N/A: Un desastre horrible con el PC me mantuvo lejos un buen rato. En este capítulo hay mucha acción y romance por lo que me divertí mucho escribiendolo. Los ataques de Orión del resplandor se supone que son similares al efecto visual de los ataques de Shaka cuando priva de sus sentidos a Ikki. Ahí me inspiré. Me gustó como quedaron DM y Afrodita, espero que a ustedes igual. Disculpen los errores de dedazo.
LA MÁSCARA DE LA MUERTE Y LAS ROSAS
- Un día, dos días y cinco días más y doce días más, veinte días, veintiún días… No sé cuántos días -. Eso era todo lo que el prisionero sabía decir, tenía las cuentas embrolladas porque cuando no se puede ver la luz del sol o de la luna, ni se puede hablar con otra persona todo pierde sentido.
- No se va a morir – le dijo Siofua a Orión tras echarle un vistazo – parece que la muerte no lo quiere.
Se encontraban en Eridanus, la fortaleza del sapuri. Orión no le respondió nada a la niña, en cambio le hizo una señal para que se retirara. Siofua le hizo una reverencia rematada por una mirada de anhelo, dio la vuelta y se marchó rumbo a su habitación.
Orión no lo sabía pero Siofua llevaba el recuento de la historia de esa guerra en un grueso tomo donde con apretujada caligrafía plasmaba cuanto oía, cuanto sabía así como todas las visiones que tenía. Se acomodo frente a su escritorio, llamaron a la puerta. A Siofua no le gustaba que nadie invadiera ese lugar pero este visitante no esperó su respuesta sino que entró sin su consentimiento.
-Saludos, flor de Polaris- se trataba de un joven de cabellos rojizos al que le faltaba un ojo.
-Saludos, Deneb- le respondió ella - ¿qué deseas?
El muchacho sonrió de una forma que no le gustaba a Siofua. Deneb era para ella un tonto que trataba de usarla para sus propios propósitos, algo que no podía permitirle a alguien que no fuera Orión.
-Vine a hablar acerca de la última predicción que me hiciste- la flor de Polaris suspiró. Deneb había acudido a ella y a Orión cuando Casiopea y Baucis lo hicieron a un lado tras la batalla en el paso de las montañas. En aquella ocasión Siofua se compadeció de él y de su herida y le dijo que la venganza vendría sin que tuviera que salir a buscarla, inclusive le dio una fecha.
- Ya están cerca – le dijo.
-Necesito tu ayuda, para acercarme a Dohko de Libra – mientras Deneb hablaba sus ojos se desviaron hacía el libro. Ella se plantó ante él para que dejara de mirarlo.
-Cuando llegue el momento yo haré lo que deba hacer – lo atajó ella. – Por favor vete – pero Deneb siguió parado donde estaba. –Le diré a Orión que me molestas-. Y con esas palabras el joven salió dando un portazo.
Deathmask yacía más muerto que vivo pudriéndose en medio del olor ferroso de su propia sangre. Tenía la mitad de los huesos de su cuerpo rotos y aunque abriera los ojos no podía ver de tantos golpes que había recibido en la cabeza.
Se dice que Deathmask tenía otro nombre hasta antes de ser capturado pero ese nombre se perdió y nunca, ni siquiera en futuras reencarnaciones volvió a usar otro título que no fuera Máscara de la Muerte. Más aún, las marcas de la maldad de que fue víctima quedaron grabadas para siempre en su alma y fue por eso que se convirtió en el único caballero dorado inclinado por naturaleza a la crueldad.
Tanto cambió durante su cautiverio que cuando Afrodita, su compañero y mejor amigo, lo vio en ese calabozo no lo reconoció y dudó en liberarlo. Deathmask lo notó.
-¿Por qué dudas? – Siseó – lo prometiste.
Shion y Dohko se asombraron de que aquella masa sanguinolenta y negra tuviera voz y razón.
