No podía dormir. Su cabeza funcionaba a toda velocidad repasando cada lección aprendida en las últimas semanas: cada golpe, cada esquivo, cada parada...los latigazos en su espalda, Atom enrollando su red y tirándola al suelo, los gritos y risas de los guardias mientras violaban a Raven, Ontari destripando a Sterling, las lágrimas empañando los ojos de Clarke...y los labios ensangrentados de Costia en su último beso.
Con el amanecer llegaría el día en el que de verdad comenzaba su auténtica lucha por sobrevivir y cuando se pusiera el sol se vería en la arena, rodeada de miles de personas clamando por su muerte y enfrentándose a una mujer supuestamente invencible...Los dioses no se lo estaban poniendo fácil, aunque no tendrían porque ya que nunca les prestó demasiada atención, ni atendió a lo "Enarei", sacerdotes y según decían también videntes.
Según Lexa lo veía los dioses nos arrojaban a este mundo para que siguiéramos nuestro camino y si querían algo de ella que bajaran y se lo dijeran. No obedecía a poder más grande que el de un corcel entre sus piernas y un arco tensado en sus manos, su sacrificio era la sangre de sus enemigos y lo único digno de adorar las suaves curvas de Costia entre sus brazos desnudos. Pero hasta eso le habían arrebatado...y ahora solo le quedaba la sangre, la de esa guerrera que llevaba la muerte por nombre o la suya.
Volvió a repasar mentalmente: parada, giro, estocada, finta lateral, parada, apertura, pasos... ¿pasos? Y la vaga luz de una antorcha acercándose. Por la oscuridad cerrada que rodeaba el Ludus faltaría una hora para amanecer y solía ser el momento más tranquilo, ya que los guardias o bien estaban pegando una cabezadita tras su última ronda o habían salido a la arena a tomar el aire y a charlar en voz baja. Pero ahí había dos de ellos, en la puerta de su celda y llevándola a la enfermería.
Se sorprendió aún más al ver allí a Clarke, Octavia y Raven acompañando a Abby y a Nyko, Lincoln y Wick riéndose mientras comían hogazas de pan sentados sobre las mesas de madera sobre las que la sanadora atendía a los pacientes.
-Pasa Lexa, únete a nuestra tradición de antes de los juegos importantes-exclamó Lincoln pasando su brazo por sus hombros y guiándola hasta los demás-
Le pusieron un buen pedazo de pan en las manos junto con una copa de vino dulce que ella aceptó aún sin entender a que venía aquello. Observó como Clarke hablaba entretenida con Abby y que Octavia acompañaba a Raven a sentarse junto a ellos, ayudándola a caminar ya que aún renqueaba un poco. Una fina cicatriz rojiza le recorría un lateral de la cara y profundas ojeras surcaban sus ojos, pero estaba mejor que la última vez que la había visto.
Todos corearon a la hispana cuando se sentó al lado de Lexa y dejaron un sitio para que la pequeña esclava de ojos grisáceos hiciera lo mismo uniéndolas a su improvisado festín.
-Gracias por lo que le hiciste a esa bestia-le susurró Raven al oído cuando los demás retomaron su charla-
-Deberías agradecérselo a Ontari-
-Y lo he hecho, pero fuiste tú la que arrojó contra él con un par de espadas de madera. No pensé bien de ti al principio Lexa pero ahora doy gracias a los dioses por tu presencia, aunque sea una maldición para ti esta vida que te ha tocado llevar-
Brindaron mirándose a los ojos con una leve sonrisa en el rostro de ambas. Gustus apareció escoltado por un guardia que cerró la puerta tras dejarlo allí y los demás gladiadores y ambas esclavas empezaron a reírse de él llamándolo dormilón y vago. En cuanto se sentó junto a ellos Clarke dio una palmada y todos se quedaron en silencio para escucharla.
