CAPÍTULO 21

Amber Aldrich.

Ese nombre se repetía en su cabeza una y otra vez mientras veía cómo Lexa preparaba las cosas en el gimnasio para empezar su primera clase de defensa personal. Tras lo que había pasado en aquella fiesta y de que corriera el rumor de que había habido un par de ataques a chicas en el campus, Lexa había insistido para que Clarke aprendiera algunos movimientos; y ese día había sido el elegido. Sin embargo, no podía dejar de pensar en lo ocurrido dos noches atrás, cuando esa chica había aparecido y casi pudo percibir cómo su novia sufría una bajada de tensión muy literal.

-¿Amber? -había preguntado Lexa muy sorprendida.

-Oh… -la chica miró a Alex, que la miraba con el ceño fruncido, y Clarke supuso que se había dado cuenta de que había estado abrazando a la gemela equivocada- Yo… pensé… que tú eras… -murmuró casi tartamudeando con un notable y odioso acento inglés.

-No, yo soy Alexa -respondió la morena con un poco de malhumor-. ¿Esta es la perra inglesa? -preguntó entonces mirando a su hermana, que aun parecía en shock. Clarke miró el rostro de su novia y vio cosas que no pudo descifrar; y, de alguna forma, sintió una extraña sensación en el pecho, porque, si alguien te ha dejado de importar, no reaccionas de esa forma.

-Supongo que lo soy -respondió Amber. Sus ojos y los de Lexa seguían conectados.

-¿Qué haces aquí? -intentó sonar firme Lexa, pero estaba algo incomoda mirando de reojo a Clarke, que seguía observando la escena con esa extraña sensación en su pecho. No tuvo otra reacción que coger su mano, consiguiendo que sus ojos verdes enfocasen los suyos, percatándose de que parecían mortificados.

-Estoy… bueno… haciendo mis practicas aquí. E-es una larga historia.

-Seguro que lo es, Ashley, seguro que lo es -se entrometió Alex.

-Amber. Amber Aldrich -la corrigió la chica.

-Lo que sea -se puso de pie-. No pienso dejar que me toques el dedo con tus manazas de traidora.

-Alex… -la regañó Lexa.

-Está bien, supongo que me lo merezco -Amber sonrió a medias con algo de tristeza-. Lexa me habló mucho de ti y de lo protectora que eres -comentó metiendo las manos dentro de su bata-. Y de lo mucho que te quiere -miró de nuevo a Lexa, y Clarke rechinó los dientes. ¿Por qué coño tenía que mirar así a su novia? Entonces Amber pareció notar sus manos unidas y enseguida miró a Clarke, entendiendo la situación.

-Pues yo también la quiero un montón y, como te imaginarás, no eres mi persona favorita en el mundo -la miró fijamente la mayor de las gemelas-. Además, Clarke es mucho más guapa, bebé -finalizó, y Clarke casi sonríe porque su cuñada se pusiera de su lado.

-Llamaré a alguien más para que te revise la mano -dijo Amber antes de mirar a Lexa-. ¿Podríamos hablar a solas? -le preguntó, y Lexa pareció no saber qué decir, tensándose.

-No -respondió mirando a su ex–. No creo que haya nada de qué hablar, Amber.

-Lexa…

-Ha dicho que no -dijo esta vez Alex-. Y me está doliendo más el dedo, necesito que me atiendan -le enseñó la mano. Amber simplemente asintió y se fue.

Clarke odiaba a los ex, porque parecían que siempre aparecían para complicar las cosas. ¿Alguna vez un ex se materializaba para ser de ayuda? No. Apretó los dedos de la morena y la atrajo un poco para susurrarle.

-¿Estás bien? -Lexa forzó una pequeña sonrisa.

-No te preocupes. Solo… -parece que le costó encontrar las palabras para finalizar la frase- me sorprendió verla aquí.

Y Clarke podía entender eso, pero desde entonces Lexa había estado algo distraída y no había tocado si quiera el tema, como si no hubiese pasado. Sabía que, desde ese día, la situación la estaba mortificando y le asustaba que no se lo contara. ¿Y si se habían visto y ella no lo sabía? ¿Y si Lexa estaba teniendo dudas? ¿Segundos pensamientos? Ver a tu ex puede remover muchas cosas.

Maldita Amber Aldrich.

-¿Lista, mi amor? -Lexa se detuvo frente a ella- Dame las manos -Clarke la obedeció mirándola fijamente mientras Lexa se las vendaba de forma experta; parecía pensativa y distante. ¿Por qué coño no hablaba con ella?-. Recuerda siempre hacer esto de la forma correcta cuando vayas a entrenar. Es importante -miró a Clarke-. ¿Me estás escuchando? -preguntó tras un rato- ¿Por qué frunces así el ceño?

-Por nada -respondió adusta, apartándose, y la morena la miró extrañada, pero no dijo nada más.

-Vamos a comenzar con un poco de estiramiento y calentamiento. Luego te enseñaré algunos golpes básicos y, por último, los movimientos más complicados. ¿Está bien? -Clarke no respondió, simplemente comenzó a mover los pies y los hombros. Lo cierto era que necesitaba descargar toda la tensión que tenía acumulada.

Comenzaron estirando los músculos un poco y luego saltaron la cuerda. Obviamente Clarke se cansó mucho más rápido, ya que no estaba acostumbrada al ejercicio cardiovascular. Además, tenía que añadir que, si hubiese estado de otro humor, ver el abdomen de Lexa descubierto con ese top negro y sudado de esa forma tan sexy, la habría puesto bastante cachonda; pero, en ese momento, solo podía pensar en que Amber probablemente habría admirado y besado ese abdomen también. Apretó los dientes y se preparó cuando vio a Lexa acercarse con las almohadillas para empezar a lanzar sus primeros golpes.

-Bien, la forma correcta… -comenzó a decir Lexa colocándose detrás de la rubia. Clarke sintió su olor cítrico y su piel sudada, y contuvo la respiración. Vale, quizás Lexa aún seguía excitándola, aunque estuviera enfadada y ella ni siquiera se diera cuenta. ¿Por qué no se daba cuenta? Agradeció que estuvieran completamente solas en aquel lugar ya que habían ido cuando estaba cerrado, pero su novia era muy amiga del portero y hacía entrenamientos extras fuera de horario-… para lanzar un puñetazo es posicionarte así -sintió sus manos en su cintura y cómo bajaba hasta sus piernas para indicarle la posición. Sus dedos se deslizaron luego a lo largo de sus brazos y Clarke tragó con fuerza cuando sus pechos se pegaron más con su espalda-. Y el puño debe ir justo así -le indicó susurrando cerca de su oído-. Debes girar correctamente el cuerpo.

Clarke se humedeció los labios y se giró. Ambos rostros muy cerca y notó como su novia miraba su boca rápidamente con media sonrisa. Clarke hizo el amago de besarla, pero se apartó notando cómo Lexa suspiraba tras haber estado receptiva a aceptarlo.

-Venga, quiero dar esos puñetazos -Lexa sonrió dándole los guantes y luego colocándose frente a ella con las almohadillas.

-Recuerda el movimiento de cintura -la instruyó y Clarke golpeó el objeto, haciendo que la mano de Lexa se fuese hacia atrás-. Joder -dijo la morena sorprendida por la fuerza. Clarke comenzó a pegar con mucha intensidad y rabia, y Lexa comenzó a caminar hacia atrás sorprendida-. Clarke, espera… -le dijo al ver que la rubia estaba lanzando puñetazos de forma desesperada-. Mi amor, espera, espera -la detuvo yéndose sobre ella-. Ey… -la cogió por los hombros- Así no es como se hace -la corrigió, pero notó que los ojos de Clarke estaban cristalinos- ¿Estás bien? ¿Qué pasa? -la rubia apretó mucho los dientes. No eran lágrimas de tristeza, sino de rabia y frustración.

¡¿Por qué no se daba cuenta?!

-Nada, Lexa, no me pasa nada -la apartó, dándole la espalda.

-Clarke…

-No. Sigamos -se secó las lágrimas con el dorso-. Si no sabes a estas alturas qué es lo que me pasa, no te lo pienso decir.

-¿Pero sí te pasa algo? -preguntó confundida- No puedo leerte la mente, cariño -la rubia sintió ganas de seguir pegándole a esas almohadillas.

-Eres imbécil -soltó de repente Clarke, arrepintiéndose automáticamente de haber dicho eso, y Lexa se sorprendió. No quería que en su relación hubiese esa clase de cosas e insultos, pero era la frustración la que hablaba por ella-. Lo siento, no quise decir eso -se disculpó.

-¿Es por Amber? -preguntó entonces la morena preocupada.

Joder, ¡por fin!

-Sí, Lexa, es por Amber. Sé que no has dejado de pensar en ella y en lo que pasó en el hospital. Y no te atrevas a decir que no es así -exclamó dando vueltas por el lugar. Lexa la siguió y Clarke se giró hablando otra vez-. Pero ahora no quiero hablar del tema. Y no, no es un ataque de celos. Lo que me molesta es que no me cuentes las cosas y que no me digas cómo te sientes tú.

