Los cambios que se estaban suscitando en Gaea también estaban afectando el futuro en la tierra. Podía sentirlo… se estaban intercalando las dimensiones y pronto se abriría un vórtice para conectar ambos mundos. Kanji tenía que estar preparada…
La distancia que la separaba del templo en el monte, era algo considerable, pero el cansancio no se reflejaba en su rostro. Los años había curtido su vida, pero la disciplina constante había fortalecido su cuerpo.
Siguió andando y cuando llegó a uno de los amplios peldaños dónde se alzaban dos monumentos de piedra. Algo dentro de la espesura del bosque hizo que se detuvieran en seco.
-Sal…no sigas ocultándote – Ordenó Kanji sin fijar la vista a ninguna parte.
Una leve risa se escuchó en respuesta, seguida de unos pasos que salieron a su encuentro.
-Tiempo sin verte… Madre.
El semblante de Kanji lentamente se mostró escéptico ante lo que escuchaba.
-No debería ser extraño para ti…- Continuó la voz del visitante -. Para el nivel de consciencia que tienes ahora, debes saber bien de que hablo y quien fuiste en tu vida pasada. De lo contrario no estarías cuidando el único vórtice que conecta a Gaea.
Los ojos de Kanji esta vez se abrieron con sorpresa. No había forma de que alguien supiera sobre su vida anterior y las razones de por qué había reencarnado ahí. Fue entonces que amplió su percepción para ver lo que sus ojos ciegos no, y vislumbró el lazo plateado que la ataba a aquel individuo. Ese descubrimiento sólo le reveló una cosa con contundencia…
-Ren… - Musitó retrocediendo.
El aludido comenzó a bajar los peldaños para acercarse a ella.
-Me alegra ver que recuerdas mi nombre… - Respondió, sin expresión emocional que acompañase lo que decía.- Aunque no esperaba verte con tan avanzada edad.
Kanji sabía que la presencia de Ren no estaba augurando nada bueno y su acercamiento puso en alerta sus sentidos.
-El tiempo de Gaea es diferente al de la tierra…
-Sí.. lo estoy comprobando - Corroboró él
-Creí que habías muerto… - Comenzó de nuevo hablar Kanji pausadamente.
-Por suerte no… - Se detuvo Ren para sentarse en uno de los escalones, como si la aseveración no fuera tan seria –. Mi padre fue quien me regresó a la vida.
La sangre se le heló de golpe a la sacerdotisa al oír eso.
-No… - Se le quebró la voz apenas decirlo.- No puede ser posible…
Ren le sonrió silenciosamente.
-¿Por qué? ¿Debería estar muerto también?- Comenzó arremangarse la camisa revelando un extraña figura en su brazo- . Mi padre es eterno, debes saberlo…
Kanji comenzó a notar que su aura se intensificaba de un modo agresivo.
-Pero eso ya no importa… No he regresado desde la tumba, sólo para reencontrarme contigo. No tengo tiempo para tonterías…
-Entonces…– Se asentó Kanji mesurando el peligro que se avecinaba -¿Por qué has venido?
-Para que me respondas dos cosas….- Respondió con lentitud Ren
El semblante de Kanji cambió. Su mano se alzó y comenzó a materializar un báculo espiritual.
-Te responderé si es pertinente la pregunta…
-Está bien… - Continuó Ren sin desprender su mirada de ella – Esta es mi primera pregunta… ¿Por qué decidiste privarme de la vida?
Kanji se tomó un momento en responder.
-Esa respuesta, no podrás comprenderla… - habló de manera indolente.
-Bien… - Hizo una pausa Ren, bajando la mirada al tatuaje que recorría el dorso de su mano –. Pregunta dos…
Esta vez, levantó la mirada y la frialdad se reflejó en sus ojos rojos.
-¿Si la madre no pudo matar al hijo… el hijo puede matar a la madre?
Advirtiendo el ataque, Kanji inmediatamente levantó su báculo para crear una barrera. Pero esta, no se alcanzó a materializar por la súbita aparición de la mano de Ren sobre su cuello. Se había movido a una velocidad tan rápida, que perdió la percepción de su aura en segundos.
-No creas, que por que fuiste mi madre… me importe tu vida ahora- La miró con odio.
Las palabras iban en serio, kanji lo sabía. La presión de su mano se cerraba cada vez con más fuerza. Su intención era clara; Romperle el cuello.
Pero no se lo iba a permitir.
