¡Hola de nuevo!
Aquí vengo con el siguiente capítulo; pero, antes que nada, tanto la autora como yo queremos agradecer, de todo corazón, todos los favoritos, follows y reviews que hemos recibido. ¡Mil gracias, de verdad!
Sin más dilación, os dejo leer…
Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 21: El reencuentro
Rose fue dada de alta unos días después de que se hubiese despertado. Draco tomó como una buena señal que se comportase como solía hacerlo antes. Se había quedado con ella tanto como su horario le permitía. Debía admitir que había empezado a descuidar su trabajo en el DCMI (y seguro que McLaggen no entendía por qué), pero el bienestar de Rose era lo que le importaba en ese momento.
Hermione también había estado faltando al trabajo, y acompañaba constantemente a su hija. A veces, Potter se pasaba para darles las noticias del caso de Lestrange. Gracias a Merlín, por fin habían citado al bastardo a un juicio. Harry les aseguró que lo más seguro era que se pudriese en Azkaban, y Draco se sintió decepcionado de que los Dementores hubiesen sido apartados de Azkaban, porque no le podrían dar el beso que el maldito hombre se merecía.
Hermione y Rose insistieron en que durmiese con ellas la noche que volvieran a casa. Draco, sabiendo que no tenía otra opción, aceptó sus deseos. Esta vez, durmió solo en el sofá, y tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no invitar a Hermione a acompañarle.
Sin embargo, también se quedó a dormir el día siguiente. Y el siguiente. Y el siguiente. Draco intentó volver a su casa, pero la madre y la hija le prohibían que se fuese. Pero Draco no se quejaba.
Poco a poco, sus vidas volvían a sus cauces. Draco volvía a estar hasta arriba de trabajo, las montañas de papeles seguían sobre su mesa por su constante ausencia durante la recuperación de Rose. Normalmente volvía tarde a casa, y se perdía la mayoría de las cenas en el apartamento de Granger, pero Draco sabía que era lo que debía hacer si no quería ser el blanco de la furia de Henrik McLaggen.
En ese momento, estaba en medio de un proyecto particularmente basura que debía terminar antes de que la semana terminase, y aún no entendía cómo Harry Potter le había invitado a comer a solas. Draco aceptó al principio sin pensarlo, pensando que Hermione se les uniría, pero cuando la bruja de pelo alborotado no apareció, entró en pánico.
—Hermione está ocupada —dijo Potter, que también parecía intranquilo—. Y, eh... Oh, joder. No te he invitado a comer para que hablemos amistosamente, Malfoy.
—Sería un horror que fuese así —contestó el rubio, estremeciéndose.
Harry también puso una cara rara y se aclaró la garganta. Un camarero llegó para tomar sus comandas y, cuando se fue, El Niño Que Vivió empezó a explicar el objetivo de su reunión.
—Mira, Davis está enormemente impresionado contigo por el rescate de Rose.
Draco alzó una ceja.
—¿Por qué tengo el presentimiento de que esta reunión no es por gratitud y toda esa mierda? —gruñó, recostándose en su silla.
Harry rodó los ojos y buscó algo en sus bolsillos.
—No lo es —dijo con simplicidad. Entonces, sacó dos sobres de su abrigo y los puso en la mesa. Draco los miró, con miles de preguntas formulándose en su cabeza, y Harry explicó—. Eso son las brillantes recomendaciones que necesitas para solicitar el puesto de Rompedor de Maldiciones en el Ministerio. Hermione quería dártelo en persona, pero está hasta arriba de trabajo. Sin embargo, me dijo explícitamente que la escribió la noche que le dijiste que querías ser un Rompedor de Maldiciones.
Él gruñó, sin dudar lo que Potter había dicho.
—¿Y la otra? —preguntó.
Potter le miró como si fuese estúpido.
—La otra la he escrito yo —dijo lentamente, sonrojándose levemente. Las cejas de Draco se alzaron hasta tocar su cuero cabelludo, realmente sorprendido de que Potter le diese la recomendación que necesitaba—. Sólo lo voy a decir una vez, Malfoy, pero estuviste jodidamente brillante durante la misión de rescate. Tienes los conocimientos y las habilidades que se necesitan para ser un Rompedor de Maldiciones. Demonios, incluso podrías ser un maldito Auror si quisieses. Davis quiere, desesperadamente, que solicites un puesto —señaló las cartas y sonrió—. Eso son tecnicismos, para ser sincero. Nuestro Jefe de Departamento simplemente está esperando a que lleves tu culo al DALM.