Tras separarse de Aiolos y Shaka naufragaron, tan solo para que un barco los rescatara en alta mar. Un navío propiedad de Afrodita de Piscis. Se reconocieron unos a otros por las armaduras de Piscis y Libra que portaban. El más hermoso de cuantos caballeros conformaban la orden en ese tiempo y en el futuro les contó de un plan mal habido. Él y su compañero Deathmask habían acordado que uno de los dos se dejaría capturar por Orión, señor de los híaditas y sapuri del resplandor, esa era la única manera de conocer sus planes para destruir Alrischa. El otro liberaría a su amigo al cabo de una semana. Echaron suertes y la misión de ser capturado cayó sobre Deathmask. Afrodita había tratado por todos los medios rescatarlo pero Desdémona lo había retrasado.
-Todas las perras de presa sapuris saben ser una molestia – había dicho a sus náufragos.
Shion y Dohko tuvieron que ir con él a salvar a su compañero y de paso comprobar que tan seguras eran las tierras de Elnath.
Irrumpir en Eridanus la fortaleza de Orión no fue tan difícil gracias a la teletransportación de Shion, el problema sería salir. Afrodita cargó a Deathmask llenó de horror y asco pero fiel a su palabra. Salieron a toda prisa de aquella mazmorra.
Orión percibió el momento exacto en que el patriarca y sus compañeros irrumpieron en su territorio. Eridanus, era su hogar, una fortaleza que sentías como una extensión de su cuerpo. Encendió su cosmos encerrando a los intrusos, llamó a la flor de Polaris y a Deneb.
La teletransportación estaba siendo anulada por un fuerte cosmos, aunque Shion ya preveía que su enemigo no los iba a dejar marchar tan fácilmente. Salieron a los corredores subterráneos de Eridanus, los cuales eran un auténtico laberinto que parecía cambiar de forma a cada paso que daban.
-¿Por dónde?- inquirió Afrodita viendo que no iban a ningún lado.
- Que importa – le respondió Dohko y golpeó al frente derribando las paredes sin importarle que fueran escuchados.
Si debían matar a todos los híaditas del lugar para salir, que así fuera.
Unos pasos se dejaron oír de pronto haciéndose cada vez más rápidos. Se trataba de Orión y Deneb. El sapuri del resplandor cargo contra el primero teletransportándolos a otra dimensión. Deneb fue contra Afrodita. Se Dohko se aprestó a atacarlo pero antes de que pudiera hacer nada se vio envuelto en una potente luz y cuando cesó estaba solo. En el mismo lugar pero solo.
-¡Rosas diabólicas reales! – Afrodita paralizó a Deneb con facilidad y sin soltar a Deathmask. – Que tonto de tu parte fue atacarnos – hizo aparecer una rosa piraña – y ahora voy a destrozar tu cuerpo.
Deneb hizo acopio de fuerzas, llevaba un arma consigo, una alabarda negra, regalo de Dagnir de los xandos para Orión. La rosa negra voló hacía él.
- ¡Excalibur!
Su ataque era una imitación del de Shura pero bastó para partir la flor en dos. Con un segundo golpe Deneb abrió una grieta en el suelo haciendo caer a Afrodita en ella. Antes de que Piscis se recobrara del ataque dio media vuelta y huyó. No le interesaba retener al prisionero Cáncer, ni derrotar a Afrodita. Volvió donde se suponía que Dohko debía estar aunque no pudiera verlo.
-¡Siofua! – Llamó, la niña se materializó de la nada.
Estando en Eridanus los poderes de Orión amplificaban los suyos. La niña había atrapado a Dohko en una ilusión.
-Es muy fuerte, se soltará pronto.
Shion en cambio se enfrentaba a Orión en medio de un escenario artificial similar a un coliseo. La verdad era que estaban igualados en fuerza.
-¡Revolución de polvo estelar!
Orión salió disparado en medio de aquel espacio alterno. Se repuso rápidamente y contraatacó
-¡Túmulo de silencio! – su ataque apresaba el cuerpo del enemigo y lo comprimía para luego expandir su efecto en forma de una onda silenciosa pero muy dolorosa.
Shion gritó y se retorció pero aguantó.
-En este lugar conocerás tu fin Patriarca – amenazó el sapuri.
A esas alturas de la guerra y considerando todos los asuntos en los que Dohko y Shion se habían visto inmiscuidos su reputación había alcanzado a todos los sapuris.
