21. EL DESENLACE
La ejecución llegó justo cuando estaba prevista. La plaza principal de Mystic falls se llenó de humanos sedientos de sangre que veneraban a su líder. Elena sintió ganas de vomitar al ver a gente que años atrás había considerado amigos comportarse de aquella forma. Su padre les había absorbido el cerebro y ni siquiera se daban cuenta.
John lo había preparado todo como si se tratara de un grotesco espectáculo; al estilo de las ejecuciones públicas de siglos atrás. Mientras observaba la plaza, Elena sintió el estomago revuelto al ver como los vampiros que habían convivido con ella los últimos meses estaban atados en el rincón contrario al que ella se encontraba. Era humillante: se encontraban apresados como animales, expuestos a las burlas, los insultos e incluso los objetos que la gente les lanzaba. Y lo peor era que su padre estaba disfrutando de forma evidente de aquella barbaridad.
Pero sin duda, el que se había llevado la peor parte había sido Damon. El vampiro ocupaba el lugar central, atado a un poste por las muñecas. Él iba a ser la atracción de la noche. Su muerte supondría el fin de aquella guerra de una vez por todas, y por supuesto, John Gilbert quería ser la mano ejecutora. Eso si, como era de esperar, no había tenido agallas de hacerlo sin antes torturarlo para debilitarlo y, por si aquello no fuera suficiente, atarlo para que no pudiera defenderse. Elena tuvo que bajar la mirada hacia el suelo para mantenerse firme: si lo miraba no podría seguir con su plan, no podía verlo así y menos adivinar en su mirada lo mucho que la odiaba por haberlo traicionado: Esta vez de verdad. El dolor formaba un nudo en su estómago, pero no podía dejar que ese sentimiento la debilitara; debía asegurarse de que todo salía a la perfección y terminar con aquella pesadilla de una vez por todas. Tenía que hacerlo por si misma y por Damon.
El vampiro estaba semi-inconsciente. En cuanto reaccionaba un poco volvían a golpearlo hasta dejarlo noqueado de nuevo. Lo habían torturado hasta el agotamiento y no tenía fuerzas ni para pensar. Entreabrió los ojos y enseguida la vio, escondida tras un muro de piedra. Cuando ella se dio cuenta de que la estaba mirando sencillamente desapareció. Damon tenía un millón de dudas y otro tanto de preguntas acerca de su comportamiento. No podía creer que hubiera sido capaz de entregarlo de aquella forma tan ruin, y menos después de todo lo que había pasado para convencerlo de que jamás sería capaz de hacer algo así. ¿Es que realmente había tenido razón desde el principio? No sabía que pensar y las condiciones tampoco eran las más idóneas para analizar algo tan complicado. Le dolía hasta el cerebro.
- ¡Monstruo! - gritó una de las mujeres del público. Damon levantó la cabeza y sacó los colmillos, haciendo que los gritos de la multitud subieran varios decibelios. Entonces volvieron a golpearle las costillas y él ni siquiera pudo doblarse por culpa de las cuerdas que le sujetaban las muñecas por encima de la cabeza.
- Sois unos cobardes – gritó con toda la potencia que pudo – Si no actuáis a traición no sois capaces de defenderos. Gusanos...
Otro golpe, esta vez en las piernas. Pero él se negaba a callarse. Continuó increpando a la gente durante toda la tarde, hasta que exhausto, vio como el sol se ponía tras la multitud. Lo que le consolaba era no haber visto a Stefan por ninguna parte. Le tranquilizaba y le extrañaba por partes iguales, porque aunque John hubiera dicho delante de él que Stefan se había escapado, estando él y Caroline apresados, Damon tenía la seguridad de que Stefan jamás podría haber huido. Así que tenía fe en que su hermano estuviera en algún lugar, a salvo, ideando un plan para sacarlo de allí.
Sin embargo, sus esperanzas se deshincharon como un globo en cuanto lo vio aparecer, atado igual que él y capturado por los mismos hombres que lo habían apresado horas antes.