Sus ojos traslucidos se tornaron rojos y la tierra bajo sus pies comenzó a temblar. Dos bloques enormes se desprendieron del suelo e impulsados por una fuerza invisible se lanzaron hacía Ren para aplastarlo.
Dándose cuenta del contra ataque, Ren saltó hacia atrás de inmediato, evitando que los bloques lo alcanzaran. Kanji cayó al suelo tosiendo por el daño en su garganta mientras las pesadas rocas se desplomaban a su lado rodando por las escaleras. Sin perder el tiempo, Kanji alzó de nuevo la mano y otros dos bloques se lanzaron hacia Ren.
Este se rió
-¿También vas enserio? - Dijo, evadiendo nuevamente el ataque, obligándolo a alejarse y aterrizar a la distancia.
-No dejaré… que pases el portal- Advirtió Kanji con la voz rasposa.
-No vine por eso… - Le respondió el castaño con sequedad –. Ya tengo lo que necesitaba saber.
Los ojos rojos de Kanji de nuevo retomaron a su traslucido tono y percibió como los pasos de Ren se alejaban.
-Espera… - Se levantó ayudándose de su báculo- ¿Qué es lo que estás buscando entonces…?
Ren se detuvo, pero no se giró, y antes de desaparecer dijo:
-Matar al último de tus hijos... Van Fanel.
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Los días parecían eternamente oscuros, con las nubes negras recorrer las horas y sin que un hueco de sol se permitiera entrever en el cielo. Acostumbrarse al constante repiqueo de la lluvia sobre la choza ya no parecía ser un problema para Hitomi. Lo que sí, era que comenzaba a preguntarse si eso era normal.
Se movió un poco de entre el tapete donde estaba recostada y notó que el hombro vendado ya no le molestaba, ya estaba cicatrizado por completo. Su recuperación era rápida, le parecía increíble ver como sus heridas se cerraban y curaban con el tratamiento que estaba recibiendo. Se incorporó con ayuda de su brazo y su cuerpo desnudo se estremeció por el frío. Deslizó su mano entre su pecho y tomó su pendiente para observarlo.
"Te guiará donde tu corazón debe de estar…"
Las palabras de su abuela retomaban una y otra vez sus pensamientos. Eso sólo terminaban acrecentando su deseo de estar con Van. Estaba preocupada, había pasado dos días y aún no lo había visto.
-Parece que algo te preocupa…
Hitomi alzó la mirada y cubrió su desnudes con la manta. Vio que quien entraba a la habitación era la anciana de la aldea. Durante el tiempo que había estado allí, ella era la que había atendido sus heridas.
-Debes tener frio, te he traído ropa
-Quisiera… ver a Van… - Pidió suavemente Hitomi, inclinándose hacía ella.
La anciana que era una mujer lobo de bastante edad, le respondió con lentitud.
- La verdad es que no ha despertado aún.
- No importa, quisiera estar con él si me lo permiten… - Insistió Hitomi
La mujer se acercó a ella y negó con la cabeza.
-Por el momento sigues débil, debes guardar aún reposo aunque tus heridas ya estén casi sanadas – La ayudó a recostarse de nuevo en el tapete y comenzó a quitarle las vendas del hombro –. No te preocupes por él, ya está fuera de peligro.
Hitomi se relajó al oír eso. Le aliviaba saber qué Van estaba bien.
-Gracias… han sido muy amables con nosotros.
-Nosotros los Adowb no rechazamos a nadie.
Hitomi entendía que el haber llegado a esa fortaleza, había sido un golpe de suerte. Si no fuera por aquel hombre lobo que los había traído, estarían muertos. Pero también no tardó en darse cuenta que la tribu que los había acogido, en verdad estaba unificado por buenas personas. De inmediato llamaron a los Jefes y Chamanes para atender sus heridas y proporcionarles refugio. Conocían a Van como Rey de Fanelia y procuraron atenderlo prioritariamente. Lamentablemente, la separaron de él para poder procurar sus propias heridas.
Hitomi miró la incansable lluvia por la ventana.
-¿Cuánto tiempo lleva sin despejarse la lluvia?- Preguntó Hitomi
- Meses…- Respondió la anciana con aire ausente mientras rectificaba el avance de la cicatrización en su hombro. Cuando vio la mirada de sorpresa de Hitomi, esta continuó - . Nuestras chozas estaban situadas anteriormente en el fondo de un valle, se inundó y perdimos muchos de nuestros hogares… Tuvimos que marchar sobre lo más alto del monte y construir una fortaleza que nos permitiera vivir en estas condiciones. Por eso nuestras casas están suspendidas sobre él suelo.