Draco, con las manos temblando ligeramente, cogió las cartas. Se sentía en conflicto: aunque fuese tedioso, realmente quería que su propuesta llegase al DCMI. Pero, maldita sea, esto era su sueño. Cuando estuvo en el campo de batalla, desactivando los artefactos oscuros y las trampas, cada fibra de su cuerpo estaba viva. Realmente no recordaba la última vez que su magia había brillado de esa manera antes de que salvasen a Rose.
—Lo... Lo pensaré —contestó finalmente, mientras su cabeza seguía sopesando los pros y los contras.
Harry asintió con comprensión.
—En serio, piénsalo, Malfoy —le dijo—. Sé que piensas que la gente no te aceptará en el DALM, pero que les jodan, seguiré apostando por ti como lo hice durante tu juicio —miró a El Niño Que Vivió con una sorpresa apenas camuflada—. Has... cambiado, y eso es algo bueno —dijo Harry, negándose a mirarle a los ojos—. Y Hermione confía en ti con su propia vida. Puede que yo no lo hiciese bien en Hogwarts, pero una lección muy importante que aprendí es que Hermione siempre tiene razón.
Draco sonrió ladeadamente, estando completamente de acuerdo con él. Sabía que, si Granger no hubiese sido parte del Trío Dorado, habría existido una posibilidad de que Potter no ganase la Segunda Guerra. Estremeciéndose, se negó a pensar cómo habría sido la vida si Voldemort hubiese ganado y puesto de patas arriba el Mundo Mágico.
—¡Piénsalo! —fueron las palabras de despedida de Potter.
Draco optó por quedarse un rato más, con la cabeza aún llena de todas las decisiones que tenía que tomar.
Bastaba decir que se retrasó en entrar a su turno de tarde, y McLaggen parecía que hubiese tenido una aneurisma. Draco se preguntó si sería capaz de aguantar tomar el camino más largo.
Su pase de oro pesaba enormemente en su túnica.
Realmente necesitaba tomar una decisión. Lo más pronto posible.
—¿Por qué no me dejas fregar los platos? —preguntó, tal vez por enésima vez, y pudo ver que Hermione estaba empezando a molestarse. Una pequeña y muy típica sonrisa ladeada creció en su rostro cuando la castaña le fulminó con la mirada. Habría dado mucho miedo si no fuese por las burbujas de jabón en su mano y el adorable delantal con margaritas que llevaba atado a la cintura.
—Porque —dijo— esta es mi casa. Y tú eres un invitado, Draco. No puedo dejar que friegues los platos.
Draco suspiró y se recostó en la silla.
—Llevo días durmiendo aquí, Granger —le recordó—. Lo mínimo que puedo hacer es ayudarte con las tareas del hogar.
Ella le miró con desconfianza, haciendo que rodase los ojos.
—Puede que tenga un elfo doméstico, pero sé como hacer mis propias tareas, muchas gracias —dijo, gruñendo.
—Ya estás haciendo bastante con mantener a Rose alejada de mí —insistió—. Sólo... Lárgate, Malfoy. ¡Me gusta fregar los platos!
El heredero de los Malfoy bufó con molestia, pero no volvió a decir nada. Después de todo, era una bruja muy cabezota. Sabía que no importaba qué argumentos le diese, sus esfuerzos no servirían de nada si Hermione había tomado una decisión.
—Te vas a quedar también esta noche, ¿verdad? —preguntó Hermione, dándole la espalda mientras fregaba. Los ojos de Draco se fijaron en ella, deteniéndose en admirar cómo sus vaqueros muggles acentuaban maravillosamente su culo—. ¿Draco? —preguntó, girando la cabeza para mirarle cuando él no contestó a su pregunta.
Él se aclaró la garganta ruidosamente y apartó la mirada, sus mejillas ligeramente rosas por la vergüenza de haber sido pillado.
—Claro —dijo, rascándose el cuello con incomodidad—. Bueno, creo que Tippy ha estado llorando estos últimos días porque no he ido, así que... —su mirada volvió a Hermione. Aunque sólo veía la mitad de su rostro, sabía que estaba haciendo una mueca. Suspirando, sonrió ligeramente—. Tal vez si me dejases que ordene a Tippy que venga, se sentiría mejor —dijo—. Piensa en ello. Rose también le verá, y sabes lo mucho que tu hija adora a mi elfo doméstico.