-Clarke…

-Ponlas -le dijo señalando las almohadillas.

-Clarke…

-Ponlas, por favor -Lexa suspiró, obedeciéndola un poco a regañadientes.

Se sentía fatal por hacer sentir así a Clarke. No se había dado cuenta de su comportamiento hasta ese momento, pero haber vuelto a ver a Amber la había trastocado un poco. Y no es que tuviese dudas acerca de lo que sentía por su novia actual ni que quisiese volar a los brazos de su ex, pero verla allí había sido un fuerte impacto emocional. Todos los recuerdos que tenía con ellas se agolparon en su mente y, de repente, sentía otra vez ese dolor en el pecho. Al fin y al cabo, no habían pasado más de siete meses desde que volvió de Inglaterra con el corazón roto y con unas ganas horribles de estar otra vez con su hermana.

-Solo para que lo sepas -jadeó al sentir el fuerte golpe de Clarke en una de las almohadillas-: no estoy teniendo segundos pensamientos sobre nosotras -otro golpe. Cambió de posición la almohadilla-. Pégale con el puño hacia arriba. Eso es -dejó que sus palabras se internalizaran en la cabeza de su novia, y que terminara de dejar salir su frustración.

-Entonces-¿por-qué-no-hablas-con-migo? -comenzó a preguntar dando golpes para, finalmente, darle un empujón a Lexa aún muy frustrada. La chica se tambaleó y miró a su novia fijamente.

-Porque no sabía cómo hacerlo, porque no pensé que tú…

-¿Lo notara? -inspiró hondo- Vi como la mirabas, Lexa.

-No -negó también con la cabeza-. Ya te lo dije, no tiene nada que ver con ella. Es… -lamió sus labios y cambió sus palabras- Clarke, no esperaba verla y ha sido como si me lo restregaran todo en la cara otra vez. ¿Lo entiendes?

-Lo entiendo -respondió la rubia mientras ambas se miraban desde cierta distancia-, pero me duele que me apartes.

-Lo siento.

-No, estoy cansada de que hagas las cosas y luego solo digas que lo sientes.

-No es mi culpa que tu exageres todo -contestó Lexa a la defensiva, y se arrepintió de haberlo dicho, maldiciendo por lo bajo cuando vio que la cara de Clarke se tensaba aún más y que se quitaba los guantes de forma brusca dándose la vuelta para salir del lugar-. Clarke… Clarke, lo siento. No quería que sonara de esa forma -la cogió del brazo y, gracias a que ambas estaban sudadas, fue muy fácil para la rubia soltarse de su agarre.

Se giró y se miraron con las respiraciones entrecortadas por el ejercicio, el momento y la discusión. Lexa intentó tocarle la mejilla, pero Clarke se la apartó de un manotazo mirándola desafiante. La morena también la miró de forma intensa y lo intentó otra vez, ganándose otro manotazo.

Se observaron durante segundos, quizás minutos, hasta que Lexa alzó la mano una vez más, acariciando el cuello desnudo y sudado de Clarke. La rubia no la apartó esta vez y las respiraciones de ambas se aceleraron aún más, sobre todo cuando Lexa apretó un poco más su agarre y la atrajo hacia su rostro mientras seguían mirándose, haciendo que Clarke entreabriera los labios.

Los ojos de Lexa se fueron directamente a los labios de la chica de ojos azules, y Clarke sintió que su cuerpo reaccionaba ante la anticipación, porque ya conocía las miradas de su novia y sabía que se avecinaba una colisión de labios y lenguas. Gimió audiblemente cuando eso ocurrió, y ambas abrieron la boca devorándose con furia, sin decir nada, solo sintiéndose. Su mano seguía en su cuello y su lengua investigaba su boca con fuerza y sensualidad.

Mordió el labio inferior de Lexa con rabia y se miraron una vez más antes de que la morena la alzara, haciendo que sus piernas acabaran alrededor de su cintura mientras volvían a besarse con furia y muchas ganas. Ambas gimieron por las sensaciones, y Clarke jadeó cuando su espalda acabó estampada contra la pared. Los labios de Lexa seguían haciendo estragos contra los suyos y cuando se apartó para besar su cuello, la rubia cogió aire arqueando su espalda, sabiendo que no podía hacer nada contra su cuerpo derritiéndose entre esos brazos.

Se restregó un poco contra el vientre de la morena y ella mordió su cuello, haciéndola gemir mientras ella se aferraba a su pelo, tirando de él con fuerza. No era la primera vez que tenían sexo tan brusco, pero si era la primera vez que lo hacían tras una discusión. Volvieron a mirarse y se sorprendió cuando la morena la puso de espaldas, dejando besos en la parte de atrás de su cuello, metiendo la mano dentro de su pantalón de chándal por la parte delantera para tocarla sin pedir permiso. Clarke cerró los ojos cuando Lexa comenzó a jugar con sus pliegues mientras mordía su oreja y la acariciaba de vez en cuando con su lengua. Extendió un poco su humedad, tocando su clítoris con pequeños círculos que hicieron que Clarke gimiera estirando los brazos hacia atrás para acercarla. En esos momentos, odiaba un poco necesitarla tanto; aún se sentía molesta, pero, Dios santo, no quería que se detuviera.

Entonces Lexa paró, y notó sus manos en la cintura de su pantalón, bajándolo sin miramientos, haciendo lo mismo con las bragas. Jadeó cuando notó cómo la azotaba en una nalga.

-Solo pienso en ti, ¿lo escuchas? -acercó su pelvis a su trasero descubierto frotándose una y otra vez contra ella- Eres la única. La única a la que quiero hacerle el amor cada minuto del día -mordió su hombro-. Eres la que me vuelve loca -dejó otro beso en la parte de atrás de su cuello antes de arrodillarse y comenzar a besar sus glúteos, haciendo que Clarke se mordiera el labio inferior para acallar un poco sus gemidos. Sin embargo, eso fue imposible cuando Lexa hizo que se inclinara aún más, llevando sus labios hasta la entrada de su cuerpo desde esa posición, chupando y lamiendo, haciendo sonidos de puro gusto mientras su lengua la enloquecía.

-Lex… -gimió- Dios, Lex… -siguió diciendo, y Lexa acompañó a su lengua con uno de sus dedos, acariciando con habilidad.

Sintió cómo entraba con esos largos dedos en su interior y cómo se ponía de pie, acercándose de nuevo su cuerpo. Se pegó a su espalda mientras la penetraba con fuerza y restregaba su pelvis contra ella, haciendo que la excitación de Clarke llegara hasta límites insospechados.

Sabía que estaba a punto de correrse, y, cuando escuchó a Lexa gemir a su oído mientras seguía refregándose y frotándose contra sus glúteos, no lo soportó más y gritó, llevando de nuevo las manos hacia atrás para tirar del pelo de su novia. La morena mordió su mentón deteniendo sus embestidas, pero sin sacar los dedos, sintiendo como sus músculos internos se retorcían deliciosamente hasta que la rubia recuperó el aliento. Clarke se giró, respirando de forma entrecortada y ambas seguían mirándose de esa forma intensa y fija. Llevó los dedos que habían estado en su interior hasta su boca y los chupó, dejando que fuese Lexa la que los moviera dentro de ella.

-Buena chica -susurró Lexa visiblemente excitada. Clarke llevó su mano hasta su abdomen, acariciándolo de forma sensual antes de meter la mano dentro de los pantalones cortos de la morena para tocarla.

-¿Estás a punto de correrte? -le susurró.

-Como te atrevas a dejarme así… -la rubia rio y se mordió el labio cuando comenzó a acariciar el clítoris de su novia, escuchándola suspirar y gemir.

-Debería hacerlo…

-No, no deberías -murmuró con los ojos cerrados por lo bien que se sentía los dedos de Clarke en esa zona de su anatomía-. Mmm, joder… -cerró los ojos, hundiendo el rostro en el cuello de su novia y moviendo las caderas de forma inevitable- Sí, mi amor, sí… Justo ahí. Sí, sí, sí -gritó tensándose cuando el orgasmo la alcanzó, y Clarke la sostuvo con su brazo libre mientras se estremecía contra su cuerpo-. Joder…

Lexa dejó un rastro de besos desde su cuello hasta sus labios y su novia acarició su rostro a la vez que le devolvía el beso.

-No me gusta discutir -susurró sobre sus labios y la rubia suspiró.

-A mí tampoco, pero tienes que aceptar que el sexo ha estado fantástico -ambas rieron, y Lexa ayudó a Clarke arreglar su ropa.

-Siento haber estado rara. Amber es parte de mi pasado y eso no puedo evitarlo, pero no tengo dudas sobre lo nuestro.

-¿Segura?

-Muy segura -recibió un beso fugaz sobre sus labios por parte de la rubia.

-¿Vas a hablar conmigo cuando algo te afecte de esta forma?

