La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Después de tantos meses lo mínimo que podía hacer era darles un capítulo en calma. Los que siguen a bordo de este fic y no han perdido la esperanza feliz lectura.
CAPÍTULO 21
EMMA
Los rayos de sol entraron por mi ventana e iluminaron directamente mi rostro, por más que quise envolverme en las cobijas no pude seguir durmiendo. Miré al techo con la luz calentando mi rostro y parte de mi pecho, y mi pie colgando fuera de la cama recibiendo el aire frío siempre presente de Maine.
—Arriba Swan. Sé inteligente. Has las cosas bien de una buena vez. Sé inteligente. Ser inteligente. Debo ser inteligente.
Arrojé las cobijas al piso, di un brinco fuera de la cama y fui al baño a orinar. Me lavé los dientes, la cara y me recogí el cabello.
—Sunday morning rain is falling —me moví por la habitación buscando ropa para vestirme mientras tarareaba—. Lara lara lara laaaa… mmm mmm mmm… But things just get so crazy living life gets hard to do…
Salí de casa con la misma canción en la cabeza, creyendo firmemente que podía ser una mejor Emma para todo el mundo.
—¡Muy buenos días! —El restaurante de la abuela seguía cerrado por remodelación y la pequeña cafetería colorida de Nina Simon estaba repleta. Todos regresaron a verme como si tuviese dos cabezas llenas de gusanos—. Un chocolate frío para llevar, con crema por favor.
—¡Emma! —Nina prácticamente gritó mi nombre con una gran sonrisa—. Si no te veía no creería que en serio estás de vuelta.
—Sip.
—¿Deseas un sánduche con tu chocolate de siempre?
—Eso estará bien.
Saqué el dinero para pagar mientras escuchaba a la gente hablar de todo un poco, algunos parecían enojados porque varias calles principales estaban siendo reparadas.
—Siempre paso por ahí y nunca ha estado dañada.
—Lo hacen para mejorar, hermano.
—Me demoro el doble en llegar a mi trabajo. No debieron arreglar tantas calles al mismo tiempo.
—Más bien diría dañar, las calles estaban bien, ese Spencer no sabe lo que hace.
—Al menos hace algo bueno para todos, no como la bruja que nos trajo aquí.
Apreté el vaso con demasiada fuerza y el chocolate se derramó.
—¡Oh no! Déjame ayudarte —Dijo Nina tomando un montón de servilletas de inmediato.
—¡No quiero volver a escuchar a nadie hablando de Regina de esa manera! —Levanté la voz lo más que pude logrando llamar la atención de todos. Nina se congeló con las servilletas en la mano mientras el chocolate chorreaba por mi mano.
—Vamos a decir lo que nos dé la gana sobre esa bruja.
—Lo repetiré una vez más. Yo voy a tomar como una ofensa personal el mínimo comentario en contra de Regina.
—Ya sabemos que se están revolcando otra vez —dijo un idiota mofándose.
—Ok, tú lo pediste. Estás arrestado —dejé caer el vaso en el piso y Nina gritó casi horrorizada, no sé si por su piso sucio de chocolate o por la misma razón que el resto me miraba como si en serio me hubiese crecido otra cabeza.
Estrellé al idiota contra una de las mesas y lo esposé. Nuevos gritos de sorpresa se escucharon.
—¡No puedes hacer esto!
—Soy la autoridad, es momento de poner orden en esta ciudad.
Lo trepé al asiento trasero de la patrulla y mientras él renegaba amenazándome con quejarse con Spencer yo intentaba recordar la letra de la canción.
—That maybe all I need… nara nana raaa all I see.
—No me importa si te revuelcas con esa zorra, voy a hacer que Spencer acabe con ustedes dos.
—Sunday morning mmm mmm…
—¡Oh por Dios! Ni siquiera te sabes la maldita canción, pareces una desquiciada.
—Agresión a un oficial, ¿cuántos cargos más voy a poner en tu contra?
—No son cargos reales.
—Son reales porque son reales y porque yo digo que lo son.
Metí al idiota en la celda y llené todos los informes necesarios para tenerlo encerrado por lo menos tres días.