Dohko no tardó en percatarse de la ilusión en que estaba envuelto. Se concentró buscando el cosmos de su enemigo hasta hallarlo. Al percibirlo le pareció muy similar al del oráculo de la isla Alpha aunque más débil. Lanzó un golpe en esa dirección y una niña escuálida emergió del aire. Dohko la sujetó de la capucha azul que portaba, la había alcanzado en el vientre y dejado sin aire.
-No me mates – jadeó Siofua.
Aunque el antiguo maestro hubiera sabido que aquella niña era de vital importancia para Orión no le habría quitado la vida y menos cuando se percató de que sus ojos tenían la misma tonalidad que los de Shion. La soltó y ella se apartó de su camino replegándose a la pared.
Dohko percibió un nuevo ataque a una milésima de segundo de que impactara contra él, se giró y eso evitó que fuera decapitado. El filo del arma alcanzó su cabeza, el casco de la armadura salió volando. Su propia sangre lo encegueció y le pareció que una campana repicaba en sus oídos.
Deneb apretó el mango de la alabarda. Siofua le había dicho:
-Con el filo de esta arma podrás vencer a Libra si lo golpeas en el corazón.
Orión detuvo el puño de Shion y Shion detuvo el puño de Orión. Empujaron aumentando más y más su cosmoenergía. De súbito se soltaron arrojándose lejos. Shion giró en el aire y cayó de pie.
- Sé que los caballeros de tu constelación poseen poderes telepáticos, probémoslos.
Y diciendo eso destrozó las rocas a su alrededor y las arrojó contra el primero. Shion las frenó y las devolvió a Orión el cual desapareció. Resurgió tras Shion y lo atrapó impactándolo contra le suelo. Su cuerpo abrió un cráter. Orión se apresuró a rematarlo, tomó impulso para aplastarle el cráneo de una patada. El primero tendió el muro de cristal frente a si mismo; su técnica devolvió al sapuri toda la fuerza de su ataque.
Orión sintió que los huesos de su pierna crujían y no se pudo poner de pie de nuevo. La dimensión en que peleaban desapareció. Resurgieron a unos metros de Siofua uno tras otro.
Dohko escuchó la voz de Shion cerca de él, se espabiló cuando Deneb se disponía a cortarle el cuello. Pateó las manos del tuerto. Soltó la alabarda.
-¡Perro! – gritó Deneb, corrió para recuperar su arma pero las fauces del Dragón ascendente lo alcanzaron primero. Dohko rompió el techo de la mazmorra con el cuerpo de Deneb.
Orión tomó la alabarda con su telequinesis. Se levantó a pesar de la pierna herida y desapareció.
-¡Patriarca!
Reapareció frente a Shion, lanzando un tajo certero contra este. Shion alcanzó a frenar el mango de la alabarda más no el filo. Sintió como un fino arañazo que corrió desde su frente, sobre el puente de la nariz hasta sus labios. La máscara que cubría su rostro se abrió en dos y cayó.
Dohko corrió en su ayuda.
Siofua en la de Deneb. El joven de un ojo se incorporó dispuesto a seguir. Apartó a la niña y fue tras Dohko.
Orión atacó a ambos caballeros que burlaron el filo de su arma.
Los ojos de Shion relampaguearon y mandó lejos a Orión.
-Estoy bien – dijo al ver la cara de preocupación del antiguo maestro.
-¡Él es tu punto débil! – gritó la voz de Deneb.
El joven ejecutó su imitación de Excalibur abriendo la tierra entre ellos, separándolos. Corrió hacía Shion, esquivó el golpe que el primero le lanzó y logró sujetarlo del cuello. Su odio avivaba su fuerza.
-Me tienes, ahora ¿qué vas a hacer?- Se burló Shion que para nada consideraba una amenaza al pelirrojo.
-Mátalo- le pidió al sapuri del resplandor, escudándose tras el cuerpo del primero.
- ¡Deténganse! – Dohko se metió en el camino de la alabarda. Deneb sonrió.
- ¡No seas estúpido! – le advirtió Shion justo antes de que el filo silbara en el aire.
Hubo un grito y mucha sangre.
