi amigo y todos los presentes rompimos en carcajadas.

—Está bien cielo —Melanie sonrió y le dio una palmada en la mejilla con lo que todos reímos aun más fuerte —. Te busca alguien Em.

Sonreía y miraba hacia atrás con una sonrisa aun mas grande, con maldad. Como si ocultara algo.

—¿A sí? Pues que pase —se encogió de hombros.

—¡No! sal a recibir a tu invitado, no es de buena educación dejarla… lo, lo siento. Dejarlo esperando.

¿Dejarla?

Emmett rodo los ojos y salió de la habitación.

-¡Aléjate de mis flores! -le gritó para confusión de todos y salió tras él.

En cuanto se fueron la música volvió a sonar y todos siguieron en lo que estaban hasta que un chico con cabellera rubia se acerco a mi lado.

—Que hay Jazz ¿y la pixie?

—Con Bella —se encogió de hombros.

Bella… mi Bella. Mi dulce y tierna Bells.

Sus arreboladas mejillas, sus carnosos y rosados labios, sus brillantes y perfectos ojos marrones, su cabello caoba largo y sedoso, y su olor… su dulce olor. Ese que me volvía tan loco y me hipnotizaba de una forma casi siniestra. Mi…

¡No! No debía pensar en Bella. Era algo que me había propuesto y debía cumplirlo. Si seguía con la mente puesta en ella a cada momento no podía seguir la vida normal que tanto ansiaba.

—¡Chicos, chicos, chicos! —grito la aguda vocecilla de Alice acercándose saltando y de la mano de mi Bella. El efecto de los mojitos y la ginebra que me estaba tomando me estaban haciendo efecto sin duda.

Le sonreí abiertamente y se sorprendió tanto que vacilo antes de contestarme con otra sonrisa igual, pero con cierta timidez.

—¡Tienen que ver algo! —Alice señalo hacia la ventana.

Emmett y Rosalie estaban sentados en la hierba. Tomados de las manos. Mirándose a los ojos. Acercándose cada vez más. Besándose.

¡Besándose!


Rosalie POV

— ¡Rosie cielo! —saludo la tía de Emmett dándome un efusivo abrazo —. Estábamos esperándote cariño, ¿cómo estás?

—Muy bien señora McCarthy ¿y usted qué tal?

—Mucho mejor. Emmett también está mejor y todo es gracias a ti —me ruborice y aparte la mirada. Aun no sabía si podría hacer eso pero tendría que esforzarme. Lo haría por Emmett.

—¿Señora McCarthy?

—¿Si Rosie? —me miraba con sus ojos color miel claro con amabilidad y estaba hacia un lado de la puerta para que pasara a su lado.

—Necesito pedirle un favor —me ruboricé y baje la mirada. Estaba nerviosa; no, más que nerviosa. El pulso atronaba en mis oídos y mis manos temblaban tanto que tuve que meterlas en los bolsillos de la chaqueta, mi nuca estaba caliente y mi rostro también, a pesar del frio glaciar que lo azotaba.

—Lo que sea Rose, dime —sonrió formando una serie de pequeñas arruguitas en torno a sus ojos.

—Quiero… quiero darle mi regalo a Emmett aquí a fuera y hum no quisiera entrar porque… bueno, usted sabe. Si entro Alice no me va a dejar salir —solté una risa nerviosa.

—Oh ya veo —sonrió de una forma diferente y susurro —: nada de cosas sucias en mis flores ¿de acuerdo?

Mis ojos se abrieron como platos y saque las manos de un jalón de los bolsillos raspándolas. Di un paso atrás y me tambalee en las escaleras.

Melanie soltó una carcajada y entro a la casa dándome un guiño.

¡Si ni siquiera había pensado en eso!

Camine hasta encontrar un árbol con las raíces lo suficientemente altas para sentarme, y enterré mi cabeza entre mis rodillas.

—¡Rosie! —la aguda vocecilla de Alice me saco de mis cavilaciones.

Venia corriendo hacia mí, con las mejillas sonrosadas y detrás de ella, Bella sostenía un vaso con un líquido blanco.

—Hola chicas.

—Creímos que ya no vendrías —la pequeña se sentó a mi lado y comenzó a contarme con lujo de detalle cómo fue que encontró su hermosa blusa lila de Charlotte Russe. Bella como siempre fue más perceptiva y me miro con la cabeza inclinada, derramando un poco del líquido que contenía.

—¿Estás bien? —me pregunto interrumpiendo a Alice.

—Hmm creo —conteste nerviosa.

—¿Qué ocurre? —esta vez fue Alice quien pregunto.

—Hoy hablare con Emmett.