—Sheriff, qué sorpresa verla trabajando.
—¿Qué quieres Sidney?
—Debemos ponernos al día en las políticas de cero tolerancia a la magia.
—¿No se cómo sería posible cuando estamos llenos de seres mágicos, empezando por ti.
—Empezando por Regina, ella es la única amenaza.
—Esta es tu pequeña venganza porque ella nunca se fijó en ti.
—¡Eso no es cierto!
—Vamos Sidney, los dos sabemos que sigues enamorado de ella, sé un chico grande y acepta la realidad.
—La realidad es que incluso yo tengo más posibilidades de estar en su vida que tú.
Eso me molestó. Mi día feliz y de ser inteligente no estaba funcionando en absoluto.
—Envíame un mail con lo que sea que quieras decirme, tengo trabajo que hacer.
—No abuses de tu suerte, esta vez no hay nadie cubriendo tu espalda, no es muy agradable quedarse sin trabajo en esta ciudad.
Eso me dejó de mal humor el resto de la mañana. Revisé informe tras informe, y me comprometí en serio a trabajar arduamente, cualquier cosa tenía que funcionar para no terminar en la casa de al frente de Regina espiándola.
Al terminar el día, mis pies parecían de plomo al dirigirme a mi solitario departamento, no había sido ese el lugar dónde comencé a hacerlo todo mal pero me hacía sentir terrible recordar a Regina diciendo que me amaba solo para ver como mis errores rompieron su corazón. Sentí unas ganas inmensas de tirarme en mi sofá y llorar, quedarme ahí hasta que alguna solución mágica devolviera el tiempo atrás para poder hacerlo todo bien.
—¡Hey! —David me saludó sonriente desde la cocina de mi departamento—. Es nuestro primer día de vuelta y pensé que podríamos cenar juntos.
—¿Hiciste la cena?
—Hamburguesas caseras y cerveza.
—Maravilloso.
Nunca más iba a tener una cena deliciosa preparada por Regina, ella siempre estaba intentado alimentarme sanamente y yo… yo me dediqué a ser una idiota.
—¿Tan mal fue tu día?
—Creo que tenía una cuota de días buenos y ya me la acabé. No más días buenos para mí.
—Eso no es cierto.
—¿No deberías estar igual o peor que yo? Vas a divorciarte. Qué esperanza podemos tener el resto cuando el príncipe azul y Blancanieves no vivieron felices para siempre.
—Esta es la vida real, y en la vida real las cosas no siempre salen bien pero eso no significa que no podamos seguir siendo felices.
—Estás haciendo mi día aún más deprimente.
—No tiene por qué serlo. Es tu decisión. Tú decides quedarte en casa sufriendo por todo lo que no funcionó o salir y volverlo a intentar.
—¿Lo volverás a intentar? ¿Conseguirás un nuevo verdadero amor?
—Eso espero, al igual que espero que tu madre sea muy feliz.
—En serio siento que solo lo empeoras.
Encendimos el televisor, comimos nuestras hamburguesas y bebimos cerveza de raíz.
—¿Quieres escuchar algo gracioso?
—No.
—Henry me contó que Regina está preocupada de que su cachorra esté creciendo muy rápido.
—¿Qué tiene eso de gracioso?
—Pues que esos perros son enormes —dijo riendo—. Es cruzada con labrador así que puede ser un poco más pequeña de lo habitual, pero seguirá siendo grande.
—Sigo sin encontrarle la gracia.
Torció los ojos y suspiró mal humorado.
—Pienso ir y disculparme con ella… y quiero que tú también me perdones.
—¿Por qué?
—Por no darme cuenta de tus sentimientos por ella, por haberte arrastrado conmigo en mi locura momentánea. Ayudé a empeorar las cosas entre ustedes.
—No lo hiciste. Fue mi decisión. Debí razonar contigo e impedir todo lo que pasó.
—Intentabas hacer lo correcto.
—La golpeé… la golpeé y ella no podía defenderse… ¿Qué clase de persona soy?
—Emma.
—Utilicé su peor temor en su contra. Sidney tiene razón, soy la última persona en el mundo que tendrá una oportunidad con ella. La tuve y no la tomé. En serio la perdí, papá.