En el último instante Dohko se había apartado y Shion se había liberado del abrazo de Deneb aunque el ataque también logró alcanzarlo. El tuerto cayó desangrándose irremediablemente. Con su último aliento se arrastró hacía el antiguo maestro.
-Devuélveme mi vida – le exigió y expiró.
Pero a Dohko no le importaba eso, su amigo cayó con un tajo en el cuello el cual se sujetaba aunque a pesar de ello la sangre escurría entre sus dedos.
Orión decidió contraatacar aprovechando la debilidad de sus enemigos cuando una serie de rosas negras rodearon el arma haciéndola estallar. Se giró para encarar a Afrodita de Piscis el cual hizo nacer un cerco de rosas que inundó lo que quedaba de los calabozos.
En la confusión que surgió gracias a eso llegó donde el antigua maestro y el primero entre los iguales.
-Larguémonos – le dijo Dohko señalando el hueco en el techo que había hecho y a través del cual se podían ver las estrellas.
El sapuri del resplandor no estaba dispuesto a dejarlos ir tan fácilmente pero la voz de la niña llegó a él.
-¡Amo! – Gritaba Siofua atrapada en el veneno de esas rosas - ¡sálvame! – Desistió.
Su pitonisa era más importante. Deshizo las flores en torno a ella y alzándola en sus brazos se teletransportó fuera de ahí.
Los cuatro caballeros volvieron al barco de Afrodita donde el medico de a bordo recibió al muerto en vida Deathmask.
Shion ocultó su rostro bajo la capucha y no quiso que nadie se le acercara se encerró en el camarote de Afrodita como si fuera suyo y sólo Dohko pudo entrar con él.
-Me dieron vendas limpias y agua – dijo tras cerrar la puerta tras él. – Déjame ver la herida.
Shion apartó la capucha. A pesar de que Orión había destruido la máscara no había alcanzado a herir su rostro. En cuanto al cuello:
-No es grave- dijo Aries – quizá sea escandalosa pero no me voy a morir.
-Si hubiera cortado un poco más profundo no estaríamos hablando- Dohko se sentó junto a Shion y limpió la herida.
-¿Sabes por qué me aparté? – le preguntó a su amigo.
-Porque sabías lo que iba a suceder – respondió el primero.
El antiguo maestro asintió.
-Confío en ti, aunque la próxima vez quizás no tanto.
Shion permaneció impasible, Dohko le vendó la herida. Miró a su amigo y de pronto puso ambas manos en su rostro obligándolo a mirarlo.
-Había una niña en ese lugar con estos mismos ojos ¿no será tu hija?- Muy a su pesar Aries sonrió.
-Por supuesto que no – Dohko no lo soltaba. -Deneb murió.
-Eso estaba buscando, que al cruzarse nuestros caminos alguno cayera en brazos de la muerte.
-Me llamó tu debilidad.
-No importa – Shion tomó las manos de Dohko.
- Muestras tus emociones con mucha facilidad- Libra soltó el rostro de Shion pero en cambió sujetó sus manos.
-Si es así dime¿qué estoy sintiendo ahora?
Se perdieron uno en la mirada del otro. Shion no sabía como era que su conversación había llegado a ese punto. Ciertamente podía percibir lo que Dohko sentía hacía él y estaba seguro de lo que él sentía por su amigo. Se inclinó hacía el antigua maestro el cual contuvo la respiración, beso una de sus mejillas y lo abrazó.
-Que se acabe el mundo en este momento.
-¿Qué te pasa?
Gruñó Deathmask a Afrodita el cual miraba como apretaba los dientes para no gritar mientras el medico cosía su carne abierta y raspaba las heridas infectada.
-Para alguien con un sentido tan elevado de la belleza no debo ser un bonito espectáculo.
-No es eso.
- Si te doy asco ¡lárgate! – Le escupió Cáncer.
-¡Calla! No sabes como me siento por esto – se defendió Piscis.
-Así era el plan, me basta con que hayas recordado ir por mi – los ojos de Deathmask irradiaban odio.
-¿Piensas qué me olvidé de ti¡Ni por un segundo! – el protector de Alrischa se levantó indignado.
