CAPÍTULO XX: HUMILDAD
"Uno heredó sus sellos"
El País del Viento era un país un tanto extraño. Buena parte del país era un gran desierto. Era muy amplio en extensión, aunque buena parte del país estaba deshabitada. No obstante, existía un gran río que recorría de norte a sur todo el país hasta desembocar en un gran estuario miles de kilómetros debajo de su nacimiento. Era un río caudaloso y tenía muchos afluentes lo que convertía que amplias zonas de su ribera fueran auténticos vergeles que posibilitaran la vida humana. Aunque por todo el país existían pequeños núcleos de población repartidos en torno a los principales oasis o las zonas más habitables, las mayores ciudades se localizaban a lo largo del valle de dicho río.
Sunagakure se encontraba alejada del mismo, puesto que la aldea oculta había sido construida como principal fortaleza defensiva de todo el país. El País del Viento, al contrario que su aldea, era un país muy rico, quizás más que el País del Fuego. Sin embargo, había sido la codicia del anterior Señor Feudal el que había retirado buena parte de los fondos a Sunagakure, hecho que terminó enfrentándola a Konoha cuando Orochimaru envenenó la mente del Yondaime Kazekage.
Un equipo especial compuesto por dos shinobis de Sunagakure y dos de Konoha abandonó la aldea cinco días después de la segunda cumbre de los Kage. Aquel equipo estaba formado por los dos líderes, Gaara y Naruto, por Maito Gai y por el hermano del Kazekage, Kankuro. Su misión era llegar hasta el estuario del gran río del País del Viento, en las ruinas de una ciudad llamada Furui y allí localizar la pista del tercer hermano, el fundador de Uzushiogakure, el primer Uzumaki. No sabían bien como el primer líder del la aldea del remolino había terminado en un desierto, pero si el mapa que le habían robado los espías de la Geisha a Masamure no era falso se encontraba allí.
Su viaje fue algo agotador, máxime si se tenía en cuenta que atravesaban un largo y yermo desierto cuyas temperaturas eran asfixiantemente altas por el día y gélidamente frías por la noche. No obstante, comprendían bien la gravedad de los hechos.
Naruto formaba parte de los cinco equipos que se habían formado para evitar el próximo movimiento de Shuha. Gracias a la información de la Geisha, Kakashi y Shikamaru habían organizado previamente una estrategia. Si cuatro equipos que se adelantaran podrían encontrar lo que quisiera que buscaran para impedirles sus planes. El otro equipo se encargaría de localizar e intentar destruir su base en el País del Hierro, donde Masamaure les había dado asilo. Sin embargo, era Gaara quien lideraba la misión.
Toda cautela era poca y por esa razón tras terminar la Cumbre todos los asistentes habían pactado notificar cómo ésta había sido un completo y rotundo fracaso del Hokage. Naruto les había dicho que le daba igual, que a él la fama poco le importaba. Su voluntad de fuego era protegerlos a todos, al precio que fuera incluso su propia reputación. Sin con ello distraían a Nanaitsumi, el líder de Shuha y se anticipaban, estaba dispuesto incluso a pasearse desnudo convertido en mujer por todas las aldeas – cosa que Sakura le había prohibido prometer-.
Viajaban evitando cualquier población. Su misión era alto secreto. Por el día procuraban descansar mientras que por la noche el movimiento era mucho mejor. Era más fácil desplazarse grandes distancias en plena noche, aunque hiciera un frío espantoso, con el que sólo el mero ejercicio de correr te protegía, que intentarlo por el día. La arena era un gran obstáculo, aunque en muchas ocasiones, Gaara los montaba en una nube de arena y avanzaban rápidamente. Aquel era el estilo que empleaban los shinobis y kunoichis de Suna.
Al amanecer del tercer día de viaje, a falta de dos para lograr alcanzar su objetivo, se pararon en un oasis y aprovecharon para descansar. Gaara se acercó a Naruto. Para el Kazekage era muy difícil hablar con otras personas, salvo con el Hokage. Tenían muchos vínculos y muchas experiencias comunes. Para el primero, era la primera persona a la que podía llamarla amigo y por eso siempre le protegería.