- ¡Stefan! - gritó, pero él pareció no escucharle - ¡Stefan! - Repitió, pero fue inútil. Los hombres lo lanzaron contra la multitud de vampiros maniatados entre los que se encontraba su prometida.
Pronto se cansó de gritar y se resignó a quedarse allí atado, esperando la hora de su muerte. Quería hablar con Elena, hasta lo exigió como última voluntad, pero por supuesto le dijeron que ella no tenía nada que ver con él ni quería saber nada y de regalo, se rieron en su cara. Damon tuvo que tragarse las lágrimas de rabia que se le habían acumulado en la garganta al pensar en la chica. No podía creer que después de todo, hubiera acertado de lleno con ella. Sintió una puñalada al pensar en como le había suplicado que lo perdonara hacía apenas unas horas. Quizá no lo había traicionado con Matt, pero había ninguna excusa posible para lo que estaba sucediendo en aquel momento. Levantó una de las comisuras de los labios en una irónica sonrisa: al final, otra mujer lo había destruido. Y esta vez si que no habría vuelta atrás.
Elena se puso en un extremo del improvisado escenario que John había montado en uno de los desniveles de la plaza. Él, en cambio, se colocó en todo el centro, ejerciendo del showman egocéntrico que tanto le gustaba interpretar. Empezó a recitar como un predicador de pacotilla las maravillas de Mystic falls y su gente y comenzó a escupir una sarta de mentiras sobre los vampiros tan grande que Elena tuvo que morderse el interior de las mejillas para no gritar. Además de hacer oídos sordos, estaba haciendo un gran esfuerzo para no mirar a Damon, a pesar de que notaba sus ojos clavados en ella en todo momento, buscando unas respuestas que no podía darle. Le dolía en el alma ver así a un hombre como él: atado a un poste, indefenso y herido y todo por su culpa. Pero era lo que tenía que suceder y cuando todo aquello terminara, Damon lo entendería. O al menos eso esperaba.
Cuando su padre acabó con su discurso y anunció que había llegado el momento de ejecutar al mayor enemigo de todos, Elena cruzó la mirada con Stefan, quien parecía tan o más nervioso que ella. John agarró una estaca de madera tallada que le tendió uno de sus hombres y la colocó frente al pecho de Damon, apuntando con la afilada punta directamente al pecho del vampiro. Elena ahogó un grito y encogió la mano en forma de puño cerca de su corazón.
Era ahora o nunca.
Cuando su padre dio un paso hacia atrás para coger un teatral impulso, Elena corrió y se colocó delante de Damon. John detuvo la estaca apenas a milímetros del cuerpo de su hija, quien levantó la barbilla y lo miró a los ojos, disimulando sus nervios y el inmenso terror que la invadía por dentro. Pero quienes no la conocían no detectaron ni una pizca de vacilación: Elena parecía totalmente segura de si misma y a ojos de todos los presentes, había perdido el juicio.
- No. - Dijo como única explicación a sus actos. Ni siquiera alzó la voz, mantuvo el tono firme y decidido, justo para que John pudiera escucharla.
- ¿Qué estás haciendo? - gritó su padre lanzando la estaca al suelo. - ¡Podría haberte matado!
Ella no dijo nada, se limitó a observarlo, esta vez sin disimular el asco que le tenía.
- Elena ¡apártate! ¿Qué es lo que pretendes? – esta vez fue la voz ronca de Damon la que resonó a sus espaldas. Ella cerró los ojos y respiró hondo.
- ¡Callaos los dos! Estoy harta de que me juzguéis y decidáis por mi sin preguntarme. ¡Ambos! - matizó - Papá, si quieres matarlo tendrás que matarme a mi primero.
- ¡Ni de broma! - interrumpió Damon a gritos - Vete ¿Me oyes? No necesito que me defiendas - ni Elena ni John le prestaron ninguna atención. - ¡Dios! Dime que no es esto lo que has estado planeando desde un principio... - gimió al darse cuenta. - No me lo puedo creer...