-En este día aciago, en el que deberéis luchar por vuestras vidas en honor a dioses que no son los vuestros y por el nombre de una familia que no es de vuestra sangre yo os ofrezco este humilde presente. Sabéis que no soy muy cumplidora de las tradiciones-todos rieron ante este comentario haciendo que la rubia sonriera-pero esta es una tradición que creé y que me encanta cumplir. Si salís victoriosos en la arena esta noche habrá vino y mujeres para todos, pero yo quiero desayunar no sólo con los gladiadores si no con mis amigos-todos corearon su nombre-Y aprovecho para saludar a Lexa, que se une por primera vez a nosotros. Que Marte de fuerzas a tu brazo y Vulcano fuego a tu corazón-terminó alzando su copa y mirándola fijamente con esos ojos azules como el cielo-
-Lexa!-gritaron los demás y todos empezaron a palmear su espalda tras beber de sus copas-
Siguieron hablando unos minutos más hasta que ya no quedó comida y los que iban a luchar ese día se encaminaron a los baños para una vez limpios reunirse en la arena con los demás que les acompañarían al Coliseo. Doctore los organizó en una fila mientras los que no lucharían los animaban desde la sombra. Vio que además de los que habían compartido con ella esa temprana celebración estaban sus 4 compañeros reclutas, Atom y Wells.
A todos se les empezaron a entregar sus respectivas armaduras: brazales de metal tan bruñido que deslumbraban bajo el sol, telas suaves y de vibrantes colores que se colocaban bajo las protecciones para que no les abrasaran la piel y que aportaba esplendor a su atuendo, cinturones con gravados exquisitos de escenas de la mitología romana...
Lexa pensó que le darían una coraza de cuero sencilla como a los otros reclutas, pero Gustus le entregó una que sacó del fondo de una caja que se encontraba a parte. Negra como la noche más oscura, con hebillas en la cintura para poder ajustársela a su gusto y un guarda hombro en el lado izquierdo que solía ser el más vulnerable para los gladiadores que usaban dos espadas, que se sujetaba a la perfección a su cuerpo al abrocharse una pequeña correa al cuello que iba forrada de seda negra en el interior para que no le provocara rozaduras. Al mirarla de cerca se apreciaba que el cuero estaba bordado con un precioso estampado de hojas en un gris muy oscuro y al completar su atuendo con unos brazales del mismo color descubrió que estos estaban adornados con sendos caballos rampantes.
-Es un regalo de la joven dómina, con el deseo de que sobrevivas-le susurró Gustus al ayudarla a ajustarse la cincha de su hombro que le apretaba la coraza al pecho-
Era una auténtica obra maestra que completada por su subligar de color rojo y las espinilleras de metal oscurecido le daban un porte majestuoso a la par que terrorífico. Inconscientemente miró hacia el balcón y descubrió a Clarke acechando tras la cortina. Sonrió de verdad, no con malicia por una vez e inclinó levemente la cabeza como agradecimiento, gesto que la rubia devolvió antes de desaparecer.
Vio que Nyko y Lincoln se tiznaban partes del cuerpo con carbón molido mientras que Atom pintaba un extraño símbolo en blanco con ceniza en su torso desnudo.
-Gustus, ¿podrías pasarme algo de ese carbón?-preguntó a su maestro con esa sonrisa torcida de nuevo es su cara-
Se miró en el espejo de bronce pulido y admiró lo que su reflejo le mostraba. Aquella túnica azul oscuro dejaba al descubierto sus hombros y parte de su escote, remarcando su curvilíneo cuerpo. Algunos de sus bucles dorados caían sobre los laterales de su cara con desenfado mientras el resto de su cabello se encontraba aprisionado en un elegante moño.
-Venus se pondría verde de envidia-afirmó Octavia apoyando la cabeza en su hombro y abrazando su cintura por detrás-
Clarke no pudo reprimirse ante las suaves manos de la joven esclava surcando su cuerpo de sus pechos a su pubis y cuando notó que estaba desnuda contra su espalda gimió con suavidad.