- Naruto – le dijo - ¿Qué es exactamente lo que buscamos?
El Hokage miró hacia la gran palmera que les cubría. Se apoyó en su tronco, a la sombra y se sentó. El Kazekage le imitó.
- Izuno fue destruida porque contenía un poderoso jutsu del elemento madera, uno que según averiguamos era de Hashirama Senju, el Shodaime Hokage, o mejor dicho, él lo aprendió ahí. El moukouton es peligroso. Si alguien consigue dominarlo utilizando las células del Shodaime Hokage y se implanta un Sharingan confiere el poder de Izanagi que vuelve a su portador, prácticamente invencible.
Gaara cerró los ojos. Nunca dormía. No lo necesitaba. Sin embargo, viajar por el desierto dañaba los ojos y había que protegerlos.
- Creía que el Sharingan se perdió en la pasada guerra.
- Eso pensamos todos, pero…
- La Geisha te lo desmintió.
- En efecto. Obito Uchiha, tenía un laboratorio con todos los sharingan robados de los cadáveres de la matanza Uchiha.
- La que perpetró Itachi – recordó Gaara.
Naruto asintió:
- La misma. Obito se aprovechó de ello y robó todos los sharingan de sus hermanos por si alguna vez los necesitaba. La Geisha nos informó de su existencia, aunque nos dijo que no intentáramos destruirlos, que ya habían sido robados. No supimos quién fue el culpable…
- Hasta que apareció Shuha.- completó.
- Sí, dattebayo, no termines mis frases es raro. Creemos que Shuha posee los Sharingan del Clan Uchiha así que en parte tememos que usen el moukuton contra nosotros, aunque sea un kekke genkai, si existe un usuario de tierra y agua, quizás pueda dominarlo implantándose células del Shodaime Hokage. Pensar que existen jutsus igual de poderosos y que están al alcance de estos tipos es algo muy preocupante.
- Entonces la amenaza es seria – concluyó Gaara- Entonces, nuestra misión es encontrar ese jutsu para evitar que el enemigo lo tome.
El Hokage sonrió. La razón que explicaba que Naruto pudiese estar formando parte de cinco equipos distintos era sencilla: Kage Bushin No Jutsu. El poder de Naruto había aumentado mucho, reconoció Gaara, podía mantener cinco copias tan alejadas entre sí. Eso era una proeza, pero también había cambiado. Había crecido de una forma sorprendente.
Parecía mucho mayor, no en tanto que envejecido, sino más maduro. Seguía siendo igual de tonto para otros aspectos, pero cuando había que ponerse serio le inspiraba y hacía que sintiera ganas de seguirle al propio fin del mundo. Además, había en sus ojos una determinación como nunca la había habido. Le conocía lo suficiente como para saber por quién estaba luchando. Había visto esa mirada ocho años atrás, cuando estuvo a punto de matar a Sakura y Naruto se lo impidió. Gaara esperaba encontrar a alguien por quien luchar así.
Al atardecer retomaron el viaje y no volvieron a plantear ninguna discusión sobre aquel problema. Gaara tuvo que reconocer, a pesar de lo ridículo que le parecía, que viajar con Maito Gai era, sin duda, divertido. El ninja se había propuesto ir él solo a pie, así que para él era para el único para el que no disponía una nube de arena. El ninja de Konoha decía que era para entrenar, pero realmente era cansarse sin necesidad de más, pensaba desde su punto de vista el Kazekage, siempre frío y lógico.
Al amanecer del quinto día arribaron a las ruinas de Furui. No quedaban más que pilares derruidos, algunas paredes y techos todavía, y quizás las cabezas de algunas estatuas. El sol y el viento que empujaba la arena habían enterrado buena parte de la ciudad Furui se encontraba cerca del gran estuario, pero se decía que había sido destruida por un cataclismo, por una gran roca ígnea caída del cielo que acabó con toda vida y de la que la arena del desierto se encargó de no dejar testigo.
- Aquí empieza tu cometido, hermano – bromeó Kankuro.