- Lo siento, nunca quise traicionarte, pero tenía que hacerlo. – susurró ella girando un poco la cabeza. Damon volvió a gemir en respuesta.
- ¿Es que te has vuelto loca? - les interrumpió John - Te han lavado el cerebro...
- ¡No papá! – chilló – ¡Quien ha lavado el cerebro a toda esta gente eres tu! - Con rabia, Elena levantó el brazo que había mantenido tras la espalda todo ese rato y enseñó el artefacto que escondía entre los dedos. Cuando todos se dieron cuenta de lo que era, varios gritos de asombro rompieron el tenso silencio que se había creado en la plaza. - ¿Sabéis que es esto verdad? - gritó mirando al público por encima del hombro de su padre - Una de las bombas que mi querido padre ha colocado por todo Mystic falls. Esta está activada pero hay por lo menos unas diez funcionando repartidas por todo el pueblo.
Todos comenzaron a murmurar, hasta los que estaban vigilando a los prisioneros empezaron a hablar entre si, confundidos y nerviosos.
- Piensa hacer arder este pueblo con vosotros dentro. Eso si, a él se lo llevarán de aquí en helicóptero dentro de diez minutos ¡Ese es el líder al que tanto adoráis! Un tipo que pensaba mataros en una especie de macabro sacrificio.
- ¡Cállate!
John estaba furioso, los ojos le brillaban de ira y volvía a tener la estaca entre las manos, sosteniéndola en alto sin ningún control sobre sus movimientos. Las manos le temblaban, pero Elena no pensaba achantarse. La adrenalina la impulsaba a seguir desahogándose.
- Explícate John – intervino uno de los hombres, confuso.
- ¡Es mentira! - se defendió – Está mintiendo! ¿Como podéis creerla? Es la puta de ese monstruos, vosotros mismos lo decíais... ¡Yo soy vuestro líder! ¡Jamás os traicionaría!
- ¡La chica tiene razón! - se escuchó una voz masculina entre la multitud – Aquí hay un explosivo ¡Y el reloj está contando!
Los gritos histéricos se extendieron por todo el lugar y Elena sonrió de medio lado, en claro homenaje al vampiro que le gritaba a sus espaldas que cerrara la boca de una vez. Pero ella no podía escuchar nada porque la adrenalina provocaba que la sangre le bombeara en los oídos. Había desenmascarado a su padre delante de todo el mundo y se sentía realmente poderosa. Era una sensación fantástica.
- ¡Maldita seas! - le gritó, histérico. - ¿Como has podido hacerme esto?
- ¿Cómo papá? Te recuerdo que fuiste tú el que me abandonaste a mi suerte. Y ¿Sabes? Te lo agradezco con el alma. El único monstruo que hay aquí eres tú.
Mientras algunos de los humanos gritaban, otros seguían observando el espectáculo, especialmente sus hombres más fieles, que se resistían a creer la historia que la chica contaba.
- Vamos, mátame. Atraviesa el corazón de la única familia que te queda, de tu única hija. Envíame al lugar al que indirectamente mandaste a mamá y a Jeremy ¡Vamos! ¡Ten valor por una vez en tu vida!
- ¡Elena cállate! ¡Deja de provocarlo o te matará de verdad! - gritó Damon desesperado a su espalda. Había visto a muchos hombres furiosos a lo largo de su vida y sabía que en esos momentos, John podía hacer cualquier locura si seguía presionándolo.
Pero ella no podía callarse, las lágrimas le quemaban las mejillas y la furia la dominaba. Volvió a girar la cara para dirigirse a Damon y su voz se suavizo.
- Lo siento. Necesitaba hacerle creer que estaba de su parte. Espero que puedas perdonarme. - Bajó todavía más la voz y suspiró - Te quiero.
Lo dijo casi en un susurro pero fue suficiente para que John la escuchara. Fue entonces cuando la rabia lo consumió del todo y se desató el verdadero caos.
Alzó la estaca, apunto, y atacó, fuera de si, atravesando el delgado cuerpo de Elena.