Llevaba queriendo hablar con ella desde el ataque sufrido por Raven, desde que había visto algo más que amistad en sus miradas...pero no estaban resultando días fáciles: Cuidar de la hispana en su lenta recuperación, engalanar la casa para las festividades, aprender a convivir con Ontari, que si bien estaba resultando una valiosa aliada no dejaba de ser por ello una mujer de carácter fiero y bastante intransigente, su padre tan enamoriscado que desatendía sus obligaciones y hasta ella misma había tenido que concertar con el promotor de los juegos el orden de los combates y discutir fieramente para que a aquel inepto no se le ocurriera sacar a ningún gladiador de los Vero, ni siquiera a los reclutas, antes del sol de mediodía, ya que los combates anteriores a eso carecían de calidad...a parte de mandar que le fabricaran la armadura a Lexa y organizar el desayuno que siempre hacía antes de los juegos importantes.
Comenzó esa tradición al poco tiempo de que su padre le negara unirse a las Vestales, puede que como forma de rebelión, pero con los años había llegado a amar esas escapadas a la enfermería. Bastaba con sobornar a los guardias adecuados y aquello no había sucedido. Y ella y los esclavos a los que consideraba sus amigos podían pasar un pequeño rato de alegría olvidando el estatus de cada uno y enfrentando con risas el día de sangre y muerte que les aguardaba.
Octavia la acarició bajo la túnica devolviéndola a la realidad y sacándole un ronco gemido desde lo más profundo de su garganta. No, aquel día no podía negarse a aquellas manos que tanto placer le daban, porque las necesitaba como si fueran agua en el desierto, porque necesitaba que borraran el miedo de su mente, porque siendo sincera consigo misma ver a Lexa con esa coraza negra como la noche había causado un incendio en su interior que o era calmado ahora por los roces de Octavia o la haría arder hasta consumirse.
Y con manos temblorosas levantó su túnica para poder ver en el espejo lo que su amiga le hacía y ambas gimieron ante aquella visión. Mientras Octavia mordía con dulzura su cuello, una mano se entretenía en uno de sus pechos y la otra aceleraba el ritmo entre sus piernas ella lo olvidó todo salvo respirar y gritar en aquel delicioso tormento.
Un par de horas después subió a la litera en la que iba con Ontari, Harper y Octavia. Su padre viajaba en otra más adelantada en la que iba con Dante, Finneus y Thelonius y en la que las seguía iban Maya y Alie junto con Raven. A su padre le gustaba que llegaran todos en grupo ya que les aportaba estatus aparecer junto a los Graco y los Graco estaban encantados de aparecer como grandes mecenas de un lanista. Clarke normalmente hubiera viajado con Maya y Alie, pero la incorporación de Ontari al séquito hizo que se viera obligada a acompañarla, aunque después de los últimos días acogía aquel deber con mayor alegría que lo hubiera hecho con anterioridad.
-¿Estás lista para esto?-
-He presenciado muchas masacres en mi vida, Clarke-comentó la Escita con una sonrisa torcida que inmediatamente le recordó a Lexa-
-Eso no es lo que me preocupa, vas a estar rodeada de la élite de la nobleza romana y puede que hasta el emperador en persona se nos acerque...no sería buena idea mostrarse muy...-Clarke dudó sobre qué término usar para no ofenderla-
-¿Escita?-ayudó Harper con voz débil para luego agachar la cabeza-
Ontari empezó a reír con una enorme carcajada que contagió a Clarke y a Octavia y a la que al final se unió la esclava rubia un poco avergonzada.
