Capítulo 21

-Va a llover, déjeme al menos llevarla a donde se hospeda. Parece turista.-decía el médico.- No quiero que algo malo le fuera a pasar. Este lugar es peligroso. Se ve mal, ¿qué quiere decir que la revise? Nunca se sabe.-dijo con toda seriedad el doctor. Lo último que quería era que la mujer pensara que estaba haciendo una propuesta indecorosa.

-Si, estoy mal ... Pero no, no me quiero ir a mi hospedaje a llorar ... Mejor ire a beber ...- decía la mujer. Eduard la miró extrañado. -... A beber café o té.-dijo la mujer aclarando, al ver la cara de la extrañeza del hombre.

-Menos mal ... Pues dejar de beber hace mucho tiempo ... No quiero volver caer. Tampoco se lo recomiendo, hace daño.-decía Eduard. Vio como la mujer temblaba, y apretaba sus puños, presionando sus manos como si de ello dependiera su vida.-Tiene problemas, ¿Verdad, señorita Baker?

-Si, es solo que ... Yo siento que perdere a mi hijo ...- dijo la mujer rubia, sin poder controlar las lágrimas que corrían por su rostro. No le importaba que la viera.

-¿A Mateo? -Preguntaba Eduard, sorprendido.

-Terrence ... Si, siento que lo perdere ... No quiero ...- decía la mujer rubia, tristemente. Lloraba sin importarle nada.

-Conozco un lugar donde puede tomar café o té. La llevaré, ¿De acuerdo, señorita Baker? -Decía el doctor, le entristecía verla así. Eleanor viendo que pronto los alcanzaría la lluvia, accedió. Se fue en un carruaje, que los llevó a una cafetería cercana. Era un local no muy grande. Parecía acogedor. "Si fuéramos al menos veinte años más jóvenes pensaría que es una cita". pensó Eduard con una sonrisa. Se sentaron a un lado de las ventanas. Pidieron un café. Vieron como llovia.

-Esto es lo que mas odio de Londres ...- decía Eduard.-El feo clima.-decía señalando a la calle. Eleanor solo se rio por su comentario. Negó con la cabeza.

-No creo que podamos cambiar el clima, señor Donwell.-decía la actriz, más tranquila. Vio su taza humeante a su costado, bebió un sorbo.

-Creo que mejor debimos ordenar té.-decía el doctor, soplando su taza de café.-Después de todo estamos en Londres, señorita Baker.

-Usted es americano también. Se le nota porque no tiene el acento inglés.-decía la mujer rubia.-Le agradezco que me haya traído hasta aquí, señor Donwell.

-Al menos se le ve más tranquila. ¿Por qué estaba triste usted?-decía Eduard.-Disculpe mi impertinencia, esta bien si no quiere hablar. Después de todo solo soy un extraño. No me lo tiene que contar.

-Fui separada de mi hijo..., desde que era muy niño. Yo se que el no sabe mucho de eso y que debe pensar que lo abandone.-decía Eleanor, suspirando. Miraba las calles.

-Al menos usted sabe dónde está su hijo. Si yo supiera donde esta la mia. Sería muy feliz..., aunque solo me dejaran visitarla unas pocas horas...Me sentiría dichoso.-decía Eduard, esa mujer rubia le daba confianza. En verdad llevaba mucho tiempo sufriendo. "¿Por qué no le cuento parte de mi problema? ¿No dicen que los problemas se resuelven en parte cuando se comparten?" pensaba el hombre.

-No sabía que usted perdió a su hija. En verdad lo lamento tanto...-decía la mujer rubia, con empatía.-¿Se casó hace mucho?

-Si, y producto de ese matrimonio nació mi hija. Su único problema fue nacer cuando mi matrimonio con su madre ya estaba anulado...Nació como si fuera ilegítima, pero lo importante es que fue concebida dentro del matrimonio... Por desgracia no lo ve así la sociedad...-decía Eduard , contandole cómo había sido llevado a prisión injustamente. Como lo habían alegrado al decirle que su hija nació sana, fuerte y que era bonita. Como después le dijeron que había muerto. Cómo se enteró que su madre había muerto al poco tiempo después de que lo encerraron, como no comía por la pena. Le contó que sabía del entierro de su ex-esposa, que había ido a verla de lejos. Solo para confirmar que de verdad se había muerto. Cómo se enteró años.. después de que estaba viva su hija. De su tristeza por saber que no tenía a su hija consigo. Del vacio que sentia...

Eleanor solo lo escucho en silencio. Sentía lástima y a la vez admiración por todo lo que había tenido que soportar ese hombre. ella pensó que en su lugar se habría vuelto loca con todo lo que vivió. "Y aun así mantiene una sonrisa en su rostro. En verdad es fuerte." pensaba la mujer rubia.