Ella se quedó pensativa durante unos minutos antes de dejar escapar un gran suspiro.
—De acuerdo —dijo, mirándole con advertencia—. Pero sigue sin gustarme que le vayas dando órdenes.
—Es su trabajo —explicó Draco, rodando los ojos—. ¿Cuántas veces debo decirte que los elfos domésticos aman que sus amos les ordenen cosas? Estoy cuidando bien a Tippy, Granger. No me taladres la cabeza con el asunto del pedo del que no parabas de hablar, porque estoy siendo un buen Amo.
—Es P.E.D.D.O. —le corrigió Hermione, irritada—. Está bien. Eres incorregible, Draco Malfoy.
—Lo sé —dijo, sonriendo ladeadamente—. ¿Granger?
—¿Sí?
—Creo que me voy a quedar también esta noche.
La irritación en su rostro fue inmediatamente reemplazada por una gran sonrisa, que hizo que se le secase la garganta.
—Vale —contestó alegremente.
—¡Mamá, he vuelto! —las pisadas de Rose sonaron por todo el apartamento hasta que llegó a la cocina. Al ver que Draco estaba con ella, sonrió ampliamente y le abrazó con fuerza—. ¡También estás tú, Draco!
La señora Figg entró en la habitación y sonrió a los dos adultos.
—Estoy eternamente agradecida con usted, señora Figg —dijo Hermione, dejando a un lado los platos limpios. Se secó las manos en el delantal y se lo quitó—. Siento haber tenido que pedirle que acompañe a Rose para que jugase con sus amigos. Surgió algo en el trabajo y no podía irme.
—Oh, no te preocupes por eso, mi querida niña —dijo la mujer, sacudiendo su mano para restarle importancia—. Esta pequeña es un amor, así que, por supuesto, estoy encantada de acompañarla —entonces, inclinándose levemente y dirigiéndose a Rose, dijo—. Ahora, sé una buena chica, pequeña señorita. No se lo pongas difícil a tu madre.
—¡Me portaré bien, tía Figgy! ¡Adiós! —dijo Rose mientras se despedía con entusiasmo de su niñera y esta abandonaba la casa.
Hermione se acercó a la niña y subió a Rose a la encimera.
—¿Cómo te lo has pasado hoy, cariño? —preguntó.
—¡Súper bien! —chilló Rose—. ¡He jugado a ser una Auror! A Sophie no le ha gustado porque ella siempre quiere ser Auror. Frank dijo que debería aprender a compartir, como le dice su papá, pero creo que eso ha hecho que Sophie llore. Pero está bien, porque su mamá vino a por ella y prometió comprarle un helado —entonces, Rose hizo una pausa y sus ojos azules se abrieron como platos mientras mordía su labio inferior. Draco sonrió, sabiendo que esa mirada significaba que estaba a punto de pedirle algo a su madre—. ¿Podemos ir a Florean, mamá? Yo también quiero helado —preguntó con esperanza—. ¿Por favor? ¿Por fa, por fa, mamá?
—No lo sé, amor —contestó su madre—. Podemos preguntarle al tío Harry si quiere venir.
Su hija sacudió la cabeza frenéticamente, haciendo un puchero.
—Nooo —se quejó—. ¡Es sábado, mamá! Vamos a Florean, por favor. Draco puede venir con nosotras. Por favor, mamá.
Hermione miró a Draco, pidiéndole ayuda. Él sabía que la madre tenía sus dudas sobre si permitir que Rose estuviese en sitios concurridos. Le costó convencerla de que le dejase ir a jugar con sus amigos. Al final, accedió cuando Draco le recordó que Neville Longbottom estaría con ellos y que su hija estaría en buenas manos, así que no necesitaba preocuparse.
—Rosie...
—Mamiiii —se quejó, envolviendo el cuello de Hermione con sus pequeños brazos. Draco sonrió, sabiendo que Hermione estaba empezando a derretirse ante la petición de su hija—. Por favor. Rosie quiere su helado.
La bruja, al fin, dejó escapar un enorme suspiro.
—Está bien —gruñó, apartando a su hija—. No sé por qué estáis todos tan cabezotas hoy —fulminó al rubio con la mirada, sabiendo cómo había acabado su discusión sobre Tippy. Eso sólo hizo que la sonrisa de Draco se ampliase.