Lo dije sin lágrimas, sin opresión en el pecho. Simplemente había aceptado mi realidad.
—¿Qué vas a hacer al respecto?
—Creo que debo asegurarme de que sea feliz aunque no sea conmigo. No sé cómo voy a hacerlo pero lo haré.
Mi segundo día tenía que ser mejor que el primero, desperté dispuesta a hacerlo todo bien, tenía que encontrar la forma de hacer mejor la vida de Regina. Me detuve frente al restaurante de la abuela y observé a las personas trabajando en la remodelación, lo que no esperaba era ver a Lily riendo con Ruby, me alejé antes que pudieran verme pero no funcionó porque Ruby fue tras de mí.
—Llevo rato sin verte. ¿Al menos vas a saludar?
—Hola —dije sin dejar de caminar rápido.
—¿Estamos peleadas?
—No lo sé, ¿qué dice tu novia?
—Lily no es mi novia.
—Claro, solo son amigas que pasan todo el rato juntas.
—La convencí de tomar unas clases conmigo, son online y económicas, es mucho menos solitario.
—A ella nunca le gustó estudiar, solo quiere meterse en tus pantalones.
—A mí nunca me gustó estudiar pero quiero hacer algo con mi vida.
—Pues no confíes demasiado en ella.
—Se le ocurrió una idea en la que la estoy ayudando, damos vueltas por la ciudad todos los días, por si Hook regresa.
Me detuve en seco, sin saber exactamente qué pensar o decir.
—¿Crees que volverá?
—Lily cree que lo hará si se entera que Henry está vivo, y que vendrá por Regina.
—No fue tras ella la primera vez.
—Es lo que Lily cree, que el verla feliz lo haría ir tras ella.
Eso arruinó definitivamente mi día y eliminó cualquier deseo que pude haber tenido de felicidad. No me agradaba tener a Lily en mi ciudad, me enojaba pensar que había tocado a Regina, me gustaría ponerla tras las rejas y perder la llave. Lo cierto es que Ruby me había recordado que lo mejor para Regina era que yo estuviese lejos de ella.
Me sumergí en una rutina odiosa que implicaba trabajar todo el día, salía de casa temprano y llegaba muy tarde para solo caer rendida en mi cama, incluso evité frecuentar cualquier tipo de lugar donde tuviera que toparme con alguien y entablar la más mínima conversación.
—¿Qué te parece si vamos a un bar y tomamos algo?
—No, gracias.
David parecía haber agotado todos sus intentos por animarme, no podía culparlo, en realidad quería que se detuviera.
—Hablé con Regina —dejé de ver televisión y me incorporé un poco en el mueble donde estaba acostada para escuchar atentamente lo que sea que pudiera contarme sobre ella.
—¿La viste? ¿Está bien? ¿Estaba con Henry?
—¿No has hablado con él?
—Un par de textos, lo recogeré el domingo. Cuéntame sobre Regina, ¿dónde la viste?
—En el refugio, llevó a la cachorra para un control, vitaminas, vacunas, está creciendo muy bien.
—¿Hablaron sobre mí?
—Me disculpé con ella, dijo que entendía.
—¿Eso fue todo?
—Me disculpé sobre ustedes, que lamentaba no haberme dado cuenta de tus sentimientos por ella y haberte puesto en esa situación.
—¿Qué te dijo?
—No me dijo nada. Pagó y se fue, ni siquiera esperó el cambio.
Fue como un pequeño oasis, no logró reconfortarme pero me permitió seguir con mis aburridos días.
Sidney se sorprendió cuando me vio trabajando un sábado y tuvo el descaro de decirme que había conversado con Regina esa misma mañana mientras compraban pescado fresco en el muelle.
—Estaba hermosa, con el cabello alborotado y cada vez más largo, me recordó tanto a mi antigua Reina.
Quise patearlo fuera de mi oficina pero me contuve.
—Estoy segura que le arruinaste la mañana.
—Me dijo que estaba de acuerdo con la ley sobre magia y que no me guardaba ningún rencor, hasta me deseó un maravilloso día.