-Yo no habría soportado todo eso...Senti que me partían el corazón al ver ese barco alejarse ,alejarse con un pedazo de mi corazón. Mi hijo...Corrió a su atrás, quise detenerlo...-decía la rubia recordando esa vez. Le contó de cómo conoció al Duque, obviando la parte de que era un "Duque", pues consideraba que debía quedar ahí ese dato. Le contó cuando supo que esperaba a su hijo. La alegría que le dio. Y que por motivos de "honor y responsabilidades " no podía casarse con el padre de su hijo. Quien volvió a su país como el niño. Sin decirle nada a ella, quien se enteró a última hora. De cómo se había hecho a un lado, para que su hijo no fuera despreciado por ser hijo nacido fuera del matrimonio. Y sobre su esperanza de poder hablar con el mismo...

El doctor la escuchaba , haciendo una que otra pregunta ocasional. Luego la veía más recompuesta, más segura de si misma. Sentían que esa confidencia les había sido de alguna forma terapéutica. Sentían que podían confiar en el otro. Ambos vislumbraban una posible gran amistad. Luego viendo que no pasaba la lluvia, se fueron de esa cafetería. Corrieron para no mojarse. Después iban yendo en un carruaje que pasaba por ahí. Luego el doctor la dejo en la puerta del lugar donde ella se alojaba.

-Gracias por escucharme, señor Donwell. En verdad se lo agradezco mucho.-decía la mujer rubia, cerca de la puerta.

-Al contrario... Yo le agradezco a usted por dejar que le contara de mi hija...Me ayudó de alguna forma. Si tuviera algún apuro o problema no dude en buscarme y la ayudare en lo que pueda, ¿ Esta bien, señorita Baker?-decía Eduard entregando una tarjeta de presentación color café. Eleanor la tomó y la guardó consigo. -No se porque , pero su rostro se me hace conocido.

-De seguro es porque trabajo como actriz.-decía la mujer rubia, algo extrañada de que no la hubiera reconocido.- A veces me toman fotos y las suben al periódico.

-¿En serio? ¡Que bien por usted! ¿Sabe? Solo fui una vez en mi vida a un teatro. Pero eso fue cuando yo era un niño. Había juntado dinero para ver a mi actriz preferida de ese tiempo actuar cerca por donde vivía. Mi madre me dio una parte del dinero. La otra parte la conseguí en trabajos manuales. Pero me rompió mi entrada una "señorita" caprichosa, la abofeté con fuerza. Pero decidí no rendirme, yo y mis amigos nos colamos por donde entraban los de limpieza. Pudimos ver a actuar a la joven. Era en verdad talentosa. Creo que fue mi primer amor...¡Nah! Fue mi "esposa"..., pero lo importante de todo era que entramos al teatro. Aunque luego nos descubrieron y nos botaron...-decía Eduard , recordando todo aquello. Veía que la actriz se reía por esa anécdota.

-Usted fue un niño muy travieso. Ya me lo imagino corriendo y escapando. ¡Adiós, señor Donwell!-decía la actriz , dándole la mano. Se despidieron.

Mientras en el colegio San Pablo en el lado de los muchachos...

-¡Estoy aburrido! Esa condenada lluvia no pasa.-decía el castaño, estaba exasperado. Pues debido a la lluvia, no los dejaban salir al patio. Miraba la lluvia por la ventana. Se imaginaba a su Pecosa con su cinta azul sonriéndole. "Se veía linda.." pensaba el joven.

-¿Tu crees que eres el único aburrido?-decía Archie, quien estaba escribiendo algo en su cuaderno.

-¡Silencio! Trato de concentrarme, debo escribir un poema.-decía el rubio, sentado en el escritorio.-Todo por tu culpa. Tu deberías escribirlo.-decía el rubio ,mirando al castaño.

-¿Ahora yo que te hice?-decía el castaño, sin dejar de ver la lluvia.

-¿No lo recuerdas? Estabas tan malhumorado por la lluvia que te burlabas del poema que leía Archie frente a toda la clase por orden del profesor. El profesor nos miró y me vio diciendote que te callaras y pensó que yo me había estado burlando. Me dijo que debía escribir un poema para mañana o me quedaría castigado por irrespetuoso.-decía el rubio.-Soy bueno cultivando rosas , no haciendo poemas...

-Solo piensa en algo que te guste y lo escribes.-decía Archie, con naturalidad.

-¿Alguna vez lo has intentado, Archie?-decía el rubio, mirando a su primo.

-¿Yo? No, jamas.-decia el castaño claro, mentía. Tenía como un kilo de poemas inspirados en Candy , bajo su cama. Obvio nunca lo confesaría y menos sabiendo que eran primos.