Los ojos se ambas se abrieron como platos y gritaron a la vez y se acercaron más para que les contara exactamente qué era lo que iba a decirle.

—No lo sé aun la verdad —me encogí de hombros —, supongo que improvisare.

—¿Pero porque ahora? —pregunto Bella con los ojos brillando y la voz más aguda a causa de la emoción.

—Ha pasado mucho tiempo chicas; quiero decir que con Emmett soy… soy yo. No la chica descerebrada y fría que todos creen que soy. El me entiende y me escucha todo el tiempo; es divertido, tierno, fuerte y valiente. Es… es perfecto para mí.

Era consciente de la sonrisa tan estúpida que se había formado en mi rostro, pero eso era toda la verdad ¿para qué esperar?

—¡Oh mi Dios! Creo que ahí viene —grito Alice levantándose de un solo salto. Tomo a Bella de la mano que me deseo un 'suerte' y ambas entraron por la puerta de atrás.

Mire hacia enfrente donde Emmett acababa de salir buscándome con la mirada. Cuando nuestros ojos se encontraron su sonrisa se ensancho y troto hasta llegar a mi lado. Ya casi no había rastro de la tristeza que lo embargaba.

—Hola nena —se sentó a mi lado y besó mi mejilla.

—Hola Em.

—Creí que no llegarías. Estaba pensando si enfadarme contigo o no.

—¿A si? ¿Y qué iba ganando?

Sonrió de una forma más bella y encantadora, y susurro:

—Jamás podría enfadarme contigo Rosie.

Eran estos momentos, estos pequeños y hermosos momentos los que me hacían mantener firme mi punto. Emmett no solo era un chico especial, era el más especial y podría ser mi chico si yo quisiera.

—Quiero… yo quería darte tu regalo de cumpleaños —susurré con timidez.

Soltó una carcajada al aire y volvió su mirada a todos lados buscando el regalo del que estaba hablando.

—¿Y donde esta? —sonreí. Era como un niño pequeño.

—Hmm no se puede envolver.

Sus ojos se abrieron como platos y articulo sin decir nada hasta que la voz surgió.

—¡Vas a obsequiarme un auto!

Fue mi turno de burlarme de él. ¿Un auto? ¿De verdad?

—No Em, no es un auto.

—¿Y entonces qué es?

Ahora o nunca.

Suspire, lo tomé de la mano y lo mire a los ojos. Me devolvió la mirada confuso, hasta que me incline ligeramente a él.

Sus ojos se abrieron solo un poco para después cambiar. Brillaba. Todo el brillaba y una pequeña sonrisa bailoteaba en sus labios. Nos acercamos aun más respirando nuestras mutuas fragancias y una sonrisa se escapo de mis labios.

—Chocolate —susurre sin pensar.

—¿Cómo? —susurro también. No nos separamos; este momento era demasiado perfecto.

—Hueles a chocolate —le explique antes de que sus labios tocaran los míos.

Fue como si una descarga eléctrica me recorriera por completo. Enrede mis manos en su cabello y lo atraje más a mí. El momento no era el más romántico del mundo, ni tampoco escuchamos un coro de violines tocando para nosotros. La canción 'Are you gonna be my girl' de Jet sonaba estruendosa desde dentro contrastando con nuestro momento, pero de alguna forma solo hizo que fuera más bello.

Cuando nos separamos Emmett pegó su nariz a la mía y sonreió. Sonreía inmensamente al igual que yo.

—Are you gonna be my girl? —pregunto a coro con la canción.

Sonreí y asentí antes de volver a posar mis labios en los suyos


*El Mojito es un popular cóctel originario de Cuba, compuesto de ron, azúcar (o jarabe de azúcar), lima , Menta o hierba buena y agua con gas.

(Santa Wikipedia ;D)


-Salút ma chéries!

No se imaginan el trabajo que me costo escribir un Edward POV! Y digo me costo porque mi adorada Sarita no hizo nada ¬¬ ok si hizo pero me dejo practicamente sola con Edward! jajaja

Ok espero que les haya gustado el cap, al fin hise un Emmett/Rosalie y me siento orgulloza por ello :D no quería que quedara tan romantico-empalagoso, ojala lo haya conseguido :S

Sii Irina tiene cancer XD muajaja no me cae bien, esa es la verdad ¡traiciono a Nessie! che vieja ¬¬ jojo

Ok no lo aclare en el cap, espero que no se confundan pero el cumpleaños de Emmett es mas o menos tres meses despues de que inician su ultimo año en la prepa, ok?

Nos encantaría que nos dejaran reviews, de verdad amamos sus reviews :)

we love ya :3

...Sara&Fatii...