A pesar de haber tratado mal a sus dos hermanos mayores durante muchos años, Gaara había aprendido a quererlos y se arrepentía mucho de su comportamiento para con ellos. Tanto Temari como Kankuro nunca le habían dejado de intentar demostrar su afecto a pesar del mido que les había provocado. Todavía no les había pedido perdón. Tenía que hacerlo.
El Godaime Kazekage se concetró. Juntó sus manos… y liberó todo su chackra. La tierra empezó a temblar. La arena empezó a levarse sobre el aire. Gaara movía sus manos y hacía enérgicos movimientos, como si fuera algún tipo de monje o hechicero. Sin embargo, era incuestionable que la arena se iba retirando y poco a poco empezaban a vislumbrarse más edificios de las ruinas. Era una tarea agotadora.
El cielo se cubría por columnas y masas de arena que iba moviendo el Kazekage. Era una acción digna de ver que sorprendía a los participantes. Naruto le miraba con admiración y con los ojos brillando. A pesar de todo, seguía siendo un niño en su interior – cosa que le encantaba a Sakura-.
- Kazekage-sama, por favor, cuida de él – le había pedido Sakura, la prometida de su amigo antes de partir de la capital.
Naruto no le había dicho a nadie cuál de sus copias sería el auténtico. No por ocultárselo a ellos sino para evitar que el enemigo pudiera saberlo. No se temía por igual a un Kage Bushin que al Hokage de los Dos Soles, algo totalmente lógico. Ni siquiera Sakura lo sabía.
A Gaara le parecía muy conmovedor ver cómo su gran amigo había ido logrando todas sus metas: le habían reconocido como Héroe de Konoha, como Hokage y ahora le reconocía la mujer a la que siempre había amado. Gaara les había invitado a pasar una semana en su hogar el mes de diciembre pasado, simplemente como amigos y ahí había podido comprobar que se trataba de la pareja perfecta. A pesar de que Naruto era el shinobi más poderoso de su tiempo, Sakura era la única que le ponía la mano encima. Al principio no comprendía su relación, luego sí.
- Me debes mil pavos, "caraculo" – comentó Temari a Kankuro cuando los vieron marchar.
- Pero, ¿y la pobre Hinata? Ella se lo merecía. Si está más buena que esa frentona.
- Te dije que iban a acabar juntos, pero tú no te lo creíste y ahora me debes tu paga de un mes. Te está bien empleado. – se jactó su hermana. Gaara no dijo nada. Ella tenía razón.
- ¿No podemos renegociar la apuesta? – Kankuro era algo patético a veces, pero le tenía que querer, era su hermano.
- No – respondió seca.
Finalmente, el último grano de arena fue despejado de las ruinas de Furui. El clima y el terreno no habían dejado mucho que apreciar salvo las estatuas que habían sobrevivido y que se disponían como una hilera de centinelas. Eran guerreros con cabezas de animales. Desde luego, el creador de las mismas, había tenido una gran imaginación. Portaban armas de todo tipo y parecía que fueran a enfrentarse las unas con las otras… pero eran estatuas y "las estatuas no se mueven" dijo el Kazekage.
El largo pasillo de estatuas conducía un edificio de mayores dimensiones que había estado totalmente cubierto por las dunas del desierto. La arquitectura de aquel tipo de edificios era ajena a todo lo que conocía Gaara. Se notaba que habían pasado muchos años desde su destrucción.
- ¡Exploremos esta ruta! ¡Descubrir cosas del pasado nos hará sentirnos jóvenes! – exclamó eufórico Maito Gai. Podía ser el mejor ninja de taijutsu de todos los tiempos, pero a Gaara le robaba la energía tanto entusiasmo y lo peor era que se la trasmitía a Kankuro, que era algo pesado.
- jajajaJAJAJAJAJA…jajajaja… JAJAJAJAJAJAJA.
Alguien se reía.
- JAJAJA – era la risa de un completo desquiciado. Gaara intentaba recordar cuándo fue la última vez que se había reído él.
Era una risa desconcertante. Era histriónica y totalmente desagradable. Naruto y Gaara empezaron a mirar a todos lados. De nuevo se hizo el silencio. Al principio pensaron que era alguna broma pesada de Gai. Luego se dieron cuenta de que no podía ser eso.
