Capítulo 21. Despertar de una pesadilla.
No sé como es que habíamos logrado que Levy entrara en la nave de aquel extraño criminal, aunque no era para nada agradable estar en una misma habitación con ambos juntos. Por lo general toda conversación en la que ambos participaban terminaba en desastre. Levy ya no le dirigía la palabra a Juvia y eso volvió las cosas más difíciles de lo que eran.
Algo o más bien alguien logró tranquilizar el mal comportamiento y la suma desconfianza de Levy, fue nada menos que la compañía de Lily. Pantherlily.
Pantherlily, tenía cabeza de una pantera negra, pero con un hocico blanco, y una cicatriz que va hacia abajo al lado de su ojo izquierdo. Su cuerpo es musculoso y cubierto por su pelaje negro. Vestía unos pantalones cortos de color verde.
No imaginaba a los Exceed de esa manera, Happy parecía tan adorable. Pero incluso alguien tan intimidante como Lily, tenía una fase adorable que logró enternecer el corazón duro de Levy. Lily tomaba su forma gatuna-adorable para preservar energía para futuras batallas. Lily logró hacerse muy amigo de Levy, y era solo él quien lograba darle una conversación decente.
Gajeel no estaba muy de acuerdo en que su mejor amigo estuviera siendo sonsacado por Levy. Aunque fuera Levy quien estuviera sonsacando a Lily. Tal vez solo Gajeel sentía celos, pero era demasiado duro para admitirlo.
Había logrado perder el rumbo de nuestra trayectoria. Ya no tenía ni la menor idea a donde nos dirigíamos, nunca en mi vida había leído sobre estas galaxias o plantas, eran desconocidos en la humanidad. Me aterraba lo desconocido, pero al menos estábamos lejos de las garras de Mavis.
–¿Quieren volver a repetirme por qué esto es una buena idea? –pregunté mirando mis manos enguantas.
Gray sería, al parecer, mi entrenador personal y Juvia me enseñaría a controlar los poderes que una saktim puede manipular, aunque no me gustaran sus maneras de enseñanza. Lo bueno de todo esto era que ya no tenía que usar ridículos vestidos, podía usar pantalones anchos y shorts, me sentía más yo que nunca.
–Nadie dijo que era buena idea. –comentó Levy sentada sobre una sábana sobre la hierba verde del planeta en que Gajeel decidió aterrizar para el abastecimiento.
–No empieces. –murmuró Juvia entre dientes.
Gajeel rió entre dientes mientras seguía recargado sobre su espalda en la nave espacial, sus brazos firmemente cruzados sobre su pecho, por petición de Juvia, Gajeel había aceptado a mantener su forma humana. Eso al menos aminoraba un poco la tensión en el ambiente.
Gray tosió para captar de nuevo la atención. Miré como el hombre de hielo perdía su camiseta y como juvia daba un largo suspiro de ensoñación.
Rodé los ojos e ignoré el hecho de que mi, ahora entrenador, estaba semi-desnudo. –Bien. No tengo mucho conocimiento en la lucha, lo más deportista que he hecho en mi vida es unirme al club de atletismo.
–No te preocupes. –Gray se paró frente de mí, alzando sus manos a la altura de sus hombros con amabas palmas a la vista. –Dame tu mejor golpe.
Nerviosa mire las palmas de Gray frente a mí, perfectamente firmes en su lugar esperando un golpe. Miré con torpeza hacia mis manos y poco a poco fui apuñándolas, con todas las fuerza que creí tener golpeé la palma limpia de Gray y en cámara lenta sentí el dolor recorrerme desde mis nudillos hasta mi brazo, un golpe limpio hacia una superficie dura.
Me alejé rápidamente sujetando mi mano que seguí chillando por el dolor. Atraganté un gemido de dolor en mi garganta.
–O-Oie…
–Patético. –logré escuchar decir a Gajeel.
–Las saktims no son fuertes por naturaleza. –escuché decir a Juvia dándome apoyo moral. O al menos intentándolo.
–He visto saktims destruir meteoritos con solo un dedo o arrojarlos como si de una canica se tratara. –dijo Gray, incrédulo.
Juvia hiso una mueca. –El poder de la mente es más poderos de lo que crees.
–Tú no tienes la misma cantidad de fuerza que Lucy. –dijo Gray señalando a Juvia. –Y ambas son saktim. Tú me dijiste que no eres una guerrera, entonces…
Juvia se encogió de hombros.
–Yo te diré que pasa. –dijo Gajeel caminando hacia nosotros con una sonrisa burlona. –Ustedes son demasiado blandos con la rubia.
Gray frunció el ceño temiendo la cercanía de Gajeel, más que nadie, él sabía perfectamente el comportamiento brusco y los tipos de métodos que él puede utilizar. Estuvo con la guardia arriba mientras el leaha se acercaba a Lucy.