El semblante de Hitomi se tornó apesadumbrado por lo que había sucedido. Definitivamente eso no era normal, no recordaba que Gaea fuera así.
- ¿Desde cuándo ha habido estos cambios tan prolongados?
-Desde hace seis años comenzaron a manifestarse, pero se intensificaron en los últimos dos.
Hitomi, frunció ligeramente el ceño. Eso no cuadraba con el tiempo que llevaba en la tierra, no recordaba que el clima fuera tan extremo.
-¿Siempre ha sucedido en esta zona?
-Los cambios de clima… y la lluvia constante, nunca habían sido comunes en el sur de Gaea. Gozábamos de un clima cálido y normal -Le sonrió ligeramente la mujer, curvándose un poco más su arrugado rostro–. No eres de este mundo ¿verdad?
La pregunta tomó por sorpresa a Hitomi y automáticamente cerró la boca ¿Se había delatado tan pronto?
– No te preocupes, no revelaré tu secreto…- La tranquilizó la anciana desanudando un ovillo de la manta que cubría el cuerpo de Hitomi – Tu presencia y camino, sólo te incumbe a ti. Nadie te detendrá… así sea proféticamente destructivo tú destino.
Los ojos de Hitomi se tornaron confusos por las palabras recién decretadas, pero luego calló en cuenta del sueño que había tenido una noche antes de reencontrarse con Van ( capitulo 3), dónde se rodeaba de un mar lleno de cadáveres. Esas palabras sonaban igual… la culpaban de un porvenir destructivo.
Estrujó la manta en su pecho, recordando el dolor de las navajas que le atravesaron en aquel sueño.
-Lo siento… - Intentó ser clara Hitomi, pero en su voz había temor -. ¿Por qué me está diciendo esto?
La anciana levantó la mirada hacia el exterior y vio como los pájaros se resguardaban de la lluvia, hundiéndose en sus nidos ovalados debajo de la paja, acurrucándose entre sí para protegerse contra el frió.
-Se bien que esta no es tu primera visita a Gaea, así que pronto te darás cuenta que todo ha cambiado y que lo que conocisteis una vez, ya no lo es ahora... Todos sabemos de tu existencia, joven de la luna fantasma. – Dijo detenidamente la anciana volviendo a redirigir lentamente la mirada hacia ella -. Tú eres la Diosa alada que traerá la destrucción a Gaea.
La declaración le calló a Hitomi como un golpe duro al estómago.
-¿Qué…?¿Por qué…?- Preguntó casi sin aliento.
-Porque está escrito en el final de los tiempos… todo lo que está sucediendo es una manifestación de tu paso por Gaea desde la última vez que estuviste aquí. Si has vuelto, es para cumplir con lo que el destino te puso en tus manos.
- No puede ser…- Se incorporó Hitomi llevándose la mano a la frente sin poder comprender-. Eso no tiene sentido, han pasado sólo tres años desde que regrese a mi mundo.
-Nuestros mundos tienen tiempos diferentes… aquí han pasado seis años desde tu partida.
Las cejas de Hitomi se alzaron.
- ¿Entonces Gaea ha cambiado por mi culpa?
-No puedo responder con certeza eso… sólo puedo decirte que ha habido cambios muy destructivos en el mundo. Las energías naturales se mueven de una manera extraña… y sólo hay una profecía que habla de ello.
-¿De dónde han sacado esa profecía…? - Cuestionó Hitomi esta vez –. No puedo creer que yo tenga que ver con esto. Poder alguno no poseo, ni fuerza para hacer algo así de tales dimensiones. Soy una humana normal…
- Esa respuesta sólo la tiene la Reina blanca. Ella es la que ha advertido al mundo de la profecía.
-¿La reina blanca?
- La reina Milerna de Asturia.- Respondió la mujer cansinamente.
"¡Milerna!"
Agachó la mirada Hitomi sopesando la situación.
-Pero es el peor lugar al que puedes ir, si quieres respuestas…. -Continuó seriamente la anciana advirtiendo lo que estaba pensando Hitomi -. En estos momentos tu vida representa un potencial peligro para la existencia de Gaea… y es posible que en este mundo no encuentres una bienvenida en muchas partes. Buscarán asesinarte… y uno de esos lugares es Asturia.
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Hitomi. ¿Cómo podían complicarse las cosas y significar su vida un potencial peligro en ese mundo?¿ Era por eso que Van no quería que regresara a Gaea? Ahora entendía por qué lo ocultó. Su mente estaba anclando ahora las cosas… pero lo que no entendía aún era, ¿Por qué ella?