-Tienes razón, pequeña-comentó Ontari dándole un rápido beso en la sien y haciéndola sonrojarse aún más-Estaré callada e imitaré a Clarke en todo. Acabar asesinada por un puñado de legionarios romanos por mi carácter no entra en mis planes-añadió con una enigmática sonrisa-
Y cumplió con su palabra cuando descendieron de sus literas frente al Coliseo. Se quedó entre las mujeres que caminaban tras los hombres y escuchó en silencio lo que Clarke le explicaba sobre aquel majestuoso edificio mientras Maya y Alie cotorreaban sobre alguna de las personas con las que se cruzaban y Raven, Octavia y Harper las seguían de cerca listas para atender cualquier mandato, al igual que el resto de las esclavas que las acompañaban.
Ocuparon su lugar en el Podium, una de las mejores zonas del Coliseo reservada para políticos influyentes, nobles y gente adinerada, sólo por debajo del palco que ocupaba la familia imperial. Que como solía ocurrir llegaba tarde, pudo constatar Clarke al mirar de refilón hacia allí mientras saludaba a la esposa de un senador. Ocuparon la fila detrás de los hombres y mantuvo a Ontari a su lado para controlarla y explicarle ciertas cosas, pensando que la mayoría la tomaría por alguna amiga de menor clase social a la que ella había invitado por deferencia. Su padre aprobó esto con un gesto y tras dirigir una mirada lasciva a la Escita que revolvió las tripas de su hija volvió a la charla con el resto de hombres mientras se burlaban de los combates menores que se disputaban a esas horas tempranas.
Se sorprendió al ver llegar al poco tiempo a Nia Albino acompañada de sus hijastros ya que era bien sabido que no se llevaban bien. Había coincidido con ellos en diversas reuniones pero no los llamaría amigos, aunque Luna le caía bien. Su hermano Ilian era tan seco y estoico que apenas había intercambiado un par de saludos amables con él. Les acompañaba una joven de increíble belleza que Clarke no reconoció e iba a preguntar sobre ella a Alie cuando las trompetas anunciaron la llegada del emperador y la idea se le borró de la cabeza.
Solo había visto a Calígula un par de veces pero como siempre tuvo que aguantarse una risita insidiosa. Era bajito, enclenque, de pelo claro ralo, casi calvo en la coronilla pese a su juventud y feo con ganas. Acompañado por sus tres hermanas que eran enormemente bellas y los maridos de estas, "maridos de paja", como susurró Alie hizo su entrada triunfal en el palco para saludar a la multitud que gritó "Ave Cesar" y los soldados coreaban "Botitas", el apodo cariñoso que le habían puesto las legiones de más allá del Rin cuando acompañó a su noble padre en una de sus campañas. Desde los tiempos de Augusto no había habido un emperador más querido por el pueblo.
Una figura renqueante hizo entrada tras ellos y se sentó en la última fila. Nadie se percató de él salvo Clarke, que lo miró con mucho más interés que al propio emperador. Era Claudio, tío de Calígula, hermano del noble Germánico y a ojos de la rubia uno de los mejores historiadores de todos los tiempos. Se decía que era tonto, que estaba prácticamente sordo y su cojera era evidente para cualquiera que lo viera, pero Clarke dudaba de que un escritor tan agudo pudiera ser tonto. Su "Historia de Cartago" era una de las piezas más amadas de la colección de la joven dómina.
La llegada de la familia imperial terminó con los combates más insignificantes y cuando empezaba a bajar el sol de mediodía y los vendedores ambulantes hacían su agosto escanciando vino, cerveza floja y pasteles de carne las trompetas anunciaron el comienzo oficial de la Vulcanalia. Una estatua del dios Vulcano fue paseada a hombros por unos esclavos por la arena mientras la gente lanzaba guirnaldas de flores y en cuanto se limpió el campo de batalla los primeros gladiadores salieron a la arena.