-Lo haré.

-Bien. Podemos proseguir… -la empujó caminando para buscar de nuevo los guantes y Lexa la abrazó desde atrás dándole un beso en el cuello.

-Te quiero -le susurró y Clarke no pudo evitar sonreír, preguntándose sin querer si el fantasma de Amber ya había dejado de atormentarla, o era solo algo temporal.

X X X

Alexa llegó a la residencia, algo aliviada tras haber ido a un médico privado a petición de su padre para que le mirase mejor el dedo, porque el momento con la tal Amber el día anterior había sido todo un poco tenso. ¿Por qué estaba esa idiota allí? ¿Quería recuperar a su hermana? Por encima de su cadáver. Miró su meñique, vendado con el anular; tenía que mantenerlo inmovilizado para prevenir la rotura completa del ligamento y recuperarse antes del esguince. Al menos no había sido el hueso. De dos a tres semanas sin moverlo y, después, rehabilitación.

No sabía qué hora era exactamente, pero se moría de hambre, quizás subía a su habitación y obligaba a salir a Luna con ella a cenar algo. Necesitaba calmar los nervios, porque Raven no le había respondido a su mensaje, y no sabía si estaba en su piso o no. Aquello de que hubiese "otra casa" donde, en teoría, estaba con su marido la tenía desconcertada. No sabía qué pensar de todo eso, así que se permitió no hacerlo durante unas horas. Miraba el móvil de forma repetida, esperando la respuesta a "Cuando me digas, voy a tu piso". No se había comportado de la mejor forma la última vez que habló con ella, y quizás era momento de respetar su espacio también. Pero se moría por saltárselo todo e ir a verla porque, encima, las clases habían quedado suspendidas por el inicio de los exámenes, y eso significaba que llevaba muchos días sin ni siquiera cruzarse con ella.

Llegó a su planta, y comenzó a andar hasta el final del pasillo, donde se encontraba su habitación. ¿Y si le mandaba otro mensaje? Puede que la agobiase… Sé paciente, Alex, sé paciente. Podréis hablar cuando menos te lo es…

-Alex -levantó rápidamente la cabeza para mirar frente a ella, y se encontró con Raven.

-Raven… -murmuró casi sin voz- ¡Raven! -exclamó, llevándose automáticamente las manos a la boca por el grito, y mirando para todos los lados, descubriendo el pasillo desierto- ¿Qué haces aquí? Pueden verte -susurró, acercándose a ella para que la escuchase mejor.

-Hablar contigo -contestó sin poder evitar medio sonreír.

-Joder, mierda -murmuró, y agarró su mano sin pensárselo, tirando de ella hacia su habitación. Abrió primero, asomándose para ver si estaba Luna dentro, y volvió a coger aire cuando comprobó que no estaba. Dejó que Raven pasase primero, y miró hacia el pasillo para asegurarse de que nadie las había visto-. Me va a dar un infarto -se llevó la mano al pecho, respirando agitada bajo la atenta mirada de la profesora.

Mierda, el baño.

Fue rápidamente hacia la puerta que daba a este, y abrió de par en par para encontrárselo vacío. Recuperó el aire perdido de nuevo y miró hacia atrás, sintiéndose algo avergonzada cuando vio a la mujer recorrer su lado de la habitación con interés. Se adelantó a ella y estiró las sábanas de su cama deshecha… Siempre había sido muy ordenada con sus cosas, pero últimamente se había descuidado un poco.

-No te preocupes, Alex, está bien -la frenó, y se giró para mirarla de nuevo.

Fue automático el sentir su corazón comenzando a bombear con fuerza por su simple presencia, y es que estaba preciosa a pesar de poder notarse a kilómetros de distancia que se encontraba mal: alrededor de sus ojos podía notar una ligera irritación, seguramente por haber estado llorando, y su cara no mostraba la alegría que normalmente expresaba, a pesar de estar regalándole media sonrisa. Recordó las palabras que soltó en el parking el día de su examen para después procesar lo que dijo su padre sobre Stephan, sintiéndose peor que antes por tenerla ahora delante y poder comprobar que, quizás, esa tristeza que estaba dibujada en su rostro también era por su culpa.

-Siento haberte dicho esas cosas el otro día -murmuró en un hilo de voz, intentando que la voz no le temblase en el proceso, pero sin conseguirlo.

-No sé quién es aquí la que debe disculparse… -medio sonrió de nuevo, y Alex agachó la cabeza, intentando ordenar sus pensamientos para poder mantener una conversación coherente y sincera con su profesora.

-Raven -suspiró su nombre, y avanzó hasta quedar frente a ella, estiró su brazo y agarró su mano, mirando cómo sus dedos se entrelazaban al mismo tiempo que sus pulmones se llenaban de aire por estar comprobando que esa mujer no parecía estar enfadada con ella, pero igualmente se merecía una disculpa mínimo-, lo siento, de verdad -miró sus ojos desde la corta distancia que las separaba-. Siento haberme comportado como una niña cuando lo único que siempre he querido demostrarte es que no soy una -el marrón se mantenía conectado con el verde en todo momento-. Siento haberte hablado de esa forma el otro día y haberte dicho esas cosas tan feas sin tener ninguna explicación de tu parte, sin saber qué es lo que está ocurriendo en tu vida ni por lo que estás pasando -levantó su mano libre y acarició su sien con la yema de sus dedos, apartando un mechón que se había soltado y colocándolo tras su oreja.

-Alex, no te disculpes, estabas enfadada y entiendo tu reacción.

-No, necesito hacerlo, porque eso de fumar es de gilipollas, y encima me viste con Michelle, lo cual me hace aún más gilipollas; y no quiero que nada ni nadie te haga daño, y fui yo la… -intentó defenderse, pero solo pudo coger aire y dejar caer unas lágrimas en el momento el que Raven presionó sus labios suavemente sobre los suyos, acunando sus mejillas con ambas manos.

Cuando sintió de nuevo los labios de su alumna contra los suyos, suspiró. Así de simple. Fue una especie de "por fin", porque necesitaba estar de nuevo en ese punto con ella, su cuerpo entero lo pedía; habían sido las peores semanas de su vida y, en ese momento que estaba tan decidida a completar los pasos que, por miedo, no había realizado antes, la necesitaba a su lado.

Movió los labios sobre los suyos, sin profundizar el beso, y acarició lentamente sus pómulos con los pulgares, notando humedad en ellos. Aún no habían hablado, pero que estuviese respondiendo el beso con esa delicadeza casi le afirmaba que todo iba a ir bien con ella. O eso esperaba.

-Alex, cariño -besó la punta de su nariz antes de abrir los ojos para mirar los suyos verdes-, te lo voy a contar, ¿vale? -pasó sus dedos por su piel para limpiar el rastro de sus lágrimas antes de que las dos se sentasen en la cama- ¿Quieres preguntar algo antes de que empiece la historia? -Alex asintió y rápidamente sintió su cálida mano sobre la suya; entonces se dio cuenta del vendaje en sus dedos, y agarró su muñeca para examinarlo- ¿Qué te ha pasado? -se preocupó.

-Una pelea, me tiraron al suelo y caí mal -la profesora frunció el ceño volviendo a mirar sus ojos-. Ya me han regañado mis padres -suspiró, y Raven no pudo evitar sonreír al escucharla.

-¿Qué pasó? -se interesó.

-Insultaron a un amigo por ser gay, y comenzaron a pegarle entre tres. Cuando ya vi que pegaban a mi hermana, me lancé a ellos… -confesó.

-Nadie toca a tu hermanita -afirmó con voz cálida y la vio sonreír a medias mientras la profesora pasaba la palma de su mano por su mejilla despacio.

-Te he echado mucho de menos -suspiró antes de inclinarse para besarla suavemente. Devolvió el beso que le estaba regalando antes de romperlo para susurrarle de vuelta.

-Y yo a ti, no sabes cuánto… -confesó aún contra sus labios, y la apartó ligeramente empujándola por el hombro- Pero tenemos que hablar -la vio coger aire, y fue a continuar, pero Alex se adelantó.

-Por favor, dime que no te ha puesto nunca una mano encima -la vio apretar el puño, y se sorprendió al escuchar la frase. ¿De dónde había sacado eso?

-Alex -suspiró mirando unos segundos hacia otro lado de la habitación e intentando buscar las fuerzas para poder contarle lo máximo posible a Alex, teniendo especial cuidado en detalles que podrían provocar que cometiese alguna locura; sabía lo impulsiva que podía ser aquella chica por la que tanto sentía-, ¿qué has oído?

-Pasé con mi padre en coche junto a la casa donde vives con Stephan -se sorprendió de que supiese ya ese dato-, aunque es obvio que no vives allí. Esa sería la primera pregunta que tengo en mente, que me expliques cómo haces eso… Si "te tiene encerrada allí", ¿cómo estás dando clases y viviendo sola en ese piso? -miró a la chica.