-No se porque no te creo, Archie.-dijo Stear, que había entrado recién a la habitación.-Según recuerdo te desvelabas escribiendo algo.

-Sería una tarea.-decía Archie, poniendo los ojos en blancos.-¿Tú lo has hecho una vez, hermano? ¿Has escrito un poema?

-No se me da muy bien, lo mio es los inventos.-decía el muchacho, ajustando las tuercas de un reloj que se había descompuesto.

-¡Ah! ¿Tu, Terry?-decía el rubio, mientras escribía algo en una hoja.

-No, nunca escribí nada como eso. Pero no parece tan difícil...-decía el castaño. Imaginando a su rubia novia. Recordaba que la había besado esa mañana, solo fueron interrumpidos por el ruido de la puerta. Sonreía sin darse cuenta.

-¿Pensando en mi hermana?-decía el rubio divertido, al ver su sonrisa.

-¿Como sabes? No me digas que ya sabes leer la mente.-decía el castaño, sintiéndose descubierto.

-No, solo que cuando la mencionas tienes esa misma sonrisa.-decía el rubio.

-Yo no sonrío.-decía el castaño.-Solo si es algo de veras importante...-decía , recordando a la rubia. Quería verla, pero no podía. Debía esperar. "Si esta lluvia no termina pronto, me dará igual y me iré a verla." pensaba el castaño.

-Tengo sueño...Me voy a dormir...-decía el castaño, despidiéndose de todos. Se fue afuera rápidamente. No le importaba que estuviera lloviendo. "Debo asegurarme que esté bien." pensaba el castaño. Vio una silueta bajo la lluvia corriendo en dirección contraria. Observo a la muchacha rubia, mirando hacia arriba. Veía un árbol grande. Hacía señas con la mano. Vio al coatí bajando del árbol y saltando en brazos de la rubia. Quien lo abrazaba y se lo llevaba. El castaño se le iba acercar cuando en eso. Vio una silueta tras de ella.

-¿Qué haces aquí tan sola? Por lo visto tu amiguito está bien.-decía una voz a sus espaldas. Era un muchacho alto , tenía ojos marrones, no dejaba de sonreírle.

-¡Eh! Si, esta bien. Yo debo irme. -decía la rubia, observo al muchacho, no lo conocía.- No es correcto andar fuera con este clima.

-Entiendo. Tampoco es correcto irse sola. ¿Puedo acompañarte?-decía el joven con tranquilidad. La rubia lo vio con desconfianza.

-No, no gracias.-decía la rubia, con firmeza.

-¿Candy? ¿Verdad? También te decían "Dama de establo"o "Chica Pony". No entiendo porque. Cualquiera diría que por esos sobrenombres que eres fea, pero no es así. -decía el joven con una mirada que incomodaba a la rubia. El castaño lo observaba , a un punto de perder la paciencia y saltarle encima si se acercaba a su Pecosa.

-¡Me importa un bledo! No me interesa si me llamaban tal o cual cosa. ¡Con permiso!-decía la rubia, molesta.-Golpe a una chica por burlarse, no querrá que lo golpee. ¡Así que no me moleste!-decía la rubia ,mientras se iba. No volteo atrás ,solo se alejaba más.

-Ahora entiendo porque le gusta al "jefe". ¡Se llevarian bien! ¿Sabe?-decía el joven, yéndose por el lado contrario , perdiéndose en el bosque.

"¿Quien demonios es el "jefe"? ¿Y por qué esta interesado en Candy?" pensaba el castaño, que había visto ello , había estado quieto a un lado.

Luego se dirigió a la habitación de la rubia. Estaba en el balcón, afuera. Escuchó que hablaba con Patty, quien después se marchó. Después la rubia se echó en su cama. El animalito estaba echado envuelto con una toalla a su costado. Se habría quedado dormida , de no ser porque escuchó que sonaba la ventana del balcón. Se levantó rápidamente y abrió. Vio al castaño.

-Terry...Pasa , te vas a mojar.-decía la rubia. Entraron a la habitación de la muchacha. Vio a su mascota durmiendo feliz en su cama. Se sentaron a un lado de la cama. -¿Te mojaste?-decía la rubia , al ver sus cabellos castaños mojados.

-No, recuerda que iba abrigado. Solo me moje el cabello.-decía el castaño, sin darle importancia. Sintió que la rubia le tocaba la cabeza, como corroborando.

-¡Buscaré algo con que secarte! -decía la rubia, levantándose y buscando otra toalla en su ropero.-Y ni se te ocurra querer encerrarme.-advertía la rubia.