—Vas a venir, ¿verdad? —preguntó Rose con esperanza, de nuevo mirándole y manteniendo el puchero.
—Por supuesto —dijo Draco—. No me lo perdería por nada del mundo.
—¡Sí! ¡Helado! —exclamó Rose, saltando en la encimera—. ¿Puedo ponerme mi vestido favorito, mamá? ¿Por favor?
Hermione suspiró y una pequeña sonrisa se formó en su rostro.
—Sí, puedes ponértelo —contestó—. Va, ve a cambiarte antes de que nos vayamos.
Su hija no necesitó que se lo dijesen dos veces, así que salió corriendo de la cocina en dirección a su habitación.
—No seas Doña Angustias, Granger —dijo Draco al ver que la bruja fruncía el ceño—. Vamos a estar los dos con ella. No le va a pasar nada a tu hija.
Nerviosamente, Hermione se puso un rizo tras la oreja.
—Por supuesto —dijo, mordiendo su labio inferior—. Rose está a salvo.
Draco asintió.
—Rose está a salvo —repitió.
Gracias a Merlín, no había mucha gente en la heladería de Florean Fortescue. Aún así, Hermione decidió sentarse en la mesa de la zona más alejada del lugar para tener algo de privacidad. Girando la cabeza, pudo ver que a Draco parecía no importarle, ya que estaba demasiado absorto mientras Rose le volvía a contar las aventuras que había vivido con sus amigos esa mañana.
—¡Hermione! —le saludó Florean con una enorme sonrisa—. No te he visto en mucho tiempo.
—He estado demasiado ocupada con el trabajo, Florean —le explicó ella con una mirada de disculpa—. Pero echaba de menos tus helados —riendo, señaló a su hija y añadió—: Rosie no paraba de insistir, y no iba a dejar de incordiarme hasta que accediese a venir a por helados.
En vez de sonreír, Florean frunció el ceño con desconfianza. Entendió su mirada al ver que Draco se sentaba con Rose en el banco, aún escuchando las historias de su hija.
—Hm... —murmuró el amable propietario, dirigiendo su mirada a Hermione—. La última vez que ese hombre estuvo aquí, casi mata a Rose.
Hermione suspiró y asintió.
—Me lo han contando —contestó. Se distrajo momentáneamente al escuchar una sonora y espléndida carcajada que había escapado de la boca de Draco, que hizo que se le pusiese la piel de gallina. Vio que Florean la miraba extrañado, haciendo que se sonrojase ligeramente—. En fin —dijo, sonriendo—, creo que se arrepiente.
Los ojos de Florean volvieron a posarse en el rubio, con una mirada pensativa.
—Rose parece feliz —dijo mientras una pequeña sonrisa aparecía en sus labios al escuchar las contagiosas risitas de Rose.
—Lo está —dijo Hermione, asintiendo.
Entonces, el hombre cogió su mano y le dio un suave apretón.
—Hace unos días leí un artículo de El Profeta que hablaba sobre su secuestro —murmuró en voz baja, con los ojos brillando por la preocupación—. Ella está bien, ¿verdad?
El corazón de Hermione se encogió un poco por la expresión del hombre, que se había convertido en un amigo para ella.
—Sí, está bien —le aseguró—. Los sanadores dicen que no va a tener secuelas —un nudo se formó en su garganta mientras recordaba esa pesadilla de evento. Sus ojos se posaron en Draco de nuevo, que también la miró y le sonrió levemente—. Me... alegra que Draco estuviese ahí.
Florean volvió a apretar su mano, captando su atención.
—Mereces ser feliz, mi querida niña —dijo Florean con la sonrisa más sincera—. Por favor, recuérdalo.
Ella asintió firmemente mientras miraba a Draco. "Pronto", se aseguró a sí misma. Aún tenía mucho que planear. ¡Y tenía que asegurarse de que Draco estaba interesado en ella! Sería horrible que Draco Malfoy simplemente estuviese siendo amable con ella por el bien de Rose, que, sin lugar a dudas, había conquistado su corazón.