Echaron a andar mientras eran vigilados por aquellas estatuas.
- Gaara, no me gustan mucho estas estatuas- comentó Naruto.
- No deberían. Hay hilos de chackra entorno a ellas – precisó Kankuro.
- ¿Marionetistas? ¿Cuántos? - preguntó Gai.
- No lo sé… Veo diez hilos por cada estatua y estatuas hay muchas.
- JAJAJAJAJAJA… jajajajaJAJAJAJAJAJAJajijijijijijiji JOJOJOJOJOJOJOJO
- Esto empieza a dar mal rollo, dattebayo – dijo el Hokage.
- Estad atentos. Hemos venido a buscar…
- JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA – estaba completamente desquiciado. Era aterradoramente diabólico escuchar reírse así a alguien. Era aguda y disparatada.
Empezaron a escuchar una pequeña melodía infantil y repititiva, como las de una feria, aunque estaba plagada de disonancia y atonales acordes que la convertían en una melodía infantil… para niños fantasmas o niños totalmente idos de la cabeza – analizó Naruto, con su habitual "dattebayo".
El sol empezaba a calentar. La mente de los ninjas empezaba a pelarse con pequeñas gotitas de salud mientras avanzaban cuidadosos entre aquella hilera de estatuas mientras que la desquiciante risa seguía acompañándoles. De vez en cuando decía algunas palabras. La mayoría eran los balbuceos de un loco.
- Shuha tiene tíos muy raros, dattebayo.
- Sólo se unirían a este tipo de empresas o dementes o estúpidos – dijo Gaara serio.
- JAJAJAJAJAJOJOJOJOJOJOJOJOJjijijijijijijijijijijij iuhuhuhuhuhuhuhuhuhu
Sus pasos los guiaron hasta la entrada del edificio al que les guiaban las estatuas. Era como si apuntaran que en aquel sitio se hallaba algo. Era el único edificio que permanecía en perfecto estado, como si hubiese sido finalizado el día anterior.
- Naruto, ve tú hacia el interior e intenta conseguir el pergamino, pero ten cuidado – le dijo Gai, sorprendentemente serio.- Esto se va a poner interesante la juventud contra la quietud y la inmortalidad de las estatuas.
- ¿Crees que atacarán, cejotas-sensei?
- Por supuesto. – dijo Kankuro - Alguien las controla, aunque no sé bien cómo. Las estatuas son de piedra, no deberían poder moverse.
- ¡De acuerdo, ahora vengo, dattebayo! – anunció Naruto.
Iba a marcharse cuando alguien se lo impidió.
- NO, ME TEMO QUE NO. JAJAJAJAJAJAJAJAjijijijijijijijijijijijijijijiji – dijo la voz que tanto se reía – Os contaré un chiste: he estado buscando por este maldito lugar durante dos días y no aparecía nada. Sin embargo, vosotros, con el truquito este os habéis ahorrado días. JAJAJAJAJAJA ES QUE ES BUENÍSIMO.
- Pues no lo entiendo, dattebayo.
- JAJAJAJAJAJAJA, PERO SI ES MUY OBVIO… es que la gracia reside en que… VAIS A MORIR TODOS – dijo aquello canturreando.
Delante de ellos apareció un extraño y arlequinesco personaje. Vestía con anchos ropajes de muy variados y excéntricos colores y con combinaciones de los mismos que podían incluso dañar la vista. Ropajes de chillones colores y unos zapatos muy exagerados Llevaba la cara pintada de blanco y de negro a partes iguales con una gran sonrisa roja. Tenía el pelo largo pero recogido en una coleta y era de un color rubio cenizo. Sus ojos eran negros y miraban con sorpresa y un brillo de locura. Vestía una ropa muy extraña que remataba con cinco pares de plumas atadas a la cabeza. Estaba levitando.
Gaara se cruzó de brazos, en la actitud tan defensiva que siempre le caracterizaba.
- ¿Quién eres? – preguntó.
- ¿Y tú? – le respondió.
- ¡OH! VENGA, SABES SU NOMBRE – contestó el extraño personaje a sí mismo.
