XXI
"Recapitulemos" – Katalintxe estaba sentada en la mesa del patio, con la espalda muy derecha, sosteniendo una pluma entintada. "Punto número uno: se realizó una gran cantidad de magia en el barco y no hubo señales lanzadas por el brazalete. La explicación que parece más obvia es que no estaba en el barco cuando revoloteabais por allí" – Katalintxe repasó con la vista el pergamino que tenía delante. "Punto número dos: Con posterioridad, brujos de Grindelwald intentaron buscarlo en el estanque de la Lamia, pero, súbitamente, parece que abandonan y se disculpan oficialmente" – Katalintxe dejó pasar un segundo antes de seguir – "He estado pensado que lo más probable es que de verdad hayan renunciado a seguir buscándolo en el estanque. No tiene sentido hacer una declaración oficial para que después les vuelvan a pillar en el mismo sitio. Así que deben haber llegado a la conclusión de que allí no está. Obviamente es un objeto importante, porque si no, no se habrían tomado la molestia...Pero entonces¿dónde está?" – Katalintxe miró a Sara.
"¡Oh¿Qué mas da?" – dijo de pronto Sara – "Ya no es asunto nuestro. De verdad, estoy harta de esta historia. Me encantaría olvidarla, pero no haces más que recordármela constantemente."
"Lo siento, Sara" – dijo Katalintxe – "Comprendo que te has llevado la peor parte. Pero si el brazalete es realmente importante y nunca embarcó, entonces tarde o temprano tendremos aquí a ingleses y suizos buscándolo."
Sara dejó pasar unos segundos antes de volver a hablar. "Ojalá esté en el fondo del mar" – hizo una pequeña pausa – "ya veo por dónde vas, tenemos todas las papeletas de que nos caiga encima una batalla campal". – dijo en tono más sombrío.
Se hizo otro silencio. Katalintxe miró a Sara, expectante.
"Vale, continúa con tu recapitulación" – Sara cedió de mala gana –
"Gracias" – Katalintxe dedicó a su amiga una sonrisa de afecto. "Número tres: el brazalete es un artefacto de magia oscura destinado a controlar la voluntad del portador, y número cuatro: tiene una historia detrás que han intentado tergiversar, y que obviamente es un dramón de familia."
"Me encanta que te lo tomes con sentido del humor" – dijo Sara – "Deberías usar un pensadero. Seguro que te resulta más provechoso que yo".
"No te creas que no se me ha pasado por la cabeza" dijo Katalintxe como si nada – "Usar el pensadero, quiero decir. Pero antes espero que Estefanía tenga alguna pieza más del rompecabezas."
"Sabes" – dijo Sara – "A veces me da la sensación de que la espía intentaba librarse del brazalete a toda costa. He pensado que era cuestión de prioridades, que pretendía salvar la vida aunque la misión se fuera al garete."
"Bueno, no es reprochable el intentar salvar el pellejo. Es una ley natural, la propia supervivencia. Bien, creo que no me olvidaré de nada." – Katalintxe levantó la cabeza y sonrió. En la penumbra pudo distinguir una figura alta que se movía por el interior de la casa en dirección al patio. "Hace una tarde agradable. Te vendría bien dar un paseo por la playa."
"Pues ahora que lo dices, sí que me gustaría..."
"Perfecto, porque ahí viene el acompañante ideal. ¡Santi¡Qué estupendo que aparezcas! Sara querría dar un paseo por la playa, y yo tengo algunas cosillas que hacer ¿Por qué no la acompañas?".
Sara dedicó una mirada punzante a su amiga que sonreía bonachonamente mientras contemplaba a los dos encaminarse de nuevo hacia el interior de la casa.
Katalintxe colocó una hamaca en un lugar en el que la parra dejaba un hueco amplio por el que se veía un buen pedazo de azul. Se recostó en ella, con los ojos fijos en el cielo.
No habían pasado ni cinco minutos cuando sonrió. En lo alto, un águila volaba en círculos.
Poco después, Estefanía entraba en el patio. "Buenas tardes, Katalintxe" – saludó.
Katalintxe sonrió ampliamente. "Buenas tardes. ¿Has tenido buen viaje?"
"Sí, ha sido un buen vuelo, aunque los años se van notando. Ya no puedo ir tan deprisa como solía" – Estefanía se sentó en una silla y miró fijamente a Katalintxe, que no dejaba de sonreir.
"Supongo que habrás visto a Sara".
"Sí, la he visto ir hacia la playa, en compañía del bisnieto de Elvira."
Katalintxe alzó las cejas con expresión sorprendida.
"Elvira es una meiga que conozco hace muchos años. Me puse en contacto con ella cuando todo esto empezó" – Estefanía aclaró – "¿A ti no te apetecía dar un paseo?" – añadió como quien no quiere la cosa.
"Quería que tuvieran tiempo para estar solos" – dijo Katalintxe.
"¿Haciendo de Celestina?" – Estefanía sonrió.
"Pues un poco sí. Me parece que podrían encajar, pero Sara está ofuscada con todo lo que ha ocurrido y no le da una oportunidad." – hizo una pausa – "Me preocupa Sara. No se ha recuperado del todo." – Katalintxe ahora ya no sonreía.