Los habían llevado en carreta engrilletados hasta el enorme edificio que tanto Lexa como algunos de los reclutas miraron con fascinación. Los condujeron a una sala parecida a una celda enorme donde los liberaron y quedaron allí encerrados junto con Gustus y Doctore. Desde unas ventanas enrejadas que enseguida comprobaron que estaba al mismo nivel que la arena pudieron ver algunos de los combates. La Escita entendió enseguida porque la gente los consideraba menores: duraban poco, faltaba técnica y se ganaban más por suerte que por habilidad.
-Pareces un mapache-le susurró Murphy de pronto mientras veían juntos a un enorme pero torpe Murmillo caer bajo la espada de un Tracio-
-¿Qué es un mapache?-
-Un animalillo grisáceo, con algunas rayas negras en el cuerpo y una en los ojos casi exacta a esa extraña máscara que te has dibujado en la cara-
Lexa había pintado sus ojos con carbón molido creando una especie de antifaz del que se escurrían manchas en forma de lágrimas. No solo pretendía darse un aspecto más fiero, si no rendir un homenaje. Nunca podría volver a llorar, no en aquella vida al menos, por lo que sus pinturas mostrarían las lágrimas que derramaba por Costia y por su hijo no nato, por Aden. Sin saber muy bien porque le explicó eso a Murphy que cambió su habitual gesto divertido por uno de seriedad.
-Entonces es una buena pintura y los mapaches son muy fieros si se les acorrala-dijo con gravedad-Honrarás a tu mujer y a tu hijo, Lexa. Lo sé-
-Gratitud...y más te vale volver vivo de la arena o patearé el culo de tu cadáver-dijo la Escita haciendo que Murphy volviera a su gesto risueño-
Al poco de que las trompetas anunciaran que todo estaba listo vinieron a buscar a los 4 reclutas y a los pocos minutos Lincoln, Nyko, Wick, Gustus y ella se apretaban en una de las ventanas mientras Atom, Wells y Doctore lo hacían en la otra para verlos salir a la arena. Los habían encadenado por parejas: Murphy con Miller y Monty con el mudo y mientras uno sostenía un gladius con su mano libre el otro hacía lo mismo con un escudo.
-Es una masacre-exclamó Lexa al ver a 3 gladiadores perfectamente armados situarse frente a ellos-
-Es la típica prueba para los nuevos, los que sobrevivan serán dignos de llevar la marca y ser llamados gladiadores-le explicó Gustus mientras acariciaba la quemadura en forma de V en su antebrazo-
El combate empezó y Lexa sintió ganas de apartarse de allí cuando vio caer al mudo bajo la espada de uno de los gladiadores dejando a Monty con un cadáver al que tenía que tratar de arrastrar para defenderse. Pero se unió a los gritos de Lincoln y Nyko cuando Murphy prácticamente separó la cabeza del tronco del reciario que lo atacaba y corría a protegerlo con Miller cubriéndolo con su escudo. En un golpe de tremenda inteligencia el antiguo Efebo cortó la mano del mudo liberando a Monty y los tres se lanzaron contra los dos gladiadores restantes combinando ataques de dos espadas y un escudo...un par de minutos después los 3 reclutas alzaban sus armas hacia el público, cubiertos de sangre del enemigo y con algunas heridas de poca gravedad cubriéndolos, pero vencedores.
Los de la ventana anexa no dijeron nada pero en la que ellos ocupaban los gritos de felicidad se mezclaban con palmetazos en la espalda y un extraño cantico de victoria que Wick entonaba.
Lexa dedicó un pensamiento silencioso a aquel enorme hombre del que ya jamás sabría el nombre. Y se propuso no olvidarlo nunca.
Unas horas después sólo Wick, Doctore, Gustus y ella permanecían en la celda. Lincoln había partido prácticamente por la mitad a su oponente en un magistral combate. Nyko había desarmado al suyo y tras pedir este misericordia lo había apuntillado por la espalda, por orden del emperador, según le explicó Gustus. Entre Wells y Atom había acabado con 5 gladiadores luchando con maestría como si se tratara de una danza perfectamente aprendida. Y ahora le tocaba a ella, ya que Wick era "El Primus" y combatiría el último.