–Las peleas son rudas, bruscas y entre saktims son hasta matar. –habló Gajeel mientras sostenía a Lucy por la muñeca y la alzaba estirando su brazo y despegar sus pies del suelo. –Aun si la saktim haya sido educada para ser una princesita, todas las saktim tienen los genes de un guerrero. Tú no eres la excepción, rubia.
Gray estuvo a punto de intervenir, cuando en un parpadeo Levy ya estaba aún lado del skotadi mirándolo como si fuera arrancarle la garganta en cuestión de tiempo.
–Suelta a mi hermana. –exigió la pequeña saktim con ira. –Ella no es un juguete a tu disposición.
–Oh, camaroncito, eres bastante sensible cuando se trata de tu pequeña hermanita ¿no es así? –dijo Gajeel con tono burlón mientras soltaba a Lucy de su agarre.
Lucy se tambaleó en el suelo pero rápidamente se mantuvo firme, dio largos pasos alejándose de la escena entre dos bestias a punto de atacarse si alguien no intervenía.
–¿Cómo sabes que es un camarón? –preguntó Lucy interrumpiendo el silencio incómodo.
Gajeel desvió la mirada de la saktim frente a él y miró a Lucy, una sonrisa divertida se extendió por su rostro dejando ver los afilados colmillos que poseía.
–¿Qué en el infierno es un camarón? –preguntó Levy frunciendo el ceño.
–Me gusta la Tierra. –dijo Gajeel ignorando la pregunta de Levy. –Y me gustan los camarones, más si estos están cubiertos con Kétchup.
Gajeel le dio una mirada profunda a Levy mientras este se pasaba la lengua por los dientes. Levy parpadeó y rápidamente hiso una mueca de disgusto.
–No sé qué es un camarón, pero no hay manera que yo te deje alimentarte de alguna saktim. –gruñó Levy con desprecio.
Gajeel cabeceó la cabeza, divertido con la situación y despreocupado por la pequeña saktim echando humo a su lado.
–Has estado en la Tierra. –murmuré, pensativa.
–Los humanos tienen costumbres raras, pero divertidas. –continuó Gajeel. –Saben con divertirse y las hembras humanas son lo mejor que puede existir.
–Asqueroso. –murmuró Levy mientras se retiraba. –Las hembras humanas deben estar locas.
–Locas se pusieron cuando me acosté con ellas. –mencionó Gajeel con altanería logrando que Levy se sonrojara.
Levy apretó los puños a sus costados negándose a caer en las provocaciones de una bestia sin cerebro como él.
–¿Por qué si quiera lo escuchamos? –preguntó Levy un poco alterada mirando a Juvia. –Es desagradable en todos los sentidos, no tiene modales, no tiene seriedad y posiblemente no se bañe.
Gajeel frunció el ceño. –Claro que me baño. Si no me crees, estas abiertamente invitada a mi baño cuando quieras.
–¿Y quedar traumatizada? No, gracias. –dijo Levy cruzándose de brazos.
Gray, Juvia, Lily y yo comenzamos a separarnos lentamente de la revoltosa pareja mientras aún era tiempo. Estuvimos lo suficientemente lejos y aun así ellos seguían peleando.
–Tal vez quieras decir fascinada. –contraatacó Gajeel. –No te puedo culpar. No me importa, a diferencia de ti, a mí no me importa la diferencia de raza.
–¿Qué en el universo haría que yo terminara con alguien como tú?
–Tienes razón. –dijo Gajeel pensativamente mientras miraba a Levy. –Eres tan pequeña, te partiría en dos.
Una explosión llamó la atención de casi todo habitante en el planeta, eso y la risa burlona de Gajeel mientras esquivaba las bolas de energía que Levy le disparaba.
–¡Gajeel-san, deja a Levy en paz! –gritó Juvia mientras intentaba hacer que Levy volviera a su forma original e intentara dejar de rostizar a Gajeel.
Gray solo negaba con la cabeza. –Idiotas.
…
Natsu caminaba con desconfianza detrás de la extraña mujer, los pasillos de este castillo sacado de una de las viejas historias de terror. Era imposible estar cómodo en un lugar así, siempre había ojos mirándote dentro de la oscuridad, ojos que brillaban y no les molestaba acosarte desde la lejanía.
Este lugar, aunque Natsu no lo admitiera, le provocaba serios escalofríos con una sensación rara y asquerosamente cálida, como si hubiera regresado a casa después de un largo viaje en soledad. Pensar en este lugar como un hogar, así que se sintiera enfermo, incluso más que cuando se subía a un transporte.
La mujer se detuvo en seco frente a unas enormes puertas dobles y con un movimiento grácil de sus manos estas se abrieron a la par dejando a la vista un fondo salón tapizado de paredes plata y muebles de color negro. Una araña de cristal negro adornaba el techo colgando estratégicamente a la mitad del profundo salón en el que había un poderoso trono del mismo material negro opaco.