Estefanía suspiró. "No es una enfermedad lo que tiene. La visión le ha causado una impresión honda. Todavía no ha terminado de, digamos, digerirla."
"¿Lo hará algún día?" – Katalintxe preguntó preocupada – "Tengo entendido que, cuando uno no es vidente, una experiencia así puede ser muy traumática".
"Espero que sí" – Estefanía sonrió a Katalintxe – "Tal vez hayas empezado a aplicarle la terapia adecuada..."
Katalintxe se animó algo. "A Sara le va alguien más tranquilo que los mozos que conocemos. Y el primo Vicentet es un soseras incapaz de dar un paso adelante." – Katalintxe sonrió otra vez y cambió de tema – "Me encantaría dejar de recordárselo, pero no termino de entenderlo y no me lo puedo quitar de la cabeza." – ahora miraba fijamente a Estefanía, interrogándola.
"Nunca te ha gustado no entender algo, Katalintxe" – Estefanía miró fijamente a la otra bruja. – "Pero en este asunto, y en este momento, poco te puedo ayudar" – el tono de Estefanía era ahora más bajo y más serio - "Como ya te habrás figurado, el brazalete se ha perdido. Los ingleses han hecho una maniobra, verdaderamente simple, para dar a entender que lo tienen. Parece que ha funcionado, y es posible que Grindelwald y sus secuaces nos dejen en paz una temporada. Así tendremos algo de tiempo para hacer algunas averiguaciones al respecto. Yo también he oído los gritos y los lloros que están encerrados en el brazalete..."
"¿Por qué¿Por qué llora y grita? No es simplemente porque sea un signumservi ¿verdad?"
"No, no es simplemente eso. Ojalá lo fuera. Sería mas sencillo descubrir cómo destruirlo. Creo que un secreto terrible está encerrado en el objeto en cuestión, y no solamente tengo que averiguar qué es, sino también como destruirlo."
Ahora, las dos se miraban fijamente. Katalintxe fue la primera en hablar.
"¿Puedo ayudar?"
"Tal vez. ¿Estuviste dentro de la hoguera?"
Katalintxe se sorprendió de la pregunta.
"Sí, sí estuve. Pero no ví a Sara desmayarse."
"¿No percibiste nada?"
"No. Yo no tengo esa sensibilidad de Sara. Solamente oí a Vicentet gritar y a continuación le ví llevando a Sara en brazos."
"Hmmmm"
"¿Por qué?"
"¿Estás segura de que era Vicentet el que gritaba?"
"¿Quién si...¡ah¿Crees que el grito... era parte de la visión...?"
"El velo se descorre..." – Estefanía tenía la mirada ausente – "Espero que efectivamente fuera parte de la visión..." – ahora miraba fijamente a Katalintxe – "porque no querría que Sara estuviera sola..."
Se hizo el silencio entre las dos mujeres y cada una se dejó invadir por sus propios pensamientos.
Mientras tanto, Sara y Santi paseaban por la orilla de la playa. Sara, que llevaba las alpargatas en una mano, caminaba dentro del agua, mientras él iba calzado sobre la arena. Llegaron a una zona con algunas rocas, y Sara se sentó.
"¿No es una vista preciosa?" – dijo contemplando el horizonte. "Me encanta su contemplar el azul del Mediterráneo. Es como si me diera vida. Más ahora."
Santi se sentó en otra roca, a su lado.
"¿Sigues encontrándote mal?"
"A ratos. Es cómo...no sé...de pronto, como si me invadiera una gran tristeza y se me fueran las fuerzas" – Ella giró la cabeza para mirarle a la cara. El tenía una expresión preocupada. Sara sonrió. - "Pero de pronto, igual que vino, se va y vuelvo a estar perfectamente" – sonrió. El, sin embargo, no cambió su expresión.
"y ¿Qué dice tu abuelo al respecto? El es un sanador..."
"Dice que es una impresión demasiado fuerte para que se pase en poco tiempo. Y que cuando me venga la sensación de abatimiento procure relajarme y pensar en algo agradable. Es curioso, porque lo más agradable que se me ocurre es también una parte de la visión... un lugar verde...con agua..." Sara sonrió..."Es como un círculo...¡Qué misterio, lo que puede pasar en la Nit de Sant Joan..."
Santi relajó un poco la expresión. "Resulta raro oírte usar expresiones valencianas, hasta pones el acento..."
"Ja ja ja" – Sara, por primera vez en mucho tiempo, se rió abiertamente. "No soy una vascona que solo habla ancestral e incomprensible euskera" – puso una sonrisa enigmática – "Sólo soy un cuarto vascona..." – volvió a reír. Santi se relajó más. "¿Y el resto?"
"Un cuarto de la ribera Navarra y la mitad de Valencia".
"Entonces te parecerá que yo soy un celta..."
"Pues sí, ya lo había pensado" – se volvió a reir –
"¿Por qué?"
"A veces, en tu escoba, no se si vuelas hacia delante o hacia atrás" – dijo Sara muerta de risa.
"¡Eso son tópicos ridículos!"
"¡Ya lo se, hombre, es broma!" – Sara seguía riendo, y él también sonrió.