Entonces, el dueño de la heladería tomó sus comandas, diciendo:
—Nada de helados con mantequilla de cacahuete, por favor —después, ayudó a Hermione a llevar los helados a la mesa. Rose estaba que no cabía en sí de la felicidad, aplaudiendo con alegría al ver que un helado de tarta de arándanos era puesto delante de ella—. He añadido más arándanos porque un pajarito me ha contado que has sido una niña muy valiente, Rose —dijo Florean, guiñándole un ojo.
—¡Gracias, Florean! —contestó alegremente, agitando su mano hasta que el hombre estuvo tras el mostrador.
Hermione puso el helado de vainilla frente a Draco.
—Me sorprende que recuerdes el sabor que me gusta —dijo el rubio, alzando una ceja.
—Oh, por favor —contestó riendo—. Recuerdo lo mucho que odiabas los dulces y sólo accediste a comer helados de vainilla cuando Minerva traía comida después de las misiones más estresantes.
La bonita sonrisa que le dirigió hizo que su corazón saltase a su garganta. Hermione, temiendo que sus emociones fueran demasiado obvias, decidió comer su helado de café para distraerse.
En cuanto acabaron, Rose pidió comprar nuevos libros para que le leyesen antes de dormir. Aunque Hermione tenía intención de volver a casa después de comer los helados, no pudo negarse a la petición de su pequeña come-libros. Ignoró decididamente la sonrisa ladeada de Draco y condujo a una sobreexcitada Rose a Flourish y Blotts.
Gracias a Merlín, tampoco había demasiada gente. Las vacaciones de Navidad empezarían la semana que viene, por lo que los estudiantes seguían en Hogwarts. Sólo un puñado de magos y brujas estaban en el lugar, y eso, por algún motivo, hizo que Hermione se tranquilizase.
Rose llevó a Hermione y a Draco hacia la sección infantil. La niña estaba completamente emocionada, pasando de un libro a otro y de una estantería a otra. Al final, eligió quince libros para leer. Su libro favorito era una historia de un dragón solitario, que entabló amistad con un amable caballero. Decía que se parecía al Señor Ginger.
Los ojos de Hermione se abrieron como platos al ver el precio de los libros de Rose. La bruja de pelo rizado suspiró, pensando que era injusto que algo educativo fuese tan caro, pero entonces fulminó a Draco con la mirada cuando se rio.
—Deja que lo pague yo —dijo, sacando de su bolsillo una bolsita llena de monedas. Hermione frunció el ceño y la comparó con su bolsita, que, en comparación, era obviamente más ligera.
—No, es mi hija —protestó—. Yo pagaré.
Draco rodó los ojos.
—Maldita sea, Granger, soy rico —dijo, balanceando la pesada bolsita frente su cara—. Esto no es nada para mí. Además, son libros. Estoy seguro de que mis galeones no serán desperdiciados.
Ella no estaba de acuerdo con que Draco pagase las cosas de su hija.
—No —respondió.
—No seas tan cabezota, Granger —insistió Draco—. Deja que pague yo.
—Ay, Malfoy, no —murmuró con molestia, tirando el brazo hacia atrás para coger a Rose. Pero entonces, al sólo poder coger aire, se giró bruscamente y se sintió horrorizada al ver que Rose no estaba por ninguna parte—. ¿Rose? —la llamó, con el pánico inundando su sistema.
Los ojos de Draco se abrieron como platos al darse cuenta de la ausencia de la niña. Su mirada se deslizó por toda la librería, buscando alguna pista de la pelirroja.
—Oh no, oh no, oh no —murmuró Hermione nerviosamente, con lágrimas empezando a acumularse en sus ojos—. Sabía que era una mala idea sacarla de casa.
—Granger —dijo Draco, cogiendo sus manos—. Tranquilízate. La encontraremos. Lo prometo. Tranquilízate.
Algunas lágrimas cayeron por su rostro, pero ella asintió al ver el brillo de decisión en sus ojos.
—Creo que es suya.
Los ojos de Hermione se abrieron como platos al reconocer a la dueña de la voz. Dándose la vuelta, un suave sollozo se escapó de su boca al ver a Ginny Weasley llevando a su hija en brazos.
—¡Mamá, mira! —exclamó Rose con excitación mientras cogía unos mechones del pelo de Ginny—. ¡Tenemos el mismo pelo!
La castaña se rio mientras más lágrimas escapaban de sus ojos. La mirada de Ginny no era de rencor, sino de diversión, causada por la niña que estaba en sus brazos. Entonces, cuando su mirada volvió a depositarse en Hermione de nuevo, las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos azules.