-Creo que me será más fácil si te cuento cómo cambió nuestra relación, si se puede llamar así -sonrió irónica, mirando sus manos unidas-. Es decir, si te lo explico desde el principio, si no te importa.

-Raven, quiero saberlo todo de ti -se acercó a ella, y rodeó su cintura con un brazo, sujetando su barbilla con la mano que tenía libre para que mirase sus ojos.

-Vale -lamió sus labios y cogió aire antes de empezar a relatar su historia-. Conocí a Stephan con veintiún años -Alex separó los labios sorprendida, y ella agarró con más fuerza su mano-. Los primeros años, Stephan era un hombre increíble, muy detallista, atento y bueno conmigo. Aunque empezó siendo una relación puramente sexual -rio suavemente al ver la cara de asco de Alex.

...

Entró a la habitación de hotel, algo impaciente por ver qué le tenía preparado, y sonrió alegre cuando vio un ramo de flores violetas sobre la mesa que quedaba a los pies de la cama. Se acercó y leyó una nota que había allí:

"Veintidós flores para la chica más preciosa de toda América. Eres muy especial para mí y lo sabes. Gracias por dejarme pasar tantas horas a tu lado, y gracias por querer pasar tu cumpleaños conmigo.

Stephan."

Olió las flores sin dejar de sonreír, y se volvió cuando Stephan entró a la habitación con una sonrisa amplia dibujada en su rostro, mostrando sus perfectos dientes, mientras la miraba con esos ojos azules tan intensos.

-Hola, morenita –fue lo primero que dijo, con su claro acento alemán, rodeando su cintura y acariciando su nariz con la suya-. Feliz cumpleaños.

-Gracias, Stephan –lamió sus labios rápidamente y recibió su boca en un tierno beso.

Conoció a Stephan casi siete meses atrás, en el hospital donde realizaba las prácticas de la universidad. Tenía claro que quería ser docente y que realizaría el doctorado, pero no se iba a quedar sin experimentar lo que hacía una fisioterapeuta en un hospital y cómo trabajaban desde el servicio de salud.

El primer día que lo vio le gustó ya mucho, físicamente era increíble; además, tenía un aire interesante que le llamaba mucho la atención, y cuando ponía esa sonrisa de lado cada vez que la recorría con los ojos, se volvía loca. Coincidieron en el ascensor y solo compartieron unas pocas palabras "¿Trabajas aquí? No te había visto antes", "Estoy de prácticas", "¿Universitaria?". Ella simplemente asintió, disfrutando de cómo la volvía a mirar de arriba abajo antes de conectar sus ojos con los suyos. "No suelo hacer esto, pero me gustaría enseñarte unas camillas nuevas que han llegado. Si quieres verlas, claro. Tengo que probar la estabilidad antes de usarlas con los pacientes, forma parte del protocolo". Y no era nadie del personal del hospital, su empresa vendía el inmobiliario necesario, y ese día estaba ahí para firmar nuevos pedidos. Fue nada más entraron a la habitación cuando sus bocas se estrellaron y comenzaron a desnudarse mutuamente, comprobando que esas camillas eran perfectamente válidas para los usuarios que acudían al complejo hospitalario.

En un principio, pensó que no volvería a verlo, pero una noche recibió una llamada de un número desconocido, y era Stephan preguntándole si podían volver a verse junto a alguna que otra palabra con contenido adulto. Lo esperó fuera del campus para que la recogiese en su coche, dándose cuenta de que era un hombre con dinero, y se la llevó a un sitio apartado para volver a follar como salvajes sobre el capó del vehículo. A partir de ahí empezaron una relación, a pesar de que su familia y amigos se quedaron algo preocupados por la diferencia tan grande de edad, pero no podía evitarlo; Stephan era un hombre increíble y estaba muy ilusionada con él, así que hizo oídos sordos y se dejó llevar por lo que le decía su corazón. La volvía loca todo él: lo atento que era, lo cariñoso, todo lo que hacía para poder estar con ella a pesar de tener que viajar una y otra vez por su empresa; la cual crecía a pasos agigantados.

-¿Sabes? Nunca me ha pasado esto con nadie, y creo que eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.

-¿Vas a pedirme matrimonio? –se burló con una sonrisa, y él rio, agarrando sus caderas para poder restregarla contra él, notando que empezaba a excitarse. Ah, eso también, Stephan era alucinante en la cama.

-No, de momento, pero está entre mis planes si sigues siendo así de perfecta.

-Tú eres el perfecto –devolvió el cumplido.

-Joder, he echado de menos esta semana que tu coñito caliente mi polla.

-Estabas tardando mucho en decirme algo así -sonrió antes de soltar un suspiro cuando metió la mano bajo la falda de su vestido, empezando a tocarla.

-Estás siempre preparada para mí, nena... -un escalofrío pasó por su cuerpo cuando lo escuchó, y apretó el bulto que ya se formaba en sus pantalones con la palma de la mano- Eres una puta viciosa… -sonrió satisfecho, deslizando sus labios por el cuello de la chica latina- ¿Quieres que te folle hasta hacerte gritar mi nombre?

Respondió dando un salto mientras lo besaba, rodeando su cintura con las piernas y dejando que la estampase contra la cama.

Pasar un cumpleaños follando era algo que no iba a discutir.

...

-Raven, soy lesbiana. Muy lesbiana. Por favor… -suplicó Alex, y eso la hizo sonreír.

-Querías la historia, ¿no? -levantó una ceja y Alex asintió- Es importante para que se entienda la historia…

-Quizás pueda aguantarlo… -cogió aire, y Raven entrelazó los dedos de su mano- Sigue, por favor.

-Stephan no le gustaba a nadie de mi familia, ni a ningún amigo… Antes no lo entendía, pero ahora lo hago. Digamos que para mí solo existía él, estaba totalmente loca por él -la vio mirando seria-. Pero ahora sé que lo que hacía era alejarme de la gente a la que yo quería y que estuviese solo para él. En esos momentos de mi vida, yo pensaba que solo lo tenía a él, "porque todos me habían dado la espalda". Así que, cuando estaba a punto de cumplir los veintitrés años, me pidió matrimonio.

...

Cuando Stephan se arrodilló delante de ella en mitad de aquel restaurante, mostrándole aquel anillo con un pedrusco que se notaba que era demasiado caro, se quedó sin habla, así que él continuó con su discurso.

-Sabes que siempre me he aburrido de las mujeres, pero contigo... contigo es distinto, Raven. Llevamos más de un año juntos y ya es tiempo suficiente para saber que quiero que seas mi esposa.

-Stephan… -suspiró totalmente sorprendida de lo que estaba ocurriendo. No se lo esperaba, a pesar del tiempo que llevaban juntos y de estar mejor que nunca.

-Siempre me han dicho que estaba tardando en asentar la cabeza, pero nunca me había ocurrido esto con nadie. Te quiero en mi vida, y no voy a dejarte escapar. Eres la mujer más increíble y más sexy que he visto en mi vida.

-Pero... mi familia... -dijo sin aliento.

-Tu familia no acepta nuestra relación, Raven. Hagamos lo que nosotros queramos hacer. Escapémonos juntos, larguémonos de aquí. Bien lejos. Tú y yo.

-¿Y mi doctorado? ¿Y mis amigos? ¿Y...?

-Aquí no eres feliz –la cortó tajante-. Tus amigos no te hacen caso y te tratan mal, al igual que tus padres. Tú no te mereces ese trato -la miró serio-. Conmigo no necesitas trabajar, ni hacer doctorados, ni nada. Yo te haré feliz, sabes que lo serás a mi lado -se quedó pensativa unos segundos antes de que él volviese a hablar-. Ven conmigo, deja que te demuestre lo mucho que te amo cada día, permíteme pasar cada segundo de mi vida a tu lado. Sé mía para siempre, Raven Reyes.

Miró el anillo de nuevo cuando lo volvió a levantar antes de mirar sus ojos azules con ese brillo perfecto. Sintió las lágrimas en sus ojos y se dejó caer de la silla para arrodillarse frente a él y besar con intensidad sus labios.

-Sí, sí que quiero.

Empezó a reír emocionada cuando él se separó de ella y le colocó el anillo en el dedo.

-Te amo, Raven. Voy a hacerte muy feliz.

-Lo sé –volvió a besarle, sintiendo calor en las mejillas cuando escucharon los aplausos de las personas que los rodeaban. Era el mejor día de su vida.

...

-La peor decisión que he tomado en toda mi vida… -suspiró, intentando controlar sus emociones, y sonrió levemente al notar cómo Alex estrechaba más aún su mano.

-¿Lleváis nueve años casados? -preguntó con cierto temblor en la voz.

-Nada más y nada menos -la miró, pero no pudo aguantarlo y volvió a mirar sus dedos, que jugaban con los de Alexa distraídamente-. Acepté casarme con él, mi familia se opuso e igualmente yo lo hice. Desde ese día no sé nada de ellos, sobre todo porque todo contacto desapareció al irnos a otro Estado, alejado de todo lo que me rodeaba.

