El final de la colección se acerca a pasos agigantados y no sé del todo cómo voy a sobrellevar publicar los últimos drabbles. Me he divertido mucho escribiéndolos y he aprendido una barbaridad cómo mejorar mi escritura. Espero que también a vosotros.
¡Gracias por vuestros reviews! Un fanfic con reviews es un fanfic feliz, pero los drabbles tampoco les hacen ascos.
Disclaimer: Naruto no me pertenece, tampoco lo hace la canción mencionada en este drabble.
Nothing you do can hold back the forces on you forever
[Undertow by Ivy]
Según las crónicas más antiguas de los Clanes de Cazadores, la Sociedad Vampírica había existido desde los albores de la Historia y había sumido el mundo en un caos del que sólo los Clanes podían rescatarlo.
Tokio, 2018.
Sasuke acarició la empuñadura de su katana Amaterasu. Los vampiros a su alrededor advirtieron el gesto y se lanzaron miradas sibilinas entre sí. Naruto le interrogó con una significativa mirada: "¿Qué cojones crees que estás haciendo?".
Hidan, el líder de los vampiros, no pareció darse por aludido. Estaba sentado muy cerca de Sakura en el suntuoso sofá de cuero rojo del Club Rubí, una de las discotecas de moda de la ciudad, gestionada por vampiros y de donde sacaban su comida. Las pesquisas en torno a la ola de crímenes que asolaba Tokio había llevado hasta allí al trío de jóvenes cazadores. Hidan había insistido en recibirles en su reservado, aunque desde que entraron solo había tenido ojos para Sakura. La joven había contado con ello y se había vestido de manera acorde a los particulares gustos de Hidan, que llevaba el Drácula de Coppola muy cerca del corazón y prefería a las mujeres con aspecto de vírgenes de ensueño. Sakura llevaba un vaporoso vestido de raso blanco y encaje, y su mirada inocente tenía hechizado al vampiro. A Sasuke se lo llevaban los demonios.
Aunque podía racionalizar por qué Sakura se había servido a sí misma en bandeja de aquella forma, era incapaz de aceptarlo como la treta que era. Miraba hacia ellos dos y solo veía a la chica que siempre había estado enamorada de él haciendo lánguidas caídas de ojos a un depredador mientras susurraba las preguntas que Hidan no dejaba de responder. No podía soportarlo.
-Creo que tu amigo está interesado en enseñarme el filo de su katana –confió Hidan.
Resultaba inquietante que su voz sonase tan cerca pero no estuviese acompañada del ritmo de una respiración, del latido de un corazón. Sakura miró a Sasuke de refilón. Su mirada podría derretir el Ártico.
-Los tuyos tenéis ese efecto sobre él –respondió ella a media voz.
-Algo me dice que la situación ayuda –susurro el vampiro colocándole un mechón de pelo rosa tras la oreja. La carótida de Sakura palpitaba suavemente bajo la prístina piel de su cuello. Hidan recorrió la arteria con la yema del dedo índice.
Naruto miró discretamente a Sasuke, alarmado. Sasuke había cerrado la mano en torno a la empuñadura de su katana y le habían palidecido los nudillos. Naruto estaba plenamente convencido de que Hidan no se atrevería a morderle el cuello a Sakura en presencia de dos de los cazadores más prometedores de su generación, y estaba seguro de que Sasuke habría llegado a la misma conclusión de no estar tan celoso que era incapaz de pensar con claridad. Tenía que sacarle de aquella sala como fuera, pero Sasuke no dejaría a Sakura sola con Hidan ni en sueños.
La puerta del reservado se abrió, dando paso a la vampira Kurenai. Llevaba un vestido de terciopelo negro y rojo con un alargado escote de pico que le llegaba casi hasta el ombligo. Hidan puso cara de asco.
-¿Qué haces aquí? –Preguntó, brusco.
-Me he enterado de que tres famosos cazadores te estaba haciendo una visita y se me ha ocurrido que podía pasarme para comprobar si tu hospitalidad sigue siendo tan intachable como la recuerdo.
Los vampiros que escoltaban a Hidan desviaron su atención de los dos cazadores hacia la recién llegada al hacerse eco de la hostilidad que emanaba su líder. Este y Kurenai eran enemigos, pues ambos ambicionaban el control total sobre su especie en Tokio. Naruto aprovecho la intromisión para acercarse al sofá de cuero e inclinarse sobre Sakura:
-Yo diría que tenemos suficiente.
-Se está guardando detalles –siseó ella en respuesta-, pero puedo sonsacárselos.
Naruto volvió a lanzar una ojeada a Sasuke, que les miraba a ellos, ceñudo.
-Es mejor que nos vayamos. En serio.
Sakura señaló con los ojos el brazo de Hidan sobre el respaldo, a tan solo unos centímetros de los hombros de la joven. No podían aspirar a pasar desapercibidos cuando abandonasen el local; Hidan esperaría una explicación.
Kurenai descorchó una botella de vino y sirvió tres copas que tendió a Naruto, Sakura y Sasuke. Este la miro como si fuese leche agria y ella ronroneó:
-Solo es vino, muchacho.
Hidan soltó una risa jactanciosa y agarró el hombro de Sakura, posesivo.
-Al pequeño Uchiha no le interesan nuestros espirituosos, querida. Lo que quiere llevarse a la boca está en manos muy diferentes.
Sorprendida ante semejante afirmación, Sakura volvió la mirada hacia Sasuke. Había perdido el color en el rostro pero estaba rabioso, listo para saltar. Entonces sus ojos se encontraron y la joven cazadora paladeó los celos de Sasuke como si fueran los suyos propios. Se tensó bajo la acaparadora mano de Hidan. Sasuke le indicó con la mirada que estaba en disposición de desenvainar su katana con un solo movimiento y cercenarla.
Aunque el corazón le latía tan rápido que el pecho le dolía, Sakura mantuvo la calma y sonrió a Hidan:
-Debemos marcharnos.
Una evidente decepción ensombreció el rostro del vampiro.
-¿Tan pronto? ¿Es hora de que los niños se vayan a la cama? –Miró con sarcasmo a los dos jóvenes.
-Hijo de… -empezó a mascullar Naruto.
-Mis padres se preocuparán si no vuelvo a casa –respondió Sakura entornando la mirada con virginal modestia. Haciendo un último esfuerzo se acercó a Hidan y le besó castamente en la mejilla para asegurarse de que les dejaría marchar sin problemas-. Gracias por tu colaboración.
Fue apenas un instante, por suerte. Sakura se incorporó y a Naruto le faltó tiempo para agarrarla del brazo y tirar de ella hacia la salida del reservado. Sasuke les seguía con la clase de expresión en el rostro que lograba que la gente se apartara mientras se dirigían a la puerta del Club Rubí.