- ¡Cállate! Yo soy en el que manda en esta relación. Perdonad a mi hermano, habla cuando no tiene permiso – se disculpó.
- JAJAJAJAJAJJAJAJAJA – se rió él sólo.
- HE DICHO QUE TE CALLES – volvió a hablar consigo mismo – Mi nombre es KEN y él es…
- KYO, JajajajajajejejejejeJEJEJEJEJEJEJEJJIJIJIJIJIJI
Gaara le observó detenidamente. Debía tratarse de uno de los ocho miembros de Shuha. Tenía poco chackra en comparación con él o con Naruto, pero lo que le preocupaba era lo que podía hacer. Si pertenecía a Shuha, ya contaba con que fuera un extraordinario enemigo. Además podía ver como todos los hilos de chackra conectados a las estatuas eran suyos. Los había ido colocando a medida que ellos avanzaban. En cualquier momento iba a tacarles. Parecía sufrir un serio trastorno de la personalidad. Parecía que en él convivieran dos.
- Naruto… - le recordó.
- ¡Voy!
- ¡He dicho que no te vas a ninguna parte! – gritó mientras que movía su brazo y una corriente de aire les golpeó a todos.
Naruto la esquivó de un salto. Realizó un sello y aparecieron dos clones, mientras tanto el original comenzó a adentrarse.
- ¡PERO NO LE DEJES QUE ESCAPE IDIOTA! – gritó Kenkyo
- ¡VOY, MALDITO PATÁN! – se respondió a sí mismo.
- No, tus enemigos somos nosotros – le recordó Maito Gai.
- Así que tres contra dos… eso no es justo.
- MÁTALES A LOS DOS JAJAJAJJAJA – apuntó su otra personalidad.
Se elevó en el aire y entonces gritó desde allí le oyeron gritar el nombre de su jutsu: "Cien dedos para cien marionetas". Los hilos de chackra se hicieron prácticamente visibles. Gaara y los demás pudieron ver cómo las estatuas de guerreros con cabezas de animales comenzaban a cobrar vida. Las más cercanas se lanzaron hacia ellos empuñando sus armas.
Gaara alzó sus manos y una gigantesca mujer de arena se interpuso entre ellos y las primeras marionetas. Kankuro extrajo un pergamino y de él salieron las diez marionetas de Chijo-sama. Aunque no serían suficientes. Habían podido contar más de cien.
- Diez marionetas contra cien… Chijo-sama luchó contra Sasori de la Arena Roja en estas condiciones y ganó. Yo también aspiro a ser el maestro marionetista– dijo Kankuro.
- Recordad que estoy aquí para mostraros como contra el espíritu de la primavera no puede hacerse nada.
- Yo me encargaré entonces de Kenkyo.
- ¡Entendido! – asintieron ambos.
El Kazekage deshizo la barrera de Arena y dejó que las estatuas cayeran al suelo. Kankuro y Maito Gai se lanzaron a una encarnizada pelea contra las estatuas. El manejo de estos dos en sus campos de lucha era excelente.
Maito Gai seguí en la misma forma que siempre. Era rápido, ágil, fuerte y resistente. Sus golpes eran poderosos, letales y veloces. Luchaba cuerpo a cuerpo frente a las marionetas mientras decía: la vida siempre gana. Gaara entendía que lo llamaran la Bestia Verde de Konoha.
Kankuro había progresado mucho tras la guerra. Podía controlar hasta veinte marionetas. Pero cuando empleaba la técnica de Chijo-sama era preferible sólo centrarse en esas diez. Los muñecos ninja actuaban como una prolongación de su cuerpo. Kankuro bien tenía veinte brazos más y viente piernas más que empleaba como un ejército organizado que se defendía a sí mismo y que atacaba sin piedad. Sus marionetas eran mucho más pequeñas, pero compensaban la falta de tamaño frente a las estatuas con mayor agilidad.
La habilidad de un ninja experto en marionetas era controlar cuantas más marionetas mejor, pero no a cualquier precio. Debía encontrarse el justo equilibrio entre cantidad y calidad. Parecía que para Kankuro aquel era su equilibrio.