-¿Desde hace nueve años no sabes nada de tu familia? -dolía mucho pensar que eso era así. Asintió entristecida- Raven, llora si lo necesitas -le dijo en un susurro cálido mientras acariciaba su mejilla, y se acercó a su cuerpo para apoyar la cabeza en su hombro, dejando que la rodease con un brazo y la pegase a ella.

-Fui una idiota… Ni si quiera sé cómo estarán ahora mismo… -dejó caer unas lágrimas con el recuerdo de sus padres.

-Lo sabrás. Te lo prometo -lo dijo con tanta seguridad que incluso hizo que su corazón se saltase un par de latidos. Elevó el rostro y capturó sus labios de nuevo.

La besó despacio, sintiendo cómo esos labios le daban la fuerza y la seguridad que siempre necesitaba. Era increíble el poder de Alexa Woods sobre ella.

-Voy a continuar -dijo cuando se encontró algo mejor tras unos segundos-, y debes saber que es la primera vez que cuento lo que viene…

-Estoy aquí -la estrechó contra sus brazos, y ella se sintió completa.

-Cuando comenzamos a vivir juntos, estuvimos mejor que nunca. Nuestra relación era increíble, nos queríamos mucho, o eso pensaba yo. Creo que llevábamos viviendo juntos cerca del año cuando vi algo que no me gustó y que me asustó.

Dejó el bolso en una percha que había en el vestíbulo de la gran casa que había comprado Stephan hacía casi un año, el hogar de los dos. Sonrió tras sacar de él unos folletos que vio en un local donde impartían clases de bailes latinos, los cuales adoraba, y otros papeles que recogió en la universidad de esa nueva ciudad donde vivían para realizar su tan ansiado doctorado.

-El señor está en la cocina -anunció uno de los de personal de allí, ofreciéndose para quitarle el abrigo a Raven, que se negó y lo colgó ella misma.

-Llamadlo Stephan -sonrió al hombre amable, pero no respondió y ella se quedó extrañada-. ¿Ha llegado hace mucho?

-Una hora y veinte minutos.

Raven sonrió, tenía unas ganas horribles de verlo. Últimamente viajaba más a menudo, solía estar sola de lunes a viernes todos los días, y él solo volvía los fines de semana para estar en casa con ella; aunque había semana que volvía antes y estaban juntos cuatro o cinco días seguidos.

-Hola, mi amor -se acercó a él, pero la sonrisa se esfumó de su rostro al verlo tan serio mirándola apoyado contra la encimera-. ¿Estás bien? -fue a pasar la mano por su rostro, pero él se echó hacia atrás levantando el labio superior- ¿Ha ido algo mal? -se refirió a su trabajo.

-¿Dónde estabas?

-Comprando -respondió como si fuese obvio, sorprendida por la forma que tuvo de hablarle.

-Tendrías que estar en casa.

-¿Por qué? -frunció el ceño.

-¡Porque cuando llego de trabajar quiero que estés ya aquí! -exclamó furioso golpeando la superficie de la encimera, creando un ruido sordo.

Ella se quedó en silencio observándole con un poco de temor en los ojos, y el suavizó el rostro, acercándose a ella para abrazarla. Ella dejó que la rodease con sus brazos, pero no se lo devolvió.

-Lo siento, cariño, pensaba que te había pasado algo -sujetó sus mejillas y la besó suavemente en los labios.

-No me ha gustado lo que acaba de pasar -lo miró fijamente, sintiendo el corazón golpeando con fuerza sus costillas, porque su mirada volvió a endurecerse antes de besarla otra vez.

-Te prometo que no va a pasar más -dijo meloso antes de besar su cuello suavemente-. Te he echado de menos, mi morenita. No soporto estar separado de ti.

Dejó que la subiese sobre la encimera, ladeando la cabeza para dejarle más espacio mientras subía su vestido y se desabrochaba los pantalones rápidamente.

-Stephan, espera… -intentó hablar, pero él la echó hacia atrás, colocando una mano sobre sus labios, y se lamió la otra antes de pasarla por su miembro erecto y penetrarla.

Intentó decirle que no fuese tan bruto, porque no estaba aún lubricada, pero no pareció importarle, porque siguió moviéndose contra ella sin destapar su boca. Cerró los ojos e intentó relajarse para que no le doliese, consiguiéndolo y soltando un suave gemido cuando comenzó a gustarle también.

-Estás tan caliente… Tan estrechita… Mujer fiel esperando a que su hombre la llene -habló contra su oído y ella cerró los ojos con fuerza cuando comenzó a moverse más rápido. Tras unos minutos, salió de ella y se empezó a masturbar para correrse sobre su muslo- ¿Te ha gustado? -preguntó y ella mintió, sonriéndole y soltando un suave "sí"- Sube a limpiarte y estate lista para la cena. Ponte ese conjunto que me gusta para esta noche.

Se bajó de la encimera, sin limpiarse la pierna, porque a él no le gustaba ver cómo lo hacía, y cuando pasó junto a la isla que había en medio de la cocina vio los papeles que le quería enseñar ese día a Stephan.

-¿Te acuerdas de cuando salíamos a bailar? -preguntó sonriente e ilusionada, mostrándole los folletos.

-¿Bailes latinos? -levantó la ceja incrédulo- Nunca hemos bailado esta mierda juntos -la sonrisa se fue de su rostro, y los volvió a coger.

-Si no te gustan, siempre puedo ir yo sola.

-Ni de coña vas a ir a bailar esto con nadie -rio irónico-. Primero, no vas a ir a restregar el culo con la polla de nadie. Y, segundo, ya te dije que las raíces deberíamos dejarlas atrás.

-Esto no es restregar el culo con nada -frunció el ceño-. Y ya sabes que estos bailes me encantan…

-Raven -habló serio, perdiendo completamente la sonrisa-, tus padres no te han apoyado en nada, no te quieren y no deberías estar orgullosa de lo que eres, al contrario. Te dije que te cambiases tu estúpido apellido al casarte conmigo -sintió un pinchazo en el pecho al escucharle, y agachó la cabeza-. Cariño -atrapó sus mejillas con sus manos, obligándola a mirarle-, yo sí te quiero, no lo olvides.

-He mirado para hacer el doctorado aquí -comentó, intentando no pensar en sus padres.

-No -dijo sin más.

-Stephan… -su voz sonó casi como una súplica.

-Raven, ya lo hemos hablado -sonó frustrado, alejándose de ella-. No vas a hacer nada fuera de esta casa. No hagas que te prohíba también que vayas de compras cuando se te antoje.

-No vas a prohibirme nada -frunció el ceño, y aguantó el aliento cuando golpeó la mesa que había allí.

-No -repitió entre dientes mirándola enfadado, y ella no contestó nada más viendo cómo se iba de la cocina tras romper los papeles frente a ella y llenarse una copa.

...

-Cabrón de mierda… -la escuchó murmurar y dejó que se levantase y caminara por la habitación.

-Alex… -dijo suavemente, y vio que cerraba los ojos sin dejar de moverse y apretaba los puños con fuerza. Ya sabía que iba a tener ese tipo de reacción, por eso debía contar la historia más ligera, con algún que otro secreto antes de hablar con Stephan y asegurarse de que no iba a estar más a su lado.

-Sigue, por favor -soltó, respirando profundamente varias veces-. Perdón por ponerme así, pero… Dios… No puedo ni imaginar que hayas vivido eso…

-Ven aquí conmigo -se tumbó en la cama y estiró un brazo para poder abrazarla, acariciando su pelo para tranquilizarla.

-Sigue… Perdóname… -murmuró Alexa contra su cuello, escondiéndose y respirando pesadamente.

-Ese día me di cuenta de que era cierto que me prohibía cosas, y acepté no ir a bailes latinos; pero nadie me iba a quitar mi sueño.

-Ser profesora -contestó Alex, y ella sonrió antes de poder enfocar su rostro cuando apoyó su cabeza junto a ella en la almohada.

-Empecé a investigar y a apuntar los días que estaba en casa, a qué hora solía llegar, si venía algún día sorpresa; incluso me colaba en su despacho para ver su agenda, por si acaso. Aunque la de casa estaba un poco desactualizada, pude hacerme una idea bastante general de los horarios de mi marido.

Bajó del desván con sigilo, escuchando atenta por si Stephan había llegado ya. Llevaba seis meses preparando su tesis a escondidas, sin que él supiese nada. Y, de momento, no se había enterado. Incluso se había comprado un móvil con otra tarjeta distinta a la que usaba con Stephan; móvil que permanecía apagado y oculto cuando el hombre estaba en la casa, por supuesto.

Se llevó las manos al pecho cuando Micaela apareció a su lado.

-Qué susto -expresó, y sonrió a la mujer, que traía unas ropas en las manos.

-El señor ha dictado que comienza su ejercicio diario a partir de ahora.

-¿Mi ejercicio?

-Sí, de ocho a diez, de lunes a domingo, sin falta antes de la cena -no dijo nada más y Raven cogió la ropa deportiva que le entregaba-. Ha acondicionado tu habitación personal para que lo haga.