—Regina adora ser irónica.
—No lo fue.
—Seguro cree que eres gay y tienes algo con Spencer.
—No sé por qué pierdo mi tiempo contigo. Te desearía un mal día pero ya te ves lo suficientemente miserable. Me das lástima.
Las idioteces de Sidney me impidieron concentrarme, lo mejor que pude hacer ya que no quería volver a casa fue intentar arreglar un viejo radio, ignoré todas las llamadas de Mary Margaret y rechacé en un mensaje de texto su invitación a almorzar, cenar, o comer lo que sea que se le ocurra. Mi teléfono sonó con la llegada de otro mensaje y estaba dispuesta a darle un pedazo de mi mente por no dejarme trabajar en paz pero el nombre que apareció en la pantalla de mi teléfono era el de Regina, se me cayó de las manos por la ansiedad de leer rápido lo que decía, hasta un insulto hubiese sido maravilloso, podría pelear con ella como en los viejos tiempos.
"Almuerzo con Henry a la una. No llegues tarde".
Tenía que correr a casa y ponerme algo decente, quizá pasar comprando un buen vino y unas flores.
"¿Quieres que lleve algo?"
No le quité los ojos de encima a la pantalla hasta que envió su respuesta.
"No llegues tarde"
Compré la botella de vino más cara que encontré, corrí a mi departamento, vacié mi armario por completo hasta encontrar algo que me hiciera ver decente, me quemé con el rizador intentando curvar las puntas de mi cabello. Rocié en mí lo último que quedaba de mi viejo perfume y fui caminando hasta casa de Regina para calmar un poco mis nervios. Que me invitara a almorzar tenía que ser una buena señal.
Toqué el timbre y Henry abrió la puerta.
—Llegas a tiempo.
—¿Y tu mamá?
—Acaba de irse.
—Recibí un mensaje diciendo que almorzaríamos.
—Tú y yo. No quería dejarme solo y…
—Y no encontró a nadie más disponible.
—Puedo quedarme solo si…
—Muéstrame lo que preparó, muero de hambre.
Me tragué mi desilusión, dejé el vino sobre el mesón de la cocina antes que se resbalara de mis manos sudorosas, sentía las lágrimas amenazando con derramarse, abrí la puerta del congelador y dejé que el aire frío me calmara un poco.
—Quiero escuchar lo que has estado haciendo. ¿Dónde está esa pequeña osita?
—No le digas a mamá que crecerá mucho.
—No va a devolverla aunque no quepa por la puerta.
—Pero se pondrá histérica, debemos dejar que se acostumbre, no va a ponerse enorme de la noche a la mañana.
—Es Storybrooke.
Reímos con facilidad, nos sentamos alrededor del mesón en la cocina y devoramos todo lo que Regina nos había preparado.
—Sé que esperabas que ella estuviera aquí, solo que tenía algo importante que hacer.
—No podemos culparla por odiarme y no querer dejarte solo.
—Volveremos a tener comidas juntos.
—Eso espero. Me gusta estar aquí, extraño que pasemos tiempo juntos, los tres.
—Yo también.
—¿Lo dices en serio?
—Si… y mamá también te extraña.
—Henry. Sé que querías que fuéramos una familia y de alguna forma las cosas se arreglarán y lo seremos, solo que no de la forma en que… ya sabes…
—Alejarte de mamá no ayuda, tienes que acercarte y demostrarle que realmente la quieres.
—Henry.
—Fue lo que ella hizo, siempre te demostró que estaba allí. No ha dejado de decirme que es importante que sepamos que la gente nos ama y que demostremos que los amamos. No sé si meter presos a los que hablen mal de mamá sea una idea grandiosa.
—¿Se enteraron de eso?
—Todo el mundo habla que te la pasas multando a los que no quieren a mamá. A mí me parece genial pero mamá no está muy feliz al respecto.
