En medio de la noche,

Hostil y oscura,

Me guardas,

Estremeciéndote a cada

Movimiento que hago,

Hasta que, femenina y desvalida,

Te quedas soñando

Como un ángel cansado.

-Fragmento del Poema En Medio De La Noche de JOSÉ BATLLO.

.

Mi curioso dedo formaba circulillos en la piel desnuda de mi acompañante, notaba como su piel se erizaba con mi tacto. N podía evitar sentirme feliz y dominante cuando aquel gesto pasaba.

—Sé que estas despierto —le dije alegremente alzando la vista hasta sus ojos.

Él intento disimular una pequeña sonrisa, pero fallo.

—No es verdad, estoy soñando —me dijo, con una nota de carisma en su voz.

—Ah, ¿si? —lo mire fijamente—. ¿Y que es lo que sueñas? —le pregunte curiosa.

—Hummm… pues, sí —sonreí. Siempre me parecía simpática la forma en que Bill se trababa con las palabras—. Con una princesa, pero ella es berrinchuda —hice un mohín sin apartar la vista de sus labios—. Oh, vaya, sí, muy berrinchuda

—Ya entendí el punto —le respondí un poco exasperada.

—Y además es desesperada —me reí de nuevo, para llegar hasta sus labios y dejar un pequeño beso en ellos—. Pero sus labios son como la seda y ardientes como el amanecer —unas ligeras mariposas se esparcieron por mi estomago al escuchar sus palabras—. Bien, pues, el sencillo, sensible y guapo príncipe tiene que esperar a la princesa al pie de su castillo, pero ¡Oh, no!, la princesa sale en la inmensidad de la noche y tropezó con el príncipe, y así rompiéndole dos costillas.

—¡Yo no te rompí las costillas! —le dije indignada, presionando un poco el lugar de sus moretones.

—¡Oye! —me reclamó el con un dramático quejido.

—No seas llorón —me acurruque a su lado nuevamente, para dejar que mis labios descansaran en los suyos con un poco más de pasión.

—Bendito sea tu curso de primeros auxilios —dijo Bill después de un tiempo.

Las manos de Bill recorriendo mi espalda hacían que mis hormonas se apoderaran cada vez más de mi cuerpo.

—Cierto —dije simplemente regresando mi boca a la suya.

Había un sabor casi lujurioso en esos besos. Esos que solo pueden expresar la añoranza y el deseo que ambos nos teníamos.

—Hey, hey espera —me llamó Bill—. Si continuas con eso, habrá una hinchazón pero en otro lado —una sonrisa y mirada maliciosa me lo dijeron todo.

—¡Pervertido! —con mi mano lo golpeé justo en el vientre, donde mi pie lo había pisado la noche anterior.

—¡Moriré!, ¡Ya veo la luz! —dramatizó.

—Bill, cómo actor me senté en la cama mirándolo—. Eres un excelente cantante —le dije, con una sonrisa socarrona en el rostro.

Bill abrió su boca en una perfecta o.

—No dirás lo mismo cuando me gane un Oscar —él jaló ligeramente mi playera para quedar frente a frente.

—No, es probable, creo que yo no hablo en tus sueños —otra sonrisa.

—Malvada —achicó los ojos.

—Tú comenzaste —Bill solo soltó una carcajada al oír mi comentario.

Deje otro beso en sus labios antes de hablar nuevamente.

—Seguro tienes hambre —por los rayos de sol que se colaban por la ventana sabia que era algo tarde.

—Solo un poco, quieres que... —comenzó a sentarse en la cama.

—No, tu quédate aquí —presione ligeramente sus hombros—. Yo iré a comprar algo —con la mirada comencé a buscar mis jeans y unos zapatos.

—Pero… no soy muy exigente, puedo comer lo que tengas —él hizo ademán de levantarse de nuevo pero con una mirada censure su acto.

—Tengo comida, pero… —me mordí el labio inferior—, no para vegetarianos —saqué de un cajón unos jeans azules y me los coloque.

—¡Oh! —él alargo esta silaba lo más que pudo.

—Sí, lo se, debería tenerla porque tú eres mi novio pero no sabia que vendrías hoy —comencé a explicarme, mientras me colocaba unos converse.

—No fue por eso —aquello capto mi atención.

Lo mire con curiosidad.

—Siempre me ha gustado cómo se te ven esos jeans —la ferocidad en su mirada aflojo mis piernas. Si no fuera por el pequeño rugido de mi estomago me hubiera arrojado a sus brazos.

—Gracias —sentía el color carmín poblando mis mejillas y los cosquilleos de mi estomago.

Salí de ahí con dirección a mi baño. Por suerte encontré un sostén, no me sentía con la suficiente fuerza de voluntad para volver y enfrentarme a aquella Bestia que estaba en mi cama. El color carmín regreso.