Sintió que el aire le faltaba al ver la expresión triste de la mujer, que empezó a andar para irse de allí. Miró hacia su derecha y caminó hacia "su habitación", donde Robert la esperaba para abrir la puerta. Se encontró con millones de máquinas deportivas allí, colocadas perfectamente y la pared cubierta de un espejo.

-¿Y mis cosas? -dijo seria, recordando las estanterías que habían allí con sus libros de fisioterapia y novelas que leía en sus ratos libres.

-El señor ha mandado tirarlas...

-Porque no las necesitaré, ¿no? -completó su frase, y volvió a obtener el silencio como respuesta.

Entró a la habitación y se encontró un papel sobre la superficie de un banco acolchado que tenía incorporada una barra de pesas.

"Echo de menos a mi morenita, la gorda que hay en mi cama ahora está estorbando. He mandado que coloquen espejos para que puedas comprobar lo que yo, por desgracia, tengo que ver. Te he hecho una tabla que tienes que seguir cada día. Para que veas que me preocupo por ti.

Stephan".

Apretó la mandíbula al mismo tiempo que tiraba la hoja al suelo, intentando controlar las lágrimas. ¿Gorda? Era lo que menos se imaginaba en esos momentos que le diría Stephan. Se cambió la ropa que llevaba y comprobó que Stephan le había comprado ropa de su talla anterior y que no le estaba buena. Joder, si tan solo había engordado unos kilos…

Se volvió a colocar la ropa que tenía antes puesta, limpiando una lágrima que se le había escapado antes de subirse a la bicicleta, comenzando a pedalear, tal y como indicaba el primer ejercicio de la tabla que Stephan le preparó. Intentó no mirarse en el espejo, lo odiaba, porque el reflejo que le devolvía no era ella. Era una idiota que estaba ahí, encerrada en una casa donde no era feliz, donde su marido no le hacía caso; y si se lo hacía era para llamarla "gorda" o cualquier otra cosa despectiva.

Empezó a pedalear con más fuerza, y descubrió, por primera vez, la liberación que le provocaba el hacer ejercicio, sudar y levantar pesas.

-Habían empezado los insultos entonces. Yo era una "gorda" y "una mujer que no servía para nada, pero que, al menos, tenía el coño caliente" -repitió las palabras que tanto había escuchado, y siguió hablando resentida- Eso era yo para él. La mujer que estaba en casa para cuando él volviese de sus, cada vez más largos, viajes; ese agujero donde poder meter… -escuchó un sollozo y miró a la chica, que la observaba en silencio entre lágrimas- Ey… -dijo Raven con voz cálida, abrazándola.

-¿De qué va ese gilipollas? -preguntó entre lágrimas, y Raven la apartó de ella para besar suavemente su frente y echar su pelo hacia atrás.

-Escúchame -la miró fijamente-. No soy ya esa mujer -la chica asintió-. Esas experiencias me han hecho más fuerte, a pesar de haber estado viviendo con miedo por cada una de las experiencias horribles que he tenido con él. Quería divorciarme de él, te lo prometo, pero me aterraba. Cada vez se mostraba un poco más violento, y yo tenía mucho miedo en mi propia casa -confesó-. Era algo que me paralizaba, pero cuando me dijeron que iba a tener la oportunidad de mi vida impartiendo clases en la universidad donde realizaba el doctorado, decidí mudarme y tener un piso aquí. Necesitaba liberarme de esa tensión, de ese malestar que me daba estar entre las paredes de esa casa tan enorme. Stephan casi nunca estaba en casa ya, no se enteraba de una mierda, y yo estaba convencida de que merecía cumplir mi sueño. Para ello, tuve la ayuda de una buena amiga que volvió a aparecer en mi vida años después. Fue una casualidad encontrármela en esta ciudad una de las veces que iba hacia la facultad. Desde entonces volvimos a ser inseparables.

-¿Estás bien? -preguntó Carmen, dejando el café sobre la mesa.

-Sí, sí -contestó Raven distraída, tras comprobar que no había ninguna cara conocida cerca en esa cafetería.

-Raven, me tienes preocupada. ¿Va todo bien con Stephan? -arqueó las cejas, y Raven dio un sorbo de su zumo.

-Sí, claro -lamió sus labios nerviosa. No, no iba nada bien con él, pero no podía decírselo-. No te preocupes por eso -intentó sonreír lo más sincera que pudo.

-Estás a punto de empezar el último año de doctorado -cambió de tema su amiga, y su corazón comenzó a bombear contra su pecho, notando los nervios por todos lados.

-Carmen, quiero buscar un piso cerca del campus -dijo rápidamente-. He estado mirando en una inmobiliaria…

-¿Un piso? -preguntó confundida, cortando su frase.

-Pisos -confirmó-. Me han dicho que, quizás, me ofrezcan trabajo de profesora aquí en la Universidad cuando exponga la tesis, y me viene mejor estar más cerca -ella la miró extrañada.

Estaba muy contenta con la noticia de trabajar como docente, casi no cabía en ella la alegría que sentía, sabía que Carmen no se creyó su excusa del piso, pero últimamente solo estaba dentro de esa casa con miedo, sentía incluso que le faltaba el aire y quería escapar. Quería su propio espacio, y sabía que Stephan era todo fuerza y violencia, pero no la había pillado en lo del doctorado, tenía que intentar el no vivir en esa casa más que los días que él estaba dentro de ella, que cada vez eran menos porque "odiaba ver su cara". Así se lo decía, sin ningún remordimiento. Y a ella le venía incluso mejor, porque empezó a notar que sufría de episodios de ansiedad cuando él estaba cerca o la presionaba a acostarse con él. Necesitaba realizar su propia terapia, y lo primero era tener ese piso.

-Está bien, iremos juntas a verlos, pero tú me vas a acompañar a comprar ropa.

-¿Qué? -preguntó.

-Raven, por Dios, eres preciosa -dijo, y ella la miró confundida por el cambio de la conversación-. Lúcete un poco, hazme el favor. Eres joven.

-No entiendo qué…

-Shh… -se levantó y estiró su brazo para alcanzar su mano y tirar de ella- Hoy elegiremos tu piso y renovaremos tu armario. Las dos salimos ganando, ¿no?

No pudo decirle que no.

-Has dicho que te obligaba a acostarte con él -asintió algo angustiada-. Él sigue… -preguntó Alex con miedo, y ella negó antes de dejar que terminase la frase.

-Casi no está en casa ya, no sé si te has dado cuenta; pocas veces te he dicho que me iba a otro lado o que no iba a estar en mi piso. Esos días era porque estaba Stephan.

-Como en los días de fiestas… -asintió algo entristecida acordándose del momento en el que Alex y ella se vieron en noche vieja.

-Lo siento…

-Después de lo que me estás contando no tienes que sentir nada, joder -se apoyó en su codo para mirarla mejor, y Raven se dejó caer de espaldas al colchón, manteniendo el contacto visual-. No puedo creer que hayas hecho todo eso y que no te haya pillado… Gracias a Dios… Me encantaría poder destrozarle la cara por cómo te ha tratado… -se quedó callada de repente- Oh, no… Lo siento mucho…

Raven ya supo lo que venía a continuación, así que se adelantó.

-Ni se te ocurra pensar nada de eso, Alex -ella se sentó en el colchón y se miró las manos.

-He sido muy bruta en la cama, ¿verdad? Hemos hecho cosas que… Dios -se pasó las manos por la cara- Y en Los Ángeles lo hicimos por…

-No, Alex -la cortó-. Escúchame -se arrodilló a su lado y sujetó sus mejillas-. He disfrutado como nunca de cada una de las cosas que hemos hecho juntas, eso tenlo por seguro. Me dolía cuando Stephan lo hacía de esa forma porque no me excitaba, porque mi cuerpo no quería estar con él y porque me obligaba a hacer algo que yo no deseaba. Contigo todo es distinto y te lo voy a explicar -cogió aire y la miró fijamente para continuar su historia-. Pasaron los años, mejoré mi aspecto y estaba trabajando en lo que adoraba. Carmen… -suspiró y rio suavemente, pasando el pulgar por la mandíbula de Alex- Os llevaríais bien vosotras dos... Ella empezó a preguntarme mucho que si estaban las cosas bien con Stephan, millones de veces. Así que le mentí.

-¿Por qué?

-Porque Stephan me daba miedo -no quiso entrar más en el tema-. Le dije que Stephan casi nunca estaba, lo cual era cierto; pero que cuando estaba no me miraba, ni me tocaba, ni me hacía caso.

-Ojalá hubiese sido así -pasó la chica la mano por su pelo, y Raven le sonrió.

-Por eso, Carmen intentó que encontrase un amante, pero no dio demasiado resultado, porque mi cuerpo no lo buscaba, no quería sexo. Así que los intentos de la pobre no dieron demasiados resultados. Aunque alguien sí que intentó algo conmigo -su alumna la miró interesada.