Dos guardias la recogieron mientras Gustus como despedida solo le decía "Sobrevive". Le entregaron dos gladius increíblemente bien afiladas y la dejaron frente a una puerta enorme de reja por la que podía ver como limpiaban la arena.
-¿Ahora mandan niñas a luchar contra mí?-preguntó una voz grave y de extraño acento a sus espaldas y al girarse vio a una mujer de piel oscura, cuerpo definido y cubierto de cicatrices que portaba dos extrañas espadas curvadas doradas y de cuya armadura asomaban las pieles de un raro animal moteado-
-No soy ninguna niña-
-Cierto, veo en tus ojos la experiencia en el combate, veo la sangre que has derramado y veo tus ansias por sobrevivir-dijo colocándose frente a ella y mostrándole que le sacaba casi media cabeza-Eres un guerrera pese a tu juventud-
-Y tú la mujer que según dicen corta el hilo de la vida, alguien a quien no se puede vencer-dijo Lexa con voz firme-
-Esa soy, pero en vistas de que voy a matarte puedes llamarme Indra-
-Lexa-
-Muy bien Lexa. Lucha bien, aguanta un rato y podré darte una buena muerte-
-Tal vez sea yo la que te la dé-
-Si logras eso joven guerrera mis bendiciones te acompañarán desde la otra vida-dijo Indra sonriendo por primera vez justo antes de que las puertas se alzaran y ambas avanzaran hacia la arena-
Clarke estaba cansada, como siempre le ocurría en los juegos. Cansada de poner una falsa sonrisa mientras gente moría, cansada de alabar técnicas de combate que a ella le parecían una autentica barbarie, cansada de esconderse tras una máscara de indiferencia mientras sus amigo luchaban por su vida. Por suerte todos los gladiadores de su casa habían sobrevivido excepto uno de los reclutas. Silenciosamente entonó una plegaria a Proserpina para que cuidara de su alma en el oscuro reino de su esposo Plutón.
Cuando vio avanzar a Lexa entrando en la arena junto a "La Morta" se tensó en su asiento y no pudo reprimir lanzar una mirada de asco a Nia que observaba la misma escena con una sonrisa sibilina, segura de la victoria de su gladiatrix. Notó como Ontari se tensaba de igual forma y lo atribuyó a que ver a una congénere en esa situación no le era un plato de buen gusto ya que en el resto de combates apenas había mostrado emoción alguna.
El orador anunció el combate y tras decir los muchos títulos de la oscura gladiatrix que hicieron que buena parte del público se encogiera de temor llamó a Lexa "la perra Escita que no conocía el miedo". Obra de su padre seguro...Tanto ella como Ontari se revolvieron en sus asientos molestas pero nadie pareció notarlo. A un gesto de la mano del emperador ambas mujeres se posicionaron frente a frente en posición de combate y Clarke reprimió un gemido de horror al ver como un rápido ataque de Indra volaba contra la cabeza de Lexa...
Esa mujer era un auténtico animal salvaje. Lexa había esquivado su primer envite de milagro agachándose en el último segundo para evitar que le cercenara la cabeza. Y desde ese mismo momento se estaba viendo obligada a correr por la arena realizando paradas, fintas, esquivos y volteretas de lo más ridículas ya que Indra no le daba tregua para poder atacar. Era como Gustus le había advertido: una pantera. Gustus...él le dijo que ninguna batalla se ganaba solo defendiéndose, que la cansara pero que a la larga tendría que atacar. Vio que la mujer ya sudaba pese a que el sol empezaba a esconderse. Siguió esquivando y parando mientras analizaba su forma de combatir.