La forma de pelear de Kankuro podría ser considera como algo cobarde, pero era una de las más poderosas técnicas que enorgullecían a Sunagakure. Este tipo de ninjas se especializaban en el combate a larga distancia. No eran expertos en el combate cuerpo a cuerpo pero lo compensaban con un excelente control del chackra. Su chackra hilado y unido a diez cuerpos controlaba y daba vida a diez cuerpos inanimados. Su efectividad estaba demostrada y Kankuro, cuando quería podía ser un auténtico experto.
- Gaara, se escapa, va a por orginal - le advirtió uno de los clones.
Miró hacia el cielo y pudo ver cómo había desaparecido. O al menos lo había intentado, porque el tercer ojo de Gaara siempre lo veía todo. Rápidamente, el Kazekage alzó las manos y un brazo de arena surgido del desierto levantó una pared en la puerta del edificio en el que Naruto había entrado.
- Tu enemigo soy yo – le volvió a decir.
- Veo que tendremos que cooperar.
- Me temo que sí, jajajajajajaja.
- ODAMA-RASENGAN – gritaron los clones de Naruto cayendo sobre él.
Kenkyo esquivó el ataque dividiéndose en dos. Aparecieron dos personajes. Uno era la plena inversión del otro. Si uno tenía el pelo rubio ceniza, el otro lo tenía azul. Sus ropas presentaban un color totalmente inverso aunque seguían siendo igual de histriónicas y chillonas. La piel de uno era negra, la de otra era totalmente blanca al contrario que sus ojos. Sólo sus maníacas sonrisas pintadas seguían siendo rojas, rojas como la sangre.
- Te anticipaste – dijo Gaara
- Lo siento, dattebayo.
- ¿Cómo le va al original? – quiso saber el Kazekage.
- Mal, parece que lo que buscábamos estaba custodiado.
- POR SUPUESTO QUE LO ESTÁ PASANDO MAL…
- … SUSANO GUARDA ESTE TEMPLO
- Deberías dejar de hablar tanto – le aconsejó Gaara.
Todo el poder que había empezado a acumular fue liberado. Cientos de brazos y manos de arena se lanzaron como furiosos látigos contra Kenkyo. El miembro de Shuha los esquivó con agilidad mientras se reía alocadamente. Gaara persistía en su ataque mientras sus brazos iban multiplicándose y trayendo más arena.
Kankuro y Gai seguían peleando contra las estatuas incansables y formando una combinación mortal. El ninja de Konoha ya había liberado tres puertas y los escombros de las estatus se amontaban en torno a ellos, aunque quedaban muchas. Tenían que acabar con Kenkyo para poder ayudarles. Además, Naruto parecía en peligro. Gaara no podía sentirlo pelear contra el guardián que su enemigo había llamado Susano, como el poder del Mangekyo Sharingan.
Kenkyo contraatacó. Dos estatuas cayeron con sus espadas buscando atravesar a Gaara. Un escudo de arena le envolvió. Era su defensa impenetrable y entonces el miembro de Shuha disparó dos potentes ráfagas de viento cortante. Su elemento era el viento, el mismo que el de Naruto y Gaara.
Maito Gai apareció derribando a las dos estatuas convirtiéndolas en un amasijo de escombros. El sensei de Rock Lee saltó y cayó sobre otra estatua que se había acercado peligrosamente a Kankuro, aún quedaban más de cincuenta estatuas. Luchar bajo el sol del desierto era agotador.
Empezaron a intercambiar potentes ataques a distancia. La arena de Gaara era mucho más lenta que el viento pero mucho más poderosa. Kenkyo contrarrestaba sus ataques al estar dividido en dos, una extraña capacidad que nada tenía que ver con la de los dos Zetsus. Gaara tenía además que preocuparse por sus dos compañeros.
Kankuro quedó paralizado al ver a su hermano sobrepasado por tan excéntrico personaje. Su momento de descuido le supuso recibir el ataque de una de las estatuas. Le golpeó con su lanza de piedra derribándolo. Perdió así todo el control de su marioneta.