Me lave la cara, los dientes, ate mi cabello en una cola de caballo y me esforcé en calmar a mi respiración.

Regrese a mi habitación, Bill estaba de espaldas y se colocaba sus pantalones, pero aun seguía sin playera.

«¡Bill, eres un idiota sexi!». Pensé.

Quise darme de topes contra la pared por aquella declaración estúpida. ¿Qué era yo?, ¿Una colegiala?, ¡Claro que no! Pero antes de seguir recriminándome eso, Bill volteo, su cabello estaba revuelto y sus ojos aun parecían un poco adormilados, pero en el momento en el que se toparon con los míos un brillo los atravesó.

—En unos minutos regreso —le avise. Tenía un ligero nudo en mi garganta.

—¿Estas segura de que no quieres que vaya?

—Sí, sí, no quiero que te reconozcan por ahí y todo se salga de control.

—Bien —Bill se aproximó a mí, con su característico andar gatuno y mis manos temblaron—. Te estaré esperando —había una amenaza lujuriosa debajo de aquella simple frase.

—Sí —dije simplemente respirando el aroma que Bill desprendía; refrescante y dulce—. Me voy —le dije, mirando una última vez sus ojos.

Fui hasta la sala y tomé las llaves y el dinero correspondiente para las compras.

.

Repasaba entre las verduras, miraba a los tomates, a las coles y las lechugas intentando recordar una receta para una comida vegetariana que había visto hacia unas noches. Todo seria más fácil si hubiera traído mi celular conmigo. Sostuve un jitomate antes de que una voz me llamara desde el otro lado de aquella mesa repleta de diferentes tipos de verdura.

—Karim! —miré con detenimiento a aquella mujer que se acercaba a mi con paso tranquilo y sonrisa afable. Martha Gram.

—Señora Gram —la saludé cortésmente.

Noté una ligera emoción en mi estomago, bastante normal considerando que ella era una de mis escritoras favoritas con sólo tres libros publicados se había robado mi corazón.

—Karim, que gusto, meses sin verte —me saludó ella.

—Lo sé —me apené un poco ante aquello.

—Seguro has estado ocupada —me sonrió.

La señora Gram era esposa de Michael Gram, el famoso editor con el cual yo tenía un acuerdo para que me publicara.

—Algo así, el trabajo y tengo unas entrevistas para Jana`s —me apresure a contestar.

—Sí, he leído algo de eso, ya sabes, no soy muy proclive a leer revistas, pero siempre es un placer leerte Karim —sus ojos maternales me miraron y yo me sonroje.

—Oh, señora Gram, me alaga —le dije sonriendo.

Martha era una señora sencilla, aunque no por eso menos elegante. Tenia el cabello color chocolate, corto, toque que la hacia lucir bastante joven, pese a las arrugas bajo los ojos y en las comisuras de su boca. Ojos miel muy grandes expresivos y dulces. Una nariz pequeña y labios grandes. En conjunto era una mujer muy bella. Era delgada, con un busto promedio y unas caderas amplias por los hijos que había tenido. Siempre podía verla vestida con alguna blusa y una mascada de seda alrededor de su cuello, y pantalones color caqui.

—¿Y bien, de compras para alguna ocasión especial? —ella alzo una ceja y por un segundo me sentí descubierta.

—No, bueno, sólo es la comida, nada especial —coloque un mechón de cabello detrás de mi oreja nerviosamente.

Martha sólo rio alegremente.

—Yo entiendo niña, yo entiendo —suspiró y su mirada fue hacia unas lechugas cercanas que examino minuciosamente—. Sabes que difiero de mi esposo sobre la inspiración.

—Sí —asentí.

—Creo que si eres escritor siempre puedes escribir, pero de una u otra manera hay momentos en los que te sientes mas motivado y con una imaginación desbordante —yo seguía sus ojos, como se alejaban y se perdían en la inmensidad de sus palabras—. Cómo puede ser el amor y el dolor —ella me miró un segundo con su pequeña sonrisa.

—¿El dolor? —le pregunte, recordando como la otra vez yo me había bloqueado completamente por aquel dolor que me consumía.

—Sí, mira a tu autora favorita Anne Rice, la muerte de su hija la inspiro a tal grado que ella es la autora de una de las mejores sagas de vampiros de la historia —ella suspiró—. Sí, el dolor inspira, nos hace querer más que otras emociones, crear un mundo aparte, lejano y hermoso. El dolor es uno de los refugios más importantes para el autor. Aún recuerdo tus palabras —ella dejó la lechuga a un lado y siguió repasado los tomates, como hiciera yo hacia unos segundos—. ¿Las recuerdas, Karim?

Yo asentí.