- ¡No! - la voz desgarrada de Damon sonó a espaldas de la chica - ¡No, no, no!
Con el impulso, la estaca lastimó también a Damon, pero fue un rasguño sin importancia lejos del corazón. La espalda ensangrentada de Elena chocó contra su pecho y él se retorció, nervioso, loco por desatarse las malditas cuerdas que lo mantenían rígido en el póster.
- ¡Elena no!
Cuando John retiró la estaca, todavía poseído por la furia, la chica resbaló hacia el suelo, cayendo contra el empedrado rodeada de un charco de sangre.
- ¡Ayudadme! - gritó Damon fuera de si a los humanos que observaban atónitos la escena. - ¿No veis lo que le ha hecho a su propia hija? ¿No os dais cuenta de lo que es capaz de hacer? ¡Abrid los ojos de una puta vez y desatadme!
Damon estaba llorando y ni siquiera se había dado cuenta. Los hombres de Gilbert siguieron dudando hasta que Damon notó que alguien cortaba las cuerdas de sus muñecas con movimientos torpes. Cuando estuvo libre, los ojos se le oscurecieron y los colmillos emergieron de sus encías. Al ver a Elena, a SU Elena, allí en el suelo, recuperó la fuerza de donde no la tenía y se lanzó contra Gilbert.
Su muerte no se prolongó tanto como Damon había previsto al inicio de toda aquella historia. Le destrozó el cuello de un mordisco y luego le arrancó el corazón. Y ya: en cuestión de segundos, aquella sabandija estaba muerta. Luego lanzó el órgano ensangrentado contra la gente que corría despavorida de un lado a otro y le dio una patada al cadáver para apartarlo de su camino.
Se acercó a Elena en menos de dos zancadas y la giró, acunándole la cara con ambas manos. Tenía todo el pecho ensangrentado, con una herida abierta por la que había perdido demasiada sangre. La hemorragia se había extendido incluso a la nariz y la boca, pues un reguero de líquido rojo le teñía la comisura de sus labios y parte de la barbilla. Damon había visto morir a mucha gente a lo largo de los siglos y sabía que era demasiado tarde.
- No puedes hacerme esto – lloró como un niño mientras apretaba la cabeza de la chica contra su pecho. La besó con ternura en la coronilla. – no puedes dejarme. - La chica estaba rígida, con los ojos abiertos sin vida y Damon le pasó una mano temblorosa por la cara para cerrárselos. Luego se mordió la muñeca e intentó darle su sangre, pero los labios de Elena no se movieron. - Maldita cabezota, esta tontería supera cualquiera de mis ideas estúpidas... ¿Porque has tenido que sacrificarte por mi? No me lo merecía, ¡mierda! jamás te merecí.
Gritó desesperado mientras sostenía el frágil cuerpo de Elena.
No se dio cuenta de que el que los había desatado era Matt. Ni de que en segundos, este había logrado liberar a Stefan y a los demás, ni tampoco de que la multitud había abandonado la plaza. Cuando Stefan le puso una mano sobre los hombros, él se apartó bruscamente. No quería consuelo, lo único que quería era que Elena abriera los ojos y le sonriera de nuevo. Que todo aquello fuera una pesadilla y que jamás hubiera ocurrido.
- Damon tenemos que irnos – dijo Stefan – Este lugar va a volar por los aires.
- ¡No! - se negó – No pienso dejarla.
- Cógela en brazos, vamos, pero larguémonos de aquí.
Damon asintió y levantó a Elena del suelo. El cuerpo de la chica estaba cada vez más frio y las lágrimas le nublaron la visión mientras abandonaba Mystic falls con el cadáver del amor de su vida entre los brazos.
¡Sorpresa! quería publicar el capítulo antes del domingo porque vi que el anterior generó bastante angustia... claro que me temo que no lo he arreglado ... pido disculpas a todos los que estais odiandome profunda e irreversiblemente en estos momentos. Pero calma que aun nos queda el final y algunas explicaciones que dar ... ¡sed buenos! ;)