Su rival era más poderoso de lo que podía parecer a simple vista. No se acercaba y podía esquivar cualquier ataque que le lanzara que no fuera rápido. Dominaba el fuuton y era un experto marionetista. Esquivaba sus ataques y seguía controlando aquellas estatuas. Estaba claro que les había estado esperando.
El Kazekage no era un gran experto en taijutsu ni en gengutsu. Toda su fuerza residía en el ninjutsu y éste se estaba volviendo inútil por dos rivales que no se atrevían a atacarse cuerpo a cuerpo.
- Naruto – le llamó, los clones observaban en todo momento, quizás por instrucción del original que se encontraba peleando contra un temible enemigo – tenemos que coordinar nuestros ataques.
- Entendido – dijeron los dos
Los dos Kenkyo se lanzaron contra ellos. Su poder de levitación era sorprendente, sólo comparable al del Tsuchikage. Empezaron a girar el uno respecto al otro levantando un gran viento. Los clones de Naruto se pusieron de pie mientras Gaara levantaba un gigantesco muro de piedra. Su enemigo había formado una lanza de viento que atravesó toda la defensa de Gaara. "Bien" pensaron tanto los clones de Naruto como el propio Gaara.
Kenkyo paró su ataque y entonces se empezó a reír mientras balbuceaba:
- ¡OS DIJE QUE IBÁIS A MORIR! JAJAJAJAJAJAJAJA
- NO TE OLVIDES DE A QUÉ HAS VENIDO, ESTÚPIDO
- YA LO SÉ, déjame en paz
Gaara no sonrió en aquella situación, pero había atrapado a su enemigo. Realizó los sellos y juntó sus manos mientras que liberaba una gran cantidad de chackra. Una pirámide de arena gigante atrapó a aquel indiviudo mientras que el Kazekage gritaba: ¡SABAKU SOUTAISOU! Una gigantesca pirámide formada por centenares de diminutos cristales que formaban granos de Arena compactos los uno entre sí atrapó a Kenkyo. Lo había dispuesto todo con sus continuos ataques fallidos y repelidos. La arena que había apartado de la ciudad le había ayudado a crear la base necesaria con la que erigir aquel monumento.
Naruto comprendió que aquella era la señal. Realizó sus sellos y mientras se multiplicaban, los clones de Naruto ayudaron a Gai y a Kankuro a derrotar a las marionetas que habían perdido repentinamente su debilidad. Cortaron los hilos de chackra y con sus rasengan múltiples fueron destrozándolas.
- El Naruto de abajo ha sido abatido por Susano.
- ¿Pero está bien? – escuchó cómo lo preguntaba Maito Gai.
- Sólo era un clon.- "Así que el verdadero no venía con nosotros, interesante"
- Es muy poderoso. Aunque no sé porque lo ha llamado Susano, es un tigre blanco. Fue invocado en el momento en el que toqué el pergamino. Habrá que trabajadar duro para derrotarle.
El Kazekage se sentó en el suelo, cansado. No tuvo mucho tiempo para descansar. La gigantesca pirámide empezó a desmoronarse. El suelo entero se quebrantó y la arena cayó como un manto. No quedaba nada de la pirámide.
Kenkyo dejó de girar sobre sí mismo deteniendo el gigantesco tornado que había creado. Volvía a ser uno, aunque mucho más poderoso. Parecía un monstruo. Su musculatura se había desarrollado. Había rasgado toda su ropa, sólo le quedaban jirones en torno a la cintura. Ahora su piel era morada, como la de una persona que hubiera sido asfixiada. Sus ojos eran amarillos y ya no brillaban con ese aire de locura tan maníaco. Ahora era auténtica maldad la que destilaba. Seguía levitando. Tenía un par de alas que no paraba de batir y parecía un ser realmente poderoso, un ángel de la muerte.
- Lo llamé Susanonowo porque el que derrote al Byakko, el guardián del Oeste, la Bestia del Viento, controlará los vientos y las tormentas y será dueño del Byakko. Os dije que ibais a morir y lo haréis aquí y ahora.- les recordó.
Gaara se puso en pie. Kankuro y Maito Gai le imitaron. Estaban cansados. Sudaban. La pelea no había terminado.
- Contemplad el poder del modo Tsumi – les desafió arrogante.