—H-Hermione —hipó—. L-lo siento.
Rose miró a su madre, alarmada, dándose cuenta de que ella también lloraba.
—Oh, Ginny —sollozó Hermione—. No tienes que disculparte de nada.
—Te echo de menos, Hermione —confesó su vieja amiga.
Con el corazón latiendo de alegría, Hermione lanzó sus brazos alrededor de Ginny y la abrazó con fuerza.
—Yo también te echo de menos —contestó—. Oh, Ginny, no te haces a la idea de lo mucho que te he echado de menos.
—Mamá —se quejó Rose—. ¡No puedo respirar!
Las dos brujas se rieron, olvidando momentáneamente que había una niña apretada entre las dos.
Rose movió sus brazos y los dirigió hacia el rubio.
—¡Draco, salva a Rosie! —lloró, agitándose salvajemente en los brazos de Ginny.
Draco le sonrió con diversión y liberó a Ginny de la carga de Rose. Hermione rio, escuchando que Rose le preguntaba a Draco quién era "la chica guapa que llora". No pudo escuchar la respuesta de Draco, ya que se marchó con Rose para darles algo de privacidad.
—H-Harry me contó lo que le pasó a Rose —dijo Ginny tras alejar a Hermione para mirarla a los ojos—. E-estaba muy asustada. Fue horrible, Hermione —cerró los ojos con fuerza, permitiendo que algunas lágrimas cayesen por sus mejillas—. Yo fui horrible.
La culpabilidad inundó sus ojos cuando volvió a abrirlos, pero Hermione no iba a permitirlo.
—Tú no hiciste nada malo —insistió, sacudiendo la cabeza—. Ginny, lo entiendo. Perdiste a tu hermano. No puedo guardarte rencor por ello.
—Pero tú perdiste a tu marido, Hermione, y nos hemos enemistado contigo por algo que no hiciste.
Hermione suspiró y se secó algunas lágrimas.
—Pero tenías razón —murmuró—. Si no me hubiese rendido, si le hubiese dado otra oportunidad...
—No le querías, Hermione —susurró Ginny, sus ojos brillando con comprensión y tristeza—. Como amiga, sí, pero como pareja... —suspiró y puso unos rizos de la castaña tras su oreja, sonriendo con tristeza—. Lo vi, Hermione. Vi que eras miserable con mi hermano, pero no quise verlo porque apostaba por vosotros. Quería que fueses parte de mi familia.
—Oh, Ginny —dijo Hermione, volviendo a apretar a la joven bruja entre sus brazos—. Siempre serás mi hermana, pase lo que pase.
—¿Podrás perdonarme, Hermione? —preguntó la más pequeña de los Weasley—. Tras haberte abandonado todos estos años... ¡Y a Rose! Se suponía que debía ser la tía que iba a malcriarla. Ya ni siquiera me recuerda.
La castaña dejó escapar una risita y acarició su cabeza.
—No tengo nada que perdonarte, Ginny —dijo Hermione—. Además, tienes muchísimo tiempo para malcriar a mi hija.
—¿Me dejarás hacerlo? —preguntó con suavidad.
—¡Por supuesto! —exclamó Hermione—. Eres familia. Rose querrá que formases parte de su vida.
Ginny cogió sus manos y las apretó.
—He desperdiciado todos estos años... —respiró hondo para estabilizar su respiración—. Te lo compensaré, Hermione. Lo prometo. Pasaremos más tiempo juntas, ¡con Rose!
—De acuerdo —sonrió, asintiendo—. Me encantaría que fuese así —sus ojos brillaron cuando una idea cruzó su mente—. ¿Por qué no vamos a tomar té? ¿Para ponernos al día? Le diré a Draco y a Rose dónde estamos para que puedan unirse a nosotras.
La pelirroja tenía una extraña mirada en el rostro.
—¿Así que es verdad? —susurró—. Malfoy es una gran parte de tu vida. Y de la de Rose.
Hermione, sin terminar de comprender el brillo en los ojos de Ginny, asintió lentamente.
—Es diferente, Ginny —explicó, sintiendo la urgente necesidad de hacer que lo entendiese. Después de todo lo que Draco había hecho por ella y por su hija, a Hermione le horrorizaba pensar que no podría sacrificar su amistad con él por el bien de recuperar la que había tenido con Ginny.