No sé lo que hizo a Henry cambiar de idea y ser un poco más receptivo. Me encantaba verlo feliz y relajado, nuestra relación no era la misma de antes pero estaba en camino de ser mucho mejor, me sentía segura al respecto. Pasamos la tarde el domingo hablando de muchas cosas, cuando lo llevé al departamento para quedarse la semana que me correspondía; solo cuando revisé su habitación constatando que estuviera dormido pude sentir alivio al liberar la opresión en mi pecho que había cargado sin caer en cuenta ante la idea que él no quisiera dividir su tiempo entre Regina y yo.
Tenía muchos planes para la escuela, quería ser parte del equipo de béisbol y había logrado convencer a Regina de tomar clases particulares. Me dijo que no pensaba hacer eso por siempre pero que moría de ganas por jugar al menos mientras estuviese en la escuela.
Mary Margaret logró interceptarme al fin en la estación, llevó algo de comida y me criticó por evadir sus llamadas.
—¿Te estás alimentando bien? ¿Estás tomando suficiente sol? ¿Te has estado bañando con regularidad?
Me bombardeó con preguntas, como si intentara constatar que yo seguía siendo un humano funcional y no una especie de zombie.
—Tengo mucho trabajo y lo disfruto. El idiota de Spencer tiene al idiota de Sidney sobre mí, no puedo darle ninguna excusa para despedirme.
—Nadie va a despedirte.
—¿Esto es por el divorcio? ¿Estás bien?
—Tu padre y yo estamos bien, nos preocupamos por ti.
—¿Han hablado?
—Por supuesto que sí. Seguimos siendo tus padres y nos querremos por siempre.
—Me alegra.
—Al menos podrías ser un poco más suave con la gente, no puedes amenazar ni perseguir a todos los que no quieren a Regina.
—Sidney me apoya en eso, es lo que nos mantiene felices y en serio tengo que dejarte, debo ir a cerciorarme que todos tienen sus papeles en regla, hay gente en la calle sin matrícula vigente ni permiso de conducir.
—La gente está muy enojada por lo que Spencer ha hecho con las calles, en serio creo que lo está haciendo para ganar dinero y no honestamente. Sé amable con ellos, por favor.
—Todos sabemos que no durará demasiado. Espero que sea pronto para que Regina pueda recuperar su puesto.
—No creo que esté interesada en eso.
—¿Por qué? ¿Te ha dicho algo?
—Lo importante es que esté feliz y que tú también estés feliz. No hagas infelices a los que se crucen contigo.
Elegí la calle menos transitada de Storybrooke, no quería que alguien me hiciera enojar y llenar la estación de detenidos, debía llegar a casa temprano para cocinar algo decente para Henry.
Después de mi tercera multa estaba lista para tomar un descanso y entonces el nuevo auto de Regina apareció en mi calle, extrañaba su viejo Mercedes pero me conformaría con solo volverla a ver. Sidney tenía razón, su cabello estaba más largo y se veía preciosa.
No lo arruines. Me repetí a mí misma que debía ser profesional y no hacer nada estúpido como suplicarle que me perdone y decirle las terribles ganas que tenía de volver a besarla.
—Hola. Solo es una revisión de rutina. ¿Cómo has estado?
—Todos mis papeles están regla.
—Por supuesto que lo están.
Me entregó los papeles y rocé sus dedos al tomarlos. Sus ojos esquivaron los míos, pero yo no pude dejar de mirarla. Se lamió los labios y colocó con delicadeza su cabello detrás de las orejas. Mis ojos se detuvieron de repente en la joya que colgaba alrededor de su cuello, un poco oculta por su blusa.
Era mi regalo, el que le di por su cumpleaños.
—¿Puedo continuar?
Al fin sus ojos hicieron contacto, le entregué los papeles sin dejar de mirarla y antes de permitirle irse observé por última vez el relicario perdiéndose en su escote.
—Que tengas un buen día.
—Gracias, Sheriff.
Se alejó por la carretera y me quedé en mitad de la calle viendo nada más que árboles, con una sonrisa tonta en mi cara y una ilusión renaciente palpitando en mi pecho. Tenía que significar algo.
El resto del día pasó en un abrir y cerrar de ojos. Me acosté en la cama y tarareé en mi cabeza la misma línea de esa canción cursi que apenas podía recordar.
—That someday it would lead me back to you.