Stephan solo estaba en casa un fin de semana al mes. A veces no aparecía por casa incluso en dos. Todos los que trabajaban en la casa sabían que ella vivía fuera y tenían muy presente por todo lo que pasó, pero nunca nadie dijo nada. Stephan sabía comprar el silencio, cosa que ella no necesitaba hacer, porque tanto tiempo sola en esa casa consiguió que estableciese lazos más fuertes de los que jamás Stephan y su dinero lograrían hacer. Pidió que ninguno denunciase nada, y ellos no insistieron. Le daba miedo su marido, pero no podía hacer nada porque estaba paralizada por las cosas que vivió. Además, él no dejó de recordarle que era su mujer y que era la que conseguía que sus contratos aumentasen; siempre se la llevaba a las distintas fiestas que hacían con distintos proveedores u otras multinacionales. La razón: "al menos sirves para poner dura las pollas de las firmas de mi empresa".

En ese tiempo que estuvo viviendo en su pequeño piso pudo construir una nueva Raven. Más madura, más cuidadosa, más luchadora. Stephan no la había pillado en los años que llevaba sacándose el doctorado y siendo independiente. Llevaba un año impartiendo clases, incluso le habían publicado unos artículos sobre su investigación, y el muy idiota no sabía nada.

Su residencia estaba lejos del campus, casi llegaba a la hora en coche, y nadie que pudiese irse de la lengua la conocía allí. Nadie la echaba de menos. Podía hacer lo que quisiera, siempre con cuidado y vigilando sus espaldas. Lo único que se prohibía era encontrar a nadie, conocer a ningún hombre en el sentido romántico de la palabra. Por mucho que Carmen estuviese un tanto loca y la animase a tener una aventura de la que nadie hablaría porque su marido "no la tocaba" desde hacía años y ella merecía ser feliz y disfrutar de la vida. No. No podía. "Así puedo controlar si eres una puta guarra o si me eres fiel", una frase que se repetía día sí y día también.

Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba del sexo, pero es que su cuerpo tampoco lo pedía. No lo quería. Su tutor en el doctorado, ahora compañero de trabajo, intentó algo con ella, ya que estaba "soltera". No iba a negar que lo admirase, pero no, le aterraba el pensar que de una forma u otra Stephan se enterase. Y, aunque él le robó un beso, no le supo a nada, su cuerpo no respondió y sus labios no pidieron más.

Se miraba al espejo y, por mucho que hubiese cambiado su vida, su vestuario o su sonrisa, no era esa chica segura de sí misma. No era la antigua Raven, a pesar de que intentase convencerse de ello.

Solo era la Raven que eligió mal su futuro, que se casó dejando todo atrás, y que, si no fuese por Carmen, podría afirmar que estaba terriblemente sola en el mundo.

-Mi cuerpo no quería sexo, no estaba activado de esa forma. Ni lo quería ni lo buscaba. No reaccioné a Sam -se refirió al que fue su tutor y Alex abrió mucho la boca.

-¡¿Sam?! ¿El de estadística? -preguntó, y ella asintió- ¿Sam te ha besado?

-Cuando empecé a dar clases, sí.

-No me lo puedo creer… -se dejó caer en el colchón, y Raven rio con su reacción. Joder, había echado tanto de menos a la Alex dramática- El de estadística… -murmuró como si estuviese traumatizada.

-Se porta muy bien conmigo y, además, es muy guapo, Alex.

-Paparruchas…

-¿Paparruchas? -rio.

-Sí -cerró los ojos, y Raven volvió a tumbarse a su lado, rodeando su cintura.

-Alex, mi cuerpo solo reaccionó a ti -susurró emocionada, notando que le temblaba la voz con la confesión, y la vio abrir los ojos sorprendida.

Alexa Woods. La chica que la confundía todo el tiempo, la chica insistente que hacía que su cuerpo temblase si estaba unos pasos de más cerca de ella, la chica que babeaba por su cuerpo y que le hacía sentir fuerte, poderosa, sexy… Que cuando sus manos se deslizaban por su cuerpo lograba que todo él respondiese, que en el mundo solo existiesen las dos y que sus labios fuesen los que le otorgaban el oxígeno para respirar de nuevo, para dejar de temer, dejarse llevar, disfrutar de nuevo y ver un nuevo sol al que rompió Stephan años atrás.

¿Qué le había pasado? En qué momento su cuerpo respondió de esa forma, gritándole que Alexa lo tocara, a pesar de haber estado intentando que no entrase en su vida. Maldita chica insistente y cabezona. Estaba en su cabeza día sí y día también desde que la besó aquella noche en el gimnasio. No supo qué le pasó, solo supo que necesitaba sus labios, que necesitaba besarla; y lo hizo. Fue maravilloso no pensar en Stephan, no tener miedo durante los pocos minutos que duró el beso. Fue maravilloso sentir que alguien la besaba de esa forma tan dedicada y pasional.

Estaba ilusionada después de mucho tiempo, quería seguir viéndola, quería seguir besándola y sintiendo cómo sus manos buscaban que sintiese placer. Iba a acostarse con ella, porque ya no aguantaba más. Ni Alexa ni ella misma.

Lo necesitaba, se lo merecía. Y Alexa Woods estaba más que dispuesta a dárselo.

-Eres increíble, Alex -admitió notando un nudo en la garganta que quiso controlar desde que empezó a contar la historia. Cogió aire y se tumbó de nuevo en el colchón con la espalda contra él-. No puedo explicar cómo me sentí cuando vi que todo mi cuerpo me pedía que siguieras. Intenté apartarme de ti porque me empezó a dar miedo todo esto que experimentaba, y más con una chica, con una alumna mía -la miró de reojo y la vio escuchándola atenta-. Cabezona… -estiró su brazo para alcanzar su mano y la vio sonreír- Te deseaba mucho, eso ya lo sabes… Y un día, hablé con Carmen, tras los primeros besos, y volví a mentirle: le dije que eras un compañero de trabajo y que me tirabas mucho la caña. Y se va a morir cuando sepa la verdad, porque ella estaba el día del karaoke y seguro que sabe quién eres -sonrió cuando Alex no pudo evitar darle un fugaz beso en los labios-. Me dijo que me dejase llevar, que me lo merecía. Y no podía tener más razón -dejó caer unas lágrimas que Alex limpió con más besos.

-Gracias, Carmen -sonrió divertida, y Raven sujetó su nuca para acercarla y besarla lentamente.

-Alex -dijo contra sus labios-, han sido los mejores meses de mi vida, pero tenía que tener mucho cuidado para que Stephan no se enterara. Te prometo que jamás he tenido esta vida sexual tan plena. El sexo contigo es increíble -rio cuando la vio sonreír con orgullo-. Llegaste en el mejor momento posible. Me hacías sentir especial, me hacías sentir sexy, me hacías tener una especie de poder que nunca pensé que podría tener con alguien…

-Me tenías, y me tienes, en la palma de tu mano -comentó, y Raven se abrazó a ella, escondiendo el rostro en su cuello.

-No puedo explicar lo bien que me he llegado a sentir contigo. Y un día todo cambió Alex -confesó, sintiendo un escalofrío cuando la chica acarició su pelo-. Un día empecé a tener sentimientos por ti… Sentimientos que me asustaban, pero que me ilusionaban porque los veía en ti de forma recíproca. No me creía que alguien estuviese sintiéndose de la misma forma que yo… Ese día fui más que especial para alguien, ese día me cuidaste como jamás nadie lo había hecho…

-Tu cumpleaños… -susurró, y ella simplemente asintió.

Se le iba de las manos. Se le iba de las manos, porque era muy fácil fingir que no había nadie más, que estaba soltera mientras solo follaban. Pero últimamente los besos eran distintos, y las sonrisas y las miradas también. Alex se estaba enganchando y ella se estaba enganchando de vuelta.

Y no debía. No debía, pero cada vez que veía la sonrisa de la chica o la forma en que la miraba cuando la tenía delante, como si fuese lo mejor que había visto jamás… ¿cómo podía frenar sus sentimientos? Iba a hacerle daño, lo iba a hacer, porque no podía comenzar una relación con nadie. Tenía que decirle que estaba casada. Que estaba casada y que no podían seguir con aquello por mucho que ella quisiera. No podía permitirse que un tercero saliese herido por su maldita culpa.

Era su cumpleaños, y esperaba en esa casa que tanto odiaba a que su marido hiciese acto de presencia con compañeros de trabajo para aparentar ser la pareja feliz. Su móvil vibró y miró el mensaje.

Stephan: No voy a ir. Tengo planes mejores ahora mismo. He cancelado el avión y nos quedamos en NY para tomar unas copas. Pásatelo bien sola en tu cumpleaños, y no te comas la tarta entera. Y si te la comes, que la grasa vaya para las tetas. No queremos que empeore tu imagen, morenita.

Gilipollas.