—Es una de las declaraciones más llegadoras que he escuchado —dijo ella, evocando a mi memoria aquellas palabras.

»—¿Y por qué quieres escribir? —la mirada de Michael cayo pesada sobre mi.

»—Me gusta hacerlo —conteste simplemente, sintiendo un pequeño cosquilleo de nervios en mi estomago.

»—Eso es lo que todos dicen —dijo aquello como algo que careciera de valor—. Dime una verdadera razón.

»Me quede un segundo pensativa antes de hablar.

»—Escribo para inspirar —comencé a decir, y aunque Michael me miraba con ojos fríos, eso no basto para que yo callara—. Para alejar a las personas de una realidad que puede ser cruel, para darles ánimos, para motivarlas, para hacerles saber que se puede y que no abandonen sus sueños. Para devolver un poco de la esperanza que los libros me dieron.

»Al regresar mis ojos a los de Michael noté algo diferente, ahora una sonrisa aparecía en su rostro, satisfecho.

—Bastante motivadoras, debo decir —Martha había logrado sacarme de mis ensoñaciones.

—Gracias —dije sencillamente—. Usted fue una de las personas que me inspiró a aquello —no pude contener aquella confesión.

—Ahora soy yo quien se siente alagada.

—¿Por qué no regresa a escribir? —le pregunte ansiosa.

—Las situaciones de la vida están en constante movimiento, como bien debes saber —me miro tiernamente—. Cuando comencé a escribir era una chica de veinte años, con todas las dudas, los miedos, buscando un refugio que encontré en la literatura, pero después sobrevinieron las responsabilidades, ya no tenia el mismo tiempo que antes, tuve que trabajar, conocí a Michel, me case, los hijos, cuando me di cuenta ya no tenia más el tiempo —ella se hundió de hombros.

Yo la mire con un poco de tristeza.

—Oh, niña, niña, no hagas eso —me reprendió levantando mi mentón—. Yo no cambiaria nada de mi vida, soy una persona feliz, completa. A veces te das cuenta que hay un plan diferente al que tu tenias en mente, y este plan es mucho mejor que el otro

Ahora me sentía un poco de escepticismo.

—Pero ¡bah!, no tengo porque agobiarte con estas cosas. Logro ver que tu estas en una nueva etapa —Martha me miró suspicaz.

—¿Cómo? —pregunté sorprendida.

—Hay algo en tu mirada que cambio, quizá por el autor de tus nuevas historias —me dijo ella juguetona.

—Bueno… puede ser —le dije apenada.

—Recuerda que a veces, cuando se tiene una novela romántica en la vida real, no hay necesidad de crear una —me guiño un ojo.

Antes de que pudiera contestar, su celular comenzó a sonar. Ella se disculpó y tomó la llamada.

Las palabras resonaban en mi mente, dando vueltas una y otra vez.

—Karim, que te digo, debo irme volando, este niño que tiene que hacer un proyecto y no encuentra la cinta y… mejor no te agobio con eso —tomó su canasta.

—Dany sigue siendo tan travieso, ¿Eh?

—Ni te lo imaginas, bien pues, Te veré pronto. Me contaras con más tiempo y con un café.

—Claro señora Gram, dígale a su esposo que le mando saludar.

—Yo se lo diré —me sonrió una vez más, antes de deslizar su mano por mi mejilla—. Suerte —su mirada logro hacerme sentir pequeña e infantil.

—Gracias.

Observe como la señora Gram se alejaba, en cuando recordé que yo también tenia que decidir pronto, se hacia tarde. Tome mi canasta y comencé de nuevo mi selección de tomates. Pero por un momento me pareció ver una melena naranja volar cerca mio, mientras repasaba las ideas que Martha había vertido sobre mí.

.

—Bill lamento el retraso es sólo que hubo un horrible… trafico —de inmediato guarde silencio al observar a las tres personas en mi sala.

Tom y Bill estaban sentados en un sillón. Bill con una sonrisa nerviosa y Tom como siempre impasible, pero atento. Pero lo que más me preocupaba era a la delgada rubia que salía del pasillo con sus ojos encendidos de furia.

Estaba en problemas.

.

Continuara…

Hola, hola mis amadas lectoras!

Con todo y esa foto sorpresa que me ha dejado mas muerta que viva, he podido escribir este bonito capitulo, así que culpen a Bill-abdomen-brazos-sexi`s por el retraso ;)

Si bien tenia algo diferente para el capitulo, que May puede testificar, creo que esta vuelta de tuerca es bastante interesante, quiero decir, en la vida de una persona no hay solo algunas que la conforman :) ojala les haya gustado este capitulo, esta basado en algunas charlas que yo he tenido con una persona importante.

Bien pues, sin más por el momento, les dejo muchos abrazos y besos aplastantes :D recíbanlos!

Siempre suya: Deka.