Para su gran alivio, una pequeña y sincera sonrisa apareció en el rostro de Ginny.
—Harry también ha dicho eso —le aseguró, volviendo a apretar su mano—. No estoy... acostumbrada a verle así.
—Pues tendrás que acostumbrarte, porque le vas a ver así mucho.
Ginny la miró con curiosidad.
—¿Estáis...?
—¡Merlín, no! —exclamó Hermione, con los ojos abriéndose ante la implicación de sus palabras y su mirada. Ginny la miraba con mucha duda, especialmente al darse cuenta de que su cara estaba tan roja como el famoso pelo de los Weasley—. Q-quiero decir... Eh... Es complicado porque... no.
Los ojos de la joven bruja brillaron de una forma que puso a Hermione nerviosa.
—Vale —respondió. Los ojos de Hermione se entrecerraron levemente al ver lo fácilmente que su amiga había dejado estar el tema—. Vamos. Me gustaría tomar algo de té para entrar en calor.
—Espera —dijo Hermione, recordando los libros que no habían sido pagados. Cuando se giró hacia la dependienta, se sorprendió de ver que los libros de Rose habían desaparecido.
—El caballero ya los ha pagado, señorita —dijo la amable y vieja mujer, sonriéndole.
La castaña rodó los ojos, sin perderse la mirada de diversión que apareció en la cara de Ginny.
—Maldito bastardo.
—Llegas tarde.
Luna se sobresaltó y sus ojos se abrieron como platos mientras se daba la vuelta y veía a Theo, que estaba sentado en uno de los bancos de los jardines de los Nott.
Cuando llegó más pronto ese día, con la intención de dirigirse a la biblioteca para pasar la noche entera con Luna una vez más, se sorprendió cuando Stimpy le detuvo.
"La señorita Luna no ha llegado aún, Amo Theo", había dicho su elfo doméstico. "La señorita le ordenó a Stimpy que le dijese al Amo Theo que no entrase en la biblioteca sin ella".
"Es mi casa", apuntó Theo con un gruñido. "Yo soy quien da órdenes aquí".
Pero Stimpy, bendito fuese su maldito corazón, se había encariñado con la excéntrica señorita Luna y no había cedido. Por eso, Theo tuvo que esperar en los jardines a que llegase la rubia. Stimpy le había dicho que Luna siempre pasaba un rato en los jardines de los Nott antes de ir a la biblioteca a continuar su trabajo.
Estuvo esperando una hora hasta que su bonita cara por fin apareció. Hubiese apreciado el vestido amarillo que llevaba puesto si no fuese porque estaba un poco gruñón por la impaciencia y el frío.
—¿Qué estás haciendo aquí fuera? —preguntó Luna, sus ojos brillando en la oscuridad de la noche—. Hace frío.
—Obviamente —estalló Theo, abofeteándose mentalmente por haberse olvidado de hacer un encantamiento para entrar en calor. Pero estaba demasiado distraído pensando en Luna, preguntándose si le habría pasado algo malo. Tuvo que detener sus pensamientos incontables veces, porque sino habría acabado buscándola en el mundo muggle. Debía admitir que estaba enormemente aliviado de que estuviese bien, pero estaba demasiado molesto con ella como para decirlo en voz alta—. ¿Dónde demonios has estado?
Luna frunció el ceño.
—No es necesario usar ese tono, Theo —dijo con desaprobación. Entonces, sacó un pincel de su bolso y lo usó para hacerse un moño—. Pero me disculpo por no haberte avisado. Tenía que trabajar en otro proyecto antes de venir aquí.
—Pensaba que no ibas a aceptar más proyectos hasta que la Biblioteca de los Nott estuviese terminada —dijo, frunciendo también el ceño.
—Ya lo está —contestó.
Él la miró con expectación, pensando que elaboraría más su respuesta, pero cuando simplemente le miró con diversión, finalmente lo entendió.
—Ya has acabado la biblioteca —dijo, ignorando que su corazón se había detenido sólo de pensar que podría no volver a verla más.
—Sí —dijo ella con simplicidad. Entonces, con una brillante sonrisa, continuó—. Ven. Te enseñaré cómo ha quedado. Su corazón comenzó a pesar mucho mientras seguía a Luna a través de los pasillos de la Mansión Nott. Durante el corto recorrido, ella estuvo tarareando una canción. Theo suspiró, con el corazón rompiéndose lentamente al pensar que estos pequeños momentos con Luna Lovegood estaban a punto de terminar—. He escuchado lo que le ha pasado a Rose.