-Ya no importa. Hazme un favor, duérmeme con una de esas rosas que tanto adoras.
Por el tono en el que le hablaba Afrodita hubiera preferido que lo insultara. Materializó una rosa roja y la acercó a los labios de Deathmask. Con un rápido ademán Cáncer sujetó su muñeca y con una sonrisa retorcida besó la mano de Afrodita. Un segundo después estaba inconsciente
-Cúrelo y hágalo bien – ordenó Piscis al medico abandonando a quien en esos momentos lo repugnaba.
Al volver a Alrischa Deathmask estaba bien consciente, aunque sus ojos parecían haberse tornado fríos y sin vida. Su recuperación era rápida como cabía esperar de un caballero dorado.
- Muero por salir a cosechar tu jardín.
Comentó en cuanto estuvo instalado en la mansión de Afrodita.
- ¿Qué jardín? – quiso saber Dohko.
- Así llama Deathmask a nuestras matanzas.
Afrodita no quiso hablar más de lo necesario pero Deathmask juzgó adecuado regalar sus invitados una descripción de cómo ellos dos cruzaban el cerco de rosas que rodeaba Alrischa para ir a territorio híadita donde Afrodita inundaba villas enteras de rosas piraña para que nadie saliera con vida y Deathmask enviaba ejércitos enteros al valle de la muerte.
-Para que el cúmulo de los muertos de Cáncer, Yomotsu, resplandezca más y más.
A pesar de estar en guerra Dohko no pudo aprobar tanta brutalidad.
-¿Vas a reprenderme? – Lo desafió Deathmask al notar su mirada.
-La guerra se hace con soldados, los inocentes no son nuestros enemigos, si han matado niños el código de la orden…
- Al carajo el código – contradijo Deathmask – esos niños se volverán guerreros al crecer, digamos que los liquidamos por anticipado.
- Además, es venganza – añadió Afrodita - ¿Qué saben de la matanza de Arles de géminis – tanto Dohko como Shion se sobresaltaron.
- Apareció hace poco, cercó el ejército de Nunki Arkat y borró carne, huesos y espíritu. Hay un erial en el lugar de la batalla pues su poder reduce todo a polvo.
- Y a ese malnacido es a quien Orión piensa echarnos encima – siguió Deathmask – eso fue de lo que me enteré en Eridanus.
-Por no hablar de Shura de Capricornio.
-¿Qué pasa con Shura?- inquirió Shion preocupado.
Deathmask sonrió como lleno de orgullo.
-Ahora hay un río en las montañas Zuben y es de color rojo.
Fueron interrumpidos por un sujeto rubio y moreno.
-Señor Afrodita – se trataba de Albiore de Cefeo.
-¿Qué pasa¿Es importante?
- Tiene visitas – dijo y cedió el paso a Aiolos de Sagitario y Shaka de Virgo.
Dohko y Aiolos estrecharon brazos. Unos y otros fueron presentados y se pusieron al corriente con sus respectivas aventuras. Shaka fue muy escueto.
-Perdí la vista pero obtuve mi armadura – fue lo único que dijo.
Estaba seguro de que de cualquier modo no comprenderían lo sucedido con su maestro.
Shion los contempló reunidos, envuelto en su capucha. Eran la mitad del zodiaco, suficientes para adentrarse en Elnath.
Deathmask había oído hablar mucho del rey Sóter a quien muchos de sus soldados consideraban casi un hombre sagrado.
-Dicen que haz escuchado la voz de la diosa y que eres su bien amado, deberías verlos encomendarse bajo tu protección antes de pelear – Aiolos no supo que decir a eso.
Afrodita sabía de la armadura de Virgo en el mar pues su antecesor, Numen de Cáncer, la había obtenido de manos de Hamal y la había ocultado.
-La mujer de Aiolia me guió -. Aiolos no podía creer eso y Shaka no explicó más.
El primero entre los iguales forjó una nueva máscara, esta vez de ojos azules en vez de rojos mientras lo hacía recordaba la discusión que habían tenido unos momentos atrás.
Afrodita y Deathmask querían que los otros cuatro les ayudaran a atacar a los sapuris. Entre los seis debían poder matar casi dos mil hombres en un solo día. Según los cálculos de Deathmask en un mes habrían terminado con el ejército contrario.