Vio su ropa, ya estaba preparada para su representación de una vida feliz junto a ese hombre. Se levantó, dispuesta a cambiarse, pero cuando pasó junto a un espejo, Alex fue automáticamente a su mente. Buscó el móvil que usaba en la universidad y se sacó una foto, mandándosela a la chica. No iba a comerse una tarta entera, pero iba a estar con una persona que la respetaba, y que hacía que su autoestima sirviese para algo que no fuese sentirse miserable.

Vio que se conectaba de forma inmediata, y no pudo evitar empezar a llorar angustiada escondiendo el rostro en sus manos cuando vio lo que respondía.

Babygirl: Estás preciosa…

-En Los Ángeles, me llené de la fuerza necesaria para empezar a hacer los trámites del divorcio -notó que su profesora temblaba levemente, y la abrazó con fuerza-. Ya he empezado a firmar papeles y a hablar con distintos abogados. Le enseñaré los papeles la semana que viene, porque vuelve para comprobar no sé qué de su empresa.

-Eres la mujer más valiente que conozco, ¿lo sabes? -dijo sincera acariciando su espalda.

-Tú me haces ser valiente -confesó, y se separó de ella despacio para mirarse mutuamente a los ojos-. Siento haberte ocultado que Stephan estaba en mi vida, siento haberte hecho daño con la idea de que soy suya y no tuya… -dijo entre lágrimas.

-No, no fue eso lo que me dolió, no me dolió la idea de que estuvieses casada, que sí, fue un shock para mí -intentó explicar sus sentimientos-. Me dolió pensar que lo que vivimos no era real, que todo hubiese sido una mentira…

-Has sido lo más real que me ha pasado nunca, Alex -dijo en un murmullo aquello que tantas veces le había asegurado antes de que las dos buscasen los labios de la otra en un sincero beso.

-Y, escúchame -miró sus ojos fijamente pasando sus dedos por su mejilla-, tú no eres ni suya, ni mía, ni de nadie. No eres propiedad de nadie, Raven. No eres un objeto, eres una persona -miró sus ojos fijamente, notando un leve brillo en ellos, y estiró su brazo para acariciar suavemente su labio inferior cuando lo vio temblar-. Quiero que compartamos nuestro día a día, no que seamos de la otra. Te quiero a ti conmigo, no para mí.

-Alex, la romántica -sonrió, dejando caer unas lágrimas.

-Es lo que pienso y lo que siento, Raven -acarició su espalda despacio-. Te quiero.

Por un segundo, todo paró para las dos, y dejó que se abrazase a ella entre sollozos.

Sintió cómo la mujer se aferraba más a ella y pegaba su nariz a su cuello y que su cuerpo se sacudía ligeramente. Alexa la atrajo más, si podía, abrazándola con fuerzas y demostrándole con ese silencioso momento lo importante que era para ella.

X X X

Salió del último examen, sintiéndose aliviada. Menos mal que le hizo caso a Raven y fue al suyo, porque eso fue lo que le hizo pensar en que no podía, efectivamente, echar a perder el semestre de esa forma tan poco madura. Así que se presentó a todos, aunque para algunos tuviera que quedarse la noche en vela estudiando. Sus planes eran dormir, porque estaba agotadísima, y mandarle un mensaje a Raven para ver cómo estaba. El día anterior estuvo algo evasiva, pero sabía que era porque Stephan iba a volver y se tendría que enfrentar a él, a pesar de que le dijo que no necesitaba que fuese con ella ni nada por el estilo.

Sintió que la sangre le hervía al recordar el maltrato psicológico constante que tuvo que soportar la mujer. Apretó los puños y cogió aire, intentando relajarse, porque no quería ser así, no quería pensar lo primero de todo en las ganas que tenía de golpear la cara de idiota de ese hombre y gritarle que por qué había tratado así a una mujer perfecta.

-Otra vez en la luna -escuchó la voz de Octavia.

-Hola, preciosa -sonrió a la chica, y se acercó a donde estaba-. ¿Acabaste el examen? -sabía que ella también lo tenía a esa hora, porque el día anterior estuvieron estudiando juntas con Lexa y Clarke en la biblioteca. ¿Quién se lo iba a decir?

-Sí, creo que bien. ¿Y el tuyo?

-Genial -sonrió con orgullo.

-¿Esta noche salimos para celebrarlo? ¿Unas copas y un bailecito? -levantó una ceja, y Alex rio.

-Eso está hecho, morena -se acercó a su rostro tonteando con ella. Era siempre así, Octavia se había convertido en una buena amiga. Soltó una carcajada cuando la empujó para alejarla de ella con una sonrisa divertida en los labios.

-Creo que voy a echarme el sueño más largo del siglo -comenzaron a caminar juntas hacia la residencia.

-Podemos dormir juntas. Así solo deshacemos una cama -sugirió, y Octavia volvió a darle un golpe, esta vez con la cadera.

-Tú dormirás en tu habitación, y yo en la mía… Mi chico te tiene el ojo echado.

-¿Cuándo me lo vas a presentar? -frunció el ceño.

-¿Nunca? -respondió como siempre hacía.

-Seguro que es feo… -murmuró.

-Que te den -le dijo divertida, y se puso a hablar con una compañera que se encontró.

Alex se despidió de ella con un movimiento de mano, porque necesitaba dormir, pero frenó sus pasos porque su móvil comenzó a vibrar, y un número que no tenía guardado apareció en la pantalla. Lo cogió antes de que colgasen y frunció el ceño al no reconocer la voz que sonó.

-¿Alexa? -una voz femenina.

-Sí, soy yo -respondió, sintiendo el corazón en su garganta. ¿Quién era y por qué tenía esa sensación tan rara en el pecho?

-Soy Carmen, la amiga de Raven -la angustia se apoderó de ella al notar el tono preocupado de su voz.

-¿Qué ha pasado? ¿Raven está bien? -preguntó acelerada.

-Está en el hospital -se quedó sin aire de forma instantánea y paró sus pasos. No. ¿En el hospital? ¿Por qué? ¿Qué le había pasado? No le dio tiempo a formular la siguiente pregunta a Carmen cuando ya estaba saliendo de la residencia a toda prisa-. ¿Puedes venir?

-Estoy de camino -contestó antes de colgar y correr hacia su coche.

XXX

Hola, holita.

¿Qué os ha parecido el nuevo capítulo de Las Dos Caras del Amor?

Parece que Lexa se quedó un tanto confundida con la aparición de Amber, casi tanto como nosotras, y cómo diría Alex: ¿qué coño hace allí? En fin, no sabemos si volverá a aparecer o se quedará ahí quietecita. Que se quede quietecita. Clarke, lejos de estar celosa, parecía triste y enfadada porque Lexa se quedó tras el momento un tanto silenciosa, carcomida por sus pensamientos sobre lo que fue esa chica para ella. Tened en cuenta que lo dejó todo por ella y que le destrozó el corazón, pero está muy enamorada de Clarke, eso todas los sabemos. Solo por si acaso, le ha dejado claro que ella es en la que piensa a todas horas y a la única que desea. ¿Os han gustado los puñetazos? ¿Que discutan un poquirritín? ¿Las sensualidades tan eróticas festivas que nos han regalado? Oh, cí. ¿Qué pensáis que va a pasar con esta parte de la historia? ¿Amber volverá? ¿Irá a buscar a Clarke? ¿Le ha gustado más Alex y quiere ir a por ella aunque haya sido con ella una ruda? ¿Clexa volverá a follar duro?

En cuanto a Ralexa, SIENTO ENRROLLARME TANTO CON SUS ESCENAS, pero... teníamos que contar una historia, ¿no? Aunque parece que tiene lagunas. Alex la ha entendido en todo momento porque estaba más que claro que bien no lo estaba pasando, y qué mínimo que una explicación que tanto ansiaba la profesora por darle. No sé vosotras, pero hemos sufrido con estas escenas y con saber lo que pasó Raven con Stephan. Parece decidida a divorciarse de él, y ese pensamiento lleva desde hacía años, pero lo que siente por Alex le ha hecho ser fuerte y querer dar el paso más que nunca. ¿Lo habéis pasado mal con las escenas? Nosotras sí. Mucho. ¿Van a ser felices para siempre? ¿Solucionarán todo? ¿Alex le partirá la cara a Stephan? ¿Sabremos esa información que dice Raven que ocultó a Alex hasta que todo pasase? ¿Volverán las sensualidades Ralexa? Por cierto, eso de que vaya a la habitación de Alex ha hecho que mi patata de un salto con tirabuzón incluido, toda una experta.

El final... en fin. ¿Más drama? No sé si puedo soportarlo. Juno y yo misma queremos destrozar la imagen de Ginsey. Espero no caer de nuevo enferma con mis somatizaciones. ¿Qué creéis que ha pasado?

Teorías, comentarios, aplausos, insultos, besos...

Todo es bien recibido.

Muchas gracias por cada uno de los comentarios que nos dejáis de la historia.

Nos vemos el sábado probablemente.

Un saludo sensual de Juno y Ginsey.