Natsu hiso una mueca cuando miró a la persona que estaba sentado en aquel trono. No era nada más ni nada menos que el tipo rarillo que podía controlar el tiempo. Esto comenzaba a darle muy mala espina.
El hombre desconocido sonrió, sonrisa que no llegaba a sus ojos oscuros carentes de luz o vida.
–Puedes retirarte, Kyouka. –habló el hombre con voz monótona y sin siquiera dirigirle una mirada.
Más sin embargo, a pesar del comportamiento distante, la mujer parecía más que extasiada de cumplir las órdenes de aquel tipo. La vio dar una pequeña reverencia y salir lo más rápido que pudo, cerrando las enormes puertas tras ella.
Natsu buscó salidas. Posibles métodos de huida, si esto se ponía feo, no quería quedar atrapado con aquel desconocido. El salón se llenó de completo silencio y tensión.
El hombre se levantó de su lugar haciendo que Natsu se pusiera en guardia. Si algo debía de reconocer, es que este tipo, a pesar de su apariencia calmada y lela, tenía el poder suficiente para destruir a alguien.
Vestía la misma túnica negra de antes, junto con una gran toga blanca que fluye envolviendo su cuerpo sobre el pecho. Un par de pantalones de color negro y unas botas del mismo color. Su aspecto humano le daba mal presentimiento, al único "humano" que había visto en su vida era Lucy, y ella no era del todo humana. Era extraño andar con una forma tan… frágil por ahí.
–¿Llamas a los humanos frágiles? –preguntó el hombre con una sonrisa divertida. –Te sorprendería lo que puede hacer un humano destrozado y un arma.
Natsu comenzó a sentirse incomodo por la repentina cercanía del desconocido que le sonreía como si fueran los mejores amigos de todos los tiempo. Él tipo tenía un serio problema.
Natsu retrocedió. –Uh… no tengo mucha experiencia con humanos. –sacudió la cabeza para cambiar de tema. –Eso no tiene importancia. ¿Para qué me quieres aquí? Y más importante, ¿Quién infiernos eres?
–¿Infierno? –el hombre ladeó la cabeza, pensativo.
–Una amiga me pegó la palabra. –refunfuñó Natsu sin dar muchas explicaciones.
Él sabía muy bien que era el infierno. –¿Quieres saber quién soy? Me llamo Zeref. Tal vez hayas escuchado mi nombre en otro lugar.
Zeref. He escuchado ese nombre antes. –¿No eres tu…? ¿Conoces a Lady Mavis?
La mirada de Zeref se oscureció un poco ante la mención de su antigua amante, pero eso no logró que su sonrisa se desvaneciera. Grandes recuerdos se albergaban al fin de cuentas.
–La conozco muy bien. –había una pizca de diversión en su tono de voz que Natsu notó al instante. –En verdad eres un skotadi.
–Quería suponer que Mirajane se encargaría de decirte la verdad. –dijo moviendo la cabeza de un lado a otro con expresión pensativa. –Supongo que no te dijo mucho.
Natsu miró con atención cada movimiento de Zeref, muy atento a cualquier tipo de movimiento sospechoso. Puede que se haya presentado, pero eso no le quitaba que, aun, era un completo desconocido.
Zeref colocó sus dos manos hacia atrás, entrelazada en una postura relajada y con actitud demandante, algo típico en su persona. Caminó dándole la espalda a Natsu.
–Supongo que estas lleno de preguntas. –comenzó Zeref de regreso a su tono suave y monótono. –Preguntas que estaré encantado de responder. Primero que nada, aclaremos los hechos obvios. Tú y tu acompañante snaga, en realidad son skotadi. Hay cientos que lograron sobrevivir de la guerra gracias a mí.
Natsu alzó una de sus gruesas cejas al notar el tono leve de altanería, tanta seriedad en él hacía imposible imaginarlo usar otro tipo de comportamiento que el obvio.
Volviendo. Aunque le costó mucho creerle a Mirajane cuando les dijo que eran skotadi, ahora, un poco de duda crecía dentro de él como maleza. Además de que no encontraba otro tipo de explicación al hecho de que ellos fueron traídos a este lugar lleno de una especie que todo mundo da por extinta.
–Por supuesto. Muchos skotadi lograron sobrevivir escondiéndose entro otras culturas. –prosiguió Zeref sin importarle si Natsu lo estuviera siguiendo. –Tú fuiste muchos de los niños privilegiados que lograron acomodarse muy bien en reconocidas sociedades y vivir como uno de ellos.
–¿Niños? –Natsu preguntó con curiosidad. –¿Igneel era un skotadi?
Zeref que seguía de espaldas a Natsu, giró un poco la cabeza para mirar al pelirosado por encima de su hombro, se giró en una voltereta coordinada.