-¿Te olvidas de los sapuris¿De los xandos y sus endemoniadas armas? – lo contradijo el antigua maestro.
Shion quería que los dos de Alrischa los siguieran a Yiza ayudando a abrirse paso rápidamente para salvar el sello.
-Si nos vamos Alrischa y Nunki Arkat caerían en manos enemigas, todo el mar Asiellus sería suyo, pues ni siquiera Acubens podría enfrentarlos, entre más territorios tengan los sapuris más fuertes serán – se opuso Piscis.
-Nuestro deber es proteger este lugar – concluyó Cáncer.
-Quizá como los mercenarios que son, pero como caballeros deberían seguir al Patriarca – opinó Dohko tajantemente.
Shaka se mantuvo al margen.
- Afrodita tiene razón respecto a la defensa de este lugar – siguió Aiolos. Le preocupaba June y Acubens.
-¿Quién defenderá este lugar contra Arles de Géminis¿Quién tiene por deber derrotarlo sino la orden?- Afrodita no iba a ceder.
-La última palabra es de Shion.
-Él no es el Patriarca- explotó Deathmask.
El primero se levantó y a pesar de lo que acababa de decir Cáncer calló.
-Que cada quien cumpla sus responsabilidades, Dohko, Aiolos, Shaka y yo seguiremos adelante, ustedes dos pueden hacer lo que mejor les parezca – y se retiró.
Shion se probó su nueva máscara, en eso Dohko entró a su improvisado taller.
-Sabes bien de la autoridad que tienes en nombre de la diosa – empezó.
El primero se quitó la máscara, nueva costumbre que tenían cuando estaban a solas.
-Aún no soy ese líder que quieres.
Repuso Aries recordando lo que Dohko le había dicho cuando la crisis en Fomalhaut.
-No quería que lo entendieras así, pero la orden está fuera de control. Lo que han dicho de Shura es denigrante por no hablar de ese tal Arles, me enfurece pensar que una armadura dorada es herramienta del mal.
-En ese caso eres tú quien debería hacer algo ¿cuántos títulos tienes? Antiguo maestro, miembro del círculo de protectores, guardián del sello de la diosa, senescal de Algieba, caballero dorado de Libra – enumeró Aries – y yo… Yo sólo soy un lemuriano, sólo soy Shion.
-¿Qué dices? – Dohko lo tomó en sus brazos, cosa que hacía cada día con mayor frecuencia y bajo cualquier excusa. – A pesar de lo que dices haz ganado valía para la orden por tu propio mérito y la diosa te ama por ello. ¿No haz sentido el cambio en tu cosmos? El tuyo y el de Aiolos han igualado la luz del mío, la luz de los que la han visto.
-Eso me basta, se acerca el momento de renacer de la orden y a pesar del caos a donde quiera que vayamos los caballeros luchan contra los sapuris.
-Tú y yo reconstruiremos la orden de la sabiduría – sonrió Dohko. -Será una promesa entre ambos.
El antiguo maestro salió de la habitación. Se topó en la puerta a Afrodita y Deathmask el cual se apoyaba en su amigo.
-¿Interrumpimos algo? – preguntó Piscis. Dohko negó y se alejó.
-Son amans antem – alcanzó a oír que Cáncer decía.
-Shion, futuro caballero de Aries – llamó Deathmask.
El primero entre los iguales lo encaró con la máscara de vuelta en su sitio.
-¿Qué desean?
- Afrodita y yo estamos acostumbrados a ser nuestros propios dueños y ello quizá parezca insolencia. Sin embargo conocemos el código de la orden que nos da derecho a portar las armaduras doradas – dijo Cáncer.
-Nuestros ancestros sacaron las armaduras doradas del santuario y retribuyeron con un juramento: el de servir al patriarca en la hora de necesidad. En vida ellos nunca fueron llamados pero parece que esa hora se acerca – explicó Afrodita – queremos renovar esos votos hacía el santuario. Cuando sea Patriarca y nos necesites dejaremos este país para responderte – bajo la máscara Shion sonrió.
Continuará