-Lo único que se me ocurriría es encerrarme ahí contigo.-decía tranquilamente el muchacho.

-¡No digas tonterías, Terry!-decía la rubia.-Además no cabriamos los dos juntos. Y ni se te ocurra intentarlo.

-Eso no seria problema. Solo tendriamos que estar muy juntitos. Si quieres te enseño.-decía el castaño, mientras cogia a la rubia por la cintura. Quien se hizo soltar rápidamente.

-¡Quédate quieto, Terry! Tuve suficiente con casi ahogarme en un ropero, como para querer volver ahí.-decía la rubia, mientras volvía a buscar la toalla, la encontró y la puso en la cama.

-Toma es para ti.-decía la rubia entregando algo que estaba envuelto en un pañuelo. El castaño lo tomo, y vio que era un pañuelo que tenía bordado las iniciales de su nombre. "T.G." dentro de esa tela había una armónica. Sonrió al verla. "Pensé que no la volvería a ver nunca." pensaba el joven , quien sostenía su pequeño tesoro en su manos.-¿No te gusta? Es mi instrumento favorito. Aunque tiene grabada mis iniciales...-decía la rubia. Vio unas letras "C.W.A."

-Gracias, Pecas.-decía el castaño, acariciando su rostro.-¿Como has estado después de esa pelea?

-Fue un dia largo. Ninguna se ve bien. Incluso Annie y Luisa se ven cansadas.-decía la rubia , recordando.- Me alegra verte aquí. Ya pensaba ir a buscarte a tu habitación. Pero recordé que Clint estaba afuera y salí a buscarlo.-dijo viendo al animalito dormir plácidamente.

-Te extrañaba , por eso vine a ver que estuvieras bien. Vi a un muchacho que trataba de molestarte.-decía el castaño, recordando eso.

-Si, pero le dije que lo golpearía si me seguía molestando.-decía la rubia.

-Me llego una carta ¿Sabes? Es una carta de ella..-decía el joven.

-¿Tu madre?-decía la rubia.-¿Que decía, Terry?

-Decía que desea verme para hablar. Pero escribió el remitente como una tal Helen.-decía el castaño, mostrándole dicha carta. La rubia la tomo, y la leyó al ver que el chico no se lo impedía.

-Es cierto. Ella quiere verte. ¿Que haras, Terry?-decía la rubia, mirando a su novio.

-El asunto de mis padres siempre fue difícil...-decía el castaño.-Había sido todo más sencillo si hubiera sido criado por ambos. A veces creo que no entenderé sus acciones...

-Es posible..., pero no debes juzgarlos tan duramente. Después de todo son tus padres. Ellos te quieren mucho, estoy segura. Estoy segura que solo quieren lo mejor para ti.

-Parece que la veré, la carta no es de ahora. La tenia de un poco demás tiempo atrás, por descuido no la lei.

-Deberías intentar arreglar las cosas con tu madre. Yo estaría encantada si la mia apareciera de donde fuera para verme. Pero es imposible. Tu tienes una madre. No la rechaces... Trata de entenderla.-decía la rubia.

-Pensé que ya había superado este asunto, pero vuelve a molestarme.-decía el castaño.

-Habla con ella. A lo mejor te dice porque actuó de una u otra forma.-decía la rubia.-Además viene de muy lejos solo para verte. Es tiene mucho valor ¿No crees?

-Si, debo hablar con ella. Aunque no me dijo cuando hablariamos. Solo dijo pronto...

-Pues puede que ya esté muy cerca. ¡Me alegro tanto por ti!-decía la rubia, acariciando los cabellos del muchacho. El solo busco sus labios y los beso. Deleitándose con la rubia. Sentía que la quería, que la necesitaba. Que nunca cometería el error de dejarla ir. Sentía que esa muchacha lo amaba. Lo sentía por la forma en que lo veía, por esas sonrisas que solo le dedicaba a él. Nunca en su vida había sido tan feliz. Su compañía lo reconfortaba. Sentía que su lugar era al lado de esa pequeña pecosa , a la que inútilmente había tratado de olvidar. "Ella será MI esposa, le cueste a quien le cueste. Llegaré con ella hasta las últimas consecuencias." pensaba el castaño. Quien estaba profundizando ese beso. Quería que ella se acostumbrara a él. La quería solo para el. Le encantaba sus rizos, su cabello rubio, su naricita, en realidad todo de ella. Le encantaba ella. Ella quien lo había aceptado por lo que era. Quien conocía sus defectos, pero a pesar de eso lo amaba. Le quedaba claro que NUNCA encontraría a otra chica igual, ni siquiera a una que se le pareciera. "No dejare que nos vuelvan a separar , mi Pecosa." pensaba el joven.

Continuará...