Era todo velocidad...tanto que su defensa era inexistente pues sus ataques encadenados sin freno eran su auténtico escudo. Se plantó en la arena con firmeza esperando su próximo ataque y cuando una de sus espadas se dirigió a su torso lo paró con ambos gladius haciendo que el impacto la obligar a retroceder un paso y a recuperar la estabilidad, momento que aprovechó para desatar ella un infierno de metal, enlazando golpes consecutivos de ambos gladius dirigiéndose a puntos distintos de su cuerpo. Funcionaba, la concentración de la Nubia se centraba en bloquearla y no podía atacar. Lexa se envaró y lanzó sus estocadas con aún más velocidad para de repente sentir un horrible tajo en su muslo. Indra había hecho uso de su proverbial agilidad para rodar por la arena y situarse a sus espaldas con un profundo corte de regalo.
Le dio el tiempo justo para girarse y parar una nueva acometida quedando ambas con sus espadas entrecruzadas y haciendo presión con todo su cuerpo para intentar empujar a la otra.
-Lo admito, Lexa. Eres una gran guerrera. Nadie me había aguantado tanto y será un honor matarte-dijo Indra frente a su rostro con una sonrisa de auténtica felicidad-
-No, sobreviviré para ser libre. Viviré para honrar a los que perdí-afirmó Lexa apretando los dientes al notar que la otra mujer la superaba en fuerza-
-¿Por eso son las lágrimas de tu cara, por los que perdiste?-preguntó la Nubia con un leve inclinación de cabeza hacia un lado y aflojando un poco la presión-
-Si!-gritó Lexa aprovechando para empujar con todas sus fuerzas y separarse de ella-
-Entonces hónralos-dijo sin más Indra atacándola con fiereza-
El combate cambió, ya no había acrobacias ni esquivos asombrosamente complejos. Era algo mucho más primitivo: golpes directos, sin florituras, combate a muerte donde el fallo de una parada o una estocada acabaría con una de ellas dos sangrando en la arena. Aquella mujer le estaba concediendo un combate justo e igualado y Lexa no pensaba desaprovecharlo.
Los últimos rayos de sol proyectaban sus sombras en la húmeda arena y los gritos del público parecían un rugido sordo de fondo. Respiró hondo sintiendo como sus pulmones ardían por el esfuerzo y agitó la cabeza para apartar las gotas de sudor que le corrían sobre los ojos. Costia..."Sobrevive Lexa"... un último beso que dejó sus labios rojos de la sangre de aquella mujer que tanto había amado...Vio las dos espadas doradas dirigirse hacia ella y abrió los brazos en cruz en el momento oportuno...El público contuvo el aliento para ver como la Escita apartaba las dos espadas de la Nubia abriendo su guardia y un segundo después segar su abdomen con uno de sus gladius.
Indra calló de rodillas al suelo sujetándose el vientre tras dejar caer sus "Khopesh" y Lexa miró a su alrededor sin comprender muy bien como había logrado que aquello ocurriera. El publico gritaba aún más fuerte, muchos de pié en sus asientos. Miró hacia el palco principal como le habían enseñado y vio como un hombre rubio con una corona dorada de hojas hacía un signo con el pulgar hacia abajo. Se sintió aún más confusa y buscó a Clarke con la mirada. Sus ojos azules temblaban por las lágrimas que intentaba contener pero asintió diciéndole que debía hacerlo.
-Lexa-susurró Indra haciendo que sus ojos volvieran a ella-Dame la buena muerte que deseo, por favor-le pidió mirándola con su ojos oscuros-Me voy con los míos-
La Escita se colocó a su espalda y colocó la punta de su gladius en la nuca de la Nubia.
-Yo ya soy libre!-gritó Indra mirando hacia un lugar cercano al que se encontraba su dómina-
Lexa apretó más fuerte la empuñadura de la espada y la hundió con fuerza en el cuello de la fiera mujer que le había enseñado el camino que debía seguir para sobrevivir con un salvaje grito. Y durante unos pocos segundos sus lágrimas fueron reales y no solo dibujadas con carbón.
Continuara...