–Igneel era puramente snaga. –contestó Zeref con indiferencia. –Pero Igneel no es tu padre. Al menos no genéticamente hablando.
Natsu alzó la cabeza con repentina velocidad para mirar al hombre frente a él que lo miraba con curiosidad analítica.
–Igneel era un buen amigo mío. –continuó Zeref antes de ser interrumpido por el mar de preguntas de Natsu. –Le pedí de favor que cuidara de ti, que te escondiera de las saktims, que te cuidara como el hijo que nunca tuvo. El aceptó y se encariñó demasiado de ti.
–¿Qué…?
–Es una lástima que haya muerto. –dijo Zeref con un sincero pero poco tinte de nostalgia. –Me hubiera gustado agradecerle personalmente.
–Igneel nunca me dijo nada…
–Yo le pedí que no te dijera nada. –dijo Zeref. –Tenías que vivir escondiéndote de todo. Incluso de la verdad. Eso hiso que tu coartada funcionara. Mandé a la familia Strauss con Igneel, cuando Igneel murió, Mirajane continuó con tu cuidado y ella me mandaba avances de tu crecimiento.
La cabeza de Natsu comenzaba a doler, demasiada información soltada en solo un momento. Tanto por procesar. Pero se negaba a ir sin saber cada rastro de verdad oculta todos estos años. Él necesitaba saber la relación de todo.
–¿Qué quieres de mí… de nosotros? –preguntó Natsu.
–Nada en específico. –contestó Zeref con una sonrisa. –Bueno, de ti sí. Ha sido un poco duro a verse separado de mi única familia.
Natsu ladeó la cabeza ante la confusión y el repentino tono de voz de Zeref. –¿Familia?
–De ti. De mi pequeño hermano menor.
Natsu tuvo que recordarse que había oxigeno alrededor porque su cerebro pareció olvidarlo. Abrió la boca solo para volver a cerrarlas segundo después mientras intentaba procesar lo que acaba de escuchar.
–¿Hermano? ¿Tuyo? –preguntó con incredulidad y diversión nerviosa. –Eso es ridículo. Yo no tengo hermanos.
Zeref rió entre dientes. –¿De dónde crees que posees los genes skotadi?
Zeref miró con curiosidad las expresiones de confusión de su pequeño hermano, había crecido tanto, casi podía recordar el pequeño bebé que salió de casa envuelto en la que ahora era su bufanda, regalo de cumpleaños del propio Igneel.
Después de tanto tiempo, después de tanta espera. Al fin tenía de regreso a su querido hermano.
–Pero no solo por eso le pedí a Mirajane que te trajera. –habló Zeref cuando se dio cuenta de que Natsu no lo haría. –Te traje aquí para alejarte del peligro de las saktims y para… despertarte.
–¿Despertarme? ¿A qué te refieres? –preguntó Natsu con brusquedad.
En un flash, Zeref ya se encontraba frente a Natsu logrando que este se sobresaltara de la impresión.
–Me refiero a despertar el skotadi dentro de ti. –explicó Zeref con seriedad. –No será agradable. Pero has demostrado que eres fuerte y sé que lograras controlarlo.
A Natsu le agrado para nada el tono que había utilizado y para nada le gusto el uso de palabras que había utilizado. Intentó alejarlo, pero Zeref era demasiado rápido y poderoso para detenerlo con simples golpes limpios.
El cuerpo de Natsu se paralizó en un instante, sintiendo la voz de Zeref susurrarle ordenes que lograron ponerlo de rodillas. Por primera vez tenía las intensas ganas de gritar por ayuda, pero su garganta estaba cerrada y su boca sellada.
–No quería hacer esto por las malas. –dijo Zeref con una expresión triste en su rostro. –Pero nunca fuiste bueno escuchando.
Con eso, Zeref colocó sus manos en el rostro de su hermano sintiendo la fuerza oscura dormida dentro de él. Fuerza que debía ser despertada a toda costa.
N/A: Viva el GaLe, bitches! /._./
Weas locas estan pasando por todos lados. Esta historia tiene mucho futuro! *-*
¿Alguien leyó el manga? Aquarius! :'D Hermosooooo!
skhakjjhakjhjkahkajakjahkjsahksjja :'3 No me pregunten que rollo, porque ni yo se que pasó con esta historia, ni se como voy a desenlazar todo, espero que la imaginación me caiga como un rayo.
Como sea, hasta el próximo capítulo, besos *3*
PD: Hoy no pude contestar Reviews porque raramente no puedo verlos, no se si fanfictión me este trolleando, no sé si solo me esta pasando a mí, no se que esta mal. veo que hay nuevos reviews pero al momento de querer leerlos, resulta que no hay nada y yo a si de: khe? ._.
Intentaré arreglar eso :c