Él se percató de la preocupación de su voz, por lo que contestó rápido.
—Está bien —sonrojándose, recordó que se intercambiaba cartas con Hermione, así que era obvio que ella ya lo sabía.
—Es una niña muy valiente —fue su simple respuesta, y continuó a tararear.
Mirando la parte trasera de su cabeza, Theo dejó escapar otro suave suspiro. Sin lugar a dudas, iba a echar de menos verla todas las semanas. Estaba seguro de ello.
Tal era su abatimiento que no se dio cuenta de que habían llegado a la biblioteca. Su tristeza, sin embargo, fue momentáneamente olvidada cuando su mirada se posó en el techo oscuro. O, más bien, en la obra de arte de Luna.
El techo entero parecía la aterciopelada noche que lucía en los jardines. Estaba completa con estrellas que brillaban. Incluso vio unas estrellas fugaces dispersas por el techo, y Theo no puso evitar jadear, maravillado. Estaba seguro de que las estrellas estaban puestas en sus sitios correctos, y que podía señalar las constelaciones que recordaba de sus clases de Astronomía.
—Es... es precioso —murmuró, girándose hacia la bruja, que estaba muy orgullosa de sí misma.
—Gracias, Theo —dijo, sonriendo—. Pero míralo con más detenimiento —confundido, hizo lo que ella le había dicho y alzó la cabeza. Una nube oscura se apartó de repente, dejando ver una enorme y brillante luna. Los ojos de Theo se abrieron al ver su intrincada elaboración. La luna estaba completa con cráteres y sombras, y era una imagen que quitaba la respiración—. La noche necesita su propia luna —susurró.
Mirándola, con los ojos abiertos y brillantes como la luna sobre ellos, Theo pensó que nunca había visto a una chica tan guapa como ella. Sus palabras hicieron eco en su mente, y su corazón latía salvajemente en su pecho. Sus piernas, de repente, tomaron el control, llevándole cada vez más cerca de ella, hasta que sus ojos se ampliaron y brillaron más.
—¿Q-qué estás haciendo? —preguntó sorprendida.
Normalmente, Theo se habría reído al ver su expresión, pero su mente estaba derritiéndose por ella. Por sus ojos, su pelo, las manchas de pintura en sus mejillas, y por sus labios. De pronto, ella estaba... estaba en todas partes, y Theo no podía respirar.
—La noche necesita su propia luna —repitió sus palabras, poniendo una mano contra su mejilla.
Tragó el nudo de su garganta cuando ella cerró los ojos y se acercó a él. No había tenido la intención de que esto pasase, de perder el control, pero el rugiente fuego en su interior había consumido su corazón, y le gritaba para que por fin besase a la chica que había estado inundando sus sueños.
—Nott, necesito un fav... Oh.
Los ojos de Luna se abrieron de golpe y se apartó mientras su cara se teñía de rojo. La furia y la decepción le sobrecogieron mientras fulminaba a Draco con la mirada. Al menos su mejor amigo tenía la decencia de mirarle con arrepentimiento.
—L-lo siento, voy a irme en silencio y...
—¡No! —exclamó Luna sin respiración y asombrada. Los traidores ojos de Theo se depositaron en sus labios entreabiertos, produciendo un intenso dolor en su corazón—. E-estaba a punto de irme y... Y... —sus grandes y confundidos ojos se dirigieron a él antes de darse la vuelta sin decir una palabra y salir corriendo de la biblioteca.
Un pesado silencio se asentó entre los dos magos cuando Luna hubo desaparecido.
—La he jodido, ¿verdad?
Theo le dirigió la mirada más oscura del mundo y se sintió satisfecho cuando Draco se estremeció con arrepentimiento.
—Muchísimo —estalló—. De una forma tan jodidamente grande que no puedes imaginar.
Nota de la Autora: El siguiente capítulo contará con otra visita a la Mansión Malfoy, pero, ¡esta vez con Hermione!
¿Qué os ha parecido este capítulo? Hermione ya empieza a pensar en elaborar planes para saber si Draco siente por ella, Ginny hace una aparición y se reconcilia con Hermione, ¡y Theo y Luna casi se besan! ¿Cuál ha sido vuestra escena favorita? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