-¿Por qué me están resguardando si es así?- Giró el rostro hacia la anciana.
-Porque respetamos toda vida y camino de cada ser vivo…
El silenció en la habitación se prolongó, no tenía ya palabras que expresaran lo que estaba sintiendo. Cerró su puño sobre su péndulo y pidió a este le aportara la respuestas.
-Si quieres evitar lo que está escrito… puedes hacerlo – Habló la anciana comprendiendo el dolor que estaba sintiendo Hitomi.
Hitomi la miró.
-¿Cómo? – Preguntó dudosa, pero al mismo tiempo esperanzada.
-No te inclines a la destrucción…
-No lo hago…
-¿Estas segura? Nuestros actos, nuestra palabras, por más simples que sean pueden modificar nuestros destinos si son manifestados de forma negativa. Es una ley….
La debatió la anciana haciéndola pensar y sus propias palabras la asaltaron de frente.
" ¡Aléjate de mí, no quiero saber nada de ti…¡Estoy cansada de todo esto!"
Hitomi agachó la cabeza en silencio. Todo lo que había sucedido, se desató después de aquellas palabras. Era su culpa que Van estuviera grave.
-Si entiendes lo que te digo… inclínate por la luz y busca una solución. Todos tenemos la opción de cambiar nuestros destinos…
-Entonces lo único que me queda es ir a Asturia y hablar con Milerna… - Le respondió Hitomi después de un momento.
La anciana meditó su resolución.
-La reina Blanca es la que ha pedido tu captura, ¿Lo sabes?
La noticia le calló como agua fría a Hitomi… No esperó que una orden así saliera de Milerna. Recordó en ese momento lo que le había dicho ese lagarto sobre el acantilado.
"Viva no te necesitan…"
Sus manos se enlazaron en su regazo.
De algún modo podía entenderlo… Si Milerna había encontrado algo que implicaba la destrucción de Gaea, debía advertirlo y prevenirlo si tenía en sus manos el cuidado de todo un reino. Lo entendía…. Pero aun así, seguía sin poder ser creíble para ella, tenía que verificarlo y por su propia cuenta. Si el mejor resultado para cambiar el destino de ese mundo era morir… Se entregaría, con tal de detener aquella destrucción y muerte.
-No importa… - Habló de nuevo Hitomi -. Tengo que ir personalmente y preguntárselo a ella.
La anciana comprendió la determinación de Hitomi.
-No te detendremos…– Inclinó la cabeza, pero luego la levantó advirtiendo importancia a lo que iba a decir-. Pero si quieres detener una fuerza mayor y natural que ya está en función fuera de tu propia voluntad. Tu muerte, no es la solución… y eso lo debe entender también el Rey de Fanelia.
Hitomi analizó aquello.
-Es decir, ¿Que esto no se va a detener si muero?
-Posiblemente no… la naturaleza tiene por convicción nacer con su polaridad. Un problema no nace sin surgir la solución de lado. Posiblemente tú no seas nuestra maldición, sino que está en tus manos decidir esa opción. Si tú no quieres la destrucción de Gaea, entonces debes hallar el modo de detenerlo.
-Encontraré entonces la solución… – Se levantó del suelo Hitomi y tomó las ropas que le había dejado la anciana a un lado.
-Si estás determinada… debo advertirte que no será fácil.
-Lo entiendo… - Asintió Hitomi con la cabeza.
- Aún no se ha anunciado tu llegada, sólo nosotros los de la tribu lo sabemos. El clan reptil que los descubrió, no lograron delatar la noticia a los suyos debido a que los encontraron muertos. Así que aún puedes moverte sin ser percibida.
-Gracias… -Se inclinó Hitomi a ella- . Debo pedirle un favor… Yo voy a marchar, y mi intención es hacerlo sola. No voy a implicar a nadie más si me descubren, por eso… cuiden de Van hasta que se recupere.
-Lo haremos... aunque dudo que le agrade saber que te fuiste por tu cuenta.
- No lo sé… - Miró Hitomi el vacío dudando de ello -. Pero si lo hace, díganle que no es su responsabilidad cuidarme. Casi muere por mi culpa…- Hizo una pausa pensando – .Pero… si quiero pedirles que me dejen estar al menos esta noche con él antes de partir.
La anciana meditó la petición con un largo silencio y luego se levantó con parsimonia caracterizada por su edad.
-Podrás estar con él…- Asintió la lobuna matriarca - Sígueme.
